Descontrol en la realeza

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Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:23 am




Brianna Collingwood es una It Girl, una joven hermosa, adinerada, rebelde y con mucho estilo. Alioth Van Helmont, el príncipe y futuro rey de Sourmun, es un playboy, arrogante y ególatra como solo él puede ser.
Brianna y Alioth, han sido mejores amigos desde siempre. Cada noche, recorren los mejores clubs y fiestas privadas, divirtiéndose y creando grandes escándalos. Pero ahora, las cosas van a cambiar. Los padres de ambos han decidido que es hora de que asuman sus responsabilidades y estabilicen sus vidas. ¿Y de qué modo? Comprometiéndose, para luego contraer matrimonio, y más aún, darle a los Van Helmont, lo que más necesitan, un heredero al trono.

Capitulo 1: La última noche de libertad.

Era 12 de julio, una cálida noche de verano, con un cielo despejado que dejaba al descubierto a las
hermosas estrellas brillantes. Que mejor que una noche como esa para festejar.
Y se preguntaran ¿Festejar qué? Bueno, esa es fácil. Después de dos terribles y agotadoras semanas había
logrado deshacerme del numero 5. El idiota, pesado y aburrido pretendiente que mi padre había
seleccionado para comprometerme. Pero como ya dije antes, era el número 5, y como sus cuatro
antecesores, había salido corriendo de mi lado harto de las barbaridades por las que lo hacía pasar.
Sabía que mi padre estaría furioso cuando se enterara, pero poco me importaba, al fin y al cabo, se le
pasaría en un par de días, cuando encontrara uno nuevo. ¿Enserio era tan importante para ellos que yo
estuviera casada? ¿Por qué no podían dejarme vivir en paz?
Me miré al espejo, estaba perfecta. Una falda de cuero, mini, unas medias color negro por encima las
rodillas, unos zapatos de tacón, y una remera corta y ancha que dejaba al descubierto mi abdomen. Mi
cabello pelirrojo con unas leves ondas, que pasaba la cintura estaba suelto y un poco desordenado. Un
poco de máscara de pestañas, delineador negro, sombra marrón y brillo en los labios y estaba lista para
festejar.
Esta noche iríamos a “Night On” un club bailable en los sectores bajos de la ciudad. Lejos de las cámaras y
cualquier cosa que pudiera arruinar una noche de plena diversión.
Pero antes de todo, déjenme presentarme. Mi nombre es Brianna Collingwood y tengo 19 años. Hace casi
un año que me gradué y he decidido tomarme un año sabático, para tomarme mi tiempo y decidirme por
una carrera a seguir. Pero, la verdad es, que eso no es cierto. No me importa en lo más mínimo la
universidad, yo quiero ser cantante y bailarina, pero eso es algo que mis padres nunca aceptarían, podría
estudiar música o teatro, pero ellos no pensarían dos veces antes de desheredarme y desterrarme de la
familia, con solo mencionarlo.
Mis padres son dueños de la más importante empresa petrolera de Sourmun y por lo tanto muy buenos
amigos del rey y su familia.
Sourmun es un país ubicado al sur del continente europeo. Es distinto a cualquier país de ese continente o
del mundo entero. Pese a que es extremadamente moderno, sus costumbres son demasiado antiguas. Aquí
no existe democracia, ni republica ni parlamento. El Rey es quien manda, y nadie se opone a sus órdenes.
Pero no se confundan, no es algo malo, de hecho, todos lo adoran y admiran. Aunque, como escuche en
una reciente película “No puedes tener 500 millones de amigos sin ganarte algunos enemigos”.
El rey Ewen Van Helmont, es una persona carismática, pero a veces un poco obstinado y confiado, lo que le
trae demasiados problemas. Miles de veces ha estado al borde de la muerte por confiar en quien no debía. Y
junto a él, su familia.
La familia real, cada uno más con un carácter más complicado que el otro. Como al rey ya se los he
descripto brevemente, seguiremos con la reina, Arlet Van Helmont, una persona extremadamente delicada
y falsa, razón por la cual es mejor amiga de mi madre, además de ser muy mandona e hipócrita; en fin una
odiosa mujer.
Luego están las mellizas, Jessania y Anabelle Van Helmont, dos niñas malcriadas y caprichosas pero de
buen corazón. Con dieciséis años, ambas son muy buenas con los instrumentos musicales, Jess con el
piano y Ana con el violín y la guitarra, aunque esta última solo podía utilizarla a escondidas de su madre,
quien creía que la guitarra no era un instrumento propicio para que tocara una princesa.
Y por último, lo tenemos a Alioth, mi mejor amigo desde que tengo memoria. Puede que sea la persona más
vanidosa, arrogante y ególatra que haya sobre la faz de la tierra, además de ser un playboy empedernido,
pero conmigo es diferente. Creo que soy la única persona que realmente lo conoce, y como no, si hemos
estado juntos desde el kínder. Por eso mismo, y a diferencia de lo que muchas personas creen, estoy segura
de que será un fantástico rey, igual o mejor aún de lo que su padre lo es.
Bajé las escaleras haciendo el menor ruido posible, no quería poner en sobre aviso a nadie que saldría. Pero
mi plan de sacarme los zapatos falló, cuando descuidadamente choqué con alguien que repentinamente
apareció detrás de la escalera cuando yo llegaba al último escalón.
-Hola papi- carita angelical.
-¿A dónde crees que vas Brianna?- habló con su tono de enfado.
-Voy a salir con Alioth, me invitó y sabes que no se le puede decir que no al hijo del rey-
-Bueno, esta vez vas a tener que decirle que no podrás ir porque estás castigada-
-¿Qué? ¿Y qué rayos hice ahora para que me castiguen?-
-¿Pero cómo te atreves a preguntar algo como eso? Sabes muy bien a lo que me refiero-
-¿Al número cinco? Papá ese idiota era un aburrido, celoso y por demás de sexópata, ni en tus sueños iba a
casarme con él-
-Cuida tu vocabulario en mi presencia- me habló con un tono que asustará a cualquiera.
-Pero si…- no pude terminar mi frase, ya estaba interrumpiéndome como de costumbre.
-Te aseguro una cosa Brianna Collingwood, el próximo hombre que elija será el último, y con ese te
comprometerás, de lo contrario quedarás desheredada completamente y tendrás que buscarte un trabajo
para seguir manteniéndote ¿Entendido?-
-Pero papá eso no es…-
-¿Entendido?- levantó la voz.
-Si padre- miré hacia el piso.
-Ahora sube a tu habitación, esta noche no hay fiesta para ti-
“si claro” pensé mientras subía las escaleras nuevamente, con mi padre con su mirada amenazante clavada
en mi, esperando que entrara en mi habitación.
Entré a mi habitación cerrando la puerta de un portazo, que estaba segura se había escuchado en toda la
casa.
Saqué de mi bolso mi celular. Marqué el número de Alioth, que respondió en se primer timbrazo.
-¿A dónde estás? Hace media hora que estoy fuera de tu casa, me dijiste que no tocara timbre, pero ya me estaba cansando de esperar- dijo del otro lado de la línea.
-Ya! Cierra la boca y escúchame. Mi padre me castigó, puedes imaginarte porque, y no me deja salir.-
-Así que vas a escaparte, y tengo que ir a atraparte desde tu ventana.- continuó él.
-Eres el mejor- corté la comunicación y me apuré a abrir la ventana de mi cuarto, en el segundo piso, con un
mini balcón enrejado, perfecto para mis escapadas nocturnas. No entendía como mis padres, después de
tantos años, no habían mejorado su seguridad en ese lugar.
Miré hacia abajo y vi como Alioth llegaba y me hacía señas con las manos. Le arrojé de a uno mis zapatos,
para facilitarle el trabajo de poder agarrar a los dos. Pero falló. El idiota dejo caer mis zapatos al piso. –
Cómo si no me costaran una fortuna, los deja caer al pasto- pensé.
Volví dentro y busqué en uno de los escondites de mi armario, una soga, mi mejor amiga a la hora de
escapar de los castigos de mi padre.
Ya preparada desde hace muchos años, con un gancho que encajaba perfectamente en los fierros del
barandal, la acomodé allí. Me puse unos guantes especiales, para no lastimarme o resecarme mis suaves
manos ni romperme una uña.
Me sostuve de la cuerda que solo llegaba hasta tres metros antes del piso y me deslicé con cuidado. Cuando
llegué al final, miré hacia abajo para asegurarme de que Alioth estuviera allí y me solté.
-Cada día pesas mas- se quejó al atraparme.
-Ja! ¿Me estás llamando gorda? Tal vez seas tú que estas cada día más débil ¿Has abandonado el gimnasio?
-
-Claro que no ¿Porqué lo dices?- puso una expresión de susto.
Reí internamente, que crédulo podía ser a veces.
-No lo sé, nunca te quejas cuando me atrapas, y creo que tus brazos se ven más delgados- mentí
conteniendo la risa y tratando de verme lo más seria posible, mientras deslizaba mis pies dentro de los
zapatos.
Miró sus brazos, por debajo de su camisa color gris. Y lo más gracioso fue cuando lo tocó y apretó, en ese
momento no pude aguantar la risa y soltar una carcajada.
-Bruja mentirosa- gruñó.
-Eres tan tonto a veces- reí.
Llegamos a su coche y nos subimos al instante, para salir a toda velocidad antes de que alguien notara mi
ausencia.
-¿Cuál es el plan?- pregunté.
-No lo sé, pensé que íbamos a festejar que recuperaste tu libertad nuevamente-
-Ugh, no me lo recuerdes, mi padre ha dicho que el próximo que elija será definitivo, si vuelvo a ahuyentarlo
quedaré desheredada por completo ¿Puedes creerlo? Que idiota-
-Estoy seguro que se te ocurrirá algo, a no ser que el próximo sea realmente bueno y no tengas necesidad
de alejarlo-
-Si claro, no creo que haya alguien lo suficientemente bueno para mí, al menos no en este país-
-Señorita importante, tal vez cuando los pobladores de Marte decidan dar la cara y aparecerse por la Tierra,
traigan con ellos a alguien lo suficientemente paciente para aguantarte y casarse contigo- contestó
mientras me miraba de soslayo esperando que le arrojase algo por la cabeza.
-Imbécil, hablo enserio ¿Qué harás sin mi cuando me case y no podamos salir más de fiesta juntos? Tendrás
que conformarte con algunos de tus otros falsos e interesados amigos, que por cierto no son ni una decima
parte de lo divertida que soy yo-
-Y luego soy yo el engreído- dijo en voz baja pensando que no llegaría a escucharlo. Esta vez sí reaccioné
rápido y tomé una caja de condones que oportunamente tenía en una de las gavetas del coche y se la
arrojé.
-Hey!- se quejó mientras se frotaba su frente en la parte donde una de las puntas de la caja le había dado. –
Cuidado con eso, que no se me vayan a perder, de lo contrario esta noche me quedaré sin diversión-
-Ew- puse los ojos en blanco. Era muy típico de él, irse a mitad de la noche con alguna de las fulanas que lo
rodeaban.
-Llegamos- dijo estacionó el coche en un pequeño aparcamiento que tenía el club.
Nos bajamos y caminamos rápidamente hacia adentro, con miedo a ser descubiertos por algún paparazzi.
No es que abundaran en esta parte de la ciudad, pero siempre estaba la posibilidad de que no hayan
seguido.
Entramos sin problemas, al principio creí que la vendedora de entradas iba a desmayarse al reconocer a
Alioth, pero para nuestra suerte no lo hizo, solo tomó un color rojizo en la piel cuando este le dedicó una de
sus “encantadoras” sonrisas.
Nos dirigimos a la barra y nos ubicamos en unos taburetes.
-¿Qué quieres? Yo invito-
-Sí, te toca, quiero un vodka o que mejor sean dos- el asintió con la cabeza y ordenó al bartender los tragos.
Y así continué mi hora siguiente, cada un trago que tomaba Alioth yo bebía tres.
Un hermoso morocho de cabello rizado se acercó a mí y me invitó a la pista. Sonreí y acepté.
Nos adentramos en la pista y bailamos, por un buen rato. Era complicado sostenerme en pie debido a la
gran cantidad de alcohol que circulaba en mi organismo, por lo que la mayor parte del tiempo tropezaba o
sentía mis piernas flojas y tenía que apoyarme en el. Cosa que le gustaba. Demasiado. Aprovechaba en
todo momento para pasar sus manos por mi cuerpo más de lo debido a la hora de bailar.
Pero sinceramente no me importaba, después de todo esto era una especie de despedida de soltera. Tenía
que aprovechar al máximo mis últimos momentos de libertad.
De a poco comenzó a besar mi cuello, y bajar hacia mi pecho.
Al rato estábamos en el baño, honestamente no sé si era el femenino o el masculino, poco importaba. Me
había subido a la mesada de uno de los lavabos, yo había enrollado mis piernas alrededor de su cintura y
mientras el pasaba sus grandes manos por mis muslos deslizándolas dentro de mi falda para quitarme la
ropa interior.
Sentí algo vibrar desde su bolsillo y por lo visto el también porque dejo todo lo que estaba haciendo para
sacar su teléfono y contestar la llamada.
-¿Qué estás haciendo?- pregunté furiosa ¿Cómo se atrevía a dejarme así?.
-Lo siento linda, tengo que responder, mi esposa enloquece si no contesto sus llamadas.-
Abrí los ojos como plato -¿Tu qué? ¿Esposa dijiste? Eres un cerdo- me puse de pie y con cuidado de no
caerme salí de allí.
Di una vuelta por el lugar, sosteniéndome de las paredes para no caerme, cada vez me sentía peor,
mareada y ya nauseabunda. Alioth no estaba en ningún lado.
Pensé mejor. ¿A dónde más podría estar? Fácil, recordé. –Cómo no se me ocurrió antesSalí
del edificio del club, me quité los zapatos y me dirigí al estacionamiento.
-Qué asco- dije al ver como el coche se balanceaba de un lado a otro y los vidrios estaban notablemente
empañados.
Golpeé una de las ventanillas traseras para hacerles notar que yo estaba allí esperando, pero no les
importó. Así que decidí, calzarme en los zapatos nuevamente y darle una patada al coche en una de las
puertas, lo que hizo que la alarma saltara inmediatamente.
Segundos después, Alioth salió rezongando del coche mientras se abrochaba sus pantalones.
-¿Estás loca? Más te vale que no lo hayas rayado, porque sino…-
-No me asustas, así que cierra la boca, quiero irme a casa, dile a tu zorrita que se vaya, se acabó la
diversión.- me apoyé en el maletero del auto mientras el volvía entrar al asiento trasero.
Una rubia que ya conocía salió del coche con cara de pocos amigos.
-¿Tu otra vez?- pregunté.
-¿Te molesta?- me dijo con una sonrisa dibujada en su rostro.
-Me das asco ¿Tan desesperada estás que nos sigues hasta aquí?-
-¿Quién dijo que los seguí? Solo nos encontramos- dijo acercándose a Alioth, y comenzó a deslizar sus
dedos por el pecho medio descubierto de él.
-Si claro- reí. Esa chica lo acosaba, en cada lugar al que saliamos ella siempre llegaba “por casualidad”
Subimos al coche y me desplomé en el asiento del acompañante.
-¿Por qué sigues viendo a esa chica? Siempre estás quejándote de lo molesta y pegajosa que es-
-Sí, pero es buena en otras cosas, si sabes a lo que me refiero- contestó alzando una ceja.
-Ew, debe de serlo- aseguré.
El resto del camino permanecimos en silencio. Me sentía ya muy descompuesta, siempre ocurría después
de beber tanto, y no tenía fuerzas ni para mover la boca y hablar.
-Ya estamos aquí ¿Cómo vas a entrar?- Habló el mientras entrabamos a la pequeña calle que nos llevaba
directo a la puerta de mi casa.
-Tengo mis llaves, pero tienes que ayudarme a llegar a mi habitación, no creo que pueda subir las escaleras
yo sola, y el ascensor despertaría a mis padres- busqué en mi bolso mientras el detenía el coche y se
bajaba.
-Bien, ven aquí- abrió la puerta y me abrazó por la cintura. Yo pasé mis manos alrededor de su cuello y salí
del allí.
-¿Quieres que te cargue?-
-No por favor, estoy muy pesada ¿recuerdas? No quiero que caigamos ambos rodando por las escalerasHizo
caso omiso a mis palabras y me levanto igualmente. Al llegar a la puerta de puso de pie y así pude abrir
la puerta con mis llaves.
Cuando se disponía a cargarme de nueva para llevarme hasta mi habitación, miró hacia delante y se
encontró con quien menos queríamos hacerlo.
-Señor Collingwood- dijo asustado.
-Hola papi- le dije descaradamente. Mi padre tenía una expresión que reflejaba mucho más que furia. Cosa
que en cierta forma me daba mucha gracia.
-Te dije que no salieras Brianna-
-Te dije que no podía desobedecer al príncipe, el insistió y que iba a hacer yo-
-¿Qué?- exclamó Alioth. –No seas mentirosa, eso no es cierto-
-Claro que sí, no le mientas a mi papi Alioth, a tu padre no le gustaría enterarse que eres un mentiroso- dije
con voz dulce.
-Y basta a los dos, Tú- me señaló –ve a tu cuarto ahora mismo. Y en cuanto a ti – Apuntó a mi amigo –Ya
hablaré con tus padres-
-No creo que pueda subir sola papá deja que me acompañe arriba- hablé, esta vez más seria. Veía los
escalones borrosos.
-Ahora no voy a acompañarte a ningún lado Brianna- me dijo el príncipe ofendido. –Por tu culpa mi padre
va a castigarme a mí también y a diferencia de ti yo no me puedo escapar tan fácilmente-
-La acompañas a su cuarto, y se dejan de tonterías, parece dos niños- nos regañó mi padre y comenzó a subir hacia su cuarto. –Mañana resolveremos esto con el rey, esta situación no da para más

Capitulo 2: Sin escape.

Sentí algo frio líquido comenzando a caer en mi rostro. Traté de abrir los ojos, pero eso mismo me lo
impedía.
-Despiértate de una vez!- la voz de mi hermana retumbaba en mi cabeza, mientras el líquido frio seguía
cayendo a mis ojos, mi nariz y mi boca, ni hablar de lo mojado que sentía mi cabello.
Tomé unas fuerzas sobrenaturales y me levanté de un salto de la cama y abrí los ojos para encontrarme con
mi hermana con una jarra en la mano.
-Zoe!- grité -¿Pero qué me estabas haciendo?-
Me miré al espejo y descubrí mi cabello completamente mojado, el maquillaje de la noche anterior
desparramado en todo mi rostro – ¡Santo cielo!- pegué un salto hacia atrás asustada por lo que veía – ¡Mira
cómo me dejaste!-
-Tenía que despertarte de alguna forma Bri, pase casi una hora llamándote y ni siquiera te moviste-
-¿No bastaban unas gotas? Mírame, estoy empapada y parezco un monstruo-
-No seas exagerada- rió –Será mejor que vayas a cambiarte antes de que papá y mamá lleguen, ya estaban
demasiado enojados contigo como para que se enteren que has dormido hasta las 4 de la tarde-
-¿Las cuatro?-
-Si, las cuatro, ve a bañarte mientras yo preparo tu ropa- me lanzó una toalla por los aires y me empujó
hasta el baño de mi habitación.
Zoe era mi hermana mayor y la única por suerte. Tenía 24 años y se había casado hace uno con el “hombre
de su vida” según ella decía, y convenientemente, socio de mi padre. Edwin Roberts, tenía seis años más
que ella, pero no lo aparentaba. Debo admitir que era una persona agradable y estaba feliz por ellos.
El único problema que había con ese matrimonio, era que Ed viajaba demasiado por negocios, siendo el
representante de la empresa de mi padre en unos 10 países europeos. Zoe, que aún estaba en la
universidad, no podía acompañarlo y se quedaba con nosotros cuando él no estaba, lamentándose no
haber acabado sus estudios para poder acompañarlo.
Me deshice de mi ropa y me metí en la ducha abriendo la canilla de agua fría, para refrescar mi cuerpo y
quitarme el maldito dolor de cabeza por culpa de la resaca.
Intenté hacer memoria para acordarme de los acontecimientos de la noche anterior. Comencé a recitar en
forma de lista todo lo que recordaba.
1. Discusión con papá.-
2. -Escapada por la ventana. Alioth me dijo que estaba gorda. Tonto, me las vas a pagar por esa. Oh, no,
le dije que estaba débil y flaco. -Reí al recordar su tonta expresión.
3. –Llegamos al club y comencé a beber, mi perdición-
4. –Bailé con ese cerdo que luego recibió una llamada de su esposa. Cerdo, cerdo, cerdo- repetí.
5. –Busqué a Alioth, que estaba en su coche con la rubia repugnante esa que nunca puedo recordar su
nombre-
6. –Llegamos a casa, y oh oh, papá nos descubrió-
Salí del baño envuelta en una toalla.
-¿Qué es eso?- pregunté al ver el patético atuendo que mi hermana había elegido para mí. –Es horrible-
-Mamá llamó y dijo que te vistieras decente, iremos a cenar al palacio- por cómo conocía a mi hermana,
pude deducir por su expresión que había algo más que decir que me estaba ocultando.
-¿Y por qué tengo que vestirme así? Cómo si el rey y la reina no me conocieran-
-Órdenes de mamá, por favor Bri hazle caso una vez en tu vida, ya demasiados problemas tienes con ellos
como para empeorarlo-
-Bien, no me sermonees tu también, me pondré esto- tomé la ropa que me había separado y comencé a
cambiarme.
El atuendo consistía en un vestido color amarillo pastel con un lazo color crema que cruzaba en mi cintura y
se ataba en la espalda con un moño. Un escote redondo separado a tan solo unos cinco centímetros de mi
cuello y unos zapatos de plataforma y taco aguja del mismo color que el lazo.
-¿contenta?- di una vuelta sobre mis talones para que Zoe viera lo ridícula que me veía.
-Estas hermosa, mírate te pareces a mi hermana, antes de que…-
-No empieces con eso- le advertí. –Me gusta como soy ahora, estoy perfecta así, no entiendo como insisten
en cambiarme-
-No te enojes Bri, ponte estos, combinan perfecto con todo- me entregó unos pendientes en forma de
corazón.
-Recuerdo estos- dije – Los compramos para el día que Ed te propuso matrimonio-
-Sí, así que cuídalos, me traen muy hermosos recuerdos- otra vez empezaba con su cara de tonta
enamorada.
-Si tranquila, muero de hambre ¿Bajamos a desayunar?-
-¿Desayunar?- soltó una carcajada –Pero si son las cinco y media de la tarde-
-¿Y? Es temprano aún- comencé a caminar en dirección a la cocina.
**********************************
Después de comer cereales con leche hasta cansarme y sentir que mi estómago iba a explotar de lleno,
busqué el teléfono para llamar a Alioth y disculparme por hacer que mi padre lo regañara la noche anterior.
Era normal entre nosotros, discutíamos todo el tiempo, peleábamos hacíamos cosas como las de anoche,
pero al otro día o a las pocas horas, si no era uno era el otro el que llamaba para disculparse.
Por algo, éramos mejores amigos ¿No?
Marque su número y esperé que respondiera.
-Ahora no Bri, no puedo hablar- dijo al otro lado de la comunicación.
-¿Estás bien? Solo llamaba par disculparme Alioth, no me porté muy bien esta mañana-
-Olvidado, más tarde hablamos ¿sí?-
-Bien, adiós, muuua!- corté.

Raro, seguro estaba discutiendo con su padre o su madre. –Solo espero que no haya sido por mi culpapensé,
al recordar que Zoe dijo que los míos habían ido al palacio esta mañana.
***********************
Eran las seis treinta y cinco, cuando mi madre irrumpió en mi cuarto, con su pose de superioridad y su
elegante postura al pararse frente a mi cama, donde yo me encontraba sentada mientras leía los últimos
comentarios sobre mí en las principales revistas de chimentos.
-¿Qué ocurre madre?- dije sin levantar la vista del ordenador.
-Salimos para el palacio en quince minutos, ponte de pie, así puedo verteLe
hice caso, solo para no comenzar una discusión. Pero odiaba que me diera órdenes, odiaba que
cualquiera lo hiciera.
-Zoe eligió esta ropa, si no te gusta le reclamas a ella- di media vuelta sobre mis talones nuevamente para
que pudiera verme.
-Es más que obvio que la eligió ella, tu jamás podrías vestirte decentemente- puse los ojos en blanco ante
su comentario - Así estás bien, vamos abajo, no hagamos esperar a tu padre-
*****************

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:24 am

Una media hora después nos estábamos bajando de la limusina en la puerta de entrada del palacio.
-¿Sabes de qué se trata todo esto?- le pregunté disimuladamente a Zoe mientras subíamos las
interminables escaleras para llegar a la entrada.
-Para nada- mintió con una sonrisa en su rostro.
-Mentirosa, te conozco, en cuanto se trate de una emboscada, te juro hermana que me las vas a pagar- me
adelanté dejándola caminar sola.
El rey y la reina, junto a sus hijos estaban esperándonos en la puerta.
-Brianna, pero que hermosa luces hoy- dijo Arlet, la reina.
-Gracias mi lady, usted luce tan bella como siempre- fingí una sonrisa.
-Yo creo que estás terrible, ¿Por qué estás vestida así?- dijo Jess.
-¡Jessania por favor!- la regañó su madre.
-Te pareces a tu madre- me susurró cuando me acerqué a ella, en el momento en que nuestros padres se
saludaban.
-Primero muerta antes de que parecerme a ella Jess, me obligaron a vestirme así-
-¿Y desde cuando le haces caso?- intervino Anabelle.
-Tenía demasiada resaca como para discutir con ellos, hablando de eso ¿Dónde está Alioth?- lo busqué en
los alrededores, hasta que lo vi parado al otro lado de nosotras mirando hacia un punto fijo en el horizonte.

Me acerqué a él y lo observé por unos segundo ¡Ni siquiera se daba cuenta de mi presencia!
-¿Qué pasa contigo hoy?- le hablé y se sobresaltó al oírme. -¿Te descompuso acostarte con esa rubia teñida
barra acosadora anoche?- crucé los brazos en mi pecho.
-Solo pensaba Bri ¿Tú cómo estás? ¿Has hablado con tus padres?- metió las manos en los bolsillos
delanteros de su pantalón.
-No ¿Por qué? ¿Debería? Zoe dijo que estuvieron aquí esta mañana ¿Hay algo que debería saber?-
-Supongo que te enteraras en la cena, vamos están entrando- puso una mano en mi espalda y me empujo
suavemente para que comenzara a caminar.
-¿Ya no estás enojado conmigo?- intenté cambiar de tema, sabiendo que no iba a sacarle nada a él al igual
que fallé con mi hermana.
-¿Por qué debería estar enojado?- habló nuevamente con una voz serena y dulce.
-¿Pero estás mal de la memoria? Y yo que creía que había tomado demasiado anoche, tú estás peorlevanté
un poco la voz, lo que hizo que algunos de los guardias de que había en el hall de entrada del
palacio, se quedaran mirándonos.
-Te dije esta tarde cuando hablamos por teléfono que estaba todo bien ¿Recuerdas?-
-¿Pero qué pasa contigo entonces? ¿Por qué estás actuando de esa forma?-
-¿Actuando cómo?- sonrió.
-¡Así!- grité ya histérica –Ni siquiera te has burlado de cómo estoy vestida, ni me has dicho nada sobre la
marca que le dejé a tu coche anoche ¿Por qué estás tan molestamente amable conmigo? ¡Ya despiértate!-
-Brianna baja la voz- mi padre habló con su voz gruesa que dejaba de piedra a todo el que lo escuchara.
-Lo siento padre- respondí fulminando con la mirada a Alioth y sentí como el color y el calor subían a mis
mejillas producto de que mi padre acaba de dejarme completamente en ridículo frente a un montón de
personas.
-Déjala Cesar- dijo Ewen, el rey –Ellos se entienden de esa forma, estamos acostumbrados a los gritos de tu
hija- me guiñó un ojo –Tiene un carácter muy difícil, pero es bueno que sea así- terminó de decir para
continuar caminando hacia el comedor principal.
-Lo odio ¿Cómo se atreve a gritarme de esa forma frente a todos?- murmuré.
-Tranquila, pronto no tendrás que aguantarlo más- me susurró mi hermana que apareció detrás nuestro.
-Ya no empieces con tus enigmas Zoe-
-Pero si no es ningún enigma Bri ¿Cierto Alioth?- le sonrió.
Pero él no se la devolvió, sino, todo lo contrario, le dedicó una mirada casi asesina, podría decir.
Afortunadamente en ese momento llegamos al comedor y mi queridísima y molesta hermana se fue a
ubicar a su lugar, ya designado, al lado de la reina y Anabelle. Lejos de mí y el príncipe, que oportunamente
estábamos ubicados uno al lado del otro.
-Mira nos tocó juntos- le señalé a Alioth –Que raro ¿No? –
Nunca nos sentaban juntos, debido a que siempre terminábamos en una guerra de comida o causando
algún revuelo que “arruinaba”, según nuestros padres, toda la velada. Aunque a diferencia de ellos,
nosotros solo creíamos animarla, provocando la risa y diversión de todos los invitados. O al menos, la gran
parte.
Nos sentamos y enseguida, llego la entrada formada por una cazuela de mariscos y algo de color verde
arriba, que le daban un aspecto asqueroso.
No pude negarme a lo que sirvieran en mi plato, pero tampoco me molesté en probarlo, el solo verlo me
revolvía el estómago.
-Bueno saber que no soy la única que cree que esto es nauseabundo- observé que mi compañero tampoco
había probado bocado.
-No tengo hambre, me siento enfermo- contestó serio.
-¿No te has recuperado de anoche? ¿Tanto bebiste? No parecías ebrio-
-No es eso-
-¿Y entonces qué es? No me digas, es mi perfume, Zoe me hizo ponerme uno de los de mamá es tan…-
-Ya cierra la boca Bri, lo empeoras, me estas mareando.- puso una mano en su frente.
-¿Tienes fiebre? ¿Quieres que te acompañe a tu habitación? Podemos llamar a un doctor, tal vez te
envenenaron-
-No- sonrió –Pero si no dejas de hablar a la que voy envenenar es a ti-
-Pero puedes fingir, así nos salimos de esta aburrida cena- continué haciendo caso omiso a sus palabras.
-No hay forma de que podamos escapar de esta cena- se recostó sobre el respaldar de la silla y estiró el
cuello hacia atrás.
Cuando llegó el plato principal, me di por vencida, esta noche no cenaría, al menos no aquí. Sea lo que
fuera eso que nos servían, tenía peor aspecto que el anterior plato y además, tenía un aroma espantoso.
La comida autóctona de Sourmun, tenía ese defecto. La mayoría, tenía un sabor exquisito, pero antes de
probarlo, había que pasar el obstáculo que significaba, animarse a probarlo ignorando cómo se veía y como
olía.
Todos platicaron plenamente durante toda la velada. Debido al estado en que se encontraba Alioth, decidí
charlar con Jess que estaba a mi lado.
-Bueno, yo creo que ya es hora de hablar de lo que verdaderamente pretendíamos con esta tan agradable
reunión- Ewen se puso de pie y todos escucharon atentamente, especialmente yo, que no aguantaba más
la intriga. –Brianna, te pido por favor que me dejes terminar antes de comenzar con tus gritos- me apuntó.
-¿Por qué piensa que voy a gritar?-
-Te conozco demasiado bien, pequeña demonio- bromeó. –Bueno, ahora sí- exhaló –Hemos tus padres y
nosotros, hemos pensado en esto por un tiempo, y estamos de acuerdo, de que es momento que tanto tú
como mi hijo, maduren de una buena vez y asuman sus responsabilidades-
-¿Qué responsabilidades? Papá prometiste que me dejarías tomarme este año libre para decidirme que
carrera elegir- me puse de pie, pero Alioth me tiró del brazo e hizo que me sentara nuevamente.
-Por eso, - continuó mi padre – Ustedes dos, van a comprometerse y en menos de seis meses, contraer
matrimonioComencé
a reír efusivamente, pero al notar que nadie más lo hacía, me detuve y observé uno por uno el
rostro de los presentes.
-¿No era una broma?- pregunté.
-Pero por supuesto que no- dijo mi madre.
-Están locos, dementes y enfermos- esta vez si me puse de pie y corrí la silla a un lado. -¿Cómo se les puede
ocurrir que voy a casarme con él? –
-Pensé que estarías feliz Bri, es tu amigo, no es un desconocido- escuché decir a Zoe.
-Ese es el punto, es mi amigo, como un hermano ¿Alioth no vas a decir nada? Vamos diles que no lo vas a
hacer- le grité.
-Lo siento Bri, no puedo, si no lo hago me desheredaran del trono- se puso de pie y se me acercó -Y a ti, te
harán lo mismo tus padres, me lo dijiste anoche, no podemos escapar de esta- susurró las últimas palabras.
-Pero Alioth… aaaaaaaaaaaaaaaaa! –Volví a gritar –Son unos malditos ¿Por qué se empeñan en
arruinarnos la vida? ¿Tanto nos odian?-
-Brianna te lo advierto, mas te vale que te calles, o sino…- mi padre caminó envuelto en furia hasta pararse
frente a mí, tan cerca y con una mirada tan aterrador que hizo que, por primera vez, sintiera miedo de él.
-¿O si no que padre? – no dejé que lo notara. -¿Qué vas a hacer?-
-Ya basta – intervino el príncipe. –Déjeme hablar con ella señor- me apartó a un lado.
Descontrol en la realeza
de marion09    
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-Está bien, ve practicando cómo controlarla, tal vez tu logres lo que nosotros no pudimos en diecinueve
años- dijo antes de retirarse y calmadamente ubicarse en su puesto en la mesa.
-Yo la llevaré a su casa, no se preocupen por nosotros- terminó y de un tirón me hizo caminar hasta si habitación.
Cuando entramos lo primero que hice fue pegar un salto y arrojarme a su cama. Tomé la almohada y la
posé sobre mi rostro apretándola con fuerza, para evitar que alguien oyera el fuerte –
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!- que desprendí desde mi garganta hasta que me dolió.
-¿Mejor?- Alioth me miraba divertido desde una esquina de su inmensa cama.
-No, necesito golpear algo o a alguien- me senté apoyando las manos en las cobijas que retorcía con toda
mi fuerza.
-No va a ayudarte en nada y vas a romperte una uña- bromeó.
-¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿No entiendes lo que acaban de decir?- lo miré indignada.
-Yo lo sé desde esta mañana- se recostó haciéndome a un lado.
-¿Y por qué no dijiste nada?-
-¡Porque no podía! Ellos sabían que intentarías escaparte o cometerías alguna de tus locuras, así que me
hicieron darles mi palabra de que no te enterarías hasta la cena, al menos no por mí-
-De todas formas debiste haberme advertido, pero olvídalo, ahora dime ¿Es por eso que estabas tan raro
antes de la cena no?-
-¿Y tú qué crees?- habló mirando hacia el techo.
-Pero no tienes que preocuparte, no vamos a casarnos Alioth, se nos ocurrirá algo pronto-
Él dio un largo suspiro. -¿Es que no entiendes cierto? – Levantó la voz – Si no lo hacemos van a
desheredarnos Brianna-
-Tu padre no va a sacarte el derecho al trono, eres su único hijo varón, su única opción-
-Puede que sí, pero al consejo no le costará nada, cederle mi lugar a mi primo y no voy a permitirlo, primero
muerto antes que dejar que ese imbécil ocupe mi lugar.-
-¿Entonces si estás de acuerdo con esta locura?- pregunté enfadada.
-Locura o no es lo que tenemos que hacer Bri, y no pienses que a mí me agrada la idea, es una completa
locura, pero no tenemos salida-
-¿Por qué estás tan seguro de eso?-
-¿Qué dices?-
-Tal vez… si logras convencer a tus padres de que estás enamorado de alguien más…-
Soltó una carcajada enorme –Es la idea más estúpida que has tenido en toda tu vida-
-¿Pero porque? Es brillante-
-¿En qué forma es brillante esa idea? ¿Cómo se te puede ocurrir que yo estoy enamorado de alguien más?-
-Yo no dije eso Alioth, sino que lo inventaras-

-No voy inventar semejante ridiculez, nadie se lo creería, mucho menos mis padres, ¿Por qué no lo haces
tú?-
-¿Dices que sería más creíble si lo hago yo?- arqueé una ceja.
-No fui yo quien lloró meses cuando mi novio se fue del país-
-Oh no, no empieces con eso-
-Es lo más lógico, de los dos, eres la más sensible y la más tonta, además las mujeres pueden enamorarse
de un día para el otro-
-Ese es el comentario más machista que he escuchado- lo empujé en un descuido e hice que cayera de la
cama.
No pude aguantarme y solté una carcajada al verlo inmóvil en el piso boca abajo.
-¿Estás bien?- pregunté.
-¡Súper!- contestó sarcástico. –Más te vale que no me quede un moretón por el golpe-
-¿O sino qué? No importas lo que me digas, no me das miedo, no soy uno de tus súbditos para que me
amenaces- me paré derecha con las manos en la cintura.
-Soy tu príncipe y futuro rey, deberías tenerme un poco de respeto- se puso de pie y me enfrentó.
-No serás rey si yo no me caso contigo, así que el que debería respetarme a mi eres tu- lo miré con una
sonrisa.
-Así que vas a hacerlo-
-¿Hacer qué? –
-Casarte conmigo-
-No si puedo evitarlo, pero las probabilidades son muy pocas-
-Casi nulas diría yo-
-No seas tan pesimista Alioth!- le grité –Si no te conociera mejor pensaría que en verdad quieres que no
casemos- dije a modo de broma.
-Menos mal que me conoces bien, no quisiera herir tus sentimientos- se llevó una mano al pecho y puso
ojos de cachorrito.
-Y papá pensaba que se estaban matando o algo así, que equivocado estaba ¿No Jess?- Ana y Jess entraron
en la habitación esbozando una enorme sonrisa al vernos.
-¿Qué quieren?- dijo Alioth molesto.
-Nada nada hermanito, solo queríamos preguntarle algo a Bri ¿Puede ser?- Contestó Jess.
-Ahora no, estamos ocupados, hablaran otro día, lárguense niñas-
-¿Niñas? Tus hermanas no son unas niñas, son unas hermosas señoritas- contesté comenzando a caminar
para la puerta de la habitación. –Vamos- les dije a las mellizas y salimos al pasillo.
-Espero que lo endulces un poco Bri, no me agradaría tener a mi hermano de esposo- habló Ana.
-Ew, pero que asco Anabelle, es obvio, es tu hermano- la otra rubia puso una expresión de horror.
-Pero a eso no me refiero mente sucia, es solo que Alioth es tan…-
-Mujeriego, creído, arrogante, malhumorado- enumeré
-Exacto- exclamó Ana. –Pero sabes, estoy segura que tú podrás domarlo-
-¿Pero qué cosas dices?- comencé a reirá –Tu hermano no es un caballo para que necesite domarlo-
-Es hombre, no veo la diferencia, todos son iguales- se encogió de hombros.
-Siempre con ese sentido del humor Ana, ¿Qué ibas a preguntarme?-
-Oh, cierto- respondió Jess – Queríamos saber si podríamos ayudarte con los planes para la boda y además
¿Seremos tus damas de honor?-
Luego de una larga charla con las mellizas emocionadas por la próxima boda, que con solo escuchar sobre
eso, a mi me daba escalofríos, me despedí de ellas y entré nuevamente a la habitación de Alioth.
-¿Qué hacías?- pregunté al verlo salir del baño con una toalla alrededor de su cintura.
-Estaba dándome un baño, The Cave abre esta noche ¿Quieres ir?-
-Estoy castigada después de anoche ¿Recuerdas? Van a encerrarme en una torre si vuelo a aparecer como
esta mañana-
-No pueden hacer eso, eres mi prometida ahora, podemos hacer lo que queramos si estamos juntossonrió.
-Wow, por primera vez has pensado bien las cosas, me sorprendes-
-Bueno, no puede ser tan malo después de todo, he pensado que nuestra relación no debería cambiar
demasiado, piénsalo – se acercó y puso sus manos en mis hombros - ¿Qué es lo que no hemos hecho
juntos? Bri sabes cuánto te aprecio y creo que tu también a mí, si aceptamos el trato no hay forma de que
salgamos perdiendo, podemos continuar con nuestra vida y estar casados al mismo tiempo ¿Por qué
debería un papel y unos anillos hacer la diferencia?-
-Tal vez- me alegré por la idea –Tienes razón, estando juntos no tendría que depender de mi padre, ni
pedirle permiso o darle explicaciones, sería genial, todos felices ¿por qué no se nos ocurrió antes?- exclamé
y de un salto me colgué del cuello de mi amigo –Te quiero, te quiero, te quiero, eres el amigo más
inteligente y guapo que pude haber tenido nunca-
-Esa no es ninguna noticia, ahora bájate y deja que me cambieLe
hice caso y me bajé de otro salto. –Voy por unas tijeras, no pienso aparecerme de esta forma en el clubSalí
de la habitación cerrando la puerta detrás de mí. Bajé hasta la cocina en busca de alguien que me diera
unas tijeras.
Después de encontrarlas, entré en uno de los baños y comencé a cortar las partes de mi vestido que
cubrían más de lo necesario.
Luego de unos minutos estaba lista, del vestido propio de una monja ya no quedaba ni el más mínimo de rastro.

Capitulo 3: De fiesta, con una compañía un tanto desagradable

-¿Listo?- pregunté entrando en la sala, pero él no estaba solo. Scott y Daniel también estaban allí. Daniel
había sido compañero nuestro en el colegio y Scott, era el primo de Alioth, un imbécil de primera. –Hola
chicos, no sabía que vendrían-
-¿Qué hace ella aquí?- Scott puso una cara de fastidio -¿Por qué siempre tenemos que ir con ella?-
-Si tanto te molesta ¿Por qué no te vas?- contesté de igual forma.
-Ya chicos, no empiecen – intervino el bueno de Daniel. –Siempre es un placer que vengas con nosotros Bri,
y déjame decirte que estás encantadora esta noche- me guiñó un ojo.
-Gracias Daniel, tan atento como siempre, los Van Helmont deberían aprender un poco de tiConocía
a Daniel desde hacía ya unos 7 años, y fue con su hermano Arthur con quien mantuve una relación
por un tiempo. El fue mi primer amor y también el primero en romperme el corazón cuando decidió irse del
país a completar sus estudios en el extranjero. Arthur fue compañero y muy amigo de mi hermana, y por
ella, aún puedo enterarme sobre su vida.
Sé que en este momento está en Londres, y que pronto lo trasladarán a Barcelona, para sustituir a su tío en
la empresa de la familia.
En cierto modo Daniel se parecía mucho a él. Físicamente no demasiado, pero si en otras cosas, su sonrisa,
sus ojos color miel y su mirada llena de paz, y lo que caracterizaba a todos los Hamilton, la amabilidad
como principal característica de su forma de ser.
-¿Cómo la soportas primo?- Scott, obviamente frustrado porque nunca lograba ni que me alejara o que
cayera rendida a sus pies como todas las otras tontas enamoradizas que lo rodeaban.
Miré a Alioth antes de que pudiera contestar. Estaba segura que si podía leer sus pensamientos en este
momento estaría diciendo <<Cómo te soporto a ti pedazo de imbécil>>. Era un hecho que los primos Van
Helmont, se odiaban a muerte solo por la única razón que ambos estaban en igual de condiciones de
asumir el trono, pero con la sola diferencia de que el actual rey, era el padre de Alioth y eso le daba cierta
ventaja.
El consejo real, formado por ocho hombres y ocho mujeres, tenía el poder de aconsejar al rey en asuntos
de suma importancia, y también, a falta de un rey, tenían el poder de nombrar a uno nuevo.
Por generaciones los Van Helmont había ocupado ese lugar sin problemas. Pero las complicaciones
llegaron cuando el padre de Ewen, tuvo dos hijos varones y tuvo que elegir uno para que ocupara su lugar.
Extrañamente para los ojos de todos que creían que el hijo mayor sería en afortunado, sucedió todo lo
contrario. Eligió al menor.
Desde ese momento, las cosas no han estado bien en la familia que solo se mantiene unida, por así decirlo,
a los ojos de la nación, pero no así puertas adentro.
El resentimiento que esos dos hermanos se tenían pasó a la siguiente generación, haciendo que los primos
compartieran entre ellos el mismo sentimiento que su padre. Pero con la diferencia que Alioth y Scott, no
tuvieron la suerte de permanecer alejados.
Todos fuimos compañeros en el colegio, estuvimos en el mismo círculo de “amigos” y compartimos la
mayoría de las salidas.
Y ahora, pese a que eso ya no es necesario, lo siguen haciendo. Masoquista, diría yo. En salidas cómo esta,
las peleas con insultos e infaltables puñetazos al final de la noche, sobraban.
Alioth sonrió, pero no le contestó. Solo tomó las llaves de su coche y comenzó a caminar hacia la salida
seguido por el resto.
Cuando estábamos a unos diez metros del coche corrí y le quité las llaves que llevaba en la mano derecha.
-Yo conduzco- las sacudí en el aire.
Me subí al asiento del conductor y encendí el motor. –Solo ten cuidado- dijo el rubio sentándose a mi lado
y ajustándose el cinturón de seguridad. Los otros dos irían en un coche aparte.
Con el acelerador a fondo y sintiendo que la adrenalina corría por todo mi cuerpo, en unos cinco minutos ya
estábamos aparcando en el estacionamiento del club.
-Eso fue tremendo- dije volviendo a respirar normalmente. –Pareces Casper ¿Por qué estás tan pálido?-
-Creí que íbamos a volar por los aires en el badén que acabas de pasar- habló aferrado a los apoya brazos.
-No seas exagerado, como si tú no condujeras peor que yo-
-No es lo mismo cuando no tienes el control-
-Bueno, así me siento yo cuando tú conduces como si alguien te persiguiera para matarte- me bajé del auto.
Y él me siguió. Cuando vi que estaba fuera del coche, apreté el botón de la alarma.
-¿Por qué invitaste a Scott?- pregunté
-Fue al revés, en realidad Dan fue quien me llamó-
-No puedo comprender como una persona como Dani puede pasar tanto tiempo con alguien como Scottpero
Alioth ya no estaba escuchándome, había fijado su mirada en una rubia, obviamente teñida, que
desde una corta distancia le sonreía. –Qué horror, ¿Por qué siempre tienen que ser rubias?-
-¿Celosa demasiado?- pasó su brazo por alrededor de mis hombros mientras nos acercábamos a la entrada.
-¿De esa zorra? Dios, no-
-¿Por qué te molesta entonces? Eres mi favorita, no lo olvides-
-No me compares con una de tus fulanas Alioth, yo no soy en nada como esas.- puse una mueca de asco. –
Soy tu amiga y no me acuesto contigo, eso jamás va a ocurrir-
-Lo sé, y es por eso que Brianna Collingwood vale mucho más que cualquiera de esas fulanas, como le dices-
-¿Alioth Van Helmont me está haciendo un cumplido? Creo que me voy a desmayar- llevé mi mano al corazón. –Gracias-  Entramos  al club y nos ubicamos en nuestro lugar de siempre. Todavía estaba asombrada por el hecho de que no nos habían atacado los paparazzi en la entrada como era costumbre.
Oh no, yo creí que los había perdido en el camino- dije al ver a Dani y a Scott acercarse. Obviamente no por
el primero, sino por el segundo.
-Vamos a bailar- me tira del brazo, antes de que se acercaran los demás.
Nos introducimos dentro de la pista, y comenzamos a movernos al compás de la música. Esa era otra de las
razones por las que amaba ser amiga de Alioth, él si sabía cómo divertirse. Bailaba sin inhibiciones, pero el
ser increíblemente sexy no lo hacía verse ridículo.
Me cogió por la cintura con solo un brazo y me atrajo hacia él. Sabía que era lo que eso quería decir.
Acerqué mi oído a su boca esperando que dijera algo.
-¿Ves cómo mira Scott a esa chica?- me señaló con los ojos a una morocha de pelo largo hasta los hombros,
con un vestido rojo aun más corto de lo que yo llevaba el mío, y créanme eso era mucho decir. Estaba
parada a un lado de la barra, y a unos pocos metros de donde Dan y Scott estaban ubicados.
-¿Qué vas a hacer?- grité en su oído para que pudiera escucharme.
-Primero buscarte a alguien para que bailes y luego… Creo que ya lo sabes- sonrió. Si que sabía que iba a
hacer. Lo que siempre, y que también, siempre, le traía problemas con su primo.
-No es necesario, estoy segura que si te alejas, en segundos aparecerá alguien. Ve a por ellaY
así fue. Después de guiñarme un ojo, pasó su mano por el cabello y avanzó hasta dónde la muchacha se
encontraba coqueteando a la distancia con su enemigo mortal.
Mientras observaba la fácil conquista que la chica había resultado movía mis caderas y extendía mis brazos
hacia arriba, escuchando la música que estaba sonando. Amaba bailar, cuando lo hacía me olvidaba de
absolutamente todo lo que me rodeaba.
Unos brazos me rodearon y me volteé a ver de quien se trataba.
-Hola preciosa- pude leer en sus labios lo que dijo. Era un hombre alto que supuse que tendría unos treinta
años. El cabello castaño y liso lo llevaba peinado hacia el costado con una raya en el costado derecho.
Vestía una camisa gris clara y unos pantalones negros. Era al menos una cabeza y media más alto que yo.
Le sonreí y pasé la mano por su pecho <<Oh por dios>> me mordí el labio. Tenía unos músculos increíbles.
Mientras lo admiraba el aprovechó a pasar sus enormes brazos por mi espalda y así comenzamos a
movernos lentamente.
Me colgué de su cuello y enredé mis dedos en su cabello y lo despeiné un poco. –Me gustan los chicos
salvajes- podría decir que le susurré en el oído, pero en realidad le grité. Igualmente, traté de que sonara lo
más sexy posible.
El no paraba de deslizar sus manos por todo mi cuerpo cuando estábamos bailando con nuestros cuerpos
peligrosamente pegados. Así pasamos un largo rato.
Junto después de que haya desprendido los tres primero botones de su camisa sentí como alguien picaba
mi hombro y mi acompañante tensaba su mandíbula. Me di vuelta esperando de que se tratara de una
novia celosa o peor, una esposa celosa.
Pero me encontré con algo totalmente distinto.
Arqueé una ceja esperando que alguien me dijera que esto se trataba de una broma.
Un hombre, tan alto y con ese mismo aspecto de bad boy, me miraba desafiante con una brazo apoyado en
su cadera y recargando todo su peso sobre una sola pierna.
-Zorra zanahoria y esquelética, te advierto que te alejes de mi hombre si no quieres problemas- me apuntó
con un dedo mientras me gritaba.
Abrí los ojos como plato y creo que mi maxilar inferior estaba por el piso de la sorpresa. ¿Era gay? ¿Ese
magnífico dios griego con el que estaba bailando era gay? No sabía si reír o suicidarme en ese mismo
momento.
Giré noventa grados y salí dando grandes zancadas de la pista.
-Creo que has provocado una peleíta en la pareja- escuche decir a Scott a mi lado.
-No me molestes idiota. Dani ¿Dónde está Alioth? Esta fiesta apesta, quiero volver a casa- dije soplando un
mechón de pelo que me caía en los ojos
-Tu amigo – dijo Scott -Acaba de quitarme a mi conquista de esta noche, el maldito bastardo me las va a
pagar-
-Cómo si pudieras hacerle algo Scott, ríndete de una vez, él es mejor que tu-
-¿Nunca te quedas callada Brianna? –
-Ya chicos- intervino Dan - ¿Por qué no van a bailar?-
-¿Sabes Dan? Esa es una buena idea- contestó el imbécil y me jaló por el brazo.
-Yo no voy a bailar contigo- grité mientras intentaba zafarme. –Que me sueltesDe
todos modos llegamos al medio de la pista, y cuando intenté librarme de su agarre me aprisionó contra
él sosteniéndome por la cintura con un brazo << Diablos, es fuerte>>
Comenzó a bailar sin soltarme. –No seas amargada Bri, vamos a bailar-
-Acabas de insultarme y ahora pretendes que bailemos amigablemente, estás demente- rodé los ojos.

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:26 am

-Ya, lo siento. – sonrió amablemente. –No puedo pensar cuando estás cerca, tu belleza me vuelve
completamente locoColoco
mis manos en su pecho presionando hacia adelante tratando de alejarlo – Muy bien, creo que has
bebido demasiado Scott, será mejor que…-
No pude terminar de hablar cuando sentí que aprisionaba mis labios con fuerza. << ¡Qué asco! >> Al mismo
tiempo que me besaba y pasaba su mano por mi espalda y con la otra en mi cuello impedía que me alejara,
yo lo golpeaba con mis puños en su pecho.
De un segundo al otro, me sentí libre y pude volver a respirar con normalidad. Pero al mirar hacia un lado,
vi como Alioth le daba un puñetazo que lo tiraba al piso.
Las miradas se enfocaron en la escandalosa escena y no tardaron en llegar los guardias de seguridad.
Antes de que pudieran tocarlo, el príncipe levantó ambas manos y se identificó. Al escucharlo, los gigantes
vestidos de negro agacharon la cabeza y le ofrecieron sus más grandes disculpas.
-Nos vamos- dije el rubio acercándose a mí.
-Creí que nunca me lo pedirías-
******************
Dejé que Alioth condujera. Todo el viaje fue completamente en silencio. Yo me dediqué a tararear toda
canción que sonaba en la radio.
¿Qué estaba ocurriendo? Jamás me sentía incomoda con él, pero en este mismo momento, lo estaba y
mucho.
Alioth Van Helmont, príncipe de Sourmun, nunca se quedaba sin palabras.
Sin darme cuenta, ya habíamos cruzado el puesto de seguridad de la entrada de mi casa y el coche se
detenía lentamente.
-¿Estás bien? – pregunté. –Has estado… muy callado. Y eso es raro-
-Estoy bien, mañana hablamos-
-No creo que estés bien. ¿Hice algo malo? Alioth yo no besé a tu primo, eso deberías tenerlo claro-
-Lo sé Bri- sonrió –Tranquila, no estoy enojado contigo, es algo mas-
-¿Qué cosa?- insistí.
-No empieces, por una vez en tu vida, déjalo estar-
-Está bien señor misterioso – lo miré entrecerrando los ojos –Conduce con cuidado, no quiero enviudar antes de casarme- besé su mejilla y salí del coche.

Capitulo 4: Un anuncio
A la mañana siguiente de la fiesta, Alioth volvió a ser el mismo de siempre y se negó a darme explicaciones
de lo que ocurrió la noche anterior. Con la excusa de que lo haría más adelante.
Más tarde esa mañana, mi padre me citó a su despacho para informarme de algo muy importante.
Su definición de “informar”, era, lo que para cualquier persona común es la definición de “ordenar”.
Después de un largo discurso de mi madre sobre la responsabilidad y las obligaciones de la mujer en una
familia, se me “informó” lo siguiente:
-“Mañana por la tarde, en la reunión mensual del consejo, el príncipe va a proponerte matrimonio ante la
presencia del rey y todos los miembros, te comportarás como toda una señorita y aceptarás feliz, sonando
enamorada, extasiada y hasta ridícula si es posible, nadie, absolutamente nadie tiene que saber que todo
está arreglado”-
Ahogué una carcajada en ese momento, ¿Alioth iba a proponerme matrimonio? ¿Él también tendría que
lucir “enamorado, extasiado y hasta ridículo? <<Esto va a ser interesante>>
******
Un día y medio después estábamos bajando de la limusina de mi familia frente al castillo de los Van
Helmont.
Nuevamente estaba vestida como una modelo de portada, pero no como en las revistas de moda que yo
leía, sino como en las favoritas de mi madre y mi hermana.
-Estás hecha toda una princesa- se burló Ana, ella odiaba tanto como yo la ropa que la obligaban a usar.
-Ya cállate- rodé los ojos.
-¿Pero por qué esa cara? Deberías estar radiante hermanita- me abrazó. –Por qué eso es lo que vamos a
ser, ¡hermanas! Será genial, estoy segura que nos vamos a divertir muchísimo. ¿No estás emocionada?-
-¿Emocionada? Anabelle, me voy a casa con mi mejor amigo, eso no tiene nada de emocionante-
-Ese es mi sueño. Bri, mi hermano te adora, espero que cuando a mi me obliguen a comprometerme con
algún idiota, sea con alguien que me quiera como Alioth a ti-
Una parte de mi sabía que eso era cierto, pero yo no quería reconocerlo. También estaba consciente de que
la razón por la que no quería darle demasiadas vueltas al asunto era porque tenía miedo. No quería sufrir
como la última vez, no quería involucrarme con alguien y darle la oportunidad de poder romper mi corazón
y mucho menos quería arruinar mi amistad con Alioth.
Entramos un salón en el que se reunía el consejo en ocasiones especiales. Todos impecablemente
arreglados, charlaban “amistosamente” mientras bebían vino y se servían los aperitivos que distribuían las
meseras.
-Hola guapo- pasé mis manos por la espalda del rubio, que estaba de pie junto a la ventana mirando hacia
afuera.
-Hey Bri- sonrió.
-¿Nervioso?-
-Yo nunca estoy nervioso Brianna- enderezó su espalda lo más que pudo -¿Tú estás nerviosa?-
-¿Yo? Jamás.- desvié la mirada hacia otro punto de la sala –Bueno tal vez un poco-
-No deberías- me envolvió con su brazo. –Solo acepta y todo saldrá bien-
-Eso depende- reí.
-¿Depende de qué?- estiré mi cuello para ver su reacción.
-De cuan buena sea tu proposición, si tengo que sonar como mi padre dijo, mas te vale que me des una
razón Alioth-
-Te sorprenderás, ya verás- sonrió.
Inhaló profundamente y soltó el aire retenido lentamente antes de hablar. –Damas y caballeros- comenzó.
Pero algunas señoras en el fondo seguían charlando. Se aclaró la garganta. –Señoras, por favor.- Y al fin
detuvieron su parloteo. –Quisiera que todos escucharan lo que tengo que decirle a la señorita CollingwoodTodos
se miraron entre sí, algunos sonreían y otros lo miraban con desaprobación, esperando alguna
broma de mal gusto.
Tomó suavemente mi mano y empezó.
-Brianna has sido mi mejor amiga desde siempre. Daría mi vida por ti y estoy seguro de que tú harías lo
mismo. Quiero que sepas que no imagino a nadie más con quien compartir mis días, mis alegrías, mis
tristezas. Para mí, no hay mujer más hermosa, divertida, honorable ni tampoco existe alguien en que confíe
más que en ti. Así que- apoyó una rodilla en el piso y sacó una pequeña caja con el escudo de su familia
grabada en la cara superior - ¿Brianna Collingwood, me concederías el honor de convertirte en mi esposa?-
Cuando abrió la caja creí que iba a desmayarme, no sé si porque todas las miradas de la habitación estaban
centradas en mi y esperando mi respuesta, por la preciosidad del anillo que había allí dentro o por lo que
acababa de escuchar.
Volví al mundo real cuando Alioth movió los dedos con los que agarraba mi mano, cuando hicimos contacto
visual recordé que aún no había dicho nada. –Si Alioth, quiero casarme contigo- sonreí y le pegué un tirón
de su mano para que su pusiera de pie –Quiero ser tu esposa y quiero pasar el resto de mi vida a tu lado- lo
abracé al mismo tiempo que reía y hablaba sin parar.
Sin decir palabra, volvió a tomar mi mano y deslizó el hermoso anillo de brillantes en mi dedo. Mientras
todos aplaudían estruendosamente.
Las primeras en correr a felicitarnos fueron las mellizas que gritaban lo felices que estaban, a las que le
siguieron el rey y la reina, mis padres con mi hermana, y luego todos los presentes.
Unos cuarenta minutos después, todos comenzaron a calmarse, las señoras formaron círculos para su
ronda de cotilleos, los ancianos se ubicaron en sus lugares de la gran mesa y la mayoría de los caballeros
armaron sus propios grupos para presumir y competir sobre cómo les iba en sus negocios.
-¿Podemos salir de aquí un momento? Necesito hacer algoSin
pensarlo respondí que sí, y enseguida nos escabullimos de la habitación. -¿Qué es lo que necesitabas
hacer? ¿Puedo ayudar?-
Asintió con la cabeza –Subamos-
-Es un anillo hermoso ¿De quién era? Vi que la caja tenía el escudo de los Van Helmont - dije mientras
admiraba la belleza de la pieza maestra que tenía en mi dedo.
-De mi abuela ¿Las recuerdas? – me miró sonriendo.
-¿Nani Joanna? ¿Este es el famoso anillo de la reina Joanna? Esto va a ser tan divertido Todas las mujeres
del reino van a envidiarme, no puedo esperar para salir a presumirlo- di brinquitos al entrar a la habitación
del príncipe.
Durante años, mi madre y su séquito de brujas envidiosas, se burlaban de Arlet, a sus espaldas, por no
llevar el famoso anillo de Nani Joanna, cómo se conocía a la madre del actual rey. Esa joya, había pasado
de generación en generación desde hacía ya mucho tiempo. Pero por algún motivo, la actual reina no lo
poseía.
-¿Solo eso vas a presumir?- escuché decir al mismo tiempo que sentí cómo se cerraba la puerta. -¿Qué hay
de mí?-
Me quité los zapatos y me desplomé en la cama sin darle importancia el arrugar mi ropa o despeinarme. No
volvería a la reunión del consejo a soportar las críticas de mi madre.
-Creo que será al revés, tú debes presumir de tu hermosa prometida. –
-Eso tenlo por seguro, ahora, ponte de pie y acércate- sonrió maliciosamente.
Desconfiada porque conocía muy bien esa mirada me acerqué caminando por la alfombra que cubría todo
el piso.
-¿Qué vas a hacer?-
-Mejor dicho- se pasó vanidosamente la manos por su cabello, y arqueó las cejas al final –Qué vamos a hacer

Capitulo 5: Sorprendiendo a todos.
Extrañada me paré a unos pasos de él. Como notó que no iba a moverme más, tomó la iniciativa y comenzó
a caminar hacia mí.
Estábamos tan cerca que podía sentir su respiración en mi rostro.
-Tenemos que hacerlo sin que nadie nos vea o se darán cuenta de que jamás te he besado antes-
-¿Qué vas a hacer qué?- Grité- Estás loco, no voy a besarte Alioth- arrugué la nariz.
Intenté escabullirme, pero era demasiado tarde. Estaba atrapada entre sus brazos. Suspiré soplando con
fuerza en los ojos de mi secuestrador.
-¿No te has detenido a pensar que algún día tendrás que hacerlo? Las personas esperan eso, quieren una
foto de ese momento, toma esto cómo una práctica. Será divertido, podemos tener una relación de amigos
con beneficiosAl
escuchar semejante tontería no pude evitar soltar una grandísima carcajada y tuve que sentarme en la
cama para evitar caerme por la falta de equilibrio.
-Estoy hablando enserio Brianna no te rías, pasé toda la noche pensando en nosotros-
Me aclaré la garganta antes de hablar y respirando lentamente para poder hablar seriamente. –Primero, los
amigos con beneficios, tienen una relación de, digamos, amigos. Nosotros, estamos comprometidos y
vamos a casarnos. Y segundo, ¿Nosotros?-
-Nosotros, toda esta situación es muy extraña, no sé cómo afrontarla- se lanzó de espaldas hacia el
colchón.
-Bueno, no eres el único.-
-Mi padre dice que estaremos bien, que el secreto para que una relación dure y prospere es que no haya
secretos ni mentiras en la pareja y nosotros nos conocemos tan bien que eso sería imposible-
-He oído eso antes-
-¿Y qué dices? ¿Piensas que podemos funcionar? – se giró y apoyó la cabeza en mi regazo, esperando una
respuesta.
Sonreí sin saber que decir. –No lo sé, te quiero Alioth, no quiero perderte a ti también-
-Ni yo- levantó un brazo para enredar sus dedos en mi largo cabello y hacer tirabuzones con cada mechón –
Todo lo que dije es cierto ¿Sabes eso no? Le pedí ayuda a Ana y a Jess para la proposición, pero ellas solo
dijeron que tenía que hablar con el corazón, y eso fue lo que hice-
-Sabías que iba a decir que si-
-Por eso mismo tenía que esforzarme, tenía que ser especial. Anabelle dijo que si el día que le toque
comprometerse con…-
- Algún idiota, espera que la quiera tanto como tú a mi- continué recordando las mismas palabras que
había escuchado hacía un rato.
-Exactamente. – volvió a ponerse de pie.
-Creo que eso de que unos papeles y un anillo no hacen la diferencia en nuestra relación ya no tiene mucho
sentido ¿No?-
-Se que todo esto es confuso, pero el tiempo lo simplificará, estoy seguro- me guiñó. –Y por ahora…
¿Quieres un trago? Va por mi cuenta-
********
-Oh no, mira quien está ahí- apunté con una disimulada seña con mis ojos hacia unos metros de nosotros.
-Genial- respondió Alioth poniéndose de pie.
-¿Pero a dónde vas? Ya déjalo, mejor vámonos a otro bar, no quieres tener problemas esta noche-
-¿Problemas yo? Cariño, soy el príncipe, Puedo hacer lo que se me antoje y nadie haría nada por miedo a
ser ejecutadoSuspiré,
cuando se ponía en el papel de “Soy el príncipe invencible e intocable” nadie podía hacerlo entrar
en razón.
Me tomó de la mano y me arrastró hasta donde se encontraban Scott y una jovencita, que estaba segura,
no superaba los diecisiete años.
Antes de llegar entrelazó sus dedos con los míos y me dedicó una cautivante sonrisa. -¿Qué estás
tramando?- susurré, pero el solo sonrió.
-Hey Primo, que bueno te encontramos- pronunció.
-Lástima que no pueda opinar lo mismo- refunfuñó pasando su mirada por nuestras manos y hacia arriba.
-No te demoraremos demasiado, solo quería darte una noticia-
-Si proviene de ti, no creo que me interese Alioth ¿Podrías hacerme el favor de dejarme solo? ¿No ves que
estoy ocupado? – miró a la morocha a su lado, que observaba con adoración a mi amigo, olvidándose por
completo de Scott. <<Típico>> Pensé y rodé los ojos al ver como él le respondía con una mirada cómplice.
-Bueno, tú te lo pierdes, ibas a ser el primero al que se lo contáramos- se encogió de hombros el rubio. –
Aunque sabes, voy a ser bueno y decírtelo de todos modos- Scott bufó, no iba a deshacerse de su primo, si
no lo escuchaba.
Alioth me soltó la mano y abrazó con su brazo derecho mi cintura, y con el otro me hizo extender mi mano
izquierda y exponer el precioso anillo.
El anillo de Nani Joanna. Oh, Scott iba a enloquecer.
-Bri y yo, vamos a casarnos- anunció.
Tuve que juntar todas mis fuerzas para evitar soltar enormes carcajadas ante la expresión de horror de
Scott y de la joven a su lado por supuesto. Sabía que iba a convertirme en la más odiada por las fans de
Alioth, que aún creían tener una chance de salir con él.
-Esperamos tener el honor de tu presencia en la boda- le sonrió y se dio media vuelta tirando de mi.
Cuando llegamos afuera del bar al fin pude soltar mi risa y dejar de aguantar la respiración. – ¡Viste su cara!-
-Eres tan mala, pobre Scott, se acaba de dar cuenta que ha perdido toda oportunidad contigo- contestó sarcástico.
-Oh por favor, lo único que le importa a ese imbécil es tu dinero y tu título- empecé a caminar hacia el auto
antes de que fuéramos atrapados por los paparazzi.
-Vamos Bri, está loco por ti, y sino que me dices del beso de la otra noche- me alcanzó.
-Estaba ebrio y enojado contigo, tal vez solo quería molestarte, no lo sé, ni tampoco me importa- sentí una
luz enceguecedora en mis ojos <<Oh oh>>
-No mires a la derecha, no mires a la derecha- me tomó por un brazo y caminamos, mejor dicho, trotamos
hasta estar dentro del coche. Enseguida decenas de flashes se estampaban contra los polarizados y podía
distinguir alguna que otra cara detrás.
-Cómo los odio, ¿no pueden dejarnos en paz?-
-Sabes, podríamos bajarnos y anunciar nuestro compromiso aquí mismo-
-Creí que lo harían nuestros padres en una rueda de prensa mañana por la tarde-
-Exactamente- sonrió con malicia.
-Van a enfurecer- entendí su punto.
-ExactamenteNos
miramos por un momento y él se bajó del auto sorprendiendo a todos los fotógrafos que esperaban
que nos fuéramos de allí a toda velocidad.
Rodeó el Volvo, pasando por detrás y me abrió mi puerta. Extendió una mano, que acepté amablemente y
bajé.
De pronto los flashes frenaron y todos se quedaron en silencio, expectantes.
-Molestos y queridos acosadores, me complace informarles que les estoy dando la primicia de todo esto, a
cambio de que mañana a primera hora y dejando de lado todo lo que tengan para publicar, salga en la
portada de todas las revistas y diarios, lo que voy a anunciar ¿Tenemos un trato?- habló el príncipe.
“Si” “Por supuesto” “Absolutamente” “Si señor” y cosas similares se escucharon en ese momento por parte
de los devoradores de chismes.
-Estoy feliz de poder confirmarles, que la señorita aquí a mi lado, Brianna Collingwood, y yo, a partir de esta
misma tarde, estamos comprometidosNo
pudo terminar de hablar que ya estaban todos murmurando, y nuevamente los flashes comenzaron a
aparecer cuando les acerqué mi mano para que pudieran observar y fotografiar el anillo.
-¿Vas a darme un beso ahora? tenemos que hacer esto más creíble- me susurró en el oído mientras me
abrazaba para posar para las fotos.
Me giré y le di un beso en su mejilla, no estaba lista para lo demás y mucho menos delante de todas las
cámaras. –Creo que ya han tenido suficiente- dije.
Sonreímos por última vez y nos retiramos dejándolos satisfechos.
************
-Así que… ¿Haremos algo mañana? ¿Quieres ir que vayamos a jugar tiro con arco un rato? – preguntó una
vez estacionado el coche en la puerta de mi casa, ya era casi media noche. Habíamos pasado todo el
camino del bar a mi casa riendo, mientras imaginábamos cómo estarían nuestros padres de furiosos
cuando se encontraran con las portadas de las revistas y diarios de todo el país por la mañana.
-Suena divertido, te veo mañana entonces, conduce con cuidado-
-Lo haré, y Bri…-
-¿Si? – me di vuelta antes de salir del auto.
-Tú también ten cuidado, no sabes cuándo voy a robarte un beso- dijo con una enorme sonrisa dibujada en
su rostro.
Puse los ojos en blanco –Eso no va a pasar, voy a besarte cuando yo quiera, no cuando tu tengas ganassonreí
maléficamente.
Iba a hacerlo sufrir un poco. Él jamás había tenido que rogar por un beso, todas, caían rendidas a sus pies y
hacían lo que fuera por él.
Pero esta vez, las cosas iban a ser diferentes, el control lo tenía yo, y nadie más

Capitulo 6: Dudas y algo más.

Amanecí tranquila, relajada y feliz, al fin hoy podía volver a vestir como siempre. Pero algo en mi había
cambiado, no estaba segura el que, pero me sentía diferente.
Después de un baño con sales y todo, me adentré en mi armario.
Un pantalón elastizado blanco con un top celeste de tiritas, un cinto negro en la cadera y unas botas del
mismo color hasta las rodillas fueron mi elección.
Antes de salir de la habitación salir de la habitación, noté unos destellos de luz que se reflejaban en la
pared, buscando de dónde provenían, llegué a mi mano.
El anillo. Me quedé observándolo como una boba por un largo rato. Era indescriptiblemente hermoso. No
era de las mujeres que aman esas cosas, es más, odiaba tener que usar toda alhaja ostentosa, cómo las que
presumía mi madre, pero esta en particular, tenía algo que cautivaba. O tal vez era su significado, ¿Cuál era
su significado?
Estaba comprometida con el príncipe, eso era obvio, pero, ¿Qué más? ¿Qué quería decir el hecho de estar
comprometida?
¿Iba a enamorarme de Alioth algún día? Era mi mejor amigo, y lo quería demasiado, no tenía ningún
recuerdo en el que él no estuviera, pero de ahí a amarlo románticamente había un largo trecho.
Además, estaba el otro tema.
Arthur.
Quisiera o no, siempre mis pensamientos me conducían a él. Ya había pasado mucho tiempo desde que me
había dejado, abandonado por su trabajo y compromiso con la familia. Pero a mi corazón parecía no
importarle, no podía borrarlo, era algo que no controlaba yo misma.
-Brianna, Tierra llamando a la princesa de Sourmun- sentí la voz de Zoe vagamente. Sacudí mi cabeza para
volver a la realidad.
-Hey, ¿Decías algo?-
-Te estaba llamando, pero no dejabas de admirar tu anillo-
-Es demasiado bello, ¿Sabes de quién era cierto?-
-Y quién no, debería haber escuchado a mamá al teléfono con sus amigas anoche, estaban insufribles, creo
que quiere que vayas a su próxima reunión para que todas puedan verlo-
-Preferiría que me arranquen las pestañas antes que ir a tomar el té con todas esas brujas envidiosascontesté
con cara de espanto.
Zoe solo rio dulcemente, todo en mi hermana era amor y paz, era dulce como un caramelo de miel e
irradiaba luz a todo lugar que iba. No podía negar que tenía unos arranques bastantes sorprendentes a
veces, pero el resto del tiempo era un completo ángel.
-Tienes que avisarme cuando quieras empezar con los preparativos para la boda, aunque yo te
recomendaría que sea pronto, esas cosas tardan mucho tiempo-
-¿Y si tú los haces por mi? Esa es una mejor idea-
-Bri… Es tú boda ¿Qué novia no quiere organizar su propia boda?- cerró la puerta de la habitación y se
sentó en mi cama.
-Una que no quiere hacerlo- me ubiqué a su lado.
-¿Aún no estás segura de todo esto? Pensé que Alioth y tú ya lo habían decidido-
-Y lo hicimos, es que… Ese no es el problema- suspire frustrada.
-Dime entonces cual es, vamos, sabes que puedes hablar de cualquier cosa conmigo-
-No estoy segura de que pueda enamorarme de él- miré al piso avergonzada, por mis tontas ideas.
-Oh vamos, ¿Quién no podría enamorarse de Alioth Van Helmont? Él es tan adorable y encantador-
-Ugh, ya cambia esa cara porque le voy a contar a Edwin de esto, y eso no es cierto, él es un embustero de
primera, que aprovecha su título para meterse dentro de los pantalones y faldas de las jovencitas tontas
que lo rodean-
-Eso va a cambiar, ahora, para la única que podrá utilizar esos encantos será para ti, eres su prometida- me
levantó la mano elevando el anillo hasta mis ojos –Solo tendrá ojos para ti-
-Yo no estoy segura de eso-
-¿Y porqué no se lo preguntas entonces?-
-Estás loca, no voy a ponerme en ridículo enfrente de él-
-Es tu amigo, nunca te guardaste lo que pensabas respecto a él, no dejes que ese tipo de cosas cambien,
porque ustedes, hermanita, tienen algo que ninguna otra pareja tiene, ni siquiera Ed y yo- me tocó la nariz
con un dedo y se puso de pie.
-¿Y que sería eso?- Pregunté.
-Ya lo sabrás- me guiñó y salió de mi habitación.
No pasaron tres minutos de que Zoe me dejó sola, que un estruendoso grito de mi padre se escuchó. Y
adivinen qué fue lo que dijo.
Mi nombre.
Suspiré y comencé a caminar fuera de mi cuarto, por el pasillo. Disfruté de sonreír antes de encontrarme
con el. Sabía que era lo que tenía para decirme.
-¿Si papi?- puse mi mejor cara de angelito al entrar a su despacho, en donde lo acompañaba mi madre.
-No te hagas la inocente Brianna, esto es el colmo. ¡No pueden hacer algo bien ustedes dos! –
-Yo no sé de que me estás hablando papá- contuve la risa.
-Ya no son unos niños, esta clase de cosas no son un juego maldita seas- lanzó una colección de diarios y
revistas, todas con la misma portada y casi con las misma palabras anunciando el compromiso.
-Yo no entiendo porque te enojas, hice lo que me pediste, era obvio que íbamos a tener que anunciarlo
alguna vez ¿No crees?-
-Sabías muy bien que iba a ser esta tarde, frente a medios reales y con transmisión en vivo para todo el reino-

Ya déjalo ir papá, no puedes borrar los hechos, ahora si me disculpas tengo una cita con mi prometido-
-¿A dónde irán?- mi madre abrió la boca por primera vez.
-Iremos a jugar tiro con arco un ratoLa
respuesta fue exactamente la esperada. Mi madre abrió la boca tan grande que podrían haber entrado
cintos de moscas en un segundo -¿Pero cual es la parte de todo esto que no te entra en esa cabeza que
tienes?-
-No va a escucharte Glenda, ya no es tu problema, déjala que se ponga en ridículo sola- dijo mi padre con
resignación.
-No entiendo como Alioth puede dejarte hacer algo tan propio de los hombres, es una vergüenza- ignoró el
comentario de su esposo.
La miré por unos segundos tratando de comprenderla. Pero no era posible ¿Cómo podían conservar tan
antiguas ideas? ¡Por dios! Alguien tenía que hacerles ver que estábamos en el siglo XXI y no en el XVII.
Salí de la habitación sin decir nada, ¿Para que discutir? No tenía sentido.
*********
-Ahora, esa eres tu- dijo Alioth al verme entrar en su coche.
-No sabes cuanto me extrañaba- sonreí mientras me ponía el cinturón.
-Mi mamá me dijo hace unos días que debía convencerte de que cambiaras de look-
-Ugh, que molestia, voy a tener que tirar todo mi guardarropa cuando nos casemos-
-Yo le dije que eso no iba a ser posible, me gustas así y no como una copia de tu madre o de ella misma-
Me sonrojé, oh si que lo hice. Era un alago enorme -¿enserio le dijiste eso?-
-¿Y qué pensabas que iba a hacer? Yo no voy a obligarte a hacer algo que no quieras-
-Gracias Alioth- sonreí.
*************************
-Hola Mike- saludamos al recepcionista del club.
-Un placer verlos chicos y felicitaciones, vi las noticias esta mañana- gritó mientras nos alejábamos por el
corredor.
-Creo que tendremos que acostumbrarnos a eso- dijo el rubio entrelazando sus dedos con los míos.
-Supongo-
-¿Estás bien? Si no te conociera mejor diría que te pones tensa cuando intento que luzcamos como una
pareja real-
-Eso no es cierto, yo… estoy bien- dudé. <<Estás perdida>> no me animé a mirarlo por miedo de que lo
notara. Aunque estaba segura de que ya lo había hecho.
-Entonces no te molestará que haga esto- dijo al mismo tiempo que me acorralaba en contra la pared
todavía sujetando mi mano y apoyando la otra en la pared. - ¿O sí?-
Mis ojos iban desde los suyos a su boca, cada vez más próxima a la mía. <<O-M-G ¿Qué ocurre contigo
Brianna? Es solo Alioth, te estás comportando como una niña tonta>>
-Claro que no- lo miré desafiante. –No me importa- me relajé, tenía en control nuevamente.
-¿Tampoco esto?-
Su nariz rozó mi nariz, su mano derecha subió a mi cintura, y podía sentir que su aliento mentolado se
entremezclaba con el mío sabor cherry. Cerré los ojos para darle más confianza, pero en cuanto sentí el
roce de su labio superior abrí los ojos y vi a Dani y Scott mirándonos asombrados.
-¡Chicos! ¡Vinieron!- grité provocando que el rubio se hiciera a un costado. –Daniel qué lindo verte- lo
abracé –Y bueno, a ti… no tanto- miré al otro con desprecio.
-Lamentamos la interrupción, si quieren… los dejamos continuar- me guiñó.
-No Dan, todo está más que bien, enserio ¿Vamos a jugar?- los empujé delante de mí antes de que pudieran
contestar.
Intenté seguirlos pero antes de hacer otro paso, Alioth me estaba sujetando por detrás tomándome por la
cintura.
-Se nos hace tarde- dije.

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:29 am

-Nosotros nunca llegamos tarde, los demás siempre llegan temprano ¿Recuerdas?- susurró en mi oído
-¿Qué quieres?- rodé los ojos.
-Sabes muy bien lo que quiero Brianna, y no voy a parar hasta conseguirlo-
-Vas a tener que esforzarte mí querido príncipe, porque no te será tan fácilMe
di vuelta y besé su mejilla. –Te quiero- dijo sorprendiéndome. –Y me encanta que quieras volverme loco-
-Sigue participando- respondí encaminándome nuevamente al campo de tiro en el exterior del club.

Dani apestaba en ese deporte, pero eso no le importaba. El iba a divertirse y pasarla bien al contrario de
Scott y Alioth. Para ellos todo era competencia y nada de diversión, bueno solo para el ganador, aunque no
puedo decir que fuera una diversión sana.
Dani llevaba solo tres puntos de veinte.
Scott once de veinte.
Yo, diecisiete de veinte.
Alioth veinte de veinte. Y como no, llevaba practicando esto desde que tenía seis años.
-¡Gané!- exclamó este último.
-Aún no, dijimos que iba a ser a veinticinco- reprochó Scott.
-Oh vamos, no hay forma de que puedas ganarme, ya déjalo-
-Yo no, pero Brianna si- se cruzó de brazos mirándome.
-Estoy cansado, y de seguro ella también, lo dejamos aquí ¿Estás de acuerdo cariño?- pasó su brazo
desocupado por mi cintura y me besó en la mejilla.
-Si estoy cansada, mejor vayamos por algo de almorzarUna
vez que entregamos los arcos a los encargados, comenzamos a caminar hacia el estacionamiento.
-Saben, tengo mucha intriga sobre todo este asunto- Scott rompió el silencio.
-¿De por qué no puedes ganarme nunca? Deja que te lo aclare….-
-No empieces idiota, no me refería a eso, sino a ustedes ¿Desde cuando están saliendo? No recuerdo
haberlos vistos como una pareja antes de anoche-
-Eso no es de tu incumbencia Scott- respondí nerviosa.
-Pero él tienen razón Bri- intervino Dani –Yo también opino lo mismo-
-Es complicado, pero ya todo está bien, estamos oficialmente comprometidos, seremos más estables-
-Es bueno saberlo, me alegro por ustedes- dijo con una sonrisa.
-Eso no es cierto, ¿Tú crees que van a durar demasiado tiempo? Alioth no podría mantener una relación por
más de un mes- habló Scott como si no nos encontráramos presentes.
-No lo escuches, está celoso, debería darle un puñetazo, pero los paparazzi están escondidos detrás de
aquella Minivan- me susurró el rubio rodeaba con sus brazos mis hombros y me apegaba más a él.
Le respondí con una sonrisa, aunque Scott no estaba del todo equivocado.
Nos subimos a nuestros respectivos coches. -¿A dónde quieres ir?- preguntó mientras nos abrochábamos
los cinturones. –Vamos a perder a estos dos pesados y almorzar solos, hemos tenido suficiente dosis de
Scott por hoy-
Reí –Creo que si, no lo sé, elije tu, solo que no quiero escándalo por hoy-
-Entonces tengo el lugar perfecto para ir- dijo antes de apretar el acelerador y salir como un rayo del lugar.
-¿Y a dónde vamos? ¿Puedo saber?-
-No, sorpresa, te gustará Bri, pero antes tenemos que hacer una parada-
***************
Llegamos a una estación de servicio y frenó para llenar el tanque de combustible. –Espera aquí, iré por unas
cosas-
Se bajó del coche dejándome sola. Encendí la radio, la canción Everytime We Touch estaba sonando.
Adoraba la letra, pero a su vez la odiaba. Me recordaba a Arthur. Mi primer amor, él único que había tenido.
Cada estrofa, cada frase, cada palabra, hacía que pensara en el. Sin darme cuenta mis pupilas se habían
inundado. Recordarlo era doloroso, me había abandonado, conmutado por un trabajo demostrando que
no le importaba en absoluto; pero aún así lloraba por él. Era patética.
-Bri ¿Estás llorando? ¿Qué ocurre?- no me di cuenta que ya había vuelto y estaba sentado a mi lado.
-No…- quité las lágrimas que rodaban por mis mejillas –Es solo la canción, es muy emocionante-
-¿Segura?-
-Sí, vamos, quiero ver cómo me sorprendes.-
-Verás que si-
**********************************
Condujo por cuarenta minutos, ya nos habíamos alejado de toda la zona urbana, entrando en una parte
rural, que separaba una ciudad de otra.
Nos desviamos de la carretera principal, y entramos en un camino pequeño. En un rato más estábamos
frente a una cerca, de esas que se encontraban en los campos de estancias antiguas. Alioth se bajó del
coche y la abrió, antes de que pudiera entrar de nuevo, me pasé al asiento del conductor y crucé la cerca en
un rápido intercambio embriague- acelerador- freno y esperé que la cerrara y volviera al auto otra vez.
- ¿Dónde estamos? No recuerdo haber venido antes por aquí-
-Una reciente adquisición, pensaba reconstruirla y tenerla lista para después de la boda, pero bueno… aquí
estamos-
-Construir querrás decir, no veo otra edificación mas que las vigas de esa cerca que abriste-
-No seas impaciente, conduce por este camino, ya llegaremosConduje
a 30km por unos minutos, el camino era de tierra y las ruedas resbalaban por la cantidad de
piedras que había, pero no puedo negar que el paisaje era estupendamente maravilloso, sinónimo de paz y
tranquilidad, alejado del ruido de la ciudad y la locura de ser constantemente perseguido por paparazzi como la Interpol persigue a criminales

Capitulo 7: Everclear



Cuando llegamos a la ciudad nuevamente, eran alrededor de las ocho de la noche, Alioth había recibido un
llamado de parte de su padre, ordenando que estuviéramos en el palacio a las siete, pero como siempre,
estábamos atrasados. No era intencional, pero no lográbamos cumplir los horarios, era definitivamente
imposible.
-Respira profundo, estoy seguro que no será nada bueno lo que tienen para decir- dijo antes de bajarse del
coche.
-¿No era esta noche el gran anuncio?- recordé.
Pensé que los ojos iban a salirse de sus órbitas cuando me abría la puerta del coche –Van a matarnos, hay
muchas cosas que me perdonan, pero esa no será una- me tomó de la mano apresurándome a caminar.
-Tranquilo ¿Qué podrían hacernos? No es como si pudieran obligarnos a hacer algo más de lo que hemos
hecho-
-Créeme, si hay algo más. Y no va a gustarte- pronunció antes de llegar a la sala que nos habían indicado
los guardias que estaban el rey, la reina y mis padres reunidos.
Abrió las pesadas puertas de metal y madera. La habitación era una especie de living con sofás lujosos y
antiguos e inmensos cuadros decorando las paredes.
-Pero mira quienes se han decidido a aparecer- dijo mi padre en forma de comentario ocasional al rey que
nos miro decepcionado.
-Papá por favor, ni siquiera nos tardamos tanto, queríamos llegar a tiempo, pero…- dije pero me
interrumpió.
-Sin excusas, ya no funcionan Brianna- me cortó.
Bufé, no veía la hora de mudarme con Alioth para no tener que verlo nunca más ni aguantar su mal humor,
ni sus gritos ni sus interrupciones.
<<Oh, esperen ¿Acaso acabo de decir qué quería mudarme con Alioth? Algo está mal conmigo>>
-Lo sentimos papá, ¿Para qué nos necesitaban?- habló el rubio con voz cansada.
-La conferencia de anuncio, pero no se preocupen, la hemos dado nosotros e inventado una excusa para su
ausencia-
-Lo sentimos señor, de verdad lo hacemos- agaché la cabeza.
-¿Y qué era lo que estaban haciendo? – preguntó con una sonrisa.
-Fuimos a conocer la nueva casa padre e hicimos un picnic en el campo-
-Maravilloso, ¿Qué piensas Brianna? ¿Ha sido de tu agrado? Alguno de los muebles tienen al menos ciento
cincuenta años sabes y parecen recién comprados-
-No vimos el interior de la casa- miré a mi prometido.
-No aún, hay demasiado polvo para ti- me guiñó –No llevaría a una dama a un lugar como ese-
-Así es cómo quiero verlos- exclamó Ewen poniéndose de pie.
-Si cariño- escuché a Arlet por primera vez este día –Es bueno que ya se estén adaptando a estar juntos,
después de todo en un mes tendrán que estar viviendo juntos y…-

-¿Qué?- gritamos al unísono -¿Cómo que un mes?- grité separando claramente cada palabra.
-Esta tarde, como ustedes no estaban presentes, nos tomamos el atrevimiento de informarles a todos en la
conferencia que la boda se realizará en un mes en la Gran Catedral-
-No pueden hacer eso- miré amenazante a mi padre –No podemos organizar una boda en un mes, es
imposible-
-Nada es imposible cariño- dijo mi madre cómodamente desde su lugar en el sofá –No para la familia real-
-Si ustedes hubieran estado aquí a tiempo, nada de eso hubiera ocurrido- habló mi padre con su pose de
superioridad –Ahora sufran las consecuencias-
-Pero…- no pude hablar más, los odiaba ¿Por qué tenían que manejar cada aspecto de mi vida?
-Shh, vamos- Sentí la mano de Alioth en la cintura y comencé a caminar hacia dónde me llevaba.
******************
-Los odio- dije con los ojos llenos de lágrimas que no había podido retener al llegar al jardín.
-No vayas a llorar, no por eso-
-Pero no ves lo que hacen, ¿No te sientes del mismo modo? ¿No desearías poder vivir lejos de ellos, sin tener
que cumplir sus órdenes todo el tiempo como si fuéramos niños de colegio primario? – sequé mis mejillas
con las manos dejándolas manchadas por el delineador corrido.
-Y eso es lo que vamos a hacer- posó sus manos en mis hombros y me miró a los ojos –Cuando estemos
juntos, deja que hagan todo lo que quieran ahora, cuando tú y yo estemos juntos, seremos imparables, te
prometo que no habrá más imposiciones por parte de ellos, no vamos a permitirlo-
-¿Lo prometes?-
-Sí, lo prometo, aunque bueno, tal vez hay algo en lo que vamos a estar presionados, pero no es la gran
cosa- desvió la mirada cuando levanté una ceja.
-¿Qué cosa?-
-No importa, lo sabrás más adelante-
-Dime ahora, no quiero más sorpresas- demandé.
-Debemos darle un heredero al trono, por lo menos uno, si es varón solo será necesario unoLo
miré sin decir nada ¿En qué mundo eso era de menor importancia?
-Oh vamos, no me mires así, no es la gran cosa-
-¿Qué no es la gran cosa?- grité tan fuerte que los enormes guardias de seguridad aparecieron alarmados. –
Tener un bebé es una gran cosa, una enorme e importantísima cosa-
Tranquila- susurró mientras con una sonrisa les hacía seña a los recién aparecidos para que se marcharan
–No hagas de esto todo un drama, lo hablaremos luego ¿Si?-
-¡No! No quiero ser madre aún, soy demasiado joven, además, no podemos cuidar de nosotros mismo
¿Cómo posiblemente podríamos cuidar de un indefenso bebé?-
-Luego hablaremos de eso. Demos un paseo ¿A dónde quieres ir? ¿Al bosque? ¿Al río?-
-Night On- respondí mirando al vacio. –Vamos a festejar que…- hice una pausa, en este mismo momento no
podía encontrar una buena razón para hacerlo –No importa solo vamos-
-Sus deseos son órdenes mi lady-
******************
Ni siquiera nos cambiamos nuestra ropa, después de todo, en esa zona no habría paparazzi ni nadie
conocido, o por lo menos eso queríamos creer.
Aparcamos el coche, pagamos la entrada y nos sentamos en la barra como siempre.
-Por favor dime que tienes Everclear- le dije al bartender y con eso no me refería a la banda de rock.
-Lo siento señorita, no está permitida –contestó serio.
-Pero yo creo que igual tendrán un poco guardada en algún lado- le extendí cinco billetes de cien por
encima el mostrador y él asintió mirando hacia todos lados y se fue en busca de mi bebida.
-Eres terrible, ¿Tienes idea de cómo terminarás al final de esta noche?- Dijo el príncipe al mismo tiempo
que tomaba un sorbo de su cerveza.
-No me importa, se que tú me cuidarás ¿Cierto? – coqueteé
-Tú tranquila- me pasó el pulgar por el mentón.
-Aquí tiene señorita- volvió el empleado con mi botella y un vaso pequeñísimo.
-Gracias- sonreí, aunque él debería de haberme agradecido, le había dado quinientos por una botella que
costaba solo doscientos, había ganado más propina en un minuto conmigo que en toda una semana.
Quité la tapa, a rosca por suerte, y me llené el primer vaso, que era similar al de tequila o chupitos, como
quieran llamarlo, antes de darme cuenta ya había rebalsado. Me lo llevé a los labios y empujé todo su
contenido dentro de mi boca, dejándolo pasar por mi garganta y sintiendo cómo me quemaba por dentro.
Unas lágrimas escaparon por mis ojos <<Había dolido>>
Pero sin importar, repetí lo mismo unas tres veces más. La bebida era la más fuerte conocida, y después del
tercer trago ya me sentía mareada.
-Voy al baño un segundo- le dije al rubio a mi lado antes de ponerme de pie y caminar lentamente al toilette
a ver en qué estado me encontraba, imaginaba que mis ojos debían de estar rojos y ni hablar del maquillaje
desparramado por todo mi rostro.
***********
Después de chequear que no lucía tan mal cómo pensaba, volví a mi lugar.
Pero antes de que pudiera sentarme, observé cómo una rubia, y en especial esa que había visto tantas
veces, estaba en mi lugar con una mano en la rodilla del príncipe y con la otra acariciando su brazo que se
apoyaba sobre la barra.
Pero eso no fue lo que más me molestó, ¡Él le respondía de igual forma!
De repente me vi invadida por un montón de sentimientos, que sospechaba, a causa del alcohol que
circulaba por mis vasos sanguíneos, estaban increíblemente intensificados.
A paso largo y con unos cuantos tropiezos me acerqué a ellos envuelta en furia. No dije nada, solo me los
quedé mirando.
Cuando se dio cuenta de mi presencia, apartó la mano de la muchacha –Hey, ¿Estás bien?- se puso de pie y
tomó mi rostro entre sus manos.
-No- hice un puchero y dejé caer otra lágrima, que a esta altura de la noche, era todo menos difícil.
-¿Qué ocurre? - estaba preocupado, podía notarlo, y a cada segundo que tardaba en responderle y dejaba
caer más gotas saladas de mis ojos, peor se ponía, y yo más lo disfrutaba. –Nena, ¿Por qué lloras? ¿Cuánto
de eso tomaste?- señaló la botella de Everclear que estaba sobre la mesa.
-Lo suficiente- respondí al mismo tiempo que le daba un vistazo a la rubia que no se había movido de MI
lugar.
-¿Quieres que nos vayamos a casa?- siguió indagando.
Sacudí la cabeza a ambos lados –Hay algo que tengo que hacer antes de eso- lo había decidido, era tiempo.
-No voy a dejar que bebas más de esa bomba mortal, es demasiado fuerte-
-No es eso lo que quiero hacer-
-¿Qué quieres hacer entonces?-
-Esto- sentencié antes de pasar ambos brazos detrás de su cuello y atraerlo hacia mí.
Uní sus labios con los mío y creo que lo tomé por sorpresa por la inmovilidad de su cuerpo. Pero eso no
duró demasiado, en pocos segundos ya me estaba sujetando por la cintura y quitando cualquier distancia
que hubiera entre nuestros cuerpos.
Me arrepentí al instante en que perdí el control de la situación. Él no solo ya había logrado que perdiera la
estabilidad, sino que nuestras lenguas ya jugueteaban salvajemente y estaba a punto de volverme loca por las pequeñas descargas eléctricas que recorrían mi cuerpo en cada toque suyo.
Cuando al fin pude respirar con normalidad y regresar al mundo real, no hace falta mencionar que todo me daba vueltas y apenas tenía fuerzas para hablar –Ahora si, llévame a casa- tomé su mano y lo arrastré hasta la salida del bar, no sin antes voltearme a ver a la rubia idiota con una cara de furia y profundo odio.

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:31 am

Capitulo 8: El vestido que no será.



-Arriba dormilona, tenemos un largo día por delante- escuché muy lejanamente –Vamos Bri, no hagas que
te tire agua de nuevo, no queremos darle más trabajo al servicio-
-Quiero dormir- me di vuelta hacia el otro lado.
-Eso no será posible hoy, si tu y Alioth supieran respetar los horarios, nada de esto habría pasado, ahora a
enfrentar las consecuencias hermanitaAbrí
los ojos y la vi en mi armario -¿Qué estás haciendo en mi armario Zoe?-
-Buscándote algo decente, tenemos un largo día por delante, primero desayunaremos con mamá y Arlet,
luego hay que ir a elegir nuestros vestidos, las tortas, las invitaciones que por cierto deben estar listas para
mañana, así que será mejor que vayamos primero allí, hay que ir por las opciones e catering, los anillos ¿Ya
pensaron dónde será la luna de miel? Tienes que hacer las reservaciones, oh ya casi lo olvidaba… -
hablaba como cotorra dentro del armario.
-Zoe ya cierra la boca- me levanté de un salto, logrando que mi dolor de cabeza se incrementara -Estoy
muriendo aquí y tú piensas en hacer planes ¿No podemos dejarlos para mañana?-
-No Bri, mañana tienen que ser enviadas las invitaciones- dijo al salir con las manos llenas de ropa.-Ahora
¿Vas a decirme que ocurrió anoche? Al fin pudieron arreglar las cosas- mostró sus perfectos dientes blancos
en una gran y pícara sonrisa.
-¿De qué hablas?- me recosté en la cama otra vez.
-Anoche Alioth te trajo de una bar supongo porque apestabas a alcohol… si mamá te hubiera visto, estabas
espeluznante…-
-Bebí demasiado, eso es todo- contesté rogando que no se hubiera enterado de mi terrible error la noche
anterior.
-No me refiero a eso y tú lo sabes-
-Oh! ¿Cómo lo haces? No es posible que lo sepas todo- tiré de la sabana y me cubrí el rostro que se había
tornado de un color rojizo estaba segura -Ya te dije que bebí demasiado, y el coqueteaba con esa rubia
¿Qué no sabía ella que está comprometido? Y creo que fue el efecto del alcohol, me sentí celosa, pensé que
iba a explotar, me acerqué a ellos y lo besé. Por dios Zoe, no tienes ni idea de lo que sentí en ese momento,
puedo jurar que ni siquiera con Arthur me había sentido así, jamás, ¡estoy perdida hermana!-
Me senté esperando ver su reacción pero ella solo estaba estática e inmóvil conservando la misma sonrisa
soñadora de siempre.
-No te quedes callada, di algo- exigí.
-Creo que voy a llorar de la emoción- me abrazó fuerte, demasiado fuerte. –Lo siento, lo siento ¿Acabas de
admitir que estás enamorada? ¿Y aún más de lo que algunas vez lo estuviste de Arthur?-
-¡No! Yo no dije eso, no me confundas. Ahora dime ¿Cómo es que sabías del beso?-
-Yo no sabías de ese beso- rió –Tu lo contaste, yo no pedí nada- levantó ambas manos sobre sus hombros.
-Pero creí…- la miré esperando una respuesta.
-Imaginé algo cuando él te despidió con un corto beso en los labios antes de irse, tenía entendido que no lo
habías besado aún-
-¿Qué hizo qué? Estás mintiendo- me paré –Lo recordaría si lo hubiera hecho-
-¿Estás segura de eso?- me observó divertida –De verdad estabas ebria, además ¿Cuál es el problema? Será
tu esposo en un mes, harán mucho más que…-
La interrumpí no podía escuchar lo siguiente que iba a decir –Voy a darme una ducha antes de salir, por
favor guarda tus locas ideas para después-
-Como usted quiera señora Van Helmont- canturreó.
************************
El desayuno con Arlet, mi madre y mi hermana había sido eterno, no podían dejar de hablar de cosas tan
superficiales e innecesarias que había logrado sacarme de mis casillas.
-¿No se supone que los novios deben hacer una lista de invitados antes de ir por las invitaciones?- pregunté
mientras íbamos de camino a ese lugar. –
-Cariño, si tenemos que esperar a que mi hijo y tú se decidan a comenzar a hacerla no se casarían jamásdijo
la reina con una falsa sonrisa, como todas las otras, no recordaba haber visto alguna vez una sonrisa
sincera en ella.
-¿Osea que ya la hicieron ustedes?-
-Exacto, y también la entregamos en la empresa, ustedes solo tienen que elegir el modelo-
-¿Ustedes? Nosotras dirás-
-No, eso es trabajo de los novios cariño, nosotras solo iremos por los vestidos, Alioth nos alcanzará luego e
irán juntos a hacer las compras y los demás encargues. Por cierto ¿Estás de acuerdo con que las mellizas y
Zoe formen el cortejo?-
-Claro- contesté aturdida, no quería, corrección, no podía ver a Alioth tan pronto, me sentía demasiado
avergonzada por mi comportamiento anoche.
****************
Modelos de vestidos de los mejores diseñadores del mundo llenaban esa impresionante tienda. Hacía más
de cuarenta minutos que recorría el amplio local pero nada lograba convencerme, y cuando lo hacía, era mi
madre o la reina la que no estaban conformes.
-¿Cuántas veces voy a repetirles que no quiero un vestido del todo blanco?- levanté la voz al ver que todas
las empleadas insistían con el mismo color.
-Pero señorita…-
-No, es mi boda, al menos quiero elegir mi propio vestido- me desplomé en uno de los sofás y tomé una
copa de Champagne de las que nos habían ofrecido.
-Brianna, no vengas con esas cosas- habló mi madre con su irritante voz –Dame una razón para que no
lleves un vestido blanco el día de tu boda-
-El significado del vestido blanco- lo dije como lo más natural del mundo ¿Cómo era posible que una señora
como ella no lo supiera? –El blanco en el vestido de novia significa pureza, virginidad y mamá ¿No creerás
que aún lo soy? ¿Cierto?- ahogué una carcajada al ver la expresión de mi madre y de las demás presentes.
-Oh, por dios, esta niña- Se escandalizó Arlet -¿Cuándo va a cambiar? No puedes andar diciendo esas cosas
por todos lados- me regañó.
-No es como si su hijo no lo supiera- me encogí de hombros.
-Ya basta Brianna, el vestido será blanco y no hay vuelta atrás- sentenció.
Me puse de pie y demostrando obediencia me dirigí al cambiador a probarme el inmenso vestido que
habían elegido para mi. Era tan grande que estaba segura que no podría ni moverme con eso puesto.
-¿Y bien?- caminé como pude hasta llegar a dónde se encontraban mi madre, mi futura suegra y mi
hermana.
Las tres pegaron pequeños gritos de admiración, embelesadas por el vestido, un vestido que yo ya odiaba y
que no iba a usar. Pero de eso me iba a ocupar más tarde, de todos modos era mi fiesta, podía hacerles
creer que todo iba a ser tal y como ellas se lo imaginaban, y paralelamente organizar una fiesta de mi
gusto.
Dejé que me tomaran las medidas para el perfecto y tan extravagante vestido, obviamente, era lo esperado
por todos. Pero iba a hacerles ver, que yo no era como todas. Si había alguien en este lugar que iba a hacer
la diferencia, ¿quien más podría ser que no fuera Brianna Collingwood?-
***************
-Estarás deslumbrantemente preciosa- agregó mi hermana a la continua conversación que había durado
desde que salí del probador con el vestido hasta que salimos de la boutique.
-Estoy seguro de eso- escuché la voz de Alioth en algún lugar cerca de nosotros.
-Hijo mío, por primera vez en tu vida has llegado puntual- lo saludó la reina cuando apareció a nuestro lado.
–Ahora, los dejamos solos, ¿Tienes la lista?-
-Sí mamá- contestó con cansancio –No se preocupen, nosotros nos encargaremos de todoRápidamente
las tres mujeres se despidieron y se montaron en la limusina en la que habíamos llegado.
Nos quedamos solos, parados en el medio de la vereda a tan solo un metro de distancia. No podía verlo a
los ojos, me sentía demasiado avergonzada.
-¿Cómo ha estado allá dentro?- rompió el hielo.
Suspiré e intenté hacer que el color de mis mejillas se fuera tratando de relajarme, pero no creo que haya
resultado en absoluto –Una tortura lenta y dolorosa-
-¿Por el hecho de estar con mi madre y la tuya en la misma habitación o porque no esperabas terminar allí para poder verme?- se acercó dando pasos cortos.
Puse los ojos en blanco antes de responder a eso con un -¿Nos vamos? Se hará tarde-

Capitulo 9: La primera ¿Discusión?
Cómo todo un caballero a su princesa, se adelantó a abrirme la puerta del coche.
Con una mirada extraña se ubicó en el asiento del conductor y me observó por un momento sin siquiera
colocar las llaves.
-¿Qué?- pregunté a la defensiva.
-Estoy esperando una respuesta- sonrió.
-¿Sobre qué?-
-Te hice una pregunta antes-
-Por tu madre y a mía- dije la verdad… A medias. La respuesta correcta hubiera sido “Ambas” pero no iba a
inflar su ego de esa forma.
-Mentirosa- habló antes de encender el coche y hacer rugir el motor del Ferrari que había elegido para hoy.
–Para que sepas yo tampoco podía esperar a verte, no después de anoche-
-Sobre eso…- quise hablar, pero me cuando tomó mi mano con la suya desocupada, me quedé estática, el
coche se movía pero para mí todo estaba quieto, congelado.
-Fue perfecto- dijo él. –Debo decir que no lo esperaba, ni tampoco tu terrible aliento a alcohol…-
-Oh por dios, ya cierra la boca- me cubrí el rostro con las manos.
-Bebé, te dije que fue perfecto, mucho más sabiendo que estabas celosa por Lía-
-No estaba celosa- lo fulminé con la mirada –Solo tenía que hacerle saber que tú y yo estamos juntos, y yo
no comparto lo que es mío-
-¿Así que soy tuyo?- se volteó por un momento.
Decidí seguirle el juego, iba a enloquecer si me ponía nervosa con cada comentario suyo. –Completamente
mío-
-No completamente- sonrió –Si entiendes de que estoy hablando-
-¿Y eso que significa? ¿Qué hasta que no me acueste contigo vas a tirarte encima de cualquier rubia de
piernas largas que se te acerque?-
-Yo no dije eso, estaba bromeando Brianna- su sonrisa se desvaneció.
-Yo no, porque puede que no recuerde demasiado de anoche, pero vi claramente como respondías a los
coqueteos de esa fulana barra acosadora que tienes- Exploté.
-No estaba coqueteando con nadie, solo hablábamos- se defendió.
-¿Así le dicen ahora? Te conozco Alioth, ni siquiera intentes mentirme- me crucé de brazos y no dije una
palabra más el resto del camino.
****************
Entramos a la pequeña oficina de atención al público de la imprenta en la que debíamos elegir el modelo
de las invitaciones. Como era de esperarse, no faltaron los saludos ni las felicitaciones por parte de
adulador personal.
-Esta es linda- dije al ver el primer modelo de la primera página. -¿Te parece bien?- pregunté a mi
acompañante distraído. –Alioth- le di un codazo disimuladamente.
-Sí, si te parece bien- me abrazó por detrás –Eres mujer, a mi me dan todas iguales-
-Esa será- le señalé a la joven asiática que nos atendía.
-¿No quiere ver más? Tenemos novecientos noventa y dos modelos más, solo ha visto el primero-
-Pero ese es el que nos gusta- ¿Quién iba a perder tanto tiempo en unas simples invitaciones? Ni siquiera
íbamos a poder verlas. Luego recordé a mi hermana diez meses antes de su boda, debatiendo cual
invitación combinaba más con el resto de la decoración.
-¿Está segura? No podremos hacer cambios luego, tenemos órdenes de que sean entregadas esta misma
tarde- insistió.
-Ella dijo que quiere esas, no insista- habló el príncipe todavía con sus manos alrededor de mi cintura y la
cabeza apoyada en mi hombro.
-Sí señor, lo siento- agachó la cabeza. Después de todo, esto de estar comprometida con el príncipe no
podía ser tan malo.
Salimos de allí, y comenzamos a caminar por la misma vereda hacia la empresa de catering en la misma
cuadra.
-Lo siento- soltó de golpe.
Me volteé a verlo, solo caminábamos a la par, sin siquiera rozarnos -¿Lo sientes?-
-Por lo de anoche, no debí siquiera mirar a Lía, pero ella es tan... insistente-
-Tendrás que empezar a ser un poco más duro, si quieres que esto funcione- Caminé derecha y seria, estaba
molesta, ya no enojada.
Me detuvo tomándome por el brazo y acercando más a él.
-¿Recuerdas cuando tu padre te dijo que debíamos comprometernos? Dijiste que te sentías enfermo, en la
cena ese día ¿Recuerdas?-
Me miró desorientado -¿Estás cambiando de tema porque no me perdonas?-
Sacudí la cabeza -¿Por qué dijiste eso? Solo quiero saber-
-Creí que te alejarías después de eso, odiaba la idea de perder a la única persona con la que he estado
siempre-
-¿Qué te hace creer que no voy a huir?- sonreí, necesitaba una forma de recuperar el poder y esta era un
perfecta oportunidad.
-Tú no vas a dejarme, aceptaste casarte conmigo, ya estamos comprometidos, no hay forma de que me
vayas, no podrías vivir sin mí-
-No estés tan seguro- me solté de su agarre y entré en la puerta de a pocos metros de la ventana con montones de comidas extravagantes expuestas.
Pasamos alrededor de dos horas eligiendo los platos, solo quedaba la torta principal, pero decidimos que
iríamos otro día, habíamos probado demasiadas cosas por hoy, desde entradas saladas, agridulces, platos
principales originarios de Sourmun, sinónimo de mal olientes mezclas sin sentido, hasta postres y mesas
dulces de toda clase que se pueda imaginar.
-Cada vez se hace más difícil esto de enamorarte Bri, enserio deberías ayudarme un poco- volvió con el
mismo tema de camino al coche.
-Muy bien, puedo darte un consejo- me enganché de su brazo y se preparó para escuchar atento –No me
engañes en el primer descuido que tenga, eso no te da demasiados puntos, en realidad, si te da puntos…
Pero negativosFrenó
en seco –No te estaba engañando, solo hablábamos. Le dije que todo era diferente ahora, no
podíamos seguir viéndonos-
-Estabas acariciando su mano-
-Se puso muy triste, tenía que hacer algo-
-Podrías haberte acostado con ella en tu coche también, así se despedían digo… - ahora si estaba enojada
de nuevo.
-¿Estás celosa?-
-¡Que no estoy celosa!-
-¿Y por qué estás gritando entonces?- me miraba divertido.
-Yo… Aaaaa- grité dando un pisotón. –Te odio Alioth Van Helmont- me crucé de brazos. Estaba dando un
espectáculo en plena avenida, pero poco me importaba. Si los paparazzi estaban en espera de un show, allí
lo tenían.
Me di media vuelta y apresuré el paso hasta el coche. ¿Pero qué era lo que esperaba exactamente? Con los
tacos de diez centímetros no llegaría demasiado rápido a ninguna parte.
-Brianna dije que lo sentía, no volverá a ocurrir, espera un segundo- me atrapó. Solo estaba a pasos de
entrar en el Ferrari.
-Vámonos, ¿Cuál es la siguiente parada? Tú tienes la lista- intenté ignorar la cercanía.
-No, no iremos a ningún lado. Que es lo que quieres de mí- me tomó por ambos brazos - Me conoces, no voy
a engañarte, no voy a lastimarte ¿Alguna vez lo he hecho? ¡Dime si alguna vez te he lastimado de alguna
forma! Te amé por todos estos años, pero tú tenías esa obsesión con Arthur, no veías que yo te quería. Traté
de olvidarte una y mil veces, ¿Pero sabes qué? No pude hacerlo, no importa con cuantas chicas me
involucré, siempre estabas tú, siempre terminaba contigo. –
-¿Me amas?- mis ojos se inundaron. Él nunca me gritaba. Pero esa no era la causa. ¿Había escuchado bien?
Se relajó pero no quitó sus ojos de los míos – Más que a nadie-
-Lo siento-
-¿Sientes que te amo?- sonrió con tristeza.
-Lamento haber sido tan estúpida como para no darme cuenta de todo-miré hacia abajo.
-Ven aquí- me abrazó, como tantas veces. Solo que esta vez se sintió distinta a todas las demás. Algo había
cambiado dentro de mí después de esa declaración.
Me apoyé contra su pecho, percibiendo su perfume.
-Ni siquiera pienses en alejarte de mí- dijo finalmente.
-¿Qué me lo impedirá?- torcí el cuello hacia arriba para ver su reacción, pero mi sonrisa divertida me delató.
Él solo besó mi frente, pero otra vez, tomando la iniciativa, fui yo quien se acercó a sus labios, enredando
mis dedos en su cabello, y repitiendo la misma escena de la noche anterior, ahora, más dulce, relajada y…
¡Sorpresa! Fotografiada.
Como si nada existiera a nuestro alrededor, sonreímos al separarnos y felices volvimos al coche. Aunque
estábamos consientes, que también seríamos juzgados y castigados de algún modo por eso. Esa clase de
muestra de afecto en público ¡Tampoco estaba permitida para los miembros de la realeza de Sourmun!

Capitulo 10: Confesiones y descubrimientos en la oscuridad

Y nuevamente estaba arriba del Ferrari con el más encantador príncipe que pudiera existir.
-Eso va a traernos muchos problemas- cerré los ojos – ¿Hay algo más que puedan hacernos tus padres? –
-Solo hay una cosa, y ya te lo dije. No te preocupes más por eso ¿Si?- hizo que me calmara con una sonrisa.
-¿Qué sigue?- pregunté refiriéndome a la lista de preparativos para el día B.
-Hay tantas cosas en esta lista que no se por dónde seguir…-
-¿Puedo hacerte una pregunta?- recordé algo muy importante, sobre todo, si quería hacer las cosas bien y
no arruinar lo que de a poco íbamos construyendo con él.
-Dime- se acomodó mirándome.
-¿Es importante para ti que el vestido sea blanco?-
-¿No todos los vestidos de novia son blancos?-
-Usualmente ¿Pero sabes lo que eso significa?-
Pensó por un momento –No-
-El vestido blanco en una novia, significa pureza, virginidad… Y no necesito recordarte que no hay nada de
eso en mí-
-Eso es tonto, no importa el color del vestido Bri, no importa que tan largo sea el velo. Estarás hermosa de
cualquier forma, ya te lo dije-
-¿Entonces puedo cambiarlo?- sonreí esperanzada.
-Si es lo que quieres, aunque no se si mi madre y la tuya estarán de acuerdo, ya sabes cómo son-
-Ellas no tienen por qué saberlo, si supieras lo que quieren que use, es tan grande que no puedo ni caminar,
pesa demasiado y voy a morir de calor-
-Eso no es importante…-
-¿Ah no? Si que haga el ridículo en mi propia boda no es importante ¿Qué lo es entonces?-
-Lo más importante de todo, es que pueda quitarse con facilidad- rozó mi brazo con un dedo.
Rodé los ojos –Estoy segura de que eso no te será difícil en absoluto-
*****************
Lo demás que hicimos en ese día fue la elección de la música para la recepción y demás, la decoración en
general, el regalo para los invitados, una larga charla con el equipo de fotógrafos y otras cosas que para
nosotros eran insignificantes.
-¿Quieres ver la casa una última vez antes de ser reformada?- dijo mientras manejaba de camino a mi casa.

-Pero está casi de noche, no creo que veamos demasiado-
-Es ahora o nunca, mañana comenzarán con la reconstrucción para que esté lista la noche de la boda, y no
vas acercarte hasta que no esté terminada-
-¿Podrán hacer todo en menos de un mes?-
-No importa cómo, la terminarán ¿Vamos?- insistió.
-Bien, pero esta vez quiero verla por dentro-
-No creo que vaya a gustarte demasiado, yo pensaba en llevarte a la colina…-
-Yo quiero ver la casa por dentro- Esta vez sería yo quien ganara la discusión.
-Te dije que estaba muy sucia y desordenada, no vi sentido que fueran a limpiarla si van a romper la
mayoría de las paredes-
-Dije que quiero verla- repetí separando claramente cada palabra-
-Si tú lo deseas…- << ¡Y gané!>>
**********
Teníamos casi una hora de viaje desde el centro comercial al camino que nos llevaba a la casa, nuestra
conversación se había enfocado en cualquier cosa menos en los planes dela boda. Podía ser que estábamos
casi de acuerdo con todo, pero aun era bastante incomodo hablar sobre ello.
-… Y sabes que amo a Leonardo DiCaprio, tenemos que ir a ver el estreno de Atrápame si puedes-
-Sabes que odio a Leonardo DiCaprio, ¿Por qué no eliges otra?-
Mirábamos el cronograma del cine, tratando de elegir una película para el fin de semana.
-¡Ya sé! “Chicago”-
-Ya leí la reseña, no me atrae en absoluto. Siempre podríamos sentarnos frente al televisor de mi habitación
y ver una maratón de capítulos de Smallville-
-Esa es una muy buena idea- sonreí –Sin paparazzi, sin elegantes vestidos y trajes, solo tú y yo. Suena
excelenteLa
velocidad se redujo y giró bajando en el camino empedrado. Al llegar a la cerca, repetimos lo mismo de
la vez anterior y fui yo quien condujo hasta el frente de la casa.
-¿Necesitas una llave para entrar?- pregunté al ver que sacaba un manojo de llaves –No parece como si las
cerraduras funcionaran aún-
-Lo hacen- dio doble vuelta hacia atrás y la cerradura se destrabó. Un chillido fue lo que se sintió cuando
abrió la puerta. Todo estaba oscuro, la única iluminación era la luz de una pequeña linterna que teníamos
en el auto.
-Mira esas escalera ¿Crees que podríamos subir sin hundirnos?-

-Tampoco está tan mal Bri, podemos subir sin hundirnos- dijo sujetando mi mano –VamosRecorrimos
todo el piso de arriba, las habitaciones eran enormes y todavía se conservaban ciertos muebles
y en algunas hasta la decoración. Muy arruinada, pero en su momento debieron de haber sido hermosas y
elegantes.
-¿Qué dices de esta?- entramos a un cuarto gigante, presentí que había sido el cuarto principal.
-Es precioso, mira esa cama.-
-Pensaba que este podría ser nuestro cuarto- <<Nuestro>> repetí en mi mente <<Nuestro cuarto, nuestra
cama, nuestro hogar>> -¿Por qué sonríes? ¿No te gusta?-
Sacudí la cabeza –No, quiero decir, sí me gusta. Estaba pensado, eso es todo- caminé hacia la cama y me
senté sin fijarme cuando polvo tendría.
-No quiero que me ocultes cosas- lo escuché decir al sentarse a mi lado –Nada tiene que cambiar entre
nosotros, siempre has sido tan sincera conmigo, no quiero que eso cambie porque seas mi esposa.-
-Las cosas van a cambiar Alioth. Ya no serás mi mejor amigo, serás mi esposo. No es lo mismo-
-Podemos ser ambos- pegó su nariz contra la mía mientras apoyaba una mano en mi cintura y la otra en la
cama.
-No puedes esperar que sea tu amiga si me amas- dije con la voz cada vez más débil, por la tensión que me
causaba el hecho de estar tan juntos.
La presión que hacía era cada vez mas fuerte que me obligaba a empujarme hacia atrás y cuando me di
cuenta, estaba recostada en la cama llena de polvo, y eso era solo una parte. Él estaba sobre mí, o por lo
menos la mitad de él.
-¿Qué quieres que seamos entonces?- besó mi mejilla.
-Voy a ser tu esposa-
-¿Quieres ser mi esposa?- me dio unos pequeñísimos besos en el cuello y enseguida volvió a subir para
mirarme a los ojos -¿Quieres casarte conmigo?-
Sonreí –Ya estamos comprometidos, voy a casarme contigo-
-No, no estoy preguntado si vas a hacer. Estoy preguntarlo si quieres hacerlo- Él no bromeaba. -¿Te casarías
conmigo de todas formas si ya no estuvieras obligada a hacerlo?-
No respondí. ¿Lo haría? Nunca me había detenido a pensar en ello antes.
-Yo…- quise decir pero puso un dedo en mis labios.
-No digas nada. No me respondas- sonrió. Triste. Lo conocía demasiado bien como para saber que no
estaba feliz.
Se levantó de la cama y dejé de verlo, estaba muy oscuro. Sentí que tomó mi mano y me impulsó contra de
él antes de encender la linterna.
-Vamos, todavía tenemos que terminar de ver la casa-
-Haz lo que yo digo, no lo que yo hago- murmuré esperando ser escuchada.
-¿Qué dices?-
-Lo que escuchaste, quieres que sea honesta, pero tú no lo eresSuspiró
<<Oh Oh>> Ahora si estaba enojado. -¿Qué es lo que quieres de mi Brianna?- levantó la voz. -¿Qué
más quieres que haga?-
-Quiero que volvamos a ser lo que éramos Alioth, no puedo decirte que te amo, no estoy lista todavía, lo
hice una vez y me rompieron el corazón, no quiero que eso vuelva a ocurrir. Tú mejor que nadie deberías
saber, siempre has estado allí, sabes cómo me sentí- sinceridad en modo On.
Silencio. Oscuridad. Más silencio. –Dime algo- volví a gritar.
Sentí que unos brazos me rodeaban y no podían ser más que los suyos. Solté unas lágrimas que se me
escapaban por los nervios y el pensar en el doloroso pasado.
-No espero que digas nada, no espero que hagas nada. Pero recuerda que no soy Arthur-
-Lo sé- le di un corto beso en los labios –Cuida de mí, no dejes que me equivoque otra vez-

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:33 am

Después de recorrer toda la planta baja, aún más hermosa, pero más destruida que la de arriba, nos
despedimos de la antigua mansión. Pensaba en la próxima vez que la visitara. Todo sería tan diferente.
Pero no estaba segura si eso sería para bien, o para mal.
-¿Puedo manejar?- puse cara de niña pequeña, tenía que encontrar una forma de convencerlo, necesitaba
práctica para más adelante. Manejar el coche era solo el principio –Iré con cuidado-
-No- respondió.
-Por favor- me crucé delante de él impidiendo que avanzara, era hora de probar con mi influencia femenina
–Alioth, quiero manejar- pasé un dedo por su cuello bajando hacia el pecho que quedaba al descubierto
por sus botones desprendidos.
-Eres un peligro al volante, eso no va a funcionar- rió quitándome con una palmada a mi mano. Suspiré, no
tenía más idea por hoy. Lo único que quedaba era quitárselas, pero no las tenía en un lugar visible.
Al acercarme al coche, ya rendida, pude observar por la ventanilla del conductor, que estaban puestas.
No seguí mi camino hacia el otro lado del Ferrari, en un rápido movimiento ya estaba sentada con el
volante enfrente.
-Dije que no, no seas caprichosa, baja del auto-
-No- imité su expresión de hace un rato.
-¿Prometes que vas a hacerlo con cuidado? ¿Qué no vas a pasar el límite?-
-Como si tú lo hicieras alguna vez, sube de una vez o me voy a ir- hice rugir el motor.
Una vez Alioth dentro, apreté el acelerador y traté de ser lo más cuidadosa posible en el camino
empedrado, no quería termina con el coche como bonete.
-Vas a tener que hacer que pongan más luces en el camino, y que quiten todas esas piedras-
-Van a asfaltar el camino cuando terminen con la casa-
-¡No! Esa es una muy mala idea, me conformo con que saquen las piedras, llamaría demasiado la atención.
No quiero paparazzi en la puerta de mi casa, no quiero tener guardias que me persigan por mi propia casaSonrió
mostrando sus perfectos y blancos dientes. –Así será, ahora, ojos en el caminoLa
última parte del camino de tierra no estaba tan empedrada por lo que me permití aumentar la velocidad.
No me tomé el trabajo de mirar hacia ambos costados de la carretera antes de cruzar de carril para subir a
la ruta, después de todo no era demasiado transitada los días de semana y mucho menos por la noche.
Después del rostro de preocupación y susto de Alioth, lo siguiente que vi fueron unos faroles blancos que
me enceguecieron por completo. Apreté los frenos soltando todo lo demás y el coche se detuvo al instante,
pero eso no ayudó a evitar un golpe en la parte trasera del Ferrari.
Cerré los ojos << ¿Qué hice?>> Sentía la adrenalina correr por todo mi cuerpo, y un pequeño mareo, de
seguro el oxigeno no me llegaba al cerebro, no lo suficiente.
-¿Estás bien?- preguntó el rubio un poco más calmado que yo. -¿Te lastimaste?-
Sacudí la cabeza –No ¿Tú?-
-Estoy bien, bajemos-
Él fue quien bajó primero y se acercó a abrirme la puerta. Pasé un brazo por encima de su cuello para
sostenerme, no podía estar de pie, todo mi cuerpo no dejaba de temblar.
-Relájate, estamos bien- tomó mi rostro entre sus manos, y me besó la nariz.
-¿Están bien?- escuchamos decir -¿Hay alguien lastimado? ¿Necesitan que llamemos a una ambulancia?-
-Estamos bien- respondió Alioth -solo fue un susto, ¿Están todos ustedes bien?-
-¿Brianna?- escuché a otra voz, y reconocí al instante de quien se trataba.
-Edwin- sonreí al verlo.
-No hace falta saber quien manejaba- me abrazó –Deberías tomar un curso o algo por el estilo, señor, un
placer verlo- le extendió una mano al príncipe.
-Solo Alioth, deja las formalidades para mi padre-
-¿Qué es lo que hacían ustedes dos por acá? Zoe me comentó del compromiso, felicitaciones por cierto-
-Solo paseábamos- respondí, la ubicación de la casa iba a ser un secreto por ahora.
-Son solo unos pequeños rayones y unas abolladuras, nada serio- otra vez apareció esa voz, ahora más
cerca.
Me volteé para ver de quien se trataba, ¡estaba segura que la había oído antes!
-Chicos, creo que recuerdan a-
-Arthur…- terminé su frase al ver lo gracias a la luz de los faroles del coche que no habían sido apagados.


Capitulo 11: Bad Things.

-¿Brianna?- se acercó. -¿Eres tú? Bueno ahora el accidente se hace un poco más claro- sonrió.
No había cambiado nada, aún conservaba esa mirada dulce y la sonrisa que podía enamorar a cualquiera
que la viera. Su cabello castaño tenía el mismo corte, y lo hacía ver joven, pero a la vez tan maduro y
atractivo.
-¿Qué… ¿Qué estás haciendo aquí?- pestañé sorprendida. ¿Era posible que regresara cuando comenzaba a
olvidarme de él? <<La vida apesta>>
-Negocios- <<Por supuesto>> Pensé. –Señor- saludó a Alioth, de la misma forma que Ed lo hizo, pero él no
obtuvo la misma respuesta amistosa.
-Señor Hamilton- asintió con la cabeza, ni siquiera le extendió la mano.
-¿Qué haces por aquí tan tarde? – se volvió a mí. -¿Tu padre sabe que no estás en la casa?-
-Ella está conmigo- habló Alioth con voz dura.
-Alioth- le susurré mientras le daba un codazo en las costillas, pero él respondió pasando su brazo a mí
alrededor y besando mi mejilla.
-¿No te conté?- Edwin intentó romper la tensión que se había formado, pero no hizo más que empeorar las
cosas. Arthur lo miró esperando una respuesta –Ellos están comprometidos, me pequeña cuñada se va a
casar- anunció de lo más inocente pese a sus treinta años.
Por un momento creí ver que sus colores desaparecían ¿Pero acaso le importaba a él que yo estuviera
comprometida?
Una baliza verde y roja se acercaba cada vez más hasta nosotros y pudimos distinguir una camioneta de la
guardia rural que estacionaba frente a los coches ubicados en el medio de la carretera.
-Yo me encargo- dijo el príncipe, era hora de hacer valer su jerarquía. Se retiró hasta donde se encontraban
los guardias, no sin antes darme un fugaz beso en los labios y dedicarle una mirada intimidante a mi recién
llegado ex novio.
-Wow, eso es nuevo- apenas curvó los labios. -¿Cuánto hace que están saliendo?-
-Unos días- me apoyé sobre el coche, no creía poder soportar mucho más de pie, eran demasiadas
emociones para un solo día.
-El príncipe es rápido…- comentó –Aunque me sorprenda que no haya ocurrido antes-
-Eso es cierto- dijo Ed, pero cada cosa que salí de su boca no hacía más que complicarlo todo –Yo siempre
creí que entre ustedes dos había algo mas…-
-Eso no es cierto Edwin, siempre fuimos amigos- aclaré. -¿Sabe Zoe que venías?- intenté cambiar de tema.
-Pensé en darle una sorpresa- me guiñó.
-Ella en verdad te extraña ¿Tú también estás aquí por negocios?-
-No- sonrió –Vine a ver a mi esposa y a su amorosa familia- capté el tono sarcástico. Edwin conocía mejor
que nadie a mi padre, y sabía que era de todo menos una persona agradable y amorosa. Mejor dicho, era
todo lo opuesto a ello.
-¿Cuándo es la boda?- nos interrumpió Arthur.
-En un mes- me volvió a sorprender su expresión de desagrado.
-Eso ¿No es demasiado pronto?-
-Es una larga historia- respondí. –Y no, no estoy embarazado si es lo que estás pensando- me dirigí a Ed al
ver cómo me estudiaba detalladamente.
Levantó las manos en señal de paz.
-¿Y lo amas?- clavó sus hermosos ojos azules en mi.
-Tenemos que salir de aquí- escuché la voz de Alioth cerca y me sentí aliviada ¿cómo se atrevía Arthur a
preguntarme eso?
-Sí, nos vemos luego.- Dijo el esposo de mi hermana arrastrando a su amigo con él. –Recuerda, tú no viste a
nadie y… Llévala a casa, es tarde para que anden solos en lugares cómo este- sacudió la cabeza.
-Idiota- murmuré.
-Escuché eso- gritó al alejarse.
*********************
-¿Estás bien?- pregunté a mi prometido en el viaje de regreso.
-Estoy bien- respondió sin mirarme. –Lo mismo no puedo decir de mi coche…-
-Nunca volveré a conducir- me hundí en la butaca –Lo siento Alioth-
-Olvida el coche, podemos comprar uno nuevo. ¿Tú estás bien?-
-Define la palabra Bien- Me miró por unos segundos –Ojos en el camino- le señalé –No más distracciones
por hoy-
Antes de que pudiera parpadear, el coche estaba aparcado a un costado de la ruta.
-A diferencia de ti, yo si puedo conducir-
-¿Qué estás haciendo? ¿Por qué te detienes?-
-Tenemos que hablar- inhaló profundo liberando el aire lentamente –Respóndeme algo- lo miré
expectante, pero podía jurar que estaba segura de lo que tenía para preguntar -¿Qué harás ahora que él ha
vuelto?- << ¡Bingo! >>
Traté de sonar lo más convincente posible. –Que él haya regresado, no cambia el rumbo de mi vida, puedes
estar tranquilo. Solo somos nosotros- acaricié su mano procurando que se relajara y olvidara el tema, pero
muy lejos de eso estaba.
-Eso no me asegura que él no intente nada, y soy consciente de lo que sientes por él.-
-¿Estás diciendo que no confías en mí?-
-Estoy diciendo que no confío en él-
-Típico- respondí por lo bajo.
-Estoy hablando en serio- asentó su mirada en un punto fijo hacia el horizonte.
-Ugh- pronuncié antes de quitarme el cinturón de seguridad, ponerme de rodillas en el asiento y sentarme
sobre sus piernas entre el pequeño espacio entre su cuerpo y el volante.
Lo miré esperando que hiciera o dijera algo. Pero solo me miraba a los ojos interrogante. Tomé su rostro
entre mis manos y me acerqué para besarlo. Segundos después tenía sus manos sobre mi cintura que se
deslizaban lento hacia abajo.
Desprendí los primeros botones de la camisa que llevaba puesta y recorrí su torso pausadamente con tan
solo unos dedos. El coche resultaba más pequeño con cada movimiento << ¿Cómo es que lo hacen él con
sus fulanas en este lugar?>> pensé al sentir una presión que ya se mostraba dolorosa en mi espalda.
Me detuve con ese pensamiento rondando en mi cabeza, yo no iba a ser como una de esas zorras. –Esto no
va a suceder en un coche por más costoso que sea- ¡Ups! Lo dije en voz alta.
-Eso fue…- se recostó.
-Febril- tuve que reconocer.
Ambos reímos por un momento. –Y para que sepas, nuestra primera vez juntos será en un lugar mucho
mejor que este, te dije que eras especialMordí
mi labio –Eres tan dulce cuando quieres-
-Solo contigo-
-Tienes que confiar en mí- recuperé mi postura seria –No voy a decirte que me he olvidado de él por
completo, porque te estaría mintiendo, pero tampoco voy a negar que tengo sentimientos muy fuertes por
ti-
-Voy a luchar por ti, y esta vez te aseguro que voy a ganar-
********************
No podía hablar sobre lo que había ocurrido con nadie. Normalmente me desahogaría con Zoe, pero eso
me obligaría a delatar a Edwin y arruinar la sorpresa que estuviera tramando para ella.
Podría hablar con alguna de las mellizas pero ellas eran tan soñadoras que lo único que harían sería
suspirar y repetir un y otra vez lo romántica que era la situación y aconsejar que no sería una mala idea
quedarme con los dos ¡Por favor, ya las estaba escuchando!
Me desplomé en la cama y visualicé nuevamente la acalorada escena con Alioth en el coche.
<<Buena señal>> pensar en mi futuro esposo antes que en mi ex novio, sin duda era una buena señal de que
sentía algo más por mi príncipe que por Arthur.
Pero de todas formas, sentía pequeñas punzadas en el pecho cuando recordaba la figura del morocho de
ojos azules que alguna vez me había robado el corazón. <<Para luego romperlo en millones de pedazos,
recuerda eso Brianna>>
Sentí unos suaves golpes en mi puerta –Adelante- dije alto para que me escucharan.
-¿Estás sola?- escuché su voz, otra vez.
-¿Qué estás haciendo aquí?- me puse de pie.
-Se supone que buscando el baño- sonrió –Ed y tu hermana están abajo, quería dejarlos a solas un rato-
-Hay baños en el piso de abajo- esquivé su mirada.
-Sé donde están, Brianna necesitamos hablar-
-No hay nada de lo que hablar Arthur. Deberías irte, no creo que a mi prometido le agrade la idea de que
estés en mi cuarto-
-Él no está aquí- hizo unos pasos hacia adelante y pasó sus manos grandes y fuerte por mi cintura. Cerré los
ojos mirando a mis pies <<Eso traía muchos recuerdos>>
-Creo que lo amo Arthur- me atreví a mirarlo a los ojos –Hay está tu respuesta, ahora puedes irte-
-¿Y a mí? ¿Te has olvidado de mi?- susurró cerca de mi oído. –Yo jamás ye he olvidado- ok, esto ya estaba
fuera de control, ahora no solo tenía sus manos en mi cintura sino que estábamos demasiado cerca, podía
sentir su corazón latiendo sobre mi pecho y su nariz rozando la mía.
-No… -
Y lo que estaba esperando, pero a su vez rogaba que no sucediera, ocurrió. Se sintió tan bien. Me besó, como antes con esa pasión, esa ternura y ese amor, que solo él me hacía sentir.
Capitulo 12: Honesty
Hizo dos pasos hacia adelante impulsándome a mi hacia atrás, sentí mis piernas chocar con el borde de la
cama, y ese fue el momento en el que reaccioné; puse mis manos en su pecho y separé nuestros rostros.
-Yo no te amo- lo miré sería y con los ojos inundados ¿Qué acababa de hacer? Había engañado a Alioth, yo,
que tanto miedo tenía que fuese él quien me hiciera lo mismo.
-Ese beso decía todo lo contrario- sonrió. –No tienes porque seguir con toda esa farsa, yo estoy aquí cielo,
volví por ti.-
-¿Por qué volvería contigo Arthur? Después que me abandonaste, me dejaste por tu estúpido trabajo, no te
importó cómo me sentí, solo te fuiste-
-Tenía que hacerlo, no podía llevarte conmigo, eras solo una niña.-
-Podías quedarte- mi voz se entrecortaba, el nudo que tenía en la garganta no me dejaba hablar.
-Tienes que entenderlo, no podía quedarme, no tenía opción-
-Siempre hay más de una opción, que tú no quisieras verla, eso es otra cosa- caminé hacia la puerta. –Por
favor, vete- la abrí.
-No hemos terminado- dijo antes de salir.
Cerré la puerta detrás de mí, y me senté en el piso impidiendo que alguien lograra entrar. ¿Qué iba a hacer
ahora? Sin duda no podía ocultárselo, era mi mejor amigo, lo notaría. Y cuando se trataba de él, era una
pésima mentirosa.
Sequé mis lágrimas y retoqué el maquillaje corrido. Ya era casi media noche, pero no importaba, no había
forma que aguantara hasta mañana sin hablar con él. Tenía que explicarle y rogar que me perdonara.
************
El castillo estaba iluminado por fuera, pero por las ventanas podía observarse que todo estaba apagado.
Los guardias custodiaban las puertas y alrededores. Estudiaban con la mirada a cada persona que pasaba
por allí y no permitían que se acercaran demasiado.
-Tienes que estar de broma- murmuré cuando hicieron que detuviera el coche.
-Señorita no puede entrar al palacio a esta hora, el horario de visita comienza…-
-Soy la prometida del príncipe Alioth- lo miré con indiferencia, usualmente no era grosera con el personal,
pero definitivamente esta no era mi noche.
-Cuanto lo siento señorita Collingwood, no la reconocí, por favor perdóneme- exclamó avergonzado y
temeroso.
-Está bien. No se preocupe por nada, solo de la orden para que no tenga que detenerme más adelante ¿Si?-
El robusto hombre asintió y sacó un pequeño aparato de comunicación inalámbrica para dar aviso de mi
llegada en la puerta principal.
Aparqué el coche en el mismo lugar que siempre y literalmente subí las escaleras corriendo.
-Señorita Collingwood- asintieron los guardias.
Nuevamente me encontraba frente a escalones, esta vez, los que llevaban al segundo piso, dónde se
encontraba el cuarto de Alioth. Estaba tan nerviosa que mi corazón parecía querer escapar de su lugar,
llegando a la habitación, sin notarlo ya estaba llorando de nuevo ¿Cuándo me había sentido de ese modo?
Todo empeoró cuando llegué a la puerta de la habitación. El miedo me invadió por completo y no era capaz
de moverme de allí.
Cerré los ojos y traté de relajarme. No funcionó.
Ahí fue cuando comprendí lo mucho que significaba ese hombre para mí. Puedes pasar toda tu vida
creyendo que la persona indicada es alguien que te lastimó enormemente, y no notar, que en realidad, ese
alguien especial siempre estuvo a tu lado.
Junté fuerzas y giré el picaporte.
-Alioth- pude verlo en la cama -¿Ya estás dormido?- el bulto debajo de las sábanas dio media vuelta.
-¿Bri?- se sentó encendiendo el velador. - ¿Qué estás haciendo aquí?- habló al mismo tiempo que se
refregaba los ojos con las manos – ¿Qué hora es?-
-Lamento despertarte, pero tenía que hablar contigo-
-¿Estás llorando? ¿Qué ocurrió?- se puso de pie, dejando al descubierto su musculoso y bien mascado torso
desnudo al llevar solo un bóxer. Aunque no era la primera vez que lo veía con tan poca ropa, no pude evitar
sonrojarme cuando se acercó y me abrazó. –Tranquila, dime que ocurre-
-Puedes odiarme si quieres, tienes todo el derecho a odiarme después de que te diga lo que hice.-estaba
desconcertado e inquieto pero no dejé que hablara –Pero antes, debes saber que yo también te amo, se lo
que dije antes pe…-
Un beso en los labios hizo que me detuviera –No sabes cuánto me alegra oírte decirlo.-
-No- me alejé –Me vas a odiar, y no sabes cuánto lamento, porque no sé que voy a hacer sin ti-
-No hay nada en el mundo que pueda hacer que te odie, habla de una vez, vamos, acuéstate conmigoobedecí,
pero no podía sacar de mi cabeza la idea de perderlo para siempre.
-Arthur me besó- declaré sin soportar mirarlo a los ojos. –El se apareció en mi cuarto hace unas hora y me
besó, le dije que te amaba, pero él insistió en que eso era una farsa, y vino sobre mí. Y le correspondí, pero
solo fueron unos segundo, te juro que no estaba pensando con claridad en ese momento, pero lo hice de
todos modos- me puse de pie, no quería escuchar sus insultos a pesar de que los merecía. –Yo no te
merezcoAhogué
el llanto hasta por lo menos llegar al coche. Por un momento imaginé que todo estaría bien, que el
correría detrás de mí para besarme y decir que me perdonaba. Que olvidaríamos ese estúpido error para
siempre, que en un mes sería su esposa y viviríamos en la hermosa casa de campo alejados de todo y de
todos.
Pero eso era una fantasía, ¿A quién quería engañar? Mi vida podría parecer cuento de hadas, tenía un
príncipe azul, unos malvados padres que hacían de mi vida un infierno, y por supuesto, un ex novio cuya
llegada hizo que mi vida color rosa pasara a ser completamente gris, pero como siempre dije, si hay alguien que puede romper los estereotipos, esa soy yo, Brianna Collingwood. La única persona en el mundo tan idiota como para engañar y romper el corazón del amor de su vida.

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:35 am

Capitulo 13: Mojados



La brillante luz del sol provocó que mis ojos ardieran aún más, después de pasar toda la noche sin dormir,
acostada en mi cama sin siquiera cambiarme de ropa ni sacarme los zapatos, estaban comenzando a
lastimarme, podía sentirlo. Pero ese dolor no era nada comparado con el que tenía en mi pecho, el nudo en
la garganta, las contracciones de mi estómago por la angustia y la furia conmigo misma por ser tan idiota.
Miré el reloj, eran las seis y media de la mañana. No pensaba levantarme en todo el día ¿Para qué? No
tendría que ocuparme de los planes de la boda, y tampoco necesitaba escuchar los gritos y regaños de mis
padres cuando se enteraran de la cancelación de la boda. Porque tenía la certeza de que no tardaría en
llegar.
Cerré los ojos para intentar dormir. Mi cabeza estaba a punto de explotar, y no creía soportarlo más.
*****************
-¿Por qué estás durmiendo vestida? Brianna despierta, ya es el mediodía- escuché una voz chillona
lejanamente.
-Luce terrible ¿Qué crees que ocurrió?- ahora si podía reconocer las voces.
-Las estoy escuchando- dije cubriéndome con las sábanas incluyendo la cabeza.
-¡Estás despierta!- gritó Jess –Vamos, arriba, levántate-
-No quiero levantarme, voy a dormir todo el día o tal vez toda la semana- luché contra las mellizas cuando
tiraban de mis brazos haciendo fuerza para sentarme sobre la cama. –Chicas en verdad necesito que me
dejen en paz-
-Pero Bri…- no termino de hablar que todos se quedó en silencio, a excepción de un ruido proveniente de la
puerta.
Creí que se habían rendido al oír sus tacones chocar contra el piso caminando fuera de mi cuarto. Pero
también sentir que uno de los costados de mi cama se hundía, en señal de que alguien se había ubicado
allí.
-No voy a levantarme-
-Voy a tener cargarte si no te levantas por tu cuenta- Esa era su voz, no esperaba escucharlo. No de esa
forma al menos, me destapé para verlo mejor.
-Alioth, ¿Qué estás haciendo aquí?-
-Lo que es obvio- sonrió.
-Sí, lo siento, yo… Debí dártelo anoche- me quité el anillo de compromiso y se lo entregué. –Ten-
-¿Pero qué estás haciendo? – frunció el ceño.
-¿No es eso o que querías?- el nudo en mi garganta se ajustaba cada vez más sentía escalofríos recorrer
cada parte de mi cuerpo –De verdad lo lamento- cerré los ojos dejando que las lágrimas que no había
podido guardar se escurrieran con mis pestañas y se tornaran negras por el resto de rímel que tampoco me
había quitado la noche anterior.
-Tal vez si no hubieras huido anoche, sabrías que no estoy aquí para eso- me jaló sobre sus piernas -Estaría
loco sí le dejara el camino libre a ese idiota ¿No crees?-

-¿Qué estás diciendo?- una pequeña llama de esperanza se había encendido - ¿No me odias?-
-Estoy diciendo que no hay razón por la que tenga que odiarte, ni siquiera puedo estar molesto contigo, no
después de lo que dijiste anoche- secó mis mejillas con los pulgares.
-Pero yo…-
-Shh- me cubrió la boca con una mano –Deja que termine, no me interrumpasAsentí.
-Fuiste honesta conmigo y eso es lo que importa. Dijiste que me amabas y eso, Brianna, hace que lo demás
parezca insignificante. –
-¿Estás diciendo que me perdonas? ¿No vas a romper el compromiso? ¿Puedes amarme después de todo?-
-Te pedí que no me interrumpieras-
-Lo siento- agaché la cabeza.
-Ya deja de disculparte, vamos levántate, date una ducha porque te ves realmente mal-
- Me duelen demasiado los pies- ahora si comenzaba a hacer efecto el pasar la noche con zapatos
apretados, no me atrevía a mirarlo seguramente estaría llena de ampollas.
-¿Por qué no te quitaste los zapatos?- se puso de pie conmigo en sus brazos dirigiéndose al baño -¿De
verdad creías que iba a dejarte? Después de todo este tiempo, me ofende saber que no me conoces tanto
como yo a ti-
-Te engañé, esa es la realidad-
-Puedo olvidarlo si me prometes que no volverás a hacerlo- dijo al mismo tiempo que me depositaba sobre
la bañera vacía.
-Tú no te olvidas de las cosas tan fácil- lo miré entrecerrando los ojos -¿Qué vas a hacer?-
-Bueno, no puedo dejarte sola y estar tranquilo si se que él anda cerca - Se sentó en el borde de la bañera –
Y no me ha tomado demasiado tiempo convencer a tus padres de que lo mejor para nosotros es que
comencemos a vivir juntos desde antes de la boda, por supuesto, tendría que ser en el castillo…-
-¿Les dijiste eso? ¿Y aceptaron?- en ese momento no sabía si alegrarme o preocuparme. ¿Alioth y yo
viviendo juntos en el palacio con su familia? Sonaba divertido, y peligroso al mismo tiempo.
-Aceptaron encantados- sonrió -¿Y tú? ¿Aceptas dar el siguiente paso?-
-No puede ser peor que vivir con mis padres-
-No, solo tendrás que convivir con los míos por menos de un mes- Capté el sarcasmo en su frase, su padre
era amable y bueno, pero su madre…
-¿Dormiríamos en la misma habitación?-
-No lo sé ¿Te animarías?-
-¿Acaso hay algo a lo que no me animaría?-
-Buena respuesta- dijo –Eres más hermosa cuando sonríes, no quiero volver a verte llorar y menos por mi
culpa- su pulgar se deslizó por mi boca antes de que sus labios se encontraran con los míos.
Entre besos y caricias, él había quedado debajo de mí, con la espalda sobre el piso de la bañera y su camisa
semi-desabrochada, no así mi remera que había volado por los aires en algún momento. Toda la situación
se estaba descontrolando y alguien tenía que detenerse, pero ninguno de los dos estaba dispuesto.
Estaban al alcance de mi mano, las canillas responsables de abrir el duchador. Estiré mi brazo, tratando de
que él no lo notara y giré la manija. El agua helada comenzó a salir y empaparnos al instante.
-Sabía qué harías eso- se enderezó, todavía dentro de la bañera llena de agua fría.
-Alguien tenía que detenerse- encogí los hombros. –Tú no ibas a hacerlo-
-Te equivocas, iba a hacerlo si me lo pedías-
-¿Y si yo no quería pedírtelo?- Posé mis manos sobre su pecho y comencé a besar su cuello.
-Basta, no habrá lluvia ni lugar incómodo que importe si no te detienes-
Reí – ¿Sabes? Nuestros padres hicieron al menos una cosa buena por nosotros-
-¿Y que sería eso?-
-Arreglar el compromiso, jamás me habría dado cuenta de que tú eras el indicado si no fuera por todo estoMe abracé a su pecho. –Te amo Alioth, nunca quise lastimarte, ni antes, ni anoche-
-Tal vez, si yo hubiera sido tan valiente y sincero, como lo fuiste anoche, y te habría confesado lo que sentía,
Arthur ni siquiera aparecería en nuestra conversación-
-Tienes razón, fuiste un completo idiota- bromeé. -Pero eso tiene un bonus-
-¿Bonus?-
-Podemos recuperar el tiempo perdido cuando estemos juntos- guiñé un ojo mordiéndome el labio y escurriendome el cabello con las manos –Y considerando que son muchos años… Creo que será divertido-
Capítulo 14: La última orden
Todas mis maletas estaban desparramadas en la habitación de Alioth.
-Recuérdame otra vez porque no podemos cambiarnos a una habitación con armario mas grande- le dije a
él, que se encontraba dentro del mismo cambiándose de ropa.
Había conducido completamente empapado desde mi casa al palacio.
-Esta es mi habitación y no voy a moverme solo porque no quieras compartir el armario- contestó y decidí
entrar pasando entre las perchas llenas de camisas de diversos colores y tonalidades.
-No es que no quiera compartir, es que no van a caber todas mis cosas dentro. Recuerda que aún falta la
mitad del armario. Y no olvides mis zapatos, perfumes, accesorios, sombreros y gorros, bolsos y carteras y
la asquerosa ropa que tengo que usar en las fiestas que organiza tu madre-
-Cariño solo estarás aquí un mes, luego nos mudaremos a nuestra casa, allí podrás llevar todo lo que
quieras. Diré que construyan un armario más grande que la habitación- posó sus manos sobre mis
hombros.
-No puedo dejar las cosas en mi casa. ¿Qué me asegura que mi madre no las queme?-
Suspiró. Él sabía que yo estaba en lo cierto –Bien, traeremos todas tus cosas, pero no las pondremos aquí.
Solo lo necesario, y lo demás en otra habitación-
-Gracias- sonreí –Los zapatos y los bolsos cuentan como muy necesarios, además de los perfumes por
supuesto.- enumeré.
-Eso no reduce demasiado la lista, pero has como quieras, puedes ocuparte de reacomodar el armario
mientras voy a hablar con el contratista que se está ocupando de la casa-
-¿Puedo ir contigo?- Hice un pequeño puchero -¿Vas a dejarme sola el primer día de convivencia?-
-Quiero que todo sea una sorpresa, solo será un rato Bri, cuando regrese podemos hacer lo que tu quieras-
-Entonces no te molesta si voy al centro un rato, invitaré a Jess y Ana, tengo que ordenar el tema del
vestidoDudó
por un momento antes de contestar –Solo ten cuidado y no beses a nadie que no sea yo-
Puede que lo haya dicho en calidad de broma, pero me dolió demasiado, este sentimiento de culpa iba a
acompañarme por un largo tiempo.
********
Eran casi las siete de la tarde cuando llegamos nuevamente al palacio después de escoger el nuevo vestido.
- Hey señor Marcus, ¿Ha visto a Alioth? – me referí a uno de los ancianos del consejo con quien me topé en
las escaleras de la entrada.
-Está con sus padres en la oficina del señor Van Helmont, pero no creo que debas interrumpir en este
momento, tratan un asunto bastante serio-
-¿Qué ocurrió?- me crucé de brazos en espera de una respuesta.
-Serios asuntos de poder y gobierno, Brianna te recomiendo que te mantengas alejada de esto, son cosas
muy importante y van a perjudicarte si los dejas-
-¿De qué está hablando?-
-Lo sabrás pronto- sonrió antes de dar media vuelta y continuar su camino.
Me dirigí al despacho y con mucho cuidado de no hacer ruido y alertarlos, comencé a escuchar su
“importante” conversación.
-¿Y qué se supone que tengo que hacer papá?- Noté a mi prometido bastante alterado.
-Resolver la inquietud del pueblo hijo-
-Ellos quieren un nuevo gobierno, quieren alguien que los representes, que puedan elegir. No hay nada que
podamos hacer más que modificar las reglas y llamar a la elección de un ministro-
-No tienes ni idea de lo que eso significaría- esta vez era Arlet quien tenía la palabra –Perderíamos el poder
hijo, todo se descontrolaría, y la economía caería enormemente-
-Tú propia economía querrás decir mamá, ¿No te parece que ya es hora de adaptarse al nuevo siglo?-
-No te permito que le hables de ese modo a tu propia madre- interfirió Ewen<<Oh Oh>>
-¡Es que no veo como que tenga un hijo va a cambiar la situación! Ellos no quieren un heredero, quieren un
representante-
-El pueblo pide un representante desde hace ya mucho tiempo, y el consejo ha comenzado a evaluar la
posibilidad de darle ese gusto, porque consideran que no estarás preparado para reinar cuando llegue la
hora, pero si tú y Brianna demuestran que están comprometidos con sus responsabilidades, tal vez se
olviden de esas ideas-
-¿Estás diciendo que el hecho de tener un hijo va a solucionar ese problema? Es ridículo-
-Lo harás si no quieres que comience a entrenar a Scott para el puesto.- <<Malditos, no serían capaces>>
-Increíble, ¿Traicionarías a tu propio hijo, padre?-
-Traición sería lo tuyo si no lo ayudas- concluyó Arlet.
**************
-Maldita bruja- golpeé la pared del baño bajo la lluvia. -¿Cómo son capaces de algo así?- mis largas duchas
eran un lugar de reflexión, allí podía pensar tranquila y tomar decisiones sin ser interrumpida. Obviamente,
eso era cuando no tenía que compartir la ducha con mi futuro esposo, que acababa de entrar al cuarto.
-¿Bri estás aquí?- escuché decir al otro lado de la puerta.
-Enseguida salgo- respondí al mismo tiempo que cerraba el grifo.
Me paré frente al espejo, había tomado mi decisión. No iba a echarme hacia atrás por más aterrada que
estuviera. –Podemos hacerlo- repetí una y mil veces en mi cabeza.
Cuando entré en la habitación y lo vi recostado en la cama cubriéndose el rostro con ambos brazos, mi
corazón comenzó a palpitar tan rápido que creí que iba a salir por mi pecho. <<Tranquila>> pensé
inhalando profundamente.
-¿Está todo bien?-
-Una discusión con mis padres, pero olvidémonos de eso, no tiene importancia- mentía, lo sabía y no solo
por el hecho de que había escuchado gran parte de esa discusión, sino que porque al igual que él me
conocía y podía distinguir claramente si le ocultaba algo, él también era transparente para mí.
Se descubrió el rostro y se enderezó –Wow, estás… No voy a poder dormir si estás usando eso- otra vez ese
cosquilleo en el estómago me invadió al percibir el roce de las yemas de sus dedos con mi piel.
Solo me quedé congelada sin poder articular palabra ni movilizar alguna de mis facciones. –Lo escuchaste
todo- su sexy y pícara sonrisa se desvaneció mostrándose una expresión totalmente diferente. –Deberías
aprender a no escuchar detrás de las puertas, están cerradas por algo Bri-
-No pude evitarlo ¿Es que no pensabas contármelo?-
-No es un tema de discusión, decidí que ya no van a obligarnos a hacer nada más- se puso de pie.
-Pero tu papá va a quitarte tu derecho al trono- repliqué.
-Olvida el trono y a toda mi familia, está enfermos por el poder, no quiero ser como ellos-
-Tú eres el único que puede cambiar las cosas, si dejas que Scott se quede con tu lugar, todo continuará
igual. ¿No es lo que siempre quisiste? ¿Hacer la diferencia? –
-No si eso te involucra, es cierto lo que dices, pero si hay algo que me preocupe más que todo el reino, esa
eres tú. Nosotros.- pasó su mano en mi mejilla, y la abracé con la mía.
-No creo que vaya a perjudicarnos lo que tus padres te piden, no voy a negar que me aterra la idea. Pero…-
enredé mis dedos en su cabello rubio y sedoso – No hará otra cosa que no sea unirnos aun más-
-Lo sé- soltó un suspiro largo y ruidoso –Pero es demasiado pronto, pensaba tener tiempo para nosotros
antes de ser padres-
-Nos negábamos a comprometernos, y mira cómo terminamos- lo abracé reposando mi cabeza en su
hombro –Tal vez esto sea lo mismo-
-¿Eso crees?- susurró mientras bajaba con sus labios hasta mi cuello para besarlo.
Capitulo 15: Pasión y celos
Sus besos bajaban desde mi cuello y noté como sus manos comenzaban a deslizarse por debajo de la fina
tela que formaba mi camisón. Levantando mis pies del piso, y con suavidad, me llevó hasta la cama a
menos de dos metros de distancia.
Acostada y con él sobre mí, recargando todo su peso sobre el brazo que apoyaba en el colchón, volví a
encontrar sus labios y sonreí por como latía su corazón acelerado, al igual que el mío.
Poco a poco y entre más besos y caricias nos desnudamos mutuamente degustándonos cada centímetro,
a cada segundo.
-Jamás voy a olvidar esto- dijo mientras acariciaba mi espalda con un dedo provocándome escalofríos.
-Ni yo- subí el mentón para besar su cuello -¿Puedo decir algo?-
-No tienes porque, puedo adivinarlo-
-¿Ah sí? ¿Qué tengo para decir entonces?- carcajeé, posiblemente era cierto.
-Te amo- afirmó con toda seguridad.
-Eso está implícito- volví a besarlo, era como una especia de nueva adicción –Muero de hambre-
-Qué romántica Bri- murmuró mientras caminaba en dirección al baño sin prenda alguna. –Voy a
ducharme- anunció.
-¿Quieres compañía?- propuse finalmente, sabiendo que no iba a negarse.
*****************
-Frena allí, puedes estacionar, no no no, te pasaste, ese era el lugar adecuado-
-¿Puedes dejar de decirme como conducir?- detuvo el coche en el medio de la calle y los bocinazos de los
que estaban detrás de nosotros se hicieron sonar, pero a ninguno de los dos nos importó.
-Mi vida, ese era el sitio correcto, ahora tendremos que caminar quien sabe cuánto para conseguir un buen
lugar-
-¿Acabas de llamarme mi vida?- su expresión molesta y se iluminó su sonrisa.
Me incliné hacia su costado para hablar muy cerca de sus labios –Te amo, mi vida-
-Ven aquí- tiró de mí contra su cuerpo para besarme, pero un golpe proveniente de la ventanilla nos
interrumpió.
La mirada asesina de Alioth podía asustar a cualquiera, honestamente no querría estar en lugar de esa
persona en este momento. -¿Cuál es su problema? ¿No ve que estamos ocupados?- gruñó bajando el vidrio.
-Están en el medio de la calle, si solo pudieran aparcar a un costado y dejar que los demás circulemos…-
-¿Sabe usted quién soy yo?- <<Oh no, aquí vamos>>
-Alioth, ya vámonos y no empieces con eso- susurré.
-¿Alioth? ¿Cómo el príncipe Alioth?- dijo el señor con expresión de miedo. –Lo siento señor, no quise…-
-Ya está bien, nos vamos, disculpe la molestia señor- intervine haciendo una seña con la mano –Adióspresioné
el botón para volver a cerrar el vidrio. -Admite que fue nuestra culpa, él no tenía que disculparse-
-¿Es que no oíste cómo me habló?-
-¿Y te escuchaste a ti mismo? Fuiste el doble de grosero, movámonos-
-Cinco cuadras- protesté cuando detuvo el auto –Cinco cuadras en subida, hasta el restaurant. Voy a morir
de cansancio y toda será tu culpa-
-¿Mi culpa? No es cómo si yo te hubiera obligado-
-¿Qué estás diciendo con eso?- me puse de rodillas sobre la butaca.
-Si estás cansada es por culpa de ambos, y sabes, siempre podemos regresar y terminar de cansarnoscolocó
su pulgar en mi mentón, cerré los ojos, dejando que un cosquilleo me inundara completa al rozar
sus labios.
Pero no iba a dejarlo salir con la suya tan fácilmente, yo tenía el control, no tenía que olvidar eso –Dije que
estoy cansada y muero de hambre, sé un buen novio y compláceme-
-Hay muchas formas de complacerte bebé-
-En este momento solo una, y no creo que sea la misma que tienes en menteSuspiro
al mismo tiempo que comenzaba a reír.
*************
Después de deliberar por un largo rato, acordamos cruzar e ir al restaurant frente a donde habíamos
aparcado. Estaba segura de que ese no iba a ser tan agradable como el que frecuentábamos pero era
preferible a caminar cinco cuadras, a plena noche, cuando los paparazzi recorren las calles como perros
hambrientos.
-¿Tiene algún lugar disponible?- preguntó el príncipe con la sonrisa más encantadora que poseía a la
encargada.
-Por supuesto señor Van Helmont, es un honor contar con su presencia, adelante síganme por favor-
¿Acaso ella había reparado en mi presencia? Enredó sus dedos en el cabello tantas veces así cómo
pestañeó y sonrió asintiendo a cada palabra.
-Patética- murmuré de camino -¿Notaste cómo coqueteaba contigo? Que descarada, solo faltó que se tirara
en tus brazos-
-Si no te conociera mejor diría que estás celosa, eso es tan…-
-No son celos, odio que me ignoren, lo sabes muy bien- pronuncié con tanta convicción que casi logro
convencerme a mí misma.
-Si te hace sentir más segura, solo tengo ojos para ti- besó mi mejilla.
-Dije que no estoy celosa- repetí.
-¿Aquí le parece bien?- anunció la joven señalando un pequeña mesa para dos.
-Perfecto, gracias-
-Enseguida llegará la camarera para tomar su pedido- <<Que ni se te ocurra, ni siquiera lo pienses>> Esa
pelandusca estaba a punto de tocar su brazo, podía sentirlo, conocía a muchas como ellas y como
actuaban frente al príncipe. Pero ahora las cosas habían cambiado, las únicas manos que podían palpar
eso trabajados músculos eran las mías.
Cuando finalmente lo hizo, sin dudarlo, quité todos los asquerosos dedos que posaban sobre mi hombre
doblándolos hacia arriba. El hecho de que gritara de dolor, no me significó nada, solo provocó que me
sintiera realizada.
-Eres una bruta- Dijo sobándose los nudillos
-Es para que aprendas a respetar la propiedad ajena cariño, agradece que no hice otra cosa-
-Maldita bruja- chilló.
-Prefiero ser bruja antes que zorra-
-¿Zorra yo? Que queda para ti entonces-
-Ah no, estás muerta- me abalancé contra ella ¿Cómo se atrevía? Nadie que me insultaba salía ileso. Pero
no llegué, unos brazos me tomaron por la cintura y jalaron hacia atrás. –Suéltame, se merece que la deje
calva- pataleé.
-No puedes resolver las cosas a golpes, hay otras formas. Nos encargaremos luego, ahora será mejor que
salgamos de aquí- colocó nuevamente mis pies en el piso.
-Pero señor, y no quise…- balbuceó, pero fue interrumpida.
-Ella es mi prometida, no permito ninguna ofensa contra ella ¿Entiendes?-
-Si señor- se encogió avergonzada.
-Ahora discúlpate- ordenó.
-Pero…-
-Ahora- su voz sonó más grave que de costumbre.
-Lamento haberla ofendido señorita Collingwood-
-Disculpas rechazadas- Contesté con una sonrisa burlona -¿Nos vamos mi amor? - di media vuelta sobre mis talones, disimuladamente sacudiendo el cabello y restregándoselo en todo el rostro de despreciable camarera.

Capitulo 16: Very Irresistible

-Ya borra esa sonrisa de tu rostro- estaba furiosa, ni siquiera me alegraba haber humillado a la mesera
frente a todo el restaurant.
-¿Por qué estás enojada? Que conste que te apoyé a ti y no debería de haberlo hecho, fuiste quien empezó-
-Ella no dejaba de coquetear contigo- grité exasperada.
-Entonces admites que estabas celosa-
-¡Por supuesto que sí!- <<Tonta, tonta, tonta>> Cerré los ojos y miré hacia el suelo, cómo me podía
avergonzar de esta forma, ahora no me dejaría de molestar con ello.
-¿Por qué? Te dije que no hay nada de lo que tengas que preocuparte…- su sonrisa no se había borrado en
ningún momento, cosa que me fastidiaba aún más.
-Dejaste que te tocara-
-No puedo apartarme como si fuera a contagiarme una enfermedad o algo así, cariño, basta con eso. Vamos
a buscar otro lugar dónde comer, puede que sea tu insaciable hambre lo que te tiene de mal humor-
-¿Para qué te sigan manoseando? No gracias-
-La única que va a manosearme eres tú- Su nariz y sus labios chocaron mi mejilla.
Hice una mueca casi sin poder contenerme, los encantos, a veces desubicados de Alioth eran parte de él, y
yo, como su mejor amiga de toda la vida, los amaba. Hubo un momento en el que reía de cómo todas caían
rendidas a sus pies, pero ahora, era una de ellas. –Ya quisieras- dije intentando fingir el enojo que había
desaparecido.
-¿Vamos a casa? Puedo preparar algoSolté
una carcajada –Ordenar que preparen algo querrás decir. Su majestad solo sabe dar órdenes y más
órdenes.-
Él odiaba que especialmente yo lo llamara de ese modo porque sabía que no lo decía como una expresión
de respeto sino, más bien, como una burla.
Esta vez, contrario a enojarse, siguió jugando. –Si es así, entonces te ordeno regresar conmigo al palacioHice
una reverencia –Por supuesto mi señor- curvé los labios en una sonrisa insinuante.
-Y otra cosa, quiero que me beses, acá y ahora-
-Lo lamento, pero eso es algo que no podré cumplir- finalicé antes de apresurarme en cruzar la calle para
llegar al auto.
Pero no fue suficiente ¡Malditos zapatos! Antes de que me acercara siquiera, él ya estaba sobre mí.
-No me gusta que me desobedezcan- musitó cerca de mi oído al mismo tiempo que encerraba mi cintura
entre sus brazos y elevaba mi cuerpo a unos centímetros del piso.
-¿Ah no? ¿Hay algo que puedas hacer al respecto?- pregunté.
-Puedo obligarte- llegamos al lado de una de las puertas traseras del coche y volvió a dejarme sobre mis
pies.
Me dio vuelta, para quedar frente a frente. –Entonces oblígame, te reto a hacerlo-
¡Oh, Cómo si eso fuera difícil para él! Enseguida me encontraba aprisionada entre sus brazos, su pecho y el
frio metal del vehículo. –Bésame- repitió.
-Oblígame- ninguno quitaba la vista de los ojos del otro separados por menos de cinco centímetros, y la
temperatura aumentaba a pasos agigantados.
Pero la pasión y tensión se eliminó automáticamente cuando una luz fluorescente me cegó por instantes.
Sin moverse el rubio tomó una profunda respiración y sacando de su bolsillo la llave y presionando el botón
para destrabar las puertas.
Como era costumbre, me acompañó hasta la puerta del acompañante esquivando las preguntas y
ocultándonos lo más posible de las cámaras. Abrió para que entrara e hizo la mis trayectoria para volver y
entrar a su lugar.
Sin hablar y casi sin respirar, hizo rugir el motor y chillar las ruedas del Ferrari para escapar de ese infierno.
Como era de imaginarse, por esas horas, ya nada había quedado para cenar y la mayor parte del servicio ya
estaba descansando. Lo peor de todo, era que ninguno de los dos éramos exactamente bueno cocineros,
mejor dicho, éramos pésimos.
-Ok, esto puede funcionar- sacó un botellón de leche de la heladera y unos cereales de la alacena.
-Hablo enserio cuando digo que voy a morir si no me alimento pronto, llevo casi todo el día sin comer-
-Esto es alimento- llenó un tazón con ambos ingredientes.
-Que más da- me había rendido, era preferible leche con cereales a nada. Alioth me pasó la botella con
leche. Era pesada, muy pesada y resbalosa, no fue mi culpa que cayera al piso en ese momento, y en el
camino, se derramara sobre nosotros.
-Lo siento- dije ahogada en una ruidosa risa, no había dudas de que él había sido el más damnificado, su
pantalón estaba enteramente mojado a diferencia de mi corto vestido que solo tenía unas salpicaduras.
-Eres increíble- gruñó pasando una servilleta para secarse, como si fuese a funcionar.
-Fuiste muy brusco-
-Fuiste muy descuidada, como siempre-
-Pero si te ves sexy todo mojado- me paré a un costado de la mesa y de él.
Levantó una ceja y curvó levemente sus labios, y supe que estaba pensando en algo – ¿Sabes que creo?- se
puso de pie y retrocedí antes de ser atrapada.
-¿Qué?- seguí retrocediendo.
-Si estuviéramos los dos de esta forma- se señaló a si mismo –Sería muchísimo mejor-
-No lo creo- sacudí la cabeza al observar que abría la heladera.
En un pestañear y nuevamente gracias a mis puntiagudos zapatos que no me permitían correr, y más aún,
en el resbaloso piso de esta habitación, mi príncipe, no tan caballero, estaba cerca, como si esperara una
señal para lanzarme todo el contenido de lo que sea que hubiera dentro de ese contenedor.
-¿Qué estás esperando?- abrí ambos brazos, ¿Qué más hacer? No podía escapar, y tampoco sería la
encargada de limpiar el desastre luego. No teníamos nada que perder, hasta podría resultar divertido.

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:43 am

-¿Así que quieres que te tire esto encima? – lo levantó arriba de mi cabeza.
-Dicen que aplicar leche sobre el cabello es como inyectarle una dosis de humectación y brillo- cerré los
ojos.
-Eso es genial- dijo con total tranquilidad al comenzar a verte todo el espeso líquido sobre mi –Solo que
esto, no es leche. – Cosa que ya había notado. –Es aceiteToqué
mi cabello –Que asco- chille entre dientes. -¿Cómo pudiste? Mira como estoy-
-Estás muy sexy- se burló.
-Ven aquí- di pequeños pasos para llegar hasta él y abrazarlo. –Ahora, cariño, estamos Very Irresistible- dije
con un falso acento francés imitando a la conocida publicidad.
-Si si, muy irresistible Brianna- aprovechando que mis brazos rodeaban su cuello, pasó sus manos por mis
muslos enredando mis piernas alrededor de su cintura y llevándome hasta golpear mi espalda contra la
pared.
Me besó desesperadamente lo que hizo todo más acalorado aún. Me soltó notando que estaba asegurada
para levantar mi vestido y esparcir lo que me cubría por mi piel, debajo de mi ropa interior.
-¿Aquí?- logré pronunciar entre besos. –Puede venir alguien-
-Subamos, ahora-
Asentí dejando que me cargara, lento y esquivando los obstáculos en el camino, en las penumbras de la noche y con las luces apagadas del palacio.

Capitulo 17: Visita al doctor.

Abrimos la puerta empujándola con mi espalda y cerrándola del mismo modo. Estábamos a punto de caer
en la cama cuando me alejé de repente.
-¿Qué Pasa?- me miró confundido.
-No vamos a poder dormir en una cama llena de aceite- arrugué la nariz imaginando lo asqueroso que
sería.
-Olvida eso ahora- volvió a apresarme entre sus brazos y tiró del cierre de mi vestido empujándolo desde
mis hombros y dejándolo caer. Mientras se deleitaba besándolos y deslizando los breteles de mi sostén
hasta terminar en desabrocharlo, aproveché para desabotonar su camisa y tirar de la hebilla de su
cinturón.
Presionó sus labios contra los míos, y ambos caímos en la cama hundiéndonos en el colchón. En un rápido
movimiento se deshizo de los pantalones mojados a causa de lo que yo misma había derramado sobre él.
Tiré del elástico de su bóxer pero fue él quien finalizó con esa tarea y continuó con la de quitarme la única
prenda que cubría mi cuerpo. Me erguí para besar su cuello, sentir el acelerado latir de su corazón.
Juntó nuestras manos por encima de mi cabeza y clavé las unas en su piel con cada movimiento que él
hacía dentro de mí.
***********************
-¿Cómo puede ser posible?- arrojé el quinto test de embarazo a un lado de la habitación.
-Tal vez… no funcionó o tú y mi hermano lo están haciendo mal- comentó Anabelle desde el sofá en el que
estaba sentada.
-Yo he oído que para ese tipo de test funcione tienes que esperar un determinado tiempo- se oyó la voz de
Jess desde el armario dónde hacía horas se probaba mis conjuntos.
-¿Una semana y media no es suficiente?- me arrojé de espaldas a la cama.
-No lo sé, tal vez deberías escuchar a tu hermana e ir a un doctor- dijo Ana acomodándose a mi lado –Pero
no logro porque esa insistencia en quedar embarazada tan rápido ¿Acoso temes que mi hermano vaya a
dejarte? Porque si es así ten por seguro que no lo hará…-
Sonreí –No es eso, pero tu madre dijo….-
-¿El asunto del heredero? – Jessania se mostró con un vestido negro ajustado con un hombro descubierto y
unos zapatos de plataforma rojos. Pobrecita, su madre jamás permitiría que saliera así vestida, solo podía
conformarse con desfilar para su hermana y para mi dentro del cuarto. –Escuché una conversación entre
papá y ella hace dos o tres noches-
-Wow ¿Pueden ellos hacer eso? Quiero decir, obligarlos a tener un hijo… Es tan…-
-Se supone que es para darle seguridad al pueblo, pero a mí me suena a una excusa más del tío para meter
a Scott en lugar de Alioth-
-Chicas- las interrumpí, era lindo saber de qué nos apoyaban completamente, pero no quería involucrarlas
en esto –Olviden eso, no importan los motivos que ellos tengan, tenemos que cumplir si queremos que su
hermano conserve su lugar en el trono. –
**************
La sala de espera era grande, elegante y cómoda. Solo las personas con mucho dinero podían permitirse
asistir a un médico como este. El mejor de todo el reino, había dicho Zoe al recomendármelo y pedir un
turno ella misma.
En ese momento solo nos encontrábamos una señora con una enorme barriga y yo. Me senté junto a ella a
esperar por mi turno y examiné el lugar.
Cuadros con diplomas adornaban las cuatro paredes, solo dos destacaban entre los demás, siendo su título
de médico y el otro de su especialidad, ginecología y obstetricia. Un escritorio, en uno de los rincones
dónde se ubicaba la agradable y joven secretaria que respondía el teléfono, tecleaba en su ordenador sin
parar y corría antes los llamados de su jefe.
-¿Primeriza?- preguntó la señora a mi lado.
-Eso deseo, estoy aquí para comprobarlo- respondí con una sonrisa nerviosa. -¿Usted?-
-Oh no, este es el quinto, aunque mi primera niña- contestó orgullosa.
-Wow, parece demasiado joven para ser madre de cuatro niños- y era cierto, se notaba de lejos su piel lisa
sin señal de alguna arruga, su cabello ondulado y castaño se extendía hasta sus hombros y sus ojos grises
le daban un brillo especial y llamativo a su rostro.
-Tenia diecinueve cuando Frankie nació, ese fue mi primero, hace diez años ya ¿Puedes creer lo rápido que
pasa el tiempo? Dos años más tarde llegó Duncan, a los veinticinco, justo el día de mi cumpleaños nació
Charles y un año después de eso llegó Eric. Siempre dijimos que no nos detendríamos hasta conseguir una
niña, así que supongo que con cinco tendremos que conformarnos-
<< ¿Conformarse?>> -¿Y cómo se siente? No ha tenido descanso- dije con asombro ¿Cómo podía una mujer
mantenerse tan bien y ser madre de tantos niños pequeños?.
-Oh, adoro a mis pequeños, aunque claro, no podría con todo el trabajo de no ser por las dos nanas que
contraté desde que nació Duncan, mi esposo es un sol, pero él trabaja demasiado, yo no puedo darme el
gusto de trabajar lejos de casa, así que hago todo desde allí, soy diseñadora de sitio web- eran tan grande el
placer que le causaba a esa señora hablar de su familia, que enseguida supe que quería ser cómo ella en
diez años.
No importaba si no podía ser actriz, o cantante o bailarina, simplemente, tener una familia feliz sería
suficiente. Un esposo que me amaba y muchos niños correteando por la casa de campo que sería nuestra
después de la boda.
Tampoco tenía cabida si ya no podríamos salir de fiesta con Alioth todas las noches y beber alcohol hasta
sentir que moríamos.
-Eso es grandioso, desearía ser tan feliz como usted algún día-
-No me trates de usted, me haces sentir demasiado mayor, soy Ria Ballas- extendió la mano.
-Brianna Collingwood-
-Oh- Exclamó llevándose las manos a la cabeza. –La prometida del príncipe, ¿Cómo he podido ser tan
despistada?-
-Descuida, es lindo ser una persona normal por un ratito-
-Lo siento, es que soy una gran seguidora de los chimentos de la realeza, no me malinterpretes, pero tú y el
príncipe tienen una vida bastante escandalosa-
Reí –No voy a negarlo, pero ahora todo será diferente-
-Estoy segura de eso, ¿Así que crees que estás embarazada? No te preocupes, se guardar secretos- posó su
mano en mí brazo, parecía sincera.
-No lo sé, los test salen negativos, pero tengo que quedarme pronto. La reina lo ordenó, si no concebimos
un heredero estaría en peligro el lugar de Alioth en el trono.- suspiré –Honestamente, me emociona la idea
de ser padres, pero no sé si estamos listos-
-Nadie lo está, aprendes con la práctica y a veces con un poco de ayuda- ni bien terminó de hablar la
secretaria pronunció su nombre y apellido, era su turno de entrar. Me puse de pie y la ayude a ponerse de
pie –Gracias, mira, si no es un atrevimiento de mi parte, toma- sacó una pequeña tarjeta de su billetera. –
Llámame, estoy en mi casa todo el día. Podríamos charlar un rato y conocerías a mis niños, para que te
vayas haciendo una idea de lo que te espera- me guiñó un ojo.
-Eso es muy dulce, no dudes que lo haré-
Alrededor de media hora pasó hasta que Ria salió despidiéndose con un beso en cada mejilla y tres minutos
más tarde la secretaria me ordenó entrar a la oficina del doctor.
-Buenas tarde- caminé hasta llegar frente al escritorio donde el hombre, de unos casi sesenta años, tenía su
vista fijada en la pantalla del ordenador.
-Señorita Collingwood- se paró y señaló el sillón frente –Es un honor que haya elegido mis servicios, por
favor, tome asiento-
-Gracias Doctor Melton, tuve muy buenos comentarios sobre ustedEl
señor asintió con una sonrisa –Su hermana me comentó que su prometido y usted están buscando
concebir un hijo, cuénteme cual es el problema-
-No estoy segura que haya algún problema, es solo que todos los test que me he realizado dan negativos,
¿Cree que es muy pronto una semana y media?-
-En realidad sí, pero para su seguridad podemos realizar un par de pruebas adicionales, nunca estándemás, podemos chequear su estado en general y comprobar que todo esté bien ¿Está de acuerdo?-
-Eso sería excelente Pasé la tarde en su pequeña y exclusiva clínica dónde me realizaron todo tipo de estudios, al día siguiente,por la mañana, volvería por los resultados.

Cuando llegué al palacio, eran cerca de las ocho de la noche. Subí a mi cuarto a darme un relajante baño y
cambiar mi atuendo por algo más cómodo.
Llevaba un buen rato recostada en la bañera cuando escuché la puerta de la habitación abrirse y unos
pasos dirigirse hacia dónde me encontraba.
-Te he extrañado hoy princesa, Jess dijo que habías ido al doctor ¿Por qué no me avisaste? Te habría
acompañado- se quitó la pesada chaqueta del traje y la lanzó hacia la habitación. Y siguió hasta deshacerse
de todas sus prendas.
-Estabas ocupado, además solo era una consulta- me acomodé para dejarle entrar.
-¿Y qué fue lo que dijo?-
-Tengo que volver mañana, me realizaron unas pruebas y estarán listos los resultados en la mañana.- con
sumo cuidado de no resbalar me situé apoyando la espalda en su pecho mojado.
-¿Quieres que vaya contigo? Puedo llamar ahora mismo y cancelar la reunión con el consejo-
-No puedes cancelar una reunión con el consejo, ya sabes que eso trae muchos problemas. Puedo ir sola,
solo son unos chequeos – me giré para besarlo en los labios. –Oh, y conseguí una amiga en el consultorio,
no sabes lo agradable que era, se llama Ria Ballas y es mamá de cuatro niños y una pequeña que está en
camino, y solo tiene veintinueve años!-
-Wow, esos son demasiados niños- me miró desconfiado –Solo no te dejes influenciar demasiado-
-Ella parece tan feliz, trabaja desde su casa y así puede pasar tiempo con los niños, me dio su tarjeta y voy a
llamar para visitar a los niños, puede ser de mucha ayuda, y más cuando nazca la niñaEn
su rostro se asomó una gran sonrisa – ¿Te he dicho lo hermosa que eres?-
-¡Alioth! No me cambies de tema ¿No te alegra lo que te cuento?-
-Cariño- me abrazó con fuerza –No puedo expresarte con palabras lo feliz que me hace que pienses en
nuestro futuro-
Sonreí satisfecha –Entonces, quiero decirte que yo quiero una familia igual de grande que la de Ria, tal vez
más. Ellos se conforman con una niña, pero no sería justo al menos quiero dos niños y dos niñas- Poco faltó
para que sus ojos salieron de sus órbitas pero no lo dejé hablar y continué –Y así de seguidos como los de
ella, no quiero ser una mamá vieja y amargada. Ya que tenemos que empezar desde ahora, antes de llegar
a los treinta quiero tener al menos tres-
-Tranquila mi amor, tiempo es lo que sobra, no te apresures- besó mi frente y acarició mi vientre con solo
dos dedos. –Si es una niña deberíamos llamarla como tú-
-No, eso sería demasiado. Además pondría celosa a su otra hermanaRió
sonoramente –Te amo Brianna- dijo finalmente.
**********

Le pedí a uno de los choferes que me llevara al consultorio, me sentía demasiado nerviosa para conducir.
Impaciente, caminé de un lado al otro en la sala de espera esperando mi turno de entrar. Todo tenía que
salir bien, necesitaba que fuera así. Los asuntos empeoraban cada vez más para mi prometido y aunque él
lo negara, sabía que sus padres insistían y presionaban continuamente. Además, la noche anterior me
había comunicado con Ria quien esperaba que en tres meses naciera su hija y el solo hecho de escucharla
hablar de sus planes y compras despertaba en mí un sentimiento extraño, y cada vez deseaba más ser
como ella.
Tal vez, el hecho de no haber tenido nunca una familia feliz y unida era la causa de esa ansiedad. Quería
representar para alguien lo que mi madre nunca había representado para mí, ni Arlet para Alioth. Ellas eran
dos mujeres frías a las que solo les importaba las apariencias, y que puertas adentro se olvidaban por
completo que tenían hijos que reclamaban afecto y cariño.
-Señorita Collingwood, pase por favor- la secretaria habló después de salir de la oficina del doctor.
Asentí con rapidez ingresé al mismo sitio donde había estado la tarde anterior. Estreché la mano que me
ofrecía el doctor y sin más vueltas abordé el punto de esta visita. -¿Cómo ha salido todo? ¿Estoy
embarazada?-
Vaciló antes de contestar, una mala señal – ¿Su esposo no la acompaña tampoco hoy?-
-Prometido- corregí –Tenía una reunión y no podía cancelarla ¿Hay algún problema con eso?-
Entrelazó sus dedos apoyando los codos sobre el escritorio –Es solo que tal vez debería estar acompañada-
Si antes de entrar estaba intranquila, con la actitud del hombre comenzaba a ponerme histérica -¿Qué es lo
que está ocurriendo doctor?- clavé las uñas en los posa brazos del sofá.
-Su salud, en general es buena, pero lamento tener que decirle que los test que se había realizado
anteriormente, no estaban equivocados-
-Oh- fue lo que único que pude decir con un dolor en el pecho.
-Pero hay una razón para eso, usted padece una afección que no le permite quedar embarazada-
-¿Cómo?- <<Eso no puede ser verdad>>
-No es algo normal, pero lo que sí lo es, es que no haya presentado ningún síntoma, sucede en el cincuenta
por ciento de los casosSacudí
la cabeza -¿Está queriendo decir que no voy a poder tener hijos? ¿Nunca?- me puse de pie y afirmé
las manos en la mesa inclinándome hacia adelante para obligarlo a verme a los ojos.
-Existe un tratamiento, que tal vez pueda ser efectivo en una mujer joven como ust…-
-¿Tal vez?- grité antes de que un nudo en la garganta me impidiera continuar.
-No pierde nada con intentarlo, si no funciona, siempre hay otras opciones si quieren ser padres- Suficiente,
no podía seguir oyendo. Tomé el bolso y corrí hasta llegar al coche y saltar en el asiento trasero.
Solté todo el llanto que había guardado en el camino. ¿Qué iba a hacer ahora? Iba a fallar como esposa, como mujer. ¿Cómo decirles al rey y la reina que no podía darle lo que tanto necesitaban?
Capitulo 18: Difícil decisión.

Si había algo que no estaba dispuesta a hacer era enfrentar a todos y decirles la verdad esperando que todo
continuara con normalidad. Porque tenía claros los sentimientos de Alioth hacia mí, y porque lo conocía
demasiado bien, estaba un cien por ciento segura de cual sería su reacción. Si era egoísta, y no iba a negar
que lo fuera, podía considerar esa opción. El diría que no importaba, que eso era un detalle que podríamos
solucionar juntos, y si no era así, lo olvidaríamos. Pero sabía que no podría vivir con eso. Que perdiera su
título por mi culpa sería demasiado.
Pero cuando se trataba de él, no podía pensar en mi, era imposible. Además ¿Qué sería del reino en el
futuro con un rey con Scott? Daba escalofríos de solo pensarlo. El no tenía ni la más mínima de idea del
trabajo y el esfuerzo que su familia había puesto en hacer de este, un país próspero, envidiable, respetado.
Alioth sí. Y nadie mejor que él para continuar con eso, y mejorarlo si era posible.
La segunda opción era confrontarlo, mentirle y decirle que no lo amaba, que no podía casarme con él, que
no sería justo. Romper el compromiso y esperar que me odiara y encontrara a una mujer completa que
pudiera darle lo que necesitaba. ¿Pero a quién quería engañar? No podría jamás decirle algo como eso.
Además ¿Quién lo creería? Indudablemente él no.
Y dicen que la tercera es la vencida, y en mi caso, la tercera opción, sería una verificación de ello. Tenía que
alejarme de él. Y no solo alejarme, de volver a mi casa y esconderme hasta que un milagro llegase, golpeara
mi puerta y dijera, “Tranquila Brianna, tu problema está resuelto, regresa con tu amado, en nueve meses
tendrás un regalito”. No. Tenía que desaparecer, ir a un lugar dónde no le fuera fácil encontrarme. Y
permanecer allí hasta que… Bueno, no estaba segura hasta cuándo.
Regresé al palacio tratando por todos los medios de no ser descubierta por nadie de la familia y sonriendo a
cada miembro del servicio que me cruzaba, aparentando completa calma.
Entré a la habitación y observé el reloj que colgaba sobre la pared frente a la ventana, eran casi las once, las
reuniones del consejo siempre finalizaban a mediodía, con suerte para ellos, y no para mí esta vez,
eventualmente lo hacían unos diez minutos antes, si tenía suerte, este día no sería en caso.
Si no quería llamar demasiado la atención, no podría llevar excesivo equipaje. Solo lo necesario, compraría
el resto dónde me detuviera.
Antes de comenzar a preparar las cosas, llamé al servicio de abajo y mandé a preparar el único coche de mi
propiedad que tenía en ese lugar, el resto aún estaba en casa de mis padres.
Varios pares de sandalias y unos pocos de zapatos, no iría a ninguna fiesta elegante, ni cualquier otra. Las
prendas más “normales” que habían quedado en mi armario se había reducido en número desde mi llegada
al palacio debido a los ataques de las mellizas y de los regalos de Arlet que insistía en vestirme como ella.
Las lancé dentro de la maleta con la ropa interior que había seleccionado de uno de los cajones.
-Vamos, vamos, vamos- eran once y veinte. Ya casi estaba acabando, pero me faltaba lo más importante.
No iba a irme sin darle una explicación ni despedirme, claro estaba no sería personalmente, solo quedaba
una opción.
Busqué un cuadernillo en el pequeño escritorio que mi prometido tenía allí y una lapicera para comenzar.
Alioth Van Helmont, mi mejor amigo, mi único amor:
Si estás leyendo esto, significa que ya estoy lejos de ti. La
visita al doctor no salió como esperaba, es más, todo está cabeza abajo y ya no puedo permanecer
aquí. No daré demasiadas vueltas y te diré la verdad. Algo está mal en mí, no puedo concebir, no
podré darte un hijo nunca y es por eso que decidí marcharme. Es lo mejor aunque nos duela a ambos,
no fue fácil para mí Alioth, pero es lo mejor. Tienes que seguir con tu vida, encontrar a alguien, por tu
bien, por el del reino.
Jamás dudes que te ame o que haya alguna otra razón por la que te abandoné, porque no existe
persona en el mundo que me importe más que tú. No me busques, no tendría sentido. No quiero
regresar, eso, me lastimaría más. No deseo verte con otra persona hasta que mi corazón sane por
completo. Si fuera posible. Se fuerte, madura, acepta la realidad y olvídame.
Te ama, Brianna.
Doblé la hoja por la mitad y la dejé sobre la cama en un lugar visible, encima de mi almohadón, y junto al
papel, el anillo de compromiso.
Sequé las lágrimas de mis ojos y mejillas al escuchar que llamaban en la puerta.
-Lleve esto al coche y guárdelo en el maletero, tenga cuidado, son objetos para donar-mentí.
-Oh, ¿Los llevará usted misma? La señora las mandas con uno de sus asistentes cada mes, si quiere puedo
buscarla…-
-No es necesario, iré por mi cuenta-
-Muy bien, señorita. –
Cerré la puerta y corrí al baño para encerrarme y retocar mi maquillaje.
Una vez lista, luego de dar una vuelta por la habitación, como despidiéndome de todo.
Bajaba las interminables escaleras del frente del castillo cuando creí que el plan estaba arruinado.
Lentamente y con la mejor sonrisa que pude fingir lo esperé.
-¿Ibas a algún lado?- me tomó por la cintura y besó mis labios en forma suave.
-Olvidé algo en el coche, iba a por él- no quité la vista de sus ojos, era lindo poder verlo una última vez. –
¿Cómo estuvo la reunión?-
-Una tortura, como todas las demásPasé
mis brazos alrededor de su cuello y me acerqué a besarlo de una forma que me permitiría tener el
sabor de sus labios por un largo tiempo. Enredé mis dedos en su rubio cabello –Te amo Alioth- juntamos
ambas frentes y chocamos narices.
-No creo que tanto como yo- sonrió -¿Vamos arriba y me cuentas como estuvo tu cita con el médico?-
Tragué con dificultad pensando en que decir, sin levantar sospechas. –Adelántate, iré hasta el coche y
enseguida estoy contigo-
-¿Qué dejaste tan importante? ¿No puede esperar?-
Sacudí la cabeza –El celular- fue lo primero que se me ocurrió. –Solo ve cariño, me tomará un segundo-
-Bien, no te demores, estoy ansioso Lo observé alejarse unos metros, me apresuré a llegar al coche y salir de allí a toda velocidad antes de que lograra leer la carta y enviar a alguien a detenerme.
Capitulo 19: Lejos
Llevaba horas conduciendo el Mini Cooper blanco, que por cierto era demasiado incómodo. El llanto había
cesado hacía un rato, pero mis ojos ardían en consecuencia, además, la respiración no lograba
normalizarse.
Detuve el coche en la banquina y miré el celular que había puesto en silencio para manejar sin más
distracciones que lo que significaba mi atormentada cabecita. Eran las 18.53 hs, tenía sesenta y cinco
llamadas perdidas, y a simple vista parecía que no todas eran de Alioth, de seguro mi familia ya estaba
enterada. Cuarenta y nueve mensajes y seguían entrando. Borré todo sin abrirlos.
Lo coloqué pantalla hacía abajo en el asiento de al lado y encendí el coche nuevamente.
Kilómetros más adelante por esa misma carretera, decidí entrar en una estación de servicio y comprar un
mapa además de un poco de comida y un termo lleno de café bien cargado. No tenía hambre, pero era
necesario para mantenerme despierta y lúcida. Lo peor que podía ocurrirme era tener un accidente por
distraída y terminar en un hospital.
Y de nuevo con los ojos en la autopista, ya no sabía dónde estaba ni hacía dónde me dirigía. Las horas
pasaban y podía notarlo porque el sol se escondía lentamente, dando lugar a la oscura noche.
Cuando amaneció, mi cuerpo no resistía. Disminuí la velocidad hasta que encontré un camino por el cual
bajar y me detuve por un momento.
La brisa era distinta, especial, enseguida supe que muy cerca se encontraba el mar. No había pensado en
eso antes, la playa, un pueblo pequeño sin demasiados turistas. Ese sin dudas, era un lugar perfecto para
esconderme, relajarme e intentar dejar atrás toda esa loca y descontrolada vida.
********************
Cien metros. Esa era la distancia que había desde la pequeña cabaña que había logrado alquilar, hasta la
playa más cercana. Claramente podía oír el sonido del romper de las olas. El pueblo era casi fantasma,
pocos habitantes, escasas cabañas, y un diminuto mercadillo en el centro. El dueño de la cabaña, era un
hombre de unos cuarenta años, quien compartía la suya con su esposa, que, irónicamente para mí, estaba
embarazada.
Cargue la maleta hasta la habitación y pensé en acomodar mis pertenencias pero el cansancio estaba
ganando, así que opté por recuperar las horas de sueño perdidas.
Abrí los ojos, no había una parte de mi cuerpo que no sintiera dolor. Había conducido sin parar durante
casi veinte horas, no era para menos. Sumando que estaba vestida y la cama no era demasiado confortable
en comparación a la de Alioth, dónde me había acostumbrado a dormir, entre sus brazos, sintiendo su
respiración tan cerca que se confundía con la mía. Su perfume, todo sobre él me hacía sentir cómoda.
-Jamás voy a olvidarte- suspiré mirando hacia el techo antes de ponerme de pie. -JamásMiré
el teléfono sobre una mesita conectado al cable, la batería estaba casi agotada cuando llegué y ni
siquiera lo había usado. Las llamadas y los mensajes entraban sin parar, de seguro eso la había agotado.
Me acerqué a desconectarlo y lo observé por un momento. Eran solo las siete treinta y cuatro, no había
anochecido, pero el sol se hacía más próximo al horizonte.
Tenía que llamar a alguien y hacerle saber que estaba bien, de lo contrario, me denunciarían como
desaparecida.
¿Pero a quién? Todos intentarían convencerme de regresar y no estaba de humor para regaños ni súplicas.
No sería capaz de soportarlo. Ni mucho menos, que alguien me convenciera que estaba equivocada.
-¿Brianna? Por dios, ¿Eres tú? No sabes lo preocupada que estaba por ti, el príncipe estuvo aquí y…-
Suspiré, la pobre de Ria ya había sido interceptada.
-Tranquila, estoy bien. Te llamé a ti porque no quiero escuchar reproches de nadie. Sé que no somos
exactamente unidas pero…–
-Está bien, me halaga, cariño, enserio. ¿Dónde estás?-
-Eso no importa. No voy a ponerte en aprietos, así no tendrás que mentirles.-
-Es que no sabes lo que estás haciendo Brianna. El príncipe estaba destrozado cuando vino anoche, no sabe
dónde más buscarte, los guardias están registrándolo todo, interrogan a cualquier persona, la búsqueda se
ha extendido a las ciudades vecinas...-
-Sabía que eso pasaría- me lamenté reclinándome sobre el sillón.
-¿Es cierto lo que le dijiste?- su voz se suavizó aún más.
-¿Te contó eso también?-
-No, tu hermana lo hizo, ella lo acompañaba. Se supone que debo llamarlos si se de algo…-
-Hazlo, diles que hablaste conmigo, que estoy bien y que dejen de buscarme, los llamaré cuando tenga
fuerzas para hacerlo. Que lo siento, pero era lo correcto.-
-Sabes que eso no es cierto-
-¿Qué más iba a hacer? Ria, no soy como tú. Tú tienes esa maravillosa familia feliz, que continúa creciendo.
Yo no puedo darle eso a Alioth, no podré jamás. – Y otra vez las malditas lágrimas. –No espero que me
entiendas ni que nadie lo haga, pero es como me siento y no puedo remediarlo.-
-Siempre hay una solución- Su voz tan tranquila me estaba fastidiando – ¡Hay tantos métodos para ser
padres! Bri, regresa a su ladoSonreí
por su optimismo, en cierta forma se parecía mucho a Zoe. Pero si hubiera una solución el doctor me
lo habría informado –Solo dales mi mensaje a ellos Ria, saluda a tus pequeños de mi parte, y llámame por
alguna novedad en tu embarazo. ¿Sí? Adiós- corté, pero solo me sentía peor.
Alioth estaba buscándome, preocupado y triste. Por mi culpa. No iba a llamarlo, definitivamente no. Pero
tal vez…
-No- sacudí la cabeza, solo empeoraría las cosas.
Me dirigí a la habitación dispuesta tumbarme en la cama y continuar durmiendo. Me quité los zapatos, la
ropa, me puse un cómodo pijama y me acosté.
-Imposible-Bufé. No iba a lograrlo, para empezar no tenía sueño y la charla con mi nueva amiga solo había
aumentado mis nervios. Por otra parte, nunca, desde que mi memoria me permitía, recordaba haber
pasado más de un día sin hablar con mi príncipe. En especial, si conocía como se sentía en ese momento.
A grandes zancadas volví hasta dónde guardaba el celular y lo llevé a mi habitación.
“Estoy bien, no te preocupes más. Odio hacerte sufrir. Espero que algún día puedas perdonarme. No
debería decir esto porque solo lo hace más difícil. Pero te amo. Tenía que decirlo. Descansa”
Presioné enviar, y esperé la respuesta que llegó enseguida, tal y como lo esperaba.
“¿Dónde estás? Te necesito, regresa. Te amo mi amor.” Me detuve a pensar si responder o no. Antes de
que pudiera decidir, otro llegó.
“Voy a encontrarte, te lo juro Brianna. Recuerda quien soy” Típico de él. Usando su título cuando le era conveniente.
Pero si estaba conmigo, iba a perderlo. No sería capaz de cargar con esa culpa.

Capitulo 20: Far Away

Caminé por la orilla de la playa, observado todo a mi alrededor. Llevaba una semana aquí y eso era lo único
que hacía. No por falta de voluntad, sino porque no tenía idea de cómo hacerlo. En toda mi vida, jamás
había encendido una lavadora, y mucho menos lavado algo con mis manos. Tampoco sabía cocinar, por lo
que solo comía snacks que compraba en el mercado o iba a la única cafetería que había en el pueblo. De la
limpieza de la casa, mejor ni hablar ¡Qué desastre era! Tenía que contratar urgente una mucama, si podía
encontrar alguna en este lugar.
De todos los pueblos de Sourmun, había elegido el más pequeño y tranquilo, de eso no cabía duda. Pero
comenzaba a fastidiarme, el silencio, la soledad solo empeoraban mi estado de ánimo, si eso era posible.
Rara vez la gente visitaba la playa y de turistas no había rastros. Supuse que nadie querría vacacionar en un
lugar tan… aburrido. Pero no se podía negar que la extensa playa y el limpio, azul y sereno mar eran una
belleza, no había conocido ningún otro sitio igual en el reino.
Dejé que la arena mezclada con el agua que apenas me alcanzaba se colara entre los dedos de mis pies, la
brisa marina me envolviera y el sol que estaba a punto de esconderse calentara levemente mi piel. Se sentía
tan bien.
Hasta que cerraba mis ojos un momento y al instante apareciera él en mis pensamientos. Nos imaginaba,
juntos, paseando a esta misma hora, trazando este mismo recorrido. Pateé salpicando unas gotas de agua
en el aire. Todo siempre terminaba en el. Todos mis pensamientos siempre seguían ese camino y terminaba
por deprimirme, deseando llamarlo, decirle donde estaba y escondernos aquí por siempre. Lo más rápido
posible alejaba esas ideas de mi cabeza. Eso no iba a ocurrir. Nunca.
Me volví hacia el horizonte, donde el mar y el cielo se fusionaban. Me senté y me concentré en esa vista por
un momento. Como cada día, esperando que el sol bajara y observándolo hasta que ya no podía apreciarse.
-Es hermoso ¿Cierto?- escuché una voz femenina a mis espaldas.
Volteé a verla –Muy cierto- respondí al reconocerla. Carol, la esposa del dueño de la cabaña que alquilaba, y
también, mi vecina.
Con cuidado se sentó a mi lado, parecía un trabajo difícil con su enorme barriga -¿Y cómo va todo?-
-Bien, supongo- dije mirando al frente.
Ella rió. –No quiero resultarte entrometida, pero como verás es un pueblo bastante pequeño y los rumores
circulan rápido…-
-Oh no- solté, si no eran paparazzi, eran los chismosos, estaba destinada a que mi vida fuera expuesta y
criticada -¿Qué es lo que dicen de mí?-
-Muchas cosas- mantuvo su sonrisa – Para empezar tu coche, es que digamos que es un poco extravaganteLevanté
una ceja -¿Extravagante? Es solo un Mini Cooper-
-También he escuchado que almuerzas y cenas en lo de Marks- ese era el nombre de la cafetería
responsable de mi menú diario.
-Soy bastante mala en la cocina… O cualquier cosa que se refiera a los quehaceres en una casa- tuve que
reconocer. No era mi culpa después de todo, nunca me habían parecido importantes. Alguien se ocupaba
de eso, siempre.
Soltó una carcajada –No creo que eso sea posible, solo pienso que eres un poco perezosa-
-Créeme que no. Es que no creí necesario aprender todas esas cosas. Es más, aún no he podido hacer
funcionar a la lavadora. Pero no te preocupes llevaré mi ropa a una lavandería en cuanto encuentre una…-
-No hay lavanderías en el pueblo- <<Genial, lo que me faltaba>> Suspiré – Te ayudaré con ese tema, y si
aceptas, puedes ayudarme a cocinar en mi casa, aprenderás y tendrás compañía para almorzar, cenar, lo
que sea-
-Eres una persona muy amable Carol, pero no puedo aceptar eso. Lo de la lavadora si, y es que no tengo
otra opción. Pero…-
-Sin peros. No hay excusa que valga, ¿O me estás dando la razón al decir que eres perezosa?-
-Bien, iré. Pero luego no te quejes si incendio la cocina o algo peor-
Sonrió triunfal. –Sabes, todos se preguntan que hace una chica tan refinada y bonita cómo tú, sola en un
pueblo como este-
-Escapando- contesté de forma natural evaluando su reacción –Y este me pareció un buen escondite- me
encogí de hombros.
-¿Escapando?- repitió con temor.
Asentí –Del rey y su familia.-
-Oh por Dios ¿Qué fue lo que hiciste?- Ya no estaba atemorizada, sino horrorizada. Iba a divertirme un rato,
pero cuando la vi posar una mano sobre su barriga me detuve. Tal vez eso no fuera bueno para el bebé.
-¿Puedo confiar en ti Carol?- hablé esta vez, más calma.
-Por supuesto, pero si asesinaste a alguien o eres de la mafia, no quiero saberloNo
pude evitar reír ante ese comentario –Ojala fuera cierto, pero no es eso. La verdad es que estoy
escapando de ellos para ayudarlo, hacerles un favor. ¿Sabías que el príncipe Alioth está comprometido?-
-Oh, sí. Mi hermana es una gran fan, me contó cuando hablamos por teléfono la semana pasada, ella vive en
la capital. Pero verás que no somos grandes fan de la tecnología. Ni siquiera tenemos TV por cable, así que
no estamos al tanto de los últimos cotilleos de la familia real-
-Eso es un gran alivio- pensé en voz alta y ella respondió con una mirada confusa –Yo soy su prometidaaclaré.
–O era… No estoy muy segura de mi situación en este momento-
-¿Tú? ¿La prometida del príncipe?- asentí -¿Pero… Qué…? ¿Qué estás haciendo aquí?-
-Escapando, ya te lo dije-
-No lo entiendo-
-Bueno, ellos necesitan un heredero. Debo quedar embarazada lo antes posible, para que no le quiten a
Alioth su derecho al trono y lo reemplacen por su primo Scott-
-Y sigo sin comprenderte ¿Cuál es el problema? ¿No quieres tener hijos o no quieres casarte con él?-
-Desde hace poco, y sorprendiéndome a mí misma, eso es lo único que deseo.-
-¿Entonces? ¿Qué estás haciendo aquí Brianna? ¿Por qué no estás preparándote para una gran boda?-
intentó ponerse de pie, pero falló.
-No puedo tener hijos, no porque no quiera, no puedo. Estoy fallada-
-Oh- fue toda su respuesta. Y allí estaba la mirada. Esa que había tratado de evitar por tanto.
-No me mires así.- le apunté. –No hay nada que pueda hacer-
-Lo siento. Pero creo que deberías saber que siempre hay una solución en ese tema.-
-Claro que sí- fingí una sonrisa –Él debe buscar una nueva esposa que no esté defectuosa –
-No me refería a eso. Muchas parejas que quieren tener hijos, y no pueden…- dijo, seria.
-Ya lo sé.- interrumpí- Pero en este caso, esa no es una opción válida. Tiene que ser legítimo- continué
mirando hacia el horizonte. El sol ya estaba del otro lado.
-Guardaré el secreto- dijo finalmente.

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:45 am

Esa noche, después de una agradable cena con Carol y su esposo Ted, quienes con su fantástico humor y
simpatía hicieron que me olvidara de mis problemas momentáneamente. Ya no me sentiría tan sola, al
menos tendría una amiga.
Al regresar a mi cabaña, me detuve cerca de la mesita donde siempre se encontraba mi celular. Una
punzada en el corazón me hizo tomar asiento. ¡Ni un solo mensaje!
Desde la semana anterior, todo los días y a toda hora, tenía un mensaje de él. Mi príncipe, y sabiendo que
estaba mal. Me alegraba de todas formas. Sus palabras dulces y promesas para el futuro me hacían soñar
por momentos.
Ese día, fue diferente. No había nada. ¿Qué ocurriría? ¿Se estaba olvidando de mi? ¿Tan rápido? <<Mi culpa por no responderle nunca>> pensé. Pero ese era el propósito, y si lo lograba cuanto antes, sería lo mejor.
Encontraría a alguien más y se casaría, tal vez, con la misma fecha pactada para nuestra boda. Dentro de seis días.

Capitulo 21: It's All Coming Back To Me Now

Tres días. Ese era el tiempo que faltaba para el día de mi boda. Una a la que no iba a asistir.
Tres días. Ese era el tiempo en el que no había recibido ninguna señal de mi prometido.
Estaba comenzando a impacientarme, pero al mismo tiempo, trataba de convencerme que era lo mejor. El
objetivo de mi plan de escapar y ocultarme por un tiempo, era que se olvidara de mí y pudiera continuar
con su vida. ¿Pero por qué me sentía de este modo?
Arrojé todas las prendas de color claro en la lavadora y volqué, un poco, solo un poco de jabón en polvo. Leí
las anotaciones que Carol había dejado pegadas en la pared. El siguiente paso, cerrar la tapa, y presionar el
botón celeste de encendido.
Una vez hecho me recosté en la pared, admirando mi trabajo. –No fue tan difícil después de todo- Por lo
menos, eso era un progreso. Pequeño, pero progreso al fin.
**********************
-Papas rellenas y un jugo de naranja por favor.- ordené al mismo joven que cada día y tarde atendía mi
pedido.
-Enseguida señoritaEse
día, Carol y Ted, había ido a una de las ciudades más cercanas para un control prenatal y no tuve más
opción que salir a comer al pueblo. Puede que hubiera logrado hacer funcionar la lavadora, pero cocinar se
veía un trabajo muy peligroso estando sola. ¿Qué si prendía fuego la cocina? La cabaña era completamente
de madera, no tardaría en arder.
La rutina comenzaba a cansarme, caminar por la playa, correr, cocinar con Carol o salir al mercado. ¿Cómo
podía alguien pasar toda su vida así? Bueno, ella tenía una ventaja. Su esposo y el bebé en camino. Por
momentos deseaba alejarme de ella, percibir su buen ánimo siempre, al contrario de contagiarme, lo
empeoraba.
Dejé sobre la mesa el dinero suficiente para cubrir la cuenta y una buena propina, lo único que faltaba era
que se agregara el rumor de que era tacaña.
Me desplomé sobre la cama rebotando varias veces en el colchón. Me concentré en el silencio que inundaba
la habitación.
Miré el reloj, un cuarto de hora había pasado desde la última vez, me había dormido sintiendo como si
hubieran pasado horas al despertar. Equivocada. Solo quince minutos, ¡Nada más que unos miserables
quince minutos!
Unos golpes en la puerta hicieron que saltara y me pusiera de pie. ¿Quién podría ser? Mis únicos vecinos
estaban fuera y no conocía a nadie más. Desconfiada caminé hacia la puerta, pero luego recordé ¿Por qué
preocuparme? Las personas dormían con las ventanas abiertas, y Ted había asegurado que no era
necesario activar la alarma del coche cada vez que bajaba al mercadillo.
Sin siquiera mirar ni preguntar quién era, quité el seguro, y abrí.
No supe que decir, ni que hacer. Intenté cerrar la puerta pero la detuvo en un santiamén atrancándola con
el pie. No era gracioso ni divertido para mí, pero él mostraba una enorme sonrisa.
-¿Qué…- eso fue todo, las palabras quedaban atascadas en mi garganta.
-Dije que te encontraría - no respondí, atontada y aturdida, solo lo observé analizando en mi mente si se
trataba de un sueño –Mi amor ¿Estás bien?- pasó su pulgar por mi barbilla.
-¿Qué estás haciendo Alioth? ¿Qué estás haciendo aquí?-
-¿Qué crees? Vine por ti, se terminaron las vacaciones bebé, la boda es en menos de tres días- cruzó el
umbral de la puerta y entró sin permiso.
Sacudí la cabeza ¿Qué pasaba con él? -¿Qué estás haciendo?- repetí siguiéndolo mientras él examinaba la
cabaña.
Se frenó de forma brusca y volteó a verme, clavando esos hermosos ojos en los míos. Contuve el aliento por
unos instantes, esa mirada decía tantas cosas. Montones de sensaciones me invadieron cuando sujetó mi
cintura con sus fuertes manos llevándome hacia él hasta juntar nuestras frentes, y besar mi nariz.
-¿Tienes idea de lo mucho que te extrañé todo este tiempo?-
-Alioth…- susurré conmovida por su apagada voz.
-Vuelve-
-No puedoEl
agarré se volvió más fuerte, ya no eran sus manos las que me sostenían, sus brazos enteros abrazaban mi
cuerpo –Te necesito Brianna y sé que tú a miAbrí
la boca para responder pero otro golpe se escuchó desde la puerta. -¿Esperabas a alguien?-
prácticamente gruñó <<Celoso>>
Sonreí –Tal vez Ted haya regresado-
-¿Quién es Ted?- dijo tensando los músculos de su rostro.
-Un amigo- << ¿Pero que estoy haciendo? >> Me regañé internamente, conociéndolo no tardaría en salir y
golpear al pobre muchacho.
Me escabullí y apresuré hasta la entrada.
Cómo había predicho –Ted, no los esperaba tan temprano ¿Cómo les fue?-
-De maravilla- su expresión alegre cambio por una de confusión –Lamento molestar, Carol me envió para
avisarte que llegamos, quería mostrarle algo…- enmudeció y miró sobre mi hombro.
-Buenas tardes- reprimí una risa al escucharlo, ya podía imaginar las ideas que cruzaban por su cabeza en
este momento. -¿No me presentas a tu amigo cariño?-
-El es Ted, el dueño de la cabaña.- Hablé posando la mirada en Carol que sacudía su mano en el aire
mientras se acercaba cargando bolsas de papel con ella. -¿Puede con todo eso sola?-
Ambos hombres volcaron su atención en lo mismo que yo. – ¡Carol! ¿Qué se supone que estás haciendo?-
gritó acercándose a su esposa y vaciando sus manos.
-¿De dónde conoces a ese tipo?- el rubio aprovechó el alejamiento y habló.
Es el dueño de la cabaña, vi el cartel de alquiler temporario, y me dirigí a la casa señalada- señalé.
-¿Quién es ella?-
-Su esposa, Carol, me ha estado ayudando con las cosas de la casa desde hace unos días. Hasta aprendí a
utilizar la lavadora ¿Puedes creerlo?- eso definitivamente era un logro para mi, aunque a muchos les
resultara absurdo.
Se carcajeó – Eso es increíble cariño ¿Quién lo diría?-
-No me llames así- hacía que mi corazón palpitara con fuerza, no podría controlar las ganas de tirarme
sobre él si seguía tratándome de ese modo, respirando tan cerca, rozando mi piel, y llamándome así.
Acarició mis hombros cubiertos solo por una fina tira que sostenía el vestido que llevaba, me estremecí al
sentir sus labios en uno de ellos –Si no recuerdo mal, te encantaba que te llamara así, cariño-
Nuevamente nos vimos interrumpidos por terceros -¡Invita a tu amigo Bri! ¡Esta noche prepararemos algo
especial tenemos que festejar!- Pude ver la gran sonrisa de Carol a la distancia, seguramente el motivo de
festejo sería su bebé ¿Qué más? No existía nada en el mundo más importante para ella que su hijo, o hija tal
vez.
-Creo que deberíamos salir lo antes posible, te gustará descansar antes de la boda- dijo una vez que el
silencio volvió a reinar.
Suspiré mirando al cielo << ¿Cómo tenía que explicarle que no volvería? >>
-¿No has cancelado la boda aún?- junté valor para enfrentarlo.
-¿Por qué haría algo cómo eso?- frunció el seño.
Mi paciencia y fuerzas comenzaban a agotarse -¿No leíste la carta? ¿No te explicó Ria lo que le dije? No
puedo casarme contigo ¡Entiende! No puedo…- escondí el rostro entre detrás de mi cabello, sentía los ojos
arder y nublarse la vista a causa de las lágrimas que se acumulaban.
-Leí esa carta más de cien veces intentando comprender los que decías, al principio creí que se trataba de
una broma, pero cuando no regresaste… ¿Por qué te fuiste de ese modo? ¿Por qué no hablaste conmigo?-
Alcé el mentón solo un poco para descubrir sus ojos brillosos –No quería interferir en tus planes, necesitan
un heredero y yo no puedo dárselos.-
-¿Mis planes? ¿Te estás escuchando Bri?- me tomó por los hombros sacudiéndome suavemente -No hay
planes si no estás, mi futuro es a tu lado-
-Tu futuro es ser el rey de este país, un rey mucho mejor que el que podría ser Scott- afirmé –Y estoy
dispuesta a sacrificar lo nuestro, por la seguridad y bienestar del puebloCurvó
los labios –Renuncié al trono- pronunció firme –Cuando te encontré, hace tres días. Convoqué una
reunión con el consejo y presenté mi renuncia –
Perpleja por lo que había escuchado, retrocedí -¿Por qué harías algo cómo eso?-
-¡Porque estoy harto de cargar con ese maldito título! ¡Porque te amo y no puedo estar contigo por ello!-
-No puedes renunciar, no por mi culpa ¡Lo ves! Esto es exactamente lo que traté de impedir, por eso me
alejé- sin poder retener el llanto, me desahogué.
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-No es por tu culpa- musitó sereno – No llores, Bri mírame- me rehusé una vez, pero me obligó cuando se
inclinó hasta la altura de mis ojos. –No seas caprichosa y regresa a casa, todos están preocupados por ti-
-Estoy enferma Alioth, nunca podré darte hijos, no sirvo como mujer, estoy defectuosa ¿Por qué querrías
casarte conmigo?-
-Esas son puras tonterías, no estás enferma ni defectuosa.-
-Deberías hablar con el doctor…-
-Ya lo hice, oh cariño, si supieras lo que he hecho estas semanas buscando una forma para que regresarassonrió
–El doctor Melton te dijo que había un tratamiento-
-Que tal vez- resalté –Podría ayudarme, un “tal vez” no nos sirve-
-¿Qué perdemos con intentarlo? Hay más posibilidades de que funcione que no lo haga, además no
tenemos ninguna prisa ahora- acarició mi mejilla con la yema de sus dedos. –No hay nada que nos detenga
para ser felices
-Tienes que asumir tus responsabilidades, tu familia y todo el reino espera que lo hagas- por una vez en mi
vida intentaba ser razonable, pero parecía no entender.
-Si es lo que deseas, lo haré. Pero solo si estás a mi lado- enredando los dedos en su cabello me miró
suplicante. –Y en cuando a los herederos, te juro, amor mío, que hallaremos una solución- dio por
finalizada la conversación colocando el anillo de Nani Joanna de vuelta a su lugar –Creo que esto te pertenece, cariño

Capitulo 22: Un atardecer en la playa
Con los ojos llenos de lágrimas lo abracé aferrándome a él con todas mis fuerzas –Fui una tonta, lo siento
tanto-
-Solo promete que no volverás a dejarmeMe
separé para mirarlo a los ojos –Yo solo quería lo mejor para ti Alioth-
-¿Cuándo vas a entender que lo único que me hace feliz eres tú?- sacudió la cabeza conservando una
sonrisa.
-Pero…- No logré terminar de refutarlo que con un beso trajo de vuelta el silencio a la habitación. <<Oh por
dios>> Deseaba esos besos más que nada, no había notado cuanto los extrañaba hasta ese momento. No
dejaba de preguntarme cómo había sido capaz de dejarle el camino libre a alguien más ¿Por qué no fui
capaz de valorar al hombre que amaba?
Subí con mis manos por su pecho hasta llegar a sus hombros y continuar hasta su cabello. –No, bastasonrió
sin separar nuestros labios.
-Te extrañé- dije con un tono seductor.
-No creo que más que yo cariño, pero tenemos que regresar lo antes posible es un largo viaje a casa, nos
llevará la noche entera y parte de la mañana-
-Desearía poder quedarnos aquí por siempre, solos los dos- tomándolo por una mano hice que me
acompañara hasta la ventana.
-Podemos volver cuando quieras- abrazó mi cintura desde atrás recostando su cabeza sobre mi hombro. –
Es una vista hermosa la que has conseguidoLa
tarde estaba llegando a su fin y entonces recordé lo que daba vueltas en mi mente desde que había visto
ese mismo paisaje por primera vez. –Quítate los zapatos y vamos- comencé a hacer lo propio.
Una vez listos, corrimos hasta enterrar los pies en la arena mojada. –Cada tarde cuando venía a observar el
anochecer imaginaba en como sería si estuviera contigo- me concentré en el horizonte. –Es tan hermoso…-
-Estoy aquí ahora- susurró –Ya no necesitas imaginarlo- sentí sus dedos entrelazarse con los míos.
*********************
Con su ayuda guardé todas mis pertenecías dentro de la gigante maleta. Me despedí de una alucinante e
inquita Carol ¡Estaba embarazada de una niña! Y de su esposo, agradeciendo toda su amabilidad y
paciencia, y prometiéndoles regresar para conocer a su hija cuando naciera. Alioth, intentó convencerlos de
asistir a la boda, pero un viaje tan largo no era conveniente en ese momento.
-Déjame conducir, debes estar cansado – insistí tomando las llaves de el Mini Cooper.
-No iremos en esa cosa- señaló.
Levanté una ceja -¿En qué regresaremos a casa?-
-En el mio, está a un par de cuadras. Llamaré a Dani y Jess. Ellos volverán en tu auto de juguete y nosotros,
cómodos en mí Ferrari-
-¿Ellos están aquí? Alioth hace horas que estas aquí y no se te ha ocurrido decirme que tu hermana y Dan
están esperándonos- asombrada miré como enviaba un mensaje en forma de texto. –Admiro la confianza
que tienes contigo mismo, ¿Tan seguro estabas de que regresaría?-
Guardó el celular en el bolsillo del pantalón –Lo estaba- asintió –Y por supuesto, si no era por voluntad
propia, tenía un plan B-
-¿Ah sí? ¿Y cuál era ese? ¿Secuestrarme y llevarme en el baúl del coche hasta el castillo?-
-Nadie dijo nada sobre el baúl- rio acercándose y plantar un suave beso en mis labios. –Allí estánLa
rubia saltó del coche y corrió hasta nosotros a la velocidad de la luz –Maldita seas Brianna ¿Tienes idea
de lo que hemos tenido que pasar para encontrarte?- gritó una vez frente a mi – ¡Por todos los santos la
boda es pasado mañana! Tu madre está como loca y la mía a punto de un colapso nervioso, han planeado
esto por tanto tiempo que si tienes que cancelarla van a morir, literalmente hermanita-
-¿Y eso no sería maravilloso?- murmuré.
-¡Brianna! ¿Te parece que estoy de broma?- chilló apretando los puños.
-Ya basta Jess- la regañó su hermano -¿Pero a qué viene ese escándalo?-
-Hola Dani- abracé a mi amigo que había permanecido en silencio asustado por el carácter de la rubia.
-Puede que no sea la mejor forma de expresarse, pero la pequeña Jess tiene razón- habló con tranquilidad.
–Mi hermano no fue el único en recibir golpes por parte de tu futuro esposo-
-¿Arthur?- pregunté confundida ¿Qué tenía que ver él en todo esto?
-Creí que estaba involucrado en tu locura- el rubio se encogió de hombros. –Y además llevaba tiempo
deseando darle su merecido al imbécil ese-
-Puede que Arthur sí- continuó Jess con su tono severo –Pero el pobre ayudante que te dijo que había
ayudado a llevar la maleta al coche no se lo merecía, ni tampoco el farol de la oficina del doctor MeltonIncrédula,
parpadeé -¿Qué hiciste qué?-
-Cierra la boca Jessania- le apuntó.
-Ni tampoco el señor Collingwood… - retrocedió esperando una reacción – ¿Esas son las llaves de tu coche?
- las arrancó de mis manos y corrió hasta estar dentro.
-Nosotros nos iremos ahora- dijo Dani apurándose a llegar a mi “auto de juguete”
Nos miramos por unos segundos y comencé a reír -¿A mi padre? Dime que lo filmaste, ¿Cómo pude
perderme eso?-
-Tengo mis razones- alzó las manos. –No te merece como hija, es un bastardo-
-Puedo imaginar- suspiré, mi padre no tenía pudor a la hora de relucir los defectos de su hija. – No te
preocupes, no me importe lo que piense él ni mi madre, ni siquiera los recordé estado aquí- eso sí que era
triste. Causaba dolor saber que no dejaría de ser una vergüenza para ellos. Me obligué a apartar esos
pensamientos y sonreír –Olvídalo ya, tendremos que seguir soportándolos de todos modos-
-Oh, y no quiero estar presente cuando tu madre vea el vestido que escogiste- reímos a carcajadas de
camino al coche.
Pero lo pensé mejor y dejé de hacerlo -¿Viste el vestido?-
-Tranquila, no. Jess comentó que iban a desmayarse cuando después de este revuelo, se enteren que
cambiaste lo que ellas eligieron y no dejan de presumir-
<<La que se me va a armar>> cerré los ojos para tranquilizarme. No estaba lejos de firmar mi sentencia de muerte al poner un pie en el castillo y enfrentar a todos.
Capitulo 23: A 24 horas del día B.

El viaje resultó ser demasiado corto, Alioth condujo toda la noche a una velocidad que excedía el límite por
mucho. Dormí por momentos en los que el sueño me vencía, pero trataba de mantenerme despierta y
entretener al conductor.
-Llegamos- anunció aparcando el coche frente a la entrada del castillo. -¿Lista? – preguntó al abrir la
puerta del acompañante.
-Lista- respondí asintiendo con la cabeza.
-Tranquila- sostuvo mi mano para comenzar a subir la escalera. Esa misma en la que me había “Despedido”
de él. Por no decir, que le había mentido en la cara. Suspiré.
Al parecer él pensaba en lo mismo, porque cuando faltaban la mitad de los escalones para llegar a la
puerta, se detuvo y permaneció en silencio por un momento.
-Lo siento- dije, sintiendo un dolor en el pecho. Ese no sería un lindo recuerdo, tal vez deberíamos
considerar entrar y salir del castillo por alguna de las puertas traseras. Esperé a que hablara, pero no lo
hizo, solo se concentró en sus zapatos –No debería haber regresado, no creo que sientas lo mismo que
antes de marcharme, tal vez…-
Me silenció chocando sus labios contra los míos, envolviéndonos en un beso apasionado que ambos
necesitábamos demasiado, me sujetó con fuerza por la cintura, pero en el momento en el que recuperaba
el aliento, a punto de decir algo, una luz enceguecedora surgió de la nada.
Cuando creí que se voltearía y escupiría un manojo de insultos al molesto fotógrafo, mostró su más
encantadora sonrisa y volvió a besarme, para deleite del valiente hombre que continuaba allí ignorando los
gritos de los guardias que se acercaban.
-Es suficiente- un grito autoritario, proveniente de una voz femenina provocó que todos se detuvieran,
tanto nosotros de besarnos, como los flashes que emitía la cámara del paparazzi y los pasos de los
guardias. –Si sabe lo que le conviene señor, debería retirarse. Creo le darán suficiente dinero como para
vivir un par de años sin trabajar por esas fotos- más cerca, la reconocí.
-Madre por favor- gruñó Alioth.
-¿Piensan quedarse toda la tarde allí? Tenemos montones de cosas que hacer, les recuerdo que la boda es
mañana y tenemos muchas cosas de las que ocuparnos- se dio media vuelta, como siempre, con la
elegancia que la caracterizaba y subió rápidamente el resto de los escalones.
La seguimos hasta que se detuvo una vez dentro del castillo, pero no fue hasta después de que los guardias
cerraron las puertas que se volteó a vernos. Creí que comenzaría con algún discurso en mi contra, muy
parecido al que tendría mi madre o padre preparado. Pero lo que ocurrió fue completamente distinto. Ella
solo sonrió y se acercó a tomarme por ambas manos.
-Creo que le debo una disculpa- me adelanté a cualquier cosa que pudiera decir.
-Hemos estado muy preocupados por ti Brianna, es bueno que hayas regresado-
-Lo siento-
-No te disculpes conmigo cariño, es un alivio que hayas regresado ese hombre que está parado a tu lado,
nos ha vuelto locos a todos estos días. No sé que habría ocurrido si no daba contigo- su voz sonaba
demasiado dulce, tanto que no me lo creía. Algo ocultaba y no tardaría en salir.
-Espero que pueda entender el motivo por el cual me fui, lo sabe ¿cierto? No quería interferir en sus planes,
quise facilitarles las cosasElla
asintió – Es muy valiente de tu parte, entiendo el cariño que mi hijo te tiene. Y en cuanto a tu…
problema, hallaremos una solución-
-Ella no tiene un problema madre. Ella está bien, en un par de años tendrás este castillo lleno de niños,
serán tantos que te arrepentirás de alguna vez haber pedido herederos, ya lo verás. –
-Estoy segura que así será- forzó una sonrisa –Brianna, ahora que estás aquí, tienes que ocuparte de
convencer a tu futuro esposo de volver al consejo, mi cuñado está comenzando a molestar por los
alrededores, y mientras Scott esté aquí no hay nada que podamos hacer- sin darme tiempo a responderle,
se fue de la habitación.
-Ya escuchaste a tu madre- miré al rubio que fruncía el ceño observándome. –Y jamás creí que diría esto,
pero tiene razón-
******************
El primer encuentro al regresar no había sido tan malo después de todo. Si con Arlet había sido fácil, no
debería preocuparme por los demás.
-¿En que piensas princesa?- susurró muy cerca de mi oído dejando caer unas gotas de agua de su cabello
mojado en mi hombro.
Apoyaba mi espalda el su pecho desnudo cubierto por el agua tibia de la bañera, al igual que todo su
cuerpo, y el mío. Un simple baño nunca había sido tan reconfortante. –En que no quiero ver a mis padres, ni
a nadie que no sea a ti-
-Si salió bien con mi madre, no deberías temer a nada- continuó besando suavemente mis hombros por
detrás.
-No tengo miedo, no me avergüenzo de lo que hice, y es por eso que no quiero escuchar reproches de nadie-
-No los habrá, ya me encargué de eso-
Me giré para verlo –No quiero imaginar como es que puedes asegurar eso-
-Digamos que en este momento, no soy una de las personas que tus padres adoranSolté
una carcajada –Es increíble que te hayas enfrentado a ellos-
-Si no lo hice antes es porque tenía miedo que me alejaran de ti. Pero ahora, ya no pueden hacer eso-
*************
-Brianna Collingwood- gritó mi hermana corriendo hacia nosotros.
-Zoe- le sonreí dulcemente.
-Estás demente, oh dios, no tienes ni idea de la angustia que me has hecho pasar todo este tiempo, Ed
decía que tenía que calmarme, que no era bueno para el bebé, pero…- se cubrió la boca y cerró los ojos.
-Bueno, esa es nueva- dijo Alioth divertido –Felicitaciones cuñada-
-Lo siento- se encogió –No fue mi intención- se dirigió a mi.
Mantuve la sonrisa -Eso es hermoso Zoe, no lo habías mencionado antes-
-Lo supe hace unos días-
-Felicitaciones- la abracé conteniendo unas traidoras lágrimas que querían escaparse ¿Cómo era posible
que todas las mujeres que conocía estuvieran embarazadas? -Ahora, nosotros nos íbamos, tenemos una
cita con el doctor Melton-
-Solo procure no gritarle ni golpearlo esta vez- sermoneó –De lo contrario va a ganar que les ponga una
orden de alejamientoCaminamos
por el pasillo del segundo piso del castillo, ambos estamos tensos, cualquiera podría notarlo.
La causa, la cita de urgencia que había solicitado con el doctor Melton. Tenía que hacerlo antes de la boda,
necesitaba una explicación detallada de las posibilidades que teníamos.
Subiendo al Ferrari distinguí a mis padres bajándose de una limusina. –Vamos, rápido- me deslicé dentro
antes de ser vista. –Quiero poder evitarlos, si es posible, hasta la recepción en la boda. Allí no harán ningún
escándalo, y luego nos marcharemos a nuestra casa y no los veré hasta luego de la luna de miel-
<<Luna de miel>> me repetí luego de escucharme a mi misma.
-No hemos planeado la luna de miel- dije.
-Te dije que me he ocupado de los planes dela boda, todo está arreglado- hizo rugir el motor.
-¿Y a dónde iremos? ¿O nos quedaremos encerrados en la casa de campo? Eso sería maravilloso…- imaginé
un mes entero sin recibir visitas, ni ver a nadie más que no fuera él. Disfrutaríamos de la tranquilidad que
bridaba ese lugar, exploraríamos los alrededores, nos tumbaríamos bajo los árboles o en las colinas…
-Sorpresa- sonrió. –Tendrás que esperar-
-Eso no es justo- aunque quejarse de poco servía con él, lo molesté hasta llegar al consultorio. Y como
estaba predicho, no saqué ni una mínima pista.
La secretaria nos miró aterrada al ingresar, y la expresión del doctor no fue muy diferente mientras explicó
el tratamiento, sus riesgos y resultados.
-¿Cuándo podemos comenzar?- pregunté finalmente.
-En cuanto ustedes lo convenganMiré
hacia Alioth – No lo se ¿Cariño? ¿Qué dices?-
-Luego de la luna de miel- dijo saliendo de sus pensamientos.
-¿Y cuando será eso?- el doctor sacó una agenda.
-Un mes y un día-
-Bien, concretaremos una cita, y comenzaremos ese mismo día. – presionó el botón del intercomunicador y le ordenó a la secretaria la reservación de la fecha.

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:50 am


Capitulo 24: Inoportuno encuentro.
Tomados de la mano y con una sincera sonrisa caminamos tomados de la mano por una de las calles
principales. Un futuro feliz ya no se veía imposible ni lejano, los nervios por la boda desaparecían y lo único
que ocupaba mi mente era lo que producía en mí la cercanía de quien se hallaba a mi lado.
-¿Tomamos un café?- señaló nuestro lugar vacio en la cafetería que frecuentábamos desde que habíamos
comenzado el colegio.
-Claro- encantada, asentí. Además, teníamos que pasar el mayor tiempo posible lejos del castillo, donde
seguramente mis padres estarían esperándome.
-Aún no me has dicho como lograste encontrarme- dije después de ordenar un Capuchino.
-Bueno- sonrió –Si hubiera sido más inteligente, o me hubiera detenido a pensar con claridad antes, tal vez
estarías aquí desde hace mucho ¿Sabías que tu coche y tu celular tienen un localizador? –
<<Inteligente mi jugada>> -Y yo que creía que estaba bien oculta-
-No creo que podamos ocultarnos con facilidad-
-Debí deshacerme del maldito teléfono, pero no iba a llegar muy lejos sin coche-
-Agradezco que no lo hayas hecho- acercó sus dedos a los míos –No sé que habría hecho sin ti Bri ¿En qué
estabas pensando?-
-No lo sé- esos recuerdos no eran agradables, él no podía entender cómo me había sentido en ese
momento y eso me desesperaba. –Te dije que no espero que lo entiendas- esquivé sus ojos –No fue algo
fácil Alioth, todavía me duele-
-Lo sé, lo sé. Solo necesito que me prometas que no volverás a hacerlo, no te vayas, no te alejes de esa
forma. No quiero secretos ni mentiras entre nosotros, creo que ya tuvimos esta charlaExtendí
una mano como si estuviera a punto de cerrar un trato –Lo prometo, ¿Y tú? ¿Hay algo que me estés
ocultando?-
Lo dudó por un momento, momento en el cada músculo de mi cuerpo se tensó ¿Es que acaso ocultaba
algo? Me relajé cuando sonrió abiertamente y tomó mi mano con delicadeza –Por supuesto que no cariño-
La sonrisa se borró y una expresión cargada de ira se formó en su rostro. A punto de preguntar qué ocurría
una voz me respondió.
-¿Brianna?- <<Todo estaba demasiado calmo para ser cierto>> sentí unas manos sobre mis hombros. –Nos
tenías muy preocupados cielo ¿Cómo estás?-
No volteé a verlo, observé detenidamente a mi prometido esperando que se contuviera y no se lanzara
contra esa molesta presencia. –Bien Arthur, gracias-
-Hola chicos- la voz de Dani se unió, Alioth le sonrió y saludó con un gesto con la cabeza.
-¿Les importa si nos unimos?- Agregó Arthur.
-Creí que tenías prisa- masculló Dan, dirigiendo su mirada hacia mí y luego al príncipe. –Será mejor que nos
vayamos Arthur-
-Escucha a tu hermano si eres un hombre inteligente- le apuntó el rubio. –No querrás que se repita lo de
hace unos días-
-¿Puedes creer que este tipo me acusó de secuestrarte? – lo ignoró, <<Oh dios, esto se pone feo>>
-Lo lamento por eso, ahora ¿Podrías dejar de molestarnos?- contesté preocupada. Lo último que
necesitábamos era otro escándalo. –Y te recuerdo que este tipo, como acabas de llamarlo, es el príncipe y
puede ordenar tu arresto por el solo hecho de llamarlo así-
-Sería un cobarde si lo hiciera- agravió.
-Es suficiente- Dani se precipitó y empujó su hermano fuera de la silla.
Soltándose del agarre se acercó a mi oído –Si reconsideras tu matrimonio, sabes dónde encontrarme- pero
no lo dijo lo suficientemente despacio para que los demás no escucharan, es más, creo que la intención fue
hacerse oír.
En instantes el chillido del arrastrar de la silla alertó a todos los que allí se hallaban. En segundos, el
castaño de ojos azules, apoyaba la espalada sobre una de las mesas cercanas y el rubio lo sostenía por el
cuello con los ojos inyectados de furia.
Dani trató de quitarlo, pero fue imposible. –Haz algo, lo va a matar- me gritó tirando en vano de los brazos
de Alioth.
Busqué ayuda con una mirada suplicante alrededor de nosotros, pero los chismosos miraban hacia otro
lado, bien, por un lado los comprendía, nadie quería meterse con el hijo del rey. Me puse de pie y aproximé
a ellos. –Ya basta, déjalo, le vas a hacer daño- le dije calmadamente, se merecía que lo lastimara un poco.
Arthur lo había molestado y provocado, sin razón alguna. Pero si pasaba a mayores, las consecuencias las
cargaría él. Alargué mi brazo hasta tocar sus dedos y rozarlos. –Cariño ya basta- susurré.
Y como si de magia se tratara. Lo soltó.
-La próxima vez lo lamentarás HamiltonRecuperando
su postura sin mirar a nadie caminó hacia la puerta.
-Lo siento chicos- se disculpó el bueno de Dani hasta de irse.
Me enganché de su brazo apoyando la cabeza en el comiendo del hombro. - ¿Te sientes mejor?-
Se limitó a besar mi frente y volver a lugar al que nos hallábamos. -¿Podría traernos otro? Creo que este se
ha enfriado- le pidió a la asustada camarera que se acercó.
-Por supuesto señor- asintió sin mirarlo en ningún momento.
-Y has una lista de los daños que ocasioné, lamento haberlos asustado de ese modo-
-No hay ningún problema señor-
-Agrega a la cuenta el valor que cubra todo ese desastre- que en realidad no eran más que un par de
cubiertos y un porta servilletas tirados en el piso. ¡Ni siquiera se habían ensuciado!
-Le repito señor, no hay ningún problema- se sonrojó la muchacha. Los encantos de Alioth Van Helmont no
desaparecían ni siquiera después de comportarse de forma tan violenta.
******************
-No puedo creer que después de tanto, no haya tenido una despedida de soltera.- comenté mientras el
conducía.
-Tampoco yo, pero no es que me interese, disfruté al máximo mi soltería.-
-Y soy testigo de ellos- sonreí. -¿Podemos ir por un trago ahora?-
-¿Y tener resaca el día de nuestra boda?-
-Solo será una copa, por favor por favor- hice un puchero y pestañé coqueta.
-Solo una copa- se cruzó de carril para volver al centro y disfrutar de la última noche de solteros, como siempre, juntos


Capitulo 25: Rompiendo tradiciones



Un bullicio a mí alrededor me obligó a abrir los ojos. Varias mujeres entraban y salían de mi habitación,
otras se encontraban dentro de mi armario, algunas frente al tocador y tres rodeaban mi cama.
-¿Qué se supone qué están haciendo? – me enderecé. -¿Qué es todo esto?-
-¡La novia despertó!- Gritó Jessania -¡La novia está despierta!-
Zoe se sentó a mi lado en la cama –Buenos días dormilona, no puedo creer que hayas logrado dormir, la
noche anterior a mi boda no pude pegar un ojo-
-Puede que haya sido el efecto de las copas que tomamos anoche…- recordé. –Oh Zoe, que linda noche, te
contaría, pero tendría que darte los detalles y…-
-Ni siquiera quiero imaginarlo Bri, ahora levántate, tienes que darte un baño y dejar que comencemos a
arreglarteHice
caso omiso a sus órdenes y volví a apoyar la espalda en el colchón -Nunca imaginé que hacerlo en un
deportivo sería tan…-
-Por favor, ya cierra esa boca, te dije que no quiero saberlo- se cubrió ambas orejas con las manos.
-Deberías intentarlo…- dije antes de saltar de la cama y correr al baño, donde la tina ya estaba llena, y tres
señoras esperaban junto a ella. –Puedo bañarme sola- forcé una sonrisa esperando que se marcharan.
-Es nuestro deber ayudarla señorita- contestó una.
-Por favor, necesito privacidad-
-Pero la reina dijo...- protestó otra con suma educación.
-¿Te parece que me importa lo que la reina opine? Es mi boda, no la suya. Ahora –apunté con un dedo la
puerta de salida del baño –Esperen del otro lado- las tres asintieron en un movimiento con la cabeza -
¡Esperen!- las alcancé -¿Alguna de ustedes tiene un celular encima? Necesito hacer una llamada y el mío lo
ha confiscado mi queridísima madre-
-Es para evitar que hable con el príncipe antes de la boda- murmuró la más bajita de ellas –Es de mala
suerte…-
-No se preocupen, tengo que llamar a una amiga, solo eso- le extendí la mano para recibirlo.
-¿Lo promete? No meteremos en problemas sino…-
-No seas tonta- apreté sus brazo con delicadeza para tranquilizarla. –Solo llamaré a mi amiga- cerré la
puerta y me apresuré a quitarme la poca ropa que llevaba puesta y sumergirme en la bañera.
Marqué el largo número de teléfono, esperando que responda antes de que mis guardias femeninas
irrumpan nuevamente.
-¿Sí?- dijo la voz que quería escuchar del otro lado.
-Buenos días futuro esposo –
-¿Bri? ¿Eres tú? ¿Te encuentras bien? Este no es tú número-
-Relájate, mi madre tiene mi teléfono en su poder, y tuve que pedir uno a unas de las mujeres que están en
mi habitación. Oh, deberías ver todas las personas que hay aquí ¿Es realmente necesario?-
No puedo verlo, pero sé que estaba sonriendo del otro lado –Son cosas de mujeres princesa. Princesarepite
–Serás mi princesa en un par de horasY
en ese momento todo mi cuerpo se tensó. – ¿Tenías que recordármelo? No estaba nerviosa, ni siquiera un
poco. Ugh, te odio, ahora estoy alucinando otra vez-
-Tranquila, todo saldrá bien. ¿Me llamabas por algo en especial? ¿O solo porque me extrañabas demasiado
y necesitabas oír mi voz?-
-¡JA! Serás creído- En realidad tenía razón, necesitaba escuchar su voz.
-¿Y qué es entonces?-
-Bien tú ganas- suspiré, esto si que era alimentar su ego –Pero además, se me ha ocurrido algo…-
-Eso no puede ser bueno- comentó.
-¿Qué pueden hacernos si nos salteamos un poquito el protocolo…?-
**************
Más fue el tiempo que me costó convencer a mi madre –Con quien casi no había cruzado palabra- y la reina
que se marcharan y me dejaran a cargo del equipo contratado para ayudarme a preparar, que lo que tardé
en estar lista.
Cuando todos quitaron sus manos de mi me acerqué al espejo temblando a causa de la inquietud para
comprobar los inmensos halagos.
Y tal vez, acertaban. Me gustaba lo que veía. Era yo, Brianna Collingwood. Pero en formato novia. Una novia
de la realeza. No era lo que todos esperaban o imaginaban. Definitivamente no era Lady Di con su enorme y
voluminoso vestido blanco.
El mio era completamente diferente. Para empezar, había cumplido con mi propósito de no llevar un
vestido blanco. Era color rosa pálido. Con un apretado corsé que terminaba debajo la cintura con un
bordado con piedras del mismo color. Y luego, una falda larga que arrastraba en el piso adelante y por
detrás se extendía dos metros y medio en forma de velo tipo catedral. Y el toque más especial, las rosas
haciendo juego pegadas en los últimos veinte centímetro y alrededor del velo en la parte posterior.
Mi cabello ondeado estaba semirecogido y luego se ocultaría debajo del tul. Como accesorios, solo llevaba
unos pequeños diamantes pertenecientes a la familia real.
Media hora después de que la locura de arreglarme y dejarme “Perfecta” terminara estaba sola en la
habitación. Mi padre, a quien no había visto aun desde mi llegada, debía recogerme allí para llevarme al
altar. Pero afortunadamente todavía sobraba tiempo.
Bajé las escaleras con cuidado. Todos estarían en la Gran catedral para ese momento y solo unos guardias
vigilaban el palacio como era costumbre.
Caminé hasta el patio trasero del castillo levantando el vestido para evitar rozarlo o engancharlo y
romperlo.
Me detuve al verlo de frente a la fuente de mármol con pequeños leones de piedra en su interior. Por
primera vez, no tuve nada que decir. Hice unos pasos más para acercarme y volví a detenerme cuando se
volteó hacia mí.
-Bri…- solo se quedó observándome.
-¿Tan mal estoy?-
-¡No! Oh, no. Estás… Wow… -
Sonreí –Gracias, también estás muy guapo.- observé con detenimiento su traje de gala.
Acarició con sus nudillos mi mejilla –Esta es la principal razón por la que te amo, nadie puede decirte quien
eres, ese tú, solo tú-
-Tengo un grave problema para seguir órdenes y protocolos, eso no es algo bueno. Simplemente no puedo,
mira aquí estamos, rompiendo con una de las principales tradiciones de cualquier boda-
-Puras tonterías- continuó con sus caricias en mi hombro y brazo –Te besaría ahora mismo-
-¿Qué te detiene?- pregunté juguetona.
-Que no podría contenerme, te secuestraría ahora mismo y encerraría en nuestra casa, nuestra habitación-
-Esa es una idea muy tentadora-
-¿Memorizaste los votos?- cambiar de tema fue una buena idea. Asentí –Creo que deberías regresar, tu
padre acaba de llegar- dijo después de recibir un mensaje.
Bufé –Será una tortura soportarlo en el viaje de aquí a la catedral, tal vez debí escucharlo ayer…-
-El no dirá nada cariño, vamos te acompañaré hasta dentro y luego nos iremos en coches separados. Tengo
que llegar antes-
-No te preocupes, puedo regresar tal y como llegué-
Entrelazó sus dedos con los míos – ¿Y dejar que tu padre no se entere con quien has estado? Si vamos a
romper las reglas, lo haremos bien, tienen que enterarse, para que luego puedan estar enfadadosNos
reímos sin parar hasta llegar dentro del castillo, donde esperaba mi padre con expresión de enfado.
-Debí de haberlo imaginado- gruñó –O eso o que te habías fugado de nuevo-
-Yo también me alegro de verte padre.-
-Deberías estar en la Catedral- me ignoró y le habló directamente al príncipe.
-Cuide su vocabulario señor Collingwood, no quiero tener que recordarle quien será ella dentro de unos
minutos- le apuntó. Nadie se había dirigido a mi padre de ese modo. Nunca.
Besó mi mano y luego me miró a los ojos por un momento transmitiendo tranquilidad y seguridad. Los nervios desaparecieron.

Capitulo 26: Votos de amor




Zoe se cubrió la boca al verme entrar al Lincoln Continental de primera generación, el coche antiguo
elegido para llegar a la catedral.
-Mamá y Arlet van a enloquecer ¿Qué fue lo que le hiciste al vestido?-
Me acomodé para que mi padre cerrara la puerta y se ubicara delante, junto al chofer. –Creí que me dirías
que luzco como toda una princesaEl
motor volvió a encenderse –Estás hermosa, pero no es exactamente lo que tenía en menteMe
encogí de hombros –Ya sabes, me gusta sorprenderlos-
-Bueno, no importa lo que los demás piensen. Al novio va a encantarle- sonrió apretando mi mano. –
Aunque no creo que se sorprenda-
-En realidad- mordí mi labio inferior pero lo solté enseguida, arruinaría su perfecto delineado –Sí se
sorprendió bastante-
Mi hermana perdió el color -¿Qué quiere decir eso? –
-Lo que estás imaginando-
-No puedo creerlo ¿cuándo lo viste?-
-Hace un momento- sonreí triunfal. –Tenías que hacerlo Zoe, mira ahora ya no estoy nerviosaSuspiró.
–Repito, no hay nadie más perfecto para ti que nuestro querido príncipe-
-No te voy a discutir eso- examiné su vestido –Eres la dama de honor más sexy que he visto en mi vidanadie
podía discutirlo, su embarazo no se notaba, el vestido color salmón de un solo hombro con un lazo
debajo del busto, resaltaba su estilizada figura y el largo por encima de las rodillas, dejaba al descubierto
sus piernas.
-Llegamos- anunció mi padre abriendo la puerta para bajarse.
Inhalé y exhalé varias veces. <<No estoy nerviosa, no estoy nerviosa>> Repetí varias veces en mi cabeza. –
Oh dios, no puedo creer que esto esté sucediendoZoe
cubrió mi rostro con el velo -Tranquila, cuando llegues al altar, todo pasará.- me dedicó una última
sonrisa antes de descender del coche.
El sol que brillaba en lo alto del cielo me encandiló por unos segundos, y luego fueron los flashes de las
cámaras. Me aferré al brazo de mi padre y por detrás mi hermana extendía el vestido que arrastraba en la
prolongación de la alfombra que salía de la catedral.
Decenas de cámaras de televisión filmaban la entrada y fotógrafos captaban cada momento. El trecho
hasta entrar al edificio se hacía interminable, debía mantener una sonrisa leve, una pequeña curvatura en
los labios. Iba a seguir el protocolo, al menos hasta donde fuera capaz de recordar.
Todos se pusieron de pie en cuento puse un pie dentro de la iglesia y la marcha nupcial se hizo oír.
Sonrieron, murmuraron, suspiraron y los menos, mostraron su profunda expresión de desagrado. Distinguí
a Ria, su esposo y los pequeños entre la multitud, también a los padres de Arthur y al propio -¿Cómo se
atrevía a estar presente?- , un par de celebridades, socios de mi padre, miembros del consejo del rey y otras
personas que jamás había visto. Las damas con sus característicos sombreros, pamelas y tocados
compitiendo por quien tenía el más novedoso, y los hombres, con la clásica elegancia que les brindaban sus
trajes.
Miré hacia el frente. Mis otras dos damas de honor, las princesas rubias que llevaban el mismo vestido que
Zoe. Y a pocos metros de ellas, a quien ansiaba ver. Mi príncipe.
-Sabes padre- susurré –Esto es lo único bueno que has hecho por mí. Te lo agradezco, a ti y a mi madre- no
recibí respuesta y tampoco la esperaba. Si estaban felices por mí –Cosa que dudaba- no lo demostraban.
Quité mi brazo del suyo y con delicadeza, sujetó mi mano y se la entendió a Alioth que la aceptó con una
enorme sonrisa. –Tranquila cariño, ya estás conmigo- dijo mientras me quitaba el velo que cubría mi
rostro rozando sus dedos con mi mejilla.
Miré por encima de su hombro, Dani estaba detrás de él. El padrino de la boda. No tuve el valor para buscar
a la reina y a mi madre. No me asustaban, pero estaba consciente de que la expresión de disgusto que
tendrían al observar que no llevaba su vestido perfecto, no me ayudaría a mantener la calma y la postura.
-¿Listos?- preguntó el sacerdote que hasta ese momento no había siquiera notado.
Alioth me miró y asentí. –Adelante-
- Queridos hermanos, estamos aquí junto al altar, para que Dios garantice con su gracia vuestra voluntad de
contraer Matrimonio ante el Ministro de la Iglesia y la comunidad ahora reunida- <<Que fastidio este
hombre>> Suspiré, algo que no pasó desapercibido para mi casi esposo que me apretó la mano con más
fuerza.
Giré para sonreírle, a juzgar por su expresión estaba pensando de la misma forma que yo.
-¿Venís a contraer matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente?- se dirigió a nosotros.
-Sí, venimos libremente - contestamos al unísono como me había explicado temprano esa mañana.
Aunque no era completamente cierto.
-¿Están decididos a amarse y respetarse mutuamente, siguiendo el modo de vida propio del Matrimonio,
durante toda la vida?-
-Sí, estamos decididos- aunque no estaba segura de lo que eso significaba.
-¿Están dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de
Cristo y de su Iglesia?-
-Sí, estamos dispuesto- Eso no sonaba muy bien ¿Ley de Cristo y de la Iglesia?
- Así, pues, ya que queréis contraer santo matrimonio, unid vuestras manos, y manifestad vuestro
consentimiento ante Dios y su Iglesia.-
Nos pusimos frente a frente, el iba primero.
Daniel se acercó y le ofreció una alianza desde una pequeña bandeja de plata.
Situó el anillo al comienzo de mi dedo y habló mirándome a los ojos. Cerca del micrófono que el padrino
sostenía -Yo, Alioth Van Helmont, prometo amarte, honrarte y apreciarte siempre. Prometo
permanecer junto a ti en lo bueno y en lo malo. Prometo ser un esposo fiel y amante. Prometo ser el
más comprensivo en la enfermedad y la tristeza. Prometo entregarte mi alma. Prometo ser tu
compañero y tu mejor amigo.- resaltó la última frase - Y prometo amarte con toda mi alma y mi
corazón por toda la eternidad. Por favor, acepta este anillo como símbolo de nuestro amor y de
nuestra amistad. Te quiero Brianna Collingwood- Terminó deslizando la alianza hasta el final.
Era mi turno. Zoe, como primer dama de honor, hizo el mismo trabajo que Dan y comencé -Yo, Brianna
Collingwood, prometo amarte, honrarte y apreciarte siempre. Prometo permanecer junto a ti en lo
bueno y en lo malo. Prometo ser una esposa fiel y amante. Prometo ser la más comprensiva en la
enfermedad y la tristeza. Prometo entregarte mi alma. Prometo ser tu compañera y tu mejor amiga-
sonreí - Y prometo amarte con toda mi alma y mi corazón por toda la eternidad. Por favor, acepta este
anillo como símbolo de nuestro amor y de nuestra amistad. Te quiero Alioth Van Helmont- coloqué el
anillo en el correspondiente dedo.
Después de una pausa, el sacerdote dijo: - Que el Señor confirme este consentimiento que han manifestado
ante la Iglesia y cumpla en ustedes su bendición. Lo que Dios acaba de unir que no lo separe el hombre.
Adelante, puede besar a la noviaEl
protocolo indica que el beso tiene que ser corto y suave. Justo para la foto. Pretendía seguir con las
normas. Pero el no. Lo leí en sus ojos, cuando se acercó y posó ambas manos en mi cintura. Lentamente se
fue acercando a mis labios y los devoró con pasión. Pasé los brazos alrededor de su cuello y me impulsó
hacia arriba de modo que mis pies ya no tocaron el piso. –Al diablo con el protocolo- sonrió en mis labios – Te amo esposa mía-


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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:53 am

Capitulo 27: Después de la boda.




Luego del largo recorrido en la carreta real tirada por los cuatro caballos blancos, y de un descanso para
que pudieran retocar mi maquillaje, fuimos obligados a asistir a la recepción.
Recepción organizada por mi madre y mi ahora suegra. Recepción en que la palabra “Pequeño” solo se
ajustaba al tamaño de los canapés. Recepción que nada tenía que ver conmigo. No había una pizca de
Brianna allí. Todo era ostentoso, demasiado prolijo, demasiado perfecto.
Los únicos momentos agradables fueron, en el que me tocó lanzar el delicado ramo –Según la reina, no
apto para ser lanzado, cosa que ignoré de todos modos- que misteriosamente llegó a manos de Jess, y por
supuesto, la salida.
La noche de bodas fue, sin dudas, la mejor noche de mi vida. Al menos, hasta ese momento. Como
habíamos previsto, fue en la casa de campo. La que se convertiría en nuestro hogar al regresar de la
enigmática luna de miel que mi esposo tenía preparada.
Más que una sencilla casa de campo, ese lugar era una mansión. Muy similar a la original, en la habitación
principal se conservaba la inmensa cama que había la primera vez que la visitamos juntos, restaurada por
supuesto.
-No puedo creer lo que has logrado aquí, es increíble, deberías dedicarte a este tipo de cosas- dije mientras
recorría la habitación mirando cada una de las fotos que había allí. Siempre nosotros, juntos. Era extraño
verlas. Recordaba cada uno de esos momentos a pesar de que habían pasado muchos años de algunos. -
¿Quién iba a decir en este momento –tomé la foto de nuestro primer día de clases en la primaria, con los
uniformes impecables y una sonrisa inocente entrelazábamos nuestros brazos y posábamos para la foto –
qué llegaríamos a declararnos amor eterno y pasear en una carreta?-
-Creo que el paseo en carreta te ha traumatizado- se acercó abrazándome por detrás y mirando la foto -
¿Recuerdas ese día? Estaba aterrado, era mi primer día en la escuela y al llegar decenas de fotógrafos
esperaban que bajara del coche con una sonrisa-
-Pero tu solo querías llorar- agregué –No querías entrar y te aferrabas a la blusa de tu madre- no pude
evitarlo, solté una carcajada. La pobre de Arlet no había tenido suerte con él. Siempre avergonzándola
frente a todos.
-Entonces, llegaste tú. Te bajaste del auto de tu padre y corriste hacia nosotros-
-Yo sí tenía una sonrisa-
Besó mi mejilla –Por supuesto que sí. No creo haya en este mundo un niño más feliz por comenzar la
colegio-
-¡Significaban siete horas lejos de mis padres! No importaba lo que tuviera que hacer, ellos no estarían para
regañarme-
-Eso fue lo que dijiste para que dejara de llorar
Coloqué el cuadro en su lugar –Y funcionó, entonces te secaste las lágrimas y sonreímos juntos a las
cámarasHizo
que me volteara para quedar frente a frente –Es por esa y muchas cosas más, que no puedes
preguntarme porqué te amo. Jamás finalizaría la lista-
-Eres la persona más romántica que he conocido en toda mi vida ¿Dónde guardaste a ese Alioth todos estos
años?- crucé mis brazos alrededor de su cuello.
-Esperaba el momento indicado para salir-
-A la persona indicada querrás decirCurvó
los labios y luego movió la cabeza a ambos lados –Siempre supe quien era la persona indicada- Y me
besó. Dulce y apasionado. Lleno de amor. Amor sincero.
************************
Abrí mis ojos, los rayos de sol se colaban entre las aberturas de las cortinas y pegaban contra mi piel
desnuda.
-Estás despierta ¿Has descansado cariño?-
Apoyé mi mano en su pecho que había utilizado de almohada para dormir –Nunca mejor, creo que necesito
una ducha, debo estar hecha un desastre, fue una noche agitada – sonreí –Ni siquiera me quité el
maquillaje ¿Quieres venir?- adopté mi más sexy expresión.
-Adelántate, iré a preparar el desayunoSolté
una carcajada –Si, claro. Si no quieres ducharte conmigo deberías inventar una mejor excusa que esaluego
me levanté envolviendo mi cuerpo con una sábana –Si no has descansado lo suficiente solo dilo
bebé-
-Bueno bebé- se sentó a colocarse sus bóxer y el mismo pantalón del día anterior –Todo es parte de nuestra
luna de miel, te dije que tendrías sorpresas y si todo sale bien, aún cuando regresemos, las sorpresas no
habrán terminado- caminó hacia mí y me besó antes de empujarme hacia el baño –Cuando estés lista te
espero abajo, la puerta que está al otro lado es la de nuestro armario- señaló.
Que Alioth cocinara era extraño. Mucho más que eso. Pero no podía negar que era absolutamente adorable.
Disfruté de una ducha, y luego busqué en el armario algo de ropa. No tenía idea de que llegaríamos a hacer
en ese día, pero opté por un vestido suelto y unas sandalias planas.
La próxima vez que él decidiera cocinar tenía que estar allí para verlo. ¿Cómo había logrado preparar todo
eso?
***********
Esa misma tarde dimos un paseo a caballo –Oh sí, teníamos caballos- por los alrededores del lugar,
subimos a las colinas que una vez me había mencionado.
Eran cerca de las cinco cuando regresamos a la casa y el timbre del teléfono anunciaba una llamada
entrante.
Esperamos por unos minutos, y dejó de sonar.
-Ordené que no nos molestaran- se quejó mirando la pantalla –Es del castillo-
-¿Crees que sea impor…- el sonido volvió a retumbar –Contesta, tiene que ser importanteMurmuró
cosas que no pude entender, gritó insultos y arrojó el aparato contra la pared –Tenemos que
regresar al palacio, ahora-
-¿Qué ocurre?- me acerqué y traté de calmarlo acariciando su cabello. -¿Por qué estás así?-
Sujetó mis brazos con fuerza y me miró a los ojos y me abrazó –Lo que tengo que decirte te va a lastimar-
-¿De qué estás hablando?-
Aflojó su agarre y puso sus manos en mis mejillas. –Esto no puede estar ocurriendo, no ahoraMi
corazón parecía querer salirse de mi pecho -¡Alioth!- Grité –Dime lo que está pasando-
-Lía está con mis padres… Ella…- suspiró –Tenemos que ir ahora, hasta que no lo compruebe no voy a creer en lo que está diciendo

Capitulo 28: Deliberando

La tensión de camino al castillo era insoportable. Él no decía nada, solo fijaba su vista en la carretera y
apretaba con fuerza los dedos en el volante.
Ni una palabra. Ni una mirada.
Una vez frente a la entrada se detuvo. Bajó del coche y abrió mi puerta.
-¿Vas a decirme a que nos enfrentamos allí dentro?- pregunté. No iba a parecer más estúpida de lo que ya
me sentía. –Creí que no nos ocultábamos cosas Alioth ¿Puedes responderme? Por favorEl
tomó mis manos y se las llevó a sus labios –Entraremos, escucharemos lo que tienen para decir y nos
iremos del país. Nada va a arruinar la luna de miel ¿Entendido? No quieras convencerme de lo contrario.-
Comenzó a caminar llevándome con él hasta llegar al despacho del Rey, y abrió ambas puertas sin siquiera
tocar primero.
Lo primero que noté fue la sorpresa de la reina, como si no nos esperar allí. ¿No eran ellos los que nos
habían llamado?
Arlet se puso de pie inmediatamente y le dedicó una mirada de reproche a su esposo. –No puedo creer que
lo hayas llamado- comenzó a decir. Pero dejé de escuchar al ver a la causante de tanto revuelo.
Hacía tiempo que no la veía, bueno, no demasiado, tal vez un mes. Pero había algo diferente en ella. Algo
que no podía descifrar.
-¿Alguien va a decirme que está pasando?- levanté la voz una vez que la puerta fue cerrada detrás. –Debe de
ser importante para que interrumpan nuestra recién comenzada luna de miel-
-Te dije que a ella la dejaran en la casa- Por primera vez el rey habló.
-Pero aquí estoy – no iba a dejar que me ignoraran. –Entre nosotros no hay secretos, nunca los hubo y
jamás los habrá. Así que pueden comenzarPero
todos guardaban silencio.
Suspiré soltando el aire y provocando un escandaloso ruido.
Miré al rey -¿Por qué estamos aquí?-
Enredó los dedos en su cabello, de la misma forma que su hijo lo hacía cuando estaba nervioso, frustrado o
molesto. -¿Conoces a la señorita, Brianna?-
Sonreí -¿La acosadora personal de mi querido esposo? Si, la conozco-
-Bueno…- y otra vez silencio –No sé cómo decirte esto hija…-
-¡Por todos los santos papá!- Alioth se acercó y se puso de rodillas junto a mí –Lía dice estar embarazada y
según ella- la miro por un momento – El bebé es míoRespiré
profundamente. Eso no podía ser cierto.
-Mi amor, eso no puede ser cierto. Brianna, nos conocemos, por favor, eso no puede ser cierto. Mírame.
Recuerda lo que dije antes de entrarAsentí,
un poco aturdida. ¿Cómo ella se atrevía a hacernos eso a un día de nuestra boda?
-Alioth- La rubia se atrevió a hablar –Lo siento, no era mi intención, es por eso que esperé hasta después de
la boda. Creí que estarían lejos de aquí y…-
-¿Y qué? ¿Qué planeabas hacer Lía? - gritó desde abajo pero casi pudo oírse en todo el castillo -¿Venías a
pedirle dinero al Rey? –
-¡No! No lo entiendes…- vi que sus ojos se llenaban de lágrimas. Wow, era en verdad una excelente actriz
¿Qué otra cosa podría haber planeado?
-Oh Ewen ¿Por qué los llamaste? Mira lo que has hecho- Las palabras de Arlet no manifestaban compresión
ni cariño. A ella solo le molestaba el ruido que estábamos causando y los comentarios que habría al día
siguiente.
-Mamá por favor, este es mi problema. Agradezco que me haya informado, de lo contrario ¿Qué habrías
hecho tú? ¿Silenciarla con un poco de dinero? ¿Complacerla?-
-¡Que no quiero tu maldito dinero!- Lía se acercó a mi esposo y apoyó una mano en su hombro –Solo quiero
que cuides a tu hijo. Tú y ella. ¿Brianna harías eso por el niño? No por mí, por él-
-No te atrevas a dirigirle la palabra a ella. – la enfrentó, y aunque eran casi de la misma altura, su
autoritaria voz, en ese momento, la hizo encogerse. Sequé las lágrimas que se me habían escapado sin que
lo notara y la observé detenidamente. Los signos de embarazo no podían ser percibidos, pero seguía con la
idea de que había algo distinto en ella. ¿Pero qué? -No puedo creer que te atrevas a pedirle eso-
-¡Es tu hijo y tendrás que hacerte cargo!- apoyó un dedo en su pecho.
-No voy a creer una palabra de lo que digas, haremos una prueba de ADN y luego veremos que hacer- dio
por finalizada la discusión y se volvió hacia mi –Vamos, hemos terminado- su voz se suavizó y me extendió
su mano.
Pero las cosas no podían quedar así. No existía la posibilidad de que pudiera olvidarme de ello por un mes.
Tenía que aclarar las cosas o al menos intentarlo.
Alioth pasó su brazo alrededor de mi cintura y me besó la mejilla. –Vamos-
-No- le susurré antes de que pudiera abrir la puerta –Deja que hable, tenemos que saber lo que quiere-
-Es una pérdida de tiempo, solo quiere vengarse porque la abandoné. Ni siquiera me creo que esté
embarazada. Mírala, ¿Ves algo distinto en ella?- respondió de la misma forma.
-Si en realidadAnte
eso, tal y como lo hizo su padre, peinó su cabello hacia atrás con los dedos. Pero enseguida su
expresión cambió y me sonrió –No voy a convencerte ¿Cierto?-
Negué sacudiendo la cabeza.
-Adelante, ve, escucha sus mentirasMe
acerqué a besar sus labios fugazmente –No hay nada en el mundo que haga que deje de amarte. Incluso
que no sepas como usar un condón-
*******************
El príncipe les pidió a sus padres que nos dejaran junto a Lía en el despacho con la promesa hacia su madre que mantendríamos la calma y la compostura.
-¿Por qué estás aquí?- le pregunté sin rodeos –Si estás mintiendo lo sabremos, así que no nos hagas perder
el tiempo, por favor-
-Todo lo que digo es cierto- volvió a sonar como la zorra que conocía.
-Mide tu tono- intervino Alioth –Recuerda quien es ella ahora, no te voy a permitir que la ofendas de
ninguna forma-
-¿Alguna vez lo has hecho Alioth? Si no recuerdo mal, siempre dejabas todo por tu preciosa amiga, tu
amada Brianna. Has conseguido lo que querías después de todo ¿Cierto?-
-Estás sonando como una ex novia despechada- le apunté.
-Me pediste que dijera la verdad, y esa es. Él siempre ha estado enamorado de ti, pero fue un cobarde y
nunca se animó a decírtelo ¿O me equivoco? Como siempre, sus padres hicieron el trabajo sucio por él y te
obligaron a casarte- escupió.
Se estaba pasando. Eso no era cierto. Contuve las ganas de golpearla porque de esa forma no iba a
averiguar lo que estaba tramando. Me acerqué él que estaba en el sofá con el cuello hacia atrás del
respaldar y me senté sobre sus piernas. –Solo dices eso porque estás celosa, estoy segura que jamás
encontraras a un hombre igual a este-
-Di todo lo que quieras Brianna, no me afecta. Puede que estés en lo cierto, pero hay algo que yo tengo y tú
noMe
enderecé. Sabía lo que venía. ¿Acaso ella sabría sobre mí?
-Dentro de mí, tengo un hijo de tu querido esposo. El heredero que todos necesitan, el heredero que tú no
puedes darles- sonrió satisfecha.
-Eso no puede ser posible- insistió el rubio – Siempre fui cuidadoso, estás mintiendo-
-Bueno, si lo hubieras sido, esto no estaría ocurriendo- la descarada se sentó en el sillón contrario. – Según
mis cálculos, no hay otro posible padre Alioth. Es tuyo-
-No-
-¿Por qué no estás contento?- se llevó las manos a su larga melena – Te voy a dar a mi hijo sin pedir nada a
cambio. Solo te pido que lo quieras y lo cuides.-
-¿Qué ganarías con eso? – indagué.
-Esto no es sobre mi- dijo aparentemente más calmada llevándose una mano a su todavía plano abdomen
–Esto es sobre el bebé. –
-¿Ahora adoptas el rol de una madre preocupada? ¿Desde cuándo?- se burló Alioth. Pero en el fondo, yo la
entendía. Era una sensación inexplicable.
Lo ignoré y decidí continuar –Necesito saber porque lo estás haciendo y porqué ahora-
-No voy a decírtelo, ya lo dije, son mis asuntos. –
-¿Y qué me garantiza a mí, a nosotros que no nos quitarás al niño? –
-Brianna por favor, no me digas que estás considerando esto. ¡Es obvio que solo quiere molestarnos!-
-Cariño, cariño. – Encerré su rostro entre mis manos –Yo… No creo que nos esté mintiendo, solo piensa. Sí
el hijo es tuyo, tendrás que hacerte cargo.-
-Puede que sí, pero no de esta forma-
-No hay otra forma. No puedo quedarme con el niño- Lía entró en la conversación.
Suspiré, se nos estaba escapando de las manos. El tiempo pasaba y no había un punto en el que
estuviéramos de acuerdo. Lejos de eso, solo discutíamos como unos adolescentes.
Rebusqué en mi bolso y saqué una tarjeta. –Toma- se la entendí –Esta es la tarjeta del doctor Melton, mi
ginecólogo-
-Brianna- gruñó.
-Pide una cita. Para cuando vayas él sabrá que hacer. Si el ADN lo comprueba, nos haremos cargo –
Juraría que ella se enjuagó una lágrima antes de salir, pero no podría probarlo.
Ni bien ella abandonó la habitación me levanté y tomé mi bolso. -¿Así que nos iremos del país de Luna de Miel cariño?-
Capitulo 29: Una pequeña noticia antes de una gran sorpresa.

Un apasionado beso en lo alto de la Torre Eiffel, un par de clases de Salsa en Puerto Rico y Tango en Buenos
Aires y hacer el amor en las maravillosas playas de Filipinas, fueron algunas de las muchas cosas que
hicimos durante ese mes.
Recorrimos varios países y visitamos sus lugares más importantes, lugares de los que habíamos hablado
desde que éramos pequeños. Y por supuesto, no podíamos perdernos las reconocidas fiestas de Ibiza, que
por cierto no nos decepcionaron en absoluto y de dedicamos tres noches y no una como habíamos
planeado.
Pero solo faltaba un día para regresar y nos encontrábamos en nuestro último destino.
-Buenos días dormilona- acercó la bandeja con el desayuno a la cama. -¿Has descansado?-
-Más que bien- dije mientras bebía el jugo de naranja. Comenzaba a pensar que no bebería más de ese jugo
en toda mi vida. Por alguna extraña razón, me obligaba a beber todo el contenido del vaso cada mañana,
sin dejar ni una gota.
Había preguntado en varias ocasiones, pero siempre evadía el tema y terminábamos dejándolo para luego.
-¿Estás tratando de envenenarme?-
Parpadeó varias veces -¿Perdón?-
-¿Por qué tengo que beber esto? He sido muy obediente, pero es hora de que me des una explicación- me
cruce de brazos dejando a un lado el vaso medio lleno nuevamente en la bandeja.
-No cariño, ya te dije que hay un motivo, pero no es hora de discutirlo ahora, es nuestro último día ¿Qué
quieres hacer?-
-Quiero que me des una explicación válida- insistí.
-Podemos tomar sol en la pileta del hotel- se puso de pie y caminó en dirección a la ventana –Es un día
hermoso-
-¿Por qué evades el tema Alioth?- a punto de un ataque corrí hacia un lado la bandeja preparándome para
salir de la cama. –Dijo que no habría más secretos-
-Y no los hay, es algo bueno, solo confía en mi Brianna- <<Mala señal>> la forma brusca en la que se dio
vuelta y en la que me habló no significaban nada bueno.
Pero poco me importó. Me debía una explicación y la iba a conseguir. Obviamente retarlo no funcionaba,
así que tendría que buscar otra opción.
-Confío en ti, mi amor. – relajé todas mis facciones y volví a recostarme. –Ven, acuéstate conmigo-
-Cuando regresemos a casa lo sabrás, ahora por favor, no insistas.- su pecho descubierto me invitaba a
reposar sobre él -¿Harías eso por mí?-
¿Cómo resistirme a esa dulce voz y esas suaves caricias en mi cabello? -¿No hay forma de que te haga
hablar?- con un rápido movimiento me puse sobre él colocando una pierna a cada lado de su cuerpo -
¿Absolutamente nada que te haga cambiar de opinión?-
Me atrajo hacia su cuerpo y después de hacerme vibrar con uno de sus besos dijo –Nada de lo que puedas
hacer me va a sacar una palabra esposa mía-
**************
No habíamos tocado el tema en ningún momento de las vacaciones, pero ya estábamos allí, en el patio
trasero del castillo, bajando del avión. Al día siguiente tendríamos nuestra primera cita con el doctor
Melton, para comenzar con mi tratamiento.
-¿En qué estás pensado bebé? – sentí su aliento en mi oído y las manos rodeando mi cintura desde atrás. –
Saludaremos a todos y nos vamos a casa, no tenemos que estar aquí más de lo necesario, tenemos nuestro
propio hogar ahora-
-Tenemos asuntos que resolver- agregué –Zoe tiene que tener los resultados de la prueba de ADN y demás
estudios-
-¿Enserio quieres encarar ese tema ahora? ¿Por qué no esperamos? Mañana tenemos que ir con el doctor,
deberías estar pensando en eso y ni siquiera recordar a…-
-No quiero recordar eso- lo interrumpí –Cada vez que lo hago me pongo demasiado nerviosa-
-No deberías, todo saldrá bien- depositó un beso en mi cuello.
Suspiré –En fin, no quiero pensar en eso ahora. Y es por eso, que quiero revisar el asunto del bebé de Lía-
-Solo querré al hijo que tú puedas darme. No importa lo que digan unos papeles, no quiero otro bebé que
no sea tuyo- me giró para quedar frente a frente, apretando mi mano con fuerza.
-No digas eso- - fruncí el ceño –No hagas que el niño pague por los errores de sus padres-

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:55 am

-Hay muchas formas de hacerse cargo, y conociendo a Lía, se conformará con una gran cantidad de dinero
mes a mes-
-Ella dijo que no podía conservarlo-
-Fue pura actuación estoy seguro- desvió la mirada hacia las mellizas que se acercaban corriendo. –Además
– se volvió hacia mi –No podremos cuidar de dos bebés al mismo tiempo- llevó un dedo a mi vientre y
dibujó pequeños círculos sobre él.
Sonreí, no era la única a la que se le había despertado el lado maternal –El tratamiento de seguro va a
tardar, si es que funciona. –
Hizo una mueca y sostuvo mi rostro entre sus manos –Va a funcionar, ten un poco más de confianza, por
favor te lo pido-
-En todo caso, podremos con dos bebés al mismo tiempo-
*************
Las mellizas nos recibieron con entusiasmo y atosigaron de preguntas sobre los lugares visitados. Además
de cómo era de esperarse, pedir regalos, a lo que su hermano mayor soltó una carcajada y dijo que los
conseguirían en su propia luna de miel.
En la sala, nuestros padres esperaban acompañados de Zoe y Edwin.
-¿Cuánto sol has tomado niña?- preguntó Arlet con una expresión indescifrable.
Me horroricé y busqué algo que sirviera de espejo de inmediato –Casi nada ¿Por qué? ¿Qué tengo?-
Para sorpresa de todos ella comenzó a reír ¿La reina había hecho una broma? Al parecer sí. –Creí que tenían varias playas en los lugares que visitarían, ninguno de los dos presenta señales de haber estado expuesto al sol- examinó a su hijo también.

-Usamos protector mamá- contestó apartándola.
-El poco tiempo que pasamos al sol- agregué
–Casi siempre visitábamos la playa por la noche, es más… entretenida y privada por esas horas-
-Por supuesto que sí ¿Recuerdas Zoe? Esos días en la playa luego de nuestra boda- dijo Edwin haciendo que
mi hermana se sonrojara y todos volvieran a reír.
Tomamos un infaltable té, y los mayores se despidieron dejándonos a los cuatro solos en la sala. Aparté a
Zoe y dejamos a los hombres conversando.
-¿Cómo has estado?- pregunté refiriéndome a su embarazo.
-Mareada, asqueada y siempre cansada- dijo llevándose una mano a la frente –Decían que a veces, los
primeros meses son terribles, pero no imaginé que a tal extremo. Espero que tengas más suerte-
-Primero debo tener suerte de concebir. ¿Trajiste lo que te pedí?-
-Sí- sacó un sobre de su bolso –El doctor me explicó la situación, Lía no miente Bri. Bueno, no sobre su
embarazo. El bebé es de Alioth, la muestra de sangre que dejaron antes de irse es compatible con lo que
extrajeron del feto-
-Te dije que tenía la certeza que decía la verdad. A Alioth no va a gustarle esto ¿Sabes lo que dijo hace un
rato? Que no querría a otro hijo que no fuera mío-
-Es razonable, lo que no lo es, es que tú quieras cuidarlo. No es tuyo, no tienes ninguna obligaciónMiré
hacia donde estaba mi esposo –Es que lo amo Zoe, haría lo que sea por élElla
pasó su brazo por mi hombro y me abrazó –Ai hermanita, de eso no tengo dudas- suspiró romántica. –
Has crecido tanto en este último mes que casi no te conozco-
-¿Lo dices como algo bueno?-
-Por supuesto que sí, hace dos meses no te creería si me dijeras que cuidarías del hijo de otra mujer solo
porque amas a su padre-
-Hace dos meses estaba pensando en la forma de ahuyentar a alguno de los pretendientes que padre me
presentaba-
-Exacto-
-Y ahora no puedo pensar en otra cosa que no sea mi esposoSí,
la vida da giros extraños y te sorprende a cada paso. Pero tenemos que aprender a recibirlos con los
brazos abiertos y esperar lo mejor de cada uno, porque de otra forma, la felicidad no logrará alcanzarnos
nunca.
***********
-No puede ser- el rubio arrojó los papeles a un costado –Tiene que haber algún error, ordenaré que lo
repitanNo
se había tomado demasiado bien la noticia. Una vez solos en nuestra casa había sacado los papeles que
mi hermana me había entregado.
Me senté en su regazo y acaricié su cabello hasta relajarlo mínimamente –Tranquilo mi amorEl
presionó los labios sobre mi frente -¿Vas a perdonarme algún día por esto? –
-No estábamos juntos entonces, no me has hecho nada-
-¿No te molesta? ¿Ni siquiera un poco? Estás muy tranquila y me asustaTuve
que reconocer que eso era cierto. –No lo sé, a mí también me asusta. Zoe siempre dice que el amor
hace milagros-
-Zoe tiene mucha razón- mostró una enorme sonrisa.
-Resolveremos esto mañana, ahora solo quiero ir a la cama, estoy exhausta-
-Espero que no demasiado…- susurró en mi oído y me cargó subiendo las escaleras.
Capitulo 30: Sorpresas. Grandes sorpresas.

No me había sentido tan nerviosa jamás, ni siquiera para el día de la boda. La sala de espera del doctor
Melton se hacía cada vez más pequeña y se agotaba el oxígeno. El teléfono del escritorio de la secretaria no
dejaba de sonar, y nadie estaba allí para contestar.
-¿Cómo puedes estar tan tranquilo?- apreté con más fuerza su mano. Hasta el día anterior era yo quien
mantenía la calma, pero en ese momento los papeles se habían invertido.
-Porque no deberías, no hay razón para estarlo- me abrazó y presionó sus labios contra mi cabello.
Así me mantuvo hasta que fuimos llamados para entrar al consultorio. El médico nos recibió con una gran
sonrisa y felicitaciones atrasadas por nuestra boda.
-¿Y bien? ¿Cómo se ha sentido señora Van Helmont?- “Señora Van Helmont” que lindo sonaba eso.
-Muy bien doctor- respondí extrañada –Pero antes de hablar de mí, quisiera que nos informe un poco sobre
la otra situación-
Alioth bufó – ¿Es que te preocupa más el hijo de otra que el tuyo propio?- preguntó claramente molesto.
Ignoré su comentario. -¿Sabe de lo que hablo doctor?-
El hombre asintió –Supongo que han visto que la prueba de ADN fue positiva, además puedo decirles que al
parecer todo está normal con el feto, dos meses y medio de gestación, ninguna anomalía detectada aún.
Pero en cuanto a la madre… ¿Están interesados en saber sobre ella?-
-Si- contesté enseguida, pero mi esposo pronunció un rotundo –No-
-Yo creo que es importante, con todo el respeto su majestad, es su hijo el que la señora lleva dentro-
-Muy bien dicho doctor, pero no se preocupe por mi esposo, todavía no logra procesar toda la situación-
-Es normal- apoyó –Ahora bien, a pedido de su hermana, me he puesto en contacto con otros colegas y he
descubierto algo que si bien no perjudica al embarazo, es vital que ustedes estén al tanto de la situación-
-Deje de dar vueltas a la situación y díganos de una vez lo que sabe- otra vez había vuelto el pánico en él.
Sabía que quería ocultarlo detrás de esa actitud desagradable.
Acaricié su mano por debajo del escritorio mientras le indiqué a Melton que comenzara.
-La señora padece de un tumor cerebral avanzado, a tal extremo que no hay tratamiento ni operación que
funcioneDefinitivamente
no esperaba eso. -¿Cuan… cuanto tiempo le queda?- ella no era de mi agrado, pero nadie
se merecía algo como eso.
-Un par de meses, no los suficientes como para que vea nacer a su bebé, es por eso que ha firmado un
acuerdo con mi clínica para que cuando empeore, sea internada y se la mantenga con vida hasta el
nacimiento de la criaturaRespiré
hondo. Eso era terrible. Miré a Alioth pero el parecía apenas respirar. –Es por eso que dijo que
quiere que lo cuidemos nosotros, que no se interpondría en nuestro camino… No estaba mintiendo
después de todo- le dije buscando su mirada. Pero seguía inmóvil. -¿Están seguros de que no hay una cura o
algo que pueda darle un poco más de tiempo?-
-En realidad, si ella decidiera abortar, lo que es totalmente legal en estos casos, tendría unos meses más,
pero ella no quiere siquiera hablar sobre ello.-
-Comprendo- yo también haría lo mismo ¿Qué son unos meses más de vida en comparación de una entera
de nuestro hijo?
Alioth se aclaró la garganta -¿Ahora podemos hablar sobre mi esposa y mi hijo?-
El doctor me dedicó una mirada rápida y volvió a hablar. -¿Le ha estado dando lo que le receté y en la forma
en que acordamos?- preguntó mirando al príncipe quien asintió curvando los labios en una disimulada
sonrisa que no pasó desapercibida para mí.
-¿De qué están hablando?- ataqué –Yo no he tomado nada-
-Claro que sí, has bebido el jugo de naranja todas las mañanas durante exactamente un mes, tal y cómo el
doctor me indicó, además no te has enterado que era lo más importante-
-No creo entender- sacudí la cabeza un par de veces -¿Qué era lo que tomé?-
-Una hormona, pero no entraremos en detalles, ahora vamos a extraer un poco de sangre y para mañana
tendrán los resultados. En caso que esté embarazada, continuaremos con un tratamiento hasta que se
cumplan los tres meses. De lo contrario, continuaremos con el mismo durante un mes másNo
lograba procesar ¿Acaso existía la posibilidad de que ya estuviera embarazada? Mi corazón dio un
brinco y, sentí ganas de saltar allí mismo.
-Ahora eres tú la que se quedó sin palabras- susurró Alioth en mi oído.
Sonreí y atrapé su cuello para abrazarlo y besarlo.
-Iré a buscar a la enfermera para que le extraiga sangre- anunció Melton saliendo por la puerta.
-No puedo creerlo. Oh estoy tan feliz- grité dejando de besarlo y luego retomando nuevamente. –No puedo
creerlo todavíaMe
sostuvo por la cintura y hundió su cabeza en mi cuello. –Te dije que todo estará bien, si no es este mes
será el próximo-
-Serás rey y yo tu reina después de todo-
****************
Cuando la euforia pasó, ya estaba entrando la noche. Era el primer día que me encontraba al servicio
contratado para la nueva casa, los que se ocupaban del interior por lo menos. La cocinera se llamaba Lisa y
era una mujer de unos cuarenta años madre de dos hijos adolescentes según lo que me había contado. Y su
esposo era nuestro nuevo mayordomo, Lincoln. Dos personas amables que inspiraban mucha confianza.
Una vez en la cama me dediqué a buscar todo lo que se pudiera encontrar en internet sobre la enfermedad
de Lía. Pero no pude recolectar mucho antes de que Alioth llegara a mi lado.
-¿Qué estás haciendo?- se acercó y ojear la pantalla de mi ordenador. –Brianna…- suspiró al ver lo que
hacía y bajó la pantalla con brusquedad.
Quise protestar, pero no serviría de mucho. –Dime qué piensas- retiré la computadora de mis piernas y me
apegué más a su cuerpo, acariciando su pecho desnudo de arriba hacia abajo y en círculos. –Solo se
honesto conmigo, sé que no estás bien. Te conozco mejor que nadie ¿recuerdas?-
-Pienso que… estoy siendo demasiado egoísta… que no tengo la menor idea de que vamos a hacer con el
niño o niña, lo que sea, no es tuyo… -
-¿Cuántas veces tengo que repetirte que no me importa? Si es tuyo es mío, lo voy a amar tanto como te amo
a ti- besé su nariz y capturó mi boca en un largo beso ardiente. Mordisqueó mis labios y bajó hasta mi
cuello. Con sus ágiles manos arrancó el fino camisón que llevaba puesto y así también mi ropa interior.
Apresó mis manos sobre mi cabeza y se detuvo a observarme. –Eres la mujer más hermosa, compasiva y
deseable que he conocido en toda mi vida. Siempre fuiste diferente y especial para mí, si no estaba seguro
de cuáles eran los motivos antes, ahora no tengo ninguna duda-
**************
Desayunamos de camino al consultorio, ambos estábamos demasiado ansiosos como para sentarnos en la
mesa con tranquilidad.
Condujo a una velocidad que superaba el límite permitido, y tomó el camino más corto, que de todas
formas se hizo interminable y de igual forma la espera para ser atendidos.
Entrelazamos nuestros dedos y entramos al ser llamados.
-Buenos días- Melton levantó la vista de una pequeña pila de papeles –Adelante por favor, tomen asientoindicó
con el ceño fruncido.
-No al suspenso doctor- advirtió Alioth, pero con una sonrisa dibujada. –Mi princesa está temblando de los nervios-
-No debería, la tensión no es buena para su estado señora, felicitaciones. Está embarazada –

Capitulo 31: Cinco meses

[Cinco meses después…]
-¿Son todos así de tranquilos?- preguntó Zoe mientras cargaba a Nina, la pequeña hija de dos meses de Ria.
-Oh no, ella es tan distinta a sus hermanos que hasta me preocupa a veces, pero el doctor dice que todo
está bien. Es solo más tranquila que los demás- contestó ella encogiéndose de hombros.
-Es tan hermosa, y tan pequeña ¿Cómo haces para bañarla? – la acunó entre sus brazos y su ya crecida
barriga de seis meses.
-Es fácil, oh ya se acostumbrarán. Tienen que vencer ese miedo a lastimarlos chicas, es lo único que las
detiene. Tienen que aprender a disfrutar de sus hijos, especialmente en sus primeros momentos, cuando
más nos necesitan. Pero siempre pasa en una madre primeriza… ¿Brianna? ¿Estás bien?-
-Es raro que estés tan callada- agregó mi hermana pasándole el bebé a la niñera.
Sacudí la cabeza y seguí con la vista a la nana alejándose. –Solo pensaba – me forcé a sonreír -¿Les conté
que mañana es la cesárea de Lía? Cuando tengan a la bebé la desconectarán-
-No, no lo dijiste Bri.- Zoe se levantó lentamente de su lugar y se acercó a mí -¿Pero no le falta algo así como
un mes?-
-Mes y medio, pero su cuerpo ya no resiste y es peligroso que la niña siga allí- suspiré.
-Siete meses y medio no es tan peligroso, no deberías preocuparte, la clínica tiene una excelente UCIN.
Estará bien- del otro lado del sofá Ria tomó mi mano. -¿Qué dice Alioth al respecto?-
-Nada… Solo habla sobre el nuestro, no hay noche que no le hable a mi barriga, es tan gracioso y dulce al
mismo tiempo-
- ¡Mamá!- Duncan, de ocho años, apareció corriendo y cubriendo de barro la alfombra de la sala.
-¡Fue su culpa!- lo acusó Charles, de cinco, apareciendo por detrás en el mismo estado que su hermano. Y
luego una batalla se desató entre los dos y Ría debió actuar como intermediaria.
**********
Los ejercicios pre parto me dejaban exhausta, como si andar con una barriga de cinco meses para todos
lados no fuera agotador, mi hermana había tenido la magnífica idea de inscribirnos a uno de esos cursos de
gimnasia para embarazadas.
Me di un largo baño para relajar los músculos luego del estiramiento y decidí que era hora de irme a la
cama.
-¿Brianna?- escuché decir a Alioth que entraba a la habitación. -¿Estás bien? – me destapó y llevó la mano
hacia mi abultado vientre. -¿Te sientes mal? ¿Debo llamar al doctor Melton?-
-¡No!- dije mareada de tantas preguntas –Estoy bien, solo un poco cansada.-
Suspiró aliviado -¿Has cenado ya?- Negué –Ordenaré que nos traigan la cena a la habitación-
-Esa es una buena idea- sonreí -¿Has limpiado tu agenda para mañana?-
-Si cariño, no tienes que preocuparte por nada. – se puso de pie y comenzó a aflojarse la corbata y quitarse
el saco. –Estaremos allí mañana a primera hora, tal y como te prometí-
-¿Estás triste? ¿Feliz?- Indagué. Necesitaba sacar algo del él sobre ese asunto. Era frustrante no saber qué
pasaba por su cabeza en esos momentos. Le había dejado en claro que para mí era más que un placer
poder cuidar de esa pequeña bebé que llevaría su sangre, sería tan hija nuestra como el pequeño que
llevaba dentro de mí, pero su actitud de negación hacia ella no había cambiado en absoluto.
Se tendió en la cama apoyando su cabeza en mi regazo –No lo sé, trato de no pensar en eso ¿Tú como te
sientes?-
-Impotente- palabra exacta para describir como me sentía –Van a desconectarla Alioth, me siento tan mal
por ella, se que nunca fuimos amigas, ni siquiera me agradó pero… No creo que nadie se merezca tan
terrible final-
-Nunca tuvimos la oportunidad de ayudarla Bri, nadie pudo-
-Si eso es lo que piensas ¿Por qué te comportas de ese modo cuando la nombro o cuando quiero que la
veas? No lo has hecho ni siquiera una vez en todos estos meses-
-No puedo acercarme a ella, verla allí me recuerda todo lo que la usé.- Se sentó de golpe - No guardo
ningún sentimiento hacia ella, nada. Es como una desconocida para mí, una desconocida que mañana va a
dar a luz a un hijo mío y luego a morir por ello-
-Acabas de decir que nadie puede ni podía ayudarla, no te castigues amor- le hablé suavemente al oído sin
poder expresar lo que pensaba sobre sus palabras. Sí, ese era uno de los defectos de él en el pasado, nunca
me había importado de todos modos, conmigo siempre había sido diferente como siempre me decía, yo era
“especial” y ahora comprendía el porqué.
**********
Llegamos al sanatorio muy temprano esa mañana, el doctor Melton nos presentó al resto del equipo que
estaría en la cirugía ya que no sería una cesárea normal, y luego nos preguntó si queríamos un tiempo a
solas con la paciente, a lo que miré a Alioth. Él respondió con un rotundo “no” y entonces todos se
adelantaron al quirófano.
Esperaba que por lo menos alguien de su familia estuviera allí. Pero nunca llegaron. Era triste por un lado,
pero cierta parte de mi se sentía aliviada de no tener que compartir a la bebé con alguien más. Totalmente
egoísta, pero cierto.
Me senté en una de las sillas de la larga fila al costado del pasillo e intenté relajarme por medio de las
técnicas de respiración que estaba aprendiendo en el curso pre parto.
Pero una extraña sensación me hizo estremecer. –Oh por dios- llevé una mano a mi panza.
-¿Qué está pasando?- mi esposo, se abalanzó sobre mi tomando mi rostro entre sus manos.
Inhalé profundamente –Creo que ha pateado- tomé su mano y la acerqué para que pudiera percibir lo
mismo que yo. -¿Lo sientes? Lo está haciendo otra vezEl
príncipe sonrió emocionado pero sin pronunciar una palabra.
-Creo que está contento porque va a tener a su hermana cerca- murmuré.
Una hora y diez minutos exactamente pasaron hasta que una enfermera salió del quirófano y pasó por
delante de nosotros perdiéndose en otra puerta antes de que pudiera preguntarle algo. Miré a Alioth, que
no había borrado esa sonrisa radiante desde la conversación anterior y no despegaba su mano o su oído de
mi vientre.
Un doctor salió y repitió el mismo camino que la enfermera anterior en el mismo lapso de tiempo.
Maldije para mis adentro y me puse de pie. El próximo no se me iba a escapar tan fácil.
-¿Qué pasa?-
-¿Es que no viste a todas esas personas? Está muy claro que nos están evitando, pero el siguiente que salga
de allí no se me va a escapar- señalé.
-Tranquila, seguro que solo hacen su trabajo. Tal vez ni siquiera nos vieron, yo no los vi- volvió a sonreír de
esa forma tan dulce.
Un sonido hizo que nos volteáramos a mirar hacia atrás. El doctor Melton se acercaba a nosotros, y no
estaba solo. Otra enfermera venía detrás de él cargando un pequeño bulto consigo, cubierto de una manta
color rosa.
Contuve el aire al darme cuenta de qué o mejor dicho, quién se trataba eso que había identificado como un
bulto.
-¿Es ella?- pregunté en un hilo de voz.
-¿Quieren cargarla antes de que nos la llevemos?- la señora vestida con un uniforme blanco se acercó –Es
una niña fuerte y sana, pero de igual manera debemos llevarla a la incubadora.-
Mi pulso temblaba, corrí la tela que la cubría lo suficiente para ver su rostro. Un pequeño pedazo de cielo,
eso era. Deslicé mi dedo sobre su suave y delicado rostro, sus ojos estaban cerrados pero sus diminutas
manos se abrían y cerraban frágilmente.
-Puede cargarla si quiere- insistió la mujer.
Pero no me sentía capaz, tenía demasiado miedo de hacerle daño. En mi vida había sostenido a alguien tan
pequeño. Y luego recordé las palabras de Ria el día anterior “Tienen que vencer ese miedo a lastimarlos
chicas, es lo único que las detiene. Tienen que aprender a disfrutar de sus hijos, especialmente en sus
primeros momentos, cuando más nos necesitan.”
-No se como hacerlo ¿Puede ayudarme?-
-Solo tienes que sostener su cabecita, eso es lo más importante. Y luego la envuelves con todo tu brazo-
-Es demasiado pequeña- dije sintiendo su calor en mi brazo. Parpadeé varias veces intentando devolver a
su lugar a la lágrima que quería escapar.
-Lo ve señora, no es tan difícil-
-Hola preciosa- le hablé en un susurro –Bienvenida al mundo pequeña- besé su frente y la arrimé a mi
pecho para poder sentirla tan cerca como fuera posible.
Cuando levanté la cabeza, totalmente feliz y hechizada por esa criatura, observé que el doctor y la
enfermera intercambiaban una incómoda mirada. Entonces, di media vuelta en dirección hacia el lugar
donde centraban sus ojos esos dos.
Lo que más había temido, Alioth no solo no se había acercado sino que se había sentado en la silla más
lejana.
-¿Puedo…- antes de que pudiera completar la frese ambos asintieron.
Caminé lento hacia él que parecía no percatarse de que me estaba acercando y no estaba sola. – Papi esta
un poco emocionado y confundido ahora, pero no te preocupes mi amor, papá te ama y está contento de
que al fin estés con nosotros- me acomodé a su lado rozando su pierna con la mía y hablando para llamar
su atención.
Y funcionó. Levantó la vista lento e inseguro.
-Solo mírala cariño, mira a tu hija
El no respondió. Solo soltó un largo suspiro cargado de pena y dolor. ¿Pero por qué? No lograba entender.
Tomé su mano de la misma forma que lo había hecho momentos atrás y llevé sus dedos hasta las mejillas
rosadas y suaves de ella.
Pero apenas las rozó apartó su mano bruscamente y se levantó. –No puedo hacer esto- dijo finalmente y a grandes zancadas abandonó el lugar.

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Re: Descontrol en la realeza

Mensaje por Admin el Dom Feb 28, 2016 10:56 am


Capitulo 32: Ser padres.

Te estás comportando como un adolescente Alioth- dije con un tono de reprobación. Había dejado a la
bebé con la enfermera y luego bajado por el ascensor hasta la planta baja de la clínica en su búsqueda,
encontrándolo en la fila de sillas frente a la entrada. –Creí que habíamos hablado sobre estoMe
senté a su lado y pasé una mano por su espalda tensa por un momento hasta que decidió mirarme.
Cuando se destapó el rostro antes cubierto por sus manos su mirada viajó directamente a mi abdomen y
pude verlo esbozar una pequeña sonrisa.
-Lo siento- pronunció –Lo siento, es real ahora, cuando la vi allí contigo, tan pequeña…- suspiró dejando
salir el aire lentamente –Se que dije que estábamos preparados para esto, pero ahora no estoy tan seguro-
-Lo que creamos ya no importa, no podemos huir a ninguna parte- solté un pequeña risa señalando el lugar
donde nuestro hijo esperaba ahora antes de salir en unos meses.
La expresión preocupada se borró –Supongo que no, supongo que soy un cobarde por salir de allí de esa
forma.- dijo mirando hacia el techo.
-Supones bien- me acerqué a besar fugazmente sus labios. –Pero te entiendo, lo sé, hace tres meses solo
pensábamos en que club visitar por la noche o en una forma diferente para molestar a nuestros padres-
-Y ahora los padres somos nosotros- hizo una mueca. –Y no me malentiendas estoy feliz por eso, pero
también estoy aterrado-
-El miedo se esfuma cuando la tienes cerca, te hace sentir fuerte el hecho que sea tan pequeña, solo
puedes pensar en protegerla-
-¿Me perdonas?-
-No tengo nada que perdonarte- lo abracé feliz de haberlo ayudado a entrar en razón. Y si no estaba seguro
con nuestra charla, lo estaría cuando lograra que tuviera entre sus brazos a su hija. –Debemos pensar un
nombre, iba a proponer que la llamásemos como su madre… -
-Su madre eres tu- sentenció –Su única madreAsentí
pesando en que tal vez en un tiempo hablaríamos sobre ello. De todas maneras no sería posible
ocultarle la verdad cuando fuera mayor.
-No vamos a ponerle mi nombre- apunté – Me gusta Geraldine-
-Isabella- agregó. –Geraldine Isabella- repitió uniendo ambos nombres.
-Eso suena bien, Geraldine Isabella Van Helmont, princesa de Sourmun- anuncié imitando al típico
presentador de fiestas.
Ambos reímos y decidimos, implícitamente, volver arriba.
************
Al llegar a la UCI, nos detuvimos a mirar por el ventanal desde donde podían verse a todos los bebés.
-¿Qué son todos esos cables?- preguntó horrorizado mi esposo refiriéndose a los conectados en cada
criatura allí dentro.
-No lo sé- contesté de la misma forma.
-Son para monitorearlos. – Una voz femenina nos sorprendió por detrás y al voltearnos nos topamos con la
misma enfermera a la que le había entregado a la niña minutos antes. –Como ya les explicamos, es una
niña fuerte y al parecer sana, pero la mantendremos aquí por unas semanas hasta que el doctor considere
que está lista para ir a casa-
-Si está sana ¿Por qué no la podemos llevar con nosotros?- cuestioné.
-Le faltaban un par de semanas de gestación, puede presentar algún problema aún-
-¿Eso quiere decir que solo la podremos ver desde aquí durante este tiempo?- Eso sería una gran desilusión.
La mujer curvó los labios y se apresuró a decir gentilmente –Los padres están autorizados a entrar y estar
con ellos, por supuestoSuspiré
aliviada -¿Podemos hacerlo ahora mismo?-
-Por supuesto- concedió.
Ver a Alioth cargando a la bebé con tal ternura, era conmovedor. Sus facciones relajadas y sus brazos
envolviéndola con cariño, me dieron la certeza de que todas sus dudas y miedos anteriores habían
desaparecido.
-Ella es preciosa- susurró.
-Te lo dije-
-¿Crees que podrá perdonarme por haberla negado todo este tiempo?-
-Ella te perdonará cualquier cosa, es tu hija- Por supuesto, esas palabras no tenían ningún significado
viniendo de mí. No podía decirse que tuviera una buena relación con mis padres. –Solo procuraremos ser
buenos padres- agregué
***********
El funeral de Lía fue días después, y aunque la familia real cubrió todos los gastos, ninguno se presentó, ni
siquiera Alioth o yo. Según los informes recibidos, solo unos pocos amigos y familiares no tan cercanos
asistieron, sorprendidos por el entero desconocimiento de su enfermedad, y claro estaba, de su embarazo.
Lo que era bueno según mi egoísta opinión, puesto que suponía que no tendría que compartir a mi nueva
hija con ningún extraño.
En cuatro semanas tuvimos la fortuna de poder llevar a Geraldine a su nuevo hogar, para gran felicidad de
todos. Había alcanzado el peso adecuado y los especialistas habían estado de acuerdo en darle el alta.
La dicha nos invadía, pero en la primera noche con ella en la casa, supimos que el duro trabajo acababa de comenzar…

Con un gran esfuerzo me senté sobre la cama y tratando de no hacer demasiado ruido me puse de pie.
Alioth había pasado la noche entera cuidando a la pequeña Geraldine que cada tres horas comenzaba a
llorar reclamando alimento.
Usualmente teníamos una niñera, pero no ese día. Ni el anterior. Era agradable por el día atender y cuidar
de la bebé, pero por la noche era realmente extenuante. No para mí por supuesto, yo no me levantaba de la
cama y no porque no lo deseaba, sino porque era demasiado lenta para hacerlo, gracias a que solo
faltaban dos semanas para que nuestro hijo viera la luz.
-¿A dónde vas?- aunque lo dijo en forma de susurro logré escuchar su adormilada voz mientras intentaba
colocarme un pantalón. Ya no estábamos en primavera, ni siquiera en otoño, el frío de diciembre se hacía
notar en cada momento.
-No puedo dormir y no quería despertarte. Yo puedo ocuparme de la niña, de seguro Lisa y Lincoln ya están
levantados. Ellos me ayudarán. Descansa- hice un ademán con la mano para que siguiera durmiendo, pero
si siquiera prestarle atención de un salto estuvo fuera de la cama.
-La única que tiene que descansar eres tú-
-No he sido yo quien pasó la noche dando vueltas, regresa a la cama esposo-
-Solo si vienes conmigo- pasó un brazo por debajo de mis rodillas y el otro por detrás de mi espalda,
levantándome y cargándome hasta el cochón.
-¿Oyes eso?-
Suspiró y se derrumbó en la cama, para recuperar el aliento y saltar nuevamente.
-Tráela aquí- dije cuando salía por la puerta y me dispuse a alisar las sábanas para recostarla allí. Era
agradable tenerla cerca. Sentir su perfume, su piel suave cuando sus manitos apretaban mi dedo y hasta
sus chillidos cuando estaba hambrienta eran hermosos.
¿Quién no podría amarla?
Alioth entraba nuevamente al cuarto, con ella entre sus brazos. Y con delicadeza la depositó en el medio de
la cama, pero no dejo de llorar.
-Lisa está preparando su biberón, enseguida lo traerá. Si tan solo ella pudiera entender eso- musitó
frustrado, luego se recostó del otro lado.
-Oh ven aquí, no escuches a papá, puede ser un idiota a veces y más cuando está cansado.- la sostuve en
mis brazos y acuné contra mi pecho. Entonces dejó de llorar.
Sonreí. Eso funcionaba a veces.
-Creo que solo quería ver a su mamá después de todo- dijo Alioth besando su pequeña cabecita y subiendo
a mis labios.
**************
Abrí los ojos con pereza y un bostezo se escapó de mis labios. Me había quedado dormida cuando Geraldine
reposaba en el pecho de Alioth luego de llenar su estómago. Roté cambiando de posición para quedar de
costado, apenas despierta había sentido un dolor de espalda muy fuerte, pero asumido que se debía a la
mala posición.

-¿Dónde está?- pregunté acomodándome contra él.
-La hija de Lisa se la llevó ¿Te sientes bien?- el también rotó quedando frente contra frente. Rozando
nuestras narices. –Me quedé aquí porque te quejabas dormida.-
-Es mi espalda, me duele bastante ¿Cuánto he dormido?-
-Una media hora- sonrió y comenzó a acariciar mi cabello y descender por los brazos, el pecho hasta llegar
a mi abdomen. –No se está moviendo- advirtió.
-Tal vez esté cansado o algo así.- respondí poniendo la mano junto a la suya y percibir lo mismo que él.
Nada. –Es extraño- tuve que convenir. Mi pequeño Robert, como habíamos decidido llamarlo, Robert Elric
Van Helmont, siempre estaba lleno de energía, y no paraba de patalear. -Tengo que ir al baño, siento que
voy a explotarLevanté
una pierna y luego la otra. Con un mayor esfuerzo, me impulsé haciendo fuerza sobre mis brazos
pero enseguida Alioth estaba allí para ayudarme a ponerme de pie. –Te llevo- dijo y comenzó a levantarme
pero lo detuve antes.
-Necesito caminar mi amor, son solo unos pasos.-
Miré divertida y a la vez con ternura cuando me dejó ir. Solo dos pasos hice y un mareo me hizo tambalear
por no segundos.
-Brianna- escuché decir a Alioth.
-Estoy bien, estoy bien- respondí logrando la estabilidad nuevamente –Solo fue un pequeño mareo, creo
que me apresuré demasiado- me volví para darle una sonrisa tranquilizadora.
-No Bri, es… - se inclinó y jaló las sábanas arrancándolas.
No me moví pero otro mareo llegó rápido y todo se volvió borroso.
Él levantaba una tela con un mancha roja, y se aproximaba a dando grandes pasos. Oí mi nombre unas
cuantas veces cada vez más alejado y todo se volvió gris y luego negro.
************
Murmullos y susurros cerca me alertaron. No estaba sola. ¿Otra vez me había quedado dormida? No
recordaba cuando eso había sucedido.
Mis párpados parecían pesar kilos y se me dificultaba levantarlos. Costó pero pude hacerlo y luego
parpadeé varias veces para adaptarlos a la luz de la habitación.
<<Esta no es mi recámara>> pensé instantáneamente al ver las paredes completamente blancas y el
pequeño televisor enfrente.
-¿Bri? Soy Jess…- volteé la cabeza hacia mi derecha, de donde provenía la voz –Has despertado, llamaré a
la enfermera que acaba de irse. Regresaré enseguida ¿Si? Tranquila- y con eso se apresuró a la puerta y
salió del cuarto.
¿Qué estaba ocurriendo? ¿Enfermera había dicho? Eso quería decir que estaba en un…
Sin pensarlo llevé mis manos a mi vientre… plano. –Debo estar alucinando- dije tratando de convencerme
a mi misma. Me enderecé encorvando la cabeza para mirar.
Estaba plano. Sin dudas ya no había nada allí, no podía sentirlo.
Recordé la mañana en la pieza. Los mareos, los gritos de Alioth, la sábana con la gran mancha roja y mi
visión borrosa.
El pánico me inundó.
Jess y Anabelle aparecieron detrás de la enfermera que cruzaba el umbral de la puerta con una amplia
sonrisa. –Buenas noches señora Van Helmont- saludó.
-¿Qué me pasó? ¿Dónde está mi hijo?- chillé al borde de las lágrimas por desesperación.
-Tranquila Bri- Ana se adelantó a la enfermera y me abrazó. –Todo está bien, hubo un problema y tuvieron
que hacer una cesárea de emergencia, pero no tienes que preocuparte-
-¿Dónde está?-
-Con mi hermano y el doctor. TranquilaNo
iba a tranquilizarme hasta que lo viera y supiera que estaba bien. En un momento estaba en mi
habitación, en mi casa, embarazada, y al otro en un hospital, sin bebé. –Has que lo traigan Jess, necesito
verlo. Por favorElla
asintió y se giró para salir al pasillo, mientras su melliza se ponía de pie para darle lugar a la señora.
-Necesita relajarse. Puede que el doctor tarde en la revisación de su hijo. Voy a poner un tranq…-
-¡Ni se le ocurra! Aleje eso de mí. Voy a esperar despierta hasta que mi esposo vuelva- grité e inhalé
después. No sabía que podía ser cansador hablar levantar la voz.
-Pero señora tiene que reposar… Ha pasado por una cirugía hace un par de horas…-
-Dije que estoy bien-
-Es por su bien. Si no se queda quieta van a dolerle los puntos y pueden hasta saltarse- pronunció de
manera suave pero dictadora.
Ella parecía no escuchar mis quejas ni tampoco darse cuenta de quien era yo. Así que recurriendo a una de
las tácticas de mí esposo dije –Soy la princesa de Sourmun y le ordeno que me deje en paz y obedezcaMi
cuñada ahogó una risa y la enfermera pareció no inmutarse –Usted no puede dar órdenes en su estado-
-Anabelle ¿Puedes ayudarme un poco aquí?- pedí derrotada.
-Ya no será necesario- ante esas palabras mi vista se centró en la puerta.
Alioth estaba parado allí y la pequeña silueta del bebé estaba cubierta con una manta color celeste.
Se acercó y orgulloso extendió sus brazos para pasarlo a los míos que esperaban con desesperación poder
cargarlo.
-Aquí está mi amor. Nuestro hijo, fuerte y sano.- sonrió al entregarlo.
A pesar de sus pocas horas de vida, su carita y manos hinchadas, era el ser más hermoso que había visto en
mi vida. Y era mío. Completamente.
-Es nuestro- dijo emocionado y mirándome a los ojos –Aún no puedo creer que hayamos sido capaces de
crear algo tan maravilloso. Tan perfecto-
-Lo sé- pronuncié sin quitar mis ojos del niño. Teníamos al heredero del reino. Era increíble pensar que con
solo nacer estaba salvando a toda la familia, todo el sistema, todo un reino.
-Ya estoy sintiendo celos Brianna, ¿Es que no me vas a mirar más ahora que lo tienes a él?- bromeó.
-Oh mi amor- levanté la vista hasta llegar a sus ojos. – Esto solo hace que te ame más aún. Ahora, estamos unidos para toda la vida

Epílogo

Las campanas de la Gran Catedral sonaba dando aviso de la salida de los novios. La nueva señora Hamilton,
que vestía un majestuoso Vera Wang blanco, y lucia una sonrisa radiante sujetando el brazo de su ya
esposo, fue la primera en ser captadas por las cámaras que aguardaban afuera.
Ambos posaron durante unos segundos y se encaminaron hacia la carroza con los cuatro caballos blancos
que esperaban pacientemente.
El gran salón del castillo de Sourmun estaba decorado en tonos blancos y celestes. Con una inmensa lista
de invitados, la fiesta de celebración más lujosa que se había visto en los últimos tres años era todo un
éxito.
La reina y el rey compartían palabras con los diplomáticos asistentes, así también con miembros de otras
casas reales del continente. Todos presentes, nadie faltaba. No había escándalos ni problemas a simple
vista. Pero si haces un acercamiento a la mesa principal, en la que se encuentran los novios y su familia más
cercana, puedes notar que eso no es cierto.
Dos pequeños rubios traviesos, no pueden comportarse como es debido, el príncipe intercambia miradas
asesinas con el hermano de su nuevo cuñado, los protagonistas de la boda intentan negociar la paz cada
vez que alguno abre la boca y una niña de tan solo un año intenta atrapar la vajilla de la mesa desde los
brazos de su padre.
Mientras tanto, Lady Brianna y Lady Anabelle, están a punto de sufrir un ataque. Y no precisamente de
nervios, sino de risa.
-Ellos parecen unos adolescentes- susurró la rubia a su cuñada.
-Son tan graciosos, no sé lo que pretende Arthur, como si sus insinuaciones significaran algo para mí -
respondió la otra intentando quitar la mancha de helado de chocolate de la camisa blanca de su hijo
Robert de tres años.
-¿Acaso Alioth no sabe eso?-
-Por supuesto que sí. Pero ya sabes lo celoso que puede ser a veces y no te niego que amo que lo seaagregó
con una sonrisa en dirección a su esposo ubicado en la silla contigua.
-¿Es que acaso hay algo que no ames de él?- murmuró Anabelle viendo como la pelirroja comenzaba a
besar sin pudor a su amado que sostenía a Charlotte en sus brazos.
-¡Mamá!- el chillido de Geraldine hizo que todos centraran su atención en ella.
-¿Qué pasa cariño?- preguntó Brianna y la niña señaló la camisa de su hermano. –Por dios Robert, que
desastre-
-¿Has traído un repuesto?- preguntó el rubio.
-¿Un repuesto? He traído cuatro y solo me queda uno. ¿Puedes ir a cambiarlo? Mi bolso está en el
guardarropa y allí está la otra camisa-
Él asintió y le entregó a su hija menor, para luego llevar a joven príncipe a cambiarse.
********
Daniel Hamilton y su nueva esposa, Jessania Hamilton, se retiraron luego de una exitosa recepción,
pasarían la noche en su nuevo hogar y por la mañana partirían a Estados Unidos, específicamente a Miami,
Florida, donde pasarían su luna de miel durante tres semanas.
A ellos le siguieron el resto de los invitados, quienes exhaustos luego de un día entero de ceremonias y
celebraciones, ansiaban regresar a sus correspondientes residencias.
Brianna salió de la habitación de Charlotte y se cruzó con su esposo que abandonaba la de Robert. -¿Está
dormida?- dijo en un susurró.
-Plácidamente, y Geraldine no se ha despertado desde que llegamos. ¿Char?-
-Duerme como un angelito.-
-Ella es un angelito- la corrigió el rubio. -Tal como su mami-
-¿Un angelito yo?- musitó ella mordiéndose el labio inferior.
-Lo eres para mí, eres todo para mí, cariño- Alioth se acercó peligrosamente y la tomó por la cintura
pegando su pecho con el suyo.
-Mmm- Brianna alzó la vista para encontrarse con sus ojos y luego descender a sus labios. -¿Estás seguro?-
-Si no me cree, permítame demostrárselo mi lady-
-Con mucho gusto su majestadY
no fueron necesarias más palabras, en cuestión de segundos las puertas de la habitación principal
estuvieron cerradas. Habitación en la que ambos pasarían la noche demostrándose su amor incondicional, de la forma en la que solo ellos podían hacerlo.

-FIN Very Happy

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Re: Descontrol en la realeza

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