Doctor Engel

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Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:11 pm



Natalia es agredida nuevamente por Mario, su novio desde la universidad. Es trasladada a la sala de Urgencias de un hospital de Madrid, allí conoce al Doctor Engel, "SU ANGEL" como ella lo llama. Un apuesto y atractivo alemán de madre española dispuesto a ayudarla...

Capitulo 1

Siento un empujón tan fuerte que pierdo el equilibrio. Caigo con violencia de
rodillas al suelo. Los gritos e insultos no cesan... sus manos agarran mi
camiseta y tiran con fuerza. Noto como la ropa presiona mi cuello cuando lo
hace. Me gira y sin esfuerzo consigue colocarme a la altura de sus ojos para
que lo mire. Gotas de saliva mezcladas con alcohol llegan hasta mis mejillas,
pestañas, y nariz cuando me habla, está totalmente fuera de control...
Mario no era así cuando le conocí. Llevamos juntos más de cinco años y estos
dos últimos están siendo un infierno... Empezamos a salir en la universidad.
Desde entonces, ha sido mi primer y único amor. Soy incapaz de dejarlo, no
me atrevo, tengo miedo a su reacción. Sé que si lo hago enloquecerá y quien
sabe lo que es capaz de hacer.
No entiendo por qué todavía le quiero, aunque a veces creo que no es amor
sino pena lo que siento. Mario solo me tiene a mí, le despidieron del trabajo
hace diez meses y desde hace años no habla con su familia. Tiene mucho
orgullo y un único amigo con el que se emborracha casi a diario.
Hoy, el motivo de su enfado ha sido porque al llegar a casa, no había cerveza
en la nevera... El de ayer, porque tardé en abrirle la puerta. Había perdido su
llave y cuando llamó yo estaba en la ducha. Hace tres días, porque no le
contesté un mensaje al instante, ya que staba en una reunión importante...
Cada día que pasa es peor. Con mucha sutileza, a lo largo de estos años, ha
ido ganándome terreno. Empezó con gritos, al ver que por miedo cedía, se
sintió poderoso (lo veo diariamente en sus ojos), y continuó con insultos. Al
poco llegaron las amenazas, y ahora me agrede físicamente sin piedad.
-Mario, suéltame por favor y tranquilízate. Acabo de llegar del trabajo y no me
ha dado tiempo ni a abrir la nevera, ayer quedaban doce latas...- Diga lo que
diga, no me dará opción y tampoco recordará que ha sido él quien se las ha bebido.
-¿A quién has invitado mientras he estado fuera?. ¡Dime, guarra!.
Llega el primer bofetón. Siento el sabor tan familiar de la sangre en mi boca.
Sé que he vuelto a cortarme el carillo interno con mis dientes al impacto,
justo en el mismo sitio que ayer. Cruzo los brazos sobre mi rostro para evitar
más daño, pero esta vez, un fuerte puñetazo golpea mis costillas. El dolor es
tan intenso que hace que expulse todo el aire de mis pulmones. Tengo la
sensación de que no voy a poder llenarlos nunca más. Mis brazos caen por la
sacudida, dejando mi cara sin protección. Aprovecha para darme otro duro
golpe en la mandíbula.
Mis ojos se cierran y me abraza una increíble sensación de paz, -¿Cómo es
posible que algo tan agradable me invada en este momento? - Me digo.
Mi cuerpo se relaja. Oigo mi respiración tranquila, pero todos los demás
ruidos se alejan hasta que desaparecen. Parezco gelatina y no me responde
nada. Sé que caigo al suelo al tiempo que recibo más patadas, pero ya no
siento ningún golpe...
Tintineos y pitidos en la lejanía, murmullo... Mi sentido de la audición está
volviendo. Papeles que se rasgan, plásticos batiéndose en el aire, telas y
líquidos. No necesito abrir los ojos para percibir gente a mí alrededor.
Una dulce y ronca voz masculina perfora mi canal auditivo. Estoy segura que
no es la de Mario. Un fuerte dolor de cabeza se apodera de mí, quiero
llevarme las manos a la cara, pero alguien me lo impide.
-Quieta Natalia, ¿Puedes abrir los ojos?-. Esta vez es la voz de una mujer.
-Sí, creo que sí -. Respondo, pero cuando lo voy a hacer, llega la siguiente
pregunta que me hiela la sangre.
-¿Recuerdas lo ocurrido? - Claro que lo recuerdo, pero no puedo contárselo.
El miedo a que puedan leer la verdad en mi mirada, me obliga a mantenerlos
cerrados.
-No lo sé... – Contesto rápidamente.
-Tu novio nos ha contado que has caído por la escalera cuando ibas a la
compra. ¿Lo recuerdas?. El pobre está ahí fuera muy nervioso esperando
noticias...
Abro mis ojos sorprendida. Una luz cegadora me hace volver a cerrarlos. Hay
una enorme lámpara encima de mi cabeza. Por fin consigo enfocar a la
enfermera, y por un momento siento confusión, -¿Será cierto? ¿Me habré
caído por la escalera?. Es cierto que tenía que salir a la compra pero... no
recuerdo haber bajado ningún escalón... - Y es ahí cuando soy consciente de
lo que realmente ha pasado. Puto mentiroso.
-No lo recuerdo, señorita -. Digo aterrada tratando de ocultar lo ocurrido.
-Natalia - Me sobresalto, la ronca voz masculina de antes suena a mi derecha.
Me giro para verlo, y lo primero que encuentro, es a un enorme hombre
vestido de verde. Mide alrededor de un metro noventa. Musculoso y con los
ojos más azules que he visto en mi vida. Tiene el cabello despeinado, es rubio,
y lleva una barba de tres días. En ese justo momento dudo... - ¿Estoy en un
hospital, o en el cielo?
-Soy el Doctor Engel, su traumatólogo - Ahora sí que no tengo duda... estoy en
el CIELO.
-Encantada Doctor Engel- Mi voz suena tímida. Tiene un ligerísimo acento y
creo que pueda ser alemán.
-Vamos a tener que vernos durante algún tiempo Natalia. Tiene varias
contusiones que debemos vigilar. No son graves pero hay que tenerlas bajo
control. Especialmente la de su brazo izquierdo. En ese mismo momento
descubro que lo tengo inmovilizado.
-Doctor... ¿varias? - Contesto con la voz entrecortada. Me parece increíble que
hable de varias, cuando hasta el momento no tengo ningún dolor.
Miro hacia arriba y veo botes de suero colgados y goteando. De ellos salen
varios tubos transparentes que acaban en el doble de mi brazo sano.
-Sí. También tiene dos costillas afectadas, además de un golpe muy feo en el
mentón - Roza mi mandíbula para girarme la cabeza y observarlo mejor.
Me mira directamente a los ojos y veo rabia e impotencia en los suyos. Con
una voz seca y seria a la vez, prosigue. -Perdona que insista Natalia, pero...
¿Seguro que no recuerdas nada de lo ocurrido?.
Sus palabras hacen que un escalofrío recorra mi espalda. Si no actúo bien,
van a descubrir que miento. Quizás lo intuyen, pero no puedo arriesgarme.
Retengo el aire en mis pulmones, y siento como si un elefante me pisara. En
ese instante compruebo que mis costillas están tan afectadas como él ha
dicho. Con gesto de dolor contesto:
-No Doctor Engel, no recuerdo nada...
No me siento cómoda mintiendo. Yo no soy así. Mis padres siempre se han
preocupado por enseñarnos a mis hermanos y a mí a ser sinceros. Les estoy
traicionando. Noto como me observa, estoy segura que ha descubierto mi
batalla interna. Levanto la mirada y ahí están de nuevo esos preciosos ojos
azules clavados en los míos. Juraría que esta vez es pena lo que veo en su
expresión. Pero aun así, no quiero que deje de mirarme... Me pierdo detrás de
sus tupidas pestañas. Mis problemas se desvanecen mientras observo los
mares que tiene por iris y me sumerjo en ellos.
-Bien, entonces aquí ha terminado mi trabajo por ahora. Te veo en unas horas
- Su voz me saca de mi ensimismamiento. Pestañeo. Hay enfado en su
manera de hablar y no dice nada más. Deja unos folios a los pies de la cama y
no espera a que me despida ni le dé las gracias. Da media vuelta y se va.
Me quedo a solas con la enfermera y en silencio. Ella también parece estar
extrañada por la forma en la que se ha marchado el Doctor Engel. Se queda
mirando la puerta durante unos segundos, y oigo como resopla mientras se
vuelve hacia mí
-Vale, vamos allá - Me dice poco convencida -Terminaré yo de explicarte lo
que vamos a hacer ahora. Te vamos a dejar en esta sala durante algunas
horas. Necesitamos saber el porqué de la pérdida de consciencia que has
sufrido. Aunque creemos que se trata de un traumatismo craneal menor.
Vendrá a verte nuestro Neurólogo.
- ¡Suena horrible! - digo asustada
-Tranquila, esto suele ocurrir cuando la cabeza se mueve muy rápido debido
a un golpe. Posiblemente al de tu mentón. Si te sientes mejor, y las
exploraciones que te hagan son correctas, podrás irte a casa, pero alguien
deberá vigilarte allí durante las próximas 24 horas.
Media hora después, el Neurólogo está conmigo probando todos mis reflejos.
Cuando se va, me pierdo en mis pensamientos. Los ojos del Doctor Engel. Tan
azules, tan expresivos, me dan paz... me relajan... Me relajo y me duermo...
-De acuerdo Natalia - vuelvo a oírle. Me despierto asustada y jadeando. Por
un momento, no sé dónde estoy, hasta que me oriento y recuerdo todo. Al
notarme alterada, el Doctor pone una mano sobre mi cabeza mientras se
acerca para hablarme. Ese gesto tan familiar, consigue que mi respiración se
calme - Pues parece que has tenido suerte esta vez y te vas a casa... - Si el
supiera, no lo llamaría suerte.
-Eso parece - Contesto sin demasiado entusiasmo.
-No podemos hacer más si no nos ayudas querida.
-¿Cómo?.- Siento el corazón en los oídos.
-La enfermera Adelaida y yo, llevamos demasiados tiempo trabajando juntos
en traumatología, para saber que heridas o traumas, son compatibles con
caídas y cuáles no. Casualmente, este no parece ser el caso... - Mierda,
mierda, y más mierda, me digo. Apenas puedo respirar, y no por el golpe.
-No sé de que me está hablando, Doctor - Respondo sin pensar.
-Ojala esté equivocado, pero yo creo que sí -. Me quedo muda. El latido de mi
corazón me golpea en las sienes. Creo que mi silencio acaba de traicionarme.
Me mira directamente a los ojos y me sonríe. Es una sonrisa lastimera. Sin
decir una palabra más, empieza a quitarme todos los tubos con ayuda de la
enfermera. Estoy muy incómoda, y lo único que quiero es irme de ahí lo más
rápido posible, pero solo de pensar lo que me espera fuera, hace que me
plantee la idea. No sé que es peor... Tierra trágame.
-Nos vemos en un par de días Natalia - Dice el Doctor - Te dejo el informe de
alta, ya que tus lesiones no requieren ingreso. Solo necesitas mucho reposo y
estos calmantes - Me señala una caja verde - Ahí también está la cita para que
sepas donde acudir. El jueves a las cinco de la tarde te veo - Sin más
explicaciones, vuelve a irse de nuevo sin darme tiempo a nada.
Cuando me quedo sola recojo los papeles, los reviso y descubro entre ellos su
número de teléfono, y algunos documentos de asociaciones dedicadas a
ayudar a víctimas del maltrato. No puede estar pasándome esto a mí...
Un celador, tiene que ayudarme a vestirme. Hasta ese momento, no he sido
consciente de lo difícil que va a ser para mí estos días. Mi madre, una de las
dos personas que podría ayudarme, está viviendo en Toledo. Tampoco quiero
asustarla, por lo que se lo ocultaré todo el tiempo que sea posible. Y a Laura,
mi mejor amiga... no voy a poder engañarle. Ella sabe por algunas de las
cosas que he tenido que pasar, debido a que necesitaba desahogarme.
Aunque siempre he tratado de quitarle todo el hierro que he podido al asunto
con ella.
Cuando me llevan a la sala de espera donde están los familiares, allí está
Mario. Cuando se gira hacia mí, siento como se me eriza el pelo al igual que a
un animal asustado. Al momento, me doy cuenta que está afectado. Juraría
que siente remordimientos.
Sé que siempre se arrepiente después de nuestras peleas. Verle así me da
tanta lástima... que le perdonaría cualquier cosa. No es mal tío, solo que se
altera con facilidad. Está pasando por una mala racha

Capitulo 2

Mario tiene el detalle de traer el coche a la entrada de urgencias, para que no tenga que caminar hasta el
aparcamiento. Algo que le agradezco enormemente. Espero sentada en una silla de ruedas mientras
vuelve. Cuando le veo aparecer, me pongo en pie e intento llegar hasta él mientras me abre la puerta.
Tengo que ir despacio por el dolor tan horrible que siento en mis costillas. Es un suplicio andar y respirar
en ese momento. Mario empieza a perder la paciencia y se cabrea por mi tardanza.
-No tiene que haber una tía más blanda y quejicosa que tú - Me dice mientras voy dando pequeños pasos
y siento que me ahogo. Prefiero no contestar y dejarle que diga lo que quiera porque si no, será peor.
- ¡Vamos coño! - Vuelve a increparme. - ¡Nos van a dar las uvas a este paso!
La gente le mira con desprecio desde la calle y siento vergüenza ajena. Él, en cambio, siente todo lo
contrario. Saca pecho y cree que ven a un hombre muy hombre y dominante. Incluso se atreve a sonreír
orgulloso.
Me siento dolida y humillada en ese momento, es por su culpa por lo que estoy así, y para colmo, se está
riendo de mí. No merezco esto, no tiene derecho a tratarme así. Sé que no soy gran cosa. Él se encarga de
hacérmelo ver cada día. Seguramente, nadie me vaya a querer nunca, porque no valgo nada. Me lo repite
continuamente... pero creo que no merezco esto, nadie merece esto. Estoy agotada física y
psicológicamente desde hace meses, siento que no puedo más, que a mis 25 años estoy hundida y
acabada. Mi vida no tiene sentido. No puedo dejarle... pero no quiero seguir viviendo así, y para colmo, no puedo contárselo a nadie por miedo a represalias. Estoy totalmente perdida.

De regreso a casa vamos en silencio. No quiero mirarlo a la cara, y me paso parte del trayecto mirando
por la ventanilla. Hasta que siento su mano pasar por mi muslo, y unas horribles nauseas se apoderan de
mí. Le miro, y me está sonriendo, trato de mantener la calma, no le devuelvo la sonrisa para no darle pie a
nada más, y vuelvo a dirigir la cabeza a la ventana.
- ¿No piensas decirme nada? - Me dice como si tal cosa.
- ¿Que tengo que decirte? - le pregunto.
-Pues no sé Natalia, llevo todo el puto día esperándote en el hospital, al menos deberías agradecérmelo,
¿No crees?. ¡Eres una puta desagradecida! - Le fulmino con la mirada pero cuando clava sus ojos en los
míos, siento pánico e instintivamente bajo la cabeza. Aun así no puedo evitar contestarle
- ¿Perdona? Me has golpeado hasta hacerme perder el sentido Mario - Necesito que entienda que ha
estado mal.
-Te recuerdo que tú has sido la que has provocado todo esto, señorita...- Me responde con sarcasmo. Esto
ya es demasiado para mí. Es irreal y debo estar soñando.
- ¿Pero que me estás contando? - le pregunto visiblemente afectada.
- Tú, eres la inútil que se ha caído por la escalera. Eres muy, pero que muy torpe, Natalia. - Se gira, y me
sonreírme maliciosamente mientras vuelve a ponerme la mano en el muslo. -Tendrás que
recompensarme, ¿no crees? - Las náuseas vuelven en ese instante, trato de contenerme para no vomitar

Segundos más tarde, llegamos a la puerta de nuestro edificio. Le pido por favor que me deje ahí, mientras
él aparca. Me siento muy aliviada cuando cede, no sé si sería capaz de llegar hasta la casa, nuestra plaza
de garaje está algo alejada.
Como puedo, salgo del coche tratando de ocultar mi torpeza. Me trago todo el dolor para salir más
deprisa, mis ojos se llenan de lágrimas por el esfuerzo, pero necesito aire, y evitar a toda costa oírle
protestar.
El siguiente reto al que me tengo que enfrentar, es la escalera. Vivimos en un segundo sin ascensor. Esta
parte sí que va a ser difícil... Muy lentamente voy subiendo, no voy por el cuarto peldaño, cuando le siento
detrás de mí, me vuelvo y simplemente me mira durante un par de segundos, a continuación sube de tres en tres los escalones dejándome allí.

Tengo que tomarme varios descansos, es posible que haya tardado más de me media hora en llegar pero
por fin lo consigo.
Aliviada abro la puerta con mi llave, y oigo la ducha. - Por fin un rato tranquila - Me digo. Me siento en el
sillón e intento relajarme, es muy tarde, pero por mi anterior esfuerzo, creo que no podré llegar hasta la
cama. Estoy tan agotada... caigo rendida en un profundo sueño.
Un rayo de sol que entra por la ventana me despierta, en cuanto abro los ojos soy consciente de que me
duele todo. Por un momento, creo que no seré capaz de levantarme de donde estoy, pero después de
varias posturas, encuentro la correcta y lo consigo, aunque con mucho trabajo. Miro hacia la habitación y
la puerta está cerrada, sé que está durmiendo, por lo que procuro no hacer ruido para que no se
despierte malhumorado. Últimamente se altera con facilidad. Busco algo para desayunar y no tomarme
las pastillas con el estómago vacío, pero nada llama mi atención. Finalmente me decido, y prácticamente
tengo que obligarme a comer un donut que encuentro en el mueble de la cocina.
Apenas puedo masticar, abrir y cerrar la boca se ha convertido en una ardua tarea, la inflamación me lo
impide.
Tomo mis pastillas y camino hacia el baño para asearme.
Todavía no he llegado, cuando la puerta de nuestro cuarto se abre. Mario sale de él, me mira durante
unos segundos y yo le devuelvo la mirada. Está prácticamente desnudo, solo tiene unos calzoncillos
bóxer negros puestos, se gira, y sin mediar palabra, avanza hasta la cocina.

Le repaso con la mirada mientras se aleja. Es un hombre muy atractivo. Su pelo es moreno y tiene un aire
descuidado, sus ojos son negros y ligeramente rasgados. Siempre ha sido musculoso... pero ha cogido
varios kilos en el último año, imagino que es debido a la cantidad de alcohol que ingiere diariamente, y
que ya no practica ningún tipo de deporte.
- ¡Hija de puta!- salgo rápidamente de mis pensamientos. Mi corazón sube a mi garganta y siento la
sangre correr en mis venas. - ¡Te has comido mi donut!
-Mierda no... -Me digo a mi misma cuando oigo el ruido de sus pies descalzos caminar con furia hacia mí.
Trato en vano de aligerar el paso todo lo que puedo para llegar al baño, y poder cerrarme en el, pero no
tarda en darme alcance, sujetándome por el brazo que tengo sano.
-Mario, Mario escúchame por favor - De nada sirve, no tarda ni tres segundos en empotrarme contra la
pared. El dolor es tan fuerte que creo que me voy a desmayar, aun así saco fuerza para intentar dialogar.
–Mario, te lo suplico, escúchame. -Apenas puedo hablar porque no me entra el aire.
-Lo haces a propósito, te has propuesto joderme la vida y desquiciarme -Me grita - pero voy a acabar
contigo, ¿me oyes?, ¡voy a destruirte como tú estás intentando destruirme a mí! - Hace más presión
contra mi cuerpo y la pared.
-Mario, por favor, jamás te haría algo así, lo he visto en el armario y no pensé que era tuyo. Lleva ahí
varios días, desde que lo compré la semana pasada, imaginé que no lo querías. - Trato en vano de hacerle entrar en razón

-Deja de jugar conmigo, Natalia - Su mano agarra mi cuello - Deja de reírte de mí, o te juro que lo vas a
lamentar, puedo hacerte mucho daño - Siento que me ahoga, intento con mi mano libre soltarme, pero
no afloja -, Tú no sabes con quien estás jugando - Sus ojos me dicen que no miente.
-De acuerdo Mario - Le digo intentando que salga mi voz - Lo siento, te prometo que ha sido un error.
Suéltame y ya verás que no vuelve a pasar. He aprendido la lección. Soy una idiota.
Lentamente noto que mis palabras han surgido algún efecto, y deja de presionar mi tráquea. Sus ojos
siguen mirándome con un odio que no entiendo. Mantiene su respiración agitada, pero se aparta poco a
poco de mí, y vuelve caminando a la cocina. Me quedo apoyada en la pared, mientras mis piernas vuelven
a la normalidad y dejan de temblar. Mientras miro como se aleja, no puedo evitar sentir como mi corazón
termina de romperse en mi interior, Tengo que hacer algo.
Vuelvo a caminar hacia el baño, y me quedo mirando la ducha. Valoro si podré hacerlo sola y me rindo. Sé
que ahora no podré, así que opto por dejarlo para más tarde. Cuando me dispongo a lavarme los dientes,
me quedo inmóvil ante el reflejo de mi espejo. Tengo el mentón, totalmente hinchado y de color violeta
oscuro, marcas rojas en mi cuello... mi brazo en cabestrillo, y estoy encorvada por el dolor. No puedo
creer que le haya dejado reducirme a esto.
Mis ojos se llenan de lágrimas, y por primera vez siento que he tocado fondo, lloro y lloro sin parar, no
puedo contenerme y me derrumbo por completo. Definitivamente necesito ayuda.
Por primera vez, no me importan sus represalias, prefiero morir que tener que vivir así.
Cojo mi teléfono, y en lo primero que pienso es en mandar un mensaje a Laura, pero recapacito y no lo
hago. Necesito contárselo a alguien que pueda seguir teniendo la cabeza fría después, Laura solo querría
matarlo en ese momento y la cosa empeoraría.
Salgo del aseo y me dirijo a por mis informes médicos, mientras él sigue en la cocina, busco entre ellos,
hasta que doy con la hoja de las asociaciones de mujeres maltratadas que dejó allí el Doctor Engel, La
miro detenidamente. Dudo. Intento pensar, pero me quedo en blanco, y por un momento no sé que
contarles porque no sé como van a actuar. - ¿Y si esto lo empeora?... - Me digo. No sé por dónde
empezar... doblo la hoja y la guardo en el bolsillo de mi pantalón, esperaré un poco, hasta tener las ideas
claras.
El día transcurre sin más complicaciones, pero como ya es habitual en mí, cada ruido me sobresalta de
manera exagerada, y siento el corazón debajo de la lengua continuamente. Este estado de alerta
continuo en el que vivo, no debe ser nada bueno para mi presión arterial.
Mario decide salir con su amigo, por lo que aprovecho y llamo al trabajo en ese momento, para
comunicar mi "accidente", y que no podré ir durante las próximas semanas. Claudia me desea una pronta
recuperación y asegura que me echarán de menos estos días.
A pesar de la crisis, la empresa de Diseño gráfico y publicidad en la que trabajo, va hasta arriba y lo que
menos falta hacía, era una baja más. Andrés está de vacaciones y Paula disfrutando de su maternidad.
Son las dos de la mañana, y todavía no ha llegado, cansada de esperar me dirijo a la cama, y en unos minutos estoy dormida.
No sé cuánto tiempo ha pasado, cuando oigo la llave de la puerta girar y varios golpes, seguidos de
balbuceos. Me levanto lo más rápido posible, y voy hacia allí. Mario está a cuatro patas en el suelo, viene
tan borracho que debe haberse caído. Levanta la cabeza y veo el desprecio con el que me mira.
-Mira como estoy por tu culpa Natalia, me das tanto asco que tengo que beber para soportarte - Siento
como mi corazón se encoge, aun así trago saliva, y trato de convencerme de que no es el quien habla, si
no el alcohol que corre por su torrente sanguíneo.
-Deja que te ayude, tienes que ir a la cama - Me acerco y le ofrezco mi mano derecha. La acepta y de fuerte
tirón consigue derribarme. Mientras me encojo de dolor en el suelo, el gatea por mi cuerpo, hasta quedar
tumbado encima de mí, y entre mis piernas
-Vamos perra, dame lo que quiero - Se mueve simulando el coito. Me aplasta las costillas y las náuseas se
apoderan de mí. Ahora, la que siente asco soy yo.
Busco en mi cabeza una idea para poder quitármelo de encima en ese momento, y creo que la encuentro.
-Vamos a la cama - le digo - Allí estaremos más cómodos. - Me mira sonriendo y acepta mi petición. Se
levanta tambaleándose y se dirige a la habitación. Durante unos segundos, yo sigo tumbada jadeando e
intentando tranquilizarme.
-Voy en seguida - le digo desde mi posición. Recupero el aliento y con trabajo consigo ponerme en pie.
Pienso en la manera de ganar más tiempo. -Dame un momento Mario, voy a pasar por el baño primero.
Paso más de quince minutos cerrada allí, con la espalda pegada a la puerta y el corazón golpeándome el
esternón. Cuando creo que por fin se ha quedado dormido, salgo de puntillas. Efectivamente ha funcionado. Respiro aliviada y decido dormir de nuevo en el sillón.

Capitulo 3

Es jueves y ya estoy lista para acudir a la consulta del Doctor Engel, no tengo ganas de arreglarme, un pantalón de chándal negro, unas zapatillas de deporte blancas y una camiseta de manga corta roja, son mi atuendo. No puedo recogerme el cabello y tengo que dejar suelta mi tupida y lisa melena castaña. Necesito un buen corte, lo tengo demasiado largo para mi gusto. No me maquillo por no mirarme en el espejo, no soporto verme así. Mario viene conmigo. Gracias a Dios no recuerda nada de lo sucedido anoche. Está algo malhumorado debido a su resaca, pero hasta ahora es soportable. Llegamos a la consulta. Entrego mi citación y una enfermera muy amable me señala una sala. Hay unas doce personas allí. Me pide que espere y en breve me llamarán. Tomo asiento. Diez minutos mas tarde... -Natalia Montero - Rápidamente trato de ponerme en pie. Mario sigue sentado por lo que deduzco que no entrará conmigo. -Si, soy yo - Le digo a la enfermera. -Sígueme Natalia, en cuanto salga la persona que hay dentro, pasas tú - Me dice señalando una habitación. Entro y es una pequeña sala de espera, está pintada en blanco. Hay una ventana sin cortinas frente a la puerta. Desde ella se ve otro gran edificio que no conozco, y a mi derecha hay una mesa y una silla vacía. La mesa está cargada de folios y ficheros. En el centro hay un ordenador encendido que parpadea. Mientras observo todo lo que me rodea, oigo una voz que conozco. Siento calor en mis mejillas y una especie de regocijo se apodera de mí. Es la del Doctor Engel, y se que está despidiéndose de alguien. La puerta se abre y de ella sale una mujer preciosa, de unos treinta años. Rubia, alta, delgada... lo tiene todo. Lleva un vestido negro que se ajusta a todas sus curvas, y unos zapatos de tacón rojos que realzan sus esculturales piernas. Veo al Doctor salir tras ella para acompañarla hasta la puerta. Se que no me ha visto, estoy casi en un rincón, pero yo si veo como sonríen entre ellos. Se dan un beso muy familiar en la comisura de sus labios y quedan para más tarde. Debe ser su pareja. Ahora el calor está en mi estómago, no puedo evitar sentir celos de ella, como me gustaría estar en su lugar, pero rápidamente desestimo la idea. Alguien como él, jamás podría fijarse en una persona tan patética como yo... -Vaya, Natalia, no había visto que estabas aquí - Me dice el Doctor cuando se percata de mi presencia. -Hola - Sonrío amablemente, estoy tan nerviosa y abrumada que mi sonrisa no llega a mis ojos. -Pasa. Vamos a ver como sigues - Se aparta de la puerta para cederme el paso y entro en la consulta. Lo primero que llama mi atención es el aroma. Inhalo profundamente. Huele a el... a fresco y limpio, es una fragancia discreta y atractiva con fondo cítrico y un pequeño toque de madera. Estoy segura de que acaba de convertirse en mi perfume favorito. Me fijo en el cuarto. Es muy parecido al anterior, solo que un poco más grande. La mesa es blanca y las sillas de color azul. Me ofrece la que más cerca está de mí, y la señala haciendo un gesto con la cabeza para que me siente. El se acomoda al otro lado y observa la dificultad con la que me siento yo. Sus ojos se posan en los míos. Noto como mis mejillas se calientan al instante y mi respiración se acelera ligeramente. Desliza su mirada y repasa el contorno de mi mandíbula con ella. Se que está valorando mi moretón. A continuación, se fija en mis labios y lentamente baja su mirada hasta mi cuello. Trago saliva y durante unos segundos, noto bombear la sangre allí donde sus ojos están fijos. Más calor se apodera de todo mi cuerpo y tengo que humedecerme los labios. De pronto su expresión cambia, frunce el ceño y un escalofrío recorre mi columna. Mis extremidades parecen estar entumidas y mi boca se seca. Se lo que ha descubierto. Una de mis manos, en un acto reflejo, trata de cubrir las nuevas marcas en mi garganta, pero ya es demasiado tarde. Ni siquiera las recordaba hasta ese mismo momento. - ¿Vas a decirme como te has hecho esto? - Veo fuego en sus ojos y tiene un gesto muy serio. -Pues veras... no... no se... creo que... creo que debo... si eso es... debo haberme rascado, ¿sabes?, a veces me pasa... y luego... me quedan estas marcas... - Mierda, estoy perdida. -¡Mas bien te "han" rascado! - Me grita y hace que salte de mi silla. -No... no se que estás queriendo decir Doctor... no... creo que te estás equivocando...- Intento suavizar las cosas, pero la seguridad en su mirada me lo pone realmente difícil. -¿Cuánto tiempo vas a seguir escondiendo esto Natalia? - Ya no hay dudas, lo sabe. -Yo... - Siento como mis ojos se llenan de lagrimas. -¿Vas a esperar que acabe con tu vida?. - Intento articular palabras pero ya no tengo voz, lo único que puedo hacer es llorar y llorar como una niña pequeña. Intento ponerme en pie para irme de allí, pero el lo impide sujetándome del brazo. Se levanta, viene hasta mí y se agacha para estar a mi altura. Sin decir nada, pone su cabeza cerca de la mía y desliza su brazo por encima de mis hombros. Nos quedamos unos segundos así mientras sigo sollozando. Aunque estoy destrozada psicológicamente en ese momento y soy toda lágrimas, no se me escapa la sensación tan agradable que siento teniéndolo cerca. Es, ante todo, tranquilizadora. ¿Cuánto tiempo hacía que alguien no me sostenía así cuando lo paso mal? -Natalia, quiero ayudarte ¿Me dejas? Millones de veces he necesitado oír esa frase. Su voz cerca de mi oído me transmite total sinceridad. -Está pasando una mala racha -Le digo intentando disculparle - Y no se lo pongo nada fácil, soy muy torpe y se pone nervioso. Se que me quiere Doctor, lo está pasando mal y tengo que ayudarle, no puedo apartarme de el ahora. -No puedes excusar su comportamiento, si es cierto lo que dices, debería apoyarse en ti y no derribarte a puñetazos como está haciendo - Su acento alemán hace que preste más atención a sus palabras. -Estoy segura que eso va a cambiar en cuanto las cosas vayan por mejor camino - Le digo -Natalia - Agarra mi cara con sus manos y me obliga a mirarle directamente a los ojos - Piensa por un momento... - Me dice - Piensa en tu mejor amiga, ¿como se llama? -Laura - Digo sin dudar. -Bien, imagina que Laura, tu mejor amiga, te asegura que su novio la quiere, pero llega a casa con varias fracturas y golpes por todas part... -¡Sería horrible! - Contesto sin dejar que termine. -Vale, espera que no hemos acabado - Dice con media sonrisa - Imagina que no ha sido un accidente... si no que alguien, le ha pegado una tremenda paliza, y ese alguien, es su pareja. La persona que debería amarla y respetarla, pero sobre todo, cuidarla. -No podría soportarlo...-.Lágrimas vuelven a mis ojos. -Ahora viene la mejor parte Natalia. ¿Qué le dirías a Laura? -Que se aparte de el, que pida ayuda - Mientras digo esa frase, miro fijamente a la pared, miles de pensamientos cruzan mi mente. -Bien, aquí quería llegar yo - Dice de nuevo sonriendo - ¿Y si Laura tratara de convencerte de que es culpa suya, porque es torpe... y su pareja está pasando mala racha? - ¡No tiene derecho a tratarla así¡ - Grito, se que me lo estoy diciendo a mi misma. -Nadie tiene derecho a tratar a una persona de ese modo. Nadie, ¿me oyes? - aprieta mis pómulos con sus manos y mi mirada vuelve a sus grandes y expresivos ojos azules.
-Nadie...- Digo casi para mis adentros.
-No puedes pasar una noche mas con el, no puedes arriesgarte. Estar bajo el mismo techo que una persona
así, es como estar viviendo con tu asesino. No sabes cuando se le volverá a cruzar el cable. Puede ser hoy,
mañana, o dentro de unas semanas, pero finalmente, acabará contigo. - Mis ojos se abren sorprendidos,
nunca lo había visto de esa forma.
-Ya no te pido que me dejes Natalia, directamente te prometo que voy a ayudarte. No voy a permitir que te
ocurra nada, ¿De acuerdo?
Lo único que puedo hacer, es asentir mientras algo en mi interior se está removiendo. Siento que mi pecho
se expande y por fin aire fresco entra en mis pulmones. ¿Es quizá esperanza lo que siento?. Por primera vez,
pienso que puede haber luz en el camino y que no estoy tan sola como creía. Sus sabias palabras han hecho
que recapacite. Tiene razón. Nadie tiene derecho a hacer algo así.
Vuelvo a la conversación. -El está ahí fuera - Le digo en forma de susurro. Tengo tanto miedo que temo que
Mario me oiga.
-Pues habrá que darle esquinazo como sea - Contesta mientras frunce el ceño
- ¿Como lo hacemos? - Estoy tan nerviosa que no se me ocurre ninguna manera de salir de la sala sin que
nos vea. Saltar por la ventana es la única posibilidad y no creo que funcione ya que estamos en un tercero.
Se golpea el labio con el índice mientras piensa.
-Mi turno acaba contigo... eres mi última paciente - Me dice, algo brilla en su mirada y arquea una ceja - El
no lo sabe. Saldremos y diremos que vamos a hacerte unas radiografías.
- ¿Y... donde voy?, ¿Qué hago después? - Le respondo con principios de ansiedad.
-Ya se nos ocurrirá por el camino, creo que tengo la respuesta, pero lo primero ahora es salir de aquí sin el.
Confía en mí - Cierro los ojos con fuerza y me dejo llevar por sus palabras. Lo voy ha hacer, pero aún así la
incertidumbre y el miedo me mata.
-Estoy tan aterrada que no se si podrá salir bien - Le digo mientras noto como mi barbilla tiembla. Recojo
rápidamente mis cosas y me pongo en pie.
-Tranquila, no te ocurrirá nada. Te lo he prometido -. Y con esa última frase no deja que lo piense más. Me
agarra del brazo y empieza a tirar de mi para sacarme de la habitación. En la antesala nos paramos. Me
coge por los hombros y me mira fijamente. - Actúa con normalidad -Me dice - Se que ahora mismo es difícil
lo que te pido, pero tienes que tener claro que esto no es un juego de niños. Lo que está en juego es tu vida
si sigues con el. ¿Preparada para salvarla? - Gotas de sudor bajan por mi espalda. No se lo que estoy
haciendo pero confío ciegamente en el. No tengo nada que perder.
-Camina a mi lado y ve donde yo vaya - Asiento porque es lo único que puedo hacer.
Cuando me ve salir, Mario se acerca, su mirada me dice que está cansado de esperar y que quiere irse a
casa. El tono de su siguiente frase lo confirma.
-¿Has acabado ya? - Mi espalda se pone rígida, siento el corazón en cada centímetro de mi cuerpo y mucho
calor en la cabeza. Creo que empiezo a marearme.
-No - Se adelanta el Doctor Engel al ver que tardo en contestar - La señorita Natalia necesita un par de
placas radiográficas para ver si están consolidando correctamente sus fracturas, quédese aquí un momento
por favor, no tardaremos - Aire, aire, necesito aire, estoy conteniendo el aliento y no recuerdo como se
respira.
Siento el roce de sus dedos en mi codo - Vamos señorita Natalia, no hagamos esperar a los radiólogos. -.
Reacciono y recuerdo lo que me ha dicho antes. Camino a su lado en silencio. El pasillo es interminable,
empiezo a plantearme si es correcto lo que estoy haciendo, mi corazón parece una locomotora.
Unas puertas verdes se divisan al fondo, cuando nos acercamos, puedo ver que hay un cartel enorme, en el
que pone "Solo personal autorizado", pasamos a través de el sin ningún problema.
Por el camino una chica vestida de azul saluda al Doctor.
-Buenas tardes caballero - Le dice con confianza -, ¿Cómo está Erika? - Se humedece los labios mientras
espera la respuesta. Se que intenta coquetear con el.
-Muy bien Beatriz. Hace unos minutos salió del edificio. Llegó esta mañana y va a pasar unos días en casa.
Sabrá que has preguntado por ella. - Esboza una pequeña sonrisa y seguimos la marcha.
No se quien es Erika, pero intuyo que es la chica de antes. Vuelve el calor a mi estómago y no me gusta nada
esa nueva sensación. - ¿Estoy celosa? - Me digo - ¿Qué está pasando conmigo? - por unos segundos consigo
olvidar de que estoy huyendo, pero el olvido dura poco.
-Ya estamos llegando a la salida - Pone su mano en mi espalda y aligera el paso. Es como si el también
tuviera ganas de salir. No puedo evitar pensar que se está molestando demasiado y que le puedo buscar
algún problema.
-Doctor Engel, no quisiera ponerle en un aprieto... yo no quisiera que por mi culpa tuviera... - Mis
remordimientos empiezan a jugar conmigo
-Llámame César. Mi nombre es César Engel -
- ¿César? - No imaginaba ese nombre. En mi cabeza esperaba algo más extranjero. Incluso creía que Engel
era su nombre y resulta ser su apellido.
-Así es - Sonríe y como si supiera el porqué de mi sorpresa, continúa. -Mi madre era española y mi padre
alemán.
-Am... yo tenía un tío que vivía en Alemania...- Es lo único que sale de mi boca mientras mi mente procesa la
información que acabo de recibir. Sus padres deben haber muerto, al menos de su madre habla en pasado.
Pasamos la última puerta y el sol de julio nos da de lleno. Ambos nos ponemos nuestras manos a modo de
visera sobre los ojos. Seguimos caminamos hacia lo que parece el parking privado del hospital.
Aprieta un mando del que cuelgan unas llaves y las luces de un Audi Q7 negro parpadean. Le miro y en ese
momento, una sonrisa traviesa se dibuja en su boca. Se que está orgulloso de su posesión.
Se adelanta a mí y abre la puerta del copiloto para que suba.
-Adelante señorita - Los asientos están tapizados en piel gris, el salpicadero es del mismo color, los
reposabrazos de las puertas son de madera y toda la instrumentación es totalmente digital. Me siento con
cuidado. Este coche no se parece en nada al Renault Safrane dorado que comparto con Mario. Cierra mi
puerta y camina hasta la suya. Es tan atractivo que no puedo evitar seguirle con la mirada. Sus pasos son
firmes e inspira seguridad en si mismo. Definitivamente las chicas deben caer rendidas a sus pies.
Se acomoda y cierra la puerta, - Ponte el cinturón - Me dice mientras se abrocha el suyo. Mete la llave en el
contacto y gira, se que lo ha arrancado porque nos movemos, pero no hace ningún ruido.
-¿Dónde vamos? - Pregunto tan asustada como perdida.
-Lejos de ese loco - Contesta con seriedad. - Tenemos que ir a un lugar que él no conozca.
-Todos los lugares a los que puedo ir, los conoce... - Respondo con lágrimas en los ojos.
-No te preocupes, contaba con ello. - Dice mientras acaricia mi hombro. - De momento, voy a llevarte a un
sitio para que puedas estar tranquila y pensar con claridad. Mañana a primera hora volveré a por ti e iremos
a poner la denuncia. Adjuntarás en ella el parte de lesiones que te rellenaré. Deberíamos hacerlo ya, pero
quiero que asimiles un poco todo esto, estas bastante alterada. Ya que no vas a correr ningún peligro hoy,
podemos permitirnos unas cuantas horas más de demora. - Saca su móvil y envía a alguien un mensaje.
-Vale - Contesto rápidamente mientras busco en mi bolso, mi móvil está vibrando.
Mis ojos se abren y el corazón me golpea sin piedad en el pecho al ver el nombre de Mario en la pantalla. -
¡Es el!, ¡Dios mío es él!, ¿Qué hago?, ¿Qué le digo?. - Mis manos tiemblan y siento la boca seca. El estómago
me da vueltas.
-Cálmate - Me dice. - Hoy tendrás varias llamadas de él, créeme... pero sobre todo recuerda que ahora no
puede hacerte daño. - Me quedo mirando el teléfono hasta que deja de sonar.
-No se si estoy haciendo lo correcto - Digo mientras miro fijamente las luces del salpicadero -No se que
estoy haciendo... va a ser peor... mucho peor, creo que debería volver a casa - Mi voz suena totalmente
sincera.
-Ni se te ocurra volver a pensar eso. - Me mira un par de segundos - Esto que estás haciendo ahora mismo es
quererte a ti misma y darte una oportunidad. Te la mereces. - Veo rabia en sus ojos. Mi móvil llama de
nuevo nuestra atención, vuelve a sonar.
-Mierda... Mierda y mierda... no se si voy a ser capaz de aguantar esto - Pongo la mano en mi frente mientras
niego con la cabeza.
-Mi madre siempre me decía, que el ser humano es capaz de aguantar siete veces más de lo que cree, solo
es cuestión de mantener la cabeza fría. -Me mira - Deberías avisar a la gente que quieres sobre lo que ha
ocurrido para que no se preocupen. Seguramente él, les va a llamar y les preocupará. Después, apaga el
teléfono. Matando al perro, se acabó la rabia.
-Tienes razón - Cuando voy a marcar el número de Laura, el móvil vuelve a vibrar en mis manos, esta vez es
un mensaje, lo abro y leo:
- "¿A que coño estás jugando?. Coge el puto teléfono o me las pagarás". Un frío recorre mi espalda. Mis
manos y barbilla tiemblan sin control. Alarga su brazo y me lo quita de las manos para leer lo que pone.
Vuelve a sonar, esta vez en su mano y descuelga. Una ola de calor abrasador sube desde mis pies hasta mi
cabeza. Me pongo las manos en el pecho intentando evitar que el corazón se me salga de la caja torácica.
-¿Donde coño estas desgraciada?. ¿Como te atreves a dejarme aquí tirado?. Tu no sabes con quien estás
jugando todavía, ¡HIJA DE PUTA! - Puedo oírle a través del auricular, está gritando como un loco.
-¿Cómo te atreves tu a ponerle la mano encima?. - Imagino la cara de Mario al oír una voz de hombre
recriminándole por lo que ha hecho - ¿Te crees muy hombre?, ¿Te sientes poderoso por agredir a una
mujer? - Oh... Mierda, mierda y más mierda... no me puedo creer que esté pasando esto. - Ella ya ha tomado
la decisión de no volver contigo. Te aconsejo que a partir de ahora, dejes de tocar los huevos, o quien va a
descubrir realmente con quien está jugando, vas a ser tu. Y créeme, no va a gustarte... - Dice con rabia y
tono autoritario.
- Tu tu tu tu tu... - Mario debe haber colgado. Extrañamente me siento aliviada de ver que alguien me
defiende y se preocupa por mí.
- Bien. Creo que lo ha entendido - Me entrega el móvil mientras sonríe y me guiña un ojo. Yo le devuelvo la
sonrisa tímidamente. Segundos después caigo en la cuenta de algo importante.
-¡Sabrá que has sido tu quien ha respondido!, ¡Tu acento es inconfundible! - La ansiedad vuelve a
apoderarse de mí.
-No te preocupes por eso, se defenderme Natalia.
-¡Pero puede ir a tu consulta¡. Oh Dios mío... te estoy buscando problemas...
-Chis. No vayas por ahí que vas mal. No me estás buscando nada, en todo caso, lo estoy provocando yo.

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:14 pm

Créeme que nada me gustaría más que tener unas palabras con ese ser despreciable.
- Pero no sabes de lo que es capaz... no le conoces.
-Ya ha demostrado que es un cobarde, y con eso me vale. Solo se atreve con mujeres porque sabe que no se
la devuelven. Tranquilízate - Pongo los ojos en blanco y no digo nada más.

Capitulo 4
Paramos delante de un edificio de cuatro plantas. Tiene la fachada revocada de monocapa, color mostaza y
revestida con ladrillo de era. Los zócalos son de pizarra amarilla y tiene un atrayente aire rústico. Las
palabras "Hotel Hanna" resaltan en un enorme cartel en la zona más alta.
–Hemos llegado señorita – Observo todo a mi alrededor.
–Oh, bien pensado. Desde luego no vendrá a buscarme aquí... – Sale del coche y abre mi puerta para
ayudarme a salir de el.
–Esa es la idea – Una amplia sonrisa se dibuja en su cara. Entramos al edificio, un gran recibidor con
paredes cubiertas de piedra y madera nos da la bienvenida.
–¡Buenas tardes, César! – Un hombre trajeado de unos 50 años sale a recibirnos. Acto seguido se abrazan
dándose varias palmaditas en la espalda.
–Hola Manuel – Le dice mientras se aprietan uno contra el otro – Esta es Natalia, nuestra invitada. – Manuel
y yo nos damos la mano y no puedo evitar ponerme colorada.
–Encantada – Digo con sinceridad.
–Tenemos lista la habitación que nos pediste – Ha dicho "¿Qué nos pediste?", creo que ya se a quién envió
el mensaje antes.
–Perfecto Manuel, siempre tan eficiente – Le guiña un ojo y Manuel sonríe.
–Mandaré a alguien a recoger las pertenencias de la señorita mientras subimos a la habitación-
–Hasta mañana no estarán aquí sus cosas – Le miro con los ojos como platos pero no digo nada, supongo
que está esquivando das explicaciones y no quiero meter la pata – Dame la llave y quédate aquí, yo
acompañaré a Natalia a su habitación. – Mientras se la entrega, vuelvo a mirarle desconcertada por esa
contestación tan autoritaria.
–Por supuesto, no seré yo quien lleve la contraria al jefe – Sonríe y se gira hacia mi. Sabe que esas palabras
me han dejado confundida. – Que descanse bien señorita, si necesita cualquier cosa, César le explicará
arriba como ponerse en contacto con nosotros – Asiento para que vea que he comprendido porque soy
incapaz de hablar. Se despiden y caminamos hacia el ascensor.
Cuando entramos, presiona la tecla del tercer piso y las puertas se cierran. Poco a poco noto el aire volverse
más denso y gotas de sudor resbalan por mi espalda. Tiene su mirada clavada en mí, puedo verlo a través
del rabillo del ojo, pero no me atrevo a girarme. Mi respiración se acelera y trago saliva.
–Conoces bien este Hotel...– Le digo para romper el hielo
–Si, muy bien – Le oigo sonreír y me giro para devolverle la sonrisa. Me observa durante unos segundos.
–Estás preciosa cuando ríes Natalia, no deberías dejar que nadie te arrebate ese gesto – Mi cara debe ser un
poema en ese instante porque de pronto siento que se incomoda y ahora es el quien mira al frente.
El ascensor se abre y él sale primero. Le sigo hasta que llegamos a una gran puerta de madera, parece roble
y tiene una preciosa flor tallada en el centro. Introduce la llave que le ha dado Manuel y se abre sin
problema.
Lo primero en que me fijo es en la amplitud, es más grande que toda mi casa junta. En el centro de la
habitación hay una cama enorme con un cabecero de forja, dos mesillas. Una a cada lado, de madera
maciza, y encima de estas, unas lámparas de noche con tulipas de tela que hacen juego con las cortinas. La
pared está pintada de tierras florentinas en varios tonos de naranja.
–¡Guau, que pasada! – Digo asombrada – Es la habitación más bonita que he visto en mi vida...
–También es mi favorita – Suelta como si tal cosa.
– ¿Tu favorita?, ¿Conoces todas las habitaciones de este Hotel?
–Todas y cada una – Me mira a los ojos para valorar mi reacción.
–Vaya... ¿traes siempre aquí a tus pacientes? – Estalla en una sonora carcajada.
–Para nada, te aseguro Natalia, que es la primera vez que hago algo así. – Se sienta en la cama y apoya los
codos en las rodillas sin apartar su mirada de mí – Normalmente, cuando me encuentro con un caso de
maltrato, suelo darles pautas a seguir, incluso la dirección y teléfonos de asociaciones y centros de acogida.
Pero jamás he traído a nadie aquí por esa razón.
– ¿Y porqué a mi si? – La pregunta sale de mi boca antes de que me de tiempo a procesarla.
–Buena pregunta... supongo que se deben de haber alineado los planetas – Se ríe – Imagino que se han
dado las condiciones propias y la casualidad lo ha querido así. Además, tu caso es urgente y no iba a dejar
que volvieras a casa con ese salvaje. Desde que me contó el cuento de las escaleras en el Hospital, no me ha
dado buena espina.
–Pero no tenías porque...
–Cierto, pero si después leo por ahí que te ha pasado algo cuando lo hubiera podido evitar como ahora... no
se si me entiendes. No quiero remordimientos.
–Entiendo... no se como voy a poder agradecerte todo esto que estás haciendo por mi...
–No dejando que ese personaje se acerque a ti de nuevo. Así habrá valido la pena todo esto y me sentiré
útil. Creo que es un trato justo.
–Así será entonces – Le sonrío – En cuanto a esta habitación... es increíble, pero mañana tendré que buscar
un hotel más asequible, o algo que se ajuste más a mi bolsillo, no creo que pueda permitirme este lugar
durante más de dos noches seguidas.
–Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites Natalia, tu estancia corre de mi cuenta.
–¿Cómo?. No no no... me niego en rotundo a esto, bastantes son las molestias que te estás tomando sin
necesidad... como para que también acepte que te dejes un pastón por protegerme. No. Lo siento. Por ahí
no paso.
– ¿Quién dice que me estoy dejando un pastón? – Se echa a reír de nuevo.
–Oh... Vamos Doctor... ¿César?... ¡Solo hay que ver esta habitación para saber que debe costar un ojo de la
cara dormir en ella!
–No sólo vas a dormir señorita. Vas a desayunar. Comer, merendar... cenar... y picotear a deshoras cada vez
que te apetezca. –Observa de nuevo mi reacción.
– ¿¡Pero que estás diciendo!? – De pronto, todo me parece una broma. – Ahora se porqué no has traído aquí
a más pacientes. ¡Te hubieras arruinado! – Digo absurdamente y sin pensar.
– Quizás esa sea una de las razones – Ríe a carcajadas mientras me mira y coge aire para poder continuar –
Pero la principal razón, es que no suelo traerme el trabajo a casa...
–¿A casa?. Perdona pero creo que me he perdido en la conversación.
–Este edificio es mío Natalia, yo vivo en el piso de arriba, por lo que teóricamente, aunque esta parte se
habilitó como Hotel, estas en mi casa. Eres mi invitada.
–Oh vaya... ¡ahora ya se porqué Manuel te llamo jefe!.
–Si, a veces tiene la lengua demasiado larga, voy a tener que hablar con el en cuanto a eso. Y en cuanto a lo
demás, creo que debería irme – Se pone en pie – Alguien está esperándome en casa y tu necesitas espacio
para pensar y asimilar todo esto. No olvides llamar a tu gente para que sepan que estás bien. Si necesitas
cualquier cosa, llámame o sube, estoy en el cuarto piso – Saca una tarjeta de su bolsillo y la pone debajo de
una de las lámparas de noche. Se despide. – Que pases buen día. Mañana a las ocho estaré aquí para
acompañarte a la comisaría y poner la denuncia. Pulsa el botón del teléfono en el que pone recepción para
que te suban toda la comida que necesites. Hasta mañana señorita.
–Hasta mañana y gracias de nuevo... – Camina hacia la puerta y la cierra tras de sí.
Durante unos segundos me quedo mirando la puerta, –¿Quién es este hombre y por qué hace todo esto? –
No encuentro respuesta por lo que me rindo y me pongo ha hacer lo que me ha dicho. Cojo mi teléfono y
marco el número de Laura.
–¡Nataaa! –
–¡Hola Lau! – Nos llamamos así desde pequeñas.
–Llevo días sin saber de ti, ¿Por qué no has dado señales de vida? ¿Cómo estás? – A Mario le molesta mucho
que Laura me llame o salga con ella, por lo que además de las llamadas, hemos tenido que reducir nuestros
encuentros para que no se enfade.
–He estado bastante liada...
–Claro, lo mismo de siempre Nata... ¿Hasta cuando vas a dejar que te manipule así?
–Hasta hoy... Hace una hora que lo he dejado, literalmente hablado.
–¿¡Cómo!? – Tengo que apartarme el auricular de la oreja para que no me rompa el tímpano.
–Pues que se ha acabado Lau, ya no hay vuelta de hoja, lo he dejado plantado en el hospital y me he
largado por la puerta de atrás con el Doctor Engel.
–A ver, a ver... desde el principio cariño que me estoy empezando a poner nerviosa y no se de que coño
estás hablando... ¿Por qué nombras a un Doctor?, ¿Que te ha hecho ese hijo de puta?
–El martes vino borracho a casa...
–Como todos los putos días – Me interrumpe excesivamente cabreada.
–Si Lau... como todos los putos días... Resulta que traía tal pedal, que no recordaba que se había bebido
todas las cervezas de la nevera antes de irse... y las pagó conmigo.
– ¿A que llamas pagarlas contigo? ¿Estás bien?
–No... bueno si... me golpeó varias veces y estoy algo jodida. Tengo varias contusiones, el brazo torcido y un
par de costillas rotas, pero aun así, creo que me siento mejor que nunca con esta decisión.
–¿Dónde estás?, Voy ahora mismo a por ti – Su voz es muy seria y preocupada.
–No, no tranquila. No te preocupes Lau, estoy en un hotel. El Doctor Engel sabe lo que se hace, créeme,
tiene experiencia en casos así y ha sabido ponerme a salvo. Aquí no podrá hacerme daño.
–Vale, pero cuéntame más de ese Doctor y que es lo que vas a hacer, porque habrá que plantarle una
denuncia como una casa. ¿No crees? – La cuento todo con pelos y señales y cuando creo que ya se ha
quedado más tranquila, nos despedimos y quedamos para el día siguiente.
Minutos después, llamo a mi madre. Le cuento que he dejado a Mario, y que por ahora no podré ir a Toledo,
que estoy buscando piso y voy a estar muy liada las próximas semanas. He ganado tiempo suficiente para
poder sanar mis lesiones y que no se entere.
Aunque estoy muy preocupada por como se va a tomar esto mi ahora EXnovio. Me tumbo en la cama y me dejo llevar por una extraña sensación de paz. LIBRE. Y con esa palabra en mente me duermo.

Capitulo 5

César
Erika me está hablando pero no me estoy enterando de absolutamente nada. Mi cabeza está en otro sitio...
bajo mis pies, o lo que es lo mismo, en el piso de abajo.
¿Pero qué me está pasando con esta chica?, ¿Por qué me siento tan protector con ella?. He visto cientos de
casos de este tipo, ¿Por qué este me afecta tanto?. La verdad es que Natalia es muy atractiva... sus ojos
marrones son enormes y sus pestañas tan largas y espesas que parecen abanicos españoles. Y si ya
hablamos de sus curvas perfectas... sus labios carnosos, su brillante y liso pelo... podría pasarme días solo
mirándola...
– ¡César! – brinco por el susto, y derramo unas gotas de mi vino en el sillón y mi pantalón – ¿Va todo bien?,
estás distraído.
–Sí, si, perdona Erika – Me limpio rápidamente con un pañuelo que siempre guardo en mi bolsillo – Tengo
demasiadas cosas en la cabeza últimamente – No es del todo mentira.
–Nos vemos muy poco cielo, el tiempo que estamos juntos me gusta que me lo dediques, deberías apartar
todas esas cosas hasta que me vuelva a ir, ¿No crees?.
–Tienes razón, pero a veces es inevitable. Lo siento.
–No pasa nada, no te preocupes – Se sienta a mi lado, pasa una de sus manos por mi espalda y me besa en
el cuello lentamente – Solo quiero estar estos días contigo y sentirte dentro – Me susurra en el oído. Sus
labios se desplazan marcando un camino de besos hasta mi la mandíbula – Quiero llevarme un buen
recuerdo tuyo cuando vuelva a Alemania – Posa sus labios en los míos, cierro los ojos y llega la sorpresa. Lo
único que aparece en mi mente es la imagen de Natalia besándome. Aparto a Erika rápidamente, como si
me hubiera alcanzado una corriente eléctrica y mi respiración se acelera.
– ¿Me puedes explicar a que coño viene esto? – Esta visiblemente cabreada.
–Perdona... no se que me ha podido pasar... Estoy tan sorprendido como tu... – Miento.
–Pues cuando lo descubras búscame, me voy a la cama porque parece que hoy ya está todo dicho aquí,
¡estás imposible! – Me deja allí solo, veo como se aleja y entra en la habitación de invitados. Cierra de un
portazo.
Apoyo mi cabeza en el respaldo del sillón, exhalo todo el aire de mis pulmones y dejo caer mis brazos a
ambos lados de mi cuerpo. Alzo la vista y clavo la mirada en el techo. Me quedo así durante varios minutos, tratando de averiguar que me está pasando y auto-convenciéndome de porqué esto no me puede afectar.
No me puedo obsesionar con el caso de Natalia. No es nada que no haya visto antes.
Me levanto y con esa idea me voy a la cama. Mañana será otro día...

Capitulo 6

Natalia
Varios golpes en la puerta me despiertan, abro los ojos sobresaltada y echo un vistazo a mí alrededor. Poco
a poco recuerdo donde estoy y miro el reloj de mi móvil. Son las siete de la mañana. Me levanto como
puedo, mis lesiones están mejor pero aún me molestan. Me acerco a la puerta, no me atrevo a abrirla y
pregunto:
- ¿Si? - Siento terror de que Mario haya podido descubrir donde estoy.
-Natalia, no te asustes, soy Manuel. Te traigo unas cosas que me ha encargado César para ti -
- ¿Unas cosas para mi? - Le pregunto al tiempo que abro la puerta sorprendida. Trae sujetas varias bolsas en
las que puedo apreciar los logos de ZARA, Dolce&Gabbana y Converse. Extiende las bolsas para que las coja
y no se como lo hago pero acaban en mis manos.
-Que tengas un buen día Natalia - Se marcha.
-Eh... gracias...- No se que más puedo decir.
Pongo las bolsas en la cama y me quedo mirándolas como si tuviera miedo de abrirlas.
Me decido por la de Zara, es ropa lo que hay dentro. Tiro de la tela y ante mí, aparecen un par de vaqueros
de pitillo desgastados, en color gris y de mi talla. Vuelvo a meter la mano dentro de la bolsa y esta vez saco
una camiseta entallada de algodón en color blanco. Lo dejo todo cuidadosamente estirado sobre la cama.
Me quedo mirando durante unos segundos, sin saber realmente que debo pensar sobre esto, y recuerdo
que aún me quedan dos más por abrir. Saco una caja y son unas zapatillas Converse bajas de color negro,
del número 38, el mío... la de Dolce&Gabbana es la siguiente. Esta es más pequeña y pesa menos.
Introduzco la mano y lo que descubro en ella me deja sin palabras. Es ropa interior, un sujetador y un
cullote sin costuras en blanco...
Esto es increíble, ha pensado en todo... varias preguntas me asaltan. -¿Cómo ha podido saber cual es
exactamente mi talla? ¿Habrá ido el a elegirlo personalmente? ¿Cómo voy a mirarlo ahora sabiendo que me
ha comprado incluso ropa interior? -No me da tiempo a pensar nada más cuando vuelven a llamar.
-¿Hola?, ¿Quién es? - Pongo la oreja pegada a la puerta para oír la contestación.
- Soy César - Oh mierda... no se donde meterme y abro lentamente.
-Em... hola...- Le digo visiblemente avergonzada por la rendija.
-Hola Natalia, vengo a comprobar que todo lo que pedí te ha llegado correctamente.
-Oh... si, no deberías...
-Lo se, pero se que no tienes nada para cambiarte y hoy tenemos que salir, ¿recuerdas?.
-Em... si... -Soy incapaz de articular mas palabras. Mira hacia la cama y después a mí.
-Bien, te dejo para que te prepares. A las ocho en punto estaré aquí de nuevo para recogerte. - Sale de la
habitación y cierra.
Durante un momento miro la puerta cerrada. La alarma de mi móvil suena, salgo de mis pensamientos y
voy hacia el. Lo apago y saco una toalla del armario empotrado que hay enfrente, me meto en la ducha y
termino de arreglarme. Todo me queda como un guante.
A las ocho en punto golpean la puerta.
-¿Estás lista? - Me mira de arriba abajo - Ya veo que sí, estás muy guapa Natalia.
-Gracias, tu también estás muy guapo - Le digo mientras mis mejillas se sonrojan. Por primera vez le veo
con ropa de calle. Viste unos vaqueros claros ajustados, desgastados y rotos en la rodilla, una camiseta
blanca y unas Nike negras. Por lo que veo, tenemos el mismo gusto a la hora d vestir.
Como habíamos acordado, nos dirigimos a la comisaría donde me entrega el parte de lesiones para
adjuntar. Poner la denuncia me cuesta más de lo que pensaba. Tengo que narrar los hechos desde el
principio y no puedo evitar derramar varias lágrimas. Por momentos creo que no podré seguir, pero la
mano cálida de César en mi brazo cada vez que me derrumbo me da la fuerza que necesito. Firmo la
declaración mientras suspiro sonoramente. Han pasado varias horas desde que vinimos. Un forense ha
tenido que valorar mis heridas, y no hubiera podido hacerlo nada de esto sola. Cuando acabamos nos
despedimos del policía que tan amablemente nos ha atendido y salimos juntos del edificio.
- ¿Estás bien? - Me pregunta mirándome fijamente a los ojos
-Pues la verdad... creí que sería más fácil - Le digo con la cabeza gacha - Pero sí, realmente podría decir que
estoy bien.
-Se que es muy difícil Natalia, pero es un paso más para tu libertad, estás siendo muy valiente. Ojala todas
las mujeres que están sufriendo esto, sean capaces de hacer lo que tú has hecho. Eres más fuerte de lo que
crees señorita.
-Tus palabras me reconfortan César - Le digo con sinceridad - Pero no son del todo ciertas. Sin tu ayuda no
hubiera sido capaz... prácticamente has tenido que obligarme y no sabes cuanto te lo agradezco. Te debo
una.
-Pues como me debes una, invítame a tomar algo en ese bar de ahí - Me guiña un ojo mientras señala una
pequeña cervecería en la esquina.
-Me vas a salir barato entonces - Le digo bromeando.
-No sabes cuanto puedo llegar a beber señorita, soy alemán ¿recuerdas? - Los dos nos reímos sonoramente.
-Oh, no te atreverás, no te imagino borracho atendiendo a tus pacientes - Me río.
-Para tu información, hoy no paso consulta. Me pedí hace semanas el día libre y...
-¿Y lo estás malgastando conmigo? - No le dejo terminar la frase.
-Tomar algo con una bella mujer no es malgastar un día libre, ¿no crees? - Levanta las cejas repetidas veces
mientras ve como me acaloro. Cada vez me cuesta más esconder las sensaciones que este hombre
despierta en mí. Pone su mano en mi cintura y no puedo evitar ponerme rígida debido a su contacto. Vuelve
el hormigueo a mi estómago. Estoy segura que debe haberlo notado.
-Vamos - dice mientras cruzamos la calle y entramos en la cervecería.
Es tan pequeña por dentro como por fuera. Nos acercamos a la barra, el camarero saluda a César y cuando
nos pregunta que vamos a tomar, respondemos al mismo tiempo pidiendo lo mismo. Reímos a carcajadas
por la coincidencia. Nos sirve, cogemos nuestros botellines y el pincho de choricillo que nos ha puesto, y
elegimos una mesa que hay en uno de los rincones para sentarnos.
-Tu deberías beber sin alcohol - Me dice - Por una no pasará nada, pero ten cuidado.
-Hoy no tomé nada, aguanto bien el dolor... ¿Conocías este sitio? - Le pregunto para cambiar de tema,
mientras tomo el primer sorbo de mi cerveza. Tan amarga y refrescante que sin darme cuenta, cierro los
ojos para saborearla mejor. Cuando los abro, me está mirando fijamente. Al darse cuenta que lo he
descubierto, carraspea.
-Sí...-Contesta - He venido varias veces. Hace tiempo tenía una consulta privada dos calles más abajo y este
era mi lugar favorito. Ponen buenos pinchos - Señala el plato.
-Ya veo - Pincho uno de los choricillos y lo introduzco en mi boca. Su sabor es exquisito y tengo hambre por
lo que me sabe a gloria. - Si no te das prisa, no te dejaré ni uno - Le digo comiéndome otro.
-Y es lo que harás, - Me apunta con el índice en señal de desaprobación - Me ha dicho un pajarito que no
pediste anoche nada para cenar ni esta mañana para el desayuno.
-Es cierto, tu palomo mensajero no te ha mentido. Anoche caí rendida en la cama y esta mañana con los
nervios no me entraba nada.
-Vamos a solucionar eso - Coge la carta de tapas y me la entrega - Elije lo que quieras - La miro por encima
- Tengo tanta hambre que no se que pedir, me comería todas - Le digo en broma.
-Eso es fácil - Me quita el cartón de las manos y lo levanta - ¡Juanjo, ponnos todas las que hay aquí! - Le grita
al camarero. Abro tanto los ojos que creo que los globos oculares se me van a caer encima de la mesa.
-¡¡Oído cocina!! - Dice el camarero entre risas y desaparece detrás de una puerta.
-¿¡Quéeee!? - Sus carcajadas al ver mi rostro desencajado resuenan por todo el bar.
-Está bien, ahora que has descubierto que puedo ser muy literal, decídete mientras vuelvo - Me guiña un
ojo, se levanta y va a la barra. Segundos más tarde, está de vuelta, esta vez con dos jarras de cerveza. -
Pruébala, es la mejor "rubia" alemana de importación que encontrarás por la zona. Solo la traen aquí. - La
pone con cuidado a mi lado. Tomo un sorbo. Es dulce al principio, con toques afrutados y un agradable
amargor que se funde en el paladar.
-Es cierto, esta buenísima - Le digo mientras paso la lengua por mis labios para eliminar la espesa espuma.
Me doy cuenta de que está mirando como lo hago y sonrío. Parpadea rápidamente, levanta la mirada a mis
ojos y me pregunta -¿Qué vas a comer? .
Finalmente me decido por unos sándwich vegetales y el por una ración de calamares. Mientras comemos,
charlamos sobre nuestras vidas. Se interesa por mi familia, le cuento que tengo dos hermanos gemelos,
mayores que yo, y que viven en el mismo pueblo que mis padres. Ambos trabajan en la empresa familiar. Se
sorprende al oírme decir que se dedican a la venta y restauración de vehículos de competición.
Cuando le pregunto por su familia, veo como se le tensa la mandíbula, pero antes de que pueda decir nada,
nos interrumpe el sonido de un mensaje en mi móvil. Me mira rápidamente. Se que busca en mi expresión
saber si es Mario, pero se calma cuando le digo que es Laura - Dice que sobre las ocho de la tarde vendrá a
visitarme. Si no te importa, claro - Le digo.
-Estás en tu casa Natalia, pero recuerda que solo gente de máxima confianza puede saber donde estás
ahora - Asiento y contesto a Laura para confirmar.
Durante más de tres horas, seguimos charlando, riendo y bebiendo la rica cerveza de importación. Cuando
decidimos que es hora de irnos, me pongo en pie y apenas consigo mantener el equilibro, la cabeza me da
vueltas y mis piernas están tan flojas que me da un absurdo ataque de risa. Intenta ayudarme, pero el está
casi tan perjudicado por el alcohol como yo.
- Como sube esta mierda, cuando te quieres dar cuenta ya te ha pegado el pelotazo - Dice y nos sentamos
de nuevo riendo y bromeamos sobre la situación durante unos minutos más.
Cuando nos calmamos, hace una llamada rápida a un tal Alex, y en quince minutos tenemos un precioso
Audi A6 gris esperándonos en la puerta.
Me agarra por la cintura y el brazo y me ayuda a bajar los tres escalones del bar.
-No queremos que te des más golpes. ¿Verdad? - Me dice.
-No lo permitas, ya parezco una berenjena - Una carcajada sale de su boca.
-Vaya, parece que tienes sentido del humor, señorita - Le oigo decir.
-Lo único que no tengo ahora mismo es equilibrio - Le contesto y vuelve a reír de nuevo.
Llegamos al Audi y abre la puerta trasera, nos acomodamos y le pide al conductor que nos lleve al Hotel.
Por el camino vamos canturreando todas las canciones que ponen en la radio.
-Sube más la música Alex - Le grita eufórico al conductor cuando suena "Du Hast de Rammstein". Simula
que toca la batería mientras canta en perfecto alemán. No se si será por el alcohol, pero noto cientos de
mariposas revolotear en mi estomago, y una sensación de euforia como hacía años que no sentía. Me
animo y se sorprende al ver que también la conozco y la canto con él. Me fijo en el retrovisor y Alex está
mirándonos con expresión de sorpresa y una sonrisa dibujada en su boca.
Cuando la canción acaba, estamos sofocados, sudorosos y muertos de risa. Justo en ese momento, el coche
se para y veo por la ventanilla que acabamos de llegar. Le miro mientras hago un mohín.
-Que pena, con lo bien que lo estaba pasando - Le digo. Cierro los ojos y puedo sentir que todo da vueltas
mucho más deprisa que antes.
-Ya habrá tiempo de repetir - Le oigo decir, se levanta y sale del coche, viene hacia mi puerta y me ayuda a
salir. Al ponerme de pie, compruebo que mi equilibrio está aún peor, me tambaleo por lo que tiene que
sujetarme para que no me caiga. Pone de nuevo su mano en mi cintura y esta vez apoyo mi cabeza en su
hombro y me dejo llevar. Me encanta tenerlo tan cerca. Su olor, el calor que desprende, sus duros músculos
pegados a mi cuerpo... Aunque me encuentro fatal, no quiero llegar a mi habitación, no quiero que se
acabe.
Caminamos así hasta el ascensor, entramos, y cuando las puertas se cierran, he perdido todo tipo de
vergüenza. Me agarro fuerte a él con mi brazo sano, preparándome para la impresión de la subida. Apoyo
más mi cabeza en su hombro y siento como su respiración se acelera.
No se como ocurre, pero de pronto, siento un pequeño empujón y acabo pegada a uno de los laterales del
ascensor. Sus manos están en mis hombros, sujetándome con fuerza y nuestros pechos apretados uno
contra otro. Puedo sentir los latidos de su corazón. Levanto la mirada buscando una explicación, y pega su
frente a la mía, siento sus labios rozar los míos pero no me aparto. Me gusta. Suaves, húmedos... calientes.
Su respiración está en mi boca pero no siento que me bese. Solo respira agitado y se queda así durante
unos segundos. Cierra los ojos con fuerza y traga saliva, lentamente se aparta de mí, se pasa la mano por el
pelo y la puerta se abre en ese momento.
- Vamos Natalia... - Está muy nervioso. Sale antes que yo del ascensor y al ver que no me muevo, me tiende
la mano para ayudarme -Vamos, necesitas despejarte un poco, en unas horas estará aquí Laura y no
querrás que te vea así - Me agarra por el brazo y caminamos deprisa hasta mi habitación.
Le cuesta varios intentos conseguir que la llave entre en la cerradura. Después de maldecir en alto, lo
consigue y me guía hasta el interior.
- Me quedaré un rato más contigo hasta que te serenes un poco. No creo que estés en condiciones de
quedarte sola hasta que llegue tu amiga - Dice sonriendo.
- ¡Oh!, no teh procupessss. - Le digo casi sin poder vocalizar -Solo tenoh que tubarme en esta cómoda cama
y drormir la mona un rato.
Me dejo caer con todo el peso sobre el colchón, pero calculo mal la distancia y caigo como un higo maduro
contra el suelo.
- ¡Mierda Natalia! - Es lo único que dice mientras corre a auxiliarme.
Me sujeta fuertemente por los hombros y clava sus pupilas en mis ojos con un gesto de preocupación -
¿Estás bien?, ¿Te has hecho daño?
- No te procupesss, -Le digo con calma - con la anestesia que llevo incima, no siento ni los párpados.
Mañana te pediré calamaresss... calmantares... digo calmantes...
Los dos estallamos en risas mientras me pone en pie.
- Bien... creo que esta es razón suficiente para reafirmarme en lo que antes te he dicho. Me quedo aquí
hasta que venga Laura.
Con cuidado me ayuda a tumbarme en la cama y coloca una de sus manos en mi pantorrilla. Me quita los
zapatos. Primero uno. Muy lentamente. Casi juraría que está disfrutando. Después el otro. Su respiración se
acelera. Su tacto caliente en mis piernas y tobillos despierta algo dentro de mí. Siento como el corazón
golpea mis venas. Un calor desconocido recorre mi cuerpo hasta alojarse en mi estómago. Acto seguido, me
pongo nerviosa y todo comienza a darme vueltas.
Como si notara que algo no va bien, se gira hacia mí. - Estás bastante pálida... - No termina la frase cuando
me levanto como poseída por el diablo y corro tambaleándome hasta el baño.
Me arrodillo como puedo y el vómito se apodera de mí. Unas fuertes manos sujetan mi pelo hasta que vacío
todo el contenido de mi estómago.
- Mierda, no bebo más. Nunca más. - Digo convencida.
Se ríe a carcajadas, se arrodilla conmigo y me acurruca a su lado. - Quedémonos aquí hasta que vayan las
nauseas, hemos tenido suerte esta vez de que te haya dado tiempo a llegar - Me dice. Tengo sus duros
pectorales en mi cara, su barbilla en mi cabeza, el latido de su corazón en mi oído, y sus brazos me están rodeando. Cierro los ojos y disfruto el momento. ESTOY EN EL PUTO CIELO.

Capitulo 7

Tres golpes secos me despiertan. Abro los ojos sobresaltada y descubro que estoy acostada en la cama,
arropada por una suave colcha blanca. - ¿Cómo diablos he llegado hasta aquí? -
Los golpes vuelven a sonar. Un terrible dolor de cabeza me da la bienvenida al mundo de los vivos. Mientras
masajeo mis sienes intentando aliviarlo, otra tanda de impactos golpea contra la madera. Esta vez más
fuerte. Me levanto torpemente y voy hacia ella.
- ¿Si? - Pregunto desconcertada.
- ¡Abre coño, que es para hoy! - Esas expresiones solo pueden ser de Laura.
Tiro de la puerta todo lo rápido que me deja mi brazo bueno. Si tengo más ganas de abrazarla, exploto.
Una amplia sonrisa se forma en mi cara a medida que abro, pero justo cuando nuestras miradas se
encuentran, se queda paralizada.
- ¡Santo Dios! ¡Santísimo Cristo! ¡Maldito hijo de puta! - Grita de pronto asustándome. Sus ojos se llenan de
rabia. Sus manos tapan su boca y lágrimas caen por sus mejillas.
Justo en ese momento mi sonrisa se desvanece. Es la primera vez que me ve desde la última agresión.
- Tranquila, ya ha terminado todo - Le digo intentando calmarla. La abrazo con mi brazo bueno y beso
repetidas veces su sien mientras solloza en mi hombro.
- ¿Pero que te ha hecho? ¿Por qué has esperado tanto? - Se aparta de mi, levanta mi cara con sus manos y
clava su mirada en mis ojos - ¡Mírate!, ¡Maldita sea!. Casi te mata... - Tiene toda la razón del mundo. Ni yo
misma entiendo porqué he esperado tanto. ¿En que coño estaba pensando para dejarle llegar a esto?.
- Lo sé, lo se... - Le doy la razón porque no puedo hacer otra cosa. La tiene.
- ¿Por qué no me llamaste cuando paso? ¿Por qué he tenido que enterarme días después? ¿No somos
amigas? - Llora desconsoladamente de nuevo. Vuelvo a abrazarla y nos quedamos así durante un par de
minutos más.
- No he podido hacer otra cosa... - Acaricio su suave cabeza rubia y lisa. Trato de convencerla de que lo peor
ya ha pasado y que no voy a dejar que se vuelva a acercar a mí - Ahora tienes que echarme una mano. - Le
digo - Necesito una nueva vida, y solo tu puedes ayudarme - Le hago participe de la situación y parece que
surge efecto.
- ¡Sí! - Dice enérgicamente. - Tenemos que buscar piso - Se seca rápidamente las lágrimas - Cambiar la
dirección postal de todos los documentos. Ir de compras. Cambiar de trabajo, de teléfono, comprar otro
coche...
- ¡Para! - Pongo dos de mis dedos sobre su boca. Mi cabeza va a estallar. Demasiada información que ni
siquiera se me había pasado por la cabeza aún. - Ya habrá tiempo de hacer todo eso. Ya se que no me puedo
demorar, pero todavía estoy tratando de habituarme a esta nueva situación.
- Perdona Nata, me he venido arriba y... ya sabes... Además tienes muchas cositas que contarme... ¿No? -
Sonríe y me guiña un ojo - ¿Quién es ese atento y guapo Doctor? - Me sonrojo. Ella lo nota y arquea una ceja.
- Se llama César - Y como si me hubieran dado cuerda, cuento todo del tirón y con detalles.
Laura me presta atención inmóvil, está muy atenta a todo lo que digo y apenas parpadea. A veces me
pierdo hablando cuando noto que esboza una sonrisa. Se que algo está pensando. Algo ronda por su
cabeza y no tardaré en descubrirlo.
Cada vez que nombro a César, inconscientemente lo visualizo en mi mente, y tengo que pararme durante
unos segundos, porque pierdo el hilo de la conversación, pero enseguida me encuentro y continúo.
Mientras narro toda la historia, me voy dando cuenta de lo increíble que es este hombre. En mi estado de
shock, no he valorado realmente todo lo que ha hecho por mí.
Siento un vuelco en el corazón, hormigueo en mi estómago y frialdad en mis manos. Es tan podidamente
atractivo... ¿Qué me pasa?...
- ¡Te gusta el Doctor! - Aquí está lo que esperaba...
- Laura, no seas ridícula por favor. - Me sonrojo hasta querer que la tierra me trague - ¡Hace apenas dos días
que nos conocemos!
- ¡Oh Dios Santo, Nata! - Ríe histérica - ¡Te estás enamorando!
- No digas idioteces...
¿A quien quiero engañar?. Mi frase no consigue el efecto deseado. Laura sigue riendo escandalosamente. Se
que siento algo por el, mi cuerpo me lo indica cuando está cerca, pero no lo podría catalogar de
"enamoramiento". Es imposible. No puedo enamorarme... no quiero hacerlo y me niego. No estoy
dispuesta a dejar que nadie me vuelva a romper el corazón.
- Vamos... no niegues que sientes algo por el, se te ilumina la mirada cada vez que le nombras. Nos
conocemos reina.
- A ver... evidentemente es guapísimo... - Me mira con una sonrisa de oreja a oreja y asintiendo - No se
puede negar lo obvio.... Pero de ahí a que me esté enamorando... te está patinando un poco la neurona,
chata.
- Ya, ya... lo que tu digas. Nos conocemos desde hace años, ¿verdad?, y créeme, jamás había visto esa
mirada en ti. Te brillan los ojitos de una manera especial, y eso solo puede ser una cosa...
- Si... que hace como dos horas me puse hasta los ojos de cerveza de importación. - Ambas nos reímos.
Las horas pasan volando con Laura. Es tarde y tiene que marcharse. Se levanta temprano y aún tiene que
conducir durante una hora para llegar a su casa. Nos despedimos con un largo abrazo y varios besos de
abuela, y, finalmente me quedo sola.
Pienso durante unos momentos en que hacer. Me decido por presionar el botón de recepción que me indicó
César. Ordeno algo para la cena, así de paso, evito que el palomo mensajero se chive.
- Un vaso de Cola Cao con galletas, por favor. - No hay nada mejor que un buen tazón chocolateado cuando
arrastras resaca.
Mientras espero que Manuel suba, saco mi móvil del bolso. Como era de esperar, hay varios mensajes y
llamadas perdidas de Mario.
Me cuestiono si abrirlos o borrarlos sin leer. Pero por desgracia... aún tiene tanto dominio sobre mi, que
aunque no esté delante, obro como si estuviera obligada ha hacer lo que el quiere.
El primero dice: "O VUELVES A CASA O ATENTE A LAS CONSECUENCIAS". Un nudo se posa en la boca de
mi estómago. Debe de estar muy cabreado...
Abro el segundo: "TIENES HASTA MAÑANA O LO PARAGÁS CARO". Sus amenazas siguen afectándome de
la misma manera. No soy capaz de hacerme a la idea que ya no tiene poder sobre mí. Un nerviosismo
recorre todo mi cuerpo y me pongo en alerta. Tengo la necesidad de salir corriendo hasta allí con el. Aún
sabiendo lo que va a pasar.
El tercero solo son letras: "COMO NO V " debe estar tan histérico y cabreado que seguramente haya dado a
los botones que no son, y se ha mandado el mensaje sin acabar de editar. En el cuarto termina la frase...
"COMO NO VUELVAS, TE JURO QUE LA LIO, NO DIGAS LUEGO QUE NO TE HE AVISADO". Mi estómago
está revuelto. Un horrible calor sube por mi cara y tengo sudor en mis manos. Creo que estoy sufriendo una
crisis de ansiedad. Me falta el aire. Me duele el pecho y apenas puedo respirar, pongo mis manos en el
corazón intentando aliviarme. Me va a mil por hora.
- ¡TOC. TOC. TOC!
Suena la puerta en ese momento. Lo único que hago en el estado en el que estoy, es gritar fuertemente por
el susto al tiempo que salto de la cama y me pego contra la pared. Afuera oigo un estruendo. Cristales rotos.
- ¡Natalia! - Una voz familiar grita mi nombre, pero no puedo contestar, estoy bloqueada por los nervios.
- ¡Natalia, ábreme! - vuelve a gritar, pero yo sigo sin poder reaccionar.
Unos golpes mucho más fuertes resuenan por toda la habitación. Algo está golpeando la puerta con una
intensidad de 8 en la escala Richter. Siento la pared que tengo en mi espalda vibrar.
Al cuarto golpe la puerta prácticamente estalla. Cae desencajada hacia un lado y de frente aparece la
silueta de César. Está muy alterado, tiene la mandíbula encajada y respira fuertemente. Su pecho sube y
baja con rapidez. Tiene los puños blandos por lo fuerte que los está apretando.
- ¿Estas bien? - Me pregunta casi gritando mientras corre hacia mí.
Solo puedo asentir con la cabeza, no puedo hablar.
- ¿De verdad estas bien? ¿Por qué has gritado? ¿Alguien te ha herido? - Me inspecciona con la mirada
buscando alguna pista.
Niego con la cabeza, y trato de entrar aire en mis pulmones, pero aún arden. Poco a poco voy recobrando el
control. Finalmente, por fin consigo decir algo entre jadeos.
- Una crisis... Una crisis de ansiedad... Un susto...
Me observa durante una milésima más y empieza a entender mi estado
- Venga. Tranquila... unos segundos más y estará controlada. Respira - Me pasa una de sus manos por la
nuca, y mueve su dedo pulgar por mi pelo en forma de caricia. Su contacto hace que todas mis
terminaciones nerviosas que antes eran un amasijo de hierros, empiecen a reorganizarse de nuevo.
Posa su otra mano sobre mi mejilla. El calor que desprende su palma, consigue despertarme algo por
dentro. No se que es, pero tengo la necesidad de apoyar mi cara contra su palma. Y así lo hago. Muevo
lentamente mi cabeza buscando roce con sus dedos y ambos nos miramos fijamente a los ojos mientras
nuestras respiraciones se acompasan. Su carnosa boca cada vez está más cerca. Puedo ver como
humedece sus labios lentamente con la lengua. Su alieno mentolado está tocando mi sentido del olfato.
Cierro los ojos cuando le tengo tan cerca que no puedo enfocar...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:17 pm

Capitulo 8

- ¿Pero esto que es? - Los dos nos volvemos rápidamente al oír la voz de Manuel. - ¿Qué es este destrozo? -
Pone las manos sobre su cabeza y camina de un lado a otro. - ¡Hay que llamar a la policía! - Saca su móvil
del bolsillo.
- Quieto Manuel - Le dice César mientras se acerca hasta el. - Guarda el móvil, he sido yo. Las clases de Kick
Boxing están dando resultado. - Veo como le guiña un ojo.
Manuel le mira atónito. No entiende nada pero sabe que tampoco debe preguntar. Es muy discreto cuando
quiere. Entre los dos se percibe complicidad. Se acerca a César y tranquilamente le dice - Luego hablamos,
ahora voy a encargarme de todo esto - Y sin más, se marcha.
Nos quedamos solos y un silencio incómodo se instala entre nosotros. Ninguno de los dos se atreve a mirar
al otro. ¿Qué es lo que ha estado apunto de pasar?.
- Coge tus cosas... creo que hoy tendrás que dormir en otra habitación - Me dice mientras se rasca la cabeza
pensativo.
- Eso parece - Sin más, reacciono y comienzo a recoger la poca ropa que tengo.
Desenchufo el cargador del móvil y lo guardo en mi bolso. Recojo el teléfono de la cama. Aún tiene el último
mensaje de Mario abierto. Me quedo mirando la pantalla. Miro a César y otra vez a la pantalla. - ¿Debería
decírselo? - Me pregunto. Y como si supiera en que estoy pensando se acerca hasta mí.
- ¿Todo bien Natalia? ¿Qué es lo que ha desencadenado ese ataque de pánico en el que estabas atrapada
cuando he llegado?.
Sin pensarlo demasiado, le muestro el mensaje. - Hay tres más así - Le digo.
Me quita el teléfono de la mano y comienza a examinarlos uno a uno. Sin mediar palabra me lo devuelve.
Sus cejas están fruncidas. Su mandíbula tensa y algo me dice que bastante cabreado.
- Ven conmigo, vamos a buscarte otro lugar para pasar la noche. - Me quita el bolso y las ropas de la mano. -
Mañana podrás regresar de nuevo. Imagino que ya habrán reparado la puerta.
Salimos de la habitación y descubro porqué sonaron cristales rotos. Camino casi de puntillas para no
pisarlos. Mientras el me da la explicación.
- Fui a ver a un amigo mientras dormías. Cuando regresé, Manuel cargaba con esa bandeja. - La señala, está
boca abajo en el suelo - Me dijo que era para ti y que Laura se acababa de marchar, así que como subía para
casa, me ofrecí a traertelo yo mismo. Todo esto que hay por aquí era tu cena - Dice mientras señala trozos
de galletas y leche derramada. -
- Lo siento - Le digo apenada.
- Tranquila. Yo pienso tomar lo mismo esta noche. Si te apetece, puedes acompañarme a casa, tengo
galletas y bizcochos de sobra - Me dice con una sonrisa.
- Yo eh... no quiero molestar...- Imaginarme en su casa me pone nerviosa.
- Si pensara que fueras a molestar, no te lo pediría. ¿No crees?. - Sus preciosos ojos azules bailotean
clavados en mí mientras espera que conteste. Es malditamente guapo y mil sensaciones recorren mi
cuerpo.
- Eh... Sí, bueno, está bien. Vayamos. - Caminamos hasta el ascensor.
Las puertas se cierran y un borroso recuerdo intenta llegar a mi mente. Esta tarde, ¿Estuvimos muy cerca el
uno del otro aquí?... algo parecido a lo que minutos antes casi sucedió en la habitación. Solo que estaba tan
jodidamente borracha que no logro distinguir si ha sido real o lo he soñado. Todos mis recuerdos se
esfuman en cuanto la puerta se abre.
Lo primero que veo es un maravilloso y amplio pasillo con suelos en parqué, zócalos de madera y varias
macetas con verdes y frescas plantas de interior.
- Bienvenida a mi humilde morada - Me guiña un ojo.
- Vaya... Es de todo menos humilde. - Le digo riendo.
Abre unas grandes puertas de madera con cristales labrados y entramos al salón. Es muy amplio, tiene tres
enormes sofás en piel blanca. En ellos, bien pueden caber de cinco a seis personas en cada uno. Hay una
mesa de madera maciza a la derecha que debe de medir unos tres metros y medio, está preparada para
veinticuatro comensales, ya que cuenta con veinticuatro sillas. Al frente se encuentra una barra hecha de
ladrillos de era que separa el salón de la cocina, y junto a ella, ocho taburetes colocados en línea. La cocina
llega de pared a pared. Es de roble y muy rústica. La encimera es de mármol.
Toma mi brazo sano para llevarme hasta la cocina y una corriente se apodera de mi cuerpo. Últimamente,
cada vez que me toca, la sensación es mayor. Casi al punto de paralizarme. Intento hacer caso omiso, pero
no puedo evitar disfrutar de ello. -¿Pero porque siento esto?.
- ¿Frío o caliente?
- ¿Perdona? - Estoy tan perdida en mi misma que no sede qué me habla.
- ¿Cómo te gusta tomar el batido? - Me dice sonriendo. - Frío o caliente -
-Fresquito que tengo sed - Le digo devolviéndole la sonrisa.
Miro embobada como se desenvuelve, sabe perfectamente donde esta guardada cada cosa. Abre puertas.
Cierra puertas. Abre cajones, cierra cajones... saca utensilios que va poniendo en la encimera y prepara
todo con soltura. Finalmente tiene todo preparado.
-Toma - Me ofrece uno de los tazones.
Al estirar la mano para cogerlo, nuestros dedos se rozan y vuelve la corriente, esta vez más intensa.
Nos quedamos durante unos segundos así, ninguno aparta su mano del otro. Juraría que él también ha
sentido esa extraña electricidad por la forma en la que me está mirando. Sus ojos están clavados en los
míos. Me pierdo en esos mares azules... son tan atrayentes... Vuelvo al planeta tierra poco a poco y noto
como mis mejillas comienzan a ponerse rojas. Estoy totalmente ruborizada. Muerdo mi labio inferior y bajo
la mirada por la vergüenza.
Antes de que pueda darme cuenta, su mano esta en mi barbilla. Siento el calor que desprenden las yemas
de sus dedos. Son suaves y fuertes. Mi corazón se acelera con su toque. Lentamente tira de mi mentón hacia
arriba para que lo mire de nuevo.
Ahí están otra vez esos profundos pozos azulados clavados en mí. Se acerca muy lentamente. Su mirada
recorre mis facciones y se detiene en mis labios.
- Natalia - Mi nombre sale de su boca en forma de susurro.
Su cálido y fresco aliento envuelve mi rostro. Cierra los ojos con fuerza y oigo como traga saliva. Pega su
frente a la mía. No puedo pensar en nada, no soy capaz de razonar ni quiero. Está luchando interiormente.
Lo noto.
Capitulo 9
Se aparta con la misma lentitud con la que se acercó antes. Suelta mi barbilla y niega ligeramente con la
cabeza. Estoy segura que hay una lucha interna contra el mismo dentro de su cerebro. Su mirada termina
de confírmamelo. Confusión veo en ella.
Me quita el tazón de la mano y recoge el suyo de la encimera con la que tiene libre, camina con ellos hasta
uno de los sofás, y los coloca sobre un par de manteles individuales que hay en una pequeña mesa
rectangular.
Contemplo con detalle todos sus movimientos. Son ágiles y seguros. Todos sus músculos bailan en una
coreografía perfecta cada vez que se mueve. Es hipnótico.
Se gira para indicarme que ya está todo preparado y me descubre observándolo con detenimiento. Levanta
una ceja y sonríe pícaramente. El rubor vuelve a mis mejillas y sin mirarle a los ojos, me acerco hasta donde
me está señalando con la mano. Tomo asiento.
César se sienta a mi lado. Me ofrece una servilleta de papel. La tomo y la pongo sobre mis rodillas.
Me saca los dulces de las bolsitas individuales, ya que con una mano no puedo abrirlos sola. Dos bizcochos
y una porción de tarta de manzana. Protesto por la gran cantidad que me prepara para cenar pero hace
caso omiso.
- ¡A por ello! - Da el pistoletazo de salida entre risas y nos acomodamos para empezar.
Aunque en un principio parecía mucha la cantidad, devoramos todas las existencias. Con la barriga a punto
de explotar, y con un empacho propio de haber tomado una gran cantidad de azúcar, nos apoyamos en el
respaldo de ese inmenso y comodo sofá, en el parece que estamos casi tumbados. Coge el mando de la
pantalla de cuarenta y dos pulgadas y pasa varias veces de canal. Los canales no parecen tener fin...
Finalmente se decide por una película que está empezando. Nos acomodamos más aún si cabe. No sé muy
bien cuál es el argumento, el sueño se está apoderando de mí y no puedo hacer nada para evitarlo. Por más
que me esfuerzo, mis parpados caen y caen, una y otra vez...
Dos veces soy consciente de haber abierto los ojos durante unas décimas de segundo. En la primera estaba
totalmente apoyada en su hombro. Me quise incorporar para no incomodarlo pero pasó su brazo por
encima de mis hombros, dándome así una mayor comodidad al quedar mi cabeza en su pectoral. Duro,
moldeado y fuerte. La protección que sentí al instante, me hizo dormir profundamente. La segunda, cuando
algo suave, calentito y esponjoso cayó a lo largo de todo mi cuerpo.
Un rico olor a café recién hecho es mi despertador. Descubro una mantita suave, calentita y esponjosa.
Sonrío mentalmente y asocio. Estoy en el sofá donde anoche me quedé dormida. Me estiro y un ruido
placentero sale de mi garganta al mismo tiempo. He dormido de maravilla.
Me levanto y busco por toda la estancia su silueta. No veo a César, pero en cambio, diviso un papel con
letras en negro pegado a la cafetera. Por la distancia, no puedo leer que pone, por lo que decido caminar
hasta él.
Buenos días Natalia, espero que hayas dormido bien. Aquí tienes un café recién hecho y unos pasteles que
ha subido Manuel. Volveré esta noche. Tengo que trabajar. Estás en tu casa, sírvete de lo que necesites.
Abrazo la nota, la dejo pegada mi a pecho y sonrío como una quinceañera. Es lo más bonito y amable que
han hecho por mí en mucho tiempo.
Busco entre los muebles hasta dar con los vasos y las cucharillas. Me sirvo un café. Está delicioso, tomo uno
de los pastelitos. Aún están mejor que el café. Habiéndome comido tres anoche, todavía son bien recibidos
los dulces en mi cuerpo. Es de nata y chocolate. Termino y recojo todo. Lavo el vaso y la cuchara, coloco el
azúcar en su sitio, doblo la mantita y viendo que no hay más que hacer, me siento en el sofá y mirar al vacío.
-Que aburrimiento - Me digo.
Decido darme una ducha.- Espero que no le importe -. Cojo mi bolsa, salgo del salón y entre todas las
puertas que encuentro, busco el baño. Me decido por la primera que veo y acierto. Es muy amplio, tiene una
gran bañera de hidromasaje y un espejo que llega desde el techo hasta el suelo. El lavabo es de piedra
pulida y los azulejos están colocados a cartabón con unas cenefas impresionantes. Abro un mueble de
madera de cerezo y está repleto de productos de higiene y toallas. Todo muy bien colocado.
Cambio de idea. Ya no quiero una ducha, quiero un buen baño. Cierro el tapón y comienzo a llenar la
bañera. Mientras, preparo mi ropa. No tengo mucho donde elegir, por lo que decido que después de
bañarme, saldré de compras.
Le pongo al agua varios productos, entre ellos algunas sales y un gel que huele a él. La espuma ya está lista.
Me desnudo y poco a poco me voy metiendo dentro. Mi cuerpo agradece ese contraste de temperatura.
Noto que hoy mis lesiones están mucho mejor, apenas me duelen y mis músculos comienza a relajarse una
vez dentro del agua.
Pierdo la noción del tiempo, no sé si han sido horas o minutos lo que he estado aquí dentro, pero decido
salir ya que tengo todo el cuerpo arrugado como una pasa.
Me visto con mis ropas limpias. Son las mismas que traje de casa, solo que Manuel se encargó de lavarlas.
Saco de mi bolso el maquillaje y trato de tapar la sobra morada que tengo en el mentón para que no se
note. Cuando creo que se ha disimulado bastante, peino mi cabello y lo dejo suelto sobre mis hombros. No
puedo hacer otra cosa.
Salgo de la casa y cierro, no tengo llave por lo que imagino que luego alguien me abrirá.
Subo al ascensor, y pulso el botón para bajar. Al salir no hay nadie en el recibidor. Me dirijo a la calle y
alguien me llama justo cuando tengo un pie en el primer escalón. Me vuelvo y es Manuel
-Buenos días Natalia. ¿Puedo ayudarla?- Me pregunta viniendo muy deprisa hasta mí.
-Voy a comprar algunas cosas que me hacen falta. – Le digo con una sonrisa en mis labios.
-No sé... si debería... no creo que César esté conforme... – El pobre hombre está algo confuso.
-No te preocupes, volveré pronto – Le digo y salgo por la puerta. Noto su mirada inquieta en mi espalda. -
Qué raro... - Me digo a mi misma.
El sol me calienta agradablemente mientras camino. Hay pocas tiendas por esta zona, por lo que decido
coger un taxi. Al segundo intento consigo que uno pare.
-Buenos días. ¿A dónde?- Le indico un centro comercial que suelo frecuentar.
El camino es ameno. Voy escuchando la música que el taxista lleva en el coche. No sé qué tema es, pero lo
he escuchado ya un par de veces y lo tarareo mentalmente.
Llegamos, pago y cruzo la calle hasta entrar al centro. Hay multitud de tiendas y miro todos los escaparates
antes de decidirme por entrar a una.
Veo un pantalón que me encanta, es color negro, en la etiqueta pone licra y algodón. Paso a ver si tienen mi
talla y una preciosa pelirroja me atiende.
-Tienes suerte, aquí tienes, la 38. Pruébatela ya que dan menos talla -Cojo la prenda y me dirijo al probador.
Me queda como un guante. No puedo abrocharme el botón por mi lesión, pero como puedo, compruebo
que abrochará. Últimamente estoy más delgada, apenas he comido estas semanas, gracias al infierno en el
que he vivido.
Pago mi compra y recojo la bolsa. Me dirijo a otra tienda en donde vi una camiseta que me encantó antes,
cuando alguien me sujeta fuertemente por el pelo.
Me giro con esfuerzo para ver quién es y todas mis alarmas se disparan.
-¡MARIO!...

Capitulo 10

-¿Dónde crees que vas?- Tira con más violencia de mi melena para que me acerque a él.
Forcejeo para que me suelte.
Su otra mano sujeta fuertemente mi barbilla para que lo encare. Siento como varios cabellos se están
desprendiendo de mi cuero cabelludo. Está haciendo mucha fuerza sobre mi moretón con sus dedos y me
duele a horrores.
-¡Suéltame!- Casi estoy gritando. Miro asustada a mí alrededor. La gente pasa y nadie parece ver lo que está
ocurriendo.
A unos veinte metros diviso a Juan Carlos, el mejor amigo de Mario. Está sentado en una cervecería. Su
favorita...
-¡Tonta, tonta, tonta! - Me riño mentalmente. ¿Pero cómo no he pensado en esto?. Me saluda levantando
una jarra y sonríe maliciosamente.
- Ahora dime quién es ese cabrón al que te estás tirando - Otro tirón más fuerte. Mi cuello cruje.
-No es lo que crees - Digo con gesto de dolor y retorciéndome.
-Voy a cortarle en tiras al igual que voy a hacer contigo- Dice en un gruñido cerca de mi oído.
Comienza a caminar arrastrándome con él.
-Mario por favor, suéltame - La angustia hace que mis ojos se llenen de lágrimas.
-¡Enséñala quien manda! - Dice Juan Carlos desde el otro lado mientras ríe a carcajadas. Le miro con asco y
le da un largo trago a su botella.
Mario está realmente cabreado. Si no consigo soltarme rápido de él, sé que estaré en peligro.
Me conduce a la salida. Vamos hasta el coche, puedo verle al final del parking. Mi boca está seca, el coche
cada vez más cerca y el pánico se empieza a apoderar de mí. Si consigue meterme en él, será mí fin.
Ya estamos cerca, mete su mano en el bolsillo para sacar la llave y sin apenas darme tiempo a pensarlo, doy
un rápido tirón y consigo soltarme. Cuando está a punto de volver a sujetarme, mi pierna vuela y mi pie
acaba chocando contra sus genitales. Jamás pensé que llegaría a hacer algo así, ni siquiera sé cómo ha
sucedido, ni cuando mi cerebro mandó esa orden. El instinto de supervivencia hizo todo eso por mí.
Corro todo lo que puedo sin mirar atrás. La suerte quiere que en ese momento, justo cuando voy a cruzar
una calle, un taxi casi me atropelle. Frena y sin saber si está ocupado o no, abro la puerta y entro.
-¿Se encuentra bien? - Me dice mientras mira como jadeo intentando recuperar el aire. Mis pulmones están
al rojo vivo.
-¡Vámonos de aquí!, ¡Donde sea!, ¡Corra!, ¡Vámonos de aquí! - Repito sin parar y el hombre comprende que
algo pasa y se pone en marcha.
Durante un par de minutos conduce sin rumbo. No habla ni yo tampoco. Cuando creo que estoy algo más
recuperada, le indico la dirección del Hotel Hanna.
Mis dedos duelen y me doy cuenta que la bolsa del pantalón sigue conmigo, no la he solado en ningún
momento, la estoy apretando tan fuertemente que mi mano se está quedando sin riego sanguíneo. Es
curioso cómo reacciona el cuerpo cuando está en peligro.
Recuerdo que una vez, cuando era pequeña, que en el pueblo de mí madre, se escapó una vaquilla y
revolcó a un señor de unos sesenta años varias veces. Un golpe detrás de otro. Cuando el hombre consiguió
finalmente ponerse en pié, seguía con su cigarrillo en la boca como si nada hubiera pasado.
Aun con el susto que tengo encima, no puedo evitar reírme sonoramente mientras lo pienso. Algo parecido
me ha pasado a mí.
El taxista me mira a través del retrovisor, debe pensar que estoy loca.
Llegamos al destino, le agradezco la carrera y le pago con algo de propina. Bajo del coche y con las piernas
aún flojas, consigo entrar en el recibidor.
Veo la silueta de dos personas, cuando me acerco más, logro ver que se trata de César hablando
acaloradamente con Manuel en la zona de recepción. No consigo oír de qué se trata, pero César hace
movimientos rápidos con las manos. Está bastante agitado, algo debe haber pasado. En cuanto se dan
cuenta de mí presencia, la discusión se acaba.
-¿Ha ocurrido algo? - Pregunto preocupada.
César se gira hacia mí con los bazos en jarra y el entrecejo arrugado.
-Vaya... veo que ya has regresado - Está realmente molesto y creo que es conmigo.
-Eh...si... salí a comprar algo de ropa... - Muestro la bolsa. No sé cómo reaccionar, no entiendo nada.
-Te agradecería que la próxima vez que decidas salir, al menos me avises con tiempo para que alguien te
pueda acompañar.
-¿Cómo? - Sigo confusa.
-¡No puedes salir sola!. Es una gran imprudencia sabiendo cómo están las cosas - Su voz es más alta en esa
frase y su mirada desprende fuego.
-Lo... lo siento.- Bajo la mirada a mis pies. No sé qué más decir, tiene toda la razón.
En ese mismo momento, decido que no es buena idea contarle lo que ha pasado hace un rato con Mario. No
quiero cabrearlo más.
-La puerta de su habitación ya está reparada señorita Natalia - Dice Manuel como si nada. Sé que lo ha
hecho para apaciguar las aguas ya que hay mucha tensión en el ambiente.
-Gracias - Le digo sincera. Necesito algunas cosas que saqué de la habitación ayer. - Miro a César y el
entiende.
-Vamos, te ayudaré - Comienza a caminar por el pasillo y yo le sigo. Casi tengo que correr, va muy rápido y
no me espera.
Subimos a su apartamento. Mientras recojo mis cosas, se disculpa y entra al que supongo que es su cuarto
para cambiarse de ropa. Con el tema de la discusión, no me había dado cuenta de que aún vestía el
uniforme verde del hospital.
Cuando sale, no puedo evitar sorprenderme. Se ha puesto unos vaqueros claros gastados y una camisa
blanca ajustada. Se le marcan todos los músculos del pecho y de los brazos. Está realmente apuesto con
esa ropa. Su pelo luce despeinado y le da un aspecto sexy.
Laura iba a disfrutar mucho de esta imagen. Me rio para mis adentros.
Se acerca a mí, estira sus brazos para que le de las cosas que cargo y entonces lo huelo. Se acaba de poner
su perfume, ese que tanto me gusta... Este hombre es perfecto.
-Vamos - Me dice desde la puerta. Estaba tan perdida en mis pensamientos que no he visto que ya estaba
allí.
Camino como antes, a paso ligero detrás de él. Llegamos a mi habitación y veo que la puerta sigue siendo la
misma, solo han cambiado las bisagras y la cerradura. Mete la nueva llave, y como la anterior, encaja
perfectamente y abre.
Deja todo sobre la cama y me ofrece la llave.
-Toma, la necesitarás. -Dice secamente - Si se estropea o extravía, Manuel te dará una copia - La tomo en mi
mano y asiento con la cabeza mientras la miro.
Veo que da media vuelta para marcharse. Algo se remueve en mí interior, mi conciencia no me permite
dejar que se vaya enfadado conmigo. No después de todo lo que está haciendo por mí. Realmente ha sido
una imprudencia y tengo la necesidad de disculparme de nuevo.
-César...- Se gira. Sigue el fuego en sus ojos y su ceño no se relaja. -Siento lo de hoy... No pensé... Solo actué
por instinto. Necesitaba ropa y no pensé en nada más - Realmente fue así, si llego a utilizar mi cerebro, no
habría ido a un lugar que frecuenta Mario.
-¡No vuelvas a hacer algo así! - Viene hacia mí velozmente apuntándome con el dedo -¿Me entiendes?.-
Grita. En un acto reflejo, me agacho y me cubro el rostro con los brazos. Sé que él jamás me golpearía pero
mi cuerpo no parece entender esa parte. Hace lo que está acostumbrado a hacer cuando se siente
amenazado. Protegerse.
El golpe no llega, solo hay silencio. Deshago lentamente la bola en la que me he convertido debajo de mis
brazos, y puedo ver su cara. Tiene los ojos muy abiertos. Su expresión es de verdadera angustia.
-No... no, no. No no...- Es lo único que dice mientras se acerca a mí ahora más despacio. - No Natalia... no...,
por favor...No hagas eso...Por favor...- Me abraza fuertemente contra su pecho - Yo nunca haría algo así...-
Besa repetidas veces mí cabeza mientras acaricia mí pelo.
No puedo aguantar más y me dejo llevar por las lágrimas.
El día está siendo muy duro...
Capitulo 11

Un par de minutos después, me libera de su abrazo, toma con sus manos mi cara y limpia mis lágrimas con
sus pulgares.
-Ya está, ¿De acuerdo? – Su tono ha cambiado a uno más suave - Se acabó el llorar por hoy, que te pones
muy fea – Me dice sonriendo tiernamente.
-Sí...- Digo al mismo tiempo que asiento y muerdo mi labio inferior.
-Siento mucho haberme puesto así – Su mirada es sincera - Pasé muy mal rato pensando que podría
pasarte algo. No puedes salir sola con ese loco suelto por ahí... puede hacerte cualquier cosa. – Vuelve a
fruncir el ceño pensativo, como si estuviera visualizando alguna horrible escena - Cuando me llamó
Manuel... vine lo más rápido que pude. -Cierra los ojos con fuerza – Pero solo podía sentir impotencia al no
saber por dónde empezar a buscarte. Madrid es muy grande.
-Yo también pensé que habría pasado algo. Me extrañó verte tan pronto, cuando en la nota decías que
vendrías por la noche. Pero si tan angustiado estabas, ¿Por qué no me llamaste?... – Le digo extrañada.
-¿Y crees que no lo hice?.
Busco el móvil en mi bolso, y cuando lo encuentro me doy cuenta que está apagado. –Oh vaya... he debido
quedarme sin batería, anoche pensé en ponerlo a cargar pero caí rendida en tu sofá... - Le digo.
-Otro tema que tenemos que hablar, señorita – Me dice con una ceja levantada y media sonrisa. – A partir de
ahora, es muy importante que tu móvil esté siempre cargado y en óptimas condiciones. Nunca sabes
cuándo lo vas a necesitar.
-¡Sí señor!. – Le digo con una mano en la frente al estilo militar. Los dos reímos a carcajadas.
-Vamos a comer algo. ¡Es una orden!. – Tira de mi brazo y salimos de la habitación entre más risas.
El día dio un giro de 180 grados. Comimos en el restaurante del hotel. Me aconsejó "la especialidad de la
casa" y le hice caso. Consistía en una enorme y sabrosísima paella de marisco. Solo pude con la mitad del
plato, y ya estaba para explotar. No fui capaz ni de pedir postre.
Como hacia buena tarde, decidimos salir a pasear por las calles y parques cercanos. Hablamos de nuestras
cosas. Descubrí que tenía veintinueve años. Que el hotel lo heredó de su madre y que por alguna extraña
razón, no quería hablar de su padre. Solo me dijo que estaba en Alemania. Cada vez que intentaba
preguntarle algo sobre su familia, se ponía demasiado tenso y me cambiaba hábilmente de tema.
Los días siguientes pasaron casi sin darme cuenta. Por fin pude ir de compras un par de veces, siempre
acompañada de Manuel o de Alex, el conductor que nos trajo aquella noche del bar. Compré ropa, zapatos,
y varias cosas más que me hacían falta. No podía recuperar nada de mi anterior apartamento, debido a la
situación.
César y yo nos veíamos poco, pero comíamos y cenábamos juntos en el restaurante del hotel, cada vez que
su horario laboral lo permitía. Hablábamos de cómo nos había ido el día. Yo apenas tenía cosas nuevas que
contarle, aparte de las llamadas y amenazas diarias de Mario, que no cesaban, las visitas de Laura o las
conversaciones telefónicas con mis padres para saber cómo estaban. Él, me contaba anécdotas de su
trabajo, historias divertidas de sus pacientes, y las ideas que tenía para reformar una casa que poseía a las
afueras de Madrid.
Mis lesiones estaban prácticamente sanadas, y la venda de mi brazo ya era historia. Solamente tenía alguna
molestia en la costilla, pero César me tranquilizó diciéndome que era totalmente normal, que los golpes en
esa zona, suelen durar bastante tiempo.
Al sentirme mejor, mi cuerpo me pedía hacer cosas. Salir por ahí, caminar, correr, a hacer cualquier tipo de
deporte... En definitiva, algo que me ayudara a quemar la gran cantidad de calorías que estaba
almacenando. Debido a la buena vida de estos últimos días, había cogido un par de kilos.
Estaba mirando mis nuevas curvas en el espejo, cuando el teléfono sonó. Mi querida Laura.
-¡Lauuuuuuu! – Digo con entusiasmo
-¡Nataaaaaa!. ¿Qué te parece si salimos a tomar algo esta noche? – Me pregunta toda alegre – Conozco un
sitio que está genial por el centro.
-¡Me encantaría!, tengo unas ganas enormes de salir por ah,í y que me dé el aire, estoy cansada de estar
aquí metida. –Me encanta el lugar, pero tantos días de clausura se vuelve aburrido.
-¿Qué te parece si voy a por ti a eso de las diez?
-A las diez me parece bien, ¡Hasta entonces!-
Nos despedimos y miro el reloj, son las ocho de la tarde, todavía tengo un par de horas para arreglarme.
Empiezo a buscar entre los cuatro trapos que tengo, y me decido por un vestido negro con mucha caída que
me llega por las rodillas, y unos zapatos de tacón del mismo color. Lo dejo sobre la cama y corro a la ducha.
Una hora y media después ya estoy vestida y peinada, he optado por recogerme el cabello y dejar algunos
mechones sueltos. Me maquillo remarcando bien mis grandes ojos y me doy el visto bueno. Después de
todo, no me van tan mal esos kilitos de más.
Como acordamos, Laura está aquí a la hora indicada. Tomo mis cosas y bajamos a recepción. Recuerdo que
tengo que avisar a César de mi salida y opto por enviarle un mensaje. Según me contó ayer, llegaría tarde.
Hoy tiene guardia en la Unidad de Urgencias y no quiero molestarle más de lo necesario.
"Salgo a dar una vuelta por el centro con Lau. Espero que no tengas mucho trabajo, eso significará que hay
pocos accidentes.
Besos.
Natalia"
Siempre insiste en que vaya acompañada, y como voy con ella, otra parte del trato cumplida.
Llagamos al lugar y resulta ser una sala de conciertos. Es un lugar bastante amplio. Tiene un enorme
escenario enfrente, y a la derecha se encuentra la barra. Llega de pared a pared, y hay varios camareros tras
ella. Está casi lleno de gente. Laura me señala un cartel que hay pegado en una columna y sonríe
abiertamente esperando mí reacción. Veo que toca uno de mis grupos favoritos. "Acedía". La miro con ojos
de sorpresa y salto de alegría
-¡Lo sabías!, ¡Lo sabías! - Grito entusiasmada. Por eso ha querido que viniéramos aquí. Es una gran amiga.
Siempre que venía este grupo a la capital, iba a verlos con Mario, es lo único bueno que saqué de nuestra
relación.
-¡Por supuesto!- Ríe a carcajadas y me abraza. - En cuanto lo vi anunciado, no pude resistirme a traerte, te
mereces pasar un buen rato.
-No sé cómo te lo voy a agradecer. Te debo una – La digo casi gritando porque comienza la música.
Gritamos, saltamos, bailamos, bebemos, reímos... la noche está siendo una de las mejores que recuerdo.
Nadie está constantemente enfadado conmigo porque los hombres me miran, o porque le avergüence por
mi forma de bailar, nadie me insulta por chocar con otras personas mientras me dejo llevar por la música,
puedo ser yo misma...
Presentan un tema nuevo. "Maltrato y Crueldad" se llama, y cuando lo escucho, la letra me deja helada.
Parece hecha para mí.
Entra por la puerta, el tipo al que amas
El que todo te lo paga, putada tras putada
Con él te fuiste a vivir, intentando ser feliz
Cuando no te imaginabas, el horror que te esperaba...
Fueron pasando los años, mayores fueron los daños
Aunque siempre te quedaba, amor en la mirada...
Estar tan asustada, no te sirve de nada, si estas siendo maltratada.
No se puede tolerar, a un enfermo terminal, que carece de piedad...
Basta ya, debes reaccionar y apartar de tu vida a ese horrible animal.
Efectivamente, no se puede tolerar. Cada día estoy más contenta con mi decisión.
Laura me mira y hace una señal hacia la barra. Como podemos salimos del montón de gente apilada, están
como locos disfrutando del concierto.
-¿Qué van a tomar? – Nos dice uno de los camareros.
-Yo quiero un Dic con Coca-Cola – Dice Laura
-A mi ponme un ron Negrita con naranja – Me guiña un ojo y se va a por las bebidas.
Con los bailes y saltos, seguro que estoy hecha un adefesio, necesito ir al baño con urgencia y retocarme un
poco. Mis ojos deben parecer los de un oso panda, con todo el rímel corrido.
-Ahora vengo, tengo que ir al baño.
-Te espero aquí hasta que vuelvas - Me dice y camino hacia los aseos.
Cuando llego hay una gran cola, saco mi móvil del bolsillo y miro a ver si tengo algún mensaje.
Efectivamente, César me ha respondido.
"No me gusta mucho la idea. Cuando te digo acompañada, me refiero a compañía masculina, y preparada
para hacer frente a cualquier contratiempo, a golpes si fuera necesario. Ten cuidado por favor."
Siempre tan preocupado por mí. Dejo salir un largo suspiro y le contesto:
"Tú no has visto a Laura cabreada. De un bolsazo es capaz de decapitar a cualquiera".
Me rio en pensar la cara que va a poner cuando lo lea, guardo mi móvil nuevamente en el bolso y me doy
cuenta que ya puedo entrar al baño. Me arreglo todo lo que puedo, retoco mi maquillaje, paso los dedos
por mis mechones sueltos y cuando creo que el trabajo está hecho, voy en busca de Laura.
Camino buscando en mi bolso la cartera para ayudar a pagar las bebidas, cuando me choco con el pecho de
alguien. Retrocedo, levanto la cabeza... y no doy crédito a lo que veo. No puede ser verdad, esto no puede
estar pasándome a mí... Otra vez no. No puedo tener tan mala suerte.
Tengo a Mario justo en frete. Sin mediar palabra, me agarra por el cuello. Se acerca a mi oído y me habla.
-Hola zorrita. Parece que hemos coincidido de nuevo. ¿No te alegras de verme? - Siento asco, su aliento
sigue siendo tan nauseabundo como recordaba. – Que bueno esto de que nos guste el mismo grupo ¿No
crees?.
-Suel...ta...me – Logro decir, mis pies apenas tocan el suelo y el aire entra con dificultad por mi garganta...
Capitulo 12

Cuando por fin me suelta, agarra mi brazo y lo dobla detrás de mi espalda, inmovilizándome. Me empuja
para que camine, y como me niego, lo tuerce aún más, provocándome tanto dolor, que consigue que haga
lo que quiere, con tal de que no siga doblándomelo.
Nadie se percata de lo que ocurre, la música está tan alta que aunque grito, nadie me oye.
Me saca casi a rastras a la calle. No hay nadie fuera que pueda ayudarme, están todos dentro disfrutando
del concierto. Va dándome patadas en las piernas para que camine más deprisa. En una de ellas, caigo de
rodillas. Otra patada llega, esta vez en mi espalda, tira fuertemente de mi brazo y me levanta. Lágrimas de
dolor se apoderan de mis ojos, pero a él parece darle igual, está fuera de control. En el estado en el que se
encuentra, sé que no le importa nada, y menos mi vida. Ahora sí que estoy en problemas.
Cuando creo que ya no hay nada que hacer y que esta noche será mi fin, un coche viene a toda velocidad, y
de un frenazo nos corta el paso. Mario tiene que apartarse rápidamente para que el espejo retrovisor no le
golpee.
Oigo como la puerta del conductor se abre, pero en la posición en la que estoy, no veo absolutamente nada.
Siento como Mario se tensa detrás de mí. Segundos después, otro coche viene casi derrapando y frena
bruscamente al lado del primero. Alguien viene corriendo hasta nosotros.
-¡Suéltala o lo lamentarás!- No puedo creerlo, es la voz de César
Trato de levantar la cabeza y compruebo que efectivamente es él. El alivio corre por todo mi cuerpo. Jamás
pensé que me alegraría tanto de verle. A su derecha aparece Alex, ambos se acercan rápido. Mario me
empuja bruscamente y vuelvo a caer al suelo. Estoy tan conmocionada por la situación, que no me muevo
de donde estoy. Las manos de Alex rodean mi cuerpo y tira de mí para ayudarme a ponerme en pie.
-Natalia, ¿estás bien?- Me pregunta mientras analiza mi cuerpo en busca de una rápida respuesta. Solo
asiento con la cabeza y observo la escena que está a punto de suceder.
César se abalanza sobre Mario. Los dos caen al suelo, pero es César quien cae sobre él. Un golpe detrás de
otro impactan sobre la cara de Mario. No le da opción a defenderse, su espalda está totalmente tensa y la
rabia que emana de su cuerpo, está descargándola sobre Mario. Tiene que ser Alex, quien dejándome por
un momento, vaya a separarlos.
-Vamos César, para o lo matarás - Trata de arrastrarlo por los hombros, pero César de un fuerte
movimiento, consigue liberarse de los brazos de Alex, y vuelve a la carga. Uno, dos, tres... sigue asentando
golpes sobre la cara de Mario mientras éste, trata de esconderse detrás de sus brazos
-¿Qué se siente hijo de puta? - Le grita mientras sigue lanzando ganchos sobre él. - ¿Te gusta esto, gran
hombre?- Mario no contesta, está demasiado ocupado cubriéndose el rostro.
-¡Para! - Alex vuelve a intentarlo, y esta vez tiene éxito. Consigue meter sus brazos debajo de los de César y
tira con fuerza de él.
-¡Suéltame! - Grita César histérico. Me asusta verlo así, casi puedo oler la adrenalina que segrega su cuerpo.
Alex lo arrastra por las axilas, mientras César patalea intentado soltarse de su amarre. - Suéltame Alex,
tengo que acabar con este cabrón - Dice retorciéndose para escapar.
- No permitiré que tengas problemas con la justicia por este indeseable - Le dice Alex forcejeando.
César vuelve a intentar dar otro tirón, pero no consigue soltarse. Mario aprovecha para ponerse en pie con
bastante dificultad y nos mira con odio. Tiene la cara destrozada y el labio partido.
-¡Habéis cavado vuestra propia tumba! - Nos dice mientras se limpia con los dedos la sangre que corre por
ceja. - Y tu... putita - Me señala - No vas a tener tanta suerte la próxima vez - César vuelve a intentar
escaparse pero Alex lo tiene bien inmovilizado.
A medida que Mario se aleja, Alex afloja su abrazo y poco a poco lo libera.
-¿Te ha hecho daño? - César me pregunta mientras se acerca a mí con preocupación.
-No demasiado... - Le miento por miedo a que aún vuelva a por él. Seco mis lágrimas y trato de forzar una
sonrisa de "todo está bien".
Pasa sus brazos por mi cuello y me abraza - Venga, ya ha pasado todo - Me susurra mientras acaricia mi
pelo tiernamente.
Definitivamente, volvería a pasar por lo mismo, solo por estar de nuevo entre sus brazos. Últimamente, se
ha convertido en mi lugar favorito del mundo.
-¡Naaaaaaaaaata!, ¡Nataaaaaa! - La voz chillona de Laura me hace volver al planeta Tierra. - ¡Nata, por el
amor de Dios!, ¿Dónde estabas?. ¡Alguien dijo que había pelea, y tú no estabas dentro! - Está bastante
nerviosa - ¡Me asusté!
La explico brevemente lo que ha ocurrido y después de maldecir varias veces, finalmente se relaja.
Cuando todo parece estar más tranquilo, decidimos que es el momento de volver a casa, Alex se ofrece para
acompañar a Laura hasta el coche, y César y yo, volvemos juntos al hotel.
Durante todo el trayecto vamos en silencio, me gustaría preguntarle cómo sabía dónde estaba, pero no es
el momento. Apoyo mi cabeza en la ventanilla y veo las luces pasar rápidamente.
No puedo evitar pensar, en que hubiera pasado, si el que se ha convertido en mi Ángel en las últimas
semanas, no hubiera llegado a tiempo. Básicamente, ahora mismo no estaría en este mundo. Me ha
salvado la vida.
El coche finalmente se detiene al llegar a nuestro destino.
Le busco con una mirada llena de gratitud, y él me encuentra primero. Tiene sus preciosos ojos azul cielo
clavados en mí. Una grata sensación me recorre de los pies a la cabeza, lo único que hago, es sonreírle
tiernamente, y él me devuelve la sonrisa.
Pone su mano sobre la mía y su calor atraviesa mi piel. Miles de mariposas revolotean en mi estómago. Su
otra mano llega hasta mi mejilla, y con el pulgar acaricia mi pómulo. Cierro los ojos para disfrutar más de su
tacto y noto como sus labios se posan en mi frente dejando un suave beso en ella. Levanto la mirada y ahí
está él, el hombre más maravilloso que he conocido nunca. Nuestras respiraciones son profundas, tengo el
corazón en mi garganta y mi sangre quema.
Desliza lentamente la mano que tiene en mi mejilla y la lleva hasta mi nuca, sus dedos están ahora en el
nacimiento de mi cabello. Pequeñas corrientes eléctricas se apoderan de mi cuerpo inmovilizándome. Tira
ligeramente de mí para acercarme, estamos tan juntos que nuestros alientos se mezclan. Sus labios tocan
los míos, solo un sutil roce, pero hace que todo mí vello se erice. No me aparto. Nos miramos durante unas
décimas, jadeantes, y sé que siente lo mismo que yo. Imposible detenerse ya. Nuestras bocas se buscan, se
unen y me olvido del mundo. Nos dejamos llevar, nuestros labios se saborean y nuestras lenguas se
acarician al compás. Sus manos me abrazan como si tuviera miedo de que pudiera escapar, pero él no sabe, que desde este momento, es el único lugar en el que quiero estar.

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:19 pm


Capitulo 13

Poco a poco detenemos nuestro beso, dejando unidas solo nuestras frentes, mientras tratamos de
calmarnos. El aún tiene los ojos cerrados, nuestras respiraciones son agitadas. Su cálido aliento da de lleno
en mi cara y no puedo evitar, desear volver a sentir sus labios. Traga saliva y se aparta para mirarme a los
ojos.
-Natalia... - Es lo único que dice susurrando.
-César...- Le contesto de la misma manera.
Unas luces se encienden detrás de nosotros, interrumpiéndonos. Miramos al mismo tiempo tratando de
buscar la causa, pero son tan potentes y cegadoras que nos deslumbran, evitando que podamos ver de
dónde proceden. Un coche arranca, las luces se mueven y vienen hacia nosotros. El coche golpea
fuertemente en nuestro parachoques trasero, provocando que nos movamos violentamente dentro. César
abre su puerta y cuando está a punto de salir, el coche retrocede rápidamente y se marcha. Es ahí cuando lo
veo.
-¡Dios mío!, ¡Es Mario! - Grito asustada. Es el inconfundible coche que compartía con él.
-Mierda, nos debe haber seguido - Dice César mirándome con preocupación.
Algo vibra en mi bolso, lo abro y saco el móvil. Tengo un mensaje. Veo que pone MARIO en la pantalla.
Con las manos temblorosas pulso el botón para abrirlo:
"VAYA, VAYA, LA PUTA Y EL DOCTORCITO. AHORA QUE SE DONDE TE ESCONDES, DATE POR MUERTA.
APARTATE DE ÉL SI NO QUIERES QUE CORRA TU MISMA SUERTE"
Un, dos tres... un, dos tres... trato de relajarme. Un dos tres... no lo consigo, siento como el pánico rodea
todo mi cuerpo, me abraza como una anaconda y me asfixia. No quiero que César me vea así. Necesito irme
de este lugar, le he puesto en peligro.
-Cálmate. - Me dice sujetando mi cara - ¿Qué pone?- Levanta mi barbilla para que lo mire.
-¡Necesito irme de aquí! - Grito alterada. - ¡Tengo que irme de aquí, ya! - La sangre arde en mis venas y mi
corazón está desbocado.
-Tranquilízate Natalia, déjame el móvil, quiero verlo.
-No, no quiero que veas nada. ¡No debíamos habernos besado!. - Le grito - Lo ha visto todo. Solo quiero
irme de aquí. Esto no debería haber pasado. - Su expresión es triste.
-Natalia... Lo siento. Fue un impulso... No volverá a ocurrir - Hay dolor en sus ojos y estoy segura que
arrepentimiento en los míos. Mis nervios me hacen decir cosas que no quiero.
Tiro de la manilla para abrir la puerta y salir a la calle. Estoy muy alterada. Intenta impedírmelo pero yo soy
más rápida.
Corro y corro todo lo rápido que puedo para alejarme de él. Para alejarme de este precioso y tranquilo lugar
que acabo de corromper con mí presencia.
Todo esto es por mi culpa.
-¡Natalia! - Me llama mientras le oigo correr detrás de mí. Miro hacia atrás y veo que casi está
alcanzándome. Intento aumentar la velocidad, pero no tarda en llegar hasta mí.
-¡Déjame!, - Agarra mi brazo - ¡Suéltame! - Hace caso omiso y me sujeta con más fuerza. De un ágil
movimiento, me pega contra su pecho y me rodea con sus brazos. Forcejeo para liberarme, pero él es más
fuerte.
-Vamos, cálmate. Todo va a estar bien. -Su voz es suave - No le des lo que busca - Apoya su barbilla en mi
cabeza - No dejes que consiga lo que quiere, ni que te rebaje a este estado.
-Te he puesto en peligro... - Le digo mientras rompo a llorar sumergida en su hombro.
-Para eso hace falta algo más que un loco cobarde - Me dice mientras acaricia mi espalda.
-Dice que va a matarme y que tú correrás mi suerte si no me aparto. - Siento como se tensa y me aprieta con
más fuerza.
-Nadie va a hacerte daño. -Dice con voz ronca- Ni a ti, ni a mí. Me voy a encargar de ello.
Es como un bálsamo para mí. Poco a poco consigue que deje de temblar y salga de mi estado de nervios.
Siento protección entre sus brazos.
Finalmente caminamos hasta el hotel, vamos en silencio. Le noto distinto, está cabizbajo y serio. Y sé por lo
que es.
-Siento lo que te dije antes... - Le digo apenada. - Lo que ocurrió dentro del coche...
-No te preocupes Natalia, - No deja que termine lo que le quiero decir - Entiendo que es pronto para ti.
Como ya te dije, fue un impulso, no significó nada. No volverá a ocurrir.
Oigo como mi corazón se fisura. ¿De verdad nuestro beso no significó nada para el?. ¿Por qué me rompe por
dentro esa frase?. Soy idiota, ¿Cómo he podido llegar si quiera a pensar, que él pueda fijarse en mí?.
-Está bien - Digo fingiendo media sonrisa e intentando que no note lo dolida que estoy.
Entramos al hotel y me acompaña hasta la habitación.
-Mañana tenemos que ir a poner otra denuncia. Pasaré a recogerte sobre las ocho.
-De acuerdo - Le digo sin mirarle a los ojos.
Espera unos segundos de pie delante de mí, abro la puerta sin decir nada y cuando se asegura que estoy
dentro de la habitación, se marcha.
Me pongo mi pijama y me acuesto. No puedo quitarme la sensación de los labios de César sobre los míos.
Jamás sentí algo parecido, ni cuando besé por primera vez a Mario cuando más enamorada estaba de él.
Trato de sacudirme ese pensamiento de la cabeza. Cierro mis ojos y finalmente, consigo quedarme
dormida.
A la mañana siguiente, llega César puntual. Analizo su cara según abro la puerta, y está visiblemente peor
que la noche anterior. Serio, distante, y hay unos círculos negros debajo de los ojos. Puedo asegurar que no
ha dormido demasiado.
Salimos por fin a la calle, respiro profundamente al notar que ha llovido. Me encanta el olor a tierra mojada.
Justo enfrente de nosotros hay un precioso deportivo aparcado. Un Bentley Continental Supersport en
color blanco. César lo rodea y abre la puerta para que suba en él.
-Vaya... ¿es tuyo?- Le pregunto para romper el hielo. No me gusta sentir esta tirantez entre nosotros.
-Sí, es el que tengo para viajes largos - Me dice - Esta mañana han venido a por el otro para repararlo.
-Lo siento mucho... - Le digo sincera. No puedo evitar pensar, que todo esto que está pasando, es por mi
culpa. Su coche estaría intacto, si no se hubiera hecho cargo de mí. - En cuanto pueda te pagaré los
desperfectos y todo esto que estás haciendo por ayudarme.
-Yo no te he pedido nada - Dice secamente.
-No hace falta que me lo pidas - Le digo - Tengo sentido común. - Frunce el ceño, pero no dice nada.
Llegamos a la comisaría y está el mismo agente que nos atendió la vez pasada. Le narramos todo lo que
pasó. Desde el incidente en la sala de conciertos, hasta el golpe en el coche horas después, y las amenazas
de muerte.
El agente nos asegura que Mario será detenido esa misma mañana, y que el juez, decidirá qué hacer con él
una vez que testifique. Se despide de nosotros, asegurándonos que nos mantendrán informados. No puedo
evitar sentir alivio y a la vez terror al imaginar que hará si lo sueltan. Aún estará más cabreado, eso es
seguro.
En el trayecto de vuelta, mi cabeza vuela con pensamientos cruzados. ¿Debería buscar un apartamento?,
¿Otro trabajo?. De momento sigo de baja laboral, pero pronto recibiré el alta médica y tendré que avisar
antes de que ocurra. Sí, definitivamente voy a buscarme un apartamento, no puedo arriesgarme a que el
loco de Mario, haga algo a César, solo porque piensa que estamos juntos... no podría soportarlo.
Los días siguientes, pasan rápido. Todavía los agentes no han dado con Mario, y aún no le he dicho a César
mis intenciones, pero no paro de buscar en internet casas en alquiler. No estoy teniendo suerte,
prácticamente todas las que me gustan, están ya alquiladas, o se pasan de mi presupuesto.
Él sigue distante, apenas nos vemos, y ya no comemos, ni cenamos juntos cuando vuelve de trabajar.
Siento que cada día que pasa, soy una carga para él. Quizás ya se ha cansado de tenerme por aquí, y por
eso me evita.
Con ese pensamiento en la cabeza, llamo al siguiente número de teléfono.
-Buenas tardes - Digo con mi mejor voz. - Le llamo por el anuncio de una casa que tiene usted en alquiler.
-Si dígame. Aquí es- Me responde la voz de una chica aparentemente muy simpática.
-Me gustaría poder ir a ver el piso. ¿Aún lo tiene libre?
-Sí, aún está libre, pero mañana vendrá una pareja a verlo. Si quiere puede pasarse esta tarde, el que antes
diga que sí, se lo queda. - Me parece buena idea, no quiero arriesgarme a que cuando por fin encuentro algo
que está bien, me lo quiten.
-Está bien, ¿A qué hora quedamos?
-Voy a estar allí dentro de una hora y media.
-De acuerdo, allí estaré - Me despido y me voy directa a la ducha.
Me arreglo todo lo deprisa que puedo, el apartamento está algo lejos y me llevará tiempo llegar. Telefoneo
para que me envíen un taxi, y me aseguran que estará esperándome abajo en cinco minutos, bajo a toda
prisa.
Salgo del ascensor para entrar al recibidor que me lleva a la calle, cuando una risa de mujer llama mi
atención. Levanto la mirada y veo la razón. Es Erika, la espectacular mujer que salió de la consulta aquella
tarde. Está sentada junto a César, en una postura demasiado amigable para mi gusto, se ríe a carcajadas
por algo que César ha dicho.
Ambos se percatan de mi presencia. César se pone tenso al verme, y Erika, al notarlo, no duda en marcar
territorio, pasando los brazos por su cuello y dándole un beso en los labios. Mi estómago está en llamas. La
sangre me hierve y apenas si puedo respirar. No sé que me pasa. Solo quiero salir de allí. Si me quedaba
alguna duda, ahí está la respuesta. No significó nada para él, debo irme cuanto antes, y dejar de ser una
carga.
Para mi desgracia, tengo que pasar por su lado para llegar a la puerta de salida, pero tomo aire y en un acto
de valentía camino hasta la calle.
-Natalia - La voz de César hace que me frene durante unas décimas, pero rápidamente continúo la marcha.
Oigo pasos tras de mi, sé que es el, pero intento ignorarlo y sigo avanzando.
-¿Dónde vas?- Me dice sujetando mi brazo.
-Voy a hacer algunos recados - Le digo tirando de mi brazo para recuperarlo. Erika está observando la
escena con gesto cabreado y viene hacia nosotros.
-Sabes que no puedes salir sola - Su cara echa humo. Me sujeta más fuerte para que no me vaya.
-Deja que se marche, no es una niña - Dice Erika agarrándolo por la cintura.
-Eso. Hazla caso. Ya soy mayorcita - Digo secamente. Doy una sacudida mas y finalmente me suelta.
-Deja que llame a Alex para que vaya contigo - Saca su móvil del bolsillo y comienza a marcar su número.
Erika me está fulminando con la mirada.
-No tienes que molestarte por mí. Pedí un taxi, está afuera esperándome. - Le digo mientras salgo por la
puerta, dejándole con cara de pocos amigos.
Bajo los escalones, y efectivamente, el taxi ya está esperándome. Subo al coche y le indico al conductor
donde ir. No puedo evitar buscar a César con la mirada. Está mirando hacia el taxi, con las manos hechas
puños, y Erika le está diciendo algo, bastante cabreada, a lo que él no está prestando atención...
Capitulo 14

César:
Rabia e impotencia corren por mi cuerpo. Acaba de irse sola, aun sabiendo que Mario sigue por ahí,
danzando a sus anchas. Los agentes todavía no han dado con él. Camino de arriba para abajo por el
recibidor. Estoy realmente preocupado. No podría soportar que la ocurriese algo. Por nada del mundo
quiero volver a sufrir el dolor de otra muerte de este tipo. Imágenes de muerte, gritos y sangre,
bombardean mi cerebro, trato de eliminarlas rápidamente sacudiendo mí cabeza. Jamás superaré lo que vi
aquél día, cuando de niño, volvía de jugar con los amigos...
Desde lo que pasó aquella noche en el coche, he querido darla espacio. No quiero agobiarla después de lo
que dijo. Sé que lo hizo en un momento de desesperación, no era ella quien hablaba, si no su miedo. Sé que
disfrutó tanto nuestro beso, como yo. Pero entiendo que necesita sanar sus heridas. El muy cabrón ha
conseguido reducirla de tal manera, que no se valora, y no acepta nada que pueda beneficiarla. Ni si quiera
elogios, porque cree que no los merece.
Necesita vivir un tiempo sin ningún manipulador a su lado, valorar la vida, y sobre todo, decidir por sí
misma cómo vivirla. Lo único que puedo hacer por ella ahora mismo, es dejarla respirar. Lo necesita. Me
está costando mucho no poder tocarla, abrazarla o volver a besar esos increíbles, suaves y carnosos labios.
Tengo que mantener las distancias, o no podré cumplir mi promesa, porque lo único que deseo
constantemente, es tenerla.
Ni siquiera estar con otra mujer, puede hacerme olvidar lo que estoy empezando a sentir por ella...
Erika no para de comerme la oreja, poniéndome más nervioso con sus chillidos insoportables. Quiere ser el
único centro de atención y está celosa.
-Oh vamos... ¡Seguro que sientes algo por ella!. Solo hay que ver como la miras...- Me chilla mientras camina
a mi lado por el recibidor. - ¡Te la comes con los ojos! - Me está sacando de mis casillas. - ¿Te la tiras cuando
no estoy?
-¡Cállate la puta boca!- Mi autocontrol se ha ido al garete. - A ti no debería importarte una mierda lo que
haga con mi vida, recuerda que no somos NADA- Recalco esa palabra para que entienda que no tiene
derecho sobre mí - Solo pasamos el rato cuando vienes a España. Fue el acuerdo al que llegamos.
¿Recuerdas?- Cierra la boca y respira fuerte por la nariz tratando de calmarse.
-Está bien, tienes razón, pero cuando vengo aquí, no me gusta compartirte con nadie. Me lo debes.
-¿Durante cuánto tiempo, piensas cobrarte que estuviste a mi lado, en la peor época de mi vida?- Hubo un
tiempo, en el que estaba tan perdido, que acabé refugiándome en ella. Cosa de la que me arrepiento
constantemente. Por más que hago por ella, siempre hace que sienta, que no es suficiente.
-Ahora soy yo la que te necesita - Me dice con la cabeza levantada.
-Llevas necesitándome años, empiezo a pensar que es solo una treta para que no me aleje de ti.
-Piensa lo que quieras - Me dice airosa y por fin se aleja dejándome solo.
Saco de nuevo el teléfono de mi bolsillo y marco.
-Alex
-Dime César.
-Natalia ha salido sola. Necesito que la encuentres, ya sabes que hacer. Vigila sin que note tu presencia. -El
día que salió con Laura, si no es porque hicimos algo parecido, no sé qué hubiera pasado.
Le doy los únicos datos que me ha dado tiempo a memorizar. La matrícula del taxi, y el nombre de la
empresa que llevaba impreso en un lateral. Sé que solo con eso, llamará a la centralita, y conseguirá
averiguar que viaje a hecho ese coche. Ha trabajado durante años en la policía científica y tiene sus contactos...
Capitulo 15

Natalia:
Salgo del taxi y le pago el viaje al conductor. Después de todo, he llegado con más de veinte minutos de
antelación. Echo una mirada por el lugar y veo que es una zona bastante verde. Hay un enorme parque con
bancos, árboles y flores. Decido ir hasta allí y sentarme en uno de ellos mientras espero.
Es la primera vez que consigo salir sola del hotel, desde el incidente en el centro comercial. No puedo evitar
sentir temor. Desde hace semanas, le estoy cogiendo miedo a la calle. No consigo relajarme cuando estoy
fuera, ni aunque vaya acompañada. Miro detrás de mí constantemente, y la sensación de que alguien me
observa, es odiosa.
Cierro mis ojos intentando aflojar mis tensos músculos y dejo que el aire acaricie mi cara. Es una sensación
muy agradable.
Mi mente empieza a vagar y solo me trae imágenes de César. Riendo, hablando, comiendo... caminando,
abrazándome. Nuestro beso... pero también la más reciente. El beso de Erika.
-¡Maldita sea!- Me digo a mi misma mientras abro mis ojos y miro al vacío. -¿Por qué me tengo que sentir
así?-. Estoy segura de que son celos. -¿Pero celos por qué?-. No quiero, ni puedo, ni debo enamorarme de
algo imposible. No quiero sufrir más por amor. Pero algo me dice que ya es tarde... estoy segura de que
siento algo por él.
Echo de menos su compañía, sus atenciones, su humor.... -¿Por qué tuve que decirle aquello?-, Me riño
mentalmente. Fue lo más maravilloso que me ha pasado en años, y la jodí pero bien. Aunque creo que eso
ya da igual. Hoy se le veía tan feliz con ella... Erika es más para él. Se merece a alguien como ella, no a una
pobre tonta como yo.
Mi teléfono suena sobresaltándome de manera exagerada. Mi tensión arterial acabará mal. Lo sé. No se
puede vivir en estado de alerta las 24 horas del día.
-¿Si?- Contesto algo agitada aún.
-Hola Natalia, soy Andrea, la chica del piso. Es para decirte que ya estoy aquí. Dirígete a la dirección del
anuncio.
-Voy para allá- La digo y cuelgo.
Camino por el parque hasta que llego a la zona donde está el apartamento. Me gusta la fachada. Es de
ladrillo rojo, muy simple, pero no está nada mal. Toco el telefonillo y me atiende Andrea. Abre y me
encuentro con una hermosa escalera de mármol, con barandilla de madera. No tiene ascensor, pero no
importa ya que voy al primero. Subo rápidamente el tramo de escaleras y llego a la puerta. Es blanca,
blindada y con una pequeña mirilla.
Saludo a la chica y comenzamos la ruta por el piso. Es más bonito de lo que se veía en las fotos. Amplio y
luminoso. Me puedo imaginar viviendo aquí. Tiene dos habitaciones. En la primera, hay gran cama, y en la
segunda, una cama más pequeña. Podría convertir la habitación pequeña en una oficina sin problema. Eso
me hace pensar, que tengo que volver al mundo laboral cuanto antes. Lo próximo será buscar trabajo.
Sin darle demasiadas vueltas, decido quedarme con el piso. Arreglamos el papeleo allí mismo, y dejo
pagado el mes de fianza y el que corresponde. El único inconveniente, es que hasta dentro de dos semanas,
no podré mudarme. Aún tienen que pintarlo.
Salgo a la calle satisfecha conmigo misma. Camino hasta la parada de taxis más cercana. Por fin parece que
tomo las riendas de mi vida.
Ahora viene la peor parte. Contarle a César mi decisión. Aunque seguro que no le importa... Siento un dolor
punzante en el corazón. Cuando empiece con mi nueva vida... se acabó todo, no nos veremos más. Esto me
va a afectar a mí más que a él, posiblemente se sienta aliviado cuando le hable de mi marcha. Creo que no
se atreve a pedirme que me vaya, y me está manteniendo en el hotel por pena, ya que aquí en Madrid, no
tengo muchos sitios donde ir. Podría irme con Laura, hasta tener las llaves del piso nuevo, pero sería como
ponerle un cartel luminoso a Mario para que me encuentre.
Subo en el primer taxi que está estacionado esperando. Le indico la dirección del hotel y nos vamos. Esta
vez el camino se hace más largo. Estoy algo nerviosa, pensando en cómo empezar la conversación con
César, desde hace días, apenas hablamos, y mi salida hoy, ha sido un tanto tensa.
Por fin llegamos. Le doy al conductor su dinero y entro al hotel. Todo está en silencio. Me saluda una de las
chicas de limpieza y la recepcionista que siempre acompaña a Manuel. Ni siquiera él está hoy por esta zona.
Imagino que esté en la cocina encargándose de que todo esté bien.
Subo a mi habitación y me dejo caer en la cama. Miro todo lo que me rodea con melancolía - Que poco
tiempo me queda de estar aquí- Me digo. Unos días más y se acabó.
-Toc Toc Toc- Alguien llama. Me pongo en pie y me dirijo a la puerta.
-¿Si?- Nadie contesta y dudo en si abrir, o no.
-Toc Toc Toc- Vuelve a sonar
-¿Quién es?- Pregunto de nuevo.
-Soy Erika, abre.- Y como me pide. Abro.
-Hola Erika. ¿Qué deseas?- El tono de mi voz no es muy amigable.
-Vengo a decirte algo- Me dice.
-¿Algo sobre qué?- Pregunto extrañada. No me acabo de fiar de ella.
-Tienes que irte. -Me dice con una falsa sonrisa - Estas perjudicando a César con tu presencia en este lugar. -
Mi estómago se encoge - No lo vas a entender, pero tu estancia aquí, le abre viejas heridas. Le traes malos
recuerdos. - Mi cara en ese momento, debe ser un poema.
-¿Te ha mandado él a decirme esto?- No contesta, solo sonríe más ampliamente, por lo que tomo su
silencio de manera afirmativa. Ni siquiera ha sido capaz de decírmelo él mismo. - Dile a César que en media
hora estoy fuera. Gracias.
-Adiós Natalia- Se aleja contorneando sus impresionantes curvas.
Me apoyo detrás de la puerta, y me dejo caer lentamente en el suelo. Abrazo mis rodillas y lloro en silencio.
Es más doloroso de lo que pensé en un momento, aunque ya estaba hecha a la idea de que algo así iba a
suceder, he de admitir que me ha sobrepasado.
Seco mis lágrimas, llamo a Laura y la pido que venga a por mí. No tengo que explicarla nada, sabe que algo
me pasa, y que se lo contaré después, más tranquilamente. La suerte quiere que se encuentre cerca, por lo
que no tardará más de quince minutos en llegar. Empiezo a recoger todo el cuarto. No hay mucho, por lo
que me sobra más tiempo del que creía.
Me cuelgo la mochila al hombro y bajo en el ascensor hasta el recibidor.
-Mierda, mierda y mierda - Me digo. César está de nuevo en el pasillo, esta vez con Manuel. Querrá
asegurarse de que me voy.
Manuel es el primero que me ve, César está de espaldas. Al ver que su amigo mira fijamente a algún punto
detrás de él, César se vuelve buscando la causa. Su ceño se frunce en desconcierto cuando nuestras
miradas se unen. Sus ojos se mueven sobre mí. Después a mi mochila, otra vez a mí y así repetidas veces. O
es muy buen actor, o podría jurar que está sorprendido
Tomo aire y me acerco a ellos. Por cortesía al menos, quiero despedirme.
-Hola señorita Natalia, ¿Va a salir a dar un paseo? - Pregunta Manuel con su agradable sonrisa. No sé si el
también finge, o esta ajeno a todo esto, pero ya me da igual.
-Hola Manuel - Le respondo. - Sí, bueno... no es un paseo. Solo vengo a despedirme. Manuel rápidamente
mira a César.
Siento como César se tensa, oigo su respiración acelerada, y me giro para verle mejor. Sus ojos están muy
abiertos y clavados en mí.
-¿Por qué te vas?- Consigue decir con los dientes apretados.
-No te hagas el tonto. - Sonrío irónicamente - Erika ya me ha dado tu recado.- Le digo con rabia.- Y
sinceramente, me ha molestado bastante que mandes a terceros, porque no has tenido valor de hacerlo tú.
-No sé de que me estás hablando, Natalia - Miro a Manuel, que a su vez está mirando a César, con cara de
sorpresa.
-Da igual César, no compliquemos más esto. -Quiero salir de allí cuanto antes, y no tengo ganas de discutir -
Después de todo, has hecho por mí más de lo que nadie ha hecho jamás... Solo puedo darte las gracias...
César quiere decir algo, pero al ver que me dirijo a Manuel, espera.
-Manuel. Muchas gracias por todo lo que has hecho por mí. Ha sido un placer conocerte.- Le digo mientras
extiendo mi mano. Él la toma entre las suyas, y la mantiene ahí mientras me habla.
-El placer ha sido mío, señorita Natalia. Ya sabe dónde encontrarme si necesita cualquier cosa. Estaré
dispuesto a hacer lo que esté en mi mano. - Me sonríe tiernamente. Vuelve a mirar a César y otra vez a mí.-
Ahora si me disculpan, tengo que ir a preparar el servicio de cocina.
-Muchas gracias de nuevo - Le digo y se marcha. Sé que es una excusa para dejarnos solos, pero no me
importa.
-¿Me puedes explicar que está ocurriendo aquí, Natalia?- Me gira hacia él, sujetando mi brazo. Está
apretando bastante fuerte, aunque no llega a hacerme daño.
Le sonrío, pero no contesto a su pregunta. - Muchas gracias por todo lo que has hecho por mí - Le digo.
Tomo su mano para quitarla de mi antebrazo, y la corriente eléctrica que siento cada vez que nos tocamos,
hace acto de presencia. - En cuanto me reponga un poco, te haré llegar un pago con los gastos que te he
generado. - Me inclino, y de él, me despido con un casto beso en la mejilla. -Siempre te estaré agradecida.
Te debo la vida. Se feliz junto a Erika. Lo mereces.- Camino hasta la salida.
Antes de salir por la puerta, necesito mirarle por última vez, me giro y ahí está. Su pose es tensa, tiene los
puños apretados y la mirada perdida, pero sigue tan apuesto y atractivo como siempre. Le voy a echar de
menos, más de lo que desearía. Lo sé.
Laura toca el claxon, haciendo que corte mi contacto visual con él. Está esperándome casi en la misma
puerta, y su gesto es de preocupación mientras me observa. Bajo deprisa los escalones y subo al coche.
-Hola preciosa... - Me dice.
-Hola Lau - Arranca y mientras nos alejamos, comienzo a llorar desconsoladamente...
Capitulo 16

Llevamos más de quince minutos en silencio, dando vueltas por Madrid, mis lágrimas parecen no tener fin.
-Nata, cariño. Tienes que decidir dónde vamos.
-No lo sé - Digo secando mis ojos con la mano. - Creo que unos días con mis padres y hermanos me vendrá
bien. - Llevo meses sin poder ir a visitarles, gracias a Mario. - ¿Podrías dejarme en la estación de autobuses?
- Ahora que Mario me ha dejado sin coche, no me queda más remedio que viajar así.
-No.
-¿No? - La miro extrañada, esperando una explicación.
-¿Te parece si te llevo yo? - Me guiña un ojo.
-Pero sabes que está a más de 180 kilómetros de aquí... - Digo con sorpresa.
-Si salimos ya, en dos horas estaremos allí. Voy a pasar por mi apartamento un momento, tengo que
recoger unas cosas. Me quedaré contigo un par de días y disfrutaremos como cuando éramos pequeñas. A
mí también me hace falta un respiro. - Una amplia sonrisa se dibuja en su cara.
Cuando éramos pequeñas, vivíamos muy cerca la una de la otra, y siempre estábamos juntas. Un año
después de venir yo a Madrid, vino ella.
-Pero... ¿y tu trabajo?.
-No tengo problema, en la empresa me deben varios días, tomaré dos de ellos.
-¡Genial! - Me encanta la idea. Laura si sabe cómo animarme.
-Además, podremos estar tranquilas, al estar el pueblo tan alejado de Madrid, no creo Mario vaya por allí. -
Dice animadamente.
Sube la música del reproductor, y comienza a moverse al ritmo. Da golpecitos en el volante y en mi hombro
para que la siga. Tras varios intentos, lo consigue. Bailamos, cantamos, reímos, y el ambiente cambia poco
a poco. Siempre que está cerca, consigue sacarme de mi nube negra por un buen rato.
Mientras viajamos, me siento con más fuerza, y la cuento todo lo que ha ocurrido en el hotel con César y
Erika. No comenta nada, solo se dedica a escucharme y darme la razón.
Dos horas después, por fin llegamos al pueblo. Laura para cerca de la entrada de la casa de mis padres. No
saben que venimos, hemos preferido mantenerlo en secreto para sorprenderles.
Mientras llamo al timbre, las dos nos reímos cómplices. Oigo llaves y los pasos de alguien acercándose. La
puerta se abre
-¡Natalia, hija! - Mi madre pone las manos sobre su boca sorprendida. - ¡Hija mía! - Rápidamente me abraza
y oigo como solloza en mi cuello. -Hay hijita... que alegría verte.
Mientras la tengo abrazada, puedo ver de frente a mi padre venir rápidamente.
-¡No puede ser! - Viene diciendo por el pasillo mientras llega hasta nosotras. -¡Mi niña!, ¡Mi niñita! - No
espera que suelte a mi madre, y nos abraza fuertemente a las dos unidas.
Besos, besos y más besos. Cuando por fin nos soltamos, los tres estamos llorando como tontos. Miro a
Laura, y está igual de emocionada que nosotros. En ese momento, mis padres se dan cuenta de que ella
también está allí y la abrazan efusivamente.
-¿Cómo que habéis venido hija? - Dice mi madre limpiándose la nariz con un pañuelo de seda. ¿Y Mario? -
Mis padres y Mario, no tenían buena relación. No les acababa de gustar, aunque siempre respetaron mi
decisión de estar con él.
-Hemos pedido unos días en el trabajo, necesitamos aire puro de la sierra - Dice Laura sonriendo a mi
madre y tratando de salir al paso.
Mi madre me mira. Me conoce tan bien, que temo que descubra que algo pasa.
-Vamos, entrad- Nos dice mi padre mientras nos quita las mochilas de las manos. -Ya sabéis cual es la
habitación de cada una. - Laura ha dormido más veces en mi casa, que en la suya. Nos hemos criado como
hermanas.
Mientras nos acomodamos y mi madre saca algo de picar, mi padre llama a mis hermanos y les da la
noticia. No se hacen esperar mucho. Primero llega Javier.
-¡Natalia!- Corre hasta mí y me levanta por la cintura. Damos un par de vueltas mientras me abraza
fuertemente. - ¿Cómo está la chica más bonita de Madrid?
-Encantadísima de volver por unos días a casa- Le digo mientras me lo como a besos.
Nada tiene que ver esta vida, con la que he estado llevando en los últimos años. Es increíble la diferencia
que hay, de unas personas a otras. Aquí todo amor, allí todo odio.
La puerta vuelve a sonar y sé que es el que me falta. David.
Corro hasta él y de un salto entrelazo mis piernas en su cintura. Llega otra lluvia de besos. Ahora entiendo el
refrán, "Como en casa en ningún lado".
Laura suelta grititos y da palmaditas de alegría en el sillón.
Durante la riquísima cena que mi madre ha preparado, con el mismo cariño de siempre, charlamos sobre
nuestras cosas. Mis hermanos me cuentan cómo les va en el trabajo. Este año tendrán que contratar a más
personal, ya que les están llegando vehículos de competición, de casi toda España.
Mi padre, ahora está más relajado en el tema laboral. Tiene una pequeña arritmia, y le han aconsejado
llevar vida tranquila. Aunque sigue yendo a trabajar, ha dejado a mis hermanos a cargo del Taller Montero.
Incluso se ha hecho con una pequeña huerta, donde distraerse en sus horas libres. Mi madre como siempre,
se dedica a sus labores. Las mujeres en los pueblos pequeños, tienen pocas opciones.
Laura y yo, ayudamos a mi madre a recoger la mesa. Mientras Laura sigue trayendo platos del salón, mi
madre y yo fregamos la gran pila de platos y cacerolas que hemos utilizado.
-Natalia, hija, ¿está todo bien con Mario? - Me dice mi madre mirándome a los ojos.
-Bueno... la verdad es que no... ahora no muy bien. - No sé cómo empezar a contarla lo que sucede.
-¿Ha ocurrido algo? - Insiste en saber.
-La verdad es que he decidido terminar la relación. Últimamente, no estábamos bien.- Cuento la verdad a
medias, no quiero preocuparla.
-¿Y estás bien?. Quiero decir... ¿Lo llevas bien? - Sé que quiere saber si lo estoy pasando mal con la ruptura.
-Mejor que nunca mami - La regalo una amplia sonrisa para que vea que todo está correcto. Ella me la
devuelve. En el fondo se alegra. Lo sé, aunque no me lo diga.
Cuando todo está hecho, decidimos que es hora de ir a dormir. Nos despedimos de mis padres y hermanos
y subimos a nuestras habitaciones. Mañana Laura y yo, queremos visitar el taller, para ver la ampliación
que mis hermanos han hecho, visitar a nuestras antiguas amigas y salir a pasear por el campo.
El día siguiente pasa según lo previsto. El taller está irreconocible. Es tres veces más grande de lo que
recordaba. Está hasta arriba de auténticos cochazos. Me enamoro de uno en particular que están tuneando.
Un Renault Mégane Coupé negro. Javier me cuenta, que el antiguo dueño, lo dejó allí, porque valían más las
piezas y la avería, que el coche en sí. Pero que al tener solo un año de antigüedad, les dio pena mandarlo al
desguace, y decidieron repararlo y tunearlo en sus ratos libres. Posiblemente le puedan sacar unos miles de
euros.
Cumplimos con nuestra agenda, visitamos a nuestras amigas, que se vuelven locas al vernos. Nos ponemos
al día de nuestras vidas, en solo un par de horas. Caminamos varios kilómetros hasta la huerta de mi padre.
Está llena de grandes girasoles y plantas verdes en hilera. Según nos cuenta, son pepinos, tomates, patatas,
pimientos, calabacines... en definitiva, todo tipo de verduras que espera recolectar en unos días.
El par de días se acaba pronto y Laura tiene que volver a Madrid. Promete que me llamará todos los días, y
que vendrá a recogerme cuando mi piso esté listo. Al final, me armé de valor, y les conté a todos en casa,
que Mario y yo, ya no estamos juntos. Así evito que sigan preguntando por él.
La semana vuela. Si no fuera, porque es un pueblo sin apenas posibilidades para los jóvenes, me quedaría a
vivir aquí de nuevo...
Durante estos primeros siete días, no ha pasado uno solo, en el que no piense en César. Este vacío que
siento en el pecho, no debe ser nada normal. Presiento que él, es el único que le puede llenar.
Miro por la ventana como brillan varios relámpagos, al ser casi de noche, se aprecian muy bien. Está
lloviendo a cantaros y los truenos cada vez suenan más fuerte. Me encanta esta sensación. Si por mí fuera,
correría debajo de la lluvia como una loca.
Mi teléfono suena, miro y es un número que no conozco.
-¿Si? - Contesto
-¿Doña Natalia Montero, por favor?- La voz de un hombre entrado en edad, suena al otro lado.
-Sí, soy yo. Dígame.
-Le llamo de la comisaría, soy el agente Fernández. Es referente a una denuncia por malos tratos y
amenazas. Necesitamos que se presente mañana aquí a las nueve de la mañana.
-¿Tienen ya a Mario?- Le pregunto asustada.
-No señorita, no hemos tenido suerte aún. Necesitamos hacerle algunas preguntas, para ver si así damos
con su paradero.
-Está bien, estaré allí mañana- Le digo al agente. Nos despedimos.
Me quedo mirando durante unos minutos las gotas de agua que salpican en el cristal. - Madrid... mañana...-
me digo a mi misma. Eso supone estar de nuevo alterada por Mario y cerca de César... Me pone nerviosa la
idea. No sé si estoy preparada para volver. Dejo de observar la lluvia y bajo al salón. Mi padre y hermanos
están hablando sobre una nueva máquina que han comprado, para equilibrar las ruedas en el taller. Los
tres se giran cuando me ven bajar las escaleras.
-Hola chicos, tengo malas noticias - Les digo, y me miran con más interés.
-¿Qué ocurre hija? - Dice mi padre poniéndose de pie al instante.
-Nada serio papá. Me ha surgido un problema en el trabajo... - Miento, aunque no haya en el mundo una
cosa que odie más que eso - Mañana tengo que salir temprano para Madrid...
- ¿Volverás? - Dicen mis hermanos al mismo tiempo.
-Pues creo que sí... En teoría, será cosa de unas horas.
-¡Bien! - Dice Javier. David sonríe abiertamente.
La voz de mi madre nos llama desde la cocina, la cena está lista. Apenas logro comer algo. La bola de
nervios que tengo en el estómago impide que entre cualquier cosa. Me excuso diciendo que merendé
demasiado antes de que empiecen a protestar.
Ayudamos a recoger entre todos la mesa. Me despido y me voy a dormir. Al día siguiente tengo que
madrugar demasiado para conseguir estar a las nueve en la comisaría. Mis hermanos se ofrecen a llevarme,
pero no quiero que pierdan un día de trabajo, pudiendo ir en autobús.
A las cinco de la mañana suena la alarma del móvil. Con pereza la apago y me pongo en pie. Me doy una
ducha rápida para despejarme y me arreglo. Preparo la mochila con las cosas que creo que me harán falta
durante el día. Evito pasar por la cocina. No tengo hambre y mi estómago está algo revuelto. Salgo
despacio de la casa para no despertar a nadie y camino hasta la parada de autobuses. Aún es de noche y
está muy oscuro.
A mitad de camino, soy consciente de que un coche me está siguiendo. Oigo el motor detrás de mí, no
acelera ni me adelanta. Me tenso, y el corazón me golpea en la garganta.
Me paro, se para. No tengo valor para mirar atrás y camino más rápido. Ahora el coche viene más rápido
detrás de mí. Mi crisis de ansiedad está intentando hacer su aparición e intento controlarla como puedo.
Oigo un acelerón que me hace saltar y por instinto giro la cabeza hacia el ruido. En cuanto mis nervios dejan
que visualice la imagen, me doy cuenta que no estoy en peligro. Es mi hermano Javier, en el Renault
Mégane Coupé negro que tanto me gustó en el taller.
-Ni que hubieras visto un fantasma, hermanita.- Me dice desde la ventanilla abierta del coche.
-¡Javier!, ¡casi me matas del susto!.- Le riño, pero ríe a carcajadas...Si él supiera...
Trato de mantener la compostura y mi cuerpo poco a poco se va destensando. Javier se baja del coche y
viene hasta mí.
-Dame la mano - Me dice y lo miro extrañada.
-No entiendo... - Le digo
-Extiende tu mano Natalia. Confía en mí. - Le hago caso.
Pone su mano hecha un puño sobre la mía. Tiene algo dentro que va a depositar en mi palma, lo sé.
Siempre hacía cosas así cuando éramos pequeños y me traía algún regalo.
-¿Qué es? - Le digo impaciente. - ¡Suéltalo ya! - Ríe de nuevo, y no me hace esperar.
Lentamente abre su mano, y noto un peso frio caer sobre la mía. Me mira a los ojos esperando ver mi
reacción. Cuando la retira, puedo descubrir una llave.
No entiendo nada, frunzo el ceño mientras sigo mirándole.
- Disfrútalo - Me dice - Ahora es tuyo.
-¿Quéeeeeee? - Digo al ver el logo de Renault en la llave. Creo que con mi grito he despertado a todo el
vecindario.
-Ya que no vas a dejarme que te lleve a Madrid, te vas a llevar solita en tu nuevo y flamante coche.
-¿Quéeeeeee? - Vuelo a decir con mis ojos fuera de las órbitas.
-He pensado que estará mejor contigo que solito en el taller- Me sonríe tiernamente.
Me lanzo de un salto sobre él, le rodeo el cuello con mis brazos y la cintura con mis piernas. Tiene que
reaccionar rápidamente para que no le derribe.
-¡Oh Dios mío!, ¡Dios mío, Javi! - No sale de mi boca nada más. Quiero decirle mil cosas, pero la emoción no
me deja.
-Natalia, me estás ahogando - Dice con dificultad. Me da igual, necesito apretarle todo lo fuerte que pueda. -
No vas a poder ir a Madrid, tendrás que quedarte a velar mi cuerpo si sigues estrujándome así. - Me hace reír
y aflojo.
-¿Por qué haces esto? - Le digo ahora más calmada.
-Bueno... sé que tu coche se lo ha quedado Mario... por lo que dijiste el otro día, cuando nos contaste que lo
habías dejado... y que estás pasando una mala racha, así que quiero colaborar con la causa.
-Esto es demasiado - Le digo sincera y ofreciéndole de nuevo la llave.
-Este coche lleva tu nombre desde el día que lo viste en el taller. - Esconde sus manos detrás de la espalda
para no cogerla - Por favor acéptalo. - No quiero, pero no puedo negarle nada con esa mirada, sé que le
haré daño y lo sentirá como un desprecio.
-Está bien... Lo acepto con una condición. - Siento toda su atención sobre mí. - Tienes que aceptar que, en
cuanto pueda, te lo pague.
-Ya veremos - Dice riendo maliciosamente.
-Tienes que aceptarlo - Insisto esta vez más seria.
-Ya veremos - Vuelve a repetir, esta vez dándome un gran beso en la frente y un fuerte abrazo. - Vete ya, que
harás tarde - Sin darme tiempo a reaccionar, se aleja y me deja allí observando el coche y pensativa.
Tras unos minutos intentando asimilarlo, una sonrisa de oreja a oreja se dibuja en mi cara. Corro hasta él y
subo casi de un salto dando chilliditos histéricos. Aspiro profundamente. Huele a nuevo.
Cuando llego a Madrid, no puedo evitar hacer un mohín. Por primera vez en mi vida, desearía que el viaje
fuera más largo. Me encanta conducir mi nuevo coche. Quiero poder seguir disfrutando de él en la
carretera.
Unas calles más y llego a mi destino. Por suerte encuentro un sitio libre cerca y aparco. Aprieto el botón, las
luces que parpadean, me indican que ha saltado el cierre centralizado. Sonrio victoriosa y camino hasta la
comisaría.
Una amable secretaria, me acompaña hasta la sala. Me ofrece una silla, he llegado demasiado pronto y me
toca esperar.
Saco mi móvil para pasar el tiempo y comienzo a revisar las fotos que tengo. De algunas ya no me
acordaba. Borro las que tengo de Mario, le recorto en otras que quiero conservar, cuando...
-Hola Natalia.
Levanto la mirada al oír una voz familiar.
-César... - Mi ritmo cardiaco se acelera. Tiene un ojo morado, la ceja cosida y un collarín blanco rodea su cuello...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:21 pm

Capitulo 17

Veo que a ti también te han llamado... ¿Cómo te ha ido la semana? – Pregunta con interés.
-Bien...– Le digo sin más explicación mientras analizo sus lesiones. La preocupación me golpea. -¿Qué te ha
ocurrido?.
-Oh... nada importante. Un pequeño accidente. – Me dice mientras rasca su cabeza, y trata de forzar una
sonrisa.
-No debe haber sido muy pequeño... cuando te ha dejado en ese estado – Insisto. Mil ideas pasan por mi
mente, pero trato de desecharlas tan rápido como llegan. Realmente estoy preocupada
-Parece más de lo que es, créeme. En un par de días, todo estará sanado.
-Buenos días. ¿Son ustedes, Natalia Montero y César Engel? – Una voz ronca y madura nos interrumpe
desde la puerta de entrada.
-Sí – Decimos los dos a la vez.
-Vengan conmigo.
Seguimos al hombre hasta otra sala más pequeña. Cierra la puerta en cuanto entramos y nos ofrece
asiento.
-Soy el Agente Fernández. Quien les llamó ayer. – Se presenta - Intentaré ser breve para no entretenerles
demasiado. – Nos mira a los dos y como no contestamos, continúa. - Las razones por las que les he citado
hoy, son varias. Tenemos información y a su vez, necesitamos información. ¿Por dónde quieren que
empiece? – Nos mira de nuevo.
-Primero la información – Se adelanta César.
-Bien.- Dice el Agente, y abre una carpeta en la que pone "expediente" seguido de un largo número y varios
datos más que no logro leer. Saca varios folios y nos entrega uno a cada uno. – Estas son las copias del
informe pericial. – No sé de que habla - Como bien pueden leer en este recuadro, - lo señala con su bolígrafo
- y tras barajar varias posibilidades, la principal hipótesis es, que todo ha sido un acto de sabotaje. – El
agente se dirige a César – En resumen, sus frenos han sido cortados intencionadamente. Causa por la que
usted, ha sufrido ese accidente. – Miro con los ojos muy abiertos a César, un agobiante calor se apodera de
mi cara, no puedo creer lo que acabo de oír. Ahora encaja todo. – Sabemos también, que Mario está detrás
de todo esto. Hay varias huellas suyas en la carrocería, y en las piezas internas. – Siento una fuerte punzada
de culpabilidad en mi pecho, y mi cabeza da vueltas intentando procesar todo. Mario ha intentado matar a
César...
-Señorita Natalia... - Oigo como el agente me llama -¿Natalia?.
-Sí, dígame – Respondo sacudiendo la cabeza para volver en mí.
-¿Estás bien? – Me pregunta César preocupado. Asiento.
-Le estaba diciendo, que si podemos pasar a la ronda de preguntas.
-Disculpe, estoy tan absorta en lo que acaba de decir, que no le había oído.
-No se preocupe. ¿Necesita unos minutos? – Me pregunta
-No, no, está bien. Pasemos a esa parte.
El agente me hace varias preguntas sobre Mario. Sus lugares favoritos, hábitos, direcciones de sus amigos,
lugares que frecuenta. Razones por las que creo que se comporta así... En definitiva, todo lo que les pueda
servir de pista para encontrarlo, o al menos, poder adelantarse a su siguiente paso. Además de todo eso, le
cuento que llevo días sin recibir mensajes, ni amenazas, y eso me tiene extrañada.
Firmamos unos nuevos papeles y cuando estamos a punto de acabar, el agente vuelve a hablarnos.
-Les aconsejo que tengan especial cuidado hasta que consigamos detenerlo. La experiencia me dice, que va
a por todas y no parará hasta que lo consiga. A mi juicio, ustedes están en peligro, y les aconsejaría, siempre
que esté en su mano, se hagan con algún tipo de seguridad externa. Nosotros solo podemos enviar un
coche patrulla a su zona mientras investigamos.
-Así será – Dice César con seguridad.
Le agradecemos sus palabras y nos despedimos. Salimos juntos y en silencio hasta la calle. Una vez fuera,
sigo tan conmocionada que apenas puedo pensar.
-Bueno... yo ya me tengo que ir – Le digo a César incómoda.
-Natalia, me gustaría poder hablar contigo. Hay algo acerca de Erika que debes saber. – Me dice con
bastante pesar.
-No te preocupes, no tienes que darme explicaciones. Es tu vida y puedes hacer lo que quieras con ella –
Finjo una sonrisa.
-Sí, es mi vida. Pero necesito aclararlo.
-De verdad, no me interesa. Que tengas un buen día.- Camino hasta mi nuevo coche, deseando subirme
cuanto antes en él. Esta vez por una razón muy distinta, quiero evitar el enfrentamiento, solo oír como la
nombra, me enerva.
-Natalia – Pone su mano en mi hombro y me sujeta. Me giro para protestarle el gesto, y su intensa e
hipnótica mirada me paraliza - Erika me confesó lo ocurrido – Dice con tristeza y los dientes apretados - De
hecho, está fuera de mi vida desde aquel maldito día. Siento mucho que te hiciera creer aquello. Jamás te
pediría que te marcharas...
-Hay un refrán muy usado en mi pueblo que dice: "Cuando el río suena, agua lleva" – Le digo. Seguro que si
ella me dijo aquello, es porque él, debió comentar algo al respecto – Pero está bien. Un día quedamos y
aclaramos todo - Si le digo que no le creo, no parará de insistir, y lo único que quiero en este momento, es
irme cuanto antes.
-No puedo esperar, esto me está matando Natalia. ...Te echo de menos. – Su tono de voz muestra angustia,
y baja la mirada para decir su última frase, pero solo quiero huir.
-Ya hablaremos – Le dejo con la palabra en la boca y casi corriendo me voy de allí. Necesito urgentemente
refugiarme en cualquier sitio, y poner en orden mis emociones, ya que no puedo pensar con claridad en
este estado.
Cuando por fin estoy dentro del coche con la puerta cerrada, dejo salir la gran bocanada de aire, que sin
darme cuenta estoy reteniendo en mis pulmones. Mis manos, están húmedas por el sudor. Necesito
aprender a controlar estas crisis o acabaré dando un espectáculo, o diciendo cosas que ni siquiera pienso.
Saber que César está en peligro por haberme ayudado, va a ser mi perdición. No sé cómo voy a conseguir
apaciguar mi ansiedad con esa idea en mente. Y para colmo, una sensación de culpabilidad me está
matando, ni siquiera he tenido la decencia de quedarme a escuchar lo que tenía que decir. Como siempre
cuando me pongo así, mi primer instinto es alejarme del foco.
Cuando estoy más tranquila, arranco el coche y me dirijo de nuevo al pueblo. Durante el trayecto, no puedo
quitarme de la cabeza, el feo que le he hecho a César. Mi conciencia está intranquila. Trato de poner música
para ver si consigo distraerme, pero nada, mis pensamientos son más fuertes. Estoy bastante pesarosa con
mi reacción. Como mínimo, debería haberle prestado atención, se le veía realmente atormentado...
Cuando llevo cerca de una hora de camino, no puedo más, y en el primer desvío, doy la vuelta. Voy a verle...
Capitulo 18

Solo tardo cincuenta minutos en llegar al hotel. Tengo que admitir que pisé el acelerador un poco más de lo
permitido. Siempre me ha gustado la velocidad, y este coche responde muy bien.
Aprieto el botón de la llave mientras subo las escaleras, y oigo el pitido que tanto me gusta detrás de mí.
Me saluda la chica de recepción con una amplia sonrisa, compruebo la zona y no veo a Manuel. Subo en el
ascensor y pulso el botón que me lleva a la casa de César. Vuelvo a sentir el sudor en la palma de mis
manos, pero intento ignorarlo.
Cinco segundos más tarde, estoy en la cuarta planta. Las puertas se abren y salgo nerviosa.
Algo llama mi atención. Hay varias macetas rotas en el suelo y la tierra está derramada por todas partes.
Dos cristales rotos, y gotas de sangre en el pasillo. Todos mis nervios se activan al descubrir el collarín que
llevaba César, hace solo unas horas tirado en una esquina. Corro todo el tramo de pasillo que queda,
pensando en lo peor y totalmente aterrada.
Por fin llego hasta la puerta de la casa y veo que está entreabierta. De un fuerte empujón termino de abrirla
y rebota contra la pared, provocando un gran estruendo. Hay más sangre en el suelo, entro en el salón y
parece que ha habido un terremoto. Las sillas están tiradas en el suelo, los cojines del sofá esparcidos por
todas partes y junto a ellos, trozos de jarrón. Creo que voy a desmayarme por la angustia cuando le veo.
-¡César!, ¡César! – Corro hasta él, está sentado de espaldas a mí, en el suelo de la cocina. -¿Estás bien? - No
se mueve.
Tengo el alma sujeta por un hilo. Está vivo pero inmóvil, no se gira cuando le llamo.
Me acerco más y veo que tiene la cabeza hacia abajo, está mirando algo que tiene entre sus manos, pero no
sé que es. Por fin consigo descubrir la boca de una botella. Levanta su cabeza, y puedo ver sus ojos. Están
muy enrojecidos.
-No deberías estar aquí. Vete. – Me dice con desprecio.
-César yo...
-¡Vete! – Vuelve a decir, esta vez casi gritando.
-Solo quiero hablar... siento que te debo una disculpa.
-¡No me debes nada! – Trata de ponerse en pie y con dificultad, lo consigue. Arrastra la botella con él, puedo
ver que es de whisky. Le pega un largo trago.
Camina hasta mí y yo retrocedo, está bastante bebido.
-Tenemos que aclarar algunas cosas... - Insisto.
-No tenemos nada que hablar, ni hay nada que aclarar – Dice mientras sigue acercándose a mí. Está
enfadado y lo entiendo.
Ese horrible olor a alcohol que desprende, me trae malos recuerdos.
Bajo la vista y veo que tiene la ropa manchada de sangre, busco la causa, y la encuentro en un vendaje
provisional de tela que tiene en su mano.
Me armo de valor y dejo de caminar para huir.
-Dame tu mano – Le digo tragando saliva. Extiendo la mía hacia él para animarle a hacerlo.
Se para en seco y me observa torciendo ligeramente la cabeza. Frunce el ceño en un gesto de no
comprender mis intenciones. Da otro largo trago a su botella.
-Vamos, dame la mano, quiero ver que te has hecho.- Trato de esconder mi voz temblorosa, no quiero que
note que le tengo miedo a su estado de embriaguez. Recuerdos de malas experiencias, intentan venir a mi
mente de nuevo.
-No es nada – Dice para evitar hacerlo.
-No te he preguntado, solo te he pedido que me des tu mano, seré yo quien valore eso.- Sin más, obedece
como un niño bueno. Todo mi miedo se desvanece al sentir su tacto.
Levanto la tela muy despacio, para no hacerle daño y veo el destrozo. Tiene varios cortes, en todas
direcciones, tres de ellos bastante profundos en los nudillos. Debe haber roto los cristales a puñetazos.
-No es nada- Vuelve a repetir. Noto como observa todos mis movimientos, está tan cerca, que siento su
respiración en mi cabeza.
-Tocar ir al hospital – Le digo levantando la mirada, y sus ojos se clavan en los míos.
No sé en que segundo ocurre todo, pero de pronto, sus manos están sujetando firmemente mis mejillas y
mi espalda golpeando secamente la pared. No me da tiempo a verlo venir. Solo puedo cerrar los ojos
cuando su boca acaba estampada contra la mía y su torso apretado contra mí.
Me besa con deseo, casi como si su vida dependiera de ello. Su respiración es muy fuerte y ruidosa. Mi
cabeza me dice que le pare, que está ebrio... pero mi cuerpo me traiciona. Me dejo llevar... y le correspondo.
Dejo entrar su lengua en mi boca y busca apasionadamente con ella la mía. Su sabor aún bajo la influencia
del alcohol, sigue siendo mentolado y fresco. Me vuelve loca.
Consigo coordinar algún movimiento, y paso mis brazos por su cuello, abrazándolo. Sus manos me agarran
ahora por la cintura y me levantan. Rodeo con mis piernas sus caderas y acaba sentándome en la encimera.
Estamos ansiosos, nerviosos y agitados.
-Natalia... - Gruñe en mi oído - Oponte... -Dice mientras comienza a besar mi cuello y mi clavícula - En mi
estado no tengo voluntad...
En respuesta, soy yo quien busca de nuevo su boca. Es tan adictivo... necesito seguir saboreándolo.
-Natalia...- Vuelve a susurrar entre los sonidos de nuestros besos – No podré parar... - Sigue mordiendo y
lamiendo mis labios - no quiero que nuestra primera vez, sea conmigo así...- Le muerdo y gime apretándose
contra mí más fuerte - Quiero poder recordar todo...
Necesito de una gran fuerza de voluntad para detenernos, pero finalmente consigo hacerme con la
situación. Una sensación de vacío se apodera de mi cuando lo aparto. Jadeamos al unísono mientras nos
miramos a los ojos. No sé que coño ha pasado, pero necesito de esto más que de respirar.
-Tenemos que ir al hospital – Vuelvo a repetir tratando de bajarnos de la nube en la que estamos. Veo que
sonríe y arquea una ceja.
-Sí. Será lo mejor. - Me coge en brazos para ayudarme a bajar de la encimera. Es tan fuerte que me alza
como si no pesara. – Tengo que cambiarme de ropa – Al girarse, pierde un poco el equilibrio, y tiene que
sujetarse al borde de un mueble para no caerse.
-Espera. Te ayudo. – Le dejo recuperándose y camino hasta lo que creo que es su habitación y entro. Hay
una enorme cama, desecha. Sus sábanas son blancas y todo huele a él.
Abro el gran armario y toda su ropa está ahí, colocada estratégicamente. Todas las camisas y camisetas a
un lado y los pantalones al otro. Elijo una camiseta de algodón azul claro y unos vaqueros oscuros. Tomo la
ropa en mi brazo y salgo hasta la cocina. Cuando llego, la imagen que me encuentro es de lo más atrayente.
Sin darme cuenta, me quedo parada observando. Está sin camiseta y tratando, torpemente de quitarse el
pantalón. Su cuerpo brilla bajo la luz fluorescente de la cocina, tan torneado como se intuye cuando está
vestido. Sus abdominales y bíceps están muy marcados, y son, lo que más llama mi atención. Me descubre y
una esboza una amplia sonrisa.
-¿Ves algo que te guste?
-Puede – Le digo encogiéndome de hombros y yendo hasta él. Espero que cuando duerma la mona que
lleva encima, no se acuerde de nada de esto.
Le ayudo a vestirse, el último trago que dio, le está afectando. Le cuesta demasiado atarse sus zapatillas.
Coge su móvil y lo aleja frunciendo las cejas, intenta buscar algo en él.
-Tengo que llamar a Alex para que nos lleve. No puedo conducir. – Al menos todavía razona.
-No te preocupes por eso, te llevaré yo - Me mira extrañado pero asiente.
-Mis llaves deben estar en la mesa de madera – Me dice señalando a la gran mesa del salón.
-No necesito las llaves de tu coche, traje el mío.
-¿El tuyo?, ¿Lo has recuperado? – Sus ojos están muy abiertos.
-Tengo uno nuevo - Veo como sonríe
-Vaya... sí que te ha cundido la semana - Me dice.
Subimos al ascensor. En todo momento, César lleva su brazo sobre mis hombros. Apenas coordina
movimientos. Cuanto más digiere el líquido de su estómago, peor está.
Llegamos al coche y le da una vista rápida. Sonríe con aprobación. Le ayudo a acomodarse en el lugar del
copiloto y le pongo el cinturón. Apenas salimos a la carretera, ya está dormido.
Le llevo al hospital más cercano, procurando que no sea el de su trabajo. No quiero que lo vean así. Cuando
por fin llegamos, me cuesta un mundo despertarle. Balbucea y me da manotazos para que lo deje seguir
durmiendo. Me rio por la situación e insisto hasta que lo consigo.
Apoyado en mí, llegamos a la sala de urgencias. Les cuento lo ocurrido, adulterando un poco los detalles.
Se comporta igual que un crio pequeño, increpando y molestando todo el rato. Después de conseguir
ponerle seis puntos de sutura en su mano, nos dejan volver a casa.
Entre risas, las enfermeras me aconsejan acostarlo en cuanto llegue.
La misma escena que antes se repite, pero esta vez de vuelta. Cuando llegamos al hotel, tengo que volver a
despertarlo y como puedo, llevarlo a la cama. Cae como un peso muerto sobre el colchón. Le coloco un
poco, para que no esté tan atravesado, le descalzo y me voy al salón para dejarlo dormir tranquilo.
Decido poner un poco de orden por el lugar, y recojo los destrozos. Lleno dos bolsas de basura solo con la
tierra de las plantas. Barro todos los cristales, coloco sillas y cojines... y limpio las gotas de sangre.
Cuando por fin todo está acabo, me acurruco en el amplio sofá para descansar un poco. Mentalmente me hago una pregunta. ¿Se acordará de algo cuando despierte?. Antes de encontrar respuesta, Morfeo hace su trabajo y caigo en un profundo sueño...

Capitulo 19

Voy con César en mi coche, conduzco por una larga y recta carretera. Acelero más de lo que debo para
mostrarle lo rápido que es mi Renault nuevo, cuando a lo lejos vemos la señal de una curva. Piso el freno
para ir perdiendo velocidad, y tomarla sin problema, pero el coche no responde.
-¡No puedo frenar! - Le digo a César asustada, pero él, solo mira al frente. Está como ausente.
Continúo tratando de meter el pie en el freno, y casi lo puedo sacar por el otro lado, pero el coche sigue sin
obedecer. La curva cada vez está más cerca, y vamos a salirnos de la calzada.
Aterrada, sigo pataleando el pedal ...y todo está dicho. El coche vuela por un terraplén y damos varias
vueltas de campana.
Tierra, piedras, ramas... veo entrar de todo a través de las ventanillas. Intento cubrir mi cara con mis brazos
pero la fuerza de la inercia lo impide. Mis brazos pesan tanto que no los puedo levantar.
Por fin paramos, miro a mí alrededor y hay sangre por todas partes. César está inmóvil a mi lado, tiene la
cabeza caída, y las heridas que descubro en él, son incompatibles con la vida. Está muerto.
Grito y grito de impotencia y vuelvo a gritar. Lloro y siento que voy a perder el conocimiento, mi cuerpo
duele.
Alguien se acerca. Intento salir pero no puedo usar los brazos, creo que me los he roto. La silueta de una
persona cada vez está más cerca, pero apenas puedo distinguirla debido al polvo, y el humo que aún hay en
el ambiente. Cuando por fin su rostro está pegado casi a mi rota ventanilla, veo quien es.
-¡Mario! - El ríe a carcajadas cuando nos ve.
-Vaya... veo que tu amiguito no ha podido superarlo - dice sin parar de reír.
Abre la puerta de mi lado sin esfuerzo, prácticamente la arranca. Está destrozada por el impacto. Me agarra
por el pelo y me saca a rastras. Caigo al suelo y no puedo levantarme, mis piernas tampoco están bien.
Grito pidiendo ayuda pero no hay nadie. Está disfrutando con todo esto, lo veo en su cara.
-Es tu turno muñeca - Me dice y saca una pistola de su sudadera verde.
Pone el frio acero sobre mi sien... intento escapar, pero es inútil. Unas firmes manos sujetan mis hombros y
me zarandean. La cara de Mario se deforma y comienza a mezclarse con el humo. Las manos siguen
moviéndome y Mario termina desapareciendo...
-Natalia - Es la voz de César, está vivo, le oigo - Natalia, despierta - Siento mis brazos y piernas volver a la
vida - Estás teniendo una pesadilla.
Abro los ojos rápidamente y me incorporo
-¡Dios mío! - Pongo las manos sobre mi pecho. Miro todo a mí alrededor. La cara de César es todo
preocupación. Estoy sudando y muy acelerada, pero me alegra ver que él está bien. Trato de entrar oxígeno
en mi cuerpo ansiosamente, y esto provoca que sienta un ligero mareo.
César va hasta la cocina y llena un vaso de agua. Me lo ofrece y doy pequeños sorbos, temo atragantarme
en mi estado.
-¿Mejor? - Me pregunta.
-Sí... ha sido horrible - Le digo.
-No le des vueltas, ya sabes hasta donde llega un mal sueño. - Tiene razón, trato de pensar en otra cosa.
Pero la pesadilla se resiste a irse.
-¿Cómo te encuentras? - Le pregunto mirando su mano.
-Bien, la verdad. Solo tengo un poco de dolor en la cabeza. Aunque lo que más me duele, es el trabajo que
veo que te he dado... - Levanta la mano vendada y mueve los dedos - Lo siento. - Tuerce la boca y mira
pensativo al vacío.
-No te preocupes - Le digo. - Me alegro de haber llegado antes de que prendieras fuego al edificio. - Le
sonrío y el me devuelve la sonrisa.
-¿Qué hora es? - Le pregunto.
-Son cerca de las diez de la noche.
-¿¡Las diez!?. - Grito - ¡Mierda!. He dormido durante horas. Le dije a mi familia que regresaría hoy a casa. -
Me pongo en pie y recojo rápidamente mis cosas. - ¡Deben estar preocupados!
Saco el móvil de mi bolso y reviso por si tengo llamadas. Parece que de momento no se han preocupado
demasiado. Marco el número de casa de mis padres.
-¿Sí? - Es la voz de mi madre
-Mamá, soy yo. Me voy a retrasar un poco más, me han surgido otros asuntos. No os preocupéis.
-Vale hija, ya estábamos pensando en llamarte nosotros. Se nos hacía que tardabas. Ten cuidado, es de
noche y me da miedo la carretera.
-Lo tendré mamá -Siempre tan preocupada.- Nos vemos luego.
-Hasta luego, cariño. -Colgamos y resoplo aliviando mi tensión.
Busco a César con la mirada y cuando le encuentro, está sonriéndome tiernamente.
-Entre unos y otros vamos a acabar contigo - Me dice con una sonrisa ladeada.
-No le pongas tono de broma - finjo que le riño - Es la verdad. Os habéis propuesto terminar con mis nervios.
- Le miro de reojo con los brazos cruzados y sigue sonriendo.
-¿Vas ahora al pueblo de tus padres? - Me pregunta.
-Sí, es donde he pasado la última semana. Hasta allí no creo que vaya Mario. Aunque ya me espero de él
cualquier cosa. - Por un segundo imagino que pasaría, si se le ocurre ir.
-¿Está muy lejos?. Sé dónde está Toledo, pero ese pueblo en concreto, no.
-A unos 180 kilómetros de aquí. - Le digo.
-¿Por qué no duermes en tu antigua habitación hoy, y sales mañana temprano?. Es un camino largo, y
siempre será mejor hacerlo con luz natural.
-Te lo agradezco mucho, pero me voy ya, antes de que sea más tarde. - Veo que no le gusta mi respuesta,
por la forma en la que junta las cejas. Se queda pensativo unos instantes.
-¿Es bonito aquel lugar? - Me pregunta, con un extraño brillo en sus ojos.
-Sí, la verdad que es precioso. Todo el que lo visita, se enamora y repite.
-Entonces iré contigo.- Me suelta, y se queda tan ancho.
-¿Cómo?. No. Me niego. - Le oigo reír
-No tengo nada que hacer por unos días, recuerda que ahora, yo también estoy de baja médica. -Señala sus
lesiones - Solo tengo que reservar una habitación por allí y ya está. - Le miro durante unos segundos más de
lo necesario, antes de contestarle.
-Definitivamente, no. ¿Qué les diré a mis padres cuando me vean contigo?. ¿Y los vecinos?. Todos nos
conocemos.
-¿Acaso no puedes enseñarle el pueblo a un amigo? - Sube y baja los hombros.
-Oh... ¡Que irritable eres! - Le digo - ¿No pararás hasta que lo consigas, verdad?
-No.- Dice rotundo con una ancha sonrisa en su rostro.
-Está bien... date prisa en recoger lo que necesites, que ya tendría que estar de camino.
-¡Vale! - Va diciendo mientras corre a la habitación. -Reservaré algún hotel por el camino.
Media hora más tarde. Ya tenemos los cinturones abrochados y salimos del aparcamiento. Se sorprende al
ver mi coche. No recuerda que le llevé en él al hospital, hace tan solo unas horas.
Las esperanzas de que recuerde nuestro beso, se esfuman en ese mismo instante...
Le cuento toda la odisea vivida. Desde la manera en la que lo encontré, hasta el momento en el que lo acosté después de visitar al doctor. Por supuesto, omito lo que pasó entre nosotros...
Capitulo 20

Pasamos el cartel que nos indica que ya estamos en el pueblo, y tomo el primer desvío a la derecha. Me
dirijo al hotel donde César ha reservado la habitación durante el camino. El hotel, no es muy grande, pero
lleva en funcionamiento más de treinta años, y a los dueños les va muy bien. Además de ser el único que
hay por la zona, es famoso por su restaurante, donde ponen las mejores comidas caseras.
Por suerte, quedaban un par de habitaciones libres cuando llamó y reservó la más grande.
Aparco en la zona habilitada para ello y le ayudo con los bultos. Lleva demasiadas cosas. Entre ellas, varias
toallas y sabanas. Según me dijo mientras cargábamos, es bastante maniático en el tema de la higiene.
-Buenas noches - Saludo apenas sin mirar a la persona que está detrás del mostrador de recepción.
-¿Natalia?- Me giro y le veo. Es el padre de Miguel Ángel, un gran amigo y con el que hace años, me di mi
primer beso.
-¡Blas! -Corro a saludarle. Blas, a su vez, es muy amigo de mi padre.
-¿Cómo estás, preciosa?. Hace años que no te veo. - Me dice mientras me repasa con la mirada. - Siempre le
pregunto a tu padre y me dice que estas muy atareada.
-Pues ya ves. - Le digo - Más o menos como siempre, mucho trabajo y poco tiempo para venir.
-Eso es bueno hija, que no falte el trabajillo, pero a la familia hay que visitarla... - Mira las maletas que
tenemos en las manos - ¿Cómo es que venís al hotel, teniendo la casa de tus padres?
-Oh... yo no vengo aquí - Le digo roja como un tomate. Estoy segura de que cree que somos pareja - Solo
vengo a traer a César, que va a pasar aquí unos días.
César se acerca a mí, entendiendo lo que ha insinuado el amigo de mi padre, y sin pensarlo dos veces, pone
su mano en mi cintura y me besa en la cabeza. Le miro y me sonríe maliciosamente. Frunzo mi ceño, porque
sé lo que pretende. Está jugando conmigo para hacerme sentir más avergonzada.
Les presento formalmente y nos dirigimos a la habitación. Blas entrega la llave a César. Se despide
deseándole buena noche, y le guiña un ojo cuando cree que no le veo.
-Muy gracioso- Le digo mientras suelto en su cama varias bolsas de viaje. - Ahora todo el pueblo, creerá que
estamos emparejados.
-Que todo lo malo que digan sea eso - Ríe sonoramente mientras comienza a deshacer las maletas.
-Pues a mí no me hace gracia... - Le digo - Es un pueblo muy chismoso, y en cuanto puedan, se inventarán
una película sobre nosotros. ¡Pronto dirán hasta que estamos esperando un hijo!. -Estalla en carcajadas.
-Quitando la parte de los hijos... - Justo antes de que pueda terminar su frase, suena mi teléfono.
Es el número de casa de mis padres. Descuelgo
-¿Hola?
-Natalia hija, estamos preocupados. Nos parece que tardas demasiado - Es mi madre y tiene razón, debí
haber avisado que ya estaba aquí.
-Tranquila mamá, he venido con un amigo y le he traído al hotel. Va a quedarse esta semana por aquí. En
quince minutos estoy con vosotros.
-¿Un amigo?- Su tono es risueño. César gira la cabeza hacia mí en ese momento, mi madre habla tan fuerte
que sé que la está oyendo. - ¿Por qué no lo traes mañana a comer?
-No mamá, no creo que sea buena idea - Mi madre siempre tan hospitalaria...
-Claro que sí hija, si es tu amigo, nos gustaría conocerlo - Insiste.
Siento los dedos de César detrás de mi oreja, toma mi móvil y me lo arrebata. Me quedo boquiabierta
viendo lo que hace.
-Buenas noches señora. Soy César, el amigo de Natalia. ¿Cómo está?. - Mi boca cae hasta el piso de la
habitación, - No he podido evitar oír su invitación. Su hija tiene el volumen del teléfono muy alto. -Ríe
escuchando algo que le está diciendo mi madre - De acuerdo, mañana sin falta estaré en su casa, yo
también quiero conocerles. - Se despide de ella y cuelga.
Estira su mano devolviéndome el teléfono y su cara de satisfacción lo dice todo.
-Te habrás quedado a gusto. ¿No?. - Le digo con tonito.
-Mucho - Su ceja está levantada pícaramente, y luce una amplia sonrisa.
-No tienes remedio... - Le digo negando con la cabeza y con los brazos apoyados en mis caderas. -¿A que
hora quiere el señor que venga a por él? - Suelto con sarcasmo.
-A las nueve estaría bien, así me haces una ruta turística por la zona. ¿Te parece bien?.
-Que remedio... - Resoplo fingiendo. A las nueve estaré aquí.
Me acompaña hasta el coche. Nos despedimos con un beso en la mejilla y se queda conmigo hasta que
estoy dentro, y he cerrado la puerta. Se hace a un lado para que salga del aparcamiento y cuando me alejo
lo suficiente, compruebo por el retrovisor que entra en el edificio.
Al llegar a casa, mi madre me está esperando en la puerta. Sé que está ansiosa por saber... pero le cuento lo
mínimo. Que es un buen amigo, y que me ha ayudado y apoyado en mi ruptura con Mario.
Parece que se queda satisfecha, porque minutos después, se despide y se va a la cama.
Los demás ya llevan rato durmiendo. Estos días están siendo agotadores para ellos. Llevan semanas
preparando la competición benéfica que realizan todos los años en nombre del taller.
A la mañana siguiente, me despierto una hora antes y me arreglo para ir a recoger a César. Mientras voy de
camino, mentalmente trazo la ruta turística. Quiero que conozca lo más significativo del lugar. Los
pequeños monumentos. La ermita y las ruinas árabes. Creo que le gustarán.
Cuando casi estoy llegando, puedo verle sentado en los escalones de la entrada del hotel. Se ha puesto
ropa cómoda. Un pantalón de chándal negro con una tira lateral amarilla, una camiseta del mismo color
que la tira y unas zapatillas de deporte. Está escandalosamente atractivo así. Parece más joven.
-Buenos días preciosa - Dice con su agradable sonrisa. Me pasaría la vida mirándole cuando sonríe así. Entra
por la puerta del copiloto y acercándose, me besa en la mejilla.
-Buenos días - Le digo aún con la sensación de su dulce beso en mi cara - ¿Qué tal has dormido?
-Bastante bien, la verdad. La cama es muy cómoda y la gente que trabaja aquí, muy agradable. - Se acaricia
la barriga - La cocinera, me ha obligado a probar varias tartas que ha hecho. - Rio a carcajadas. Conozco a
Rosita y se la obsesión que tiene por que sus inquilinos, queden saciados.
-No te preocupes, con la caminata que pienso darte, rebajarás él empacho.
La mañana pasa volando. Visitamos más lugares de los que tenía previsto. César se muestra entusiasmado
con todo lo que ve, y hace varias fotos de cada sitio al que vamos. Insiste continuamente en que el lugar es
precioso, y que jamás había visto algo así. La verdad es que estamos situados en la misma falda de la
montaña y el paisaje es espectacular.
Llega la hora de ir a comer, y no puedo negar que estoy nerviosa. Mientras nos dirigimos a casa, trato de
disculparme continuamente por lo que sé que va a pasar... El le resta importancia, pero se que mis padres
le harán miles de preguntas y mis hermanos le mirarán con cara de asesinos, como aviso por si se le ocurre hacer algo a su hermanita.
Llamo al timbre con las manos sudorosas y un pequeño nudo en el estómago. Él, en cambio, está tan
tranquilo, parece que ha estado viniendo aquí cada día.
-¡Hola! - Es mi padre quien abre. Me besa en la frente y se dirige a César. - ¿Qué tal, hombre?. Soy José, el
padre de esta preciosa muchacha - Le ofrece la mano.
-Hola José, yo soy César, el amigo de esta preciosa muchacha - Ambos ríen y se dan un apretón.
Mi madre y hermanos también se presentan cuando entramos. De momento la cosa no va a mayores, no
hay malas caras por parte de mis hermanos, y me relajo un poco. Pasamos al salón y la mesa ya está
puesta. Por lo que veo, mi madre se ha ocupado de todo durante la mañana y solo tenemos que sentarnos
a esperar que termine de hacerse la comida. César se sienta a mi lado.
-¿Cómo van los preparativos de la competición? - Les pregunto para sacar tema de conversación.
-De momento todo va yendo según lo previsto - Responde mi hermano David. - Pero ya sabes lo que ocurre
los últimos días... cuando crees que todo va bien, surge algún problema de última hora.
-Oh... vaya que si lo sé... - Le digo - ¿Recuerdas aquel año en el que cayó el diluvio universal y la pista estaba
tan embarrada que casi tenemos que cancelar?. Era una aténtica pista de patinaje - Mi hermano rompe a
reír, atrayendo la atención de César.
-Como para olvidarme - Dice casi llorando de risa - Ese año fue el primero que ganaste la competición, y
cuando saliste del coche, no sabía si eras mi hermana o un puchero de barro. - Todos se parten de risa,
menos César, que me mira con las cejas levantadas y los ojos notablemente abiertos.
-¿Compites en carreras? - Me pregunta sorprendido.
-Competía... - Le digo
-¡Ha ganado varios premios! - Dice mi padre orgulloso, señalando varios trofeos en el mueble de madera.
-Vaya... no dejas de sorprenderme - Dice César observando las copas de metal que le ha señalado mi padre.
-¿Por qué no participas este año? - Dice mi hermano Javier muy convencido.
-Puff, llevo años sin subirme a un coche de carreras... no sé si es buena idea...
-Tienes toda la semana para prepararte - Ahora es mi padre quien habla. César les mira bastante serio.
-Pero... No se hará daño. ¿Verdad? - César está realmente preocupado. Lo noto.
-Nunca hemos tenido problemas graves, y llevamos haciendo esto más de diez años - Vuelve a hablar
Javier. César baja la mirada pensativo pero no dice nada.
-Ven luego a las pistas, hija - Dice mi padre entusiasmado. Me gusta la idea, y acepto sin pensar.
-¡Dé acuerdo!.- César me mira sonriendo, pero su sonrisa, no es como la de esta mañana.
-¡Bien!- Dicen los tres. Mi madre como siempre, prefiere no decir nada y mantenerse al margen, aunque sé
que se preocupa, siempre nos ha dejado disfrutar con lo que nos gusta.
- ¡Que se preparen todos, que la Natalita ha vuelto! -Suelta David, y mi cara se vuelve de color amapola.
-¿Natalita? - Dice César, ahora riendo de verdad. Yo resoplo.
-Sí... se les ocurrió inscribirme con ese nombre en la competición, obviamente sin mi consentimiento, y
desde entonces, me quedé con ese apodo allí. - Digo disgustada y todos ríen a la vez.
Terminamos de comer, y como siempre que guisa mi madre, todo estaba buenísimo. César incluso, le da la
enhorabuena. Echo mucho de menos sus guisos cuando estoy en Madrid.
Parece que todo ha salido a pedir de boca, y no me han hecho pasar el mal rato que creía. Todos se han
comportado y no han hecho de las suyas. Han dado buena conversación a César, y este parece estar
disfrutando.
Ayudamos a recoger la mesa y mientras mis hermanos terminan de traer todo lo que falta, César y yo
fregamos los platos.
-¿De verdad vas a competir? - Dice casi susurrando para que no le oigan.
-¿Por qué no? - Le digo sonriendo para tranquilizarlo. - Lo tuve que dejar por obligación... - Es algo que
realmente me gusta y como todo lo que me gustaba, Mario me hizo alejarme de ello.
-Me preocupa que te hagas daño - Dice mientras da varias vueltas con la esponja en un plato.
-Siempre tengo cuidado y voy muy protegida. - Le digo - Si en algo mis hermanos son cabezones, es en el
tema de la seguridad. Al ser algo benéfico, solo queremos pasarlo bien. - Sus hombros parecen relajarse y
asiente con la cabeza.
-¡Vamos chicos!- Nos apremia mi padre, está emocionado y desde que sabe que voy con él, más aún.

-José... no te alteres demasiado - Le dice mi madre - Que sabes cómo andas últimamente con el corazón y
las arritmias...
-Tranquila mujer, para algo valdrán las pastillas que me han mandado.- César me mira con las cejas
arqueadas y cara interrogante. Sé que cuando estemos solos, me preguntará por la salud de mi padre.
Salimos, mi padre sube a nuestro coche y vamos hasta las pistas. Mientras, mis hermanos van a por la joya
de la casa. El Ford Focus Rally que este año voy a conducir.
Hace un día espléndido, y la verdad, es que tengo ganas de quemar un poco de adrenalina.
Llegamos, y mientras esperamos a que Javier y David vuelvan, César, mi padre, y yo, paseamos por la zona.
Veo que han trocado la posición de algunas curvas, trazado nuevas rectas, y creado varios saltos nuevos. Mi
padre me explica algunos de los cambios, pero tendré que dar varias vueltas para reconocer el circuito, y
saber cómo debería desenvolverme el próximo domingo en la carrera.
Por fin vemos aparecer la grúa con el coche encima. Es de lo más llamativo. Me encanta. Naranja, verde y
azul. Tiene logos en toda la carrocería y un vistoso alerón trasero.
César no parece tan contento de verlo como yo...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:25 pm


Capitulo 21

Mientras mis hermanos bajan el coche y lo preparan, yo doy saltitos de alegría. La emoción recorre mi
cuerpo y no puedo esperar para montar en él.
César en cambio, permanece serio al lado de mi padre. Trata de sonreír cuando le miro, pero ya le conozco
demasiado bien, como para saber que no está contento con la idea.
Javier me ofrece las protecciones. El traje de una pieza y el casco.
-He traído otro juego de protección, por si César quiere subir contigo. - Dice mientras sujeta mi casco, para
que pueda ponerme el traje de poliéster.
-Lo veo difícil - Le digo mientras miro por un segundo a César, está hablando con mi padre pero no me quita
ojo. Continúo preparándome.
Con una sonrisa ladeada, Javier se acerca hasta ellos.
-Toma - Oigo que le dice a César, y pone en sus brazos el equipo. - Estarás más tranquilo si vas con ella. No
correrá. Es solo un paseo de reconocimiento - Le dice.
César me mira con el ceño fruncido pero sin decir ni una palabra, comienza a ponerse la ropa. Estoy segura
que lo hace por compromiso.
-Eres malvado - Le susurro a Javier cuando pasa de nuevo por mi lado. - No le has dado opción. - Ríe y me
guiña un ojo.
Cuando todo está preparado, me dan las llaves y hago un gesto a César para que venga conmigo.
Caminamos hasta el coche y se queda mirándole por unos segundos, indeciso.
-¿Tienes miedo? - Le digo riendo.
-No es miedo la palabra... Más bien, respeto...
-No tienes porqué venir. - Le digo - Mi hermano a veces, presiona más de lo que debería.
-Tú... no corras demasiado - Me dice mientras abre la puerta del copiloto y sube. Yo hago lo mismo.
-No hace falta que te pongas el casco - Le digo - Solo serán dos o tres vueltas lentas. - Pongo mi casco en la
parte trasera, el asiente, y pone el suyo al lado del mío.
Le ayudo a colocarse el arnés, pero dejo que él se lo abroche. El cierre está en la entrepierna y no quiero
incomodarle.
Arranco, y el coche ruge como el demonio. Me encanta.
La adrenalina comienza a correr por mis venas y todo mi vello se pone de punta. Sé que no es una carrera,
pero hace tanto tiempo que no disfrutaba de algo así...
Antes de pisar el acelerador, miro de reojo a César. Tiene los dedos blancos, por la fuerza con la que está
sujetándose al arnés. Su mandíbula está fuertemente apretada y sus cejas fruncidas.
-¡Y allá vamos! - Digo con una sonrisa de oreja a oreja.
Tomo la primera recta para coger algo de velocidad, y pronto llega la primera curva. La inercia hace que
César busque algo en el salpicadero donde agarrarse. Otra recta llega, tomo más velocidad a medida que
me voy familiarizando y entramos en la segunda y la tercera curva.
Siento sus ojos clavados en mí.
-Tranquilo- Le digo mientras hago un pequeño derrape para no salirme de la pista. - Está todo controlado.
-Se supone que no ibas a correr - Me dice respirando fuerte y tratando de agarrarse a cualquier parte.
-¡Pero si apenas estoy pisando el pedal! - Rio a carcajadas.
-¡El domingo, ni loco subo contigo! - Me dice mirando hacia atrás. - ¡Viene otro coche!.
Miro por el retrovisor y a unos cien metros, como bien me ha indicado, veo una cortina de polvo, y un
vehículo que se acerca a gran velocidad.
Cuando está más cerca, descubro que es otro coche de competición.
En el segundo que tarda en adelantarnos, puedo ver de quien se trata. Sonrío ampliamente al ver a Miguel
Ángel sacarnos la lengua cuando nos rebasa.
Han pasado años desde la última vez que lo vi. Perdimos el contacto gracias a Mario. Como siempre.
-¡Ponte el casco! - Grito entusiasmada a César.
-Oh no... no, no, no, no... Para que me bajo. Natalia por favor... - Sabe lo que va a pasar.
-¡Ponte el casco y dame el mío!.- Al ver que no hay marcha atrás, obedece y se lo pone rápidamente. Yo
hago lo mismo.
Piso él acelerador y voy a por Miguel Ángel. Él al ver que ha conseguido picarme como pretendía, comienza
a acelerar y dar volantazos de un lado a otro de la pista para que no lo pueda adelantar.
Llegamos a un salto. Debido a nuestra velocidad, el coche prácticamente despega las ruedas del suelo. La
sacudida pilla de improvisto a César, quien grita por la impresión. El arnés hace su trabajo y no deja que se
mueva del asiento. Está nervioso, pero veo algo en su mirada que me indica que la cosa está cambiando.
-¡Estás loca! - Me grita, pero veo el reflejo de una sonrisa en su boca.
-Estás disfrutando. Lo sé - Le digo mientras giramos violentamente en la siguiente curva. Nuestras ruedas
traseras se deslizan, pero rápidamente me vuelvo a hacer con el control.
-¡Estoy cagado del miedo!. - Está pegado al sillón, y en un segundo puedo ver la fuerza que está haciendo
con sus piernas para no moverse. - A tu hermano no le va a hacer ninguna gracia, limpiar el traje después -
Grita para que le oiga, tiene los ojos cerrados. El sonido del motor es tan fuerte, que tenemos que levantar
la voz si queremos oírnos.
Carcajeo por lo que acaba de decir. - No me hagas reír ahora, que necesito de toda mi concentración -
Entramos en una zona de grava.
-Lo que me-nos pre-ten-do es des-con-cen-trar-te, créeme-e-e-e... - Su voz vibra y se entrecorta debido a las
piedras sueltas del tramo.
Por fin consigo ponerme de manera paralela a Miguel Ángel, quien ríe y me hace señas para que pare. Poco
a poco voy pisando el freno y perdiendo velocidad. Paro el coche y me bajo.
-Vuelvo en un segundo, tengo que saludar a un amigo - Le digo mientras me desabrocho el arnés.
-En cuanto recobre el aliento, y mis piernas vuelva a tener riego sanguíneo, bajo contigo - Me dice.
Le dejo en el coche y corro hasta el de Miguel Ángel.
-¡Hola Natalita! - Me da dos besos y un rápido abrazo.
-¡Hola Miki!- Nos llamamos por nuestros apodos de competición.
-¿Cómo estás? - Me pregunta mirándome cariñosamente a los ojos - Mi padre me dijo que estabas en el
pueblo y supuse que no dejarías pasar la oportunidad de pasarte por aquí.
-Casi supones mal... - Le digo. -No tenía intención de venir, pero me convencieron.
-Pues no sabes cuánto me alegro de que lo hayan conseguido. Te he echado de menos estos años que no
has venido. - Dice con pena.
-Ya... el trabajo no me dejaba mucha libertad... - Bajo la mirada. No puedo mentirle mirándole a los ojos.
Unas manos me sujetan por la cintura, tomándome por sorpresa. Me giro.
-Ya estoy aquí preciosa - Me besa en la coronilla. Le miro confundida, y ahí está otra vez, sonriendo
pícaramente y haciendo lo mismo que la noche anterior en el hotel. Juraría que pretende marcar territorio,
pero desecho la idea rápidamente. Seguro que está jugando. Le encanta torturarme. - Hola, soy César - Le
tiende la mano.
-Hola, yo soy Miguel Ángel, un amigo de la infancia de Natalia.- Ambos se saludan. -Tu debes ser el doctor
del que me habló mi padre. - Le sonríe.
-Vaya, sí que va a ser cierto, que aquí las noticias corren como la pólvora. - Los tres reímos.
Charlamos durante un par de horas, reímos recordando viejas anécdotas de carreras pasadas en las que yo
había participado.
César se sorprende al oír algunas historias sobre mí. Incluso yo me extraño de cómo era entonces. No me
reconozco. Ahora no sería capaz de hacer nada de aquello. Tengo que admitir que, echo de menos mi vida
anterior...
Siempre he sido muy alegre y alocada. He disfrutado muchísimo con todo lo que he hecho, y he tenido
grandes amigos. Me encantaría volver a ser así. Parece increíble, lo que una persona es capaz de hacer con
otra, debido a su odio.
Lo peor ya no eran las palizas, lo peor era el constante maltrato psicológico al que Mario me tenía sometida.
Conseguía reducirte a "nada"... Anulaba mi autoestima y nunca me permitió ser quien soy. Prácticamente
me separó de mi familia y mi vida.
He tenido que alejarme de él, para darme cuenta de lo que estaba haciendo conmigo. Cuando vivía bajo "su mando", estaba tan ciega, como aterrada. Ni siquiera, era capaz de pensar en esto, por miedo a que pudiera escuchar mis pensamientos...

Capitulo 22
Después de toda la tarde en las pistas, preparando cosas para el próximo domingo, se nos hace tarde y
decidimos volver a casa.
Mi madre llama para decir, que ha hecho cena para todos y que lleve de nuevo a César.
Cuando llegamos, todos nos quejamos de la gran cantidad de comida que ha preparado. No podemos
comernos ni la mitad, por lo que aún queda bastante para el día siguiente.
Estoy segura que es una excusa para que César vuelva...
-Pues habrá que terminarse todo esto mañana -Dice mi madre - Sería una pena tener que tirarlo. - Mira a
César.
-Lo sabía. - Digo acusadoramente. Todos reímos, la conocemos demasiado bien. Ayudo a mi madre a
recoger la mesa.
Regaño a César porque quiere volver a fregar los platos, y me niego por sus puntos de sutura. Bastante que
consentí que se quitara la venda en la comida para ayudarme.
Estoy terminando de fregar, cuando se me ocurre una idea. Esta noche le sorprenderé.
Subo a mi habitación y recojo un par de cosas que voy a necesitar...
-Todo ha estado buenísimo señora Pilar. Es usted una excelente cocinera - Le dice César a mi madre
mientras se despiden.
Mi madre le agradece sus palabras y le regala una amplia sonrisa. Está encantada con él.
Subimos en el coche y nos vamos. En vez de seguir la calle que lleva al hotel, tomo la dirección contraria.
-No conozco mucho de la zona... pero creo que por aquí no se va... - Dice César con una sonrisa traviesa en
su cara.
-Te voy a llevar a otro hotel, mucho más lujoso - Le digo
-¿A otro hotel?, pero... no tengo mis cosas. - Ahora me mira extrañado.
-Donde vamos, no te harán falta - Sonrío al ver su cara de confusión.
Tomo un camino de tierra, y me adentro en la zona verde, dirección a la montaña.
-¿Por aquí se va a ese hotel, o... me vas a abandonar en el campo? - Dice César cómicamente. - No contesto.
- ¿Me vas a raptar? - Le miro con una ceja levantada. - Está bien. Ya me callo...- Cruza sus brazos y se
recuesta sobre el respaldo del asiento.
Durante más de quince minutos, conduzco por un pequeño camino lleno de curvas. Es el que lleva
directamente a la cima de la montaña. Todo está oscuro. Las únicas luces que vemos, son las del pueblo
que hemos dejado atrás.
-¡Mira!- Grita César emocionado. -¡Un ciervo!-
El pobre animal, al ser sorprendido por el ruido del motor, corre asustado y se adentra en un pinar.
-¡Mira otro allí! - Le señalo. Está oscuro pero las luces del coche nos permiten verle durante unos segundos.
-Es la época de la berrea - Le digo.
-¿La berrea? - Arquea una ceja.
-Si... es su época de celo. Luchan unos contra otros para conseguir una hembra. - Le explico
-Vaya... interesante. - Me dice.
-Los chicos de capital no sabéis nada de estas cosas, ¿eh...? - Me río. - Bueno... creo que ya hemos llegado. -
Aparco en una explanada casi en la cima. Tomo una mochila que tengo en el asiento trasero y salgo del
coche. Apenas se ve nada. Saco una pequeña linterna del bolsillo y proyecto su luz delante de nosotros.
-Vamos - Tomo su mano.
-¿Vamos a ir por aquí? - Me dice, pero no se niega y camina conmigo.
- Casi hemos llegado - Le digo. -¿Puedes sujetar la linterna y apuntar justo aquí? - Le señalo la zona que
quiero que me ilumine, y hace lo que le digo.
Saco una manta de la mochila y la extiendo en el suelo. Me siento sobre ella y doy palmaditas a mi lado
para que se siente conmigo. Lo hace.
-¿Dónde está ese hotel? - Me pregunta mientras termina de acomodarse.
-Estás en él - Le digo. Apago la linterna y le señalo el cielo. - Bienvenido a mi lujoso hotel de miles de
estrellas.
Mira donde le señalo. Su boca cae abierta. Me mira, y vuelve a mirar el cielo.
-¡Halaaa...! - Dice con los ojos muy abiertos. - ¡Se ven millones de estrellas!.
-En Madrid, es imposible disfrutar de esto, debido a la contaminación - Le digo.
-¿Eso de ahí es la Vía Láctea? - Me pregunta.
-Exacto - Le digo mientras observo su cara de niño entusiasmado.
-Solo la había visto en libros, y documentales.- En su mirada hay sinceridad.
-Pues sigue mirando que ahora viene lo mejor...
-¿Hay algo mejor? - Dice tiernamente.
-Sí, lo hay - Le sonrío - Te traje aquí por esa razón. Hoy es noche de lluvia de estrellas...
-¿Enserio?. ¡Siempre he querido poder ver una! - Levanta la cabeza mirando al cielo, y veo como su mano
toca su cuello. Un pequeño gesto de dolor por su parte, me indica que algo no va bien.
-¿Te duele? - Le pregunto.
-Tengo todavía una pequeña contractura, que me está molestando bastante.
-Déjame ver - Le digo.
Me siento un poco culpable, seguro que con la carrera de hoy, he hecho que empeore su lesión.
Me pongo de rodillas detrás de él. Con mis dedos intento buscar la contractura. Su cuello es ancho, caliente,
y tiene los músculos bien definidos.
Baja sus hombros para darme mejor acceso, y recorro con mis manos toda la zona dolorida. Su respiración
es profunda y relajada, la mía está algo más alterada. Intento hacer caso omiso, a las corrientes eléctricas
que siento en mi cuerpo al tocarle...
Por fin encuentro la pequeña bola de dolor y la masajeo suavemente. Creo que me está gustando más a mi
hacer esto, que a él. Me siento tan bien tocándole...
Cuando creo que he podido aliviarle, vuelvo a sentarme a su lado.
-¿Estás mejor? - Le pregunto con interés.
-No podría ser de otra manera - Me dice cariñosamente.
-Siento lo de hoy. - Le digo apenada - No debería haber dejado que subieras al coche. - La culpabilidad no
me deja tranquila.
-La decisión fue mía - Dice mirándome a los ojos - Y no dudaría en repetir. -Sonríe - Finalmente, conseguiste
que dentro de mi terror a la velocidad, disfrutara.
-¿Le tienes miedo a la velocidad? - Le pregunto.
-Digamos... que tuve malas experiencias de pequeño... - Mira al frente.
Noto que le incomoda el tema. Ato cabos y llego a la conclusión, de que algo muy malo debe haberle
pasado. Nunca habla de su niñez, ni de su familia. Y las palabras de Erika... sacudo mi cabeza tratando de
sacarla de mis pensamientos. Desde que César me aclaró lo que pasó, no quiero volver a saber nada de ella.
Una corriente de aire demasiado fresca, llega hasta nosotros. Por instinto pongo mis manos sobre mis
brazos, tratando de taparme un poco.
-Debí haber cogido una sudadera.- Al ser los últimos días del verano, ya refresca en la montaña.
-¿Tienes frio? - Me dice.
-No todo el rato - Contesto - Ha sido la corriente fría, cuando se vaya, todo estará bien de nuevo.
Sin pensarlo, se levanta de la manta y se sienta detrás de mí, pasando una pierna a cada lado de mi cuerpo.
- Ahora me toca a mí cuidarte - Me dice y pega su pecho contra mi espalda mientras me rodea con sus
brazos. -¿Mejor? - Pone su barbilla sobre mi hombro.
-Si... Infinitamente mejor - Le digo. Mi yo interior está saltando de alegría. No sabía cuánto necesitaba
tenerlo cerca, hasta ese mismo instante.
Justo en ese momento, los dos vemos como una luz, cruza el cielo - ¡Pide un deseo! - Le grito señalándola.
-¡Otra!- Grita él apuntándola con su dedo.
Me giro para ver su cara, y su mirada se clava en la mía. Trago saliva, tengo un gran nudo de sentimientos
acumulados en la garganta. Estamos tan cerca... todo su cuerpo está en contacto con el mío.
Muero por besarle. Su mirada baja hasta mis labios, como si él hubiera pensado lo mismo que yo.
-¿Has pedido el deseo? - Le pregunto con un tono mucho más suave, apenas puedo hablar.
-Natalia... - Susurra mirando mi boca - Lo único que deseo en esta vida, lo tengo ahora mismo, delante de
mí...
-No... no entiendo... - El corazón me golpea fuertemente en el pecho. - Su mirada vuelve a mis ojos.
Pone su mano en mi cuello, y sus dedos se enredan con mi pelo. Sus labios húmedos se entreabren, y
acaban posándose sobre los míos.
Me pierdo en nuestro beso. Mentolado y fresco. Quiero saborear cada rincón de su boca, cada centímetro
de su lengua, y se lo hago saber. Lentamente acabamos tumbados sobre la manta. Él sobre mí.
Su mano está debajo de mi ropa, acariciando mi cintura. Su lengua lamiendo mis labios, y yo
correspondiéndole, y disfrutando de cada segundo que pasamos así.
Mi piel se ha vuelto mucho más sensible, cada caricia suya, me hace estremecer y querer más. Estamos
atravesando el "punto de no retorno", pero no me importa.
Su mano sigue escalando y acaricia mis costillas, uno de sus dedos, se cuela debajo de mi sostén. Gime en
mi boca. Su respiración es fuerte y agitada. Levanta su cabeza para tomar aire y mirarme por unos
segundos.
-Sabes igual que ayer - Me dice con travesura. Y cuando intenta besarme de nuevo, giro la cabeza para que
no lo haga.
-¡Te has estado acordando todo el tiempo! - Le reprimo e intento levantarme. Lo evita aplastándome más con su cuerpo.
-Es lo único, que ni diez botellas de whisky, conseguirían que olvidara.- Vuelve a besarme...
Capitulo 23
César... - Le digo susurrando cuando se aparta de mí. No quiero que pare.
-Chssss - Me dice - Estás temblando de frio, y no voy a permitir que enfermes. Hay que irse.
Se pone en pie y me ofrece su mano. La tomo y me ayuda a levantarme.
Tiene razón. El aire, se ha vuelto más fresco, y no me había dado cuenta. Estoy helada. Al moverme, mis
dientes castañetean.
Decidimos que es el momento de volver a casa.
César, recoge la manta, sacude la tierra y la pone sobre mis hombros. Tengo tanto frio, que no quiero
deshacerme de ella, por lo que le doy las llaves para que conduzca él.
Toma el mando y bajamos al pueblo. Vemos varias estrellas fugaces más por el camino, pero estamos tan
absortos en nuestros pensamientos, que preferimos no decir nada. Solo observamos.
Paso la lengua por mis labios todavía hinchados. Aún siento su sabor. Mi mente comienza a dar vueltas,
pensando en lo que ha pasado allí arriba.
Estoy algo confundida. No sé hasta que punto, esto ha significado algo para él. La primera vez, cuando nos
besamos en su coche, admitió que solo había sido un impulso, que no había significado nada...
Quizás solo sea eso, algo pasajero, algo de una noche, de un rato, o quizás de una semana... Este tipo de
relaciones, nunca me ha gustado. No puedo evitar pensar, en que quizás quiera tener conmigo, lo que tenía
con Erika...
Tengo miedo de que llegue mañana, y descubrir que solo se trata de eso.
-¿Se pasa el frio? - Dice mientras manipula la calefacción, y apunta hacia mí los chorros de aire caliente.
-Sí. Ya me está pesando la manta. - Me la quito y sin doblarla, la tiro sobre los asientos traseros.
Pone su enorme mano derecha sobre las mías. Es tan grande, que prácticamente cubre mis manos por
completo. Siento su agradable calor, y la ya tan familiar corriente eléctrica.
-Aún tienes las tienes heladas - Dice mirándome a los ojos.
-No te preocupes. - Le quito importancia. - Casi siempre las tengo así, haga el tiempo que haga. - Las acerco
más a la calefacción.
Llegamos a casa de mis padres, y como hemos acordado, me deja allí y se lleva mi coche al hotel. Se niega a
que tenga que volver sola, siendo tan tarde.
No quiero despertar a nadie por lo que abro la puerta lentamente para no hacer ruido. Cuando camino por
el pasillo, algo llama mi atención en uno de los sofás del salón. Hay alguien sentado, con las luces
apagadas.
Sin pensarlo demasiado, doy la luz del pasillo y veo de quien se trata.
-¿Ocurre algo papá?- Le digo preocupada.
-No hija, tranquila. Es solo que no me puedo dormir y no quiero despertar a tu madre.
No me inspira confianza su respuesta, sé que algo le pasa y no me quiere preocupar. Doy ahora la luz del
salón para poder verle mejor. Descubro que está algo pálido y sudoroso.
-¿Seguro que estás bien? - Digo mirándole fijamente.
-Sí, sí. En cuanto me tome un vasito de agua, me voy a la cama - Intenta ponerse en pie, pero las piernas le
fallan y tiene que volver a sentarse rápidamente para no caer.
-¿Papá? - Corro hacia él y mis alarmas se disparan. Seguro que esto tiene que ver con su arritmia.
-Tanta cena... debe haberme sentado mal... - Dice tratando de sonreír para quitarle hierro al asunto.
-Voy un segundo al baño - Le digo. Pero es una excusa para que no vea lo que voy a hacer. Sé que además
de alterarse, se negaría en rotundo. Saco mi teléfono del bolso y marco el 112.
-Emergencias. ¿Dígame?
Les cuento lo que ocurre con mi padre. Me preguntan los síntomas y les explico todo lo que he visto. Un par
de segundos después, me comunican que han enviado un médico a nuestro domicilio, y que no debería
tardar más de diez minutos en llegar. Vuelvo al salón con él.
-¿Cómo sigues? - Me siento a su lado.
-Hija... ¿por qué no te vas a la cama?. Esto se me pasará en nada, ya verás. - Sus ojos tienen un contorno
rojo que no me gusta.
-Estaré contigo un rato más - Le digo como si tal cosa, y haciendo la situación lo más natural posible, pongo
mis pies sobre la mesita auxiliar, y enciendo el televisor.
Tras unos minutos, oigo un coche en la puerta, y antes de que llamen, le preparo.
-Papá... va a venir un doctor a echarte un vistazo. Necesito irme a la cama tranquila, si no hago esto, no
podré dormir... - Me mira con los ojos muy abiertos.
Antes de que pueda decir nada, me levanto del sillón y abro la puerta, quiero evitar que toquen el timbre, y
despierten a los demás.
-Buenas noches - Dice el doctor - Vengo a ver al señor José Montero - Le indico donde está sentado.
-Buenas noches, Doctor Pedro - Le dice mi padre con familiaridad, por lo que veo se conocen.
Tras una rigurosa auscultación, un par de pastillas debajo de la lengua, y una inyección, el doctor habla con
nosotros.
-Su frecuencia cardíaca está algo alterada. Por lo que sus arritmias han empeorado. - Mi estómago se
contrae - La medicación que le acabamos de poner, conseguirá que se sienta mejor. Han hecho muy bien en
avisarnos tan pronto. Si llegan a esperar más tiempo, se hubiera podido poner feo el asunto... - Mi padre me
mira - Por el momento, no será necesario derivarle a un hospital. En teoría, debería estar todo controlado,
pero si no mejora o se encuentra peor... no quedará más remedio.
Se despide de nosotros, y antes de salir por la puerta, me da algunas indicaciones más. Es su médico de
cabecera y conoce todo su historial médico. Mañana quiere que lo acerque al centro médico, para volver a
valorarle. Tomo nota mental de todo y quedamos en que si empeora durante la noche, le vuelvo a llamar.
-Tú siempre tan bichito. Como me la has jugado, eh... - Me dice cuando entro de nuevo al salón.
Me siento en el sillón con él, le abrazo y le doy varios besos.
-¿Acaso tu no harías lo mismo por mi? - Le digo tiernamente.
-Todo lo que esté en mi mano, ya lo sabes hija.- Me devuelve los besos. - Pero ni una palabra de esto a tu
madre... - Me dice ahora más serio. - No quiero preocuparla más.- Asiento.
Tras tomarnos un vaso de leche, me asegura que se encuentra mucho mejor. Finalmente, nos despedimos y
nos vamos a la cama. Apenas puedo dormir por la preocupación. De vez en cuando salgo de mi habitación,
y doy varios paseos por la casa, para comprobar que todo esté en orden.
A las siete de la mañana, no aguanto más y decido levantarme oficialmente.
Me preparo un buen tazón de Cola Cao con cereales y media hora después, mis hermanos ya están en pie, y
en la cocina desayunando conmigo.
Les cuento lo ocurrido la noche anterior, y les pido que no lo comenten con mamá. Se les ve preocupados.
Ellos también llevan días notándole apagado. Según cuentan, es una máquina incansable y llena de energía
en el trabajo, y últimamente, se agota demasiado pronto.
Decidimos que es hora de llevarle a un buen cardiólogo, quiera él o no.
La mañana pasa volando recogiendo la casa. No puedo parar de pensar en César. -¿Pensará él de la misma
manera en mí?.- Me digo. No quiero hacerme ilusiones, por lo que rápidamente, desecho la idea de mi
mente. Seguro que solo quiere pasar un buen rato. -¿Quién iba a querer a una persona cómo yo?. - Él, es un
buen médico, con un buen trabajo, y yo, una simple y patética empleada... Y ahora ni eso, desde que hace
unos días, por fin tome la decisión, y llamé al trabajo para despedirme. Fue más duro de lo que creía.
Llevaba allí varios años, y echare de menos a mis compañeros. Pero todo sea, porque Mario no me
encuentre.
El timbre me saca de mis pensamientos. Antes de abrir, podría jugar de quien se trata. Mi cuerpo reacciona
a su presencia aunque no le esté viéndolo. Abro la puerta.
-Hola. - Dice César con media sonrisa en la cara.
Mi corazón se acelera y no sé cómo reaccionar. ¿Le dará importancia a lo que pasó anoche?... ¿Fingirá que
no ocurrió nada?...
La respuesta no se hace esperar. Se acerca a mí, y sin previo aviso, me rodea la cintura con sus brazos y me
besa tiernamente en los labios.
No puedo describir la sensación, pero sé que es la mejor que he sentido en años.
-Hola... - Le digo mirando hacia atrás asustada. Por nada del mundo querría que nos sorprendieran así.
Me aparto rápidamente de él, y entiende lo que quiero evitar. Se ríe y vuelve a tomarme por la cintura. Esta
vez, su beso es más largo y apasionado. Sé que disfruta haciéndome estas cosas. Gruño en su boca e
intento apartarme de nuevo. Cuando por fin lo consigo, le riño.
-¿Estás loco? -Susurro para que no me oigan - ¡Podrían vernos! - Señalo al fondo de la casa. - ¡Están todos
aquí!.
-No puedo evitarlo - Levanta una ceja.- No hay nada que me guste más, que ver cómo te sonrojas - Ríe y
entra en la casa.
Camino detrás de él, resoplando para que me oiga, pero a la vez, tratando de calmar el regocijo que siento
dentro de mí. - Este hombre va a ser mi perdición... - Pienso mientras admiro su hermoso cuerpo
balancearse, con cada uno de sus pasos... - Quizás Laura tenga razón...
Al pensar en Laura, recuerdo que tengo que llamarla para contarla sobre la competición, y mi participación
en ella. Con tantas cosas como tengo en la cabeza, casi se me pasa. Me mataría si se me olvida.
Mientras César saluda a mi familia, aprovecho para hacerlo. Cuando estoy buscando su nombre en lan agenda, me llega un mensaje de texto de un número desconocido. Lo abro:
"DISFRUTA DEL POCO TIEMPO QUE TE QUEDA."...
Capitulo 24
Un horrible escalofrío se apodera de mí. Mis manos tiemblan y trato de mantener la calma. Lo que menos
quiero en este momento, es dar un espectáculo delante de mi familia. Trato de mantener a raya mis crisis
de ansiedad. Respiro profundamente e intento apartar mi mente de lo que acabo de leer. Cuando creo que
lo he conseguido, saco el aire de mis pulmones y levanto la mirada hacia ellos. César me está mirando con
el ceño fruncido mientras mis hermanos le hablan. Creo que se ha dado cuenta de algo. Viene hasta mí.
-¿Todo bien? - Me pregunta.
-Sí, todo bien - Sonrío tratando de esbozar una sonrisa natural.
-Dame tu móvil un momento - Extiende su mano hacia mí.
-¿Para que lo quieres? - El calor vuelve.
-Déjamelo un segundo, quiero comprobar algo.- No me deja otra opción, y se lo doy.
Lo revisa, y sé que lo ha encontrado por la nueva posición de sus cejas. Me lo devuelve mirándome a los
ojos, y sin decir una sola palabra, saca el suyo del bolsillo. Marca un número y sale de la habitación para
hablar con alguien.
Cinco minutos después, vuelve a entrar por la puerta y viene hasta mí de nuevo.
-No va a hacerte daño. ¿De acuerdo? - Dice mientras sujeta mi barbilla para que lo mire.
-De acuerdo - Le respondo.
Miro hacia el grupo por un segundo, y Javier está mirándonos con una sonrisa de oreja a oreja y un brillo
pícaro en su mirada. Me sonrojo y trato de apartarme de la mano de César. Pero ya es tarde. Ha visto ese
gesto íntimo entre nosotros, y ya no habrá forma de hacerle creer lo contrario a lo que sea que esté
pensando.
-Voy a salir con mi padre a las doce y media.- Le digo a César entre dientes, para que no nos oiga mi madreTenemos
cita con el Doctor Pedro
-¿Se encuentra peor tu padre? - Me pregunta preocupado.
-Anoche me dio un susto - Le narro lo ocurrido unas horas antes.
-¿Por qué no me llamaste? - Me riñe.
-Bueno... eres traumatólogo - Le digo encogiéndome de hombros. -Creo que lo tuyo son los huesos... y no
quería preocuparte.
-También soy médico internista. - Dice con el ceño fruncido. - Es solo que tomé la plaza de traumatología
para cambiar un poco.
-Oh vaya... - Digo asombrada. - Lo tendré en cuenta...
-¿Qué decís de médico?- Dice mi madre desde el otro lado del salón. No se la escapa nada. Mis hermanos y
mi padre nos miran preocupados de que hayamos roto nuestro pacto de silencio.
-Vaya... le habéis hecho mil preguntas, y se os ha olvidado la más importante - Digo riendo y tratando de
salir al paso.
-¿La más importante? - Dice mi hermano David intrigado.
-Sí. - Respondo - No le habéis preguntado por su oficio. -Me rio y todos le miran.
¿Cuál es tu oficio, hijo? - Pregunta ahora curioso mi padre.
-Te estás pasando - Me dice César con una ceja arqueada y sonriendo.
Todo sea por una buena causa - Le susurro - ¡Es médico! - Digo ahora mucho más alto y orgullosa. Todos
quedan sorprendidos.
Sé que en los pueblos, es un puesto de lo más valorado. Quien tiene un amigo doctor, presume de ello
continuamente.
-¡Me cagüen la leche! - Dice mi padre fascinado. -Que callado te lo tenías, granuja.- Todos reímos.
Durante el camino al centro de salud, mi padre va contándole todas sus dolencias a César. Le habla de su
lumbago... su dolor en una rodilla... Su codo... la tensión de su cuello, los pinchazos que siente en el dedo
gordo del pie... Empiezo a arrepentirme de habérselo contado. César en cambio, parece encantando y le
presta atención a todo. Le ofrece un chequeo completo en Madrid, y mi padre acepta sin dudar.
Por fin nos nombran y entramos a la consulta. César y el Doctor Pedro, hablan durante un rato de la
cardiopatía de mí padre. Ambos le auscultan y analizan un electro que le acaban de hacer. Mi padre y yo
miramos sin entender ni una sola palabra de lo que hablan. No puedo negar, que ver a César ejerciendo, e
interactuar, me está gustando demasiado, y creo que a mi padre también, por el brillo que veo en sus ojos.
Finalmente, coinciden en que parece que la arritmia está bastante regulada, y por el momento, creen que
no hay riesgo, pero nos aconsejan ir al especialista.
Por fin llegamos a casa y hay un coche que creo reconocer aparcado en la puerta. Me sorprendo al ver que
es Alex.
Mientras mi padre entra en casa, nos acercamos a saludarle.
-Buenos días señorita Natalia - Me dice con su agradable sonrisa.
-Hola Alex, ¿Cómo tu por aquí?- Le pregunto sorprendida, pero antes de que responda contesta César.
-Le he llamado yo. - Dice con decisión. - Alex estará con nosotros durante unos días.- Me mira fijamente a
los ojos - Recuerda lo que dijo el agente respecto a nuestra seguridad. El será el encargado.
-¿Crees que ya sabe dónde estamos? - Le pregunto cabizbaja.
-No lo sé, Natalia. Pero ante la duda, toda protección es poca. - Alex asiente a su afirmación.
-No quiero preocupar a mis padres...
-Ya lo has oído. Discreción total.- Dice César a Alex, y me tranquiliza.
-No notaréis que estoy por aquí. - Responde Alex.
Tras unos minutos más hablando con César, sobre como llevará la situación, se despide de nosotros y se
marcha. Me quedo pensativa. Mil imágenes desagradables vienen a mi mente.
-¿Dónde te apetece ir? - Dice sonriendo y distrayéndome de mis pensamientos.
-No lo sé... creo que... - No termino la frase porque nos interrumpe su teléfono.
-¿Si? - Responde. - Sí, soy yo. - No sé que le están diciendo al otro lado de la línea, pero su cara cambia
radicalmente. - No... - Dice tocando su pelo nervioso.- ¿Cuándo ha sido?- Escucha con atención lo que le
dicen mientras camina de un lado a otro de la calle -¿Ella cómo está? - Frunce el ceño. Me empiezo a
preocupar. - Dígame hospital y habitación. - Otro silencio mientras escucha - En un par de horas estoy allí.-
Responde tajante y cuelga. - Tengo que irme ahora mismo - Mira nervioso por todas partes y veo latir la
vena de su cuello rápidamente.
-¿Ocurre algo? - Le pregunto preocupada.
-Tengo que irme - Vuelve a decir con la mirada perdida. Marca un teléfono y rápidamente se a quien está
llamando. -Alex, ven a por mí, tenemos que salir para Madrid. ¡Ya!.- Cuelga y me sujeta por los hombros
mientras me mira fijamente a los ojos. Su mirada está muy oscura, me asusta. Veo sufrimiento en ella. -
Necesito que en cuanto me vaya, te metas en casa, hasta que vuelva Alex. ¿De acuerdo?.
-¿Pero... que ha ocurrido? - Me empiezo a asustar. No responde.
-¡Prométemelo! - Vuelve a insistir.
-No. Me voy contigo - Le digo
-No. Tienes que quedarte aquí - Dice tajante, mientras vuelve a meter los dedos entre los mechones de su
pelo.- Esto es algo solo mío - Ya no me atrevo a seguir insistiendo y asiento.
-De acuerdo... - Está bastante alterado. Necesito saber que ocurre, pero parece que no piensa darme
ninguna explicación.
-Si todo va bien, en un par de días estaré aquí contigo - Intenta tranquilizarme, pero no ayuda.
-César, estoy preocupada - Le digo.
-Te llamo en cuanto pueda - Me dice mientras se aparta para que pase Alex que acaba de llegar.
-César... - Le digo impotente. Se acerca a mí antes de subir al coche, y me deja un fuerte beso en la frente.
Noto temblor en sus manos cuando sujeta mi cara.
-Te llamaré - Me dice, y un minuto después, veo como se alejan...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:27 pm



CAPITULO 33
Estoy atrapada entre el colchón y él, es tan grande, que casi me cubre por completo. Me gusta esa sensación. Sigue
besándome, cada vez más profundamente. Nuestras lenguas danzan juntas, se acarician, se envuelven...
Nuestras bocas están mojadas, suaves, carnosas y se deslizan fácilmente.
Mi cuerpo comienza a aumentar varios grados, necesito más de él. Muerdo sus labios intentando atrapar su sabor.
Gime en mi boca, y sus brazos me rodean con más fuerza...
­Natalia.... ­ Susurra en medio de nuestro húmedo beso. Su aliento roza mi cara y mi cuerpo se enciende aún más. ­
He prometido esperarte...
Un gemido es mi respuesta, mientras rodeo su cuello con mis brazos, y le atraigo de nuevo hacia mí. Necesito seguir
bebiendo de él.
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­Cariño... ­ Otra vez esa palabra que tanto me hace sentir. Una de sus manos sujeta mi muslo ­ Es verdaderamente
difícil contenerse así... ­ Besa mi cuello.
Su moldeado torso está haciendo presión sobre el mío. Siento sus duros músculos moverse sobre mis pechos. Solo
nos separa, la fina tela de algodón que llevo puesta. Al no llevar sostén, la sensación es increíblemente mayor.
Lame lentamente el lóbulo de mi oreja, baja de nuevo por mi cuello, y se recrea en mi clavícula. Deslizo una de mis
manos por su nuca y atrapo su cabello, la otra acaba en su espalda. Otro gemido, esta vez en mi oído, casi consigue
hacerme perder el control.
­César... ­ Le digo tratando de calmarme.
Deja de besar mi hombro para mirarme.
­¿Estás bien?­ Sus labios están rojos e hinchados, tiene el cabello despeinado, y sus mejillas sonrosadas. Esa
imagen es mi perdición... Comienzo a dejarme llevar. Mi cerebro ha pasado a ser algo secundario.
Sus manos están ahora en mi cintura, acariciándome debajo de la ropa. Sus caricias me enloquecen. Pasea sus
dedos por mi costado, erizando mi vello a su paso. Nota mi reacción. Su respiración se acelera y presiona sus
caderas contra mí, buscando algún tipo de alivio. Siento la dureza de su miembro contra mi cuerpo, y mis pechos no
tardan en reaccionar endureciéndose.
­Natalia... ­Gruñe tratando de encontrar algo de voluntad ­ Necesito que estés preparada para esto. ­ Mira mis pechos,
sé que se ha dado cuenta. Humedece sus labios. ­ No quiero que hagas nada de lo que luego te arrepientas... ­ Habla
con dificultad.
­Quiero llegar hasta el final ­ Estoy perdida en una nube de lujuria. Busco su boca de nuevo.
­No piensas con claridad ­ Sujeta mis manos contra el colchón. ­Escúchame ­ Dice y por fin consigue mi atención ­
Necesito estar seguro de que esto es lo que quieres. Por nada del mundo voy poner en riesgo lo que tengo contigo.
Esa frase es la que necesitaba oír para terminar de convencerme. Es capaz de contenerse en una situación como
esta, solo por respetarme y no faltar a su palabra.
­César... ­ Mira fijamente a mis ojos ­ Estoy preparada... y protegida. Tomo la píldora para regular mis periodos.
Sus pupilas se dilatan y su respiración se acelera. Noto nerviosismo en su cuerpo.
­Dios mío... ­ Susurra. Durante unos segundos, se queda inmóvil.
Juraría que no esperaba esa respuesta. Traga saliva y vuelvo a notar bajar su mirada, mis extremos se marcan a
través de la camiseta. Lentamente, me cubre con su cuerpo. Siento su mano caliente en mi cintura de nuevo. Me
besa, ahora con más delicadeza. La desliza sobre mis costillas, pero esta vez no para ahí. Sus dedos siguen trazando
un camino, hasta encontrarse con uno de mis senos. Lo acaricia delicadamente, noto como su excitación aumenta,
haciendo que la mía le siga.
Un pequeño roce llega hasta mi pezón endurecido, gimo inesperadamente. Se mueve inquieto y vuelve a hacerlo. Las
pequeñas descargas eléctricas que siento, consiguen provocarme un enorme placer. Esto es nuevo para mí.
Sus manos se mueven otra vez, ahora hacia abajo, dejándome con una sensación de vacío. Quiero más caricias así.
Dos de sus dedos, atrapan la goma de mi pantalón y tiran lentamente de él. A medida que mi piel va quedando libre,
descubre que no llevo ropa interior.
­Oh Dios... ­ Vuelve a susurrar. Se altera y tira del pantalón más rápidamente.
Cuanto termina de quitarme la prenda. Su respiración es rápida. Levanta el doble de mi camiseta, mientras pone sus
labios sobre mi ombligo. Va dejando una hilera de besos a medida que la sube para quitármela. Mi cuerpo se arquea.
­Tranquila cariño... ­ Me dice mientras termina de desnudarme.
Se echa sobre mí. Piel con piel. Siento su calor llegar hasta en mis huesos. La excitación es máxima ahora. Abro mis
piernas lentamente y él queda en medio de ellas.
Todavía tiene su toalla puesta. Busco con mis manos el doble, y con habilidad se la quito de un pequeño tirón. No
tarda en caer al suelo. Mi cuerpo comienza a temblar.
­Estoy nerviosa­ Susurro antes de que lo note.
Sonríe tiernamente, sujeta con sus manos mi cara y me besa. Comienza a moverse muy lento, presionando su
masculinidad contra mi hendidura. Sé que está provocándome, quiere prepararme, y la humedad entre mis piernas, no
tarda en acudir a su llamada.
­¿Lista? ­ Su voz es suave y su mirada intensa.
Estoy tan excitada que apenas puedo hablar,. Simplemente asiento, sujetando mi labio inferior con los dientes.
La presión no tarda en llegar, y muy despacio, se va abriendo paso a través de mí. Puedo sentir cada centímetro de
su cuerpo invadiéndome. Su mirada es atenta, observa todos y cada uno de mis gestos. Hago una mueca de dolor, su
tamaño es mayor del que esperaba. Para durante unos instantes, dejando que me amolde a él.
­¿Te hago daño? ­ Niego con la cabeza mientras cierro los ojos. No quiero que pare.
Lentamente vuelve a presionarse contra mí, y esta vez no para, hasta que se ha sumergido por completo entre mis
piernas. Lame mi boca, buscando mi atención y rápidamente la obtiene. Mi lengua busca la suya, mientras su cuerpo
comienza a mecerse despacio encima de mí. . El placer está llegando.
Danzamos juntos, fundiéndonos en uno. Ardemos... La velocidad aumenta, y con ella, la pasión que nos consume. Mi
cuerpo se curva con cada una de sus embestidas, el placer me arropa y gemidos involuntarios salen de mi garganta.
Sus manos pasan por detrás de mi cintura y me abrazan con fuerza, provocando que su penetración, sea mucho más
profunda. Siento que levito y por un segundo, me parece estar fuera de mi cuerpo. El clímax me atrapa,
provocándome una inesperada convulsión. Mis músculos interiores se contraen fuertemente, atrapando a César... y
arrastrándolo conmigo.
Oigo sus gruñidos y gemidos lejos. Pero sé que me está acompañando, en este maravilloso viaje.
Cae sobre mí. Su respiración es sofocada. Todavía no puedo abrir mis ojos, debido a que mi vista está desenfocada.
Ha sido demasiado intenso.
­¿Cómo te sientes? ­ Dice entre jadeos, tratando de recobrar el aire que le falta.
­Mejor que bien ­ Mi voz suena agotada también. Le oigo reír, y me besa repetidas veces en la mandíbula.
­Ha sido increíble ­ Dice en mi oído entre beso y beso.
Por fin puedo ver su cara. Parece un ángel... MI ANGEL. Sus labios están marcados, y sus ojos más azules que
nunca. Juraría que son pedazos de cielo. Varios mechones de cabello, le caen húmedos por su frente, y tiene una
expresión relajada. Ya no hay duda. Estoy enamorada hasta la médula de este hombre.
Con habilidad, se coloca a un lateral de la cama. Señala su pecho para que ponga mi cabeza en él, y cuando lo hago,
me rodea con sus brazos. Siento protección al instante, sé que no dejará que me ocurra nada. Estoy en el lugar más seguro de la tierra. Cierro mis ojos para disfrutar más del momento, pero estoy tan agotada, que caigo dormida...


Capitulo 34
César:
Natalia respira tranquila. Acaba de quedarse dormida sobre mí. Su cabello desprende un aroma que me
vuelve loco, me pasaría una vida entera besando su cabeza. Aún no me creo que esté aquí conmigo.
Desde el primer día que la vi, sentí la enorme necesidad de protegerla. Algo en mi interior dio un giro de
ciento ochenta grados, golpeando todas mis barreras, cuando nuestras miradas se cruzaron la primera vez.
Es tan delicada como un pétalo de rosa, pero poco a poco, voy descubriendo, que tiene la energía y
vitalidad de una manada de caballos. Ha estado contenida durante años por ese mal nacido, y ahora, está
volviendo a ser ella misma, la que debería haber sido siempre... Nadie tiene derecho a cohibir a otra
persona de esa manera.
Definitivamente, estoy volviéndome loco por Natalia. Lo que sentí hoy al unirme a ella, lo confirma. Me he
acostado con varias mujeres a lo largo de mi vida, pero es la primera vez, que lo hago con un sentimiento de
por medio... y ha sido lo más increíble que me ha pasado jamás. Su cuerpo agitado debajo del mío...
entregándose por completo a mí en un acto tan íntimo. Sin miedo... sin pensar en otra cosa que no sea en
nosotros mismos...
Saber que estaba provocando en ella un intenso clímax... hizo que perdiera la razón, y con ella toda la
concentración que tanto esfuerzo me estaba costando reunir, haciéndo imposible que pudiera sujetarme
más. Era una escena tan erótica...
Recordarlo eriza todo mi vello corporal. Quiero repetirlo de nuevo. A la mierda mis antiguas ideas sobre el
amor. Esto, realmente existe, y casi puedo tocarlo con la punta de mis dedos. Vuelvo a besar tiernamente su
pequeña cabeza para no despertarla.
Día a día, estoy viendo renacer su personalidad. Por fin sale de ese cascarón en el que estaba metida. Solo
necesitaba un poco de ayuda para apartarse de él. Es increíble, lo que una persona tóxica, es capaz de
hacer con la vida de otra.
Ojalá hubiera podido hacer algo así por las dos personas a quien más amé... Una lágrima cae por el rabillo
de mi ojo. Jamás lloro, solo cuando pienso en ello.
No puedo dejar de culparme por lo que pasó. Si tan solo hubiera tenido un poco más de valentía... Si
hubiera buscado ayuda cuando todo comenzó... Era solo un niño, pero seguro que alguien me hubiera
escuchado...
No puedo evitar encontrar similitudes entre ellas. Quizás fue eso, lo que hizo que me fijara en Natalia el día
que llegó inconsciente al hospital, y yo estaba de guardia. Durante días, no pude parar de darle vueltas a mi
cabeza. Me desperté en varias ocasiones por culpa de las pesadillas, y los fantasmas del pasado parecían
querer volver.
Sacudo mi cabeza, tratando de borrar esas horribles imágenes.
La segunda vez que nos vimos, recuerdo como defendía a ese malnacido en mi consulta, sintiéndose
responsable por él, y queriendo convencerme de que merecía esos golpes. Por su torpeza, decía. La rabia se
disparó por mis venas aquél día, pero entendí, que en ese momento, no tenía personalidad ninguna.
Natalia era todo lo que él decía. El muy cabrón, la manejaba como si fuera un pequeño muñeco de trapo.
Todavía veo como influencia en su mente. He conseguido que se aparte de él físicamente, pero
emocionalmente sigue ahí. Tiene grabado a fuego en su cerebro, todo lo que él, la ha hecho creer durante
estos años. Sé que me llevará tiempo ayudarla a curar sus heridas, y que aun así, quedarán cicatrices, pero
no me importa, tengo todo el del mundo para ella.
Vuelvo a mirarla, estoy bastante cansado, pero lo último que quiero es dormirme. Por nada del mundo,
quiero perderme un solo minuto de tenerla tan cerca de mí.
¿Y si cuando despierte... prefiere olvidar lo que ha pasado entre nosotros? ¿Y si tiene miedo de seguir, y
quiere apartarme?. ¿Se arrepentirá?. El miedo de que algo así pueda ocurrir, hace que me tense, y ella
parece notarlo. Se mueve, pero finalmente, se acomoda mejor sobre mí. Sigue durmiendo y respiro
tranquilo.
Mis párpados cada vez pesan más, trato de mantenerme despierto, pero el sueño me gana la batalla...
Siento un cosquilleo sobre mi cara. Paso la mano para calmarlo y parece que funciona. Sigo durmiendo.
Otra vez ese maldito cosquilleo. Seguro que hay una mosca por aquí. Por tercera vez, se posa en el mismo
lugar. Abro mis ojos algo molesto, y la veo. No es un insecto. Mi corazón se para casi al instante por la
emoción. Todos los recuerdos de unas horas antes, se agrupan en mi mente. Es Natalia con su preciosa
sonrisa, está jugando con su cabello sobre mí.
-Hola cariño - La abrazo con fuerza obligándola a pegarse contra mi pecho. Protesta, pero no me importa.
No se ha ido, no está disgustada... aún sigue conmigo.
-Hola - Dice tímidamente cuando la suelto. Sus mejillas están coloreadas. Sé que siente algo de vergüenza.
-¿Has dormido bien? - Pregunto interesado. Son casi las ocho de la tarde.
-Muy bien, eres buena almohada - Dice sonriendo.
-Tenemos que ir a recoger varias cosas donde tus padres - No quiero moverme de allí, pero las obligaciones
están para cumplirlas. -Pasaremos antes por el restaurante, tengo hambre... -Digo sincero, finalmente no
comimos nada, y mi estómago ruge.
-Sí, yo también tengo hambre.- No hay más que hablar.
Beso dulcemente sus labios y entro a la ducha. Natalia mientras, recoge un poco la habitación, y cuando
ella entra al baño después, yo aprovecho para bajar a por algo al restaurante. El asado frio no es nada
apetecible.
Esta vez traigo unas porciones de pizza casera y unos refrescos. Comemos con gusto, además de que están
buenísimas, no hay mejor salsa que "el hambre".
Cuando salimos, es mi coche, y no el de Alex, él que está en la puerta. Se ha encargado de llevarlo hasta allí.
Con el susto del circuito, lo dejé abandonado en las pistas.
Alex, es la persona más servicial y discreta que conozco. Le contrate hace cinco años. Nunca tuve
problemas económicos, y me lo podía permitir. Pero entonces, sí tenía problemas emocionales. Estaba
pasando por una mala época, como tantas otras... (Desde crío, siempre he tenido altibajos). En esta en
cuestión, me dio por beber para olvidar, y necesitaba que alguien se asegurara de llevarme a casa.
Básicamente, Alex hacía de mi niñero. Desde entonces, además de ser mi empleado, somos buenos amigos.
Él sabe toda mi historia y hemos hablado varias veces sobre ello. Es una persona muy inteligente, y sé que
todo lo que pueda decirme, es por mi bien.
Subimos al coche y le mando un mensaje:
"Alex. Vamos a casa de Natalia a por algunas cosas que necesitamos."
Segundos después recibo respuesta:
"En tres minutos me tenéis detrás"
Desde que está pasando esto con Mario, además cuida de nosotros.
Guardo el móvil en mi bolsillo y me giro para verla. Natalia me está mirando. Sigue sonriente. Sé que es
buena señal, me hace feliz verla así. Presiono el botón del reproductor del coche y busco entre las más de
tres mil canciones que tengo. Me decido por un tema de Black Tide: "Warriors Of Time". Cuando suenan las
baterías, Natalia me mira con los ojos muy abiertos. Y en cuanto salta la voz...
-¡Oh oh oh ooooh, Oh oh ooooh. Oh oh oooohoh! - Coreamos al mismo tiempo.
La miro con sorpresa, es increíble. Es mi canción favorita y ella la conoce. No suele ser música habitual
entre chicas. Pero definitivamente, Natalia no es cualquier chica.
- Somos los únicos, somos los guerreros. Nosotros somos los que luchan por nuestro derecho - Seguimos
cantando. Me Vuelve Loco Feliz Verla. Vamos Durante Todo el camino, simulando Que Tocamos guitarras
eléctricas y riendo.
Llegamos hasta la puerta de sus padres, y por el retrovisor, puedo ver a Alex. Ha parado unos metros más
atrás que nosotros. Caminamos por la acera, y antes de llegar a la entrada...
-¡César! - Alex llama mi atención. Me giro hacia él. - ¡Espera!. No entréis.- Corre hasta nosotros.
Miro hacia la casa, y veo que tres de las ventanas están rotas...
Capitulo 35
Natalia:
-Entrad en el coche hasta que salga - Dice Alex seriamente.
-Sube al coche y ponle el seguro, Natalia - Dice César al instante - Voy contigo Alex, espera.
-Tú te quedas aquí. - Ordena Alex - Meteos los dos ahora mismo en el coche. ¡Hasta que yo os diga!. - Grita
nervioso.
Nunca había visto hablar a Alex de ese modo con César.
-Voy a entrar contigo - Replica César.
-Esto no es un juego. ¿De acuerdo?. -Cada vez está más cabreado - Ahora entra en el maldito coche hasta
que yo te diga lo contrario.
No hay más que hablar, con ese tono autoritario con el que se ha dirigido a nosotros, sabemos que la cosa
es seria... y obedecemos. Veo como Alex, levanta su chaqueta y algo brilla en su cadera. Es una pistola.
Entra en la casa.
César pone el seguro y el vehículo queda bloqueado.
-¿Estás bien? - Me pregunta.
-Sí... solo un poco preocupada por Alex. - Le digo sincera. Mis manos están empezando a sudar.
-¿Crees que esto pueda ser obra de Mario?. ¿Has tenido noticias suyas en los últimos días, mientras yo no
estaba? - Ha llegado el momento... Ya no puedo ocultarlo más.
-La otra noche... cuando corría por el callejón. Alguien me perseguía...
-¿¡Cómo!? - Sus ojos se abren mientras me mira sorprendido.
-Alguien estaba corriendo detrás de mí, cuando tú llegaste... - Bajo la mirada. - Por eso grité, pensé que era
él quien me sujetaba en ese momento...
-¡Maldita sea Natalia! - Su expresión y gestos son de enfado. - ¿Me estás diciendo que... el muy cabrón,
estuvo a punto de atraparte, y que no me lo has dicho hasta ahora?
-Yo... no quería preocuparte...
-¿Sabías que estaba aquí, y no se te ha ocurrido avisarnos? - Alza sus manos y golpea fuertemente el volante
con su mirada fija en mí. Me asusto.
-No estoy segura de que fuera él... Solo vi una silueta... No quería que pensaras que era una imprudente por
haberme apartado del grupo... y...
-¡Una imprudente has sido al no contarlo!. -Sus pupilas están dilatadas - ¡Sabías que estaba aquí, y no nos
has avisado!. - Otro fuerte golpe en el volante hace que me sobresalte. - ¡Podríamos haberlo acorralado allí
mismo! - Grita de nuevo acercándose a mí furioso y con las manos en alto. - Cubro mi rostro en un acto
reflejo.
-¡No César!. ¡Lo siento...! - Cierro fuertemente los ojos, y cuando espero un duro golpe sobre mí... unos
grandes brazos me rodean.
-Natalia... - Su boca está cerca de mi oído. - Vamos, tranquila cariño. No voy a hacerte daño. Lo siento. -Besa
mi cabeza - Siento haberme puesto así...
Poco a poco voy saliendo de mi postura de protección. Levanto la mirada y sus ojos están rojos. Veo tristeza
en su expresión y arrepentimiento.
-Yo... yo soy así... - Le digo, estoy empezando a agobiarme. - Yo... no tengo idea de como hacer las cosas...
¿Ahora lo entiendes? - Me mira sorprendido - Soy torpe, sobre todo mentalmente. No se me ocurren estas
cosas como a vosotros. No pienso en ello.
-No digas eso Natalia. - Tiene sus cejas fruncidas.
-Sí César, tienes que saberlo. Por mucho que odie a Mario, él tiene razón. -Digo sinceramente. Intenta
interrumpirme, pero no le dejo. - Cuando creo que estoy haciendo algo bien, resulta todo lo contrario. - Miro
al vacío - Mi intención era no preocuparte. Estaba asustada, e incluso llegué a pensar, que hubiera sido
producto de mi imaginación... Cuando volví a mirar, ya ni siquiera estaba.
-Está bien... -Suspira- No le demos más vueltas, pero por favor... No me ocultes nada de esto. Son pistas
muy importantes a la hora de poder dar con él. ¿De acuerdo?. - Asiento.
Ahora es él quien mira a la nada, en silencio. Me gustaría saber que está pensando, aunque creo saberlo.
Seguro que se está arrepintiendo de lo que ha pasado esta tarde entre nosotros. Se está dando cuenta de
que no soy como creía... Pronto pondrá algún tipo de excusa absurda, y desaparecerá de mi vida... Nadie
quiere estar con alguien como yo. Es algo que tengo asimilado desde hace tiempo. El único que me
aguantaba era Mario, y terminé por desquiciarle... Mi destino está claro. Acabaré mis días sola.
Alex viene hacia nosotros. César desbloquea el coche y abre la puerta.
-No hay nadie en la casa. He revisado todas las habitaciones y están limpias. Si necesitáis entrar, es el
momento. - Dice seriamente - Por lo que he podido comprobar, todo el destrozo ha sido desde fuera. Han
lanzado piedras para romper los cristales. Incluso puede deberse a una chiquillada.
-De acuerdo - Dice César. - Aunque creo que está lejos la opción de la chiquillada. Luego hablamos. - Alex le
mira extrañado.
Ahora Alex, también sabrá lo tonta que soy...
Entramos en la casa, y todo parece estar en orden, hay varias piedras en el suelo del salón, con las que
deben de haber roto las ventanas. Algo debajo de la mesa auxiliar, llama mi atención.
Camino hasta allí, mientras César y Alex me miran atentos. Me agacho y con una de mis manos palpo para
dar con ello. Por fin lo atrapo entre mis dedos y lo alzo para verlo.
Es una bola pesada. Veo que es otra piedra, pero esta, está cubierta de papeles arrugados. Vienen hasta mí
curiosos, también quieren saber de que se trata. Comienzo a retirar los papeles y descubro que son fotos.
Fotos mías con Mario. Las aplano para verlas mejor y en todas hay algo escrito. La primera, es de cuando
todavía estábamos en la universidad. Con letras rojas sobre mi rostro pone "PUTA". Mis pelos se erizan. La
siguiente foto, está quemada, solo en la zona donde debería ir mi cara. Otra más, celebrando juntos las
Navidades de hace dos años. "ODIO" también en letras rojas sobre mi rostro. La siguiente me asusta...
Somos César y yo... llegando a casa de mis padres, el día de la lluvia de estrellas. Hay algo escrito en esta
también, pero esta vez, ocupa toda la foto. "TIRATELA AHORA QUE PUEDES, PRONTO ESTARÁS
LLORÁNDOLA."
César se tensa y puedo ver como palpita la vena de su cuello. Alex también está algo nervioso. Voy a hablar,
pero de pronto... un gran ruido nos sobresalta a los tres. No me da tiempo a pensar, cuando César,
literalmente me empotra contra la pared, y me cubre con su cuerpo. Tras unos segundos en los que no
ocurre nada, poco a poco va apartándose de mí. Puedo ver que Alex, ha sacado su pistola.
-¡Maldito gato! - Grita mientras guarda su arma de nuevo.
Miro a mi alrededor, y descubro a Zeus, el gato de la vecina. De un salto, ha intentado subir por las cortinas,
y las ha tirado al suelo, arrancando incluso las barras clavadas en la pared. Debe de haber entrado por
alguna de las ventanas rotas, y no ha sido capaz de salir después. Tratamos lentamente de recobrar el
aliento, cuando César habla.
-Alex, ¿Crees que podrías hacerte cargo de todos estos destrozos, antes de que venga la familia de Natalia?.
No me gustaría preocuparles más. Bastante tienen ya...
-Claro, no habrá problema - Asegura Alex. - Ya es prácticamente de noche, me quedaré aquí para evitar que
algún ladrón entre, y por la mañana, buscaré a las personas indicadas.
-¿Te parece bien Natalia? - Me pregunta César. - La casa es de tus padres, tú mandas.
-Sí, no tengo problema. Después pásame la factura y ya está. - César sonríe, y sé que me costará pelear por
ella.
-Hoy tendrás que dormir en el hotel conmigo. - Sonríe pícaramente levantando las cejas. Mi cara se
convierte en lava volcánica. Miro a Alex, y está sonriendo también. Menudo par de cabrones están hechos...
Recogemos todo lo necesario para llevar al hospital. Aún faltan varias horas, por lo que una vez que está
todo preparado, decidimos volver al hotel. Ya no tenemos tranquilidad para salir por el pueblo, sabiendo
que Mario está por aquí.
Mi teléfono suena.
-¿Si? - Respondo.
-Hola Natalia. Soy Andrea, la chica del piso que alquilaste hace más o menos quince días... No sé si
recuerdas que quedamos para hoy y... - Mierda, se me había olvidado.
-Em... sí. Hola Andrea. - No la dejo continuar - Sí, si perdona. Ha surgido un problema familiar bastante
importante y no he podido ir... pero mañana por la tarde espero poder estar allí. - Quiero ver a mi padre
antes de volver a Madrid.
-Oh, de acuerdo. Espero que no sea nada... Nos vemos mañana entonces.- Nos despedimos y cuelgo.
César me mira extrañado. Debo recordar bajar el volumen del teléfono. Todo se oye cuando hablo con
alguien.
-Hace unos días, alquile un piso... - Trato de explicarle - Antes de que pasara lo de Erika... creo que ya abusé
demasiado de tu confianza...
-Llámala de nuevo y anúlalo. Es simple. - Me dice.
-No puedo hacer eso... ya pagué el mes por adelantado y la fianza.
-Mañana iremos a hablar con ella. Sabes de sobra que ahora no puedes estar sola.
-¡Dios! - Digo agotada de esta situación. - ¡Estoy peor ahora que cuando estaba con él!. Al menos antes
podía salir a la calle y hacer una vida más o menos normal... - Su expresión me confirma que no le gusta lo
que acabo de decir.
-¿Estás insinuando que prefieres las palizas y los insultos? - Sus manos están cerradas fuertemente.
-¡Estoy insinuando que ahora no tengo ninguna libertad!, Necesito retomar mi vida... o me volveré loca. -
Veo como su expresión cambia. Tristeza.
Viene hasta mí. Esta vez más tranquilo y me abraza.
-Ten paciencia cariño... esto solo es temporal ¿De acuerdo?. Es la última parte de todo el proceso... Se
fuerte, tu libertad está a la vuelta de la esquina. - Besa mis labios.


Última edición por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:34 pm, editado 1 vez

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:29 pm


Capitulo 29

Mi corazón se acelera y le siento latir por todo mi cuerpo. El mal presentimiento, se instala de nuevo en mi
mente. Mi padre está encorvado. Tiene una mano en su muslo izquierdo y la otra sobre su pecho. César está
inclinado con él. Le habla, levanta la cabeza, mira a su alrededor como buscando una salida y vuelve a
inclinarse con él.
He cruzado la meta sin darme cuenta, lo único que busco ahora, es la manera de salir del circuito.
Veo ahora como mi padre clava una de sus rodillas en el suelo, y César trata de sostenerlo. Vuelve a mirar
preocupado en busca de una salida. Sé que no la encuentra por su expresión. Por un segundo, mira ahora
en mi dirección. Busca saber si puedo ver lo que ocurre. Le preocupa que me distraiga.
Algo muy malo está pasando, mi corazón sube a mi garganta y me falta el aire.
Mi padre se desvanece. César lo sujeta y trata de colocarlo lentamente sobre la tierra para que no se golpee.
Mis ojos se llenan de lágrimas, no pienso lo que hago, solo quiero llegar hasta ellos. Giro rápidamente el
volante, y atravieso el campo que nos separa del público. Mi coche bota con violencia, es una zona sin
habilitar y hay zanjas. Cuando ya no puedo acercarme más, salgo de el y corro. La gente comienza a
rodearles asustada, impidiéndome ver lo que pasa.
-¡Papá!. ¡Papá! - Grito y lloro a la vez.
Mis hermanos no se han dado cuenta todavía. Están festejando mi triunfo, saltando y gritando con un grupo
de amigos que también está allí. Javier se vuelve en ese momento y me mira extrañado. Da un codazo a
David para que él también me vea. Les hago señales en dirección a César y mi padre, y un segundo después
corren como locos, igual que yo.
Hay una barrera de gente que me impide llegar. Empujo como puedo, doy golpes, chillo, voceo, pataleo.
Todo con tal de abrirme paso.
Cuando por fin consigo verles de nuevo, me quedo paralizada. César está de rodillas y mi padre inerte
frente a él. Comprime repetidamente su pecho, insufla aire en sus pulmones y como puede, da indicaciones
a mis hermanos. Han conseguido llegar antes que yo.
Javier habla nervioso con alguien por teléfono, está informándole con lo que César le dice. David está en
pleno ataque de histeria, y Laura se está haciendo cargo de él. La gente murmura. Oigo cosas horribles a las
que no quiero prestar atención.
-¡Apártense!, ¡Abran paso! - Cesar grita en ese momento, y todos se callan.
Se apartan como ha pedido, y oigo a lo lejos el sonido de la ambulancia que por seguridad, tenemos
contratada.
Reacciono e intento correr hacia ellos, pero unas manos conocidas me sujetan. Me giro
-¡Alex!, ¡Déjame!, - Doy tirones - ¡Déjame ir! - Lloro intentando que me suelte.
-¡Cálmate Natalia!. Le están atendiendo - Es lo único que dice. En su tono también hay preocupación.
Miro de nuevo en su dirección. César sigue presionando el pecho de mi padre, comprueba su pulso, vuelve a
insuflarle aire... Repite continuamente todos los pasos.
-¡Papáaa! - Grito. Ya no tengo fuerzas, y me dejo caer al suelo. Lloro desconsoladamente.
La presión está pudiendo conmigo, y tengo la sensación de que me voy a desmayar en cualquier momento.
Álex trata de calmarme, pero la impotencia que siento, es más fuerte.
Por fin llega hasta nosotros la ambulancia. Sacan una camilla y entre César y otros dos técnicos, le colocan
rápidamente sobre ella. César no para de maniobrar en el pecho de mi padre en ningún momento. Está
visiblemente agotado. Gotas de sudor corren por su frente y su respiración es rápida.
-¡Papá! - Vuelvo a gritar cuando de nuevo pasan por nuestro lado para subir en la ambulancia -¡Papá
aguanta! - César se gira por una décima de segundo hacia mí, y veo preocupación en su mirada.
-¡Alex!. ¡Al helipuerto!. - Ordena - El recorrido al hospital es demasiado largo para hacerlo en carretera.
Alex asiente y me levanta del suelo.
-Vamos Natalia. Tu padre tiene que volar.- Esas palabras tan simples, explotan en mi cerebro.
Se confirman mis sospechas, está tan grave, que no aguantará el viaje en ambulancia hasta el hospital más
cercano.
Cierran las puertas traseras y vemos como se alejan. César va con ellos.
-¡Vamos Natalia! - Alex tira de mí y corremos hasta su coche.
Javier, David y Laura, suben al de Miguel Ángel. Todos nos dirigimos al helipuerto.
De camino, vemos como el helicóptero está aterrizando. Llegamos todos a la vez. Uno de los técnicos, el
conductor, baja rápidamente y abre los portones para poder sacar a mi padre. César sigue machacando su
pecho mientras el otro técnico, lleva una especie de bolsa sobre su cara, que va apretándo
constantemente.
Salgo del coche todo lo rápido que puedo. Necesito verle antes de que se lo lleven. Alex sale corriendo
detrás de mí. Pero por una vez, yo soy más rápida, y consigo llegar hasta él. Toco su brazo.
-¡Papá, tienes que aguatar! - Lloro.
-¡Papá, tu puedes con esto!. ¡Lo vas a conseguir! - Oigo a mis hermanos gritarle también. Miro, y los dos se
abrazan.
-¡Tienes que salir de esta! ¡Papá, por favor...! Por mamá... por tus hijos... te queremos... - No puedo seguir
hablando. Las lágrimas inundan mi garganta. César me mira, y hay tristeza en sus ojos.
Alex me aparta con delicadeza de mi padre. -Hay que dejarles trabajar - Me dice.
Un médico y un enfermero salen del helicóptero, van poniendo cables a mi padre por todas partes mientras
los demás, le cambian de camilla y le suben al aparato.
Antes de que cierren la puerta, veo como colocan las palas del desfibrilador sobre su pecho.
-¡Nooooo! - Grito desolada. Mis rodillas flojean y me vuelvo a dejar caer en el suelo. He llegado a mi límite.
El helicóptero despega.
-Ya me encargo yo - Oigo decir a César.
Una de sus manos pasa detrás de mi espalda y la otra por debajo de mis rodillas. Me levanta y camina
conmigo en brazos hasta el coche. Lloro en su pecho. Apenas soy consciente ya, de lo que ocurre a mi
alrededor. Tengo la sensación de que estoy viviendo una pesadilla, y necesito despertarme cuánto antes.
César sube a la parte trasera del coche sin soltarme. Me coloca en el asiento, y se acomoda a mi lado.
-¡Crucemos los dedos, preciosa! - Pasa su brazo sobre mis hombros y me apoya contra su pecho. Me besa
en la cabeza cariñosamente mientras acaricia mi pelo - Vamos al hospital, Alex. -Alex obedece y nos
ponemos en marcha.
El viaje dura más de cuarenta y cinco minutos. Estamos a varios kilómetros del hospital más cercano.
Cuando las lágrimas me dejan ver, compruebo que mis hermanos, vienen detrás de nosotros.
Me incorporo un poco y miro a César. El me devuelve la mirada.
-Por favor... dime que piensas - Le digo. Necesito saber.
-No lo sé Natalia... - Me pierdo en sus hermosos ojos azules cuando me mira. - No te voy a mentir. - Acaricia
mi mejilla - Ha sufrido un paro cardiaco... debemos estar preparados para cualquier cosa.
Pongo las manos sobre mi cara, y vuelvo a llorar desconsoladamente. No me puedo creer, que solo hace
unos minutos, estaba perfectamente y disfrutando con nosotros. ¿Cómo es posible que la vida pueda
cambiar tanto en un segundo?.
-Hemos llegado - Oigo decir a Alex mientras para el coche.
-Vamos preciosa - Miro y él ya está fuera. Extiende su mano para ayudarme a bajar.
La tomo y caminamos deprisa hasta la puerta de Urgencias. Mis hermanos, Laura y Miguel Ángel, llegan un
minuto después.
Preguntamos en el mostrador de información, y nos piden que esperemos en la sala habilitada para ello. No
podemos pasar. La incertidumbre es horrible. Los minutos parecen horas y desesperada le pido ayuda a
César.
-¿Crees que como médico... podrías entrar y averiguar? - Necesito saber, a cualquier precio.
-Voy a ver que puedo hacer... - Se levanta, y va a hablar con uno de los celadores.
Dos minutos después me mira, guiña uno de sus preciosos ojos, y camina con el celador hasta unas grandes
puertas que se cierran tras ellos. Me pongo nerviosa, sé que en cuestión de minutos tendré noticias. Mis
hermanos se sientan conmigo. Javier está algo más entero, siempre ha sido el más valiente de los tres, pero
David, llora desconsoladamente como yo. Los tres nos abrazamos.
Meto una de mis manos en el bolsillo del pantalón para buscar un pañuelo con que secar mis lágrimas, y
noto algo duro en él. Lo saco.
Es la nota de mi padre. Mi corazón se encoge. Les cuento donde la encontré. La leo en voz alta, y no puedo
evitar volver a llorar amargamente... Javier, finalmente pierde la entereza, y una cortina de lágrimas baña su cara.
El sonido de las grandes puertas abriéndose, llama nuestra atención. Todos miramos cuando se abren.
César aparece tras de ellas...
Capitulo 30

Su semblante es serio. Mis manos tiemblan y mi estómago se hace un nudo. No esperamos a que llegue
hasta nosotros, prácticamente corremos hacia él.
-¿Cómo está?, ¿Qué sabes de él?, ¿Cómo ha llegado?, ¿Está consciente?. - Los tres le avasallamos a
preguntas.
César baja la mirada.
-Por desgracia... no traigo un buen pronóstico - Dice mirando al suelo y bastante afectado.
Mis piernas se vuelven gelatina y Javier me tiene que sujetar para que no me caiga. César le ayuda y entre
los dos, me sientan en una de las sillas de la sala de espera. Ya no puedo seguir hablando, estoy en estado
de shock, y todo lo que oigo es el eco de sus voces. Tras unos segundos de silencio en los que solo hay
lágrimas, David se atreve a preguntar de nuevo.
-¿Pero que te han dicho?, ¿Tan mal está? - Solloza.
-Las próximas horas son decisivas, David. - Pone la mano en su hombro intentando calmarle - Tiene
bastante afectado el corazón. Ha sufrido otro paro cardíaco al llegar aquí. - Los tres lloramos de nuevo. Por
un segundo duda en si continuar, pero al final, prosigue. - Han conseguido sacarle de la nueva parada, y
están intentando estabilizarle en uno de los boxes. Sus pulsaciones son débiles e irregulares.
-¿Podemos verle? - Dice Javier.
-No lo creo... van a intervenirlo en cuanto consigan una mínima mejoría. El Doctor saldrá a hablar con
vosotros en unos minutos.
-¡Mamá no sabe nada! - Dice David con las manos en su cabeza y pasea inquieto por la sala. -Tenemos que
llamarla antes de que alguien vaya a preguntar, y se entere de mala manera.
-¡Yo lo haré! - Dice Javier y saca su teléfono del bolsillo.
-Díselo suave. - Le indica César - No le cuentes toda la verdad aún... deja que llegue hasta aquí. Recuerda
que está sola en casa y no queremos más sustos.
Javier asiente y marca el número de mi madre. César hace lo mismo. Saca su teléfono y llama a alguien.
-Alex. Tienes que volver al pueblo y traer a la madre de Natalia. - Escucha unos segundos, y vuelve a hablar
de nuevo - Está bastante fastidiado... - Le dice y se despiden.
Mi madre tiene un sexto sentido, aunque mi hermano lo ha suavizado como César le ha pedido, sabe
perfectamente que algo malo ha pasado. Al notar que se quedaba bastante nerviosa, decidimos llamar a la
vecina, para que esté con ella, hasta que llegue Alex.
Los minutos se hacen eternos. Oigo cada segundo que marca la manecilla del reloj que hay enfrente. Nadie
ha salido todavía a darnos un adelanto. César trata de relajarnos.
-Cada minuto que pasa, es una esperanza más de vida... - Todos le miramos atentos. - Vuestro padre es un
hombre muy fuerte. - Me mira - Por experiencia, he comprobado que las personas que viven en
poblaciones, al llevar una vida más sana, se recuperan bastante mejor...
Se abren las puertas y sale alguien con unos papeles en la mano.
-¿Familiares de José Montero? - Todos nos ponemos en pie y prácticamente corremos hasta la persona que
nombra a mi padre.
-Somos nosotros - Dice Javier nervioso. - Somos sus hijos.
-Bien... - Revisa los papeles.- Su padre acaba de entrar en el quirófano. Han conseguido estabilizarle lo
suficiente como para arriesgarse, y no quieren perder la oportunidad.
Pongo mis manos temblorosas sobre mi cara, y comienzo a llorar de nuevo. Tengo los pómulos irritados de
tanto secarlos.
César pasa su mano sobre mis hombros.
-Eso es buena señal, preciosa - Me besa repetidamente en la cabeza. Noto el calor de sus labios atravesar mi
pelo, y llegar hasta mi cuero cabelludo. Extrañamente me relaja.
Media hora después llega mi madre con Alex. Está muy afectada y pálida. Nos abraza y llora con nosotros.
-Sabía que esto pasaría - Dice - No se cuida, es muy testarudo y hace lo que quiere... - Llora de nuevo.
Cuando está algo más calmada, César con mucho tacto, la pone al día.
Por un segundo, mientras les observo, pienso en cuantas veces al cabo del día y debido a su trabajo, tiene
que tratar con familiares tan alterados como nosotros. Debe de tener una paciencia infinita... Levanta la
mirada y me descubre. Me sonríe levemente y continúa hablando con mi madre. Ese simple gesto, consigue
hacerme sentir mejor por un momento.
-¿Familiares de José Montero? - Vuelven a llamarnos, todos nos levantamos rápidamente y caminamos
hasta él.
-Nosotros - Dice ahora mi madre.
-El señor José acaba de salir del quirófano. - Miramos impacientes mientras continúa - No podremos darles
más información hasta pasadas unas horas. Necesitamos ver como evoluciona. - Mi madre vuelve a llorar,
esta vez más fuerte. - Vamos a mantenerle dos horas más en recuperación, y después, si todo va bien, le
trasladaremos a cuidados intensivos.- Se despide y volvemos a nuestros asientos.
Pasan las horas y hay silencio entre nosotros. Todos tratamos de asimilar lo que ha ocurrido. La situación,
cada vez me parece más irreal. La sensación de que esto es una pesadilla, ha vuelto a instalarse en mi
mente.
Mi padre. Ese ser tan maravilloso, y que tanto cariño nos da, está debatiéndose entre la vida, y la muerte.
¿Y si no lo supera?. No puedo imaginarme la vida sin él a mi lado. Quiero que esté presente en todos mis
logros. Que siga apoyándome en todas mis decisiones... necesito sus besos, sus abrazos. Su alegría cuando
llego a casa después de varias semanas... Y si algún día llego a casarme, quiero que esté allí, que me lleve
del brazo... Niego con la cabeza y las lágrimas vuelven a apoderarse de mis ojos.
-Tranquila cariño - César pasa una de sus manos por mi espalda tratando de tranquilizarme.
Levanto la mirada algo extrañada. No se me escapa la manera en la que se ha referido a mí, con esa palabra
tan especial. - "Cariño". - Repito en mi mente. Me gusta como suena.
Está amaneciendo cuando Alex llega cargado de bolsas. Trae comida y bebida para todos.
-Imagino que tendréis hambre. Lleváis aquí varias horas - Nos reparte batidos, dulces y zumos de frutas. - Es
lo único que he encontrado a estas horas... - Todos le agradecemos el gesto.
No tengo hambre, pero sé que tengo que comer algo. Abro un batido de chocolate. Antes de poder dar el
primer trago, la puerta tan deseada, como temida, se abre y un hombre con una bata blanca nos llama.
-Buenos días - Nos dice mirándonos a todos. - Soy el Doctor Martín. El cardiólogo de guardia y quien está
atendiendo hoy a Don José.- La impaciencia me mata. - Como ya saben, ha llegado en bastante mal estado
y hemos tenido que intervenirle quirúrgicamente...
-¿Cómo está? - No puedo aguantar más la necesidad de saber y le interrumpo. Me mira y juraría que hay una
media sonrisa en su cara.
-¿Cómo te llamas? - Me pregunta. Apenas soy consciente de lo fuerte que estoy apretando el batido.
Empiezo a perder los nervios.
-¡Eso no importa! - Casi le grito, estoy al borde de un ataque de nervios. -Por favor, no lo alargue más, y
díganos como está mi padre.
César se mueve inquieto detrás de mí. Él también está empezando a impacientarse.
-¿Eres Natalia?. - Mis ojos se abren, no entiendo nada.
-Sí - Le digo cada vez más alterada. Otra vez veo la sonrisa en su cara. Esta vez, no la esconde.
-¿Y si te digo... que tu padre, no para de preguntar cómo has quedado en la carrera...? - Siento un vuelco en
el corazón tan fuerte, que no tengo más remedio que poner las manos sobre mi pecho para calmarlo. Mi
boca se abre buscando oxígeno.
Todos gritamos y nos abrazamos. No sé en que momento, he puesto todo perdido de batido, incluso la bata
blanca del Doctor, está salpicada por todas partes. Se limpia algunas gotas que han caído en su cara
mientras sonríe.
- Despertó hace un par de horas - Continúa, pero apenas le puedo oír, hay demasiado ruido - Hemos
querido ser prudentes, y por esa razón, hasta ahora, no les hemos dado la noticia. Creemos que el
pronóstico pueda ser favorable, y con algunos cuidados, conseguirá recuperarse.
-¡Síiiiii! - Lloramos.
-Su padre tiene un Ángel de la Guarda - Continúa - Si no hubiera sido por los primeros auxilios que recibió
en el momento crítico, y la rapidez de actuación, les aseguro, que ahora mismo, estaría dándoles una
noticia muy diferente. - Todos sabemos a lo que se refiere, y miramos a César.
-No me miréis así... - Dice - Solo he hecho mi trabajo...
De un salto, me lanzo a su cuello. Le doy besos por toda la cara. En este momento, me da igual que miren.
Solo siento gratitud hacia él y quiero demostrársela.
-Eres MI ÁNGEL- Le digo sonriendo. Sus ojos brillan emocionados.
Mi madre llora mientras le agradece lo que ha hecho. Apenas salen palabras de su boca, está muy
emocionada. Si no llega a ser por él, mi padre ya no estaría entre nosotros.
Mis hermanos también le abrazan, dándole fuertes palmadas en la espalda. Tienen lágrimas en sus ojos.
Esta vez, por una razón muy diferente. Gratitud...
Capitulo 31

Aunque estamos deseosos por ver a mi padre, el Doctor nos dice que no será posible hasta pasadas 24
horas más.
Cualquier emoción, puede afectarle de manera negativa por su delicado estado de salud. Decidimos
respetar su consejo. No queremos arriesgar, aunque eso signifique que no podamos abrazarle hoy.
Como hasta el día siguiente no habrá forma de verle, el Doctor nos anima a que vayamos a casa, comamos
algo, y volvamos por la mañana.
Me niego a moverme de allí, pero Javier y David, hacen planes. Ellos, se quedarán con mi madre en casa de
unos amigos, que viven cerca del hospital, y yo iré al pueblo a recoger algunas cosas que nos harán falta.
Productos de aseo, ropas, zapatillas cómodas...
César también cree que es la mejor opción, por lo que a regañadientes y de mala gana, me despido de ellos,
y les suplico que me informen de cualquier cambio.
Alex nos está esperando en la puerta. Cosa que agradezco, ya que estoy agotada, física y psicológicamente.
No hemos dormido nada, y le he dado demasiadas vueltas a mi cabeza.
César sube atrás conmigo. Me ayuda a abrochar mi cinturón, y se pone rápidamente el suyo.
-¿Cómo te encuentras? – Me pregunta con cara de preocupación.
-Estoy agotada... - Le digo sincera.
Pasa su brazo por encima de mis hombros, y presiona para que me recueste en su pecho.
-Trata de dormir un poco. – Apoya su barbilla en mi cabeza.
Me dejo llevar por su fuerza, y me acomodo más en su pectoral izquierdo. Inhalo lentamente,
embriagándome con su agradable aroma. Incluso con la ropa del día anterior, huele increíblemente bien.
Cierro mis ojos...
Varios besos en mi nariz me despiertan. Abro los ojos desorientada, trato de enfocar, y cuando lo consigo, lo
primero que veo es la cara de César, a escasos centímetros de mí. Más besos caen ahora sobre mis
parpados, obligándome a cerrarlos de nuevo.
-Hemos llegado, dormilona. – Su voz termina de despertarme.
-Pero si acabamos de salir... – Le digo mientras me hago la remolona. Rodeo con mis brazos su cintura para
que no se mueva. Estoy demasiado a gusto y cansada. Quiero seguir durmiendo.
-¿Prefieres esperarme aquí con Alex, mientras subo a ducharme y ponerme ropa limpia? – Levanto la
cabeza, y veo que no estamos en casa de mis padres. Estamos en la puerta del hotel donde se aloja.
-No... - Le digo. Noto hambre al instante. - Mientras te duchas, tomaré algo en el restaurante. - Me estiro y
bostezo intentando desperezarme. César sonríe tiernamente.
-Mejor pedimos algo y lo comemos arriba. No vas a quedarte sola ahí, es demasiado arriesgado. – Le miro
durante unos segundos, y asiento.
Tiene razón, no voy a discutir sobre eso. Debo tener cuidado. Y más, después de lo que pasó en el callejón,
el sábado por la noche.
Varias personas del pueblo que están allí, se acercan a nosotros. Me preguntan por mi padre. Se ha corrido
la voz, y todos parecen estar informados. Algunos incluso de más, y tengo que desmentir varias
barbaridades que se han inventado.
Estoy empezando a alterarme un poco, cuando César decide acompañarme a la habitación, y bajar sin mí a
por algo de comida.
-Siéntete libre de tomar una ducha – Me dice – Aún tardaremos en irnos. Hay ropa limpia en el armario que
puedes utilizar. – Le abre y me la muestra.
Acepto. La verdad es que la necesito, y no quiero esperar otro par de horas. Todavía llevo puesta la ropa
que usé en la competición.
Le sonrío, y cuando cierra la puerta, observo la habitación con más calma. Está todo increíblemente bien
colocado. Como en su casa. Las toallas y sábanas que trajimos en mi coche, perfectamente dobladas. El
armario está entreabierto, y puedo ver como su ropa, está colgada por orden, y colores en las perchas.
Todos sus zapatos limpios, y cada par, en un estante. Suspiro. Sé que la perfección no existe... pero él,
parece rozarla continuamente.
Tomo un par de toallas, una camiseta de algodón verde, que parece ser más pequeña que las demás, y un
pantalón de chándal negro. - Creo que todo esto me servirá.- Lo dejo sobre la cama, y me cierro en el baño.
Disfruto de la ducha más tiempo del necesario. Estoy rodeada de todos los aromas de César, y no me
apetece nada salir... pero no tengo más remedio que hacerlo, cuando le oigo.
-¡Ya estoy aquí!- Dice desde fuera.
De pronto, recuerdo donde dejé la ropa, y un calor bochornoso se apodera de mi cara. –¿Y ahora qué? – Me
pregunto nerviosa. Pienso durante unos segundos, tomo la toalla más grande, y rodeo mi cuerpo con ella.
Es demasiado corta para mi gusto. Entro una gran bocanada de aire en mis pulmones y me preparo para
salir.
-César... - Le digo desde la puerta y levanta rápidamente su mirada hasta mí. -¿Podrías darme la ropa de la
cama?.
Por un momento, se queda mirándome fijamente. Noto como sus ojos repasan mi contorno. Mi cabello
húmedo, mi hombros, clavículas... mis pechos, mis piernas... Un calor inexplicable corre rápidamente mi
columna, consiguiendo erizarme la piel. Tiro de la toalla incómoda hacia abajo, intentando tapar algo más
mis piernas, cuando veo que por fin reacciona.
-Claro – Dice nervioso. Pestañea, y deja lo que está haciendo. Recoge lo que le he pedido y lo trae hasta mí.
-Gracias... – Le digo con una sonrisa avergonzada, y cierro la puerta. Apoyo mi espalda tras de ella, e intento
tragar algo de saliva. Mi garganta está seca. -¿Qué demonios ha pasado ahí fuera?- Me digo a mi misma.
Cuando consigo relajarme, termino de vestirme, y como puedo, arreglo mi pelo. Aquí no tengo mis
productos, por lo que simplemente lo cepillo para desenredarlo.
-Huele bien- Le digo cuando salgo. Sea lo que sea lo que ha traído, el rico olor, hace que mi estómago
reaccione.
-Carne asada con patatas, y una ensalada. Espero que te guste. – Dice sonriendo.
-Me encanta el menú. - Le digo devolviéndole la sonrisa.
César, prepara su ropa para la ducha. Mientras yo transformo una de las mesillas de noche, en mesita
auxiliar, para comer más cómodamente después.
-No tardo. – Dice mientras entra al baño con varias toallas en la mano.
Al pasar por mi lado, me roba un rápido beso en los labios.
Me siento en la cama, y tras varios minutos ensimismada en mis pensamientos, y aun tratando de calmar
las mariposas de mi estómago, la puerta se abre de nuevo.
César sale tras ella, con una sonrisa avergonzada. Su mano derecha, está jugando con el cabello que cae
detrás de su nuca, dejando a la vista su enorme biceps.
-Ahora soy yo quien olvidó la ropa en la cama... – Dice atrayendo mi atención. Camina de puntillas hasta
ella.
Tiene el pelo mojado y despeinado. Solo lleva una toalla rodeando su cintura. Su pecho y espalda, están
todavía cubiertos por gotas de agua. No puedo evitar mirar casi descaradamente. Brazos grandes y
torneados... pectorales marcados, espalda ancha, abdominales bien definidos... Todos sus músculos se
mueven hipnóticamente... Observo boquiabierta la espectacular escena.
Noto mi cuerpo reaccionar ante su presencia, como no lo ha hecho nunca ante nadie. Mis mejillas se
colorean, mi boca se hace agua, mi sangre se altera.... Mi corazón palpita fuertemente, en el centro de mi
pecho... Solo le faltan un par de alas, para convertirse en un Ser Celestial.
-¿Estás bien?- Me dice.
Nerviosa, me pongo en pie rápidamente.
-Sí... eh... sí. Creo que sí. Deberíamos irnos cuanto antes. – Digo mirando a todas partes menos a él. No
quiero que descubra por qué estoy así.
-Ey... vamos... ¿Seguro que estás bien? – Se acerca y me mira extrañado. Toma mi barbilla con sus dedos y
tira de mí para verme mejor.
Su toque, mezclado con el olor de su jabón, y el saber que está prácticamente desnudo, consiguen casi
electrizarme. Todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo, están a flor de piel.
Levanto la mirada lentamente, hasta encontrarme con la suya. Sus ojos me estaban esperando.
-César... creo que deberíamos... - Pasa su pulgar por mi mejilla.
Es tanto lo que siento con su roce, que cierro los ojos durante unos segundos, para disfrutar más de su
tacto. Cuando vuelvo a abrirlos, me encuentro de nuevo con su mirada. Es más intensa de lo habitual.
-No sé que me pasa contigo... - Dice mientras niega con la cabeza. – No creo en el amor, ni tampoco en la
familia... De hecho, jamás he tenido intención de formar una. – Mi sangre se hiela por un segundo –
Siempre... he defendido que el enamoramiento, es un engaño de la naturaleza para procrear... - Le miro extrañada. - Pero en los últimos días, algo está pasando dentro de mí, que no me deja apartarme de ti...
Capitulo 32
Trago saliva y mi mandíbula cae prácticamente al piso. No esperaba jamás, que algo así pudiera salir de su
boca, y menos, refiriéndose a mí.
¿Qué está queriendo decirme?. ¿Es una especie de declaración, que no pretende llevar a ninguna parte?.
¿Esto está ocurriendo de verdad?. –Trato de hablar, pero las palabras, se niegan a salir de mi garganta. -¿Es
que no ve, que soy poca cosa para él?.¿Está diciéndome que le gusto, pero que no tendremos nada? - Mil
preguntas asaltan mi mente a la velocidad de la luz.
-César... -Tomo una gran bocanada de aire – Creo... que te estás equivocando de persona... - Bajo la mirada
apenada. – Mereces a alguien mejor que yo... incluso si es para pasar el rato. – Trato de apartarme de su
lado, pero en un acto reflejo, me sujeta fuertemente por los hombros.
-Natalia... Odio lo que ese hijo de puta ha hecho contigo. - Una ráfaga de rabia se instala en sus ojos. –
Debes aprender a mirar más allá, de lo que ese enfermo te ha hecho creer. – Arruga su frente cabreado -
Vales tanto o más que cualquier otra persona... - Trata de calmarse y acaricia de nuevo mi cara tiernamente
– Eres... lo mejor que le puede pasar a cualquiera... Todo eso que él, ha gravado a fuego en ti, solo vale para
dañar tu autoestima, y así poder dominarte mejor.
-¡No sabes lo que estás diciendo...! – Grito y niego mientras mis ojos se llenan de lágrimas. César me mira
con atención - Dices todo esto, solo para hacerme sentir mejor... ¡Pero en realidad, sabes que es mentira!.-
Vuelvo a gritar. No soporto recibir halagos de ese tipo. No creo en sus palabras... No pueden ser ciertas
tratándose de mí. Yo, soy insignificante. – No sabes por todo lo que he tenido que pasar...
-Nunca te mentiría en algo así... ¿Acaso crees que no te comprendo?. ¿Que yo no estoy dañado? – Aprieta
con fuerza sus ojos y traga saliva - Más de lo que puedas imaginar... - Dice ahora mirándome fijamente a los
ojos.
-César... - Siento que he ido demasiado lejos. Hay dolor su expresión.
-Pero aquí me tienes, haciendo algo que jamás hubiera pensado hacer en mi vida... ¡Estoy intentándolo!
¿De acuerdo?- Está alterado. Suelta mis hombros y camina por la habitación. –Quiero cambiar, quiero salir
de mi agujero, y apartar esa sombra de mí... Lleva persiguiéndome desde que era un niño – Sujeta con
fuerza su cabeza entre sus manos. – Y tu – Me mira - Eres la única persona, que podría hacerla desaparecer.
Te necesito Natalia.
Está demasiado afectado. Mis sospechas se siguen confirmando... Algo horrible debió pasarle, nunca le he
visto así.
-¡No!... ¡Me niego!. – No voy a dejar que me convenza. Abro la puerta a toda prisa y César se queda inmóvil. –
Tú debes aspirar a algo mejor que yo. ¡Te lo mereces!. No puedes cargar con cualquier fracasada. – Le digo
antes de salir corriendo de la habitación.
No he conseguido dar tres pasos, cuando sus enormes manos me sujetan con fuerza, y de un golpe seco, me
ponen contra la pared.
-No vas a huir como siempre. Los problemas no se enfrentan así. – Me dice con cabreo y los dientes
apretados. Siento miedo por un segundo, hasta que consigo convencerme, de que no me hará daño. Él no
es Mario.
-Suéltame – Le digo. Estamos en medio del pasillo del hotel, y solo lleva puesta una toalla.
Miro en todas direcciones preocupada, gracias a Dios, todavía no ha llegado nadie. No sé que pensaría la
gente, si nos viese así. Prácticamente todos me conocen, y no quiero avergonzar a mi familia con lo que
puedan contar después.
-¡No pienso soltarte hasta que me escuches! – Me dice. Sus ojos desprenden fuego.
-Te estoy escuchando. – Le digo para que se de prisa. Necesito que termine cuanto antes, me preocupa que
nos sorprendan.
- Tampoco es fácil para mí... – Baja su mirada y traga saliva con dificultad. – Ten paciencia conmigo por
favor... Déjame intentarlo. Déjame demostrarte que mereces ser feliz. – Vuelve a mirarme fijamente. - No sé
dónde nos llevará, no sé si sabré hacerlo bien. Todo esto es nuevo para mí... –Su mirada cada vez es más
intensa. - Solo sé, que quiero estar a tu lado, Natalia.
-No sé si podre... - No me deja terminar.
-Me conformo con cualquier cosa. Como amigo, como algo más... como... lo que tú quieras. Sé que es
pronto para ti, y voy a respetar eso. Y me está costando mil demonios créeme... - Me sonríe - Pero necesito
que sepas, que has plantado una semilla en mí... y está empezando a florecer. Quiero saber dónde me lleva
esto. No sé, que es lo que estoy sintiendo, solo sé, que te necesito... y que quiero estar a tu lado, de la
manera que tu me permitas.
-César... - Acaba de noquearme con sus palabras. – César, yo... no sé que decirte... Solo sé, que no quiero
volver a sentir como se rompe mi corazón. – Bajo la mirada, recordando el infierno que pasé. - Tengo miedo
de que se repita de nuevo...
-Yo no te haré daño – Frunce su frente.
-Sé que tú, no me harías daño físicamente. Realmente es el menor de mis miedos contigo. Pero si podrías
hacérmelo de otras maneras. – Digo sincera. - Hay acciones, que duelen infinitamente más que las palizas...
y más cuando esa persona te importa... –Tomo aire - Y creo que realmente... yo también siento algo por ti...-
No puedo terminar la frase. Su boca se estrella contra la mía, pillándome por sorpresa.
Me abraza nervioso, aprieta mi cara con sus manos para que no me mueva, y así tener mejor acceso a
nuestro beso. Su pecho desnudo, está sobre el mío y siento su corazón latir fuertemente. Es lo más hermoso
que he sentido jamás.
Algo roza mis piernas y cae sobre mis pies. César, de pronto se queda paralizado y con los ojos muy
abiertos, me mira fijamente.
-¡Oh mierda!, César... -Mi cara debe parecer un tomate- Dime que lo que acaba de caer al suelo, no es lo que
imagino...
-Es lo que crees... -Rompe a reir a carcajadas.
-¡Oh mierda, mierda y mierda! - Pongo las manos sobre mi cara, y giro la cabeza para que vea que no estoy
mirando. -Por favor... por favor, ponte la toalla... ¡Corre! - Le digo avergonzada. – Alguien podría
descubrirnos y tendré que irme del país.
Noto como se agacha para recogerla y se mueve colocándosela. Sigue riendo a carcajadas. Yo no le veo la
gracia.
-Deberías sentirte privilegiada – Me dice con humor - Te acabo de hacer un estriptis gratuito. – Todavía no
he vuelto la cara, ni me he destapado los ojos, cuando siento como mis pies se elevan del suelo. Grito
asustada y rápidamente mis manos acaban tocando su espalda, mi barriga está en su hombro. Me acaba de
cargar encima de él como si fuera un saco.
-¡Bájame!, ¡Bájame!. - Le grito, pero no me hace caso.
Pataleo. Pero sigue ignorándome. De una patada, cierra la puerta cuando entramos de nuevo a la
habitación, y con un ágil movimiento, me lanza sobre la cama. Voto con fuerza, y antes de que pueda
reaccionar, se hecha sobre mí...
Siento su caliente cuerpo sobre el mío. Quiero que el mundo se pare. Extrañamente, y por primera vez en
años, no cambiaría mi vida por la de nadie. Me empieza a gustar ser quien soy.
-Ahora no podrás escapar de mí - Me dice sonriendo pícaramente.
-¿Qué te hace pensar que quiero? – Le devuelvo la sonrisa...
-Me encantas – Dice acariciando mi cara. Y antes de que pueda decir cualquier cosa, vuelve a besarme apasionadamente...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:38 pm



CAPITULO 33
Estoy atrapada entre el colchón y él, es tan grande, que casi me cubre por completo. Me gusta esa sensación. Sigue
besándome, cada vez más profundamente. Nuestras lenguas danzan juntas, se acarician, se envuelven...
Nuestras bocas están mojadas, suaves, carnosas y se deslizan fácilmente.
Mi cuerpo comienza a aumentar varios grados, necesito más de él. Muerdo sus labios intentando atrapar su sabor.
Gime en mi boca, y sus brazos me rodean con más fuerza...
­Natalia.... ­ Susurra en medio de nuestro húmedo beso. Su aliento roza mi cara y mi cuerpo se enciende aún más. ­
He prometido esperarte...
Un gemido es mi respuesta, mientras rodeo su cuello con mis brazos, y le atraigo de nuevo hacia mí. Necesito seguir
bebiendo de él.
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­Cariño... ­ Otra vez esa palabra que tanto me hace sentir. Una de sus manos sujeta mi muslo ­ Es verdaderamente
difícil contenerse así... ­ Besa mi cuello.
Su moldeado torso está haciendo presión sobre el mío. Siento sus duros músculos moverse sobre mis pechos. Solo
nos separa, la fina tela de algodón que llevo puesta. Al no llevar sostén, la sensación es increíblemente mayor.
Lame lentamente el lóbulo de mi oreja, baja de nuevo por mi cuello, y se recrea en mi clavícula. Deslizo una de mis
manos por su nuca y atrapo su cabello, la otra acaba en su espalda. Otro gemido, esta vez en mi oído, casi consigue
hacerme perder el control.
­César... ­ Le digo tratando de calmarme.
Deja de besar mi hombro para mirarme.
­¿Estás bien?­ Sus labios están rojos e hinchados, tiene el cabello despeinado, y sus mejillas sonrosadas. Esa
imagen es mi perdición... Comienzo a dejarme llevar. Mi cerebro ha pasado a ser algo secundario.
Sus manos están ahora en mi cintura, acariciándome debajo de la ropa. Sus caricias me enloquecen. Pasea sus
dedos por mi costado, erizando mi vello a su paso. Nota mi reacción. Su respiración se acelera y presiona sus
caderas contra mí, buscando algún tipo de alivio. Siento la dureza de su miembro contra mi cuerpo, y mis pechos no
tardan en reaccionar endureciéndose.
­Natalia... ­Gruñe tratando de encontrar algo de voluntad ­ Necesito que estés preparada para esto. ­ Mira mis pechos,
sé que se ha dado cuenta. Humedece sus labios. ­ No quiero que hagas nada de lo que luego te arrepientas... ­ Habla
con dificultad.
­Quiero llegar hasta el final ­ Estoy perdida en una nube de lujuria. Busco su boca de nuevo.
­No piensas con claridad ­ Sujeta mis manos contra el colchón. ­Escúchame ­ Dice y por fin consigue mi atención ­
Necesito estar seguro de que esto es lo que quieres. Por nada del mundo voy poner en riesgo lo que tengo contigo.
Esa frase es la que necesitaba oír para terminar de convencerme. Es capaz de contenerse en una situación como
esta, solo por respetarme y no faltar a su palabra.
­César... ­ Mira fijamente a mis ojos ­ Estoy preparada... y protegida. Tomo la píldora para regular mis periodos.
Sus pupilas se dilatan y su respiración se acelera. Noto nerviosismo en su cuerpo.
­Dios mío... ­ Susurra. Durante unos segundos, se queda inmóvil.
Juraría que no esperaba esa respuesta. Traga saliva y vuelvo a notar bajar su mirada, mis extremos se marcan a
través de la camiseta. Lentamente, me cubre con su cuerpo. Siento su mano caliente en mi cintura de nuevo. Me
besa, ahora con más delicadeza. La desliza sobre mis costillas, pero esta vez no para ahí. Sus dedos siguen trazando
un camino, hasta encontrarse con uno de mis senos. Lo acaricia delicadamente, noto como su excitación aumenta,
haciendo que la mía le siga.
Un pequeño roce llega hasta mi pezón endurecido, gimo inesperadamente. Se mueve inquieto y vuelve a hacerlo. Las
pequeñas descargas eléctricas que siento, consiguen provocarme un enorme placer. Esto es nuevo para mí.
Sus manos se mueven otra vez, ahora hacia abajo, dejándome con una sensación de vacío. Quiero más caricias así.
Dos de sus dedos, atrapan la goma de mi pantalón y tiran lentamente de él. A medida que mi piel va quedando libre,
descubre que no llevo ropa interior.
­Oh Dios... ­ Vuelve a susurrar. Se altera y tira del pantalón más rápidamente.
Cuanto termina de quitarme la prenda. Su respiración es rápida. Levanta el doble de mi camiseta, mientras pone sus
labios sobre mi ombligo. Va dejando una hilera de besos a medida que la sube para quitármela. Mi cuerpo se arquea.
­Tranquila cariño... ­ Me dice mientras termina de desnudarme.
Se echa sobre mí. Piel con piel. Siento su calor llegar hasta en mis huesos. La excitación es máxima ahora. Abro mis
piernas lentamente y él queda en medio de ellas.
Todavía tiene su toalla puesta. Busco con mis manos el doble, y con habilidad se la quito de un pequeño tirón. No
tarda en caer al suelo. Mi cuerpo comienza a temblar.
­Estoy nerviosa­ Susurro antes de que lo note.
Sonríe tiernamente, sujeta con sus manos mi cara y me besa. Comienza a moverse muy lento, presionando su
masculinidad contra mi hendidura. Sé que está provocándome, quiere prepararme, y la humedad entre mis piernas, no
tarda en acudir a su llamada.
­¿Lista? ­ Su voz es suave y su mirada intensa.
Estoy tan excitada que apenas puedo hablar,. Simplemente asiento, sujetando mi labio inferior con los dientes.
La presión no tarda en llegar, y muy despacio, se va abriendo paso a través de mí. Puedo sentir cada centímetro de
su cuerpo invadiéndome. Su mirada es atenta, observa todos y cada uno de mis gestos. Hago una mueca de dolor, su
tamaño es mayor del que esperaba. Para durante unos instantes, dejando que me amolde a él.
­¿Te hago daño? ­ Niego con la cabeza mientras cierro los ojos. No quiero que pare.
Lentamente vuelve a presionarse contra mí, y esta vez no para, hasta que se ha sumergido por completo entre mis
piernas. Lame mi boca, buscando mi atención y rápidamente la obtiene. Mi lengua busca la suya, mientras su cuerpo
comienza a mecerse despacio encima de mí. . El placer está llegando.
Danzamos juntos, fundiéndonos en uno. Ardemos... La velocidad aumenta, y con ella, la pasión que nos consume. Mi
cuerpo se curva con cada una de sus embestidas, el placer me arropa y gemidos involuntarios salen de mi garganta.
Sus manos pasan por detrás de mi cintura y me abrazan con fuerza, provocando que su penetración, sea mucho más
profunda. Siento que levito y por un segundo, me parece estar fuera de mi cuerpo. El clímax me atrapa,
provocándome una inesperada convulsión. Mis músculos interiores se contraen fuertemente, atrapando a César... y
arrastrándolo conmigo.
Oigo sus gruñidos y gemidos lejos. Pero sé que me está acompañando, en este maravilloso viaje.
Cae sobre mí. Su respiración es sofocada. Todavía no puedo abrir mis ojos, debido a que mi vista está desenfocada.
Ha sido demasiado intenso.
­¿Cómo te sientes? ­ Dice entre jadeos, tratando de recobrar el aire que le falta.
­Mejor que bien ­ Mi voz suena agotada también. Le oigo reír, y me besa repetidas veces en la mandíbula.
­Ha sido increíble ­ Dice en mi oído entre beso y beso.
Por fin puedo ver su cara. Parece un ángel... MI ANGEL. Sus labios están marcados, y sus ojos más azules que
nunca. Juraría que son pedazos de cielo. Varios mechones de cabello, le caen húmedos por su frente, y tiene una
expresión relajada. Ya no hay duda. Estoy enamorada hasta la médula de este hombre.
Con habilidad, se coloca a un lateral de la cama. Señala su pecho para que ponga mi cabeza en él, y cuando lo hago,
me rodea con sus brazos. Siento protección al instante, sé que no dejará que me ocurra nada. Estoy en el lugar más seguro de la tierra. Cierro mis ojos para disfrutar más del momento, pero estoy tan agotada, que caigo dormida...


Capitulo 34
César:
Natalia respira tranquila. Acaba de quedarse dormida sobre mí. Su cabello desprende un aroma que me
vuelve loco, me pasaría una vida entera besando su cabeza. Aún no me creo que esté aquí conmigo.
Desde el primer día que la vi, sentí la enorme necesidad de protegerla. Algo en mi interior dio un giro de
ciento ochenta grados, golpeando todas mis barreras, cuando nuestras miradas se cruzaron la primera vez.
Es tan delicada como un pétalo de rosa, pero poco a poco, voy descubriendo, que tiene la energía y
vitalidad de una manada de caballos. Ha estado contenida durante años por ese mal nacido, y ahora, está
volviendo a ser ella misma, la que debería haber sido siempre... Nadie tiene derecho a cohibir a otra
persona de esa manera.
Definitivamente, estoy volviéndome loco por Natalia. Lo que sentí hoy al unirme a ella, lo confirma. Me he
acostado con varias mujeres a lo largo de mi vida, pero es la primera vez, que lo hago con un sentimiento de
por medio... y ha sido lo más increíble que me ha pasado jamás. Su cuerpo agitado debajo del mío...
entregándose por completo a mí en un acto tan íntimo. Sin miedo... sin pensar en otra cosa que no sea en
nosotros mismos...
Saber que estaba provocando en ella un intenso clímax... hizo que perdiera la razón, y con ella toda la
concentración que tanto esfuerzo me estaba costando reunir, haciéndo imposible que pudiera sujetarme
más. Era una escena tan erótica...
Recordarlo eriza todo mi vello corporal. Quiero repetirlo de nuevo. A la mierda mis antiguas ideas sobre el
amor. Esto, realmente existe, y casi puedo tocarlo con la punta de mis dedos. Vuelvo a besar tiernamente su
pequeña cabeza para no despertarla.
Día a día, estoy viendo renacer su personalidad. Por fin sale de ese cascarón en el que estaba metida. Solo
necesitaba un poco de ayuda para apartarse de él. Es increíble, lo que una persona tóxica, es capaz de
hacer con la vida de otra.
Ojalá hubiera podido hacer algo así por las dos personas a quien más amé... Una lágrima cae por el rabillo
de mi ojo. Jamás lloro, solo cuando pienso en ello.
No puedo dejar de culparme por lo que pasó. Si tan solo hubiera tenido un poco más de valentía... Si
hubiera buscado ayuda cuando todo comenzó... Era solo un niño, pero seguro que alguien me hubiera
escuchado...
No puedo evitar encontrar similitudes entre ellas. Quizás fue eso, lo que hizo que me fijara en Natalia el día
que llegó inconsciente al hospital, y yo estaba de guardia. Durante días, no pude parar de darle vueltas a mi
cabeza. Me desperté en varias ocasiones por culpa de las pesadillas, y los fantasmas del pasado parecían
querer volver.
Sacudo mi cabeza, tratando de borrar esas horribles imágenes.
La segunda vez que nos vimos, recuerdo como defendía a ese malnacido en mi consulta, sintiéndose
responsable por él, y queriendo convencerme de que merecía esos golpes. Por su torpeza, decía. La rabia se
disparó por mis venas aquél día, pero entendí, que en ese momento, no tenía personalidad ninguna.
Natalia era todo lo que él decía. El muy cabrón, la manejaba como si fuera un pequeño muñeco de trapo.
Todavía veo como influencia en su mente. He conseguido que se aparte de él físicamente, pero
emocionalmente sigue ahí. Tiene grabado a fuego en su cerebro, todo lo que él, la ha hecho creer durante
estos años. Sé que me llevará tiempo ayudarla a curar sus heridas, y que aun así, quedarán cicatrices, pero
no me importa, tengo todo el del mundo para ella.
Vuelvo a mirarla, estoy bastante cansado, pero lo último que quiero es dormirme. Por nada del mundo,
quiero perderme un solo minuto de tenerla tan cerca de mí.
¿Y si cuando despierte... prefiere olvidar lo que ha pasado entre nosotros? ¿Y si tiene miedo de seguir, y
quiere apartarme?. ¿Se arrepentirá?. El miedo de que algo así pueda ocurrir, hace que me tense, y ella
parece notarlo. Se mueve, pero finalmente, se acomoda mejor sobre mí. Sigue durmiendo y respiro
tranquilo.
Mis párpados cada vez pesan más, trato de mantenerme despierto, pero el sueño me gana la batalla...
Siento un cosquilleo sobre mi cara. Paso la mano para calmarlo y parece que funciona. Sigo durmiendo.
Otra vez ese maldito cosquilleo. Seguro que hay una mosca por aquí. Por tercera vez, se posa en el mismo
lugar. Abro mis ojos algo molesto, y la veo. No es un insecto. Mi corazón se para casi al instante por la
emoción. Todos los recuerdos de unas horas antes, se agrupan en mi mente. Es Natalia con su preciosa
sonrisa, está jugando con su cabello sobre mí.
-Hola cariño - La abrazo con fuerza obligándola a pegarse contra mi pecho. Protesta, pero no me importa.
No se ha ido, no está disgustada... aún sigue conmigo.
-Hola - Dice tímidamente cuando la suelto. Sus mejillas están coloreadas. Sé que siente algo de vergüenza.
-¿Has dormido bien? - Pregunto interesado. Son casi las ocho de la tarde.
-Muy bien, eres buena almohada - Dice sonriendo.
-Tenemos que ir a recoger varias cosas donde tus padres - No quiero moverme de allí, pero las obligaciones
están para cumplirlas. -Pasaremos antes por el restaurante, tengo hambre... -Digo sincero, finalmente no
comimos nada, y mi estómago ruge.
-Sí, yo también tengo hambre.- No hay más que hablar.
Beso dulcemente sus labios y entro a la ducha. Natalia mientras, recoge un poco la habitación, y cuando
ella entra al baño después, yo aprovecho para bajar a por algo al restaurante. El asado frio no es nada
apetecible.
Esta vez traigo unas porciones de pizza casera y unos refrescos. Comemos con gusto, además de que están
buenísimas, no hay mejor salsa que "el hambre".
Cuando salimos, es mi coche, y no el de Alex, él que está en la puerta. Se ha encargado de llevarlo hasta allí.
Con el susto del circuito, lo dejé abandonado en las pistas.
Alex, es la persona más servicial y discreta que conozco. Le contrate hace cinco años. Nunca tuve
problemas económicos, y me lo podía permitir. Pero entonces, sí tenía problemas emocionales. Estaba
pasando por una mala época, como tantas otras... (Desde crío, siempre he tenido altibajos). En esta en
cuestión, me dio por beber para olvidar, y necesitaba que alguien se asegurara de llevarme a casa.
Básicamente, Alex hacía de mi niñero. Desde entonces, además de ser mi empleado, somos buenos amigos.
Él sabe toda mi historia y hemos hablado varias veces sobre ello. Es una persona muy inteligente, y sé que
todo lo que pueda decirme, es por mi bien.
Subimos al coche y le mando un mensaje:
"Alex. Vamos a casa de Natalia a por algunas cosas que necesitamos."
Segundos después recibo respuesta:
"En tres minutos me tenéis detrás"
Desde que está pasando esto con Mario, además cuida de nosotros.
Guardo el móvil en mi bolsillo y me giro para verla. Natalia me está mirando. Sigue sonriente. Sé que es
buena señal, me hace feliz verla así. Presiono el botón del reproductor del coche y busco entre las más de
tres mil canciones que tengo. Me decido por un tema de Black Tide: "Warriors Of Time". Cuando suenan las
baterías, Natalia me mira con los ojos muy abiertos. Y en cuanto salta la voz...
-¡Oh oh oh ooooh, Oh oh ooooh. Oh oh oooohoh! - Coreamos al mismo tiempo.
La miro con sorpresa, es increíble. Es mi canción favorita y ella la conoce. No suele ser música habitual
entre chicas. Pero definitivamente, Natalia no es cualquier chica.
- Somos los únicos, somos los guerreros. Nosotros somos los que luchan por nuestro derecho - Seguimos
cantando. Me Vuelve Loco Feliz Verla. Vamos Durante Todo el camino, simulando Que Tocamos guitarras
eléctricas y riendo.
Llegamos hasta la puerta de sus padres, y por el retrovisor, puedo ver a Alex. Ha parado unos metros más
atrás que nosotros. Caminamos por la acera, y antes de llegar a la entrada...
-¡César! - Alex llama mi atención. Me giro hacia él. - ¡Espera!. No entréis.- Corre hasta nosotros.
Miro hacia la casa, y veo que tres de las ventanas están rotas...
Capitulo 35
Natalia:
-Entrad en el coche hasta que salga - Dice Alex seriamente.
-Sube al coche y ponle el seguro, Natalia - Dice César al instante - Voy contigo Alex, espera.
-Tú te quedas aquí. - Ordena Alex - Meteos los dos ahora mismo en el coche. ¡Hasta que yo os diga!. - Grita
nervioso.
Nunca había visto hablar a Alex de ese modo con César.
-Voy a entrar contigo - Replica César.
-Esto no es un juego. ¿De acuerdo?. -Cada vez está más cabreado - Ahora entra en el maldito coche hasta
que yo te diga lo contrario.
No hay más que hablar, con ese tono autoritario con el que se ha dirigido a nosotros, sabemos que la cosa
es seria... y obedecemos. Veo como Alex, levanta su chaqueta y algo brilla en su cadera. Es una pistola.
Entra en la casa.
César pone el seguro y el vehículo queda bloqueado.
-¿Estás bien? - Me pregunta.
-Sí... solo un poco preocupada por Alex. - Le digo sincera. Mis manos están empezando a sudar.
-¿Crees que esto pueda ser obra de Mario?. ¿Has tenido noticias suyas en los últimos días, mientras yo no
estaba? - Ha llegado el momento... Ya no puedo ocultarlo más.
-La otra noche... cuando corría por el callejón. Alguien me perseguía...
-¿¡Cómo!? - Sus ojos se abren mientras me mira sorprendido.
-Alguien estaba corriendo detrás de mí, cuando tú llegaste... - Bajo la mirada. - Por eso grité, pensé que era
él quien me sujetaba en ese momento...
-¡Maldita sea Natalia! - Su expresión y gestos son de enfado. - ¿Me estás diciendo que... el muy cabrón,
estuvo a punto de atraparte, y que no me lo has dicho hasta ahora?
-Yo... no quería preocuparte...
-¿Sabías que estaba aquí, y no se te ha ocurrido avisarnos? - Alza sus manos y golpea fuertemente el volante
con su mirada fija en mí. Me asusto.
-No estoy segura de que fuera él... Solo vi una silueta... No quería que pensaras que era una imprudente por
haberme apartado del grupo... y...
-¡Una imprudente has sido al no contarlo!. -Sus pupilas están dilatadas - ¡Sabías que estaba aquí, y no nos
has avisado!. - Otro fuerte golpe en el volante hace que me sobresalte. - ¡Podríamos haberlo acorralado allí
mismo! - Grita de nuevo acercándose a mí furioso y con las manos en alto. - Cubro mi rostro en un acto
reflejo.
-¡No César!. ¡Lo siento...! - Cierro fuertemente los ojos, y cuando espero un duro golpe sobre mí... unos
grandes brazos me rodean.
-Natalia... - Su boca está cerca de mi oído. - Vamos, tranquila cariño. No voy a hacerte daño. Lo siento. -Besa
mi cabeza - Siento haberme puesto así...
Poco a poco voy saliendo de mi postura de protección. Levanto la mirada y sus ojos están rojos. Veo tristeza
en su expresión y arrepentimiento.
-Yo... yo soy así... - Le digo, estoy empezando a agobiarme. - Yo... no tengo idea de como hacer las cosas...
¿Ahora lo entiendes? - Me mira sorprendido - Soy torpe, sobre todo mentalmente. No se me ocurren estas
cosas como a vosotros. No pienso en ello.
-No digas eso Natalia. - Tiene sus cejas fruncidas.
-Sí César, tienes que saberlo. Por mucho que odie a Mario, él tiene razón. -Digo sinceramente. Intenta
interrumpirme, pero no le dejo. - Cuando creo que estoy haciendo algo bien, resulta todo lo contrario. - Miro
al vacío - Mi intención era no preocuparte. Estaba asustada, e incluso llegué a pensar, que hubiera sido
producto de mi imaginación... Cuando volví a mirar, ya ni siquiera estaba.
-Está bien... -Suspira- No le demos más vueltas, pero por favor... No me ocultes nada de esto. Son pistas
muy importantes a la hora de poder dar con él. ¿De acuerdo?. - Asiento.
Ahora es él quien mira a la nada, en silencio. Me gustaría saber que está pensando, aunque creo saberlo.
Seguro que se está arrepintiendo de lo que ha pasado esta tarde entre nosotros. Se está dando cuenta de
que no soy como creía... Pronto pondrá algún tipo de excusa absurda, y desaparecerá de mi vida... Nadie
quiere estar con alguien como yo. Es algo que tengo asimilado desde hace tiempo. El único que me
aguantaba era Mario, y terminé por desquiciarle... Mi destino está claro. Acabaré mis días sola.
Alex viene hacia nosotros. César desbloquea el coche y abre la puerta.
-No hay nadie en la casa. He revisado todas las habitaciones y están limpias. Si necesitáis entrar, es el
momento. - Dice seriamente - Por lo que he podido comprobar, todo el destrozo ha sido desde fuera. Han
lanzado piedras para romper los cristales. Incluso puede deberse a una chiquillada.
-De acuerdo - Dice César. - Aunque creo que está lejos la opción de la chiquillada. Luego hablamos. - Alex le
mira extrañado.
Ahora Alex, también sabrá lo tonta que soy...
Entramos en la casa, y todo parece estar en orden, hay varias piedras en el suelo del salón, con las que
deben de haber roto las ventanas. Algo debajo de la mesa auxiliar, llama mi atención.

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:40 pm

Camino hasta allí, mientras César y Alex me miran atentos. Me agacho y con una de mis manos palpo para
dar con ello. Por fin lo atrapo entre mis dedos y lo alzo para verlo.
Es una bola pesada. Veo que es otra piedra, pero esta, está cubierta de papeles arrugados. Vienen hasta mí
curiosos, también quieren saber de que se trata. Comienzo a retirar los papeles y descubro que son fotos.
Fotos mías con Mario. Las aplano para verlas mejor y en todas hay algo escrito. La primera, es de cuando
todavía estábamos en la universidad. Con letras rojas sobre mi rostro pone "PUTA". Mis pelos se erizan. La
siguiente foto, está quemada, solo en la zona donde debería ir mi cara. Otra más, celebrando juntos las
Navidades de hace dos años. "ODIO" también en letras rojas sobre mi rostro. La siguiente me asusta...
Somos César y yo... llegando a casa de mis padres, el día de la lluvia de estrellas. Hay algo escrito en esta
también, pero esta vez, ocupa toda la foto. "TIRATELA AHORA QUE PUEDES, PRONTO ESTARÁS
LLORÁNDOLA."
César se tensa y puedo ver como palpita la vena de su cuello. Alex también está algo nervioso. Voy a hablar,
pero de pronto... un gran ruido nos sobresalta a los tres. No me da tiempo a pensar, cuando César,
literalmente me empotra contra la pared, y me cubre con su cuerpo. Tras unos segundos en los que no
ocurre nada, poco a poco va apartándose de mí. Puedo ver que Alex, ha sacado su pistola.
-¡Maldito gato! - Grita mientras guarda su arma de nuevo.
Miro a mi alrededor, y descubro a Zeus, el gato de la vecina. De un salto, ha intentado subir por las cortinas,
y las ha tirado al suelo, arrancando incluso las barras clavadas en la pared. Debe de haber entrado por
alguna de las ventanas rotas, y no ha sido capaz de salir después. Tratamos lentamente de recobrar el
aliento, cuando César habla.
-Alex, ¿Crees que podrías hacerte cargo de todos estos destrozos, antes de que venga la familia de Natalia?.
No me gustaría preocuparles más. Bastante tienen ya...
-Claro, no habrá problema - Asegura Alex. - Ya es prácticamente de noche, me quedaré aquí para evitar que
algún ladrón entre, y por la mañana, buscaré a las personas indicadas.
-¿Te parece bien Natalia? - Me pregunta César. - La casa es de tus padres, tú mandas.
-Sí, no tengo problema. Después pásame la factura y ya está. - César sonríe, y sé que me costará pelear por
ella.
-Hoy tendrás que dormir en el hotel conmigo. - Sonríe pícaramente levantando las cejas. Mi cara se
convierte en lava volcánica. Miro a Alex, y está sonriendo también. Menudo par de cabrones están hechos...
Recogemos todo lo necesario para llevar al hospital. Aún faltan varias horas, por lo que una vez que está
todo preparado, decidimos volver al hotel. Ya no tenemos tranquilidad para salir por el pueblo, sabiendo
que Mario está por aquí.
Mi teléfono suena.
-¿Si? - Respondo.
-Hola Natalia. Soy Andrea, la chica del piso que alquilaste hace más o menos quince días... No sé si
recuerdas que quedamos para hoy y... - Mierda, se me había olvidado.
-Em... sí. Hola Andrea. - No la dejo continuar - Sí, si perdona. Ha surgido un problema familiar bastante
importante y no he podido ir... pero mañana por la tarde espero poder estar allí. - Quiero ver a mi padre
antes de volver a Madrid.
-Oh, de acuerdo. Espero que no sea nada... Nos vemos mañana entonces.- Nos despedimos y cuelgo.
César me mira extrañado. Debo recordar bajar el volumen del teléfono. Todo se oye cuando hablo con
alguien.
-Hace unos días, alquile un piso... - Trato de explicarle - Antes de que pasara lo de Erika... creo que ya abusé
demasiado de tu confianza...
-Llámala de nuevo y anúlalo. Es simple. - Me dice.
-No puedo hacer eso... ya pagué el mes por adelantado y la fianza.
-Mañana iremos a hablar con ella. Sabes de sobra que ahora no puedes estar sola.
-¡Dios! - Digo agotada de esta situación. - ¡Estoy peor ahora que cuando estaba con él!. Al menos antes
podía salir a la calle y hacer una vida más o menos normal... - Su expresión me confirma que no le gusta lo
que acabo de decir.
-¿Estás insinuando que prefieres las palizas y los insultos? - Sus manos están cerradas fuertemente.
-¡Estoy insinuando que ahora no tengo ninguna libertad!, Necesito retomar mi vida... o me volveré loca. -
Veo como su expresión cambia. Tristeza.
Viene hasta mí. Esta vez más tranquilo y me abraza.
-Ten paciencia cariño... esto solo es temporal ¿De acuerdo?. Es la última parte de todo el proceso... Se
fuerte, tu libertad está a la vuelta de la esquina. - Besa mis labios.
En vez de cerrar mis ojos por el contacto, los abro enormemente. ¡Acaba de besarme delante de Alex!. Me
giro asustada para comprobar si ha visto algo, y su sonrisa me confirma, que no se ha perdido ningún
detalle. Resoplo. ¿No le importa que nos vean juntos...? ¿De verdad no se avergüenza de que le vean besar a
alguien como yo?. Mario siempre lo evitaba. Son tan distintos...
Nos despedimos de Alex y vamos hasta el hotel. Por el camino llamo a mis hermanos y a Laura. Ella se fue a
Madrid temprano, al ser lunes, tenía que trabajar. Mis hermanos no tienen noticias relevantes sobre el
estado de mi padre, únicamente, que sigue estable dentro de su gravedad. César me confirma que eso es
bueno.
Llegamos a nuestro destino y un escalofrío recorre mi espalda. Tengo la sensación de que alguien nos
observa... Miro por todas partes, buscando alguna señal, pero no hay nada. Estoy segura de que es
sugestión, después de saber quien está en el pueblo... creo verle en todas partes. Tengo miedo, no lo voy a
negar. Pero quizás, lo que más me aterra, no es lo que pueda pasarme a mí, lo que más me preocupa, es que pueda tocar a César. No podría soportar que le hiciera daño. Se está convirtiendo en alguien muy importante para mí...



Capitulo 36
Entramos a su habitación. Pensar que tengo que dormir con él, me da un poco de vergüenza. Así en frio... no
es lo mismo. Miro a la cama con detenimiento, y no puedo evitar pensar en todo lo que pasó aquí, hace
apenas unas horas.
Pone las llaves del coche, y el teléfono encima de la mesilla. Entra al baño. Aprovecho para abrir mi mochila
y sacar la ropa de noche. Antes de que pueda terminar de ponerla sobre la cama, su teléfono suena. Lo
tengo tan cerca, que no puedo evitar mirar. La rabia recorre mi cuerpo, cuando leo el nombre de "Erika" en
la pantalla.
César al oírlo sale del baño, al ver de quien se trata, me mira fijamente. Creo que quiere descubrir, si yo
también lo sé. Disimulo terminando de poner mi pijama sobre la colcha.
La llamada se corta. O la corta él, no estoy segura. Devuelve el móvil a la mesilla. Ni dos segundos pasan,
cuando vuelve a sonar.
-Tengo que atender la llamada - Dice.
-Claro - Le digo.
No sale de la habitación y me gusta la idea, podré saber que quiere esa malnacida. Toma el teléfono y
descuelga.
-Hallo! - Dice en alemán. Un momento de silencio - Vuelve a hablar en el mismo idioma durante unos
segundos más. - Más silencio. Puedo distinguir la voz de Erika, pero es imposible que pueda saber de que
está hablando... Adiós a mi idea de escuchar la conversación.
César resopla y frunce el ceño. Continúa hablando durante unos minutos más. Ya no se, si está empezando
a cabrearse, o es la forma tan agresiva que tienen los alemanes de expresarse. - Ich bin morgen Nachmittag
wieder da. Gute Nacht!. - Cuelga de mala gana.
Definitivamente, está cabreado.
-¿Todo bien? - Le pregunto.
-Podría ir mejor - Dice malhumorado. - Voy a por algo al restaurante para que podamos cenar antes de
dormir. -¿Qué te apetece? - Me pregunta.
-No quiero nada... - Le respondo - Todavía tengo las pizzas casi en la garganta.
Abre la puerta y se va. Me quedo mirándola fijamente cuando la cierra. -¿Qué mosca le ha picado? - Me
pregunto. Seguro que la perra de Erika le ha dicho algo molesto.
Pongo la televisión plana que hay colgada en la pared, para distraerme un rato mientras le espero, y me
echo sobre la cama.
Abro los ojos y estoy tumbada de lado sobre el colchón. El enorme brazo de César está rodeándome. Oigo
su respiración en mi nuca. -¿Cuándo ha llegado?-. Todavía estoy algo confusa. Estiro lentamente el brazo
para coger mi móvil, que está en la otra mesilla, y así poder ver la hora. Son las seis de la mañana. Debí
quedarme dormida mientras lo esperaba.
Decido levantarme. Si no lo hago ya, al final haré tarde. Quiero pegarme una ducha antes de que vayamos a
ver a mi padre. Despacio, intento levantar su pesado brazo para liberarme, pero consigo el efecto contrario.
Se mueve, y me presiona más fuerte contra él. Pega su cuerpo contra mi espalda. Ahora todavía estoy más
atrapada... Tendré que despertarlo para que me deje ir.
-César - Susurro. No funciona. - César... - Vuelvo a intentarlo, pero no consigo nada. A la tercera, se gira
sobre sí mismo, y me da la espalda mientras sigue durmiendo. - Pon fin - Me digo a mi misma.
Preparo sin hacer ruido todo lo necesario, y entro al baño. Mientras me ducho, él puede seguir durmiendo
otro rato más.
Cierro la mampara de cristal y abro el grifo del agua caliente. Los chorros comienzan a caer sobre mí, adoro
esa sensación. Abro uno de los jabones de César y lo extiendo por todo mi cuerpo. Inhalo profundamente,
huele a él. Me encanta...
Una corriente de aire frío entra por alguna parte. Me giro y me encuentro con César de frente. Pego un salto
por la impresión, resbalo, y si no es sus ágiles reflejos, hubiera caído de bruces.
-¡Casi me matas del susto! - Le recrimino. - ¿Estás loco?. ¡No vuelvas a hacer eso!.
-Lo siento... - Dice, pero está riendo. No debe sentirlo mucho...
-¿Por qué no esperas que termine? - Digo tapándome todo lo que puedo. -¿Por qué estás desnudo? - Sigue
riendo.
-¿Qué tengo que esconder que no hayas visto ya? - Levanta una ceja pícaramente.
-Eso fue ayer por la tarde, hoy es distinto... - Su expresión cambia bruscamente.
-¿Qué quieres decir? - Creo poder ver miedo en sus ojos y no entiendo la razón.
-Lo que pasó ayer... los dos estábamos... ya sabes... excitados... Así, porque sí... no es igual. - Le digo
finalmente.
Juraría que expulsa aire de sus pulmones y se relaja. Levanta la mirada de nuevo hasta mí, y una media
sonrisa aparece en su cara. Creo que sé, que dirección está empezando a tomar esto...
-Eso lo solucionamos ahora mismo - Un intenso brillo se coloca en sus ojos.
Toma mis manos rápidamente, consiguiendo con ello, que mi cuerpo quede al descubierto, mientras me
empuja contra el cristal de la mampara.
-¿Pero que haces? - Le riño.
Coloca mis brazos sobre mi cabeza, dejándome totalmente expuesta. Me observa durante unos segundos.
No puedo evitar hacer lo mismo. Yo también le observo a él. Los chorros de agua corren sobre sus hombros.
Está increíblemente sexy.
Es extraño, pero no me siento incómoda. Un calor agradable comienza a instalarse por todo mi cuerpo.
Solo con su mirada, es capaz de crearme un intenso deseo...
Contempla mis pechos, y ellos reaccionan a su encanto, como si no fueran parte de mí. Pega su cuerpo
húmedo y resbaladizo contra el mío, y besa apasionadamente mi boca. Nuestras respiraciones se vuelven
rápidas. Una de sus manos, suelta mi brazo derecho y agarra mi muslo. Lentamente, levanta mi pierna y se
coloca entre ellas... cuando el teléfono suena en la habitación.
-¡Mierda! - Gruñe en mi boca y cierra con fuerza sus ojos.
-Deja que suene - Le digo jadeante.
-No puedo, debe de ser Alex... - Dice pesaroso - Besa mi nariz, pone una toalla sobre su cintura y sale del
baño.
Pongo mi espalda sobre el frio cristal, tratando de calmarme, cuando a los dos minutos vuelve a entrar.
-No tardes Natalia, Alex viene de camino. Tenemos que salir ya para el hospital. - Rápidamente reacciono y
termino de ducharme.
La gente parece tener el don de la oportunidad últimamente. Es acercarme a César, y siempre tener a
alguien alrededor en cuestión de segundos
Cuando ya estoy arreglada, entro de nuevo a la habitación. César está vestido, y tiene todo preparado para
irnos, incluso las maletas están hechas.
-Vaya... ¿Tanto tiempo he estado ahí dentro? - Le digo bromeando.
-No - Sonríe. - Anoche cuando llegué, estabas tan profundamente dormida, que decidí preparar todo para
hoy.
La puerta de la habitación suena y César abre.
-¡Joder! - Le oigo a César decir fuertemente. Me acerco para ver que pasa.
-¡Dios Santo, Alex!. ¿Qué le ha pasado a tu cara? - Le pregunto preocupada. Tiene varios rasguños en la
frente y en su mejilla izquierda.
-¿Tú que crees?. - Dice arqueando una ceja. Mil imágenes pasan por mi mente intentando buscar la causa.
-¿Ha intentado entrar alguien mientras estabas allí? - Empiezo a preocuparme.
-No querida... - Alex suspira fuertemente - El gato de tu vecina, me ha hecho una caricia, cuando he
intentado sacarlo de la casa...
Las comisuras de mis labios tiran con fuerza de mi boca hacia arriba... Lucho por no reírme, no debo
hacerlo, es una falta de respeto. Trato de aguantar... Un tic comienza a palpitar en mi ojo por el esfuerzo...
pero todo es en vano, cuando oigo detrás de mí, la explosión de carcajadas de César, no puedo más y
estallo entre risas con él.
-Lo... Lo... si...entooo - No puedo apenas hablar, soy incapaz de serenarme. Sujeto mi barriga con mis
brazos.
César está tirado en el suelo, pataleando. Luchando por entrar aire en sus pulmones, y más rojo que un
cangrejo inglés.
-Muy graciosos... - Dice Alex malhumorado.
O al menos eso intenta aparentar... porque dos minutos después, se une a nuestras risas.
Durante el camino al hospital, César y yo, seguimos bromeando con el gato. Menos mal que Alex va en otro
coche y no puede oírnos, no creo que le hiciera gracia que siguiéramos con el tema. Después de lo que ha
trabajado el pobre, durante la noche, para dejar todo arreglado... Contactó con una empresa de 24 horas, y
la casa quedó reparada en cuestión de horas.
El trayecto se me pasa volando. Cuando me quiero dar cuenta, ya estamos en la puerta principal. Estoy
realmente nerviosa, me quedo pensativa durante unos segundos y César lo nota.
-¿Vamos? - Espera a que le responda.
-Sí. Vamos - Le digo y sonrío.
Caminamos juntos hasta información, donde ya están mis hermanos y mi madre esperando. Les saludo, y
preguntamos a la chica por mi padre. Nos indica el número de habitación, y el tiempo que podemos estar
dentro con él cada uno. Nos permiten diez míseros minutos... pero estoy tan emocionada por verle, que no
pienso replicar. Caminamos por el pasillo en silencio.
-Este es el número - Dice César delante de la puerta.
Pasamos de uno en uno, y por tiempos como nos han indicado. Cuando llega mi turno, al abrir la puerta, mi
corazón se encoge. Siento una gran emoción por estar con él, y a la vez, tristeza. Se me cae el alma a los
pies, cuando le veo tumbado en esa cama. Está muy blanquito y ojeroso. Tiene un derrame en uno de sus
ojos, y varios cables cuelgan alrededor de su cuerpo. Además le noto bastante fatigado... Pero está vivo, y
eso es lo único que cuenta ahora.
-¡Enhorabuena hija! - Estira sus brazos para que vaya con él.
Está tan débil, que me da miedo apretarle demasiado y le abrazo con delicadeza. Tengo ganas de llorar,
pero me contengo.
-¡Gracias papá!. ¿Cómo te encuentras? - Le pregunto cariñosamente.
-Hombre... algo fastidiaete... - Me dice. - Pero como decía mi padre. ¡Bicho malo, nunca muere! - Ríe y la risa
le provoca tos. Me asusto.
-Papá por favor, no hagas esfuerzos...
-¡Ay que joderse! - Suelta sin más. -Ya no puede uno, ni reírse a gusto.
-Ya podrás hacerlo cuando estés más recuperado. Ahora tómalo con calma, ¿De acuerdo? - Le insisto.
-Que remedio hija... la que me he liado, por bruto. - Está pesaroso. Sé que le ha estado dando vueltas a la
cabeza, por no haberse cuidado más.
-Bueno... tómalo como un aviso -Trato de calmar su conciencia - Y a partir de ahora... ya sabes que tendrás
que llevar una vida más sana...
Los minutos pasan volando. Nos despedimos con varios besos, y la promesa de que volveré al día siguiente.
Cuando salgo por la puerta, no puedo más y me derrumbo. Siempre he sido una persona fuerte, pero ya son demasiadas cosas juntas... César viene a consolarme...
Capitulo 37
Me despido de toda mi familia. Quedamos en vernos mañana a la misma hora en el hospital, y pido a mis
hermanos, que cuando vuelvan del pueblo, (ya que irán a comprobar que todo en el taller está bien) traigan
mi coche con ellos. Lo he dejado allí, creyendo que no me haría falta, pero he cambiado de opinión después
de ver a mi padre. Quiero tenerlo conmigo por cualquier cosa... Seguramente, no lo usaré, pero César
comenzará a trabajar en dos días, Alex necesitará sus horas libres... y con mi padre enfermo, nunca se sabe.
Lo quiero conmigo, más que nada por tranquilidad.
Nos dirigimos a Madrid. Allí me está esperando Andrea, para hablar sobre el piso que alquilé hace dos
semanas. César, insiste en que tengo que anular el contrato, pero una vez que está firmado y pagado, me
da la impresión, de que poco podré hacer...
Llegamos a nuestro destino, y aparca cerca del bloque de pisos, donde está situado lo que sería mi nuevo
hogar.
-No me gusta esta zona – Me dice.
-No te gusta nada que tenga que ver con que viva sola – Le reprocho.
-Cierto – No se esconde.
Toco el timbre y Andrea me habla por el telefonillo. Abre la puerta y subimos. Se muestra tan simpática
como siempre, y más de lo que debería, con César. Me molesta un poco, que no le quite el ojo de encima en
ningún momento...
Hablo con ella. Trato de explicar brevemente la situación... La dificultad que tengo para vivir sola desde
hace unos días, e incluso, le doy varios detalles sobre el problema con Mario, para que me comprenda
mejor.
...Y como siempre acaba pasando en estos casos, la simpatía desaparece en cuando hay dinero de por
medio, y las personas y sus circunstancias, pasan a un segundo lugar. No la importa lo más mínimo. Solo
está interesada en sacar tajada...
-Lo siento Natalia, aquí hay un contrato firmado y tiene que cumplirse.
-Lo entiendo Andrea. –Digo sincera – Pero ahora entiéndeme tú a mí. Quédate con el mes de adelanto, y la
fianza. Es tuyo. Es lo menos que puedo hacer... pero comprende, que no puedo hacerme cargo de una casa,
donde no voy a vivir... siempre podrás alquilarla de nuevo, así no perderás dinero.
-No... tendrás que pagar los meses acordados como si estuvieras viviendo aquí. Es lo que has firmado. –
Vuelve a repetir.
Viendo que no hay nada que hacer, y que tendré que pagar, sí o sí, decido que es el final de la conversación.
No pienso gastar más saliva inútilmente.
Miro a César para indicarle que nos marchamos, y compruebo que tiene un gesto molesto en su rostro. Está
bastante serio. Si fuera un dibujo animado, estaría saliendo humo por sus orejas.
-Vámonos - Le digo y tomo su brazo. Tiro de él pero no se mueve. – César... - Vuelvo a repetirle.
-Dame la llave. Nos quedamos con la casa – Dice de pronto. – Pero te aseguro – La señala y sonríe
maliciosamente - Que tú misma, serás quien supliques después que nos vayamos.
Las dos le miramos extrañadas. Andrea se inquieta, cambia el peso de una pierna a otra, y le mira nerviosa.
Finalmente y con gesto de duda, le entrega la llave.
César toma mi brazo, y ahora es él, quien tira de mí para que nos vayamos.
-¿Por qué has dicho eso? – Le pregunto.
No contesta, sigue tirando de mi brazo, y bajamos el tramo de escaleras, más rápido de lo que considero
seguro.
-¡César! – Vuelvo a intentar llamar su atención para que me conteste.
-Déjame esto a mí. ¿De acuerdo?. – Sigue caminando.
-¿Me queda otra opción? – Digo vencida.
-Sabes que no – Me sonríe.
Tomamos la carretera en dirección al hotel. Durante el trayecto, está algo inquieto. Cuando le pregunto,
trata de hacerme creer, que es solo mi imaginación. Yo a su vez, le hago creer que me ha convencido. Pero
no es así. Le conozco lo suficiente, como para saber que algo en su cabeza no va bien.
Aparcamos en la puerta, y Manuel está esperándonos.
-¡Señorita Natalia!. Que alegría verla de nuevo por aquí – Dice mientras me ofrece su mano amablemente.
-Hola Manuel – Se la tomo – Es una alegría para mí también volver a verte.
A César como siempre, le da un efusivo abrazo. Es un hombre muy cariñoso.
-¿Subo las maletas de la señorita a su habitación? – Le pregunta a César
-De esas me hago cargo yo. Sube todas las demás a casa. - Le dice mientras saca bolsas del maletero.
Cuando ha clasificado las maletas, y ya tiene las mías, hace un gesto para que lo siga. Me despido de
Manuel y caminamos por el recibidor hasta el ascensor. Cada vez está más tenso. Incluso mueve su cuello
hacia los lados, tratando aliviar su espalda.
Tengo que contenerme para no volver a preguntarle. No quiero que piense que soy una pesada.
Llegamos a la gran puerta de madera tallada, y abre la habitación. Un intenso aroma a flores frescas sale
del interior. Inspiro profundamente. Es un olor maravilloso. Miro, y veo varios jarrones con flores, colocados
estratégicamente en todas las esquinas.
-¡Vaya...!- Le digo asombrada. - ¿Y esto?.
-Un pequeño detalle para que te sientas como en casa - Dice sonriendo. –Tendrás que pasar aquí una
temporada... Al menos, hasta que estemos seguros de han atrapado a ese enfermo. - Hay algo en su mirada
que no termina de convencerme.
-Tendremos que buscar otra opción a parte de esta, César...- Le digo sincera. Une sus cejas mientras me
mira atento. – No me siento a gusto aquí. Entiéndeme... Es un lugar maravilloso, no podría estar mejor
atendida. Y agradezco muchísimo lo que estás haciendo por mí. Pero se, que si fuera al contrario, a ti te
pasaría igual. No quiero ser una carga. Ni darte una responsabilidad que no te corresponde.
-Natalia, por favor... no vayas por ahí, ya hemos hablado de esto.
-No César, solo lo has hablado tú. Necesito que comprendas y entiendas mis necesidades también. Sé que
lo haces con la mejor intención del mundo, pero esto podría durar demasiado, y mi sentido común, no me
permite aceptar algo así. Unos días está bien, pero hay que buscar otra opción si esto se alarga...
-De momento vamos por aquí, ya veremos que ocurre más adelante – Como siempre, cuando no le interesa
hablar de algo, cambia el tema o lo zanja rápidamente. – Ve preparando tu cuarto – Me dice - Yo voy a subir
a deshacer mis maletas, y ahora bajo. Tenemos que hablar de algo importante. - Está realmente serio.
-De... acuerdo... - Le digo extrañada. Algo recorre mi cuerpo y no me gusta la sensación.
Como me ha dicho, y sin quitarme de la cabeza que algo ocurre, comienzo a preparar toda la habitación.
Coloco mis ropas en perchas, mis productos de higiene en las estanterías del baño. Mis pijamas en los
cajones...y cuando creo que he terminado, descubro una bolsa más. Es una mochila de César. Debe haberla
traído sin darse cuenta entre mis cosas.

Decido subírsela cuanto antes. No quiero que se vuelva loco buscándola, o crea que la ha perdido.
Tomo el ascensor y pulso el botón de subida. Cuando las puertas se abren, el pasillo está cambiado. Han
colocado macetas nuevas, después de como quedaron las otras, seguro que no pudieron hacer nada por
ellas. Camino hasta la puerta de César, y compruebo que está entreabierta. Al vivir aquí arriba, y solo,
nunca se preocupa de cerrarla.
Antes de entrar, una voz de mujer llama mi atención. Me quedo paralizada y no sé si continuar.-¿Será
alguien de su familia? - Levanto la mano para golpear la puerta, y que sepan que estoy aquí, cuando oigo a
César hablar.
-Erika, sabes que puedes quedarte aquí el tiempo que necesites...
Mi corazón se parte en ese instante, y no me quedo a escuchar nada más. -¿Erika?-. Repito mentalmente.
Dejo la mochila en el suelo y salgo corriendo. Mis ojos se llenan de lágrimas a medida que voy llegando
hasta la habitación. Abro la puerta y cuando entro, la cierro dando un gran portazo. Me lanzo sobre la cama,
y lloro desconsoladamente. -¿Pero cómo puedo ser tan idiota?. – Me digo - ¿Tanto se nota mi ignorancia?,
¿Tanto como para que se rían tan descaradamente de mí?. - No aguanto más.
Me levanto de la cama, seco mis lágrimas con rabia y vuelvo a empaquetar todo. -Me largo. Lejos. Lo más
lejos que pueda. Me iré a otro lugar. Me pasaré una temporada de viaje, y cada día dormiré en un sitio
distinto, para que Mario no me encuentre. Viviré así, hasta que le encuentren a él.-
Alguien golpea la puerta con fuerza, pero me da igual. Sigo guardando rápidamente mis cosas en las
mochilas.
-¡No estoy! – Grito irónicamente. No sé quién es, pero me hago una idea.
-¡Natalia!. ¡Abre inmediatamente la puerta, o lo haré yo!. – Por su tono de voz, sé que César está nervioso.
Pero sigue dándome igual.
Seguro que ha visto la mochila en su puerta, y sabe que he estado allí.
-Déjame en paz. – Le digo – Solo abriré la puerta una vez más, y será para irme a la mierda de aquí. – Vuelvo
a gritar.
La puerta se abre en ese momento, y descubro que tiene una copia de la llave. Durante unos segundos se
queda mirándome fijamente. Yo sigo empaquetando.
-¿Qué estás haciendo? – Su mandíbula está apretada al igual que sus puños.
-¿Tu que crees? – Sonrío con sarcasmo.
-Siéntate, tenemos una conversación pendiente – Me dice como si nada.
-Yo, no tengo absolutamente nada más que hablar contigo. – Suelto la última de las bolsas junto a la
puerta. – Apártate, quiero irme.
-No vas a ir a ningún sitio hasta que hablemos...
-No tengo nada más que hablar contigo. Se lo cuentas a Erika. Seguro que ella, sí que está dispuesta a
escucharte. – Intento apartarle inútilmente. Me dobla en tamaño. – ¡Quítate! – Le digo.
-No es lo que crees... - Dice furioso.
-Que frase más típica... – Le respondo - ¿Sabes?. Casi me haces creer que eras diferente. Pero hoy por fin, se
te ha caído la máscara. Lo único que buscas, es lo que los demás. Pero tú, por partida doble.
-¡Natalia!. – Me grita – ¡Estás hablando sin saber!.
-Ya veo que tenías razón... - Digo con desprecio - No traes a tus pacientes aquí. Solo a tus putas... –Miro
directamente a sus ojos - Y lo último que quiero, es formar parte de tu "harén" particular.
-No voy a tomar en serio nada de lo que estás diciendo. - Trata de calmarse y respira profundamente. Se
cruza de brazos en medio de la puerta para evitar que salga. - Sé que tu inseguridad, es quien está haciendo
que me digas estas cosas... Estás tan jodidamente ciega ahora mismo, que no verás la realidad, ni
escucharás lo que tengo que decirte. – Suspira paciente - Grítame. Adelante. Patalea... voy a esperar que
termines de decirme todo lo quieras. Desahógate. Sé que lo necesitas... y después, cuando te calmes, te
explicaré todo.
Esas palabras, causan al instante, un efecto contrario en mí. - ¿Está utilizando psicología inversa conmigo? -
No lo sé... pero extrañamente, me parece ridículo seguir gritando.
-Tienes cinco minutos – Le digo.
-Bien, siéntate en la cama – Hago lo que dice, y cuando se asegura de que no voy a salir corriendo, se sienta a mi lado...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:42 pm


Capitulo 38
Vamos allá... - Carraspea - No sé por dónde empezar, creo que necesitaré más de cinco minutos, pero lo
intentaré. - Sube una de sus rodillas a la cama para poder girarse hacia mí.- Como ya habrás podido
imaginar... Tenía algo con Erika, antes de que tú y yo nos conociéramos... - Asiento de mala gana, solo para
que continúe - En realidad, no era nada serio. Lo hubo, no te voy a engañar... Durante años, Erika formó
parte de mi vida, convirtiéndose en alguien importante para mí. Un pilar vital más bien, al que me agarré
con todas mis fuerzas, en una época, en la que mi vida, se tambaleó bastante... - Esa frase, activa mi
cerebro - Pero puedo asegurarte, que jamás la llegué a amar. Razón por la que decidí dejarla. No quería
ataduras... No sentía lo que estaba haciendo. Ya sabes cuál era hasta hace poco, mi idea del "amor". -Sonríe
- Erika, no llevó demasiado bien en aquel entonces nuestra ruptura, lo pasó realmente mal, y como me
sentía en deuda con ella, la ofrecí este absurdo "convenio"... Y como has podido comprobar, aceptó.
Desde entonces, simplemente hemos mantenido algo pasajero entre nosotros, y solo para pasar el rato... -
Mi estómago arde. ¿Estoy celosa? .- Viene regularmente a España por viajes de negocios... La empresa de su
padre, tiene varias sucursales aquí, y ya sabes donde se ha estado alojando... - Asiento pesarosa - Una vez
que volvía a su país, ella seguía con su vida y yo con la mía. - Escucho atenta. Es la primera vez que habla de
su pasado conmigo.
Hace unas semanas. Cuando pasó aquello entre vosotras... y te hizo creer que yo la envié para pedirte que
te fueras... Un golpe de rabia se desató dentro de mí, y de malas maneras la aparté de mi vida, y por
supuesto, la eché del hotel. Realmente se lo merecía.
Durante los días siguientes, estuvo llamándome llorando, pidiéndome perdón... diciendo que estaba
arrepentida, y que la diera otra oportunidad.... Por supuesto, me negué. Realmente me sentí aliviado
cuando terminé con ella por fin. Con su comportamiento, me dio la excusa que necesitaba, para hacer algo,
que debía haber hecho hacía mucho tiempo, y que por lástima, y su manera de manipularme, no fui capaz...
-No hace falta que sigas - Le digo - Entiendo que has vuelto a aceptarla por lástima - Me pongo en pie para
irme, pero César me sujeta para que no lo haga.
-No he acabado - Me dice seriamente. - Ahora viene la mejor parte.- Tira de mi brazo hacia abajo y poco a
poco vuelvo a sentarme en la cama.
-La semana pasada, cuando estábamos en el pueblo de tus padres, y recibí aquella llamada que me hizo
salir a toda prisa... - Acaba de captar toda mi atención. - Fue por ella... Me llamaron del hospital. La
encontraron tirada en un baño público. Se había tomado una gran cantidad de pastillas y estaba
inconsciente...
-¡Oh Dios mío! - Digo impactada. Una de mis manos cubre mi boca.
-Por la zona donde se encontraba, la llevaron al hospital donde trabajo. - Que casualidad... Pienso - Una de
mis compañeras la reconoció, y decidió llamarme.
-¿Por qué no me lo dijiste entonces? - Frunzo mi ceño en señal de protesta.
-Porque te conozco demasiado bien... - Dice retirando un mechón de cabello de mi cara - Te hubieras
sentido culpable al instante... - Bajo la mirada. Ahí tiene razón... - Como ya sabes, lo que pasó entre
vosotras, fue lo que inició lo demás... y últimamente, estás sufriendo grandes cambios en tu vida. Si ya de
por sí, es difícil afrontarlos... lo que menos pretendía, era que también cargaras con esto. Bastante
responsable me siento yo ya... - Ahora quien baja su mirada es él - Siento no habértelo contado antes, pero
necesitaba que estuvieras aquí para hacerlo. De lo contrario, te hubieras negado a venir. -Vuelve a tener
razón.
-No deberíamos sentirnos culpable ninguno... - Digo mirándolo fijamente - Ella fue quien tomó la decisión
de hacer eso. No nosotros... Nadie la obligó. Nadie la puso una pistola en el pecho. Fue solo decisión suya...
-No lo entiendes Natalia... -Niega con la cabeza y cierra fuertemente sus ojos - Si lo llega a conseguir... si
consiguiera quitarse la vida, no podria vivir con ello. Ella sabe que eso, es mi talón de Aquiles... -
Definitivamente, hay algo más, que todavía no me ha contado.
Por esa razón, estoy ayudándola. -Dice sinceramente - Necesito estar tranquilo, y esta es la única manera
que se me ocurre para conseguirlo. He contactado con un amigo psicólogo para que la trate, y está siendo
vigilada de día y de noche, por una asistenta que tiene a su cargo. Por lo menos, hasta que consiga aceptar,
que todo ha terminado entre nosotros. No quiero correr ningún riesgo.
Pero quiero que sepas, que la única persona que me importa en este mundo, está delante de mí ahora
mismo. -Me sonríe - Si Erika está aquí, es porque cuando yo estuve mal, ella estuvo conmigo, pero no hay
nada más... Quiero pagar mi deuda de una vez por todas, para que jamás vuelva a aprovecharse de ello... y
así tener por fin mi conciencia tranquila.
-¿Dónde dormirá? - Por nada del mundo me gustaría cruzármela en el hotel... y espero que no sea en su
piso...
-¿Recuerdas la casa a las afueras, que te dije que estaba reformando?. - Asiento - Hoy solo vino a saludarme.
Pero está instalada allí. - Eso me alivia.
-Te oí decir que podría quedarse el tiempo que necesitara...
-Exacto. En aquella casa. Y no oíste lo demás. ¿Verdad? - Sonríe - Puede quedarse todo el tiempo que
necesite... siempre y cuando, respete las normas de convivencia. Y la primera es: No invadir mí espacio, ni el
tuyo. Ya está al tanto de que has vuelto.
-Me gusta eso - Le digo casi sonriendo.
-Natalia... - Pone su mano en mi mejilla - Necesito que confíes en mí. Sé que es algo muy difícil para ti, y que
nos va a costar mucho trabajo a los dos... Sé que estás muy herida y que desconfías de todo y de todos, y no
te culpo por ello. Puedo hacerme una idea de lo difícil que ha tenido que ser tu vida, y por todo lo que has
tenido que pasar... Pero confiar, es el primer paso para ser feliz. ¿De acuerdo?. No todas las personas son
iguales... - Asiento mientras muerdo mi labio inferior. Es un hombre tan paciente, como inteligente.
Siempre consigue dejarme sin palabras - De otra forma, solo verás cosas donde no las hay, y sufrirás por
ellas, cuando la mayoría de las veces, ni siquiera serán como crees... Y eso cariño, a la larga, acabará
dañándonos a los dos.
-No sé que decir - Digo avergonzada. - Siento mucho lo que ha pasado antes... y sobre todo lo que te he
dicho...
-No te preocupes... - Sonríe - Ha sido error mío. Por querer protegerte tanto, he acabado haciéndote más
daño. Debí contártelo desde el principio...
-Gracias - Le digo mientras le abrazo sin que lo espere.
-Mmm... Me gusta este "gracias" - Ríe - Si cada vez que tengamos una pelea, me abrazas así, podremos
pelearnos todos los días - Río con él.
-Ahora en serio, César - Le libero de mi abrazo, para poder mirarle a los ojos - Gracias por tus palabras,
siempre son acertadas. Sabes bien dónde ponerlas... y son como un bálsamo para mí. Pero sobre todo,
gracias por tu tiempo y tu paciencia conmigo... Sé que a veces, puedo llegar a ser demasiado irritante. No sé
que es lo que me pasa, yo no era así... De un tiempo a esta parte, todo parece molestarme, todo parece ser
horrible siempre, y vivo en una constante nube de negatividad. Huyo de todo lo que creo que pueda
complicarse, en vez de afrontarlo. Y lo peor, es que no soy consciente de ello, hasta que me sereno, y casi
siempre suele ocurrir, después de haber metido la pata...
-Shhh - Dice mientras pone su dedo sobre mis labios. -No te machaques más con eso. De aquí en adelante,
todo esto va a cambiar. Esa nube de negatividad de la que hablas, desaparecerá, y no tendrás motivos por
los que irritarte, ni cabrearte, espero no dártelos... Y ahora dame un beso, que desde esta mañana en la
ducha, me tienes abandonado...
Mi corazón da un vuelco, es un hombre tan irresistible... que no me puedo negar, y sin dudarlo ni un instante, me lanzo sobre él, y le beso con todo el cariño del mundo.
Deberían ponerle en un pedestal...
Capitulo 39


-Vámonos de aquí, o no saldrás viva - Dice bromeando mientras se pone en pie y me ofrece su mano. -
Tienes que comer algo, señorita. - Hago un mohín. Me apetecía demasiado quedarme un rato más con él,
después de nuestra pelea...
La comida del restaurante, como siempre es fabulosa. Si paso demasiado tiempo aquí, volveré a coger
algún kilo extra. Tendré que tener cuidado, y pedir más verdura.
Las horas pasan y se nos hace tarde. Tenemos que madrugar bastante, si quiero ir al hospital a ver a mi
padre de nuevo.
César me acompaña hasta la habitación. Me siento un poco extraña cuando me besa para despedirse. Me
encantaría que se quedara conmigo... pero entiendo que sería ir demasiado rápido. Debemos tomarnos las
cosas con calma... esto es nuevo para él, y prácticamente para mí también.
Aprovecho para telefonear a Laura.
-Nataaaaa - Nuestro saludo de siempre.
Rápidamente me pregunta por mi padre. Le pongo al día explicándola con detalle, cómo le vi en la mañana,
y donde me encuentro en este momento. Grita de emoción. Resoplo fuertemente para que me oiga y ríe a
carcajadas.
La invito a venir mañana por la tarde, cuando vuelva del hospital. Apenas hemos podido hablar desde la
competición... pero no puede. Tiene una cita con un chico, que según me adelanta, ha conocido hace poco.
Por más que intento tirar de su lengua, para que me cuente más sobre él, me responde con evasivas. Unos
minutos después, nos despedimos.
A las siete de la mañana, ya estoy arreglada y esperándole. No se hace esperar. Como siempre, es puntual.
-Buenos días princesa - Dice mientras sujeta mi cara y besa tiernamente mis labios. - ¿Cómo has dormido?.
Antes de que pueda responder, sus labios están otra vez en los míos. Creo que esta confianza, empieza a
gustarme demasiado...
-Como un bebé. - Le respondo sonriendo. Sus ojos brillan de una manera especial cuando me mira.
Mil mariposas revolotean en mi interior. -¿Es felicidad lo que siento?-. Hace tanto tiempo desde la última
vez que lo fui... que me cuesta reconocerlo...
Hoy iremos solos hasta el hospital. Alex se ha tomado el día libre. Algo lógico ya que lleva noches, apenas
sin dormir, y debe de estar agotado. Además nadie sabe que nos hemos ido del pueblo, por lo que no
debería haber problema. César en cambio, está extrañado. Parece que no es para descansar, y según le ha
confesado, ha quedado con alguien. Desde que le conoce... es la primera vez que hace algo así.
Es un hombre joven, y bastante atractivo además. Un par de años mayor que César. Moreno... Corpulento y
bien formado. Tiene unos ojos color miel, que podrían quitar el hipo al instante, pero por su manera de
comportarse, y su responsabilidad, podría parecer mayor. Quizás esa es la razón por la que no tiene novia.
Con esa seriedad, debe de asustar a las chicas.
El camino hasta el hospital se me hace corto. Vamos escuchando música y charlando de nuestras cosas.
Poco a poco, César se va abriendo más a mí, y me va dejando conocerle un poco mejor. Le gusta el mismo
tipo de música que a mí, pero eso ya lo había notado. Le encanta el deporte, siempre que no sea de riesgo.
No es para nada, adicto a la adrenalina. No le gustan las alturas, y aunque vive en un cuarto, no suele mirar
por la ventana... Tampoco le gustan los lugares oscuros ni cerrados. Reconoce ponerse nervioso incluso en
el ascensor.
Cuando ve que me asombra eso de él, porque en ningún momento lo había notado, me confiesa que
simplemente ha aprendido a disimularlo, por esa misma razón. No quiere que nadie lo sepa.
Recuerdo en ese momento, que en la universidad nos dieron una charla, sobre los miedos en la edad
adulta. En ella, explicaron que se debían a sucesos traumáticos, casi siempre ocurridos en la infancia. Al
preguntarle, cuales cree que son las razones para haber desarrollado el suyo... Descubro un breve gesto de
dolor en su rostro, y como en otras ocasiones, cambia rápidamente de tema.
-¿Has vuelto a hablar con tus hermanos sobre lo de tu coche? - Dice mirando al frente. -No me hace mucha
gracia que volvamos separados.
-Sí- Le digo. -Antes me llego un mensaje. Ya lo tienen allí.
Los minutos siguientes hasta que llegamos, los pasamos en silencio. Un ambiente raro se ha instalado entre
nosotros, desde mi desafortunada pregunta.
Saludamos a mi familia que está en el mismo lugar que el día anterior, y hacemos el reparto de la misma
manera. Diez minutos cada uno, y por turnos.
-¡Mi niñita! - Dice cuando abro la puerta. Corro hasta él.
Hoy tiene mejor cara, y le noto más fuerte. Tiene ganas de bromear, y su humor es casi como el de siempre.
Ríe varias veces, contándome anécdotas de las enfermeras, y ya no tiene esa tos tan fatigada.
Los malditos diez minutos, pasan demasiado rápido para mi gusto, y para el suyo. Ambos protestamos... Le
abrazo un poco más fuerte que el día anterior, y me voy mucho más tranquila. Ahora sí veo mejoría. Confío
en que se recuperará pronto, y eso me llena de energía.
Esperamos a que mis hermanos, y mi madre hayan tenido su rarito con él, y charlamos sobre la situación.
Coincidimos en que está bastante más recuperado, y todos quedamos más tranquilos. El médico nos dice,
que si sigue así, mañana mismo estará en una planta normal, donde las visitas podrán hacerse con el
horario habitual, y sin restricciones. No puedo tener una mejor noticia.
Nos despedimos de ellos. Tenemos que volver a Madrid. César empieza mañana a trabajar, y tiene que
ponerse al día con los informes médicos de sus pacientes.
Mis hermanos, me indican donde han aparcado mi coche, y César me lleva hasta él. Aunque está
relativamente cerca, no quiere que vayamos caminando.
Subo, y aspiro el olor a nuevo que tanto me gusta. César espera a que yo salga primero a la carretera, el irá
durante todo el camino detrás. No quiere perderme de vista. - Que protector es... - Me digo mientras sonrío.
No he salido del aparcamiento, cuando suena mi teléfono. Es César.
-¡Hola guapo!- Le digo - Cuanto tiempo sin saber de ti - Río.
-Ya te estoy echando de menos... - Le oigo sonreír a él. - ¿Por qué no pones el manos libres... y vamos
conversando durante el trayecto? - Me dice. - Así me sentiré menos solo y abandonado...
-Me parece buena idea - Le digo.
Coloco mi móvil en manos libres, y como ha propuesto, vamos charlando y riendo sobre cosas que ambos
vemos. Conductores que entorpecen, motoristas arriesgados... Me riñe varias veces por mi velocidad,
obligándome a ir más lento. Pongo mis ojos en blanco cada vez que lo hace, aprovechando que no me ve...
y para no enfadarle, reduzco hasta que casi está pegado a mí.
Por el retrovisor, veo un monovolumen azul oscuro, que está adelantando a César. Se coloca entre los dos,
haciéndome aumentar la velocidad, porque se pega demasiado a mi parachoques trasero.
-Cariño, ten cuidado con ese gilipollas - Le oigo decir a través del teléfono. Lleva detrás nuestra desde que
salimos de Toledo, y a mí ya me ha hecho un par de cosas extrañas.
-Tranquilo - Le digo. - Tendré cuidado...
Intento darle paso, apartándome ligeramente para que me adelante, pero extrañada descubro que no es su
intención.
Acelero un poco más, y compruebo por el retrovisor, que acelera tan rápido como yo. - Que raro... - Me digo.
No puedo ver si es un hombre, o una mujer quien conduce, ya que el sol pega de lleno en su luna delantera,
y consigue deslumbrarme.
Intento bajar la velocidad, para ver si él también reduce, y al ver que viene como un loco hacia mí, no tengo
más que volver a acelerar para evitar la colisión. Mis alarmas se disparan.
-¡Joder!- Grita César nervioso por el manos libres. -¡¿Ese tío es idiota, o qué?!
-Tranquilo. - Le vuelvo a decir. No me gusta la idea de que se altere conduciendo.
Veo como César, intenta adelantar al monovolumen, y éste, con rápido movimiento, le obliga a maniobrar
bruscamente, casi sacándolo de la carretera.
-¡Dios mío, César! - ¿Estás bien? - Grito preocupada.
-¡NATALIA! - Grita histérico. - ¡CORRE CARIÑO!. ¡CORRE COMO TU SABES HACERLO!... ¡ES MARIO!...

Capitulo 40
Todo mi vello se eriza al oír la frase de César. Mi mente se nubla, mi corazón se agita y por unos segundos,
me quedo totalmente paralizada. No sé ni donde estoy...
-¡NATALIA!, ¡ACELERA! - El nuevo grito de César, me saca de mi estado de shock.
Sujeto el volante rápidamente, estaba yéndome a la cuneta y no lo había notado.
-¡César!. Tranquilo. ¿De acuerdo? -Trato de mantener la calma, para él y para mí. Aunque mi voz no suena
para nada tranquila.
Miro por el retrovisor y Mario cada vez acelera más. Yo hago lo mismo. César trata de seguirnos, pero varios
coches le impiden continuar. Veo como se queda atrás, debido a que tiene que frenar bruscamente, para no
chocar con un camión de reparto.
-¡No puedo hacer nada, Natalia!, ¡No puedo llegar hasta ti, me están cortando el paso!. - Esta muy nervioso,
su voz tiembla y suena impotente.
-¡No dejaré que me alcance!. Le digo casi con lágrimas en los ojos.
-¡Cariño, voy a colgar!.- Le cuesta trabajo decir esa frase.
-¡No...! ¿Por qué?. Necesito que sigas conmigo...
-¡Voy a llamar a la policía e indicarles lo que está pasando! ¿De acuerdo? - Está al borde de un ataque de
nervios.
-¡Sí! - Le digo. Ya no me importa, es buena idea.
-¡Natalia...! - Vuelve a hablarme - ¡Tienes que ganar esta carrera!. ¡Por ti, por mí... Tienes que salir
victoriosa!. - Grita con fuerza, como si no pudiera oírle. - Te vuelvo a llamar ya mismo... - Su voz se quiebra.
Cuelga.
Juraría que oí lágrimas en su garganta, cuando dijo su última frase.
Un golpe seco, hace que mi cuerpo se mueva con violencia dentro del coche. Mi cuello duele. Acaba de
alcanzarme en la parte trasera. Veo como trozos del parachoques, y cristales de los pilotos, van cayendo al
suelo.
Tomo una gran cantidad de aire, e intento nuevamente mantener la calma. Por el estado en el que me
encuentro, no soy capaz de maniobrar con habilidad, y apenas tengo reflejos.
-Tengo que ganar la carrera, como César me ha pedido... -Visualizo la carretera, - Es una competición... - Me
digo mentalmente. Mi padre estaría orgulloso de mí, si gano esta... El premio es salir con vida, y tengo que
llegar la primera a la meta. Trago saliva y la adrenalina riega mi cuerpo. Piso el pedal a fondo, y con
habilidad, consigo ir sorteando los coches que tengo delante. Necesito hacerlo bien, y no poner en peligro a
los demás conductores. Empiezo a notar que voy dejando a Mario atrás. Le cuesta alcanzarme.
Se acerca una curva demasiado cerrada, por un momento dudo en si podré hacerme con el control, una vez
que esté tomándola. Hay varios vehículos circulando en ella, y no podré abrirme lo suficiente sin chocar con
ellos. Sujeto el volante con fuerza. Ya estoy dentro, y noto como mis ruedas derrapan. Giro el volante en
dirección contraria, para evitar las tan temidas "eses". Después de tres rápidos bandazos, consigo
estabilizarme. Mario llega hasta ella, y su coche patina, haciendo que se golpee lateralmente con un
todoterreno, dándome un poco más de ventaja. Espero que en él, no viajaran niños.
Mi vista se empaña, varias lágrimas están cayendo por mis mejillas, las seco rápidamente con las mangas
de mi camiseta. No sé si estoy llorando, o es por la atención, que tan fijamente tengo puesta en la carretera.
El teléfono suena, pero entro en otra curva casi tan cerrada como la anterior, y no puedo soltar las manos
del volante. César tendrá que esperar. Sé que es él.
Mario está acercándose de nuevo. Compruebo que a quinientos metros hay un desvío que lleva a una vieja
carretera, con suerte, poco transitada. Necesito salir de esta, hay demasiadas vidas en peligro por nuestra
culpa. Juego con la ventaja de que Mario no sabe cuál es mi idea.
Acelero más para que él haga lo mismo. Quedan cuatrocientos metros para llegar al desvío. Está casi
pegado a mí. Le dejo que se confíe, pero que no llegue a alcanzarme. Trescientos metros... doscientos... casi
me roza... cien, la sangre bombea fuertemente en mis venas. Cincuenta... puedo distinguir por un segundo
su cara en mi espejo retrovisor. Compruebo que no viene ningún coche más detrás, y cambio bruscamente
de carril, poniéndome en el de la izquierda. Freno de golpe, pillando a Mario por sorpresa. Él sigue hacia
delante a gran velocidad, mientras yo tomo rápidamente el desvío. Acabo de ganar la valiosa carrera.
Tardará varios minutos en poder dar la vuelta, y con suerte, ya no podrá dar conmigo.
El teléfono vuelve a sonar, esta vez con más calma, descuelgo.
-¡Estoy bien!, ¡Voy en cabeza! - Le grito eufórica.
-¡Dios mío...!- Le oigo decir. - ¡Casi muero de angustia! Pensé en lo peor... - Otra vez su voz se quiebra.
Le indico donde estoy, le explico mi estrategia, y se tranquiliza al saber que por el momento, no me sigue
nadie. Vuelve a colgar para indicarle a la policía mi ubicación... Y cuando volvemos a tomar el contacto, me
explica que la ayuda está en camino, que pronto me escoltará un coche patrulla, y que le espere con ellos,
en comisaría de la población más cercana, que él ya viene en mi dirección. Decidimos colgar, ya que no
sabemos si algún agente puede llamarnos para concretar algo más.
Veo las luces del coche patrulla acercarse a mí, y por fin, relajo mi estómago. Me duele. Lo he llevado
pegado a mis costillas durante todo este tiempo. Paran antes de que llegue hasta ellos y me hacen señales
para que yo también lo haga. Uno de los agentes llega hasta mí, y me pregunta mi nombre. Al comprobar
que soy la persona que buscan, me hace varias preguntas más. Trata de calmarme, y cuando cree que ha
recopilado toda la información necesaria, me pide que continúe. Vienen detrás de mí, hasta que llegamos a
la comisaría.
Una vez allí, uno de los agentes, me ofrece una pequeña botella de agua. La cual agradezco, ya que mi boca
parece estar hecha de corcho. La tengo totalmente seca por el sofoco.
Doy mi primer trago, cuando oigo la puerta abrirse bruscamente. César viene como un loco hasta mí.
-¡Natalia!- Se lanza bruscamente sobre mí. Mis pies se elevan del suelo, mientras me abraza con demasiada
fuerza. Me hace daño.
-César... - Mi voz suena ahogada y apenas puedo respirar.
-¡Dios mío, Natalia!. Creí que te había perdido... - Sigue apretándome cada vez más fuerte.
-César... - Apenas puedo hablar ya.
-¡No puedo creer que estés bien!, ¡No puedo creer que tenga otra oportunidad!...
Por suerte, uno de los agentes se da cuenta, y viene a auxiliarme.
-Muchacho. - Pone la mano sobre su hombro - Déjala respirar. - Ríe - O lo que no ha conseguido el otro, lo
harás tú en cuestión de segundos.
Por fin se da cuenta y me suelta. Pongo mis manos sobre mis costillas doloridas, y masajeo la zona.
-Lo siento... - Vuelve a abrazarme, esta vez más suave, mientras me besa repetidas veces por toda la cara.
-Tranquilo... - Le digo mientras froto su espalda con mis manos. - Ya ha pasado. Estoy bien... - Tiembla
como un cachorro asustado.
-Lo que creía que iba a acabar con tu vida en el circuito, ha resultado ser lo que te la ha salvado... Bendita
sea tu pasión por las carreras - Me dice - Si no es porque sabes manejar un coche de esa manera... - Baja su mirada, y veo como cierra fuertemente sus ojos. Levanta una de sus manos y aprieta con dos dedos, el
tabique de su nariz. Tiene demasiada tensión acumulada. Debe haberlo pasado realmente mal.
-No sé, si podré conducir de nuevo - Le digo - Mis piernas parecen flanes de vainilla. - Consigo lo que busco y
le hago sonreír.
Uno de los agentes se acerca a nosotros.
-Tengo noticias - Nos dice, y le miramos atentos. - Han encontrado a varios kilómetros de aquí, el
monovolumen que les perseguía, pero ni rastro del conductor. Hemos sabido, que el coche fue robado hace
apenas dos días, a las afueras de Madrid. Tengo a varios agentes buscando por la zona, pero no puedo
asegurarles nada. En cuanto demos con él, o encontremos alguna pista. Se lo haremos saber. De momento,
solo podemos reforzar la guardia en la zona donde viven. Tengan cuidado. - Nos dice seriamente - Viendo
como está actuando, estamos seguros de que no parará, hasta que consiga lo que busca.
César me mira atento. Trato de no hacer ningún gesto que delate mi preocupación, para no asustarlo más.
Pero interiormente, estoy realmente asustada. Ahora sí que estoy segura, de que va a por todas conmigo...
Mi coche tiene que quedarse allí, no puedo circular con el sin luces traseras y sin paragolpes. Además,
quieren hacerle algunas fotos como prueba. Me aseguran que se harán cargo de él, llamarán a una grua
cuando acaben, y lo enviarán al taller que decidamos. Por supuesto, no puedo mandarlo al de mis
hermanos. No deben enterarse.
Tras varias horas allí, nos vamos. César, no para de mirarme continuamente, como si todavía no se creyera,
que estoy sentada en el asiento del copiloto. De vez en cuando, por el rabillo del ojo, le veo negar con la
cabeza. No sé en que estará pensando, pero no debe ser nada bueno... Por sus gestos, sé que está
torturándose con algún tipo de pensamiento horrible. Desde que le conozco, nunca le había visto tan
angustiado como hoy.
Continuamente, busca mi mano con la suya. Me la aprieta, la acaricia, y solo me suelta para cambiar de
marcha, o tomar una curva.
Por fin llegamos al hotel y aparca cerca de la puerta. Espera a que salga del coche y pone su brazo sobre mis
hombros. Caminamos así hasta el ascensor. Como ya sé que no le gusta entrar en él, me fijo en su cara,
esperando algún gesto que delate su miedo, pero solo me mira y sonríe, como si supiera lo que pretendo.
Las puertas se abren. Pone su mano en mi cintura. Está nervioso e inquieto. Pero esta vez es un tipo de
nerviosismo distinto... Abro la puerta de la habitación y me giro para despedirme de él, pero no me da
tiempo. Sus manos, rodean mi cintura y su boca me besa ansiosamente.
-César... tranquilo - Le digo. - Me haces daño con los dientes...
-No puedo estar tranquilo, después de lo que ha estado a punto de pasar... - Dice con dificultad. No para de besarme.
Entramos abrazados a la habitación, y oigo como cierra la puerta con su pie. Mi cuerpo instintivamente se prepara para lo que viene...



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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Miér Feb 17, 2016 9:44 pm


Capitulo 41

César:
Sé que estoy siendo brusco, pero es imposible para mí contenerme, necesito de ella… tanto como del aire
que respiro. Pensar en lo que ha estado a punto de pasar, me trae loco. Casi la pierdo… No puedo esperar
más, siento que con cada minuto que pasa, pierdo un tiempo valiosísimo que podríamos estar pasándolo
juntos. Necesito tenerla ya, tenerla ahora. No puedo demorarlo más, se me acaba la paciencia. Me consume
la espera…
Cada beso que la doy, es una droga para mí. Me declaro totalmente adicto a sus labios. Adicto a su
aroma… a su sonrisa, a su mirada… A su “todo”…
Necesito quitarme la ropa, me quema en el cuerpo, necesito quitársela a ella, me quema a la vista. Quiero
su cuerpo contra el mío. Su calor en mi piel… Nada calmará esta ansiedad que siento, si no es de esta
manera.
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­César… ­ Tiene sus ojos cerrados, y está empezando a dejarse llevar por la pasión. Ya no la molestan mis
duros besos.
Cada vez que mi nombre sale de sus labios, pierdo totalmente la razón y mi autocontrol se esfuma. Es tan
erótico verla así… Tan entregada a mí. Es en el único momento en que me ofrece su total confianza.
­Necesito tanto de ti…­ Digo mientras beso su cuello. Inclina su cabeza para que siga haciéndolo. Veo
como todo su vello corporal, se eriza cuando paso la punta de mi lengua por su yugular.
Con mis manos busco el doble de su camiseta, y con un ágil movimiento, consigo sacarla por su cabeza. Es
tan perfecta… su vientre es tan plano y sus pechos tan voluminosos y moldeados… Desabrocho los
corchetes de su sostén, y este casi sin esfuerzo, cae al suelo. Me tomo unos instantes para contemplarla. He
descubierto que disfruta cuando lo hago. Es preciosa…
Su pecho se eleva, su respiración es agitada, y mi cabeza se desconecta, dejando paso al instinto… estoy
totalmente desbocado. Saco mi camiseta tan rápido como puedo, y en cuanto aplasto su pequeño cuerpo
contra el mío... Mi corazón y respiración se regulan con la suya, dándome la calma que necesito y
haciéndome tomar de nuevo el control. Es una sensación tan increíble…
Mis manos recorren su espalda desnuda. Llego hasta sus muslos y con un pequeño esfuerzo, la tomo en
brazos. Ella rodea mis caderas con sus piernas. Llegamos hasta la cama, pongo una rodilla sobre el colchón
y la dejo caer lentamente. La cubro con mi cuerpo.
Jadea en mi boca, y creo que volveré a perder la razón. Sus manos tiran de la goma de mi pantalón,
bajándolo con habilidad. Yo hago lo mismo con el suyo. Tengo que tomar varias bocanadas de aire para
tranquilizarme. No quiero hacerla daño…
­Te necesito… ­ Susurra. Está tan perdida como yo.
Su frase consigue hacerme vibrar, mi corazón palpita locamente y me coloco entre sus piernas. No puedo
hablar, no puedo calmarla… solo quiero tenerla. Si espero más, me volveré loco.
Presiono mi hombría contra ella. Su calor abraza cada centímetro de mí. Gime… se arquea… Sus manos
aprietan mi espalda, sus uñas se clavan en mis hombros. Me quiere más cerca. Lo sé. Mis brazos la rodean
con fuerza, dándola lo que pide. Me sumerjo en ella una y otra vez, al tiempo que me pierdo entre sus
curvas. Cierro mis ojos por unos segundos, soy incapaz de mantenerlos abiertos. El placer se ciñe a cada
una de mis células.
Me besa ansiosa, su lengua me busca. Su boca está tan húmeda y caliente, que mi excitación aumenta, y
con ella mi tamaño. Gime más fuerte, sé que lo nota. Mi piel está tan tensa en su interior… que casi me
duele.
Respira rápido. Sonidos de placer, cada vez más vivos, salen de su boca. Aumento mi velocidad. Siento
como se estrecha, como me atrapa… Estamos tan cerca…
Se mueve inquieta debajo de mí, ya está aquí. Su clímax comienza. Fijo la mirada en su tenso cuerpo, no
quiero perderme esta preciosa escena, quiero poder recordarla siempre. Pero es imposible… Una fuerte
corriente recorre mi cuerpo, desde mi cabello hasta los dedos de mis pies. Me pierdo... siento que muero…
muero por ella…
La intensidad acaba conmigo, caigo sobre ella, apenas sin fuerza. Mi cabeza está en su pecho y sus manos
en mi pelo. Jadeamos juntos, mientras intentamos reponernos. Oigo los fuertes latidos de su corazón. Está
viva… y está conmigo… No puedo pensar en otra cosa. Casi la pierdo hoy. Tengo otra oportunidad, y voy
a aprovecharla.
Levanto mi cabeza para mirarla. Está preciosa. Tiene el cabello despeinado, los labios rojos por mis besos
y las mejillas ligeramente sonrojadas. Me sonríe.
­Hola – Me dice con cariño.
­Hola – Respondo sonriendo tiernamente. Me estiro para llegar a sus labios y poder besarla de nuevo.
Pongo mis codos, uno a cada lado de su cuerpo, atrapándola debajo de mí. Beso su nariz, su frente, sus
mejillas, su boca… ella ríe y trata de escapar.
­Me haces cosquillas – Dice riendo.
­Tú consigues hacerme otras cosas… – Susurro en su cuello mientras beso su mentón.
­¿Qué te hago? – Vuelve a reír
­Sentir… ­ Digo levantando mi cabeza para mirarla a los ojos.
­¿Y que sientes…? – Pregunta ahora más atenta y seria.
­Que te quiero… ­ Digo sin dudar. Sus ojos se abren, y mi corazón se encoje. Tengo miedo de haber ido
demasiado lejos, pero no he sido capaz de contener mis palabras.
­César… ­ Sus ojos se empañan. Yo…
Antes de que pueda hablar, sello sus labios con los míos. No quiero que tenga que decir nada, que no esté
preparada para decir... Y tengo miedo de oír algo, que pueda dolerme demasiado. Prefiero seguir viviendo
feliz en mi ignorancia, por el momento…
Con cuidado, me dejo caer a un lado. Paso uno de mis brazos detrás de su cabeza y rodeo su cuerpo con el
otro. Se acomoda entre mis brazos y cierra sus ojos.
­Mi lugar favorito en el mundo – Suspira mientras pone una de sus pequeñas manos en mi costado.
Mi corazón salta de alegría. ­ Poco a poco… – Me digo.
Está demasiado cansada… y yo por fin, algo más relajado. Necesitaba sacar de alguna manera, la tensión
acumulada en mi cuerpo, y creo que no hubiera podido encontrar otra forma mejor de hacerlo.
Beso su frente, y me acurruco con ella. El aroma de su cabello, mezclado con el calor que desprende, es la
mezcla perfecta para dejarme llevar por una agradable sensación de sueño…
Entro en casa, he estado jugando con unos amigos. Mi madre y mi hermana me llaman. Quieren darme
una sorpresa porque estoy un poco triste. Pero por el aroma que hay en la casa, creo que las he
descubierto. Han hecho tarta de manzana. ¡Mi favorita!.
Corro hasta la cocina. Por el pasillo veo la silueta de mi padre acercarse. Me asusto… unas enormes
ganas de orinar se apoderan de mí y casi no puedo contenerme. Camino más despacio y pegado a la pared
cuando me cruzo con él, bajo la mirada, no quiero enfadarle...
Siempre que está en casa, mi pequeño cuerpo se contrae por el miedo.
Creo que no se ha dado cuenta, por lo que siento alivio y sigo caminando. Esta vez con mis ojos apretados.
Así seré invisible… Si yo no le veo, el a mí tampoco… Me lo dijo mi mamá.
Siempre que sus ojos azules, se fijan en los míos, es porque he hecho algo malo, y tiene que golpearme
para corregirme, como él dice… Mi madre y mi hermana también deben de portarse mal, reciben
demasiados castigos…
Todavía siento dolor cuando apoyo mi espalda en el respaldo de la silla. La hebilla de su cinturón, me
golpeó anoche con fuerza, porque una de mis zapatillas se rompió jugando en el colegio.. Papá gana
mucho dinero, pero siempre dice que le hacemos malgastarlo.
El aroma de la tarta inunda mis fosas nasales de nuevo, haciendo que mi boca se haga agua. Cuando mi
padre ya no está en el pasillo, corro de nuevo para llegar cuanto antes. Abro las puertas de la cocina con
una gran sonrisa.
­ ¡Quiero mi trozo ya!­ Grito entusiasmado.
El olor a dulce tan agradable, se transforma rápidamente en metálico. Hay grandes manchas rojas en las
Publicado por Doctor Engel en 11:30
paredes y charcos carmesí en el suelo. Detrás de uno de los muebles, veo asomar un brazo inerte…
­¿Mami?­ Camino despacio y voy descubriendo, que detrás de ese brazo, está el cuerpo de mi madre
tumbado… ­¿Mami? – No contesta, está como dormida… Giro la cabeza y el cuerpo de mi hermana
Hanna ­ está al otro lado. – ¡Hanni, ayúdame!, ¿Qué le pasa a mamá? ­ Lloro. Mi hermana tiene algo
clavado en su cuerpo. Tampoco se mueve…
No puedo gritar, mi cuerpo está paralizado. Mis ganas de orinar ahora son más fuertes, y no puedo
contenerme. Me hago pis encima. Me siento en el suelo, mis piernas se manchan, el líquido todavía está
caliente. Sujeto la mano inerte de mi madre. Miro su cara. Tiene los ojos abiertos pero no mira a ninguna
parte. Una gota roja sale de su boca dejando una estela a su paso... Miro de nuevo sus ojos, y ya no son
los de mi madre. Son los de…
­¡Natalia!­. Grito con todas mis fuerzas.
Me levanto bruscamente, y descubro que estoy sentado en la cama. Estoy empapado en sudor y Natalia está
de rodillas a mi lado.
­Tranquilo, César – Me dice. ­ Jodidas pesadillas…. Van a acabar con nosotros. – Frota con la palma de su
mano mi espalda.
Respiro agitadamente, no puedo hablar. Solo puedo abrazarme a ella con alivio. Está aquí conmigo. No puedo dejar que a ella le pase nada, no voy a permitirlo. Me dejaré la vida si hace falta para impedirlo… pero a Natalia no me la tocan…

Capitulo 42

Natalia:
Por fin se ha dormido. El pobre ha pasado un mal rato. Con el susto que hemos llevado hoy, no me extraña
que tenga pesadillas. Se puso demasiado nervioso. Y para colmo... no he sabido como reaccionar, cuando
me ha dicho que me quiere...
Son tan difíciles para mí esas palabras... Tienen tanto significado, que no las puedo decir a la ligera. Creo
que todavía no estoy preparada para volver a querer a nadie. El miedo solo me permite llegar hasta aquí.
No quiero sufrir otra vez por amor. Estoy segura de que siento algo por él. Algo muy fuerte, pero no quiero
llegar más lejos... Me acomodo con ese pensamiento a su lado, y también me duermo.
Varios rayos de sol, llegan hasta mi cara, haciendo que me despierte. Me giro buscando el cuerpo de César a
mi lado, pero no está. Trato de escuchar algún ruido procedente de la ducha, pero tampoco parece estar
ahí. Recuerdo que hoy tenía que comenzar a trabajar, por lo que deduzco que se ha levantado temprano.
Tomo mi móvil para ver la hora que es, y veo un mensaje en él. Es de César.
"Buenos días, preciosa. Espero que hayas podido dormir bien. Siento el mal rato que te hice pasar anoche.
Estoy en el trabajo. Come algo por favor. Te veo por la tarde.".
Sonrío. Me encantan estos detalles suyos. Incluso ha puesto mi móvil en silencio para no despertarme con
su mensaje... Es un amor. Sabía que lo revisaría cuando despertara.
Le contesto:
"Buenos días, precioso (risas). He dormido con mi ANGEL guardián, no se puede dormir mejor... Espero que
tengas un buen día. Bajo a desayunar en nada."
Llamo a mis hermanos para saber cómo se ha despertado hoy mi padre. Al parecer, todavía está mejor que
ayer, y si se mantiene así, en unas horas, le pasarán a su nueva habitación. Me despido y suspiro con el
teléfono pegado a mi pecho. El día no puede empezar mejor.
Sin más, me doy una ducha y bajo a comer algo para reponer fuerzas. Manuel me saluda, y me indica un
lugar tranquilo en el restaurante donde poder desayunar. El cacao está delicioso, no es mi marca favorita,
pero no me puedo quejar.
Una extraña sensación de incomodidad se instala bajo mi piel... como si alguien me observara. Levanto la
mirada, y ahí está... Erika acaba de entrar, y viene hacia mí.
-Hola. - Tiene una gran sonrisa falsa en su cara.
-¿Qué quieres? - Pregunto de mala gana.
-Solo quiero saber cómo estás - Miente. Retira la silla que tengo delante, y se sienta enfrente de mí.
-Esa silla está ocupada. - Digo con mi ceño fruncido. Solo quiero que se vaya.
-¿Por quien querida?, César está trabajando... Se despidió de mí esta mañana. - Vuelve a sonreír.
Una ola de celos me quema en mi interior. Imagino mil maneras de sacarla los ojos, pero me contengo.
Prefiero contestarla.
-¿A sí?. Me alegro por ti. -Ahora la que sonríe soy yo - Como la perrita que eres, seguro que estabas inquieta
meneando el rabo, esperando por él. - Sus ojos se engrandan.
-Eres despreciable. -Me mira con asco - Sabes interpretar muy bien el papel de víctima con César. Pero que
sepas que solo está contigo por lástima. Necesita ayudarte para sentirse bien consigo mismo - Me mira
esperando mi reacción - Cuando consiga algún avance contigo... te dará la patada como a las demás, y
volverá a mi lado. No deberías hacerte demasiadas ilusiones... - Mi corazón se encoge, y como puedo,
disimulo que me ha hecho daño.
-Eres poco obediente perrita - Insisto en llamarla así, sé que la molesta. - Tu dueño te dio órdenes de no
invadir el espacio de nadie y estás desobedeciendo... Vuelve a tu rincón, o tendrá que darte con el periódico
en el hocico. - Sonrío de nuevo.
-Esto no va a quedar así... - La piel de su rostro se vuelve color amapola al instante.
Se levanta de la silla violentamente, dejándola caer contra el suelo. La gente se gira hacia nosotras, y Erika,
con grandes pasos, sale por la puerta. Está realmente enfadada, y yo satisfecha.
Aunque he de reconocer, que ha dejado sembrada la duda en mí. - ¿Será verdad que César solo está a mi
lado por lástima? ¿Está haciendo todo esto para sentirse bien con él mismo? ... Realmente, está muy
empeñado en ayudarme desde el primer día, sin tener necesidad... - Sacudo mi cabeza, no quiero oírme
pensar. Es Erika quien me ha dicho esto, no debería hacerla caso. - Pero es que todo lo que me ha dicho,
encaja tan bien en mis preguntas... - Y por desgracia... sé que César me está escondiendo algo.
Definitivamente y para evitar males mayores, no debo dejarme llevar por los sentimientos. - Pero es tan
difícil... - Suspiro. Como estamos ahora, está bien. Tengo que usar más la cabeza y tener cuidado, si no
quiero volver a pasar por lo mismo. Mi corazón no aguantará otro asalto más. Está demasiado roto...
Con esa idea me levanto de la mesa, recojo todo lo que he puesto, para no hacer trabajar al persona, y lo
llevo hasta la barra.
-¿Todo bien señorita? - Me dice Manuel preocupado. Sé que ha visto todo el espectáculo de Erika.
-Sí Manuel, no te preocupes - Le sonrío y cuando estoy a punto de irme...
-Señorita... - Me llama de nuevo. - No haga caso a nada de lo que Erika diga. Es una arpía. - Susurra y me
guiña uno de sus ojos.
Por un segundo, puedo ver al verdadero Manuel y no al educado recepcionista. Asiento para tranquilizarle y
le regalo una amplia sonrisa.
-Gracias - Le digo. Me despido y vuelvo a mi habitación. Quiero llamar a Laura, para saber que tal fue su
misteriosa cita.
Tomo mi teléfono y marco su número.
-¡Nataaaaa! - Como ya la conozco demasiado bien, antes de que grite, separo el auricular de mi oído.
-¡Lauuuu!. ¿Ves? - Le digo. - Se puede decir de la misma manera, y sin partir el tímpano a tu amiga.
Ríe y rápidamente se preocupa por mi padre. Se alegra mucho de que esté mejor y quiere ir a verlo pronto.
Quiere saber cómo van las cosas por aquí. Dudo, pero al final, le cuento todo lo ocurrido ayer por la tarde.
Grita... Llora, insulta, maldice... y cuando finalmente se calma, me pregunta.
-¿Se lo habéis contado a Alex? - Dice - Dice todavía agitada.
-¿Alex?... ¿Cómo sabes que Alex no venía? - Pregunto sospechosamente. En ningún momento la he
insinuado que no estaba con nosotros. Silencio es la respuesta...
Algo pasa, Laura jamás hace silencios, siempre tiene algo que decir, por poco que sea.
-¿Qué pasa?... ¡Solo es una pregunta! - Está nerviosa.
-Lau... ¿Por qué sabes tú, que Alex no estaba informado en el momento? - Mas silencio...
-Me están llamando. Tengo que colgar - Me dice.
-Como te atrevas a colgarm... - Tu... Tu... tu... tu... Se atreve.
-Oh Dios mío...- Me digo. - ¡Alex ayer tenía una cita y Laura otra!.. - Uno más uno... empiezo a encajar ideas
en mi cabeza. - ¡ESTABAN JUNTOS! - Grito llevando las manos a mi boca.
No me lo puedo creer... Son tan distintos... Laura es puro nervio y alegría. Alex en cambio, todo lo contrario.
Serenidad y seriedad... Lo que mi amiga más detesta en un hombre... ¿Cómo diablos ha surgido esto?... -
Pobre Alex... - Río a carcajadas. - ¡La que le espera! - Estoy deseando que llegue César para contárselo. No
puedo callarme algo así...
La tarde pasa lenta y aburrida. Me encantaría poder estar en la calle tomando el sol, en algún parque
cercano. De compras, paseando por Madrid, o bebiendo algo con Laura en alguna terraza. Mi vida se ha
reducido a la de una monja de clausura. Es tan triste... Durante unos días, no podré ni ir a ver a mi padre...
Tengo que buscarme una buena excusa para no preocuparles. Los agentes me han aconsejado no salir
demasiado a la calle, y cuando lo haga, siempre acompañada. En esa idea se les adelantó César hace
semanas. Siempre cuidándome...
Sé que esto, es solo hasta que lo arresten. Cuando lo consigan, podré hacer mi vida normal. Pero se están
demorando demasiado en dar con Mario. Siempre ha sido muy inteligente, no les va a ser fácil encontrarlo.
Su fotografía está en todas las comisarías. Pero aun así, no hay rastro de él. No puedo imaginar donde se está escondiendo. Ni una sola pista de su paradero. Simplemente, aparece de la nada como si fuera un fantasma, cuando menos te lo esperas...

Capitulo 43

Mario:
Hace días que no duermo, y soy incapaz de meter en mi estómago otra cosa que no sea alcohol. El alcohol
me relaja... y acabo de terminarme la botella... ¡Necesito más, y no puedo salir de mi maldito agujero!.
Todos están en mi contra y eso me altera. Les metería una bala entre ceja y ceja a cada uno. El último que
me ha dado de lado, y en el que más confiaba, ha sido amigo Juan Carlos. El muy hijo de puta no me quiere
ayudar. Dice que me estoy volviendo loco, que le doy miedo, y que no quiere problemas... Después de todo
lo que he hecho por él...
Pero me las va a pagar también. Uno por uno me las van a pagar... no saben el daño que me han hecho, y no
se imaginan el que yo les puedo hacer. Se van a arrepentir.
Nadie quiere entenderme y estoy harto. Harto de que todos me digan lo que tengo que hacer... o de que no
está bien para ellos lo que hago... Que sabrá esa chusma... si no tienen que vivir mi vida.
Me aparté de mis padres por esa razón. Por esa, y porque decidieron dejar de ayudarme económicamente.
Según ellos, me estaban consintiendo demasiado al darme todo lo que pedía. Siempre me decían, que por
mi actitud y mi fuerte carácter, me metería en problemas... siempre me obligaron a cambiar mis planes, mis
ideas... y por su culpa ahora estoy así... ahora no soy nadie. ¡POR SU PUTA CULPA ESTOY AQUÍ!. Escondido
del mundo, cuando podría tener el mundo a mis pies, mucho dinero y una buena vida... Porque yo sé que lo
hubiera conseguido. La gente es gilipollas. Les cuentas cuatro mierdas y se las creen... son tan manejables...
Soy infinitamente más inteligente que todos esos mierdas de ahí fuera... ¡TENDRÍAN QUE ESTAR A MIS PIES!
Ojala mis padres revienten, y con ellos todos los que no creyeron en mí. No me importa lo más mínimo lo
que les pase. Son los culpables de mi desgracia. Pero ahora van a saber quién soy. Todos van a saber de mí.
Todos oirán lo que he hecho, y los que se reían de mí, me tendrán miedo. En cuanto acabe con esa zorra,
todos me tendrán la consideración que siempre merecí. Me tomarán en serio. Conmigo no se juega...
La muy puta me ha abandonado como si fuera un trasto viejo. Nuestros conocidos se han reído de mí
cuando se han enterado, dándole la razón a ella, y perdiéndome el respeto. Seguro que se ha acostado con
todos, y por eso la defienden...
Con todo lo que he tenido que aguantar por ella, así me lo paga. Le he dedicado los mejores años de mi
vida. He estado con ella cuando nadie más lo hubiera hecho. Es tan poca cosa, que da asco...
Es cierto que la he golpeado, pero no tan fuerte como dice, y siempre ha sido por una razón convincente.
Además es tan inútil, que de un simple empujón se cae al suelo. Es una debilucha de mierda... Yo no la
golpearía, si ella no me tocara los cojones como lo hace. Pero es que parece que le gusta, y siempre me
provoca hasta desquiciarme.
Mi única obsesión ahora es acabar con su vida. Lo necesito para vengarme. No descansaré hasta que lo
consiga. Busco en mi cabeza mil maneras de hacerlo. Disfruto visualizando todas las escenas. Cuanto más
daño mejor... La degollaría, y me quedaría mirando cómo se ahoga en su propia sangre. Ataría su cuerpo al
coche, y vería como su piel se va destrozando por el roce del asfalto...
No me importa el precio que tenga que pagar... Si cree que va a salir airosa de esto, lo lleva claro. Voy a por
todas, no tengo nada que perder.
¡O MIA O DE NADIE!... Se lo dije mil veces, y ella lo sabía... pero por lo que veo, no me ha tomado nunca en
serio, y ha elegido, sentenciándose con ello. Estoy seguro de que esa zorra me ha puesto los cuernos más
veces, y no solo con ese doctorcito de mierda. No se va a salir con la suya. Ni él tampoco. Casi lo consigo
cuando le corté los frenos. El muy cabrón tuvo suerte... pero de mí no se ríe ni mi padre, y menos esa furcia.
Lástima que no pude sacarla el otro día de la carretera. Pero no importa, solo tengo que esperar a su próximo movimiento. Ahora las cosas han cambiado, y tengo la sartén del mango.
La puerta se abre, y tras ella aparece una mano con una botella de Vodka... Justo lo que necesitaba.
Alguien está ayudándome en las últimas semanas a llevar a cabo mis planes... Siente tanto odio por Natalia como yo. Gracias a esta persona de la que nadie sospecha, se dónde están en cada momento, y puedo adelantarme a cada uno de sus movimientos.
Verás que sorpresa se llevan la próxima vez... No hay dos sin tres, y a la tercera va la vencida...

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245

Mensaje por Admin el Jue Feb 18, 2016 9:21 am


Capitulo 44

Natalia:
Tocan a la puerta. Sé de quien se trata y abro sin dudar.
-¡Hola preciosa! – Me abraza levantándome del suelo y me besa – Moría por verte hoy. Se me hizo eterno el
día... ¿Cómo fue el tuyo?
-Bastante aburrido... -Le digo resoplando mientras respondo a su tierno beso– ¡Pero tengo un chisme
emocionante! – Me suelta.
-Umm... ¿Un chisme?. Cuenta – Cruza sus brazos, arquea una ceja y me mira sonriendo.
-¿Recuerdas que ayer Alex no pudo venir con nosotros porque había quedado con alguien?
-Aham... - Asiente.
-¿Recuerdas que te comenté que Laura tenía una cita?
-Aham... - Sus ojos se abren.
-¡Siiii! – Grito eufórica. –¡Estaban juntos!
-¡No me lo puedo creer! – Ríe a carcajadas - Que cabrón, que callado se lo tenía. A ver si hablo con él...
-No, no le digas nada. Laura no me ha confirmado nada aún, pero sé a ciencia cierta que es verdad lo que te
digo. Conozco demasiado bien a esa loca... Vamos a esperar a ver que pasa...
-Haremos lo que dices- Vuelve a reír – Alex y Laura... - Niega con la cabeza – Quien lo iba a decir...
Los días pasan, y cada vez es más aburrido estar aquí metida. El hotel se me viene encima. Incluso he caído
enferma. Algo debió sentarme mal, porque he tenido vómitos, y mi garganta ha estado inflamada. César
tuvo que recetarme varios medicamentos, y gracias a ellos, ya me encuentro mejor.
Entre los disgustos que llevo y la falta de sol, debo de estar baja en defensas.
Lo único que quiero es estar con César. Últimamente a él le pasa lo mismo, solo quiere estar conmigo.
Hemos estado durmiendo juntos las dos últimas semanas, prácticamente no sale de mi habitación, ni de
mis sábanas... Solo nos separamos cuando tiene que ir a trabajar. Algunos días, tengo prácticamente que
obligarle. Dice que apartarse de mí, es como si le amputaran uno de sus miembros. Me siento
increíblemente bien cuando dice cosas así...
Trato de mantener mis sentimientos a raya, pero es imposible con él. Cada día me gana más... Todas las
mañanas, cuando me despierto... y le veo plácidamente dormido a mi lado, mi corazón salta de alegría... No
puedo hacer nada contra esto. "Voy cuesta abajo y sin frenos..." Como decía mi pobre abuela. No hay
manera de pararlo.
Llamo a mi padre a diario, cada día está mejor. Pronto le darán el alta, y podrá volver a casa. Entiende que
no puedo ir, y me siento mal por mentirle... Estoy harta de poner excusas y me muero por verle. Tendré que
hablar con César, necesito visitarle como sea.
Erika últimamente se pasa por el hotel, más de lo que me gustaría. Me he cruzado con ella varias veces,
siempre viene cuando él no está. Me parece extraño... pero no voy a decírselo, no quiero que piense que
estoy celosa, o la veo como una rival... Él es quien ha decidido ayudarla, y sabe lo que está haciendo...
además, imagino que tiene permiso para pasearse por aquí a sus anchas... Si ya de por sí, está viviendo en
su casa... ¿Por qué iba a importarle que viniera?.
Laura me tiene descontenta, desde la última vez que hablamos, no me ha vuelto a coger el teléfono.
Después de ver mis perdidas, siempre me manda un mensaje. "Estoy ocupada, te llamo en cuanto pueda",
pero pasan los días y no lo hace. Todo es muy extraño, ella jamás me ha ocultado una cita. ¿Por qué se
esconde de esta?
Como no he salido de aquí, todavía no he tenido ocasión de ver a Alex, -¿Le habrá contado Laura nuestra
conversación?-. Intuyo que pronto lo sabré.
Llevo varias horas en el escondite secreto de César. Él llama así a su gimnasio personal. Está instalado en
una de las habitaciones del hotel. Hasta hace un par de días, desconocía que existía. Ahora entiendo por
qué su cuerpo está tan cuidado... Todavía no he usado todos los aparatos. Tiene demasiados. No es que sea
lo que más me apetezca hacer... pero al menos es algo nuevo, y puedo despejar la mente...
Paro de moverme, al ver a través del espejo que tengo en frente, la puerta abrirse lentamente...
-¿Nataaa? – Laura aparece tras ella.
-¡Lauuu! – Digo entusiasmada. Corro hasta ella y la abrazo. -¿Cómo sabías que estaba aquí?
-Me lo ha dicho Manuel. –Sonríe.
-¿Por qué no me has llamado? – La riño por el suspenso en el que me ha tenido estos días.
-He estado muy ocupada... – Me dice, pero no me lo trago.
-Lau... A mí no me engañas. – Resopla y baja la mirada.
-No quería que me presionaras... ya sabes... con lo de mi cita del otro día... - Dice sincera.
-¿Pero por qué diablos tanto secretismo? ¿No confías en mí? – Me mira apenada.
-Claro que confío tonta, pero Alex no quería que esto saliera a la luz todavía. Es pronto...
-¡Así que mis sospechas son ciertas! – Grito alegre.
-En parte sí, pero no sabemos que pasará. Nos hemos visto en tres ocasiones... Nos estamos conociendo. Es
una persona muy reservada... pero sobre todo tímida. Creo que es la primera vez que sale con una chica... –
Dice susurrando
-Sabes que no le diría nada... - Respondo molesta.
-¡Él lo sabría!. Sabría que te lo he contado. – Baja la voz - Es capaz de leer cualquier gesto facial. Estuvo
unos años trabajando en la policía científica, y era a él a quien llamaban para realizar los interrogatorios
complicados...
-Vaya... - Digo asombrada – A partir de ahora, tendré que mirar para otro lado cuando hable con él.- Rio.
-Créeme si te digo, que lo voy a tener difícil si quiero esconderle algo. – Pone sus ojos en blanco.
Las dos reímos a carcajadas. Me imagino a Laura intentando escabullirse como siempre, poniendo excusas,
y a Alex cazándoselas todas.
-¿Y cómo que has venido sin avisar? – Pregunto.
-Estaba por aquí cerca, y me parecía mal irme sin saludarte. Y de paso...
-No me digas más – No la dejo terminar. – Y de paso, ver si estaba Alex por aquí. – Volvemos a reír.
-No puedo decirte que no... Es tan misterioso que me tiene atrapada – Soltamos grititos de quinceañeras –
No me atrevo a llamarle, ni a escribirle hasta que él no lo hace, no quiero que piense que soy pesada o que
le acoso. Necesita tiempo para adaptarse a las nuevas situaciones... Es todo lo contrario a mí...
-Ya sabes lo que dicen. – Levanto repetidas veces mis cejas - "Los polos opuestos se atraen..."
-¡Y de que manera! – Suelta de pronto. No puedo evitar hacer la siguiente pregunta.
-¿Os habéis acostado? – Se atraganta con su propia saliva y tose.
-¡No!. ¿Si te cuento algo, prometes no dramatizar? – Dice mientras se repone de la tos.
-Palabrita del niño Jesús – Reímos. Esa frase, nos la hacían decir nuestras madres cuando éramos pequeñas, para asegurarse de que no mentíamos.
-Creo que es virgen...- Susurra de nuevo. Mis ojos se abren de par en par.
-¿Pero cómo va a ser virgen si tiene casi treinta años...? – Estoy totalmente sorprendida.
-Te acabo de decir que es tímido... y que nunca ha tenido...
-¿Quién es tímido? – César acaba de entrar casi sorprendiéndonos.
Laura y yo gritamos por la impresión. Aún trae el uniforme verde del hospital puesto. Está para comérselo.
Como siempre, a Laura no se le escapa detalle.
-Creo que me estoy poniendo enferma – Dice la muy loca abanicándose. – Necesito un médico
urgentemente... - César niega con la cabeza mientras Laura, sigue haciendo el espectáculo. – Doctor... me
siento mal...
-Pues siéntate bien – Suelta César a modo de chiste malo. Los tres reímos.
-Me duele aquí... - Insiste.
-Pues siéntate allí.- César señala una de las sillas vacías. Estallamos en carcajadas.
-Esos chistes son viejísimos – Le digo limpiando mis lágrimas.
-Pero como puedes comprobar, siguen haciendo la misma gracia - Viene hasta mí. -¿Cómo estás? – Pone
sus manos en mis mejillas y me mira intensamente. Sabe que me avergüenza que me bese en público y se
contiene.
-Muy bien Doctor. A mí también me duele aquí – Rio.
-Pues vayámonos allí – Levanta las cejas y señala el lugar donde se encuentra nuestra habitación. Me pongo
roja al instante.
-Bueno... me estáis echando –Dice Laura mientras se pone en pie. –Me largo de aquí, que me dais envidia...
Por cierto Nata... ¿Cuándo crees que podrás ir a ver a tu padre? –Me pregunta.
-No lo sé... tengo que hablarlo con César. Pero me gustaría ir esta semana. ¿Por qué?
-Es posible que quiera ir yo también, así aprovecho el viaje – Me guiña un ojo – Llámame cuando lo sepas de
seguro. - Se marcha.
-Lo haré. - Digo mientras veo como cierra la puerta.
César aprovecha para besarme.
-Y ahora que tú y yo nos hemos quedado solos... - Mueve sus cejas de nuevo, haciéndome reír. Ya sé lo que
busca...
Me abraza por la cintura, pegándome a él.
-Tu uniforme huele a hospital... Deberías quitártelo – Le digo pícaramente.
Justo en ese momento, algo vibra en su bolsillo y en mi cadera a la vez. Se aparta de mí y saca su teléfono.
Lo tenía en modo silencio para que no le interrumpieran en el trabajo.
-Otra vez este número alemán – Dice extrañado -. Es la cuarta vez que me llama hoy, y no he podido
atenderle. Tardo un segundo cariño. – Descuelga.
-Tranquilo – Susurro.
-Hallo?, hier Engel.– Me encanta verle hablar en ese idioma, es tan sexy... - Ja, ich bin...– Escucha durante
unos segundos y su mirada se queda fija en un punto. – Was?– Silencio - Sind Sie sicher?– Está poniendose
demasiado pálido. Algo horrible le están contando... – Danke...– Quita lentamente el teléfono de su oreja.
Lo está apretando con tanta fuerza que las puntas de sus dedos están blancas.
-César... ¿Va todo bien? – Le pregunto preocupada.
Me mira, y su rostro está totalmente desencajado. Esto empieza a asustarme. Una de sus manos sujeta su estómago, cada vez está más palido. Gotas de sudor empiezan a formarse en su frente. Entra rápidamente en el baño y cierra la puerta, Oigo como vomita. Me quedo paralizada, no se que hacer...
Capitulo 45
Espero impaciente a que salga. Estoy realmente nerviosa. ¿Qué es lo que puede haberle puesto así?. Mil
imágenes pasan por mi cabeza... ¿Tendrá algo que ver Mario en esto?. - Dios mío, que no haya hecho daño a
nadie que él conozca... – Me digo. Camino nerviosa por la habitación. ¿Habrá pasado algo en su familia?
Dijo que la llamada era de Alemania... Con cada minuto que César pasa ahí dentro, mi corazón se altera más
y mis paranoias aumentan. Trato de escuchar a través de la puerta... Sigue con nauseas.
No entiendo que es lo que puede haber ocasionado esto a César... él es realmente fuerte...
-Arschloch! – Grita. Me asusto. - Betrunken!- Vuelve a gritar y un golpe retumba en la habitación.
No puedo más. Necesito saber que está pasando y tengo que entrar para calmarlo. Abro la puerta
lentamente, y está sentado en el suelo de espaldas a la pared, tiene sus rodillas dobladas, y con sus manos
sujeta su cabeza. Está temblando...
Otro impacto hace vibrar el tabique, y veo el motivo... Ha golpeado con su cabeza la pared.
-César... - Le digo y rápidamente me mira. Tiene los ojos muy rojos y su mirada está perdida.
-Raus hier! – Me grita y señala la puerta. Le miro extrañada, no entiendo que dice... – ¡Vete de aquí! – Vuelve
a decir cuando se da cuenta.
-No voy a ir a ningún sitio hasta que no me digas que pasa. Estoy empezando a asustarme – Le digo sincera.
-¡Déjame solo!. ¡Vete a tu habitación!.– Intenta decirme con más calma, pero no puede disimular su estado.
Al ver que no me muevo, se pone de pie. Toma mi brazo con fuerza, y me saca del baño.
-César, no voy a ir a ningún sitio. ¿Que está pasando? – Le vuelvo a preguntar. Está muy alterado. Entro de
nuevo.
-¡Que te vayas! – Cierra su puño y golpea el espejo que tiene delante. Cientos de cristales saltan en todas
direcciones. Pone una mano a cada lado del lavabo, agacha su cabeza y veo como su espalda sube y baja
con su fuerte respiración. Sigue temblando...
Varias hilos de sangre caen al suelo. Se ha cortado en los nudillos. Sus ojos están cerrados con fuerza, como
intentando controlarse, pero no lo consigue. Otro puñetazo golpea la mampara de cristal que tiene a la
derecha, y la hace añicos.
-¡Para! – Grito mientras sujeto su brazo. No quiero que se haga más daño.
Se gira hacia mí, pero no le reconozco... Sale del baño, casi empujándome para abrirse paso, y comienza a
lanzar cosas. Toma una de las mancuernas de diez kilos que hay colocadas en una estantería, y la lanza
contra el gran espejo del gimnasio como si no pesara, haciéndole trizas. Uno de los trozos llega hasta mí,
provocándome un pequeño corte en el cuello. Llevo rápidamente mi mano a la zona dolorida y compruebo
que sangro.
Es poco, pero no quiero mancharme la ropa. Saco un pañuelo de mi bolsillo para limpiarme, cuando César
se da cuenta...
-¡VETE!, ¡VETE!. ¡MIERDA!- Grita como un loco. Toma uno de los taburetes y lo lanza contra la pared,
también se rompe... -¡VETE DE AQUÍ!.
Mi corazón va a mil, estoy realmente asustada. Solo oigo golpes por todas partes, César sigue lanzando
cosas en todas direcciones, y gritando palabras en alemán que desconozco. Destrozando todo lo que toca.
Mis ojos se llenan de lágrimas. Esta escena es tan desgraciadamente familiar para mí... Todos mis malos
recuerdos se agolpan en mi cabeza.
Me pego a uno de los rincones de la habitación, y me dejo caer hasta sentarme en el suelo. Tapo mis oídos
con mis manos y me hago un ovillo. - Solo tengo que esperar a que se relaje... – Trato de mentalizarme para
calmarme. - Él, no me golpeará después...
-¡César!- Oigo una voz conocida. Levanto con cuidado la mirada, y veo que Manuel está en la puerta.
-¡Llévate a Natalia de aquí!. - Le grita César. Respira agitadamente - ¡Largaos! –Vuelve a gritar.
Manuel descubre donde estoy, y entra a la habitación. Toma mi brazo y tira de mí.
-Vamos señorita Natalia. – Dice mientras me saca de allí.
Cierra la puerta cuando salimos, y los golpes vuelven a sonar. Mi corazón se encoge...
-Manuel por favor haz algo. Haz que pare, se va a hacer daño... – Lloro.
-Tranquila señorita. – Me dice mientras saca su teléfono y marca un número. –Alex, soy Manuel, ¿puedes
venir al gimnasio?... César está descontrolado. – Cuelga y tira de mí brazo para que le siga. –Vamos, esto se
solucionará pronto - Me dice.
Antes de que salgamos del pasillo, veo como Alex viene corriendo. No nos saluda, ni siquiera nos mira,
simplemente entra a toda prisa en la habitación...
Han pasado dos días desde el incidente en el gimnasio, y todavía no he visto a César, ni he tenido noticias
de él. He intentado subir un par de veces a su piso, pero la puerta está cerrada. Llamo, y nadie me abre. Le
mando mensajes, y no me contesta. Estoy desesperada. No puedo parar de pensar en que puede haberle
afectado tanto.
Le he preguntado a Manuel, y dice no saber nada. Pero se que me está ocultando cosas. ¿Porqué?. No lo
sé... Me tumbo en la cama tratando de buscar alguna explicación... cuando la puerta suena,
sobresaltándome.
-Natalia, abre. Soy yo. – Es la voz de César.
Mi cuerpo se tensa rápidamente y me pongo nerviosa. Abro.
-Hola... – Le digo.
Está visiblemente afectado. Sus ojos siguen tan rojos o más que la última vez que lo vi, su cara está
desmejorada y su barba descuidada. Juraría que ha perdido peso si no fuera porque solo han pasado dos
días.
-Vengo a hablar contigo. ¿Puedo pasar? – Dice sin mirarme a los ojos.
Un escalofrío recorre mi espalda. No me gusta la sensación que tengo.
-Es tu casa... – Le digo. - No necesitas permiso... – Veo que a sus pies, hay una maleta. Mi corazón late tan
fuerte, que puedo oírle.
-Tengo que irme unos días... – Sigue sin mirarme cuando me habla. – Han surgido problemas que tengo que
solucionar...
-César... ¿Que es lo que pasa?. ¿Realmente es tan grave como para que yo no deba saberlo? .- Pregunto
angustiada.
-No es nada que te pueda afectar – Dice fríamente.
-Si te afecta a tí... también me afecta a mí. – Le digo preocupada.
-Natalia... – Su voz no suena igual, y el escalofrío que me recorre, ahora es más grande – No podemos seguir
con esto...
-¿Esto? – Casi grito. - ¿A que te refieres con "esto"? – Está asustándome.
-Lo nuestro... creo que tenemos que hablar sobre lo sea que tengamos.
Algo se rompe dentro de mí, y todas las palabras de Erika, cobran sentido en mi cabeza. Se ha cansado de
mí... Abro mi boca para hablar, pero rápidamente la cierro de nuevo. Si digo una sola palabra, se que
lloraré. - ¿Acaba de insinuar lo que creo? - Tengo que aguantar el nudo que tengo en mi garganta. Si hablo,
me derrumbaré.
- ... – Asiento. No puedo hacer otra cosa.
Veo como su mirada se alza hasta mi cuello, y se para en el pequeño corte que me hizo el cristal en el
gimnasio. Aprieta fuertemente su mandíbula y cierra sus ojos. Toma aire y se vuelve a dirigir a mí.
-No te mereces lo que te está pasando... - Le miro esperando una explicación, pero no lo hace. - Tengo que
irme... –Traga saliva - Quédate en el hotel y espera a que regrese. Tenemos que hablar con más calma.
Ahora mismo no soy dueño de mis palabras... y puedo decir cosas de las que luego me arrepienta.– Vuelve a
tragar.
-Por lo que deduzco... poco tendremos que hablar ya... – Consigo decir.
Veo como toma una gran bocanada de aire para seguir.
-Es lo único que te pido. – Me mira por un segundo, pero rápidamente vuelve a bajar su mirada. - Alex ya
está avisado... Solo tienes que decirle cuando quieres ir a ver a tu padre, y el te llevará. Manuel también está
al día, y como siempre, procurará que no te falte de nada...
-Creo que podré arreglármelas... No te preocupes. – Le digo con dolor.
-Natalia. – Pone sus manos en mis hombros. Ahora si me mira fijamente. – Necesito estar tranquilo allí, y
saber que no te pondrás en peligro. Solo serán unos días más. ¿De acuerdo?.
-Por lo que veo, esa parte ya debería darte igual. – Digo con sarcasmo y frunce su ceño - Pero tranquilo, según se han puesto las cosas, no me queda más remedio que aceptar tu petición. De momento, no tengo opción. – Suspira aliviado.
-En una semana estaré de vuelta. – Toma su maleta – Cuídate mientras. - Y sin más, se marcha...
Capitulo 46

César:
-Ella no merece esto... Ella no merece esto... - Me digo mientras camino hasta el ascensor. - He hecho lo que
tenía que hacer. Conmigo no puede ser feliz. Creía que lo había superado, pero esa maldita llamada, me ha
demostrado que sigo tan jodido como siempre. - Trato de mentalizarme, y autoconvencerme de que lo que
acabo de hacer, es lo correcto. -¿Por qué siento este dolor tan desgarrador en el centro de mi pecho?.
No puedo parar de pensar en el corte de su cuello. La culpabilidad me mata. Lo provoqué yo. Básicamente
fui yo quien le hirio... Mi corazón se oprime.
Llevo años consiguiendo controlar mis crisis, y manteniéndolas a raya. - ¿Por qué esta vez no fuí capaz de
sujetarme, ni aún sabiendo que podría hacer daño a Natalia...? -
Las puertas del ascensor se cierran y como siempre que subo a uno, mi cuerpo se tensa y varios flashback
bombardean mi cerebro. Hoy son mucho más fuertes. Dentro de un armario asustado... Debajo del
fregadero, aterrorizado... Escondido bajo de la cama... - Mi corazón late fuertemente en mi pecho, y tengo
que sujetarme a una de las pareces. Estoy mareándome - Encerado en el sótano... Atado a una silla,
Atrapado dentro del coche, mientras mi padre conduce a gran velocidad, borracho y gritando... La puerta se
abre, y siento alivio rápidamente. Camino hasta la calle.
Llevo años luchando contra mi estrés postraumático, además de mis trastornos conductuales, emocionales
y sociales. Aquel maldito suceso, me dejó trastornado... Dejé de hablar en ese momento, estuve dos años
prácticamente mudo. Los psicologos, hicieron todo lo que estaba en su mano, hasta que finalmente
consiguieron sacarme de ese estado...
Mi preadolescencia, la pasé en España, fui un chico muy problemático... mis abuelos maternos estaban
desesperados... Mi adeloscencia aun fue peor. Y cuando mi abuela murio... me desesperé. Me sentí
totalmente perdido. Volví a Alemania, necesitaba un cambio de aires... y allí conocí a Erika. Tuve una época
un poco más relajada, por suerte, duró el tiempo suficiente, para acabar mis estudios y terminar mi carrera.
Cuando todo parecía ir bien... un día, sin saber porqué, volvieron mis traumas, las malditas pesadillas, y mis
trastornos de control... Sufría auténticas crisis de rabia incontrolada. Las horribles imágenes que se
instalaban en mi cabeza, cada vez eran peores, haciéndome recordar cosas que mi cerebro, por defensa,
había olvidado hasta ese momento. Me refugié en el alcohol. Me pasaba los días aislado en un pequeño
cuarto, bebiendo sin parar. Necesitaba anestesiar mi cerebro... incluso llegué a pensar seriamente en
acabar con mi vida. Sentía que solo estaba en este mundo para sufrir...
En un último esfuerzo por superar mis trastornos, decidí volver a España, y reabrir el "Hotel Hanna", que
desde la muerte de mi madre, permanecía cerrado. Ella decidió llamarlo así, cuando nacio mi hermana.
Quien ahora tendría cinco años mas que yo... En su memoria, decidí respetar su nombre. Hanna siempre fue
mi fiel compañera de batallas... siempre me protegió... haciendo que mi padre se ensañara con ella, antes
que conmigo. Varias lágrimas corren por mi cara, cuando pienso en como se preocupaba de mí, cada vez
que mi padre nos golpeaba, aunque ella hubiera recibido muchos más golpes...
No me sentía preparado para ejercer mi profesión, por lo que pensé, que ocuparme del hotel, me distraería.
Y parece que resultó. Lo más difícil fue apartarme del hábito del alcohol. Era tan fácil cada vez que me
sentía mal, recurrir a el... Era mucho más sencillo beber, que esforzarme en superar mis problemas... Fue
ahí, donde dedicí contratar a Alex. Nos conocimos en uno de los bares, él también ahogaba aquel día sus
problemas entre copas. Buscaba trabajo desesperadamente, estaba pasando una mala racha, y esa misma
noche, lo decidimos todo. Yo necesitaba un poco de ayuda extra... alguien que se ocupara de llevarme a
casa cuando me pasaba con la botella, y él, unos billetes en su bolsillo. Resulto ser, además de un buen
trabajador, un gran amigo. Desde entonces, es el único sabe manejarme en mis peores momentos, ya que
ha vivido varios de ellos a mi lado. Confío totalmente en él, por eso me voy tranquilo, dejando a Natalia a su
cuidado. Se que está en las mejores manos.
Cuando estaba más recuperado. Alguien me habló de una plaza libre en un hospital. Decidí probar suerte, y
funcionó. Dedicarme a la medicina, resultó ser mucho más reconfortante de lo que esperaba. Ayudar a
todas esas personas, me hacía sentirme bien y valioso. Cada vida que salvaba, aumentaba mi autoestima y
confianza en mi mismo. Volviéndome más positivo. Decidí ampliar mis conocimientos, y así lo hice. Cada
logro que conseguía, se lo dedicaba a ellas... Pensar en lo orgullosas que estarían de mí, terminó de darme
la fuerza que necesitaba.
Ahora que todo parecía ir bien, y que por fin confiaba en que lo había superado. Descubro que todo sigue
donde estaba... Estoy totalmente desmoralizado y hundido...
Natalia merece ser feliz, y conmigo no tendrá esa oportunidad. No puedo condenarla a vivir de nuevo con
un jodido trastornado, no podría perdonarmelo. Estoy tan loco por ella.. pero necesito que sea feliz, aunque
yo no sea el motivo de su felicidad... Duele solo pensarlo, pero si la quiero, tengo que apartarme de ella. Lo
pasará mal un tiempo. Me odiará, pero estoy seguro de que encotrará a la persona adecuada... "A veces, el
mayor acto de amor hacia una persona, consiste en desaparecer de su vida..."
Por unos días, sentí esperanza junto a ella, pero después de esto, se que jamás podré formar una familia, ni
darle una estabilidad emocional, porque soy el primero que no la tengo. En eso soy igual que mi padre. Su
maldita sangre corre por mis venas... ojalá pudiera sacarme hasta la última gota de él.
No tendré hijos, no daré paso a más generaciones de maltratadores... Mi abuelo paterno también lo fue.
Conmigo morirá el apellido Engel en mi familia, soy el último. Mi padre no tenía hermanos y todos los
demás, por edad murieron. Tengo que acabar con este infierno. No quiero hacer sufrir a nadie como ellos lo
hicieron, ni crear a nadie más que lo haga. Hace dos días, descubrí que podría hacerle daño a Natalia... No fuí capaz de controlarme, y no permitiré que eso ocurra de nuevo, aunque me haya costado un mundo tomar esta decisión... Realmente la quiero.
Si saber que mi padre saldrá de la cárcel en unos días, ha conseguido provocar esto en mí, no quiero imaginar, que pasará a partir de ahora, sabiendo que está en la calle... No entiendo como ha conseguido que le suelten. Aún le quedaban siete años más de condena... Voy a Alemania, a intentar por todos los medios, que cumpla su castigo y siga tras las rejas...
Capitulo 47
Natalia:
-¡Tonta, Tonta! - Me digo mientras las lágrimas inundan mis ojos. -Te han vuelto a engañar de nuevo... - Me
dejo caer sobre la cama y lloro desconsoladamente. Duele... duele mucho, siento que me están arrancando
el corazón. No entiendo que es lo que he hecho mal. Dudo que esto, tenga que ver con la llamada... era de
Alemania, no debería tener relación conmigo. Estoy segura de que ha visto en mí, lo inservible y necia que
soy... era cuestión de tiempo que se diera cuenta. Definitivamente, Mario tenía razón... y realmente él, es el
único que me aguantaba.
Erika se ha salido con la suya. - ¿Volverá con ella como aseguró? - La imagen de ellos dos justos, me
destroza más aún. -¿Y ahora que haré? - Siento angustia. Las náuseas se apoderan de mí.
Estoy totalmente perdida. Sola... perdida y en peligro... No puedo acudir a nadie. Nadie excepto Laura sabe
lo que está pasando, y sería demasiado fácil para él, encontrarme con ella.
El dinero que tengo es escaso. Estoy cobrando una ayuda para desempleados... y parte de esa ayuda, la
tengo que emplear en pagar un piso que no usaré. Y para colmo, en pocos meses me la retirarán, y sigo sin
trabajo...
Si no hubiera dejado a Mario, esto no hubiera pasado... Seguiría en mi antiguo trabajo, tendría libertad para
ir y venir donde quisiera, sin tener que mirar detrás de mí, aunque luego tuviera que dar explicaciones...
Todo está resultando peor desde entonces. -¿Pero que he hecho?... - El llanto viene a mí de nuevo. -¿Por
qué he dejado que César interviniera en mi vida? - Siento que además de haberme roto el corazón, me ha
dejado tirada en el peor de los momentos. -¿Y si llamo a Mario y le pido perdón? - Pienso por unos segundos
-¿De verdad estoy pensando en hacer eso? ¿Tan desesperada estoy? - Me siento en la cama -No. Jamás
volveré con él. ¿Tan dominado tiene aún mi cerebro?. - Por un segundo entiendo porqué las mujeres
maltratadas, volvemos con nuestro agresor. - ¿Estoy creyendo falsamente... que con él estaba mejor que
sola, y que me daba estabilidad?... - Yo misma me golperaría en este instante - Tengo que hacer algo por mi
vida, seré una idiota, una inútil y todo lo que los demás opinen de mí, tendré que vivir sola el resto de mi
vida, pero tengo derecho a vivir dignamente. Más tonta, o más lista, tengo derecho a ser feliz, y es lo que
pienso hacer. - Seco mis lágrimas con rabia. Me duele el alma, pero si no reacciono y miro por mí, nadie más
lo hará.
Saco el teléfono del bolso. Quiero llamar a Laura, la contaré lo que ha pasado... y sé que en cuestión de
minutos estará aquí. Necesito que me dé su punto de vista, ella desde fuera lo verá todo de otra manera, y
me dará ideas. Yo ahora mismo solo veo negro.
Marco, y antes de que suene la primera llamada, cuelgo. He cambiado de idea. Mejor salgo de esta
habitación un rato. Le diré a Alex que me lleve a ver a mi padre. Necesito estar rodeada de las personas que
más quiero en este momento. Iré por sorpresa. Le debería decir algo a Laura... por si quiere venir... ya que
me lo pidió el otro día, pero prefiero ir sola. Quiero estar tranquila y pensar por el camino.
-Hola Natalia. ¿En qué puedo ayudarte?.
-Hola Alex - Dudo por un momento, pero continúo - ¿Pondrías llevarme a ver a mi padre hoy mismo?.
-Por supuesto. ¿A que hora salimos?.
-¿Podríamos salir en diez minutos? - Le pregunto cerrando los ojos. Cruzo los dedos para que no sea
demasiado precipitado.
-Sin problema. En diez minutos en la puerta.- Le agradezco y cuelgo.
Corro por toda la habitación preparando las cosas que necesitaré, son pocas pero no están juntas. Mi
cargador de móvil, mi bolso, mi cartera... Me cambio rápidamente de zapatillas y salgo de la habitación.
Como me ha dicho, Alex está en la puerta. Pero no esperándome afuera como siempre, si no en la misma
entrada. Por lo que veo, se toma demasiado en serio su trabajo, y hasta me cruzará la calle como a las
ancianitas.
Me acomodo en la parte trasera, y hasta que no me he puesto el cinturón, no nos movemos.
Durante el trayecto, veo pasar todo rápidamente a través de la ventanilla, mientras estoy inmersa en mis
pensamientos. Es placentero salir del hotel, aunque sea para encerrarme en un coche... Sé que hoy el viaje
se me hará largo. Le echo de menos a mi lado. Siempre me hacía reír con sus bobadas y apenas me daba
cuenta de que el tiempo pasaba. No soy capaz de sacarle de mi cabeza. Mil imágenes pasan por mi mente.
Sobre todo, la de su cara cuando recibió la llamada, y su extraña y violenta reacción. Después de todo,
estoy preocupada. Me muevo inquieta en el asiento.
-¿Todo bien Natalia? - Alex me mira por el retrovisor.
-No todo lo bien que me gustaría... - Confieso.
-Puedo hacerme una idea - Dice de nuevo. - Pero todo pasará...
-¿Qué fue lo que le pasó, Alex? Tú lo viste igual que yo... - Aun a riesgo de que piense que me meto donde no
me llaman, mi preocupación es mayor.
-Se alteró un poco. Nada más. - Veo que no va a contarme lo que quiero saber, y vuelvo a mirar por la
ventana. - Natalia... - Su inesperada llamada, hace que le preste atención rápidamente. - Lo que voy a
decirte ahora... - Vuelve a mirarme a través del espejo, para asegurarse de que lo estoy escuchando - Espero
que no salga de aquí... ya que me jugaría mi trabajo, mi cuello, y su confianza.
-Tranquilo - Le digo nerviosa. No puedo creer que este hombre, que es como una tumba, vaya a contarme
algo.
-Solo te daré una pista. - Cualquier cosa que me pueda dar, y contenga algo de información, me sirve. -
César te necesita ahora, más que nunca... -Mis ojos se abren con sorpresa.
-Pero... eso no es lo que él... me ha dicho hace un rato... - Le digo extrañada.
-En ti está hacer lo que decidas - Vuelvo a ver sus ojos en el espejo.
No contesto. Me quedo pensativa, y lo que resta de camino, lo hacemos en silencio. Mi cabeza vuela con lo
que Alex me acaba de decir... - ¿Será verdad? - Realmente estaba demasiado afectado. Había sufrimiento en
su cara, pero le resultó tan fácil dejarme...
-Hemos llegado - Dice Alex, y veo que estamos en el aparcamiento. No me había dado cuenta.
Sale del coche, y rápidamente viene a donde estoy. Abre mi puerta y caminamos juntos hasta el hospital.
Una vez allí, solo se aparta de mí cuando llegamos a la habitación donde está mi padre. En la puerta, Alex
me indica que me esperará en una sala cercana. Por suerte, Javier es el único que hay dentro, y está
distraído, por lo que no le ve.
-¡Pero bueno! - Dice mi padre al darse cuenta de que estoy allí.
Javier levanta la mirada en ese momento y también me descubre. Viene hasta mí y me abraza como
siempre. Me da varios besos en la misma mejilla.
-¡Que sorpresa hermanita, no te esperábamos! - Dice con una amplia sonrisa mientras me suelta.
Antes de que pueda contestarle, me lanzo a los brazos de mi padre, que me está esperando con ellos
abiertos en la cama.
-¡Hola Papi! - Nos abrazamos fuertemente.
-¿Y los demás? - Pregunto extrañada.
-Estamos haciendo turnos - Dice Javier - Si no, este viejo cascarrabias, acabará con todos nosotros - Mi
padre ríe al oírle.- Mamá vendría mañana, y David estuvo ayer. Por lo que hoy me toca a mí. El Doctor
Martín, se pasó esta mañana a verlo - Levanta las cejas - Y si todo va bien, mañana podrá volver a casa.
-¿Enserio? - Digo sorprendida.
-Como lo oyes - Dice mi padre. - Estoy hecho un roble.- Se golpea con el puño en el pecho.
Compruebo que realmente está mucho mejor. Bromea, mulle sus almohadas, se levanta cuando lo
necesita... Es como si no le hubiera ocurrido nada. Siento una alegría inmensa al verlo así. Esa gran noticia,
hace que todos mis problemas se olviden por un momento.
-¿Cómo está César?. ¿No ha venido contigo? - Dice mi padre apenado.
-No... - Respondo poco convencida. Mi hermano se da cuenta. - Tenía trabajo...
-Bueno, no pasa nada. Dale recuerdos cuando vuelvas. Me parece un buen muchacho - Dice sonriendo.
-Claro. Lo haré - Le digo. Javier me mira.
Me siento tan a gusto con ellos, que cuando me quiero dar cuenta, ya es tarde. Las horas pasan volando
cuando estás en buena compañía.
-Luego te llamo - Me susurra Javier al oído mientras me abraza para despedirse.
Sé que algo ha notado en mi contestación y está preocupado. Asiento.
Por suerte, se queda en la habitación de mi padre, y no se da cuenta de que Alex, está apoyado en la pared
del pasillo esperándome. No quiero darle más motivos de preocupación.
De la misma manera que vinimos, nos vamos. No se aparta de mí, hasta que llegamos al coche. Esta vez,
prefiero sentarme en el lugar del copiloto. Siempre voy detrás con César y eso hace que sienta más su
ausencia.
El viaje de regreso a casa, transcurre sin problemas. Constantemente vigilo el espejo retrovisor por si algún
coche nos sigue, pero nada. Todo está tranquilo. Casi estamos llegando cuando mi teléfono suena.
-¿Sí?- No he mirado el número antes de descolgar.
-¿Señorita Natalia? - Es la inconfundible voz de Manuel
-Hola Manuel. Sí, soy yo. ¿Qué ocurre? - Le pregunto.
-Oh... no ocurre nada. - Trata de calmar su voz - Verá... es que no la vi en todo el día... subí a su habitación
para saber si estaba bien... y al ver que no me abría, me asusté un poco - Dice sincero.
-No te preocupes. Estoy bien - Voy de camino al hotel.
-¿De camino al hotel? - Dice extrañado.
-Sí, es que salí con Alex. Fui a ver a mi padre. -Calculo por encima el tiempo que nos queda - En cinco
minutos llegaremos.
-Debería de avisarme de sus salidas señorita. Va a matarme de algún susto. - Suspira.
-Tienes razón. La próxima vez, te lo haré saber - Le digo y nos despedimos.
-¿No avisaste a Manuel?- Dice Alex de pronto casi asustándome. No esperaba oír su voz.
-No... y el pobre estaba preocupado. Ni siquiera le he dicho a Laura nada hoy... Necesitaba tiempo para mí. -
Me mira cuando nombro a Laura, y puedo distinguir una casi sonrisa en su cara.
Estoy segura de que si hubiera más luz, vería rubor en sus mejillas.
-Creo que a partir de ahora, es buena idea que no avises de tus salidas a nadie, Natalia.
-¿Cómo? - Le digo extrañada.
-Es fácil... -Dice de nuevo.- Siempre que vayas a salir, intenta que solo yo lo sepa. Como has hecho hoy. -
Sigo sin entender porque quiere que haga eso.
-¿Por alguna razón? - Pregunto.
-Tengo sospechas - Dice sin quitar la mirada de la carretera - Creo que Mario sabe cosas que no debería...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Jue Feb 18, 2016 9:24 am

Capitulo 52
Salgo de la habitación lo más rápido posible, desde donde está no puede verme y pensará que salgo de otro
sitio.
-¿Dónde estás? - Pregunta.
-Estoy aquí - Le digo.
Asoma su cabeza por la esquina del pasillo, y ve que voy caminando hacia él.
-¿Cómo estás cariño? - Se acerca a mí poniendo sus manos en mis mejillas.
Me encanta que haga eso. Se lo que viene después. Cierro mis ojos esperando... y ahí está su tierno beso.
-Estoy bien. - Le digo - Pero todavía tengo náuseas.
-Si mañana no se han ido por completo, adelantaremos la cita con la Doctora Nova.
-No hace falta - Le digo. - Podré esperar. La cita es la semana que viene y solo faltan tres días... - No quiero ir
todavía. Necesito ganar tiempo hasta ver que pasa.
-Pero si podemos adelantar alguna prueba, siempre será mejor ¿No crees? - Asiento en contra de lo que
pienso. No me queda más remedio, porque tiene razón.
Con él en casa, lo que resta de día, termina rápido. Con lo largo que se hizo hasta que llegó... Hablamos de
nuestras cosas como siempre hacíamos. Es como si no hubiera pasado nada entre nosotros. Únicamente
noto que le falta algo de chispa. Como si algo le preocupara. Seguro que tiene que ver con esa maldita
llamada y su viaje a Alemania. No voy a preguntarle, como le dije, esperaré. Quiero que sea él, quien se abra
a mí.
No queremos ir a dormir todavía, porque sería aceptar que el día terminó. Pero César tiene que madrugar y
yo estoy cansada.
-Vamos a la cama preciosa - Dice mientras se levanta del gran sofá y se estira delante de mí.
Su camiseta se levanta en ese momento, y puedo apreciar sus increíbles abdominales. No me había fijado
hasta hoy, pero tiene el ombligo más sexy que he visto en mi vida. Una de sus manos, se interpone entre su
cuerpo y mi visión.
-Venga... Es tarde - La tomo con protesta, y de un pequeño tirón, me ayuda a levantarme.
Cuando llegamos al cuarto, él se queda quitándose la ropa para meterse en la cama, mientras yo entro por
última vez al baño. - Por favor... por favor... por favor... - Voy diciendo mentalmente por el camino. Pero no
hay nada que hacer. Absolutamente nada. Lo mismo que durante todo el día.
Entro de nuevo en la habitación, y descubro que César está completamente dormido. Y creía que la cansada
era yo... Muy despacio, abro las sábanas de mi lado y entro en la cama con él. Uno de sus brazos, rodea mi
cintura y tira de mí hasta que nuestros cuerpos se juntan. Sonrío porque sigue dormido. Lo ha hecho
inconscientemente.
***
La alarma de su móvil suena y nos despierta a los dos. Con un ojo abierto y otro cerrado le miro, y él está
igual.
-Hola - Digo sonriendo tiernamente.
-Hola cariño - Dice devolviéndome la sonrisa. -¿Cómo te sientes hoy?, ¿has tenido molestias esta noche?... -
Rasca sus ojos con sus puños, y abre su boca en un bostezo - Hacía días que no dormía tan profundamente,
y no me he enterado de nada.
-Todo perfecto - Le digo - Yo también he dormido del tirón.
-Cuanto me alegra oír eso - Reparte varios besos por toda mi cara, incluidos mis labios. -Voy a la ducha - Se
levanta, toma un par de toallas y se va.
Suspiro. No puedo evitar pensar en lo que está cambiando mi vida en los últimos meses. He pasado de ser
la persona más negativa e infeliz de la tierra... a la más positiva y feliz del mundo. Me gusta mi nueva vida.
Justo en ese momento, entra César desnudo a la habitación a por su ropa, confirmándolo.
-Esta habitación me gusta - Digo pícaramente - No sabía que tenía unas vistas tan espectaculares... Se gira
hacia mí riendo, y me lanza una toalla a la cara.
-Disfruta de ellas, que voy a correr las cortinas ya mismo - Dice mientras comienza a vestirse. Río a
carcajadas.
Aparto las sábanas para levantarme. Quiero ayudarle a preparar su desayuno, y así poder estar un rato más
con él. Si me quedo en la habitación, no le veré hasta que se vaya.
Me pongo de pie, y cuando doy tres pasos, siento mi cuerpo extraño, y mi estómago revuelto. Levanto la
mirada y César me está mirando atento.
-¿Estás bien?- Me dice - Estás algo pálida.
-No... - Le digo - Noto como si fuera a desmayarme de nuevo. - César, creo que... ayúdame...
Rápidamente pasa sus manos alrededor de mi cuerpo y me sujeta. Con cuidado me ayuda a sentarme sobre
la cama. Cuando se asegura de que estoy bien sentada y no me voy a caer, camina hasta su armario y saca
un maletín de él.
-Vamos a ver que está pasando aquí - Dice mientras le abre. Pone sobre la cama una pequeña máquina y
unas tiras plateadas.
-¿Qué es eso? - Le digo todavía mareada.
-Un monitor de glucosa en sangre. - Dice sin mirarme mientras prepara más cosas. Toma un papel plateado
y algo más, y me lo enseña - Esto es una tira reactiva, y esto una lanceta. Dame tu dedo.
Pincha mi yema con la lanceta. Hago un gesto de dolor y sonríe.
-Quejica - Dice, mientras aprieta.
Una gota de sangre, queda en la punta de mi dedo. La toma con la tira reactiva y la encaja en el monitor.
Tras unos segundos, el número 56 aparece en la pantalla.
-¿Qué es ese número? - Pregunto intrigada. Mi mareo sigue.
-La cantidad de azúcar que tienes en la sangre - Dice mientras se levanta y va a algún sitio.
Un minuto después, vuelve con varios sobres de azúcar y un vaso de agua. Se sienta a mi lado mientras
pone los sobres en el agua y los remueve.
-¿Esta baja? - Deduzco por lo que está haciendo.
-Bastante sí. Hay que subirla - Cuando ha terminado la mezcla me ofrece el vaso. - Bebe esto.
Espera a que lo haga, y se acerca a mí con una pequeña linterna. Examina mis pupilas y a continuación, me
ausculta con su fonendoscopio.
-Esto es extraño - Le digo. - Según pasan los minutos, me voy sintiendo mejor...
-Es normal - Dice - Lo bueno del azúcar, es que es de absorción rápida. Pronto estarás recuperada. Las
personas diabéticas, también suelen tener bajadas por la mañana, debido a la cantidad de horas que han
pasado sin comer.
-¿Crees que soy diabética? - Pregunto asustada
-No lo sé Natalia... Realmente pueden ser muchas cosas... por eso vamos a hacerte algunas pruebas cuanto
antes... Quiero descartar las que más me preocupan - Trata de poner un tono tranquilo para no asustarme.
Toma su móvil y marca un número.
-Buenos días Nova, soy Engel. ¿Cómo estás? - Silencio - Necesito que me hagas hueco. ¿Podríamos adelantar la cita de Natalia? - Pausa - Sí, la tiene dentro de tres días - Otra pausa - Sí, mañana perfecto.
Salgo sobre las seis, ¿Te viene bien a esa hora?- Peina su cabello - Allí estaremos. Gracias. - Cuelga y me mira. - Mañana vamos a ir a ver a la Doctora Nova.
Mierrrrrrrrda. ¡Todavía no! - Digo mentalmente. - De acuerdo... - Trato de que no note, que no quiero ir.
Toma de nuevo su teléfono y veo que escribe un mensaje. Me mira y sigue escribiendo. Me parece extraño,
me gustaría saber a quien va dirigido, pero no quiero que piense que le controlo.
-¿Te sientes mejor? - Antes de que pueda contestar, su móvil pita, supongo que será la respuesta.
-Sí, estoy totalmente recuperada. Ese polvo blanco es la caña.- Le digo sonriendo y suelta una carcajada.
-Si... y de una caña sale - Dice mientras termina de vestirse.
Media hora después, ya está preparado para irse.
-Debería ser delito ir así vestido al trabajo - Le digo - ¿Tendré que ponerme celosa de tus pacientes...?
-No tienes que ponerte celosa de nadie - Dice mientras me toma por la cintura y tira de mí - Tengo a la
paciente más guapa esperándome en casa - Me besa para despedirse.
Ninguno quiere soltar al otro, y poco a poco nuestro beso se va alargando y volviéndose más intenso.
Nuestras respiraciones son fuertes. Un gemido sale de la boca de César, y todo mi cuerpo se activa. Su
lengua busca desesperada la mía. Más gemidos. Ya no logro distinguir si son suyos o míos. Sus manos
repasan mi contorno con ansia.
-¿Me quieres hacer perder otro día de trabajo? - Dice mordiendo mi labio inferior.
-¿Podríamos? - No me parece mala idea.
-Me temo que no... ¿Sabes el día tan malo que voy a pasar hoy? Todavía no me he ido, y ya estoy deseando
volver - Pasa su lengua por mi cuello. Me está torturando.
-Me puedo hacer una idea... - Le digo - Se de otra persona, que está en las mismas condiciones...
-Mmmm, eso me gusta - Vuelve a besarme. - Prepárate cuando regrese a casa. - Me mira con una ceja
levantada. Ese gesto le hace todavía más atractivo.
-No tardes - Le miro sensualmente.
-Brrrrrrrr - Dice riendo y se aparta de mí. - O me voy ya, o acabaré perdiendo mi empleo - Toma su maletín y
besa mi frente. - Se buena - Dice mientras sale de casa - Si te sientes mal. Llámame inmediatamente - Le
oigo gritar en el pasillo.
Cierro la puerta mientras pienso en lo increíble que es César. No me hubiera importado que perdiera un día
más de trabajo. Pero no puedo hacerle eso... Es un hombre muy responsable, y me gusta que siga siéndolo.
Entro en la habitación, hago la cama y preparo la ropa que me voy a poner. Saco un par de toallas de su
colocadísimo armario. Quiero probar esa magnífica bañera, me vendrá bien un baño relajante.
Tras más de una hora dejando que las burbujas masajeen mi cuerpo, salgo del agua. Estoy totalmente
arrugada por el tiempo que he pasado dentro. Con calma, seco mi cuerpo, ha sido el mejor baño que me he
dado jamás.
Termino de vestirme y voy a la cocina para tomar mi desayuno. César ha dejado dos pequeños bollos
rellenos de chocolate en la encimera, sé que es un mensaje subliminal...
Preparo un buen tazón de leche para acompañar, y me termino todo. Cuando creo que ya no hay más por
hacer. Camino hasta la habitación de los libros... No he dejado de pensar en el álbum desde que lo
encontré. Pongo mi mano sobre el pomo de la puerta para abrirla, cuando oigo sonar el timbre. - Que
extraño - Me digo. - No es mi casa... creo que no debería abrir. - Pero la intriga de saber quien es me mata, y
decido al menos, echar un ojo por la mirilla.
Camino despacio para que no se oigan mis pasos. No quiero que piensen que hay alguien en casa. Con
mucho cuidado, pongo mi ojo en el pequeño punto de luz que hay en la puerta y miro al exterior...
-¡Lauuuu! - Grito cuando descubro de quien se trata, y abro rápidamente.
-¡Nataaaa! - Me abraza fuertemente.
-¿Qué haces aquí? - Pregunto ahora extrañada. - ¿Y cómo sabías donde estaba?..
-Un apuesto Doctor me envió un mensaje hace un par de horas, quería viniera a cuidar de su paciente
favorita en su ausencia - Mueve sus cejas graciosamente.
-¡Entonces fue a ti a quien escribió! - Digo rápidamente y me mira extrañada.
-Por lo que veo, no te dijo nada...
-No. Imagino que quiso sorprenderme, como así ha ocurrido. - Sonrío. - Pasa, no te quedes ahí.
-Vaya... - Silva - Menuda casita tiene el Doctor Amor...
-Lau. No empieces... - La conozco, y sé que cuando se pone en ese plan, no hay quien le aguante.
-¿Cómo quieres que calle con algo así? - Mira por todas partes.
-Ven. - Tiro de su brazo - Vamos a sentarnos. Tienes muchas cosas que contarme. Recuerda que tenemos
una conversación pediente. - Me mira extrañada.
-¿Yo a ti?. ¡Pero si eres tú la que está viviendo al límite! - Grita.
-¿Cómo va el tema con Alex? - Voy al grano. Sonríe y baja su mirada - Oh vamos... No te guardes ni un solo
detalle. - Río.
-Todo va muy bien, la verdad - Hay emoción en su mirada - Despacio. Es demasiado prudente. Tengo que
admitir que más de lo que me gustaría. Pero... ¡Es tan tierno!... - Las dos soltamos grititos.
-¿Has descubierto si es virgen? - Sé que suena descarado, pero no puedo evitar hacer esa pregunta. Desde
que me lo insinuó, ha pasado veces por mi cabeza.
-No lo sé... No me atrevo a preguntarle directamente, y todavía no nos hemos acostado - Resopla. - Es duro
de pelar... - Las dos reímos. Puedo imaginarlo - Estoy deseando quitarte toda esa ropa y ver que guarda
dentro... - Da palmaditas.
-¿Pero os habéis besado al menos? - Susurro como si alguien pudiera oírnos.
¡Oh sí! - Abre sus ojos exageradamente y gritamos de nuevo como adolescentes - Y te aseguro, que eso sí
sabe hacerlo... Y si no ha tenido novia, en algún lugar debe haberlo aprendido... ¡Casi muero por sobredosis
de sensualidad cuando lo hizo!. - Levanta la voz emocionada.
-No puedo imaginarme a Alex así - Confieso - Es tan serio... ¡Tengo que verlo con mis propios ojos!
-Uff. Está difícil eso. Todavía insiste en ocultarlo. A veces creo que se avergüenza de mí, y por eso es que
quiere esconderlo. Me hace sentir mal... - Baja su mirada
-¡Ay no! - Digo ofendida - No permitas eso. Que te dé una explicación, pero no te dejes llevar por malos
pensamientos, por experiencia te digo, que es lo peor que puedes hacer... sufres más de lo que deberías.
-Vaya Nata... ¡Quien te ha visto y quien te ve! - Sonríe. - Veo que el Doctor Amor, te pone buenas inyecciones
- Reímos a carcajadas
-Cochina - Le digo
-¿Tiene buena jeringuilla? - Sube y baja sus cejas rápidamente. Volvemos a reír
-¡Lau! - Mi cara se colorea - ¡No seas obscena!.
El día con ella en casa pasa volando. Como siempre que está a mi lado.
Intento contarle poco sobre mí esta vez, ella lo nota e insiste en saber más. Aunque es mi mejor amiga,
tengo miedo... Le cuento sobre mis mareos y bajadas de azúcar, ya que en varias ocasiones hace mención a
mi mala cara. Pero omito contar más de lo necesario. Cuando me pregunta por la fecha de la próxima
revisión, miento.
Posiblemente ella no tenga nada que ver, pero es muy probable... que si alguien está intentando obtener
información, puedan sonsacarla fácilmente... cada vez que abre la boca, no tiene freno. No lo hace con
mala intención, pero tengo que reconocer, que no es prudente.
-Tengo que ir al baño - Le digo. Estoy empezando a encontrarme mal de nuevo.
-Aquí te espero - Se recuesta cómodamente en el sofá y pone la televisión.
Camino hasta el baño, siento molestias en mi barriga y tengo nauseas. Bajo mi ropa y me siento con
cuidado. Veo algo extraño en mi ropa interior... Tomo papel higiénico para comprobar lo que creo que es
y...
-¡OH SÍÍÍÍ!. ¡OH DIOS MÍO¡, ¡ME VINO!, ¡SÍÍÍ...!, ¡GRACIAS DIOS! - Grito eufórica. Laura rápidamente golpea la
puerta del baño.
-Nata... no sé que demonios estás haciendo ahí dentro, ¡¡Pero podrías esperar a que me fuera!!...
Capitulo 53

Salgo del baño y Laura está esperándome con los brazos cruzados.
-No preguntes - Digo sonriente. Se a donde va a ir a parar.
-Con la cara que sacas, no hace falta que pregunte nada... -El timbre suena y las dos miramos en dirección a
la puerta.
-¿Quién podrá ser? - Susurro mirando a Laura
-No tengo ni idea... Voy a ver.
Camina decidida hasta la puerta. De tres largos pasos consigo atajarla.
-¿Pero que haces? - Algún día, su impulsividad nos saldrá cara.
-Cotillear... - Se gira hacia mí y ríe. Pongo mis ojos en blanco y tengo que volver a perseguirla.
-Laura... - Susurro para apagar mi grito, pero no hace caso.
Llega hasta la puerta y pone su ojo en la mirilla. Hace señales para que yo también mire. Mis ojos se abren
sorprendidos al descubrir de quien se trata.
-¡Es Erika! - Digo extrañada. Laura me mira con cara de sorpresa.
-¿Esta es la perrita de César, no? - Asiento confirmándolo.
No me da tiempo ni a pestañear, cuando Laura abre la puerta y me encuentro con Erika de frente.
-Vaya... así que ya has conseguido también meterte en su casa... ¿Qué será lo siguiente? - Pregunta con su
falsa sonrisa.
Laura sale de detrás de la puerta para dejarse ver.
-Hola - Dice agradablemente - ¿Quién eres?
-No creo que a ti te importe eso - Escupe Erika con tono de desprecio.
-Yo creo que sí - Responde Laura tranquila - ¿Eres la que venía a unirse a la orgía? - La cara de Erika cambia,
y rápidamente dirige su mirada a mí. Busca confirmación para lo que acaba de oír.
Con mucho disimulo, piso el pie de Laura con el mío para que se calle. Me temo que esto va a acabar mal...
-Yo no vengo a unirme a ninguna orgía - Dice Erika furiosa.
-Uff que susto me habías dado - Suelta Laura - Ya me extrañaba a mí... César dejó bien claro que no quería
tetas "made in China". Las prefiere naturales como estas. - Sujeta sus pechos y los mueve violentamente. -
El plástico no le va, y tu pareces estar envuelta en el.
No puedo creerme lo que acaba de hacer. Giro mi cara hacia ella y hago un gesto de desaprobación.
-Muy graciosa... - Responde Erika aún más cabreada - Veo que César todavía no ha llegado...
-Ha ido a comprar juguetitos - Dice de nuevo Laura y vuelvo a pisar su pie
- Que pena... traía noticias sobre algo que le interesa. - Sonríe triunfante - Pero viendo que no hay vida
inteligente en la casa a quien poder dejar el recado, tendré que llamarle después - Se gira y se marcha
haciendo ruido con sus tacones. Camina totalmente recta.
-Ten cuidado reina, esa tensión acumulada, puede hacer que se te explote algún globo - Golpeo su hombro
con mi puño.
-¡Auch...! - Dice pasando su mano por el brazo.
-¿Eres tonta? - Le digo cabreada. Pero segundos después, no puedo aguantar más y rio a carcajadas. Laura
rompe a reír conmigo.
-¿Viste eso? -Dice con lágrimas en sus ojos - Casi es capaz de gesticular por el enfado, aun teniendo un
camión cisterna de botox inyectado en su cara - Estallamos en carcajadas de nuevo.
-No seas tan cruel - Digo con esfuerzo, apenas puedo respirar.
-Erika no puede reír como nosotras... si lo hace, se descose - Otro golpe de risas.
-¡Paraaaaa! - Mi barriga duele.
- ¿Viste esas bolsas que tenía debajo de sus ojos?. Pues no eran bolsas... son sus tetas, y como sigan
recortando su piel... ¡Dentro de poco va a tener barba...! - Pataleo en el sillón casi sin aire.
-Tengo la impresión de que alguien ha salido malparada... - Laura y yo miramos rápidamente hacia la
puerta.
César acaba de llegar, estábamos tan perdidas en nuestras bromas, que no hemos oído como abría la
puerta. Suelta su maletín en el suelo y se descalza.
-Hola - Digo un poco preocupada. Por lo poco que ha tardado, es posible que se haya cruzado con Erika.
-Lo siento. No había juguetes... - Dice mientras nos mira con media sonrisa y una ceja levantada.
No hay duda. Se ha encontrado con ella mientras subía.
Laura golpea un cojín con su puño tratando de calmarse. Nuestras carcajadas ya son mudas debido a la
poca fuerza que nos queda. Pasados unos segundos. Secamos nuestras lágrimas en un intento de
serenarnos.
-¿Cómo ha ido el día? - Pregunto sofocada.
-Creo que no tan bien como el tuyo... - Viene hasta mí y deja un beso detrás de mi oreja - Laura me sonríe
pícaramente cuando César no mira.
Media hora después, y tras contarle lo ocurrido, Laura tiene que marcharse. Hoy tiene turno de tarde y si no
se da prisa, no llegará. Cuando la puerta se cierra, César viene hacia mí. Me atrapa entre sus brazos y besa
mi cuello.
-¿Cómo estás hoy? - Pregunta casi ronroneando, mientras pasa su lengua por mi clavícula.
-Estoy bastante mejor - Contesto mientras disfruto de sus besos.
-No he podido pensar en otra cosa que no seas tú en todo el día... - Noto sus dientes morder tiernamente la
piel de mi hombro.
Pone sus manos en mi trasero y aprieta sus caderas contra mí. Puedo notar perfectamente que es cierto lo
que dice.
-César... - Estoy empezando a perderme - Creo que hoy no podrá ser... -Para de besarme y me mira
extrañado.
-¿Te sientes mal? - Me observa con detenimiento, intentando buscar la causa de mis palabras.
-No... ahora mismo no puedo estar mejor la verdad, pero me bajó el periodo hace un rato...
-Nooooo... - Deja caer su cabeza en mi hombro - Noooooo - Dramatiza.
-César, no seas crio - Me rio.
-Nooooo... - Vuelve a decir.
-César por favor - Rio más fuerte tratando de levantar su cabeza de mi hombro pero me presiona más
fuerte.
-No tiene gracia... Ahora sí estoy llorando de verdad. Déjame. - Bromea.
Si el supiera la odisea que he vivido en las últimas horas... no estaría bromeando ahora.
El día pasa tan rápido como el de ayer. Nos abrazamos y besamos como adolescentes en el sofá. Se queja
de su mala suerte un par de veces más, pero finalmente se mentaliza de que no podrá ser.
Cenamos unos Hot Dogs que prepara. Mientras los comemos, me explica que la salchicha Frankfurt que hay
en el interior, es la mejor de todas, y que se la traen directamente de Alemania. No puedo evitar reír
mentalmente, pensando en que diría Laura si estuviera aquí...
Después de pasar un buen rato mirando programas absurdos en la televisión, y charlando sobre nuestras
cosas, decidimos que es hora de ir a dormir.
***
La noche pasa horrible. He tenido que levantarme varias veces a vomitar y apenas hemos dormido ninguno
de los dos. Estoy empezando a preocuparme al no sentir mejoría, y parece que César también.
-Recuerda que esta tarde pasará Alex a por ti sobre las cinco. La cita con la Doctora Nova es a las seis. Yo te
esperaré en el hospital. - Me besa cuando se marcha.
Casi llega tarde por esperar que venga Laura. No ha querido dejarme sola ni un minuto.
La pobre trae cara de cansancio. Salió tarde del trabajo, y se ha tenido que levantar temprano. No me gusta
generar molestias de este tipo.
Hoy tampoco podré ir a fisgonear a la habitación de los libros. El álbum ocupa mucho espacio en mi cabeza
desde que lo encontré. Intuyo que obtendré respuestas a muchas de mis preguntas en él...pero por el
momento, tendré que esperar.
Para colmo de mis males, el día no es tan agradable como el de ayer. Mi estómago no sujeta nada, por lo
que mi azúcar está por los suelos. Laura insiste en llamar a César en varias ocasiones, pero consigo
detenerla hasta que llega la hora.
-Buenas tardes Alex - Digo cuando abro la puerta. - Te estábamos esperando - Entro a la habitación a por
mis cosas, y espero un par de minutos más sentada en la cama, quiero darles espacio.
Cuando creo que ya se habrán echado una buena dosis de miraditas cómplices, salgo de nuevo, y
sorprendo a Alex sonriendo. No puedo evitar hacerlo yo también. Cuando me descubre, se tensa. - Mierda...
si no tengo cuidado, sabrá que lo sé. - Me digo.
Salimos a la calle y caminamos hasta el coche, antes de cruzar, miro a ambos lados, y por un segundo,
juraría que he visto la cara de Mario, vuelvo a mirar en la misma dirección, pero ya no hay nadie, ha
desaparecido. Estoy empezando a obsesionarme... o eso, o que con lo que sea que me está pasando, ya veo
cosas donde no las hay. De todas maneras, no me quedo tranquila.
-Alex... - Se gira hacia mí.
-Dime Natalia - Responde.
-¿Y sí te digo que me ha parecido ver a Mario en esa dirección? - Susurro.
Antes de que pueda hablar, toma mi brazo rápidamente y camina conmigo de regreso al hotel.
-Vamos Laura - Dice para que venga ella también.
Casi corremos. Laura nos mira extrañada pero obedece.
-¿Qué ocurre? - Pregunta.
-Quedaos aquí hasta que yo os lo diga - Está muy serio.
Sale a toda prisa cuando se asegura de que estamos dentro. Le veo correr y le perdemos de vista cuando
vuelve la esquina. Unos minutos más tarde, regresa caminando por la acerca. Viene hablando con alguien
por teléfono.
-De acuerdo, no te alejes de nosotros más de diez metros. - Cuelga.
-¿Que pasa? - Le digo preocupada. - ¿Era él?
-No he visto nada. De todas formas, otro coche nos acompañará hasta el hospital. No quiero arriesgarme. -
Caminamos de nuevo hasta el coche, esta vez más deprisa.
Vuelvo a mirar a la zona donde me pareció verle. Pero no hay nada. Seguramente mi cabeza me ha jugado una mala pasada...


Capitulo 54
Laura se sienta atrás conmigo. Durante todo el camino, voy viendo cruzar sus miradas a través del espejo
retrovisor. Tengo que volver mi cara hacia la ventana para que no me vean sonreír. No puedo evitarlo.
Me fijo que un todoterreno con lunas tintadas, nos sigue de cerca.
-Alex, ¿Ese coche es el que nos acompaña?
-Así es – Dice serio.
No volvemos a hablar nada más hasta que llegamos a la puerta del hospital. Estaciona y saca su teléfono.
-César. Ya estamos aquí – Oigo decir a Alex.
Miro hacia la puerta, y veo a César salir con el teléfono todavía en la oreja. Capta todas las miradas de las
mujeres que hay alrededor. Las que están en grupo, cuchichean y le señalan. Sé cuánto les atrae... Tiene
puesto su uniforme verde, y de su cuello cuelga un fonendoscopio.
-De acuerdo – Alex cuelga y César hace lo mismo.
Llega hasta el coche y abre mi puerta. Una tarjeta cuelga de su bolsillo, en la que pone "Doctor Engel".
-Hola preciosa ¿Cómo estás?. Tienes peor cara – Frunce su frente.
-Estoy regular – Le digo. – Tengo altibajos. Unos ratos mejor... otros peor...
-Vamos a ver que descubrimos – Me ofrece su mano y con su ayuda, bajo del coche.
-Voy contigo, espera – Dice Laura mientras hace intento de bajarse.
-No. – Dice César rápidamente – Ya me hago cargo yo, luego que te llame. Tú ve a descansar que debes estar
agotada. Muchas gracias por el favor – Le guiña un ojo - Alex, ¿puedes llevar a Laura hasta su coche?
-Sin problema – Dice seriamente.
Sonrío de nuevo. Laura me descubre, y hace un gesto para que pare.
César cierra la puerta y el coche arranca.
-¿Ha pasado algo? – Me pregunta mirando fijamente al todoterreno que va detrás de ellos.
-Mmm, realmente no – Le digo mientras caminamos hasta el interior del hospital. – Me pareció haber visto a
Mario durante un segundo, cuando salimos del hotel, y Alex se alarmó. Pero estoy segura de que ha sido
producto de mi imaginación. Revisó la zona y no encontró nada. Es imposible que haya podido desaparecer
de esa manera. - Me mira fijamente, pero no dice nada.
Caminamos por varios pasillos, subimos dos tramos de escaleras, otro pasillo más... si tuviera que salir
corriendo, no encontraría la salida, es como un laberinto. Giramos a la derecha. Mas metros de pasillo...
Finalmente nos paramos en una sala, y en la puerta pone "Doctora Nova" en letras azules.
-Siéntate – Me dice señalando la silla más cercana.
Se acerca a la puerta y la golpea con los nudillos. Antes de que nadie conteste abre e introduce solo su
cabeza dentro de la consulta.
-Nova. Ya estamos aquí – Cierra y se sienta conmigo. – No tardará en hacernos pasar. ¿Has tenido muchas
nauseas?
-Más de las que me gustaría... - Contesto. - Hoy me encuentro además demasiado cansada...
La puerta se abre y los dos miramos al mismo tiempo. La Doctora Nova nos sonríe amablemente.
-Hola. Ya podéis pasar - Camina hasta su escritorio. – Tomad asiento – Señala dos sillas que hay delante de
su mesa. Nos sentamos. - ¿Cómo va todo? – Me mira.
-No demasiado bien – Digo sincera – No siento mejoría.
-¿Te ha pasado esto más veces?
-Así tan fuerte no, pero hace unas semanas. Tuve vómitos y la garganta inflamada. César me recetó un
medicamento, y en un par de días me sentí mejor...
-Veamos que tengo en tu informe - Teclea en su ordenador y se coloca las gafas para leer mejor. –
Hipoglucemia... Desvanecimiento... A espera de menstruación... - Me mira por encima de las gafas - ¿Hay
posibilidad de embarazo?
-No... tomo la píldora.
-Hay medicamentos que interactúan con la píldora, joven. Y acabas de decirme que César te recetó alguno.
-Nova. Se lo que Natalia toma, no soy novato. – César está ofendido - No voy a recetarle medicamentos que
reduzcan su concentración de hormonas. Soy el primer interesado en que eso no ocurra. – En su última
frase, además de dejar claro que no quiere hijos, admite que nos acostamos juntos.
-De acuerdo... También dices que vomitaste esos días... - Me mira de nuevo - Y eso conlleva un riesgo. Si
vomitas dentro de las tres horas siguientes a tomarla, debes tomar otra. Lo sabes... ¿Verdad?.
-Sí –Pero lo cierto es que no recuerdo si vomité dentro de las tres horas siguientes. –Ayer me bajó la
menstruación – Digo para reafirmar.
-Está bien. Túmbate en la camilla por favor. Voy a revisarte.
César se levanta conmigo y espera a que me tumbe. Cuando ya estoy colocada, la Doctora Nova pone un
tensiómetro alrededor de mi brazo. Mientras se hincha, revisa mi garganta con un abatelenguas de madera.
Siento náuseas al instante y tiene que retirarle antes de poder revisarme correctamente. El tensiómetro pita
y marca un número.
-Hipotensión – Dice César y le miro extrañada - Tranquila, es la tensión baja.
La Doctora me ausculta.
-Creo oír un pequeño soplo – Dice mientras cambia el frio metal de un lugar a otro.
-Déjame ver – Dice César retirando su estetoscopio del cuello y colocándolo en sus oídos. La Doctora se
aparta. Tras un minuto... – Sí. Tienes razón. Se escucha un pequeño soplo de fondo. – Arruga su frente.
Están empezando a asustarme demasiado. Lo primero que viene a mi cabeza, es mi pobre padre y su
infarto de hace poco más de un mes.
La revisión continúa y ambos me realizan varias pruebas más. Comprueban mis reflejos, mi saturación de
oxígeno en sangre, mi azúcar... que sigue bajo. La reacción de mis pupilas a la luz... y varias cosas más que
no logro descifrar. Tras unos minutos hablando de varias posibilidades, César me ayuda a levantarme para
que vuelva la silla.
-Voy a realizarte algunas pruebas – Me dice la Doctora Nova – Entre ellas, un análisis completo de sangre,
otro hormonal, un electrocardiograma, y un estudio de glucosa. Con los síntomas que tienes, hay varias
posibilidades, y lo primero que queremos descartar, son las enfermedades más graves. – Miro asustada -
Otras veces, este tipo de problemas, igual que vienen se van... y solo quedan en un susto.
-Espero que sea eso – Digo preocupada.
-Te harán alguna esta tarde, pero mañana tendrás que venir en ayunas para hacerte las que resten, y
dentro de cuatro días, te veo aquí de nuevo para darte el resultado. – Apunta el día y la hora en una tarjeta
azul y me la entrega.
-Gracias – Nos despedimos y salimos de la consulta.
César lleva varios papeles en su mano y los va revisando mientras caminamos.
-Tenemos que ir a la sala de electrocardiogramas. Me alegra que esa prueba te la vayan a hacer hoy, así
veremos que pasa con ese soplo.
-¿Debería preocuparme? – Le digo ya preocupada.
-No... sería un soplo de grado 1 en todo caso. No debes preocuparte, pero en algunos casos, son el chivato de que algo no va bien. Y eso es lo que vamos a investigar.
No sé como tomarme eso, si estaba intentando tranquilizarme... ha fallado completamente. Caminamos
durante algunos metros más, hasta que llegamos a otra sala. Toca la puerta como en la anterior, saluda a
alguien y me hace un gesto para que entre.
A las nueve de la noche, hemos acabado con las pruebas previstas para el día. Por lo que César me
adelanta, el problema cardíaco está descartado. Mis latidos son regulares y el pequeño soplo es mínimo.
Ahora estoy algo más relajada, pero agotada y de mal humor. Quiero irme a casa y protesto mentalmente,
cada vez que se para a saludar a alguien.
-Ven, vamos por aquí – Me dice - Adelantaremos más y nos interrumpirán menos... - Toma mi brazo y
caminamos.
-Si por favor... - Resoplo.
Aunque todo el edificio parece ser un laberinto idéntico, hay algo en esa zona que llama mi atención, me
resulta familiar... Yo he pasado alguna vez por aquí, estoy segura. Parece que César sabe lo que pienso.
-¿Recuerdas cuando nos escapamos de Mario? – Sonríe y descubro porqué me sonaba todo. – Fue por este
pasillo por el que salimos al exterior – Me mira con ternura.
-Si... fue lo más parecido a ver luz al final del túnel – Reímos mientras señalo luces al final pasillo.
Antes de salir a la calle, manda un mensaje a alguien.
Llegamos al aparcamiento y Alex está esperándonos fuera, aparcado al lado del coche de César. Le
saludamos y mientras yo subo al coche, César se queda hablando con él. Me gustaría poder estar en la
conversación, pero estoy tan cansada, que lo único en lo que pienso, es en sentarme.
Casi estoy dormida, cuando oigo la puerta abrirse.
-Ya nos vamos a casa preciosa – Se acerca a mí y besa mi cara.
-Gracias... estoy agotada.
No recuerdo el viaje de vuelta, estoy segura que lo pasé dormida. Cuando llegamos a la casa, intenta
desesperadamente hacerme comer algo, pero me niego en rotundo. No puedo entrar nada en mi estómago,
siento que se me ha dado la vuelta como quien se la da a un calcetín.
Por fin desiste, pero me obliga a tomar un vaso zumo, alegando que es por mi azúcar.
***
La mañana siguiente llega más pronto de lo que me gustaría. Si por mí fuera, me quedaría en la cama hasta
las dos de la tarde... Otra vez las malditas náuseas y los mareos me acompañan en cuanto me pongo en pie.
César tiene que sujetarme para que no me caiga. No ssé que diablos está pasándome, pero no me gusta
nada. Mi cabeza duele.
Llegamos al hospital, y una amable enfermera es la encargada de sacarme la muestra de sangre. Cuando ha
terminado y estoy bajando mi manga, me da una bolsita transparente con un bote dentro.
-Tienes que entrar a ese baño, y traer una muestra de orina – Me dice.
-No recuerdo que la Doctora Nova lo pidiera – Le digo extrañada.
-Aquí está marcada esa prueba – Me muestra el papel.
- Pero estoy menstruando...
-¿Llevas tampón? - Pregunta.
-Sí - Respondo rápidamente.
-Entonces no hay problema.
-De acuerdo... - Camino hasta el baño y hago lo que me pide.
Dos horas después, estoy de regreso en casa. César se ha quedado en el hospital y yo he venido con Alex.
Laura acaba de llegar... - Otro día más en el que no podré ver el álbum... - Pienso.
Como si Dios oyera mis plegarias, unas horas más tarde, Laura cae profundamente dormida mientras
escucha música. Debe estar agotada, apenas la dejamos dormir estos días. Sigilosamente, camino hasta la
habitación. Veo que el álbum sigue allí y no puedo evitar sentir nerviosismo. Camino hasta el. Lo saco
lentamente para no hacer ruido, y me siento en la silla que hay en el escritorio, estoy algo mareada y no
quiero caerme.
Abro la primera página y ahí están de nuevo esas fotos tan antiguas. Paso a la siguiente y miro con
detenimiento, no veo nada que llame mi atención. Deben ser de Alemania, los paisajes que hay detrás de
las personas, muestran tejados poco habituales en España. A medida que voy hojeando, las fotos son más actuales.
Una en la que salen dos niños juntos, llama mi atención. Ambos tienen los mismos ojos que César. Deben
ser hermanos... la niña tiene al niño rubio sobre sus piernas, y se puede apreciar cariño entre ellos. Le está
sonriendo tiernamente, y su postura es demasiado maternal para su corta edad.
Más fotos parecidas. Ella es mayor que él, y en casi todas, le tiene agarrado de la mano. Cuanto más miro al
niño, más creo que es César de pequeño. Tiene sus mismas facciones... En otra, una mujer morena está con
ellos. Está muy delgada, pero apenas se le ve la cara, tiene varios mechones de su pelo tapándola. Descubro
otra más, debe ser del mismo día, porque tienen las mismas ropas. En esta se le puede ver más de cerca.
Hay una sombra oscura bajo su ojo izquierdo. Mi piel se eriza al recordar el motivo que provocaba eso en los
míos. Tuve varios así mientras vivía con Mario. Pero no voy a ser tan mal pensada. Puede haberse golpeado
con algo.
Sigo buscando, y mis ojos se paran en una foto muy llamativa. Hay cuatro personas en ella. Están delante
de este mismo hotel. Son los dos niños de antes, algo más crecidos, la mujer morena, y un hombre rubio
muy alto. Con letra de niño pequeño, hay escrita una frase en una de las esquinas.
MI FAMILIA Y YO.
César
Mi corazón se encoge. Es él, no hay duda. Los demás deben ser, su madre, su hermana y su padre. Mirando
mejor, puedo descubrir el parecido que tiene con el hombre rubio. La niña, se parece más a la mujer.
Me fijo más en sus caras, y puedo ver que hay tristeza en ellos. Sobre todo en la de su madre. Pero ahora es
la niña quien tiene esa maldita sombra en su ojo, y otra en su pómulo. El niño está llorando, mientras su
padre parece tener sujeto fuertemente uno de sus pequeños brazos. Sin duda, es una foto muy forzada, por
sus expresiones, ninguno quería estar en ese lugar.
Paso otra de las hojas y algo cae al suelo. Mientras me agacho para cogerlo, puedo ver que es un recorte de
periódico antiguo. Lo tomo despacio y leo lo que pone.
UN EMPRESARIO ALEMÁN, MATA A SU HIJA Y ESPOSA ESPAÑOLAS
Los cuerpos fueron hallados este sábado en un chalet a las afueras de la capital.
Hanna Engel de 13 años, recibió 9 heridas de arma blanca, mientras que su madre Ana María Blanco, de 35,
registra cuarenta y seis heridas en su cuerpo. Se cree que los hechos ocurrieron ante los ojos de su hijo de 8 años, por el estado de shock en el que le encontraron los servicios sanitarios, cuando accedieron al lugar.
-¡DIOS MÍO!...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Jue Feb 18, 2016 9:27 am


Capitulo 55

-¡No puede ser...! ¡No puede ser...! - Digo conmocionada con una mano en mi boca. Quiero negar en mi
cabeza lo que acabo de descubrir. - César... oh Dios mío...
No puedo seguir leyendo, las lágrimas acumuladas en mis ojos me lo impiden. Una ola de dolor arropa mi
cuerpo, y un puzzle gigante comienza a armarse en mi cabeza. El mundo feliz en el que vivía los últimos
días, acaba de tambalearse. Todo comienza a cobrar sentido...
Frases de César se arremolinan rápidamente en mi cerebro.
*No lo entiendes Natalia... Si Erika lo llega a conseguir... no hubiera podido vivir con ello. Es mi talón de
Aquiles... y ella lo sabe...
Siento nauseas, pero esta vez al sentir un profundo asco por Erika. La muy zorra, trató de hacerle sentir
culpable de su intento de suicidio... Ahora entiendo la casualidad... Y porque le atendieran en el hospital
donde trabaja César. ¡Lo preparó todo!. Le manipuló para hacerle creer que cargaría con el peso de su
muerte si la dejaba. Intentó atraerlo suciamente...
*Mi abuelo y mi padre, también tenían problemas de autocontrol... y el resultado de ello... familias rotas...
Jamás hubiera imaginado el dolor que escondían esas palabras. Pongo las manos sobre mis ojos y lloro
desconsoladamente.
*Tampoco voy a arriesgarme a tener hijos, y condenarles a pasar por esto. Ni a ellos, ni a las siguientes
generaciones...
Es lo más grave que le puede pasar a un ser humano... ver como matan a tu familia y más siendo un niño
tan pequeño...
*Hay cosas de las que todavía no estoy preparado para hablar. Y esta es una de ellas...
Mi corazón se parte en mil pedazos y una enorme bola de pena ocupa su lugar. No creo que una persona
pueda estar preparada jamás para hablar de algo así... El simple hecho de recordarlo, debe hundirle en ese
mismo momento.
*Sé que mi problema, no está demostrado científicamente que sea de origen genético... pero viendo mi
experiencia, no seré yo quien quiera comprobarlo.
No le falta razón... ahora entiendo sus miedos.
- Oh César... - No puedo evitar sentir una punzada de culpabilidad por lo que acabo de descubrir. - Mi pobre
César...
Frases de Erika comienzan a bombardearme de repente.
*Estas perjudicando a César con tu presencia en este lugar. No lo vas a entender, pero tu estancia aquí, le
abre viejas heridas. Le traes malos recuerdos.
Acabo de entenderlo. Mis ojos se abren con sorpresa. -No... no. No... no, no... - No quiero seguir escuchando
a mi cerebro.
Mi problema con Mario, debe estar recordándole diariamente algo que lleva años intentando olvidar... Sin
saberlo, estoy generándole constantemente daño. Cada vez que me mire a los ojos, ahora solo podré ver su
tortura interna. Su calvario...
*Sabes interpretar muy bien el papel de víctima con César. Pero que sepas que solo está contigo por
lástima.
Erika cree que César me ha contado lo que ella sabe, y por eso me culpaba de manipularle
emocionalmente...
*Necesita ayudarte para sentirse bien consigo mismo. Cuando consiga algún avance contigo... te dará la
patada como a las demás, y volverá a mi lado. No deberías hacerte demasiadas ilusiones...
Se siente obligado a protegerme para que no me ocurra lo que a su madre y hermana... Realmente necesita
ayudarme como dijo Erika... Es posible que confunda sus sentimientos, debido a todo lo que ha ocurrido en
su vida. Puede que ni siquiera él mismo sepa lo que siente por mí... Su obsesión por auxiliarme le está
confundiendo...
La presión está pudiendo conmigo, mi cuerpo está empezando a debilitarse.
Trato de ponerme en pie para ir hasta la cama, necesito estar tumbada si no quiero caerme. Introduzco el
recorte dentro de las hojas del álbum. Quiero dejarlo antes en su lugar. Mis piernas se niegan a seguir
avanzando. Intento sujetarme a la mesa con torpeza, y sin darme cuenta, dejo caer un pequeño jarrón de
barro. No llego a oír como se rompe. Todo se vuelve oscuro antes...
-¡Sí, joder!, Sí. Ya está. - Abro mis ojos al oír gritos - ¡Que sí coño, que he hecho lo que me has dicho!. ¡Puse
sus piernas en alto, y una almohada debajo de la cabeza! - Laura está al teléfono muy alterada. Descubro
que tengo mis piernas subidas en una silla, y en mi cabeza hay un cojín. Me mira sorprendida. -¡César!.
Escúchame... - Pausa - ¡César, que te relajes y me escuches!. Natalia acaba de abrir los ojos. - Silencio - Sí...
No corras por Dios, a ver si vamos a tener dos en vez de uno...
-¿Me pasó otra vez...? - Digo preocupada.
-Oh maldita sea Natalia... no vuelvas a hacer algo así. - Está asustada. Me abraza fuertemente. - He estado a
punto de acabar desmayada encima de ti. Imagina la cara del Doctor Amor cuando hubiera entrado...
-Lau... no creo que esto sea algo que yo haga y deshaga cuando me dé la gana. - Le digo tratando de
levantarme.
-¡Quieta ahí!. - Me sujeta - Una ambulancia viene de camino, y César está a punto de llegar. No quiero que
piensen que les he llamado por nada. Tendrás que seguir en el suelo para darle más dramatismo...
-Lau, no seas idiota... - Me incorporo con dificultad.
Suena un gran estruendo. Estoy segura de que ha sido la puerta chocando contra la pared.
-Creo que Thor, el dios del trueno, acaba de llegar - Dice Laura mirándome.- ¡Estamos aquí! - Grita.
Tras unos segundos, César aparece sofocado.
-¿Estás bien? - Se arrodilla junto a mí.
-Estoy perfectamente - Le digo. No quiero que se preocupe más.
Cuando sus ojos se clavan en los míos, todos los recuerdos de hace solo unos minutos, aparecen en mi
mente. Mis ojos se empañan.
-¿Te has hecho daño? ¿Te duele algo? - El alma entera me duele, pero no se lo digo... Este dolor, no se irá
con medicamentos...
-No... - Soy incapaz de sostenerle la mirada.
El timbre suena.
-Deben ser los de la ambulancia. - Dice Laura - Cuanto habrás corrido para llegar antes que ellos... - Le riñe.
-Ahora vengo. - César sale de la habitación. Puedo oírle saludar a alguien, seguro que también les conoce.
Después de un par de minutos, vuelve a entrar. Me extraña que venga solo.
-¿No vienen? - Pregunto extrañada.
-No. Les dije que se fueran. Esto ya está controlado... y seguramente, alguien necesite hoy esa ambulancia
más que nosotros. - Me guiña un ojo - Si nos hace falta, volveremos a llamar y ya está. - Asiento.
Entre los dos, me ayudan a levantarme y nos sentamos en el sofá. César, después de examinarme y
comprobar que mi tensión y azúcar siguen bajos, me prepara un poco de café muy endulzado. Mi cuerpo se
siente mejor tras unos minutos. Puedo levantarme sola, y apenas siento mareo. No puedo decir lo mismo
de mis emociones, no he sido capaz de centrarme en ninguna de las conversaciones que hemos mantenido.
Laura está cansada y se despide de nosotros. César le acompaña hasta la puerta y cuando regresa, se sienta
muy cerca de mí. Sujeta con sus dedos mi barbilla, y me besa tiernamente. No puedo devolverle el beso...
-¿Ocurre algo? - Me pregunta extrañado.
-No... - No sé que decirle, ni por donde empezar. Estoy totalmente bloqueada. Vuelve a mirarme extrañado.
Por el rabillo del ojo compruebo que está pensativo. Frunce su ceño y se levanta algo nervioso. Camina en
dirección al cuarto de los libros.
Me incorporo rápidamente. -¡Mierda! ¡El álbum! - Mi digo. Acabo de recordar que lo dejé sobre la mesa. Por
la habitación en la que he sufrido el desmayo, creo que César ha atado cabos. Mi corazón palpita a gran
velocidad.
- Heilige Scheiße - Grita en Alemán
- No... no, no, no... - Digo mientras intento ponerme en pie. Sé que lo ha descubierto.
Grandes pasos suenan cada vez más fuerte, y mi cuerpo comienza a temblar. Hacía meses que no sentía
esto... Mi confianza ciega hacia él, ha cambiado. Ahora tengo miedo de que pueda golpearme.
César entra al salón totalmente fuera de sí. Su mirada está tan perdida, como aquella vez en el gimnasio.
Respira fuertemente por su nariz y trae el álbum en una de sus manos.
-¿¡HAS SACIADO YA TU MALDITA CURIOSIDAD!? - Grita.
Antes de que pueda contestar, lanza el álbum contra el televisor y la pantalla se rompe.
-César... - Estoy a punto de llorar.
-¿No has podido esperar, verdad? - Dice con desprecio. Hay mucho dolor en su mirada. - ¿Ya has
descubierto todo lo que querías saber sobre mí, o quieres los detalles escabrosos? ¡¡PORQUE RECUERDO
HASTA EL PUTO SONIDO DEL CUCHILLO CUANDO ATRAVESABA SUS CUERPOS!! - Sus ojos se llenan de
lágrimas. Toma una de las sillas y golpea una vitrina con ella. Introduce sus manos dentro del mueble y
saca dos botellas de Whisky
-César... ¿Qué vas a hacer? - Estoy tan asustada como preocupada.
Toma las llaves del coche, y sin mirarme sale de la casa dando un gran portazo...
Capitulo 56

Busco mi bolso desesperadamente. Estoy tan nerviosa, que había pasado tres veces delante de el, y no le
había visto. Saco el móvil y marco el número de Alex. Mis manos tiemblan.
-Hola Natalia - Responde al primer tono.
-¡Alex! César esta descontrolado... necesito que lo encuentres, acaba de salir de casa con dos botellas de
whisky en las manos y las llaves del coche. - Mi voz se quiebra.
-¿Hace cuánto? - Su tono es preocupado.
-Ahora mismo... ha salido ahora mismo. Alex tienes que encontrarle...- Lloro.
-¿Qué lo ha desbordado? - Mi corazón se encoge.
-He sido yo, Alex. He encontrado un álbum familiar, y dentro había un recorte de prensa con la noticia de lo
que le pasó a su familia... Lo ha descubierto y está muy alterado. Por favor encuéntrale...
-Entiendo. Salgo a buscarle - Cuelga.
Las horas pasan y no puedo parar de pensar en lo que ha pasado. Cada vez me siento más culpable - ¿Por
qué tuve que hacerlo? - Lloro amargamente en el sofá - Me había entregado toda su confianza, y yo se la he
pisoteado - Desearía tener una máquina del tiempo y dar marcha atrás... - Por favor... que no le pase nada,
no podría soportarlo...
Son las tres de la mañana. Camino nerviosa por el salón, cuando oigo que alguien intenta abrir la puerta.
No me da tiempo a reaccionar, cuando se abre, y la imagen que hay tras ella me rompe por dentro.
Alex trae a César colgado prácticamente de su cuello, apenas se tiene en pie. Una de sus cejas está partida.
-Déjame ir - Protesta César, pero Alex lo arrastra al interior. -No quiero estar aquí, le haré daño - Apenas
puede pronunciar bien.
- ¡Que ha ocurrido! ¿Ha tenido un accidente? - Le pregunto preocupada.
Sabiendo que se llevó las llaves del coche, y las dos botellas de alcohol con él, es la única posibilidad que
encuentra mi cerebro.
-No. Por suerte me dio tiempo a sujetarle antes de que saliera del hotel, aún no me había ido a casa. - Dice
Alex - Ha estado todo el tiempo conmigo en el restaurante.
-¿Y ese golpe en la ceja? - Pregunto alarmada.
- Tuve que reducirle...
-¿Tú le has golpeado? - Mi expresión es de total sorpresa.
-O lo hacía, o arruinaba su vida. - Coloca mejor a César para que no se caiga. - Intentó salir a la fuerza del
hotel para coger su coche.
-Madre mía...
-Ayúdame a entrarle en casa - Dice Alex. - Camino hacia ellos y tomo el brazo libre de César. Lo paso por
encima de mis hombros para que tenga otro punto de apoyo.
-Mi padre nos daba una paliza detrás de otra... - Dice César mirándome con dificultad. Le cuesta mantener
su cabeza erguida -¿Sabes lo que vi, cuando venía de jugar y abrí la puerta?...
-Cállate - Le ordena Alex.
-No pienso callarme. ¡Que lo sepa de una puta vez! ¿No es eso lo que buscaba? -Vuelve de nuevo su
atención a mí. Alex tiene que ayudarle a mantener el equilibrio. - Mi padre estaba apuñalando el cuerpo
inerte de mi madre, totalmente fuera de control. Había sangre por todas partes. Hanni todavía se movía -
Varias lágrimas caen de sus ojos y traga saliva con dificultad - En su último aliento, la palabra "Huye" salió
de sus labios ensangrentados. Pero yo estaba tan paralizado... que no pude moverme. No sabía a donde ir...
mi única protección eran ellas... - Llora, y yo con él. No puedo evitar hacerlo viéndole así.
-César... déjalo ya - Alex trata de llevarlo a la habitación, pero se niega.
-¿Sabes que me dijo mi padre cuando descubrió que estaba allí? - Se queda mirando fijamente a la pared
durante un par de segundos, sé lo está reviviendo. - Dijo... "Ellas solo son basura. Pero tú, eres igual que yo,
y mi sangre corre por tus venas. Te dejo vivir porque acabas de aprender, como hay que tratar a una mujer"
y me dejó allí solo. Estuve tres días cerrado en esa cocina con ellas.- Llora más fuerte. - Hasta que el sábado
llegó la asistenta que limpiaba los fines de semana... - Está roto de dolor y apenas puede terminar la frase.
Una de sus rodillas toca el suelo. Rápidamente Alex y yo tiramos de él hacia arriba.
-Lo siento. Yo... - No tengo palabras para lo que acabo de oír.
Jamás he querido hacerle daño, y parece que es lo único que consigo.
-Ahora que sabes que soy como él... - Solloza - que estoy más jodido de lo que imaginabas, y que mi padre
es un asesino... ¿Cuándo tardarás en huir de mí? -Bajo la mirada. Esa idea me lleva rondado todo el día en la
cabeza, pero por otra razón totalmente diferente... No quiero que cada vez que me mire, recuerde su
pasado.
-César yo... -Ahora es Alex quien no me deja acabar la frase.
-Natalia, no te molestes. Mañana no se acordará de nada. Vamos a llevarlo a la cama.
Poco a poco caminamos con él hasta la habitación. Con cuidado le echamos boca abajo sobre la cama. Alex
sale de la habitación, y yo me quedo un momento más con él.
-Estaré en el salón si necesitas algo, me quedaré aquí hasta que despierte. No sabemos como reaccionará
cuando lo haga.
-De acuerdo. - Yo también prefiero que sea así.
Me siento en uno de los laterales y le observo con detenimiento. Tiene sus ojos cerrados, y sus pestañas
están húmedas por las lágrimas. Su ceja se ve hinchada y todavía sangra, por lo que decido ir al baño a por
unas gasas, y algo con que desinfectar la herida.
Cuando tengo todo lo necesario, regreso a la habitación, y con cuidado comienzo a limpiar su ceja. Hace un
pequeño gesto de dolor cuando paso la gasa por ella, y abre los ojos. Se queda mirándome fijamente.
-¿Por qué lo has hecho? - Dice mientras otra lágrima corre por su tabique nasal.
-César... yo... Lo siento mucho. - Mis lágrimas también caen.
-¡Confiaba en ti! - Grita e intenta ponerse en pie, pero vuelve a caer sobre la cama.
Alex aparece rápidamente en la puerta de la habitación.
-Tranquilo, todo está bien - Le digo. Asiente y vuelve al salón.
Pongo de nuevo la gasa sobre su ceja y con un rápido movimiento, toma mi muñeca. Tira de ella hasta que
casi estoy tumbada en la cama - Mi corazón está acelerado, no sé que va a hacerme - Con su otro brazo
rodea mi cintura. Me coloca pegada a él, de espaldas a su pecho.
-Eres la única persona capaz de ocasionarme un daño tan inmenso... - Pone su cara en mi cabeza y huele mi
pelo -Y a la vez, el único remedio que existe para él. - Me estrecha contra su cuerpo.
Unos minutos después, su respiración pausada me indica que se ha dormido. Intento levantarme despacio,
pero sus brazos me sujetan más fuerte. Tras un largo rato, el cansancio puede conmigo, y yo también me
duermo.
***
A la mañana siguiente, abro mis ojos, y busco a César a mi lado. No está en la cama. Hay un vaso y varios
sobres de azúcar en la mesilla. En uno de los ellos hay algo escrito.
"Tómalo antes de ponerte en pie"
Es la letra de César. Preparo la mezcla, la tomo y espero un par de minutos. Me levanto con cuidado y
camino hasta el salón. No hay nadie en la casa.
Siento preocupación al instante, y necesito saber que César está bien. Busco mi teléfono y marco el número
de Alex.
-Hola Natalia.
-Hola Alex... acabo de despertar y no hay nadie en casa. ¿Ha ocurrido algo?. Estoy preocupada. - Hablo
deprisa.
-No, tranquila. Llevé a César al trabajo mientras dormías. Extrañamente se despertó mejor de lo que
imaginé y con ánimo de ir al hospital.
-¿Eso puede ser así? - Pregunto extrañada.
-Pues parece que sí. A mi también me ha sorprendido si te soy sincero. Es la primera vez que después de
una crisis, se recupera tan rápido.
-Vaya... - Estoy sorprendida por lo que acabo de oír. Pero sobre todo, porque Alex se ha abierto a mí y me ha
confiado algo así, cuando es la persona más reservada que conozco.
-Natalia... - Le oigo decir al otro lado del teléfono. - Eres la única persona que consigue hacerle sentir vivo, y
con ganas de luchar. Es un gran tipo y merece algo bueno por una vez. Si de verdad sientes algo por él, ten paciencia... deja que sea él quien vaya abriéndose a ti. Solo necesita asegurarse de que ha apoyado completamente el pie, antes de dar otro paso. Creeme que se de lo que hablo...- Silencio.
-Gracias... - Digo sobrecogida. Todavía no me creo que Alex, me haya contado todas estas cosas.
Cuando cuelgo. No puedo parar de pensar. Siento confusión. Ya no sé si me presencia le hace bien, o mal...
Es todo tan complicado...
Capitulo 57

César:
-Este horrible dolor de cabeza va a acabar conmigo – Me digo mientras masajeo mis sienes con las yemas
de mis dedos. Ayer me pasé con la bebida, pero necesitaba anestesiar mi alma... Todas las malditas
imágenes de aquel día, volvieron a mi mente, cuando descubrí que el recorte no estaba en la página
correcta. Eran tan frescas, que parecía que todo estaba ocurriendo en ese momento...
Tomo mi teléfono y marco el número de Laura. Estoy intranquilo.
-Hola bomboncito, me acabo de romper el coxis, ¿Cuándo podrás atenderme?. – Esta mujer está como una
cabra, pero me cae bien.
-Hola Laura. Mi consulta está llena, pero el Doctor Maldonado, que está a punto de jubilarse, estará
encantado de atenderte.
-¡Uh! ¡Que milagro! Acaba de soldarse solo... Creo que fue bueno tomar calcio en el desayuno. – No tengo
más remedio que reírme. Es la comedia en persona.
-¿Cuánto te queda para llegar a casa? – Tuve que salir antes de que Laura llegara, y no me gusta la idea de
que Natalia esté sola.
-Estoy cerca, ya estoy saliendo del atasco.
-De acuerdo. Déjame una perdida para saber que ya estas con ella.
-Lo haré. – Cuelga.
Mi cabeza vuelve a torturarme. Cierro fuertemente los ojos y mi ceja protesta. Toco despacio mi herida. No
sé con qué diablos me golpee ayer, pero debió ser con algo muy duro, me duele hasta el hueso. Tengo
inflamación alrededor, y está comenzando a ponerse morado. Mis pacientes no paran de mirar mi ojo y
preguntarme preocupados por lo ocurrido. A todos les digo lo mismo. "Me di con el pico de la mesilla, al
darme la vuelta en la cama". La misma excusa que usaba mi pobre madre... Si alguien sabía como esconder
los malos tratos, era ella. Pobrecita... lo que tuvo que pasar con ese loco. Y que ahora estén pensando en
sacarlo de la cárcel... no me lo explico...
Erika me ha pasado el teléfono de los abogados que trabajan para su padre, es uno de los bufetes más
importantes de la zona. Habló con ellos por mí, y parece que están dispuestos a quedarse con el caso.
Últimamente, se está portando genial conmigo, y me está ayudando mucho. Después de todo, no es mala
persona. Solo un poco egoísta.
Espero que esos abogados, consigan revocar la decisión del juzgado, y descubran que es lo que pasó. Según
me informaron, alguien pagó una gran suma de dinero para que soltaran a mi padre, y necesito saber quién
fue. No entiendo que haya una sola persona en este mundo que lo esté ayudando, después de lo que hizo.
Una llamada perdida de Laura, me saca de mis pensamientos. Ya está con ella y eso me relaja.
La puerta se abre mientras estoy guardando mi teléfono, y una de mis pacientes entra en la consulta.
-Buenos días Doctor Engel – Sonríe tímidamente.
-Buenos días Marta. ¿Cómo estás hoy?
-Algo mejor, pero todavía duele. – Dice con su mirada baja.
La semana pasada también vino. Tiene más o menos la misma edad que Natalia. Hay varios moretones en
su cara y marcas nuevas en su cuello. Su muñeca está rota, y voy a tener que derivarla a rehabilitación
cuando le quitemos su escayola. La fractura que tiene es muy fea, y está en mal sitio.
Por lo poco que he tratado con ella, sé que no es una persona conflictiva, más bien asustadiza. Lo que me
hace saber, que no se va metiendo en peleas por ahí... Estoy seguro, por desgracia, de que es otra víctima
de malos tratos... Tengo un radar interno muy desarrollado para estos casos, y cuando se dispara, casi
siempre acierto.
-¿Te has vuelto a caer, Marta? – Soy directo, no me ando con rodeos para que no les dé tiempo a pensar.
Necesito que ellas mismas se den cuenta de que no tienen excusa.
-Si... si... - Su cara esta roja - Con una sola mano, pues... pues a veces no-no... me puedo sujetar bien cuando
me tropiezo... y me caigo - Cuando empiezan a tartamudear así... mal asunto.
-¿Tu novio te golpea? – Intento buscar su mirada pero no levanta su cabeza.
-No...
-Marta. ¿Me estás mintiendo? – Siento a veces ser tan duro, pero ellas necesitan un poco de esta presión
para admitirlo. Es el primer paso y el más importante.
- ... - Llora.
Me levanto de mi asiento y tengo la necesidad de consolar su dolor. Voy hacia ella y me coloco a su lado.
-Está bien Marta... Se por lo que estás pasando. ¿Necesitas ayuda? – Niega con su cabeza, todavía no puede
hablar.
Casi todas las mujeres víctimas de malos tratos, niegan cuando les hago esa pregunta. Pero sé que dentro
de su cerebro, creo una importante lucha interna con esas dos palabras, haciendo que se lo planteen.
-Perdóneme Doctor, no sé que me ha pasado... – Dice mientras levanta su cara y seca sus lágrimas.
- Creo tener la respuesta... – Digo con ternura - Sin palabras, has admitido la realidad.
Minutos después, Marta se viene abajo y comienza a contarme por todo lo que está pasando. Su novio le
pega desde hace años, y cree no tener salida. Teme que lleve a cabo sus amenazas, y acabe con su vida si se
aparta de él.
Cuando admite porfin que necesita ayuda, lo preparamos todo. Se queda conmigo en la consulta, hasta
que las chicas de la casa de acogida, vienen a recogerla. Ellas le ayudarán a poner la denuncia, y a empezar
una nueva vida, lejos de su maltratador.
Por desgracia, no siempre es tan fácil como con Marta. La mayoría de las veces, vuelven a casa con su
agresor, negando la verdad.
Ojalá hubiera podido hacer algo más por mi madre y hermana. La culpabilidad me mata... Si no hubiese
salido a jugar, tal vez todo habría sido distinto. Me hubiera golpeado a mí, en vez de a ellas, y así calmado
su furia.
Lo único que suaviza mi dolor, es mi trabajo y el poder ayudar a estas personas. Siento que estoy haciendo
lo correcto, y a su vez, algo por ellas... No pude salvar sus vidas aquel día, pero si puedo salvar las de otras
en su misma situación... y aunque no necesito trabajar, porque económicamente estoy en buena posición,
me gusta hacerlo. Cada vez que consigo que una de ellas admita su problema, y permite que le ayude,
contradigo las últimas palabras que me dedicó mi padre. De ninguna manera las mujeres son basura...
El día transcurre sin más problemas. Todos mis demás pacientes son fracturas, contracturas, desgastes por
edad, y golpes de diversas consideraciones.
No logro sacarme a Natalia de mi cabeza en ningún momento, estoy resentido con ella todavía, por su poca
paciencia conmigo, y el haberme hecho daño. Pero mi amor por ella puede con todo esto y más. Entiendo
que es una persona llena de inseguridades, que necesita ahondar más para sentirse segura, y que mis
demonios no se lo ponen fácil... pero yo también necesito que entienda, que tampoco estoy preparado para
algunas cosas. Sabe que también cargo con inseguridades... Presiento que vamos a chocar en esa parte,
pero si logro mantener la calma, todo podrá arreglarse.
Espero no haberla liado mucho anoche, y todavía estar a tiempo de arreglarlo. Cuando desperté esta
mañana, estaba dormida a mi lado. Entiendo que mi exagerada reacción, pueda haberle asustado de
nuevo, pero ahí estaba... no salió corriendo. Ojalá pudiera controlar estas malditas crisis. Todo sería más
fácil...
Pensar en ella, me hace recordar que hay varias pruebas suyas pendientes de informe. Tecleo en mi
ordenador su historial médico. Con suerte, podré ver algún resultado, y no tendré que esperar a la consulta
de la Doctora Nova. Me está preocupando demasiado su estado de salud. No remonta, y no hay mejoría.
Cuando se abre, hay una nota del laboratorio:
"Por problemas con el ordenador central, no habrá informes hasta esta tarde. Si son urgentes, bajad
directamente a por ellos".
No veo conveniente molestarles, podré esperar un rato más. Lo volveré a intentar en el ordenador de casa.
Ha llegado la hora de volver, y arreglar las cosas con Natalia.
Cuando voy a cerrar el historial, veo que llegan varios documentos. – Que suerte - Me digo. Ya deben de
haber resuelto el problema.
Abro el primero, y puedo ver que es el análisis de sangre. Reviso los valores buscando anomalías
sanguíneas.
Hematíes bien... Hematocrito bien... Linfocitos... - Sigo la lista – Hierro por debajo de lo normal. Tendrá que
tomar un suplemento, es posible que de aquí pueda venir su agotamiento físico – Continúo – Colesterol
bien... Calcio bien... El azúcar por los suelos como ya sabía... Lo demás parece estar bien. - Cierro el
documento y abro el siguiente.
Es el análisis de orina.
-Albúmina bien... Células epiteliales bien... Cilindros bien... Cristales nada... Cuerpos cetónicos alterados... -
Cada vez cobra más sentido que Natalia pueda estar desarrollando una diabetes. Paso al siguiente documento.
-¿Test de embarazo? – Me digo. – Al final la Doctora Nova se ha empeñado en hacérselo. - Compruebo el resultado estando muy seguro de lo que pondrá en el, y lo abro.
Mi corazón se dispara y mis ojos se abren de par en par - ¿¿¿¡¡¡ RESULTADO POSITIVO!!!???

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Jue Feb 18, 2016 9:28 am


Capitulo 58
César:
-¡IMPOSIBLE!... debí leer mal – Estoy teniendo una taquicardia. Trato de calmarme y vuelvo a revisarlo –
No... no puede ser, es imposible. Toma la píldora y está con el periodo. Sé que una gran cantidad de
mujeres embarazadas, experimentan episodios de perdidas vaginales durante el primer trimestre,
haciéndoles creer que tienen la menstruación... o incluso podría ser una amenaza de aborto... pero... ¡NO!.
¡ES IMPOSIBLE!. Natalia no puede estar embarazada – Busco mi teléfono y llamo a la Doctora Nova.
Mis manos tiemblan y me cuesta marcar los números.
-¿Si? – Contesta rápidamente.
-Nova, aquí Engel. –Prácticamente le grito. No controlo el tono de mi voz - Necesito que me saques de una
duda. ¿Pediste un test de embarazo a Natalia?. - Quiero creer que se lo pidió a otra paciente, y los de
laboratorio, con el problema en los ordenadores, han mezclado los resultados con los de ella.
-Sí. Finalmente pedí esa prueba. – Mi corazón se desboca - Como médico, necesito asegurarme antes de
hacer cualquier otra cosa... Ya sabes como funciona. ¿Por qué preguntas?. ¿Han llegado ya los resultados? –
Mi cuerpo se hiela al instante. Trato de relajarme para poder contestar. Empiezo a perder el control.
-¡DA POSITIVO!... ¿Es posible que haya un error, verdad? – Mi barbilla comienza a moverse
involuntariamente.
-No tiene por qué ser erróneo Engel, todos los síntomas que tiene, son propios de una gestante...
-¡Pero puede haber un error! ¿Verdad? – Necesito que me diga que sí, o definitivamente me volveré loco
aquí mismo.
-Si... podría haberlo. – Dice sabiendo que estoy alterándome – Podemos repetirle el test en la consulta el
próximo día, y así salir de dudas. – Sus palabras parece que sirven, y logro retomar el control. Pero mi
respiración es tan agitada, que estoy empezando a hiperventilar.
-Gracias Nova. – Cuelgo.
Definitivamente ha habido un error con las pruebas. Natalia no me engañaría en algo así. Sabe
perfectamente lo que pienso de tener hijos... Me aseguró que se cuidaba.
Salgo de la consulta y camino rápidamente hasta la calle, necesito aire urgente. Mis compañeros me
saludan pero les ignoro, lo único que quiero es salir de aquí cuanto antes. Estoy a punto de perder la razón,
y el camino hasta la salida, hoy se me hace mucho más largo. En mitad de uno de los pasillos, tengo que
parar y poner las manos sobre mis rodillas para tomar oxígeno.
Por fin llego hasta la puerta. Siento alivio cuando la abro, y los ruidos de la calle se filtran en mis oídos.
Camino hasta el aparcamiento y entro en mi coche. Necesito algo que me distraiga. - ¡Música! - Enciendo el
equipo de sonido y suena el tema "Jesus Built My Hotrod" del grupo "Ministry". Subo el volumen al máximo.
El salpicadero vibra por los decibelios, pero necesito algo que reviente mis tímpanos. No puedo dejarme
llevar por mi cabeza. Arranco el motor y abro la ventanilla, quiero que el aire golpee en mi rostro. Salgo del
estacionamiento y tomo la carretera.
Cientos de imágenes aparecen a gran velocidad en mi cabeza. Yo en medio de una crisis y un niño pequeño
mirando. Yo golpeando a Natalia y el niño viéndolo todo. Yo apuñalando su cuerpo. -¡NOOOO!- Grito y
golpeo el volante. El coche hace un quiebro y casi salgo volando por la cuneta. – No por favor... por favor...
más imágenes no... - Necesito mantener la calma... Estoy acelerando más de lo que acostumbro, pero no
me importa. En este momento le he perdido el miedo a todo. Presiono el botón repeat para que la canción
no pare, tomo un desvío y conduzco hacia las afueras. Apenas hay coches por esta carretera. Grito una y
otra vez. Necesito sacar este dolor de dentro de mí.
En un segundo de lucidez, soy capaz de pensar. – Es posible que no esté embaraza. Es posible que sea una
falsa alarma... Todavía tenemos que repetirle la prueba en la consulta de Nova - Esa frase consigue que mi
pobre corazón, baje de pulsaciones. Mi cuerpo arde debido a mi presión sanguínea. Inspiro y el aire llega
hasta el final de mis pulmones. Creo que lo estoy consiguiéndolo. – Vamos César – Me digo. – Vamos amigo,
sé que estás por ahí, sal y pon orden – Vuelvo a inspirar... Siento hormigueo en mis brazos, buena señal.
Otra bocanada más y recuerdo las palabras de la Doctora Luz, mi antigua psicóloga. "Inhala paz, y exhala
ansiedad...". Hago el ejercicio de respiración como me indicó, y poco a poco voy recobrando la calma.
Me fijo en el paisaje y rápidamente se dónde estoy. Inconscientemente estaba dirigiéndome a la casa donde
vivía con mis padres... Casi he llegado. Paro en una zona verde a la que solía venir con mis amigos. Aquí
jugábamos al escondite. Yo siempre ganaba... Por desgracia, tenía experiencia en eso de esconderme...
Tomo una nueva bocanada de aire y trato de terminar de calmarme. Parece que está funcionando.
Descubro que todavía está en pie el árbol de los secretos. Así es como lo llamaba, debido a que tenía un
gran agujero en la base de su tronco, y ahí guardaba mis tesoros. Apago la música y bajo del coche.
Camino hasta el y retiro un buen puñado de ramas y hojas secas... - Aquí estás - . Acabo de encontrar el
hueco. No puedo evitar sonreír. Después de todo... también tuve algunos ratos buenos. Introduzco una de
mis manos en el, y consigo atrapar algo. Cuando lo saco, descubro que es una pequeña figura de Mazinger
Z. Un superhéroe que me tenía completamente entregado. Es increíble, pero el simple hecho de tocarlo,
hace que me tranquilice. Mi cerebro debe tener algún tipo de anclaje con él. Lo guardo en mi bolsillo, quiero
conservarlo. Mi madre, incluso llegó a comprarme su imagen en cartón a tamaño real, y la colocó en el
cabecero de mi cama. Decía que era mi guardián, y que no tuviera miedo, porque él me protegería. Desde
aquel día, cada vez que las cosas se ponían feas, entraba a mi cuarto, y me sentía mejor.
Vuelvo a meter mi mano dentro del árbol. Hay algo más. Saco un llavero oxidado y varios recuerdos vienen
a mi mente mientras lo miro. - "Te has portado como un hombrecito, te lo has merecido"- Me lo regaló un
Doctor, por no llorar cuando cosieron una herida en mi cabeza.
Siempre quise ser como aquellos médicos que nos curaban, cuando a mi padre se le iba la mano. Para mí,
eran lo más parecido a dioses. Me daban una cucharadita de jarabe, y todo el dolor físico desaparecía. Yo
quería hacer lo mismo con mi madre, y con mi hermana. Quería calmar su dolor así. Decidí entonces, lo que
quería ser de mayor.
Mi teléfono suena.
-César. Tardas en llegar al hotel. ¿Todo bien? – Es Alex.
-Todo bien Alex, necesitaba un poco de aire antes de llegar a casa, y vine a pasear por las afueras...
-De acuerdo. Cuando llegues avísame.
-Lo haré. – Cuelgo.
Debería avisar a Natalia para que no se preocupe, pero hasta que no tenga la prueba con resultado
negativo en mis manos, no seré capaz de mirarle a la cara. He confiado totalmente en ella, espero que no
me haya fallado en esto también, o por mucho que me duela, tendremos que hablar seriamente.
Subo de nuevo al coche y doy la vuelta donde puedo, intento evitar bajar hasta la casa. Además de que está
Erika en ella, solo me trae malos recuerdos...
La reforma está casi terminada, una empresa de confianza se está haciendo cargo. Solo falta la parte
externa y los jardines. En cuanto esté todo terminado, la venderé. Me ha costado años decidirme, pero
llegué a la conclusión, de que necesito cerrar ese círculo de mi vida, y creo que esa es la mejor manera.
Abro la guantera. Dejo ahí el llavero. Lo mandaré a limpiar, quiero conservarlo. Meto la mano en mi bolsillo
y saco la figura de Mazinger Z. Vuelvo a guardármela. Separarme de ella me pone nervioso. Creo que acaba
de convertirse en mi amuleto.
Arranco el coche, cambio la música y tomo la carretera hacia al hotel. Las imágenes de un niño a mi lado
mientras estoy fuera de control, no paran de bombardear mi mente. Trato de calmarme de nuevo,
autoconvenciéndome de que es imposible.
Cuando por fin llego, ya es de noche. Alex me da las luces de su coche, yo hago lo mismo. Ya no tengo que
avisarle, sabe que estoy aquí.
Subo a casa y abro la puerta. Laura es la primera en recibirme.
-Vaya horas guapo... Voy a tener que empezar a cobrarte horas extra. Menos mal que mañana no trabajo –
Dice frunciendo su ceño.
Tiene razón. Estaba tan alterado, que no pensé en nadie en ese momento. Necesitaba evadirme como
fuera, o iba a volverme loco.
-Lo siento – Digo sincero.
Natalia sale del baño y se queda mirándome. Mi corazón se encoge. Aunque tiene mala cara, sigue estando
preciosa. Sé que ha llorado, por como están de rojos e hinchados sus ojos.
No dice nada, solo espera a que yo hable primero. No se me ocurre que decir, me agobio y camino hasta la
habitación donde estaba el álbum. Lo cambié de sitio antes de irme a trabajar.
Me siento en mi sillón de oficina, y enciendo el portátil. Preparo todo el trabajo del día siguiente, y reviso los informes de mis pacientes. Todo con tal de no salir de aquí, y mantener mi mente ocupada... Hasta que no
sepa que realmente no está embarazada, no podré ser yo con ella. Me está costando mucho mantener la calma, y cualquier chispa, podría hacer saltar por los aires la bomba que llevo dentro...
Capitulo 59

Natalia:
-¿Qué mosca le ha picado a este? - Pregunta Laura preocupada.
-Tuvimos ayer una pelea... - Digo como si nada.
No he querido contarle lo ocurrido anoche. Es demasiado personal para César, y sentiría que le estoy
traicionando. Bastante mal he hecho ya...
-¿Y me entero ahora? – Me mira extrañada.
-No fue nada importante – Miento – Para mañana ya se le habrá pasado.
-¿Y por eso llevas todo el día metiéndote en el baño a llorar? ¿Crees que no lo noto?
-Lau...
-Que raro me resulta todo esto... Pero tú sabrás lo que estás haciendo. - Dice con tono cabreado.
Su teléfono suena y cuando mira la pantalla, todo gesto de enfado desaparece de su rostro, dejando paso a
una gran sonrisa. Sé que es Alex. Llevan toda la tarde mandándose mensajitos. Cuando le responde, guarda
su móvil en el bolso y se despide de mí. Seguro que han quedado abajo.
Me siento en el sofá y espero... Pasan las horas y César no sale del cuarto. Me gustaría poder hablar con él.
Quiero saber a que atenerme y cuáles son sus pensamientos después de lo que hice. Al menos quiero
disculparme ahora que parece que está más sereno.
Voy hasta la puerta y toco.
-Qué... - Le oigo decir de mala gana. Abro, no puedo aguantar más.
-César, tenemos que hablar... Creo que te debo una disculpa.
-No es el momento, estoy trabajando. Ya hablaremos– Dice sin dejar de mirar la pantalla del ordenador.
-Por favor... creo que obré mal y quiero que sepas lo que ocurrió, yo no busqué el álbum...
-Natalia por favor, déjame trabajar ¿De acuerdo? – Sigue sin mirarme ni una sola vez.
-Solo quería algo para leer y estaba entre los libros...
-¡Haz el favor de dejarme en paz!. Te he dicho que no es el momento. – Ahora sí me dirige la mirada. Lo que
veo en sus ojos no me gusta.
Cierro la puerta y vuelvo al salón. Me acomodo en el sofá para seguir esperando.
Un portazo me despierta. Me levanto sobresaltada y busco el reloj. Son las ocho de la mañana, debí
quedarme dormida anoche mientras esperaba. Miro a mi alrededor, y descubro una manta que yo no he
traído. César debe haberme arropado, para que no tuviera frio. Me alivia saber que todavía tiene atenciones
conmigo... pero me duele que no se haya despedido de mí.
Media hora después, Laura toca a la puerta. La pobre tiene el cielo ganado... se está portando genial. Sé que
se preocupa, y lo hace de buena gana, pero son demasiadas molestias las que debe tomarse para poder
estar aquí todos los días. Me gustaría poder evitárselas.
-¡Buenos días Nataaa! – Dice cuando entra – ¿Se le ha pasado el rebote al Doctor Amor?
-Parece que todavía le va a durar un poco más – Digo con la mirada baja.
-¡Joder!. ¿Pues que le has hecho? ¿Le has sodomizado mientras dormía?
-¡Lau!. – Le digo. - No tiene gracia.
-Por supuesto que no. Lo estoy diciendo en serio... - No puedo evitar reírme.
-No eres más tonta porque no has nacido antes... - Digo y ríe conmigo.
-¿Sabes qué?. Que él se lo pierde. Cuando le pique la jeringuilla, verás cómo quiere hacer las paces...
-Por favor, Lau... que cerda eres... - Niego con la cabeza.
El día pasa entre risas, como siempre que Laura está cerca. Se atreve a enseñarme mensajes de Alex en su
teléfono. Jamás hubiera imaginado que sabía bromear así. Con lo serio que parece... Ahora entiendo
porque lleva todo el día con la misma sonrisa tonta que ayer...
Hoy por fin, puedo decir que me siento algo mejor. No es una mejoría para tirar cohetes... pero no me canso
tanto, y las náuseas están remitiendo. Cada cierto tiempo, me tomo un vaso de zumo, y me obligo a comer
algo. Parece que funciona.
La hora de que César regrese se acerca, y mi cuerpo comienza a tensarse. No puedo evitar sentir
nerviosismo... Tengo muchas ganas de verle, pero también miedo de que él, no piense lo mismo. Espero
que su reacción no sea como la de ayer... Ojalá me dé la oportunidad de disculparme y podamos hablar.
Realmente lo necesito, para quitarme este peso que tengo encima. Quiero hacerle ver, que no era mi
intención rebuscar en su pasado. El álbum estaba allí... y mi curiosidad se disparó con el. Estuvo mal, pero
jamás hubiera hurgado por la casa con la intención de buscar algo así...
La puerta se abre, y César entra. Está visiblemente cansado y saluda con poca gana. Camina hasta el cuarto
donde está el portátil.
-No tiene buena pinta – Susurra Laura cerca de mi oído. – Tendrás que ponerte ropa interior sexy si quieres
conseguir su atención. – Sonríe.
-Luego trataré de hablar con él... – Ahora soy yo la que susurra.
Tengo la impresión de que va a estar muy difícil, pero no quiero darle demasiados detalles a Laura. Si la doy
alguna pista, querrá tirar del hilo hasta que le cuente todo.
-Pues como mi trabajo ya está hecho aquí, me voy que he quedado – Sonríe y ya se con quién.
-Muchas gracias Lau – Nos abrazamos fuertemente.
-Hasta mañana Doctor Buenorro – Grita Laura.
-Hasta mañana y gracias – Le oigo decir, pero no sale de la habitación.
Acompaño a mi amiga hasta la puerta y cierro. Durante unos segundos, me quedo mirando fijamente al
vacío. Creo que debería intentar hablar con él de nuevo... Camino hasta donde está, y le veo en el sillón
frente a la pantalla.
-¿Podemos hablar?
-No. – Dice secamente.
-César... Estoy angustiada. Necesito hablar contigo de una vez.
-Tengo mucho trabajo acumulado – No me mira.
-Entiendo que estés enfadado... - Lo intento de nuevo – Pero te aseguro que ya tengo suficiente castigo, con
pensar en el daño que te he causado...
-Te acabo de decir que no es el momento. Por favor, ¿Puedes dejarme trabajar?
Agacho mi cabeza y me voy de allí. Entro a la habitación que compartimos y me meto en la cama. Al menos,
sentiré su calor cuando se acueste... Le espero despierta durante un largo rato. Me mensajeo con Laura, y
finalmente el cansancio me gana la batalla.
Un golpe me despierta. Algo se ha roto. Me levanto sobresaltada y veo que son casi las ocho de la mañana.
Miro a mi alrededor, y compruebo que no ha dormido conmigo...
Me pongo mis zapatillas y camino hasta la cocina. César está barriendo trozos de un vaso, debe haberse caído al suelo.
-Tienes consulta con la Doctora Nova a las cuatro. Hoy tengo guardia, pero me escaparé un rato para acompañarte a por los resultados. Alex te traerá de vuelta.– Es lo único que dice. Tira a la basura los cristales.
-No hace falta que vengas... - Respondo. – Puedo ir sola. Después te contaré si quieres saber.
-Prefiero estar delante. – Sigue habiendo algo en su mirada que no me acaba de gustar...

No me da tiempo a responder, cuando coge sus cosas y se marcha. Me hace daño su actitud.
Me siento realmente incómoda aquí ya... han pasado dos días desde el incidente con el álbum. He tratado
de pedirle perdón en varias ocasiones, y me esquiva completamente. Se cierra en la habitación donde tiene
el ordenador, con la excusa de que está trabajando, y duerme en otro cuarto. Cuando volvamos hoy de la
consulta, no tendremos más remedio que hablar, quiera o no. Esto no puede seguir así... Si no se arregla, o
me sigue evitando, me marcho. Estoy loca por él... Le quiero... ya no tengo dudas, pero no aguanto más.
Puedo llegar a entenderle, puedo ayudarle, puedo soportar sus crisis... pero si no me da ninguna
oportunidad para arreglar las cosas, no hay nada que hacer...
Llamaré esta noche a Javier. Es el único de mi familia que sabe por encima lo que está pasando con Mario...
desde que estuve con él en el hospital, no ha dejado de preocuparse. Todos los días me manda algún
mensaje. No me quedará más remedio que contarle todo... Va a tener que ayudarme... no tengo medios
para hacerlo sola.
Al menos, parece que mi mejoría continúa, anoche le dije a Laura que se tomara el día libre. Me siento más
fuerte. Además, ya sé distinguir los síntomas que me produce la bajada de azúcar. Solo tengo que comer
algo azucarado cuando empiezo a encontrarme mal, y todo se soluciona rápidamente. Sigo notándome
extraña... Hasta el periodo me vino raro este mes, pero por lo demás, parece que voy remontando. A ver que
dicen los análisis.
El día se hace largo estando sola. Echo de menos a mi amiga y en algún momento me arrepiento de haberle
pedido que no viniera. Con ella todo hubiera sido más fácil.
Todavía faltan diez minutos para que den las tres de la tarde, cuando mi teléfono suena. Tengo un mensaje
de un número desconocido.
"Apunta mi móvil nuevo. Soy Alex. Estoy esperándote abajo."
Tomo mis cosas y me marcho rápidamente. No quiero hacerle esperar.
Antes de salir por la puerta del hotel, veo a la indeseable Erika cerca de la salida. Tomo aire y camino
deprisa.
-Un placer haberte conocido – Dice casi susurrando cuando paso por su lado.
La miro extrañada, y me lanza una triunfante sonrisa, seguida de un guiño. -¿Le habrá contado César lo
ocurrido? – Me digo. Una sensación de angustia rodea mi cuerpo y me inquieto. Me dolería si fuera así.
Cuando salgo por la puerta, compruebo que Alex está aparcado en la acera de enfrente. A unos quince
metros de mí. Tiene el móvil en sus manos y está tecleando rápidamente. En su cara puede apreciarse una
amplia sonrisa. Es la primera vez que le veo así, y creo saber quién es la responsable... No puedo evitar
sonreír yo también aprovechando que no me ve. Bajo los escalones y voy hacia él.
Un brazo rodea violentamente mi cuello, tirando de mí y presionando mi boca. El olor tan nauseabundo
que desprende, despierta todas mis alarmas. Se de quien se trata... Me esfuerzo por soltarme, pero estoy
inmovilizada. Forcejeo, pero es inútil. Mario es más fuerte. Intento gritar pero no puedo. Su brazo está
colocado estratégicamente para evitar que lo haga.
Un enorme dolor se apodera de mí estómago. Algo puntiagudo lo acaba de perforar... Mis ojos se abren por
la impresión y suelto todo el aire que retengo en mis pulmones. Casi no puedo volver a llenarlos. Saca el
objeto de mi cuerpo con rapidez. Duele incluso más, y vuelve a clavarlo. Esta vez, se de que se trata. El frio
acero atraviesa mis costillas, y se introduce en mi pulmón. Puedo ver su mano cada vez que la alza para
tomar impulso. Está totalmente ensangrentada.
Alex no se da cuenta. El pobre, sigue risueño tecleando.
Otra puñalada más se hunde en mi cuerpo... - Se acabó... - Me digo. Ha ido directa a mi corazón. - Hasta
aquí ha llegado mi vida... - Mario sabe que lo está consiguiendo.
-¿Creías que te ibas a librar de mí?. – Sigue dañándome - Esto es lo que merecen las putas como tu... – Habla cerca de mi oído.
Cierro mis ojos y me dejo hacer. Me rindo. Ya no tengo fuerza para seguir luchando... Ni ninguna oportunidad. Cuanto antes acabe conmigo, menos sufriré...
Varios pensamientos cruzan mi mente en un segundo... - Pobre César... Estoy muriendo igual que ellas... no lo soportará. Pobre de mi padre... espero que no empeore con la noticia - Noto como mi órgano, lucha por seguir bombeando - Pobre de mí familia... Ojalá no sufran demasiado por mí... - En un último y desesperado intento, consigo morder su brazo. Libera mi boca, y a duras penas logro emitir un grito. Consigo llamar la atención de Alex con el. Mario me suelta y se aleja rápidamente. Alex sale del coche. Oigo a lo lejos, algo parecido a la explosión de un petardo.
Caigo al suelo. Mi corazón a penas late ya... Le noto bombear con esfuerzo en mi boca. El dolor desaparece,
y solo queda en mi cuerpo, la sensación del frio asfalto... La gente grita. Veo zapatos moverse rápidamente a mi alrededor. Estoy tumbada sobre un charco de sangre. Sé que es mía...
Mi corazón no puede más, y finalmente se para. - César, perdóname. No quise hacerte daño. Te quiero...

Capitulo 60

César:
Un extraño escalofrío se apodera de mi cuerpo, haciendo incluso que deje de redactar el informe que estoy
terminando. No sé que diablos ha sido eso, pero hasta mis dientes han dolido. La imagen de Natalia viene a
mí en ese momento. –No debí ser tan duro con ella... - Me digo. - Tengo que abrirme más, y aprender a
manejar este tipo de situaciones. Realmente no creo que ella me esté engañando. Es mi miedo el que me
hace actuar así. Natalia no es como las demás... - Vuelvo a recordar su posible embarazo, y me pongo
nervioso. - Pase lo que pase hoy, hablaremos. Y si hay que buscar soluciones, las buscaremos juntos. -
Llegará con Alex en media hora, y sabré lo que está pasando.
Me sorprendo a mí mismo pensando así. Estoy siendo capaz de razonar en un momento tan delicado... Es
un gran avance. -Tengo que conseguirlo – Me digo. – Tengo que ser capaz de controlarme... Trabajaré duro.
Ella lo merece.
Acabo el papeleo, tomo los informes, y abro el cajón donde guardo los caramelos. Atrapo unos cuantos con
mi puño, y me dirijo a la sala de curas. Hoy me ha tocado guardia, y estoy en la planta de urgencias.
-Dani Ruiz – Le nombro cuando llego, y veo como el pequeño que atendí hace un rato, se pone en pie. Su
madre viene con él hacia mí.
-Hola de nuevo Doctor – Me dice con su amplia sonrisa. Le faltan varios dientes. Eso le hace parecer más
simpático.
-Hola machote – Despeino su cabello. Aunque estoy preocupado, me siento de mejor humor. – Ya puedes
irte a casa. Tendrás que venir dentro de veinte días a que te quitemos el yeso ¿De acuerdo? – Asiente con su
pequeña cabeza. – Dame una de tus manos – Le digo, y me mira atento. Hace lo que le pido. Pongo los
caramelos en su palma, y sus ojos brillan. – Te lo has ganado por no llorar – Sonrío.
-¡Oh sí! – Dice ilusionado. La madre me sonríe.
-Gracias Doctor, es muy amable. – Me despido de ellos.
Me giro para marcharme, cuando oigo el timbre del hospital. Cada vez que suena, es porque traen a alguien
en estado muy grave. Nos indica que tenemos que preparamos, y hay que despejar la entrada. Meto la
mano en uno de los bolsillos y saco un par de guantes. Mis compañeros también están protegiendo sus
manos. Nunca sabes con que te vas a encontrar.
Las puertas que dan a la calle se abren, y ahí viene el paciente. Por la cantidad de sanitarios que entran con
él, la cosa pinta fea. Unos sujetan botes de suero, otros empujan, y otros gritan indicaciones al personal del
hospital. Uno de los médicos, viene subido literalmente encima de la persona que está tumbada en la
camilla. Intuyo que está presionando alguna herida profunda, porque una de las sábanas está
ensangrentada, y varias gotas de sangre van cayendo al suelo.
-¡Heridas múltiples por arma blanca! – Oigo decir y se confirman mis sospechas.
Hay un niño en el pasillo por donde tiene que pasar la camilla, y para que no vea lo que ocurre, me pongo
delante de él.
-Hola pequeño. ¿Cómo te llamas? –Le pregunto para llamar su atención, quiero que me mire a mí.
-Eric, señor – Me dice.
-¿Qué haces aquí solo, Eric?. ¿Y tu mamá?
-Me he perdido...- Baja su cabeza.
Por el rabillo de mi ojo, compruebo que la camilla con el personal, está pasando detrás de mí. Inspiro
profundamente... un aroma conocido inunda mis fosas nasales. - Que extraño... - Me digo.
Cuando me aseguro que ya están dentro de la sala de reanimación, y que el niño no verá nada
desagradable. Me aparto de él.
-Métete en esta sala, Eric. Alguien vendrá a buscarte – Le digo.
Asiente y hace lo que le pido.
Varios de mis compañeros, ya están con el paciente, no creo que sea necesaria mi ayuda, pero aun así, voy
hasta la sala por si tengo que echarles una mano. En estos casos más vale que sobre, que no que falte...
Antes de que las puertas de la calle se cierren, alguien grita mi nombre.
-¡CÉSAR! ¡CÉSAR! - Me giro rápidamente. Es una voz conocida, pero no veo a nadie.
Otra camilla viene con más gente alrededor.
-¡Herida con arma de fuego en la columna!
-Vaya día el de hoy... - Pienso, mientras me aparto para que pasen.
-¡CÉSAR! – Vuelvo a oír mi nombre. Levanto la vista y le veo.
-¡Alex! – Dos de los vigilantes están intentando sujetarle, pero los está arrastrando con él. Forcejea y golpea
a uno de ellos en la cara con su puño, el vigilante cae inconsciente al suelo.
Mis ojos se abren sorprendidos. Alex está demasiado alterado. Algo malo ha debido pasar para que él actúe
así. Veo volar su brazo de nuevo, y sus nudillos acaban en la cara del otro pobre hombre. Consigue
quitársele de encima y viene corriendo hacia mí.
-¡CÉSAR! – Grita - ¡¡CÉSAR, ES NATALIA!!– No entiendo que está queriendo decirme. Mientras corre, señala la
habitación donde está el primer paciente herido. – ¡HA SIDO MARIO!.
Mi corazón prácticamente sale de mi pecho.
-¡NOOOOO! – Ahora soy yo el que grita. Acabo de entender todo.
Corro todo lo rápido que puedo por el pasillo, y aun así, parece que voy a cámara lenta. Llego hasta la
habitación donde están los demás médicos, y lo primero que veo es una mano inmóvil y ensangrentada.
Miles de recuerdos se agolpan en mi mente. Mis compañeros están rodeándola, vocean pidiéndose
instrumental unos a otros, y tratan de reanimarla. Me acerco más, y descubro lo que jamás hubiera querido
encontrar en esa camilla.
-Engel, ¿Te ocurre algo? – Oigo la voz de alguien, pero no distingo de quien se trata.
Nada sale de mi boca. No puedo hablar.
Alex llega después que yo. Noto sus manos en mis brazos.
-Lo siento. Lo siento César... Lo siento. – Me giro hacia él, está rojo y hay lágrimas en sus ojos. A penas me
puedo mover, mi cuerpo no responde.
-¿Después de tantos años te estás mareando, Engel? – Otra voz diferente a la de antes bromea.
-¡César! – Dice Alex mientras mueve mis hombros. – ¡César, reacciona! – Solo puedo pestañear.
Alguien trae una silla y no sé como, acabo sentado en ella. Una enfermera está dándome aire con un blog
de notas, mientras otra comprueba mi tensión. Sé que hablan entre ellas pero no distingo nada. Solo
entiendo mi nombre cuando sale de sus bocas
El cuerpo de Natalia salta en la camilla con cada descarga que le dan con el desfibrilador. Está totalmente
pálida. Su cara se transforma poco a poco en la de mi madre, y después en la de Hanna. Las estoy viendo
ahora mismo a las tres.
-¡César por favor, reacciona! – Consigo entender esa frase. Alex intenta por todos los medios que vuelva a la
tierra. Pero hay tanto dolor en ella ahora mismo, que prefiero quedarme donde estoy. Aquí no sufro,
conozco este lugar de cuando era niño, pasé una buena temporada en el...
-Está sufriendo un shock emocional - Dice una de las enfermeras – Engel, mírame. Toma mi barbilla con sus
dedos y gira mi cara. – Engel, ¿Me oyes? – Mi cara vuelve a Natalia.
-Esta chica está acabada – Oigo decir a uno de ellos. - Tres descargas más y paramos la reanimación. Es
inútil. Acaba de perder el poco hilo de vida que traía.
- ¡No!. No podéis parar...¡Tenéis que hacer algo!. Es la novia de César - Les dice Alex nervios. Tiene sus
manos en la cabeza.
-¡Maldita sea!. ¿Es su novia? – Grita uno de los médicos - ¡Sacad a Engel de aquí ahora mismo!. ¡Ahora
entiendo su reacción! – No quiero irme. Necesito estar cerca de ella. No permitiré que lo hagan. Tengo que
volver a mi cuerpo.
Los vigilantes vienen a por Alex. Esta vez se lo llevan sin esfuerzo. Entiende que no puede estar aquí dentro.
Lo único que quería era avisarme.
Cuando intentan sacarme a mí también, consigo apartarme con un movimiento casi involuntario. Mi
respiración es agitada y rápida, y mi corazón late desesperadamente.
-¡NATALIA! – Mi voz está de vuelta. Corro hacia la camilla. -¡NATALIA CARIÑO! – Alguien me sujeta y trata de
tirar de mí, pero no lo consigue. -¡Natalia...! – Lloro, me da igual que me vean. – Cariño, vuelve conmigo...
¡LUCHA! – Muevo su cuerpo.
-Aparta Engel, quedan tres descargas – No me aparto, solo quiero tocarla. Alguien tira de mí de nuevo.
– Tres, dos, uno... ¡Ahora!
El cuerpo de Natalia se mueve violentamente por la sacudida.
-¡Natalia por favor...! - Lloro más fuerte - ¡NATALIA! – Grito desesperado. Intentan sacarme pero forcejeo.
-¡Vamos otra vez! – Dice el Doctor – Tres, dos, uno... ¡Ahora!...
-¡LUCHA NATALIA!. ¡LUCHA MALDITA SEA! – Estoy histérico.
-Ultima. Una más y paramos... Siento que me voy a desmayar – Tres, dos uno... ¡Ahora!.
-¡NOOOOOOO! – Mi grito debe haberse oído en todo el hospital. – ¡NO PODÉIS PARARRR!. - Me ahogo.
-Increíble... – Dice uno de los enfermeros señalando el monitor – ¡Mirad esto!. – Veo la línea de un latido...
otro... otro más... – Tiene pulso. ¡Vamos!. – Todos rodean a Natalia, impidiendo que puedo seguir viéndola.
No puedo más, y me derrumbo. Caigo de rodillas en el suelo, una fuerte crisis está asfixiándome. Algo se
clava en mi cuello, y mi cuerpo se relaja casi al instante. Me han inyectado una alta dosis de relajante. Entre
dos celadores, me levantan, y casi en volandas, me sacan de la sala.
Desde donde estoy, puedo seguir oyendo el monitor que Natalia tiene conectado a su cuerpo. Sigue
marcando sus pulsaciones. Irregulares, pero sigue latiendo... - Por favor Natalia, lucha... - Lloro
desesperadamente - Perdóname mi vida. - Los remordimientos me matan - No me abandones tú también...
Te quiero...

Capitulo 61

El relajante está pegando fuerte en mi cuerpo, y apenas puedo mantenerme en pie. Apoyo mi espalda en la
pared y me dejo caer hasta que acabo sentado en el suelo. Lo único que han conseguido, es apagar mi
cuerpo. Pero mi cerebro sigue tan desesperado como antes.
Cierro fuertemente mis ojos, el dolor que siento es insoportable. No me puedo creer que esto esté pasando.
Debe ser algún tipo de broma macabra, o una pesadilla horrible. No puedo volver a pasar por algo así...
No se cuánto tiempo llevo aquí esperando. He intentado entrar varias veces, pero mis compañeros se han
negado. Han llegado incluso a poner a un gran celador en la puerta. Lo único que me mantiene cuerdo, es el
pitido de su monitor. Si en algún momento llega a pararse, todo acabará para mí.
-Engel – Levanto la mirada cuando alguien me llama. Es uno de los médico que está atendiendo a Natalia -
¿Cómo te sientes muchacho?
-Es obvio. ¿No crees? – Digo con desprecio. No entiendo como puede preguntarme algo así, en un momento
como este.
-Entiendo que estés cabreado con el mundo... No tomaré esa contestación como algo personal... - Estoy a
punto de responderle de nuevo, cuando continúa hablando. – He estado revisando el informe de Natalia.
Como ya sabes, necesitamos saber si es alérgica a algún medicamento, o si sufre algún tipo de patología
importante... y he encontrado en el, unas pruebas recientes que le pidió la Doctora Nova...
-No es alérgica a nada – Respondo secamente – Ve con ella, ahora mismo lo único que me preocupa es que
salga de esta – Digo angustiado.
Dobla sus rodillas y su mirada queda a la altura de la mía.
-Engel... debes saber que he estado hablando con la Doctora... y me ha comentado que hay probabilidad de
embarazo.
-No creo que sea posible... - Respondo. – La iban a repetir hoy las pruebas para desmentirlo.
-Hemos repetido el test nosotros... – Le miro fijamente - Es algo que necesitamos saber, para decidir que
medicación administrarle. No podemos arriesgarnos si existe esa posibilidad... - Siento un escalofrío en mi
drogado cuerpo - Te voy a ser sincero... ¿De acuerdo? - Asiento - Hay pocas posibilidades de que Natalia
salga adelante... Y si lo consigue, es posible que sea en estado vegetativo... y en el mejor de los casos, le
quedarán serias secuelas...
– No... No, no... por favor no... - Golpeo mi cabeza contra la pared. Una cortina de lágrimas se apodera de mi
cara. No quiero seguir oyendo cosas así. No puede ser verdad.
-Su cerebro ha estado demasiado tiempo sin oxígeno, y ya sabes cuales son las consecuencias. Aunque
hemos conseguido detener las hemorragias internas... El daño ya está hecho... y solo queda esperar.
-Por favor... ¡Dime que eso no es cierto! – Grito e intento levantarme, pero no puedo. Mis músculos están
atrofiados.
-Hay nueve lesiones perforantes en su cuerpo. La más importante está en su corazón –Aprieto fuertemente
mi mandíbula. Tengo un enorme nudo en mi garganta – Otra, en uno de sus pulmones, y otra ha alcanzado
su hígado... – Mi cuerpo tiembla. – Las demás son de diversa consideración... pero hay algo más que debes
saber... - Consigue captar mi atención. Pone sus manos en mis hombros y me mira fijamente – Engel. El
resultado final de la prueba ha sido positivo. Natalia está gestando...
-¿¡Qué!? – Intento ponerme en pie de nuevo, pero esta vez, el Doctor me lo impide. -¡Está menstruando! -
Grito.
-Escúchame. – Dice serio – No está menstruando. Es el típico sangrado por la implantación del óvulo. Ya
sabes como funciona.
-No puede ser... - Niego asustado.
-Si consigue superar sus heridas... y el feto aguanta, aunque Natalia siga en coma, podría crecer y
desarrollarse sin problema en su interior. Hemos comprobado que de momento sigue ahí, y hay
posivilidades de que puede salvarse...
-¿¡Qué mierda me estás contando!? – Comienzo a alterarme.
-Engel, tranquilízate.
-¡No!. ¡No voy a tranquilizarme!. – Grito de nuevo. Consigo levantarme.
Mi cabeza va a explotar. Mi corazón bombea frenéticamente, y me muevo inquieto por el cuarto. Lloro,
maldigo. Estoy totalmente desesperado.
-Cálmate, o tendré que llamar para que vuelvan a inyectarte.
-¿Qué me calme?. ¡Pero como coño pretendes que me calme!. ¡Acabas de decirme que usarás el cuerpo de
Natalia, para crear un monstruo! – Sus ojos se abren con sorpresa. No entiende lo que estoy queriendo
decirle.
-Engel... estás demasiado alterado. No piensas con claridad – Saca su teléfono y habla con alguien.
La histeria se apodera de mí. Todo lo ocurrido en las úlitmas horas me supera. Golpeo una de las sillas
contra la pared, y cuando voy a levantar otra, alguien me inmoviliza y apenas puedo resistirme, todavía
estoy bastante intoxicado y no tengo mucha fuerza.
-A dormir Engel – Oigo decir mientras otra aguja atraviesa mi cuerpo. Al cabo de unos segundos, todo
desaparece.
***
Abro mis ojos sobresaltando. Está oscuro. Por un segundo respiro aliviado. Todo ha sido una pesadilla...
Intento levantarme pero no puedo. Algo sujeta mis muñecas.
-¿Qué mierdas pasa? – Tiro fuertemente, pero mis manos están sujetas a la cama.
Un fuerte dolor se instala en el centro de mi pecho al instante. No ha sido una maldita pesadilla... Estoy
atado en una jodida cama del hospital. Todo lo ocurrido es cierto.
-¡NOOOOOO!- Grito fuertemente. El dolor es desgarrador. -¡SOLTADME DE UNA PUTA VEZ! – Necesito ir con
ella, necesito saber como está.
Vuelvo a tirar más fuerte y lo único que consigo es hacerme daño. Trato de mover mis piernas, pero mis pies
también están sujetos.
La puerta se abre y tras ella está la Doctora Nova.
-Engel... Veo que ya estás despierto. Siento que tenga que ser así... - Dice apenada.
-¡Maldita sea Nova!. ¡Suéltame! – Respiro fuertemente.
-No hasta que te calmes...
-¿Cómo coño quieres que me calme? ¡Necesito verla!¡Necesito saber como esta! – Se sienta tranquilamente
en una silla que hay al lado de la cama.
-Te traigo noticias. Llevas seis horas durmiendo. Pero si no te relajas, me iré y tendrás que esperar más.
-¿Seis putas horas? ¡Dime como está! – Exijo mientras tiro de las correas con fuerza. Las lágrimas
comienzan a correr sin control por mis sienes.
-No hay muchas esperanzas...
-¡Eso ya lo he oído antes! – Digo cabreado, pero me niego a creerlo.
-Ha superado la operación. Pero el mayor daño está en su cerebro... Ya sabes como funciona la hipoxia
cerebral... Dependerá del tiempo que haya estado sin oxígeno. A más tiempo, mayores secuelas.
-¿Hay respuestas sensoriales? – Trato de parecer calmado. Necesito que me cuente todo.
-No... y ha perdido varias funciones vitales, entre ellas la de la respiración. Está conectada a un ventilador...
-No...
-Lo siento, Engel... - Su expresión es triste - Con un poco de suerte... quizás podamos salvar al feto.
-¡Me importa una mierda el feto! – Grito. – Lo único que quiero es que ella esté bien... - Apenas puedo
terminar la frase. Lloro.
-No podrás bajar a verla en ese estado. – Dice mirándome por encima de sus gafas.
-Ya está... - Trago saliva con esfuerzo. - Me estoy calmando... - Lo intento con todas mis fuerzas.
-Me he hecho responsable de ti. Haz el favor de no estropearlo todo. ¿Te comportarás? – Asiento.
La Doctor Nova, suelta una de mis manos. Es suficiente para que yo pueda terminar de soltar el resto de mi
cuerpo. Cuando por fin me pongo en pie, noto mareo y estoy desorientado. Sé que son los efectos
secundarios, pero trato de ignorarlos y camino junto a ella.
Llegamos hasta la habitación donde está Natalia. Por norma general, no dejan entrar a los familiares aquí,
pero al tratarse de mí, hacen una excepción.
-Me quedaré fuera por si necesitas algo – Dice la Doctora Nova.
Abro la puerta y entro despacio. Hay monitores por todas partes marcando sus respuestas vitales. Por el
momento, todas parecen correctas. Me calma saber que está estabilizada.
Está muy pálida y tiene sus pómulos muy marcados. Hay varios tubos por todo su cuerpo. El más llamativo,
es el endotraqueal que sale de boca, y conecta con el ventilador. Estoy más que acostumbrado a trabajar
con ellos, pero verlo en Natalia, me impacta.
Acerco un taburete a la cama y me siento junto a ella. Pongo mi mano sobre la suya. Está fría. Entonces
recuerdo lo que me dijo aquel día cuando volvíamos de ver la lluvia de estrellas.
*Casi siempre tengo las manos frías, haga el tiempo que haga.
-Natalia... - Acaricio su pelo y beso su frente.
Mojo sus mejillas con mis lágrimas. Una gran bola de remordimientos se acumula en mi pecho. No me he
portado bien con ella. He sido un auténtico miserable... No se llevar una relación, y me he comportado
como un verdadero gilipollas... Ha intentado hablar varias veces conmigo, y no se lo he permitido... Lloro
fuertemente. Tenía miedo de no ser capaz de controlar la situación, y preferí evitarla hasta estar seguro de
que no estaba embaraza... cuando soy tan jodidamente culpable como ella. Para mí, era más fácil y
llevadero culparla. El miedo pudo conmigo... y ahora ese miedo es el que menos me preocupa. Ironías de la vida...
No sabes lo que tienes hasta que no lo pierdes, o estás a punto de hacerlo. Daría lo que fuera por poder enmendar mi error. Me ahogo entre sollozos. No puedo con este dolor, es demasiado grande. Siento como mi corazón se desgarra...
-Lo siento mi vida... Lo siento mucho. Soy un cabrón que no te merece... Por favor, por favor perdóname. -
Tomo su mano de nuevo, y la beso repetidas veces...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Jue Feb 18, 2016 9:29 am


Capitulo 62
No puedo parar de besarla, ni de acariciar su larga melena. Necesito tener contacto físico con ella, como
sea. Es la única forma en la que me siento algo mejor.
-Engel. – La puerta se abre - ¿Puedo fiarme de ti y dejarte aquí solo?. Tengo que irme...
-Tranquila Nova. Gracias por hacerte cargo. – Digo sincero.
-Está bien. Me encargaré de avisar a su familia. Imagino que no estás en condiciones de hacerlo tú...
-La verdad es que no... - Digo sincero. Apunto varios números de teléfono en un papel, se los guarda y se
marcha.
Las horas pasan y no quiero moverme de su lado. Ni un solo avance... Me desespero.
Sus padres y hermanos, ya deben de estar en la planta de abajo, pero hasta mañana, no creo que les dejen
entrar... - Debería salir a hablar con ellos... - Me digo. Pero el simple hecho de pensar en que tendría que
alejarme de ella, me echa para atrás en la idea.
Finalmente decido que tengo que ir. Natalia así lo querría.
-Vuelvo en nada cariño. Voy a hablar con tu familia. – La miro durante unos segundos. Cuando estoy a
punto de venirme abajo de nuevo. Niego con mi cabeza... Tengo que mantenerme fuerte, por los dos. Salgo
al pasillo, no he dado ni dos pasos, cuando algo viene a mi cabeza.
-¡Mario!- Mis ojos se abren cuando pienso en él.
Con todo lo que ha ocurrido, no he sido capaz de centrarme. Necesito saber que ha pasado con ese hijo de
puta. Saco mi móvil del bolsillo, quiero saber si le han localizado. Lo tenía apagado para que no intefiriera
en los aparatos de la habitación. Cuando la pantalla se enciende, un montón de llamadas perdidas
aparecen en ella. Hay varias de su familia, y otras tantas de Alex. Marco su número.
-¡Gracias a Dios, César! – Lo coge al primer timbre. - ¿Cómo está?. Dame buenas noticias, por favor... -. Está
muy afectado. - No puedo parar de pensar en lo que ha ocurrido. - Su voz se rompe.
-Está muy mal Alex – Las lágrimas vuelven a mis ojos – No tienen muchas esperanzas de que despierte...
pero yo confío en ella. Sé que encontrará la manera de volver conmigo...
-César... Lo siento mucho... yo... no lo vi. – Dice angustiado y parece que está llorando.
-¿Qué es lo que ha ocurrido Alex? - Su frase me altera - ¿Cómo ha podido hacerle esto, si tú estabas con ella?
-¡No sé por qué coño bajó a la calle antes de la hora! – Casi grita nervioso. - No esperaba que estuviera allí...
Si llego a saber que salía, jamás me hubiera apartado de ella... Estaba en el coche mirando mi teléfono
cuando ocurrió todo. Pasó a escasos metros de mí, César... Pude haberlo evitado - Solloza - Y no lo vi... – Se
culpa. Estoy seguro que varios fantasmas de su pasado, le están atormentando...
-¿Bajó sola? – Eso me extraña. - ¿Por qué iba a bajar si no le habías avisado? – Algo dentro de mí se activa en
ese momento.
-No tengo ni idea... no lo entiendo. Siempre insisto en que no se mueva hasta que yo le avise...
-Está bien, Alex. Hablaremos de esto más tranquilos. – Confío en él, se que es un gran profesional, y no me
mentiría en algo así. –Necesito que me digas si han dado con Mario.
-¿No lo sabes, verdad? – Mis ojos se abren.
-¿El qué debo de saber? – Pregunto extrañado. – Dime que le tienen... - Mi corazón se acelera.
-Sí, le tienen... - Siento placer por lo que acabo de oír, pero sé que hay algo más que no me cuenta.
-¿Dónde le tienen? – Unas increíbles ganas de acabar con su vida se están apoderando de mí.
-Mañana a las siete estoy allí, y hablaremos. – Me conoce demasiado bien. Sabe lo que está pasando por mi
cabeza.
-¿No puedes decírmelo ahora?
-No. – Dice secamente.
Sé que es inútil seguir insistiendo, cuando se cierra de esa manera no hay forma.
-Está bien. Esperaré.
-Llámame si hay cambios. Estoy preocupado.
--Lo sé. – Cuelgo.
Respiro profundamente buscando la forma de calmarme – Le tienen – Digo mentalmente. - Voy a acabar
contigo, hijo de puta... –Aprieto fuertemente mi móvil - Aunque sea lo último que haga. Vas a desear estar
muerto... - Con ese pensamiento en mente, camino hasta la sala donde están los familiares esperando
noticias. Como había imaginado, todos están allí. Incluida Laura.
Javier y Laura son los primeros en localizarme. Vienen corriendo hasta mí.
-¿Qué coño ha pasado?. – Están muy alterados. -¿Por qué le ha hecho eso? ¿Dónde está?...
En cuanto los demás se dan cuentan, también vienen rápidamente. Me preguntan mil cosas a la vez, están
muy nerviosos y destrozados emocionalmente. Sus padres apenas pueden hablar. Trato de explicarles lo
ocurrido. Tengo que parar varias veces para secar mis lágrimas, y relajar el nudo de mi garganta. No soy
capaz de contarles sobre las pocas esperanzas de que despierte... porque soy el primero que no lo cree.
Su madre llora angustiada.
-Salva a nuestra niña, César... Eres nuestro ángel – Sus manos tiemblan mientras tapa su cara con ellas.
David la rodea con sus brazos, y besa tiernamente su cabeza. Intenta calmarla, aunque él está igual de que
roto ella.
Es una familia muy unida y realmente me sorprenden tantas muestras de amor. Apenas me dio tiempo a
experimentar esto en la mía.
-Dime que órgano necesita hijo, y sacadlo de mi cuerpo. Yo ya he vivido suficiente... – Dice su padre
devastado.
El pobre hombre, cree que así se resolvería el problema... es tan bondadoso, como adorable. Me acerco a él,
y no puedo evitar abrazarle fuertemente. Llora en mi hombro y yo con él. Es extraño, pero me alivia
compartir mi dolor.
Me aparto lentamente y sostengo sus hombros para que me mire.
-José... Te juro que voy a hacer todo lo que esté en mi mano. Aunque tenga que dejarme la piel para que
Natalia salga adelante.
– Lo se hijo - Dice mientras seca su cara y suena su nariz. –Confío ciegamente en ti. -Esas palabras
consiguen darme la fuerza que me falta.
Todos quieren ver a Natalia, pero el horario de cuidados intensivo es muy estricto. Hasta mañana por la
mañana, no habrá nada que hacer. Tras mediar con el personal de la planta, consigo que al menos dejen a
su madre entrar cinco minutos a la habitación. La mujer sale peor que entró. Natalia es una chica llena de
vida, y verla así es verdaderamente impactante.
Todos están agotados, hasta el día siguiente no podrán verla, pero nadie se quiere ir... Tampoco tienen a
donde.
Salgo unos segundos de la sala de espera y llamo a Manuel.
-¡César! – Dice nervioso - ¿Cómo está?. Te he llamado varias veces...
-Está mal Manuel, no te voy a mentir... Le explico por encima la situación.
-Lo siento mucho... no logro quitarme las horribles imágenes de mi mente – Dice apenado. – Ojalá salga
todo bien...
-Gracias – Le digo sincero – Manuel, tienes que preparar al menos cuatro habitaciones ¿De acuerdo?. La
familia de Natalia se va a instalar allí varias noches. Encárgate de que no les falte de nada. Hazles llegar
todo lo que necesiten. Incluso ropas. Han venido a la carrera, y seguramente no traigan nada más que lo
puesto.
-Así lo haré. No te preocupes por nada – Dice seguro.
-Sabiendo que están en tus manos, no lo hago.
-Espero que todo se solucione...
-Gracias Manuel. - Cuelgo.
Vuelvo a entrar a la sala. Están todos sentados en sillas. Callados y mirando al vacío. El llanto de su madre,
es lo único que rompe el silencio. Me parte el corazón verla así... Se lo que siente, porque desgraciadamente
es lo mismo que siento yo. Saco una pequeña libreta, y un bolígrafo del bolsillo de mi uniforme. Anoto la
dirección del hotel en una de las hojas, y me acerco a Javier.
-Esta es la dirección de mi casa - Le digo – ¿Crees que sabrás llegar, o pedimos un taxi?. Sé que no conoces
Madrid...
-¿Cómo? ¿A tu casa? – Me pregunta extrañado.
-Si... bueno, poseo un hotel que está muy cerca de aquí. Y hay habitaciones de sobra para todos. – Intento
parecer modesto.
-¿Un hotel? – Dice sorprendido.
-Si... bueno, ya os explicaré. Os están esperando allí. – Coge la nota dudoso. – Llévatelos ya. Aquí no vais a
adelantar nada. Tu padre está delicado de salud y necesita descansar. Yo me voy ya con ella, voy a estar a
su lado. Estad tranquilos, no pienso moverme de allí.
-Gracias... - Me dice. Traga saliva con dificultad.
Me despido de todos y dejo a Javier al cargo. Vuelvo a la habitación con Natalia...

Capitulo 63

Abro la puerta y me encuentro con ella de nuevo.
-He vuelto mi vida... - Mis labios tocan su nariz. – Mario ya está detenido - Digo cerca de su oído - En cuanto
te recuperes, podremos hacer una vida normal. Nos lo merecemos... - Quiero creer lo que yo mismo estoy
diciendo. Tiene que recuperarse. Esto no puede estar pasando.
Me siento en el taburete y apoyo mis codos en su cama. Miro fijamente a sus pestañas, siempre llamaron mi
atención, son largas y espesas... Tiene los ojos más bonitos y expresivos que he visto en mi vida. No puedo
creer, que no vaya a volver a abrirlos de nuevo. El nudo vuelve a mí, y el maldito dolor con el. Esta vez es
más fuerte.
Necesito comprobar por mí mismo que es cierto lo que dicen... Me pongo en pie rápidamente, y busco entre
los cajones de la habitación el instrumental que necesito. Cuando lo tengo todo, realizo varias pruebas al
cuerpo de Natalia...
Para mi desgracia, tenían razón... no hay respuesta de ningún tipo. El mundo se me viene encima...
Tas unos minutos en los que casi pierdo la razón, consigo serenarme y me niego a perder la esperanza... Si
acepto esto, mi vida perderá el sentido que Natalia ha conseguido darle... Tengo que luchar por ella, y hacer
todo lo que esté en mi mano...
Durante las siguientes horas, Natalia sigue sin cambios, me alivia saber que los monitores no muestran
anomalías. Me recuesto en la pared para descansar la espalda. Siento que está empezando a contraerse
debido al taburete. Tendré que pedir una silla más cómoda.
Caliento sus manos con las mías, cada vez está más fría. Pongo sobre su pequeño cuerpo otra de las
mantas. Mientras lo hago, mis dedos rozan su cintura. Miro durante unos segundos su liso abdomen. –
Embarazada... - Me digo. Mi piel se eriza. – Podría ser padre... - Mi corazón se encoge y me asusto. Niego con
mi cabeza. -De ninguna manera puedo ser padre. - Esa simple palabra me asusta. - Padre como mi padre...
No puedo tener hijos, soy como él... No puedo, definitivamente no puedo... - Mi corazón está empezando a
acelerarse demasiado. Siento sudor frio en mi espalda. Estoy literalmente acojonado. Trato de sacar esas
ideas de mi cabeza. Todavía es pronto para pensar en nada de eso. Voy a dejar que pasen los días, y ya
veremos que pasa...
Las siete de la mañana llegan antes de lo que esperaba. No he pegado ojo, pero el tiempo se me ha hecho
corto. Otra vez tengo que apartarme de ella... pero es por una buena causa. Necesito saber donde está
Mario, y asegurarme de que corra con la peor de las suertes. Me despido de Natalia y le prometo volver
pronto. No creo que me oiga, pero mi cerebro necesita pensar que sí, para calmar mí desconsuelo.
-Hola Alex – Le digo cuando llego hasta él.
-¿Cómo va todo? – Me pregunta preocupado.
-Estamos igual... no hay cambios – Reamente me duele tener que decir eso.
-Lo siento... Vayamos a tomar un café – Dice mientras camina hasta la calle. Mi corazón se encoge al pensar
que tendré que salir del edificio, pero finalmente le sigo.
-¿Por qué no podemos tomarlo en la cafetería del hospital? – Protesto.
-Créeme... es mejor así. – No entiendo nada, pero si él lo dice...
-Cuéntame lo que sepas de Mario. – Estoy empezando a cansarme de esperar.
-Sube al coche – Dice seriamente, y me doy cuenta de que estamos delante de el.
-¿A que cafetería vamos? – Pregunto preocupado – No voy a subir al coche. No quiero apartarme del
hospital, Alex. Quiero estar cerca de ella, por si pasa cualquier cosa.
-Sube al coche, no iremos lejos, créeme. – Abro confuso la puerta y subo.
-En serio. No me hace ninguna gracia alejarme de aquí – Estoy empezando a ponerme nervioso.
Alex sube tranquilamente al lugar del conductor y abrocha su cinturón.
-Ponte el tuyo – Dice mirándome fijamente a los ojos. Algo pasa.
Hago lo que me pide y espero impaciente su próximo movimiento. Arranca el motor y salimos del
aparcamiento. Cuando avanzamos varios metros, oigo como pulsa el botón de los seguros y bloquea las
puertas. Le miro extrañado.
-¿Qué estás haciendo? –Su comportamiento no es normal.
-Tomo precauciones – Dice mirando a la carretera.
-Me estoy cansando de este juego... ¿Qué sabes de Mario? – Mi paciencia está llegando a su fin.
-Le disparé después de agredir a Natalia. – Dice seriamente.
-¿Disparaste a ese hijo de puta? – Mis ojos se abren. – ¿Le alcanzaste?
-De lleno... - Me mira por un segundo. Veo placer en su mirada.
-¿Tendrás problemas por ello?. ¿Te encarcelarán?
-No... puedo hacer uso de mi arma, siempre que exista una agresión a la integridad física, la vida... o la
libertad propia, o del protegido.
-Pero... ¿Entonces has matado a Mario? – Casi grito.
-Por desgracia no... - Traga saliva. – Solo herí su columna. Le están atendiendo en tu hospital.
-¿¡Que!? – La imagen de la segunda camilla, con el herido por arma de fuego, viene a mi mente. – ¿¡Ese era
Mario!? ¿Ese era el hijo de puta de Mario? ¿Y está allí? – Grito.
-El mismo...
-¡Vuelve al hospital! – Digo alterado -¡Da la vuelta! – Estoy realmente nervioso.
-No hasta que te tranquilices y me asegure de que no cometerás ninguna locura.
-¡VUELVE DE UNA PUTA VEZ! – Intento abrir la puerta, no me importa si tengo que saltar en marcha. Pero es
inútil. Las bloqueó antes.
-Ya te he dicho cuando volveremos. – Sigue como si nada en su asiento.
-¡MALDITA SEA, ALEX! ¡VUELVE AL PUTO HOSPITAL! – Me mira pero no dice nada. – De acuerdo... ya se por
donde vas...
-Exacto. – Dice serio - Trato de evitar que te busques la ruina. Tendrás que demostrarme que podrás
mantener la calma antes de volver.
-No podré... - Niego con mi cabeza, y cierro fuertemente mis ojos. Estoy demasiado alterado. Sé que en
cuanto entre por la puerta, buscaré su habitación... y solo Dios sabe lo que pasará.
-Hazlo por ella. No querría verte entre rejas. - Esas palabras me hacen recapacitar.
Respiro lentamente... Al final aprenderé a controlar mis crisis a la fuerza. Jamás imaginé que pudiera sacar
tanto autocontrol. Me sorprende descubrir que solo necesitaba una buena causa para conseguirlo...
-Tengo localizada su habitación. – Le miro rápidamente - Hay un policía en la puerta, pero no tendremos
problema en entrar, siempre que sepas hacer bien tu papel... - Me guiña un ojo. – Le haremos tú y yo, una
revisión médica hoy. – Sonríe...
-Eres grande, amigo – Le digo asombrado.
Necesito ver a ese cabrón. No se si al final lograré contenerme... pero me da igual. Todo lo que haga con él,
se lo tendrá bien merecido.
Alex toma la primera rotonda, y volvemos de nuevo al hospital. Me mira un par de veces más para
comprobar que estoy calmado.
-César... Hay algo más. – Dice de nuevo seriamente - Debes tener cuidado. Esto no ha acabado aquí, Mario
no trabaja solo...
-¿Cómo?
-He hecho algunas investigaciones. Estoy seguro de que alguien le está informando de todos vuestros
movimientos. Y ese alguien, está dentro de vuestro círculo.
-¿Pero cómo puede ser eso posible? – Estoy realmente estupefacto. Mil ideas vienen a mi cabeza.
-Eso es lo que vamos a intentar averiguar - No dice nada más.
Por mis nervios y las ganas que tengo de llegar, el camino de vuelta se me hace eterno.
Por fin aparca, por suerte en el mismo lugar en el que estaba cuando nos fuimos. Abro rápidamente la
puerta del coche y salgo. La adrenalina corre por mis venas.
-Tendrás que utilizar todo ese autocontrol que tienes sin estrenar... - Bromea.
-Muy gracioso – Le digo.
Caminamos por el pasillo del hospital y entramos en una zona habilitada solo para el personal sanitario.
Abro uno de los armarios, y saco un uniforme para Alex. Se lo coloca rápidamente. Aunque es la talla más
grande, le queda algo estrecho de los hombros. Pero no importa. Para lo que le vamos a usar...
-Vamos – Dice cuando ya está listo.
Camino junto a él. Por suerte, no nos cruzamos con nadie conocido por los pasillos. Todos mis compañeros
están en sus consultas. Llegamos hasta la planta de ingresos y buscamos la habitación de Mario. Antes de
llegar, sabemos donde está, por el policía que hay en la puerta.
-Buenos días. –Dice el agente
-Buenos días. – Respondo. Alex no dice nada, solo asiente con su cabeza en respuesta. – Venimos a revisar
al paciente. - Actúo normal. Ya hemos tenido a varios presos ingresados aquí, y siempre hay un policía
custodiando la entrada.
-Le han revisado hace media hora... – Dice serio.
-Y seguramente, en media hora más, venga otro especialista. – Respondo confiado - El Doctor Bartolomé y
yo... – Alex trata de contener la risa. - Mierda... - Me digo. Es el primer nombre que se me ocurrió y parece
que le ha hecho gracia. – El Doctor y yo... - Repito de nuevo mirando de reojo a Alex – Venimos a comprobar
si la medicación que le pusieron antes, ha tenido algún efecto secundario.
-Adelante entonces - Se aparta para darnos paso. Ha sido más fácil de lo que creía.
Cuando voy a abrir la puerta, noto mi cuerpo en llamas. Estoy realmente nervioso... Mi sangre bombea con fuerza en mis venas, y siento el pulso en mi cuello. No se lo que pasará cuando me encuentre cara a cara con él, Lo único que sé, es que quiero venganza...

Capitulo 64

-Doctores. – El agente llama de nuevo nuestra atención. Me paralizo. – ¿Podrían quedarse con él hasta que
vuelva?. Tengo que salir unos minutos y mi compañero tardará en llegar.
Alex y yo nos miramos. La cosa no podría ponerse mejor...
-Tranquilo – Dice Alex – El paciente está en buenas manos. Tómese el tiempo que necesite. – Me guiña un
ojo cuando el agente no mira. Sé que ha pensado lo mismo que yo.
-Confío en ustedes. – Dice mientras se aleja.
Tomo aire y abro la puerta. La mano de Alex se posa en mi hombro
-Con tranquilidad... ¿De acuerdo?. Necesitamos información...
-No me pidas eso... - Susurro para que el policía no nos oiga. Todavía no está lejos.
La habitación está oscura. Hay varios monitores al lado de Mario. Esta dormido... Lo único que me apetece
ahora mismo es lanzarme sobre él, y acabar con su vida. La ira corre por mis venas.
-¡Eh, tú!- Dice Alex fuertemente. – Me sobresalto, no esperaba esa voz. Abre las persianas con violencia para
hacer más ruido.
Cuando la luz entra, descubro por el tubo que sale de su garganta, que está traqueotomizado. Abre sus ojos
con esfuerzo. Seguramente le están poniendo algún tipo de sedación. Cuando se da cuenta de quienes
somos, sus ojos se agrandan, pero no se mueve. Hay pánico en su expresión.
-Hola hijo de puta... veo que nos recuerdas. – Digo con odio.
Miro las botellas de suero y compruebo que tiene calmantes y sedantes por goteo. Cierro todas para que no
le llegue el líquido.
-Vas a sufrir un poquito – Le sonrío.
Pestañea muy rápido, y me extraña que siga sin moverse. Debería al menos intentar escapar...
Alex solo mira. Se cuándo hubiera deseado él, poder tener una oportunidad así, con el culpable de su
desgracia. Me lo ha dicho tantas veces... Conociéndole, estoy seguro de que ha preparado todo esto, para
evitar que a mí también me quede esa espina clavada.
Tomo los informes que hay en la mesa y comienzo a revisarlos. A medida que leo, mi ira se va disipando.
Niego con la cabeza mientras sonrío.
–Increíble – Digo.
Mario me mira atento. Alex confuso.
-¿Qué pone? – Dice Alex curioso.
-Lo que nunca hubieramos pensado... – Mi sonrisa se amplía. – Podemos irnos cuando quieras. Aquí ya no
hay nada que hacer. - Alex frunce las cejas, y Mario sigue mirándome, esta vez confuso. Por su expresión, sé
que todavía no sabe nada. Mi corazón salta de gozo. Seré yo quien le dé la noticia, y no tendré delicadeza.
-Explícate – Vuelve a decir Alex.
-Básicamente, este trozo de mierda, va ha recibir el peor de los castigos – Digo mirándole con desprecio –
La peor de las sentencias... Jamás hubiera imaginado una condena mejor para ti que esta... - Sus ojos están
aún más abiertos que antes. – Tú, maldito cabrón... no vas a poder volver a mover ni un solo músculo en tu
vida, y por lo que veo aquí, ni protestar por ello, porque has perdido hasta el habla. Tu cárcel será a partir
de ahora, tu asqueroso cuerpo.
-¡Joder! – Dice Alex levantando sus cejas.
Has hecho un buen trabajo Alex. – Le miro ahora a él – Bendita sea tu puntería. – Río de nuevo - Si le matas,
no hubiera podido gozar tanto como lo voy a hacer a partir de ahora. Por primera vez en mi vida, veo una
lesión de este tipo, en alguien que realmente la merece. Tu disparo, le ha deshecho parte de su columna
cervical, provocándole una tetraplejía total e irreversible. Lo único que podrá hacer a partir de ahora, será
pestañear. – Puedo ver lágrimas en los ojos de Mario.
– Y llorar como una nenaza... - Añade Alex.
- Para tu desgracia. Natalia sigue viva. – Le digo a Mario. No le doy más detalles, solo quiero que sufra
todavía más, por no haber conseguido lo que buscaba. Frunce sus cejas. – Iremos a visitarte para que veas
lo bien que nos va – Siento una punzada en el centro de mi pecho. Deseo con todas mis fuerzas que sea así.
-Y ahora que la mitad del trabajo está hecha... - Dice Alex acercándose – Vamos a indagar. Vas a decirnos
quién está ayudándote... - Le miro atento. Se pone unos guantes y mete sus dedos en las fosas nasales de
Mario - Pestañea dos veces para afirmar, y tres para negar a lo que voy a preguntarte. ¿Entendido? – Mario
no responde. Alex tira de su nariz y obligado por el dolor, pestañea dos veces – Perfecto... veo que lo has
comprendido. -Sonríe satisfecho- ¿Alguien está ayudándote?. Te recuerdo que sabemos donde estás... y si
descubrimos que nos mientes, volveremos. – Los ojos de Mario miran para otro lado. Alex aprieta
fuertemente, y varias lágrimas corren por sus sienes. Mario lo está pasando mal. – Puedo apretar mucho
más fuerte, créeme... – Dice Alex con desprecio en su oído.
-¿Necesitas ayuda...? – Los dos me miran - Solo tengo que taponar este tubo para asfixiarle. Nadie notará
porque ha muerto – Funciona. Mario pestañea dos veces más.
–Sigamos... ¿Es alguien cercano a ellos? – Mario vuelve a girar la mirada, y Alex aprieta de nuevo. Pestañea
dos veces...
-Estabas en lo cierto – Digo sorprendido.
-Bien... Estamos acercándonos al final – Dice Alex - ¿Ese alguien viene del círculo de Natalia? – Mario no
colabora. Alex presionar su nariz con más fuerza, pero sigue resistiéndose.
Tapono el tubo, y cuando nota que se ahoga, pestañea tres veces. Alex relaja sus hombros y un sonoro
suspiro sale de su boca. Juraría que acaba de quitarse un gran peso de encima. Ahora sabemos que el
traidor, viene de mi parte.
-César... lo matarás – Dice cuando se da cuenta que aún sigo privándole de oxígeno.
-Es lo único que merece... – No sé que me está pasando, pero soy incapaz de parar.
-¿Quieres acabar con su sufrimiento...?
-Quiero acabar con el mío... - Aprieto mi mandíbula. Mario se está poniendo azul.
-Acabar con su vida, sería hacerle un gran favor... - Dice Alex tranquilo. Esa frase me hace reaccionar.
Suelto lentamente el tubo. La puerta se abre, y el agente asoma su cabeza.
-Tienen que llevarse al paciente. Van a realizarle algunas pruebas – Alex y yo nos miramos. Ambos sabemos
que se acabó el interrogatorio... No podemos evitar sentir decepción, necesitábamos desesperadamente
llegar al final del asunto.
Uno de los celadores entra a la habitación y se lleva a Mario en su cama. El policía les acompaña.
-Así que... ahora soy el Doctor Bartolomé... - Alex me mira levantando una ceja - Casi la jodo con la risa –
Dice rascando su cabeza.- ¿No pudiste buscar un nombre más... "normal"?
-Lo siento... - Me disculpo – Es el primer nombre que se me ocurrió...- Reímos.
-Al menos sirvió para entrar y descubrir que esa persona, no es del entorno de Natalia... – Dice Alex aliviado.
– Ahora podremos cerrar más el círculo de sospechosos.
-No entiendo quién puede haber hecho algo así – Digo sincero. – Pero empiezo a creer, que también tiene
algo que ver, con el intento de excarcelar a mi padre.
-No te diría que no... – Se queda pensativo. - ¿Sabes algo nuevo sobre el asunto de Alemania?
-Llamé hace unos días. – Digo mirando al vacío - Parece que de momento todo va bien. Los abogados de
Erika están trabajando duro para que así sea. Tengo que hablar con ella, está haciéndose cargo de todo. En
unas semanas habrá un nuevo juicio, y tenemos que prepararlo.
-¿Por qué dejas que Erika se haga cargo de algo así? – Pregunta Alex extrañado.
-Fue ella quien se ofreció. – Digo sincero - Estudió abogacía en Alemania, y entiende más de estas cosas que
yo... Y además ya sabes que es un tema que no me gusta recordar... - Alex frunce sus cejas. - ¿Ocurre algo? –
Pregunto.
-No. Solo pienso – Dice serio.
-Tenemos que irnos. – Digo mirando el reloj - La familia de Natalia estará aquí en unos minutos, y quiero
estar con ellos.
Mientras Alex termina de quitarse el uniforme y ponerlo en el cesto de la lavandería, mi teléfono suena.
-Vaya... - Digo serio mirando la pantalla – Esta mujer es como el diablo, cada vez que la nombramos,
aparece. – Descuelgo.
-César, cielo...¿Cómo estás? – Erika parece preocupada. - Te he llamado varias veces y no me has devuelto
las llamadas – Protesta.
-Lo siento... - Respondo – Imagino que ya estás enterada. Entiende que las cosas no están bien ahora, y
tengo otros asuntos que atender...
-Seguro que a todos los demás ya les atendiste... -Dice malhumorada - Y como siempre, yo quedo la
última... después de todo lo que estoy haciendo por ti...
-Erika. No es el momento de reproches. ¿Tienes algo importante que decirme?. Me están esperando. –
Silencio...
-Si... bueno... Solo quería que supieras, que aunque Natalia y yo no empezamos con buen pie... me
preocupo por ella. La pobre dejó un buen charco de sangre cuando se la llevaron... Creí que había muerto
allí mismo. – Mi respiración se acelera - Me gustaría ir a verte, o al menos saber cuándo volverás al hotel...
Todo esto debe recordarte mucho a tu madre, y a tu hermana... y estoy preocupada. Imagino que necesitas
a alguien en quien apoyarte... y quiero estar a tu lado. – Algo se rompe dentro de mí en ese momento. He
tratado de evitar pensar en ellas desde que esto ocurrió, y Erika acaba de llevar mi mente, a aquel maldito
día en un segundo.
-No necesito a nadie – Digo secamente. – Lo único que necesito es que ella se recupere.
-Ah... ¿Pero podrá recuperarse? – Dice seria.
-Confío en ello. Que tengas un buen día – Quiero quitármela de encima.
-De todas maneras... -Llama de nuevo mi atención - Tenemos que vernos. Hay que preparar cosas.
-Hay tiempo – Digo, y cuelgo.
Tomo una gran bocanada de aire y trato de relajarme.
-¿Todo bien? – Dice Alex.
-Todo bien. Era Erika... - Resoplo. - Esta mujer no tiene ningún tipo de tacto a la hora de hablar...
-Ten cuidado con esa lunática... - Me dice – Sabe controlarte demasiado bien. Te lo he advertido muchas veces, y nunca me haces caso.
-Estoy empezando a notarlo – Le digo sincero. He estado durante años tan manipulado emocionalmente por ella, que hasta ahora, no me he dado cuenta...
Capitulo 65

Alex se marcha, y yo salgo al encuentro de la familia de Natalia. Nada más verme, se acercan para
agradecerme el trato y la hospitalidad. Le quito importancia, es lo menos que puedo hacer por ellos.
Les acompaño hasta la habitación de Natalia, y como imaginaba, cada vez que uno entra, sale roto de
dolor. Su padre incluso, ha sufrido un pequeño mareo. Por su delicado estado de salud, no debería estar
aquí... pero entiendo que necesita verla a cualquier precio.
La hora de visita termina. Charlamos durante unos minutos más, y vuelven al hotel. Aquí solo perderán el
tiempo. Hasta mañana no les dejarán entrar de nuevo. Les tranquilizo diciéndoles que si hay cambios, les
llamaré. Laura volverá a pasar la noche con ellos. Sabe que su presencia, les hace sentirse mejor, y sobre
todo, menos solos.
-Tenemos mucha suerte de que un gran médico como tú, esté tan pendiente de nuestra niña... – Dice su
padre agradecido. Saben que voy a estar con ella la mayor parte del tiempo.
-Es necesidad de hacerlo lo que siento, José... Natalia se ha convertido en alguien muy importante en mi
vida, en los últimos meses... – Confieso.
Veo aparecer una tímida sonrisa en sus rostros. Sé que han entendido lo que he querido decir. Mis mejillas
se colorean, pero no me importa. Gritaría a los cuatro vientos lo que siento por ella si fuera necesario. Cada
día estoy más seguro de mis sentimientos. Nada se va a interponer entre ellos...
Estoy aprendiendo a fuerza de palos. Solo espero que no sea tarde...
***
Y han pasado seis semanas desde lo ocurrido... Natalia sigue igual, y mi corazón está roto. Estoy
empezando a perder la esperanza... Su familia viene a diario. Están tan destrozados como yo.
Hago la vida prácticamente en esta habitación... Mis compañeras se han apiadado de mí, y han metido una
pequeña cama para que pueda descansar a su lado. Trabajo durante el día, y vuelvo con ella cuando acaba
mi jornada laboral. No paro de mirar el reloj, esperando ansioso la hora de salida.
Alex me trae todo lo que necesito del hotel, y me informa de como va la investigación. Mario ya no está en el
hospital. Se lo llevaron un día después de nuestra visita, a otro más preparado para su lesión. Hay
momentos, en los que debo admitir que siento lástima por él, pero después pienso en lo que nos ha hecho,
y en su intención de arruinarlos la vida... y rápidamente se me pasa. Estará varios meses en el nuevo
hospital, pero ya no me importa lo que hagan con él. Me doy por satisfecho con el castigo que tiene encima.
La familia de Natalia, también está enterada, y aunque no sea muy ético admitirlo, se sienten tan
satisfechos como yo, de saber que no podrá hacer más dañó. El karma ha jugado su papel... Las personas
así, son las que deberían recibir este tipo de desgracias, y no la pobre gente a que tengo que tratar en mi
consulta a diario...
Todavía no hemos descubierto quien ha estado ayudándolo, pero confío en que Alex, lo averigüe pronto.
El juicio contra mi padre fue hace unos días. No me presenté... no quería apartarme de Natalia. Finalmente,
envié a un abogado de confianza para que me representara y estoy a la espera de resolución. A Erika no le
hizo ninguna gracia y está bastante cabreada. Tuvo una gran pataleta. Quería haber venido conmigo.
La puerta se abre y entran la Doctora Nova y una enfermera. Vienen empujando un carro con un ecógrafo
portátil.
-Hola Engel – Dice con media sonrisa – Sin novedad ¿Cierto?.
-Cierto... - Respondo – Aunque ella sabe perfectamente como va todo. Es quien a parte de mí, está
tratándola.
-Vamos a hacerle una ecografía. Hay que ver como está el feto... – Me inquieto y lo notan. Meto la mano en
mi bolsillo, y busco acariciar la figurita de Mazinger Z, desde que la encontré en el árbol, la llevo siempre
conmigo. Me relaja.
-De acuerdo... - Digo sin mucho entusiasmo. Entiendo que es necesario.
-Han pasado varias semanas y tenemos que asegurarnos que sigue vivo, no podemos arriesgarnos a una
infección si no es así... – Me aparto para dejarles paso, la habitación se ha quedado muy pequeña con la
cama extra.
-¿Salgo? – Pregunto. No quiero estorbarles.
-No Engel. Solo ponte al otro lado – Responde Nova – Podemos conectarlo aquí. - Dice mientras lo hace. Me
coloco donde me ha indicado, tomo la mano de Natalia y observo.
La Doctora retira las sábanas de su cuerpo y descubre su vientre. Pueden apreciarse las cicatrices en su
estómago y alrededores, pero ninguna en su abdomen inferior. Razón por la que el feto no ha resultado
dañado. Me fijo bien y compruebo que su barriga ya no es tan plana. Puede apreciarse algo más abultada.
Quizás otra persona, no notaría la diferencia, pero yo conozco demasiado bien su anatomía...
-Vamos allá – Dice la enfermera mientras deja caer un gel transparente sobre ella.
La Doctora Nova, apaga la luz y se sienta a su lado. Coloca el transductor sobre el gel y lo extiende. Estoy
realmente nervioso. Siento como aumenta mi frecuencia cardíaca. Aprieto fuertemente la mano de Natalia.
Si la pobre estuviera despierta, protestaría. La miro tiernamente y no puedo evitar dejar un beso en su
frente. Nadie puede hacerse una idea de cuánto la necesito...
-¿Eres el padre? – Pregunta la enfermera, y siento como mi sangre se hiela.
Mi respiración se agita y las palabras no quieren salir de mi boca.
-Engel... ¿No vas a contestar? – Pregunta Nova mirándome por encima de sus gafas. Hay media sonrisa en
su cara. Se lo que pretende.
Trago saliva con dificultad, y comienzo a sentir sudor frio en mi frente. Jamás imaginé que me costaría
tanto admitirlo.
-Si... - Digo con temor.
Mi corazón golpea en mis costillas, y mis dedos aprietan con más fuerza la mano a Natalia. Cuando me doy
cuenta, aflojo rápidamente.
El ecógrafo comienza a sonar llamando mi atención. La Doctora lo pasa varias veces por la zona revisando
todo.
-¡Ahí está! – Dice emocionada señalando el monitor. – Está ubicado correctamente. ¿Has visto que
pequeñito es, Engel? – Me mira.
Puedo ver claramente el embrión en la pantalla. Está perfectamente colocado dentro del saco gestacional.
Mi piel se eriza y un escalofrío recorre mi columna. Respiro profundamente para relajarme. – Es mi hijo... -
Me digo, y me sorprendo a mí mismo con ese pensamiento. Intento borrarle de mi mente, pero no puedo.
Siento algo parecido a emoción dentro de mi pecho.
El rápido latido de un corazón, envuelve la habitación por completo. Retengo el aire en mis pulmones...
Algo me está afectando.
-¿Oyes eso, Engel? ¡Es el corazón de tu hijo! – Me mira con una amplia sonrisa - ¡Todavía no ha nacido, y ya
es un luchador!.
-Como su madre... – Pienso. Mi piel se eriza de nuevo, esta vez casi al punto de dolerme. Mi corazón late tan
rápidamente como el suyo. El sonido de sus pulsaciones, de pronto se convierte en música para mis oídos. –
Es posible que se parezca a ella, en vez de a mí...- Me digo para calmarme. Esa idea me gusta. - Hay
posibilidades de que no sea como yo... - Siento un gran nudo en mi garganta y estoy extrañamente
emocionado... - Voy a ser padre... voy a tener un hijo con el amor de mi vida... - Trago saliva con esfuerzo y
una lágrima corre sin control por mi mejilla. Intento luchar contra una inexplicable necesidad de llorar, pero
pierdo la batalla.
Me acerco la mano de Natalia a mis labios, y la beso repetidas veces.
-Cariño... -Digo a escasos centímetros de ella - Ojalá pudieras oírle. Su corazón está lleno de vida... – Más
lágrimas corren por mí cara – Tengo mucho miedo Natalia. No sé que me está pasando... - Seco mis ojos -
No sé como será de adulto... Ni si llegaremos... o llegaré a arrepentirme de tenerle como hijo. Pero ahora
mismo, ese renacuajo escandaloso, acaba de derribar todas mis barreras de un plumazo, y estoy
empezando a quererle con todo mi ser... Te necesito más que nunca mi vida, no sé si podré hacerlo solo... -
Algo se mueve en la palma de mi mano mientras le hablo. Miro rápidamente, y lo único que tengo en ella es
su mano. Mis ojos se abren de par en par.
-¡Nova! – Grito - ¡Nova! – La Doctora me mira preocupada - ¡Natalia cariño, hazlo otra vez! – Respiro
rápidamente
-¿Qué ocurre? – Dice la Doctora extrañada. Arruga su frente.
-¡Natalia acaba de mover uno de sus dedos! – Pongo mi mano libre sobre el pecho. Mi corazón se saldrá de
un momento a otro. - ¡Vamos cariño!. Inténtalo otra vez, por favor...
La Doctora Nova se levanta de la silla, y comienza a revisarla. Tras realizarle varias pruebas, me habla de
nuevo.
-No hay respuestas, Engel... Debe haber sido algún tipo de reflejo aislado. Lo siento... - Dice apenada.
-Pero... sentí perfectamente como movió su dedo... – Digo confuso mientras miro mi mano.
-No te hagas demasiadas ilusiones. A veces vemos cosas donde no las hay, por las ganas que tenemos de
que ocurran... - Recogen sus cosas.
-Estoy seguro de lo que he sentido... - Acaricio los dedos de Natalia.
–Céntrate más en esa criatura, y empieza a pensar en su futuro. Si todo va como hasta ahora, en unos meses tendrás una responsabilidad muy grande, querido...
-Voy a tener un hijo... - Me digo, y una tonta sonrisa se apodera de mi cara.

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Jue Feb 18, 2016 9:31 am


Capitulo 66
Cierran la puerta cuando se van, y me quedo solo con ella. Me acerco a su cama y pongo mis labios casi en
su oído.
-Natalia... necesito que vuelvas conmigo. Tienes que hacer todo lo posible por regresar con nosotros. – No
suelto su mano. Desde que noté su movimiento, tengo la esperanza de que vuelva a hacerlo.
...Tras varias horas de la misma postura y con el cuerpo dolorido, empiezo a perder la esperanza de que
vuelva a ocurrir... Quizás la Doctora Nova tenga razón, y solo haya sido un movimiento casual. Me acomodo
en la pequeña cama junto a ella, y me quedo dormido.
***
Ha pasado otra semana más, y Natalia no ha vuelto a dar señales de ningún tipo. Diariamente, he
practicado en su cuerpo todo tipo de terapias. Olfativa, visual, auditiva, gustativa... táctil... Pero nada, la
estimulación multisensorial no sirve con ella. Mi cabeza no para de dar vueltas, estoy desesperado...
La puerta se abre y veo asomar la cabeza de Javier.
-Buenas tardes, César – Dice mientras camina despacio hacia nosotros. Ha llegado la hora de visitas, y no
me he dado cuenta. - ¿Cómo está hoy?.
-Igual... - Respondo negando con la cabeza. Estoy en un momento de bajón.
-No me puedo creer que esto vaya a ser así siempre – Dice Javier apenado. Se acerca a Natalia y besa su
cabeza. – Hermanita... sé que estás muy a gusto en esa cama, pero ya está bien, ¿No crees?. Llevas cuarenta
y nueve días durmiendo... Eres un poco vaga– Sonríe amargamente y limpia disimuladamente una lágrima
de su ojo.
Me acerco a él y pongo una mano sobre su hombro. Ha llegado el momento.
-Cuando acabe la visita, necesito reunirme con vosotros. ¿Han venido los demás?
-Sí, están ahí fuera con Laura. ¿Ocurre algo?. – Dice preocupado.
-Hay algo importante que debéis saber...
-Me estás asustando – Dice confuso.
-No es nada malo. No te preocupes. Ojalá todos los males fueran como esto – Digo casi sonriente.
-Está bien, se lo comentaré cuando salga. – Me mira extrañado, pero algo más tranquilo.
Como habíamos acordado, la visita termina y todos caminamos a una pequeña sala de espera que hay en el
mismo pasillo.
-Hijo, habla ya, nos tienes en ascuas – Dice su padre.
No puedo evitar sentir un nudo en el estómago, no sé como se lo tomarán. Es demasiado pronto... Pero mi
conciencia me dice, que su familia debe saberlo.
-Bien... no sé como explicar esto... – Rasco mi cabeza. Todos me miran atentos – He dado cientos de
noticias a familiares, en esta misma sala. Una buenas, otras menos buenas... pero es la primera vez que me
afecta de esta manera.
-¡Por Dios! – Dice Laura - ¿Quieres terminar de joderle el corazón a José? – Todos ríen. –¡Suéltalo ya
hombre, que al final nos infartarás a todos!
-No es fácil – Le digo – No se cómo os lo vais a tomar... Tengo miedo de que no me miréis igual a partir de
ahora...
-¡César! – Vuelve a decir. Trago saliva.
-De acuerdo... - Meto mis manos en los bolsillos para que no vean como me tiemblan, y encuentro en el mi
figurita. Tomo aire y continúo. – El día de la agresión, Natalia se dirigía al hospital. Teníamos una cita con su
Doctora. Le habían realizado algunas pruebas, porque últimamente no se encontraba muy bien. No quiso
contaros nada, para no preocuparos. Tenía el azúcar y la tensión bajas, lo que le provocaba mareos y
continuas nauseas – Laura asiente – Ese día, estaba esperando a que llegara con Alex, para ir a recoger los
resultados... - Trago saliva con esfuerzo.- Y para repetir otra prueba, que creía erronea...
-¿Qué prueba? - Dice Javier preocupado al ver que me quedo pensativo, y mirando al vacío.
-Un test de embarazo...
-¿Qué? – Exclaman todos a la vez.
-Natalia... está embarazada... – Miro asustando a todos, esperando sus reacciones.
La madre de Natalia lleva rápidamente sus manos a la boca con sorpresa. Comienza a llorar. Su padre está
paralizado, y sus hermanos todavía no lo han procesado.
-¡NO. ME. JODAS! – Laura rompe con un grito el silencio. – No. Me. Jodas.... – Vuelve a repetir – La has
cagado pero bien...
La manera en que David y Javier me miran, no me gusta. Sé que también me culpan. Lo noto. Por un
momento, puedo ponerme en la piel de Natalia cuando yo la culpaba a ella... Aunque no llegué a decírselo,
sé que lo hubiera hecho, algo parecido a esto es lo que habría sentido.
-Lo siento... - Digo apenado por el disgusto que les acabo de dar. Ninguno esperaba oír algo así. –
Comprendo que para vosotros ahora mismo, no es la mejor de las noticias. Para mí tampoco lo era hasta
hace unos días, pero cuando escuché su pequeño corazón por primer vez, todo eso cambió... Por supuesto,
y ni que decir tiene, que me haré cargo de él, y no le faltará de nada... - Su madre llora – Necesito que
sepáis, que no ha sido algo a lo loco. Natalia y yo, tenemos sentimientos el uno por el otro... Sé que ha sido
muy rápido. Tanto, que ella todavía no lo sabe, y ni siquiera lo intuía el día de la agresión... - Miro al vacío de
nuevo – Así que... eso era lo que os quería decir... Si todo sigue como hasta ahora...– Miro a sus padres –
Seréis abuelos – Me giro hacia sus hermanos - Y vosotros tíos...
-Abuelos... - Dice su padre serio – Mi niña está embarazada... Pili. – Levanta con sus dedos la barbilla de su
mujer. Seca sus lágrimas con los pulgares y la mira tiernamente a los ojos - ¿Te imaginas a un muñeco,
correteando por el pasillo de casa? – Su mirada se ilumina. –Apuesto a que conseguiré que ame tanto los
coches como su madre – Mi estómago se hace un nudo. No me ha gustado su última frase.
-Creo que César no está muy de acuerdo en eso. Solo hay que ver la cara que ha puesto... - Dice Javier. Le
miro rápidamente y me guiña un ojo. Todo mi cuerpo se relaja... David también sonríe. Gracias a Dios, la
tensión en sus rostros está desapareciendo.
El padre de Natalia se acerca a mi y me extiende su mano. La tomo.
-Enhorabuena. Vas a ser padre... - Mi interior se hincha de gozo. –Voy a ser padre...- Me digo. Todavía no me
lo creo.
Javier y David hacen lo mismo. Me ofrecen su mano.
-Enhorabuena... - Dice David - Entiende que ha sido muy rápido, y nos ha pillado de sopetón, pero un bebé
en la familia, siempre es una alegría. Estoy seguro de que serás un buen padre. – Le abrazo fuertemente,
sorprendiéndole. Necesitaba tanto oír esas palabras...
Tras varios minutos más charlando y bromeando sobre el bebé. Vuelven al hotel. Me siento bien, y ellos por
lo que he comprobado, también. La noticia les ha animado.
Entro a la habitación y me siento en la cama con Natalia. Me acerco a ella, y le cuento todo lo que ha
ocurrido. Acaricio su preciosa cara con ternura, y al pasar uno de mis dedos por su párpado, este se mueve.
Me incorporo rápidamente. Otra vez mi corazón se acelera y me pongo nervioso. Lo he visto claramente. No
hay duda.
-Natalia... - Le hablo de nuevo - No sé si realmente eres tú, o como dice Nova, son movimientos
involuntarios... pero si me estás oyendo, no dejes de intentarlo. - Tras unos minutos observando y
esperando, no ocurre nada. Le practico varias pruebas de nuevo, y todas son negativas... Es posible que me
esté llenando de ilusiones vacías.
Necesito relajarme. Decido que la mejor manera de hacerlo, es dándome una ducha rápida.
Saco todas mis pertenencias de los bolsillos y las pongo en la mesita. El móvil, las llaves del coche, la
cartera... y la pequeña figurita de Mazinger Z. La coloco de pie, mirando hacia la cama de Natalia. No sé que
tiene ese trozo de plástico, pero me calma cuando lo toco y me hace sonreír cada vez que lo miro. Si la
memoria no me falla. Me lo regalo Hanna, el día de mi quinto cumpleaños. Ella también era muy pequeña
entonces, pero había conseguido ahorrar algo de dinero, y decidió gastarlo en mí. Hasta años después, no
supe valorar aquel gesto. Podría haberlo utilizado en comprar cualquier cosa para ella... pero lo gastó en
hacerme feliz. Ojalá pudiera tenerla conmigo...
Preparo algo de ropa cómoda y me ducho. Estoy terminando de vestirme, cuando mi teléfono suena.
Descuelgo.
-César. – Es Alex – He descubierto algo. Tenemos que hablar. –Mis ojos se abren.
-¿Has descubierto quien es el traidor? – Pregunto inquieto.
-Estoy casi seguro. – Dice serio – Tenemos que vernos, no quiero mantener esta conversación por teléfono.
No me fio de nada.
-¿Vienes?
-Sí. Estoy cerca.
-Sube a la planta de Natalia – Le digo – Dame un toque cuando estés, y salgo a tu encuentro.
-De acuerdo – Cuelga.
Voy a guardar mi teléfono cuando vuelve a sonar. - Seguro que se le ha olvidado decirme algo... – Pienso.
-Dime – Respondo confiado.
-Hola cielo – Es Erika. La única persona en el mundo, a la que no me apetece oír hablar en este momento. –
Estoy abajo esperándote. Han llegado unos papeles de Alemania que tienes que firmar para reenviarlos. –
Resoplo.
-Bajo ahora mismo – Digo desganado y cuelgo. No me dejará en paz hasta que lo haga, y quiero evitar que
suba. Si Natalia estuviera despierta, no la querría tener cerca.
Miro a Natalia durante unos segundos y salgo de la habitación. – No tardaré – Me digo.
Camino rápidamente por el pasillo, hasta llegar al siguiente, y cuando giro para tomar el ascensor, meto las
manos en mis bolsillos buscando mi amuleto. Me estoy volviendo demasiado dependiente de él... Desde
que lo tengo, hasta los sitios cerrados me asustan menos. Frunzo mi frente cuando descubro que no está, y
un escalofrío corre por mi espalda.
–Mierda – Digo en alto. Lo he dejado olvidado en la mesita de la habitación.
Es extraño, pero no me gusta la sensación de estar sin él. Tras pensarlo durante un par de segundos. Vuelvo
a por él. Debo estar loco... pero no tenerle en mi bolsillo, hace que me sienta como desnudo. Camino de vuelta.
Llego hasta la habitación. Empujo la puerta, y mis ojos se abren sorprendidos. No puedo creer lo que encuentro tras ella...

Capitulo 67
Hay alguien de espaldas, desconectando todos los aparatos de Natalia.
-¡EH!. ¿¡QUE COÑO HACES!? – Grito. Se vuelve sorprendido.
Pero más sorprendo me quedo yo al descubrir de quien se trata...
-.Estaba... revisando que todo... Se apagó esto... – Dice mientras se pone en pie rápidamente.
- ¿¡MANUEL!? – Mis ojos se agrandan. No doy crédito a lo que veo.
Intenta salir, pero bloqueo la puerta. Sujeto sus hombros y le empotro contra la pared. Su cabeza golpea la
esquina del tabique y hace una mueca de dolor. Estoy totalmente bloqueado. Todavía no sé como
reaccionar. Mi cuerpo tiembla.
Quiero creer a mi amigo Manuel, pero después de lo que he visto, soy incapaz... Rápidamente vienen a mi
mente las palabras de Alex. "Mario no actúa solo... la persona que le está ayudando, viene de tu entorno" y
comprendo todo al instante.
Cierro mi mano en un puño, y golpeo fuertemente su cara una y otra vez. Lo que no pude hacerle a Mario, se
lo haré a él. La rabia me posee. No tengo duda. Estaba intentando acabar con la vida de Natalia.
-Tu novia está muriendo mientras te vengas... - Dice entre un golpe y otro.
Paro de pronto y veo aparecer media sonrisa en su ensangrentada cara. Giro rápidamente mi cabeza hacia
Natalia, y descubro que no tiene el tubo del respirador. Vuelvo a mirarle a él, y otra vez a ella. Tengo que
dejarle para ir a salvarla.
Corro hasta la cama. Prácticamente me lanzo sobre ella. Mis manos tiemblan tanto, que apenas soy capaz
de encajar los tubos. Por el rabillo del ojo, veo como Manuel escapa. No puedo evitar sentir una punzada de
rabia, pero primero está Natalia.
Tras unos segundos, los más largos de toda mi vida, y una tensión que bien podría acabar con mi pobre
corazón... todo queda conectado, pero para mi desgracia, descubro que el respirador no funciona. Tiro del
cable y compruebo que el muy hijo de puta, lo ha cortado con unas tijeras.
-¡MIERRRRRRDA! – Grito.
Tomo uno de los ambús que hay en el armario, coloco la mascarilla en su cara, y comienzo a apretar la
bolsa para insuflar aire en sus pulmones, como puedo, toco el timbre de emergencia que hay en la
habitación.
-¡Vamos cariño! – Digo mientras miro por todas partes buscando algo que me pueda ayudar.
La puerta se abre y una de las enfermeras entra.
-¿Qué ocurre Doctor Engel? – Dice preocupada al ver lo que estoy haciendo.
-¡Prepara la habitación contigua! – Grito – ¡Necesito urgentemente que conectes un respirador allí!
La enfermera sale a toda prisa, grita algo a sus compañeras, y rápidamente hay dos nuevas enfermeras en
la habitación conmigo. Mientras yo sigo presionando el resucitador manual, ellas empujan y sacan la cama
de la habitación.
Cuando por fin salimos al pasillo. Veo como Alex, está lanzando contra el suelo a Manuel y lo patalea sin
piedad. Respiro aliviado. Ese cabrón va a tener su merecido.
-Dios Santo – Dice una de las enfermeras mientras sigue empujando, pero nadie puede parar a separarles.
Tampoco es que sea algo que esté en mis planes.
Entramos a la nueva habitación, y las luces de los aparatos están encendidas esperándonos. Conectamos
todo en su lugar, y por fin, el aire de la máquina eleva el torso de Natalia. Las constantes están algo
alteradas, pero poco a poco, van recobrando la normalidad. Apoyo mis puños sobre la cama, y con la
cabeza baja, resoplo. No puedo creer lo que ha pasado. Jamás hubiera imaginado que Manuel estuviera
detrás de esto. ¿Qué le ha llevado a obrar así?. Siempre le tuve como un buen amigo... Llevamos años
juntos, y es una de las personas más leales que conozco. Cierro mis manos en puños, atrapando la tela de la
sábana con ellos. A medida que consigo calmarme del susto, la rabia vuelve a mí.
Si no llega a ser por Mazinger Z...
La puerta de la habitación se abre y la cara hinchada de Manuel, es la primera imagen que aparece tras ella.
Alex viene con él.
-¿Todo bien? – Dice Alex preocupado. - Me he asustado al ver que salíais con Natalia por el pasillo.
-Todo se ha podido solucionar a tiempo – Digo con asco mirando a Manuel. – El malnacido este, ha
intentado acabar con ella.
-Lo he imaginado cuando el ascensor se abrió, y vi su horrenda cara empapada en sangre. ¿Quieres decirle
algo antes de que me lo lleve? – Me guiña un ojo.
Se a lo que se refiere. Me pongo frente a él
-¿Por qué? – Digo con mis dientes apretados. - ¿Que te ha hecho ella, maldito hijo de puta?.
No contesta. Baja su mirada.
-Díselo o te lo saco a puñetazos – Alex tuerce su brazo.
-Quería acabar con su sufrimiento... - Dice mientras sigue mirando al suelo
-¿Cómo? – Pregunto confuso.
-¡Di la puta verdad! – Dice Alex mientras sigue torturándole.
Les miro extrañado, necesito que alguien me cuente lo que está pasando o me volveré loco.
Finalmente es Alex quien habla.
-Desde ayer se de sus intenciones, puse varios micros por todo el hotel, pero nunca imaginé que llevaran a
cabo tan pronto sus planes.
-¿Sus? ¿Cómo?– Mi corazón bombea con fuerza. - ¿Hay más personas detrás de esto?
-Erika es quien está detrás de todo...
-¿¡Qué!? - Mis ojos se abren y mi cabeza da vueltas.
-Por lo que he descubierto, son amantes. Pero ella es más lista, y está usando a este gilipollas para vengarse
de Natalia.
-No... no puede ser cierto... - Niego con mi cabeza. Mis piernas están teniendo problemas para sujetarme.
-¡Ella me quiere! - Dice Manuel - No me está utilizando. ¡Yo solo quiero hacerla feliz!. Y si tengo que acabar
con la vida de cualquiera... no dudaré en hacerlo. –Mis puños se cierran.
-Llévatelo Alex... -Digo sofocado. Mi autocontrol está desapareciendo - Llévatelo, no soy dueño de mis actos
ahora mismo, y es posible que quien acabe con su vida sea yo...
-Han estado recopilando información de Laura y de ti... Por eso sabían todos vuestros movimientos. Cada
vez que salías, le decías a Manuel donde ibas, y cada vez que Laura iba a ver a Natalia, sutilmente Manuel la
interrogaba, haciéndole creer que estaba preocupado... Erika sabía bien en quien confiabais, y así ha
jugado sus cartas.
Alex tira fuertemente de Manuel y lo saca a empujones de la habitación.
-Erika está abajo – Digo de pronto. Acabo de recordarlo. – Me llamó hace un rato, para decirme que bajara a
firmar unos papeles.
-No amigo... - Dice apenado – Esa era la trampa. Seguramente quería sacarte de la habitación, para que
Manuel pudiera llevar a cabo su plan. Por lo que he podido descubrir, Erika se fue a Alemania esta mañana,
imagino que buscando coartada. Así nadie podría asociarla con la muerte de Natalia... - Siento una gran
rabia en mi interior, y una fuerte sensación de culpa, por no haberme dado cuenta antes... Pongo las manos
sobre mi cabeza y camino nervioso por la habitación.
-Sácalo de aquí y que lo encarcelen cuanto antes – Digo angustiado. - No quiero que pase un minuto más,
en esta habitación.
-Hay algo más César... - Me giro hacia él rápidamente – Erika es quien está detrás de la excarcelación de tu
padre. Ha sido ella quien ha movido todos los hilos. Les oí mientras lo hablaban... - Trato de tragar saliva
pero no puedo, mi garganta está totalmente seca – Imagino que la intención era que te refugiaras en ella de
nuevo... Sabe perfectamente cuáles son tus puntos débiles.
-Que la atrapen cuanto antes Alex. Haz lo que sea, pero que la atrapen... - Mi barbilla tiembla y un molesto
tic está apoderándose de mi ojo derecho. Realmente me está costando mucho controlarme. Hace tan solo
unas semanas, la habitación ya hubiera estado destrozada.
Alex se marca llevándose a Manuel con él. Cierro la puerta, y aun así, puedo oír como Alex le va gritando.
Me acerco a Natalia y con cuidado, me tumbo con ella en su misma cama, necesito tanto uno de sus abrazos en estos momentos... pongo mi mano en su barriga. Ya se le nota algo más el embarazo. Acerco mi cara a su pelo e inhalo su aroma...
-Daría mi vida por sacarte de ese estado... - Le digo tiernamente y dejo un suave beso en su pómulo.
Una de las máquinas pita fuertemente. Me levanto sobresaltado para buscar la causa...

Capitulo 68

Natalia:
-¿Hola? – Miro a mi alrededor. Estoy sola.
Todo esto es muy extraño... Me encuentro en algún lugar desconocido. No hay muebles, no hay paredes, no
hay nada... solo un gran espacio.
-¿Hola? – Vuelvo a insistir, pero solo oigo el eco de mi voz. -¿Dónde estoy? - Giro mi cabeza. Todo es de color
blanco. Todo menos yo. -¿Cómo he llegado aquí?... – Me digo.
Oigo pasos en la lejanía. Busco a mi alrededor, pero no hay nadie. Cada vez se oyen mas cerca.
-Hola – Alguien habla detrás de mí, y me giro sobresaltada rápidamente.
-Ho...la... - Digo sorprendida cuando descubro a una mujer morena, y a una niña rubia, de unos doce o trece
años, mirándome sonrientes.
Comienzo a asustarme. Han aparecido de la nada... Me fijo mejor en sus caras, hay algo familiar en ellas...
tengo la sensación de haberlas visto antes.
-Eres muy guapa, Natalia – Dice la mujer.
-¿Cómo sabes mi nombre? – Pregunto inquieta.
-Lo sabemos todo de ti – Ríe la niña. – Eres la novia de mi hermano...
-¿¡Qué!? – En ese justo momento recuerdo donde las he visto. En el álbum... Son su madre y su hermana
Hanna. Me pongo nerviosa y aprieto fuertemente mi mandíbula. Mis dientes duelen. - No... - Niego con mi
cabeza – ¿Estoy muerta? – Las imágenes de la agresión de Mario, vienen rápidamente a mi mente – ¡Oh Dios
mío...! - Pongo las manos en mis ojos, me dejo caer al suelo y lloro.
-Tranquila. - La mujer acaricia mi pelo.
-Estoy muerta... – Digo entre sollozos. Siento que me falta el aire, y es algo que me extraña. Si he fallecido,
no debería sentir ahogo. Vuelvo a apretar fuertemente mi mandíbula y mis dientes duelen de nuevo. Toco
con una de mis manos, pero todo parece normal en mi boca. - ¿Y César?, ¿Y mi familia?... ¿Podéis saber
cómo están? – Me preocupa que estén sufriendo.
-Todos están a la espera... – Dice la mujer, y la niña asiente.
-¿A la espera de que? – Pregunto confusa.
-De que vuelvas a tu cuerpo, y despiertes. No deberías estar aquí.
-¿Cómo? – No entiendo nada. Cada vez me siento más perdida.
-Tu cuerpo está en una cama, Natalia. Mi hermano se niega a perderte, y lo mantiene con vida... Está
sufriendo mucho. – Dice apenada.
-¿Qué puedo hacer? ¿Puedo volver a mi cuerpo? – No quiero que nadie sufra. Me levanto rápidamente del
suelo. – Quiero regresar. Ayudadme por favor... Decidme que es posible – Suplico.
-¿Ves ese largo pasillo de allí? – La mujer señala a algún lugar.
-No... allí no hay nada... -Respondo.
-Vuelve a mirar... – Dice tranquila.
Lo hago, y un gran pasillo, parecido a los del hospital, aparece ante mis ojos.
–Entra en el, y camina hasta la luz.
-¿La Luz? – Mi piel se eriza. Mucha gente habla de la luz al final del túnel, y no es nada bueno...
-No temas – Parece saber lo que estoy pensando – Se avecinan cambios en tu vida, y en la de mi querido
hijo. Estamos aquí para ayudarte a volver... Tienes que cuidar de ellos. Te necesitan.
-Mami, ya vienen – La niña tira del largo vestido de su madre. Oigo un gran ruido, y todo comienza a
desaparecer.
-Tenemos que marcharnos, Natalia – Dice su madre. – Nuestro tiempo contigo se ha acabado. Regresa a tu
cuerpo... ¡Date prisa!. Sed felices.
La pequeña Hanna viene hasta mí, me abraza, y susurra algo en mi oído. Sonríe y se marcha de nuevo con
su madre. No entiendo lo que ha querido decir, pero haré lo que me ha pedido. Las dos mueven su mano a
modo de despedida mientras se desvanecen. Miro hacia el pasillo, y también se está evaporando. Corro
todo lo rápido que puedo y consigo entrar. Miro detrás de mí a medida que avanzo, y no hay nada. Corro
más deprisa, por temor a que esa "nada" me haga desaparecer a mi también si me alcanza.
-¡Tiene mordido el tubo! – Oigo gritar a César. – Pásame una cánula de Guedel. ¡Rápido!. Hay que abrir su
boca, está obstruyendo el respirador.
-¡César! – Apenas tengo aire en mis pulmones, pero grito con todas mis fuerzas. Está en algún lugar, detrás
de estas paredes. Mis dientes vuelven a doler.
-¡Vamos cariño, abre la boca!. – Hay desesperación en su voz.
-¡César! ¿Dónde estás? – Sigo corriendo, el pasillo parece no tener fin.
-¡Su frecuencia cardíaca está aumentando! – Siento mi corazón latir fuertemente dentro de mi pecho. –
¡Carga el desfibrilador y prepara las palas, va a entrar en parada!
-¡CÉSAR!- Le llamo. Cada vez su voz suena más cerca.
-¡Vamos cariño!. ¡Reacciona...! – Grita, y juraría que llora - No me hagas hacer esto... ¡VAMOS!. Nuestro hijo
ya tiene su corazón formado y no soportará la descarga...
-¿Nuestro hijo? - Abro mis ojos por la impresión y lo primero que veo, es a César sobre mi. Tomo una gran
bocanada de aire y siento algo en mis pulmones. Hay un tubo en mi boca y la sensación es horrible. Me
provoca angustia, náuseas y tos, pero no me puedo mover.
-¿!NATALIA!? – Sus ojos están muy abiertos. - ¡DIOS MIO! ¡SI! ¡SI!, ¡SIII!. ¡ESTÁ DESPIERTA! – Grita histérico y
no entiendo nada. Tiene una mano a cada lado de su cara. Intento hablar pero no puedo, el tubo me
produce sensación de ahogo. –Tranquila mi vida – Dice cuando se da cuenta de mi mal estar. Se mueve
deprisa. Él está más nervioso que yo. –Voy a quitarte ahora mismo todo esto, déjame que compruebe que
no lo necesitas.
-Todo es correcto Doctor Engel – Dice una enfermera a la que no había visto. – Podemos realizar la
extubación. La paciente respira sola.
-¡No me lo puedo creer... no me lo puedo creer! – Grita mientras comienza a desconectar tubos – ¡Esto es un
jodido milagro! – Va comprobando monitores a medida que quita cosas de mi cuerpo. Limpia con el dorso
de su mano varias lágrimas que corren por su cara. – No te imaginas, cuanto me alegra ver esos preciosos
ojos abiertos de nuevo. Bienvenida cariño – Su barbilla tiembla al igual que sus manos.
-Doctor, ¿Quiere que lo haga yo?. Le noto muy alterado... – La enfermera sonríe.
-No. No, es solo emoción – Dice César – Ve deshinchando el manguito del tubo endotraqueal, mientras
conecto el aspirador. – Mueve su cabeza de un lado a otro – Si no lo veo, no lo creo... Me acabas de hacer el
hombre más feliz del mundo...
Parpadeo confusa, es lo único que puedo hacer, pero soy consciente de todo. Cuando por fin retiran el
tubo, me siento aliviada, pero noto inflamada mi garganta. Tengo molestias y no puedo tragar.
-¿Aviso a la Doctora Nova? – Dice la enfermera. César asiente, y nos deja solos.
En cuanto la puerta se cierra, César se derrumba sobre mí.
-Has vuelto cariño... has vuelto conmigo – Me abraza y llora sobre mi pecho. Su cabello hace cosquillas en
mi cara. Por más que lo intento, no puedo abrazarle. Mis brazos no responden. – Te quiero Natalia,
perdóname por comportarme así contigo aquellos días, no imaginas el pesar que me acompaña desde
entonces...
-¿Aquellos días? – Me pregunto – ¿Cuánto tiempo llevo aquí? – Intento hablar pero no sale ni una sola
palabra de mis labios. Cuando vuelve a incorporarse, puedo comprobar por mi misma, que no ha sido cosa
de unas horas. César está muy delgado, y parece que tuviera diez años más. Hay unas grandes ojeras
debajo de sus ojos, y su cabello es más largo. Me asusto. Tengo miedo de haber pasado años así. Puedo oír
a través de uno de los monitores que ha dejado unido a mí, como mis pulsaciones se aceleran.
-Tranquila mi vida, sé que esto debe ser traumático para ti. – Dice al darse cuenta – Pestañea si entiendes lo
que digo – Hago lo que me pide – Perfecto... - Dice nervioso – ¿Me recuerdas?¿Sabes quién soy? – Pregunta
tenso. Pestañeo y relaja sus hombros. – Gracias a Dios... - Suspira. - Es posible que no puedas hablar, ni
moverte. Acabas de salir de un coma, que creían casi irreversible... - Sonríe ampliamente – Eres una gran
luchadora cariño... Es normal que tu cuerpo no reaccione, y que no puedas hablar, han sido casi dos meses sin mover tus músculos, y deben estar todos atrofiados. Pero lo vamos a solucionar con algo de tiempo. -
Por desgracia, eso ya lo he comprobado... – ¡Oh Dios mío!- Vuelve a decir con la mano en su pecho –Todavía no lo creo. Me parece un sueño – Besa mis mejillas y acaricia mi pelo. – Has vuelto – Sus lágrimas mojan mi cara. Ha debido sufrir mucho...



Capitulo 69

César:
Me parece increíble que lo haya conseguido. Ha vuelto... está con nosotros de nuevo. Necesito contacto
físico. No puedo apartarme de ella. Mi corazón late fuertemente con cada uno de sus pestañeos. Tomo su
cara entre mis manos y beso con cuidado sus labios. Hacía tanto que no sentía la suavidad de su boca...
Sé que está angustiada. Para ella todo esto ha sido como un abrir y cerrar de ojos. No sabe lo que ha
ocurrido estos días, y son demasiadas cosas... De momento, no le contaré nada, no quiero conmocionarla...
cuando avise a su familia, les pediré que tengan cuidado con lo que hablan. No quiero arriesgarme,
necesito que esté más activa mentalmente.
Me aparto de ella, quiero comprobar cuál es el grado de su consciencia.
-Natalia – Me busca con la mirada, aunque está algo somnolienta. Su sentido de la audición parece estar
bien. – ¿Ves esto cariño? – Levanto un bolígrafo. – Parpadea si sabes lo que es. – Lo hace – Su visión también
funciona, al menos distingue los objetos. - ¿Sabes por qué estás aquí? – No hace ningún gesto. - ¿Recuerdas
lo ocurrido? – Tras unos segundos parpadea de nuevo. Es increíble. Normalmente, al salir de un coma de
este tipo, la amnesia es lo primero con lo que nos encontramos - ¿Recuerdas tu edad? – Mueve sus ojos.
Estoy realmente asombrado...
La puerta se abre y la Doctora Nova entra.
-Menuda sorpresa... - Se acerca a la cama – Fíjate. - Me dice – ¡Si le habéis quitado hasta el respirador! –
Natalia mueve sus ojos – Y hasta parece que entiende lo que digo...
-Nova. Está entendiendo lo que dices.
-¿Estás seguro, Engel?... Sabes como son los despertares...
-Completamente – Se coloca en uno de los laterales de la cama, y tras varios minutos hablándole, verifica
que lo que digo es cierto.
Viene hasta mí, y pone su mano en mi hombro.
–Esto es asombroso querido. –Nunca había visto a Nova tan emocionada - Es la primera vez que me
encuentro con un caso así... Esto no es habitual... Por norma general, pasan semanas hasta que su estado
de conciencia se activa a este nivel. Cuanto me alegro Engel... cuanto me alegro... - Mueve su cabeza
incrédula, mientras abre su blog de notas, y apunta varias cosas – Voy a realizarle algunas pruebas, hay que
buscar secuelas... y en cuanto sepamos algo más, empezaremos con la rehabilitación. – Se despide y se
marcha.
Miro hacia Natalia, y veo que está quedándose dormida. No puedo evitar sentir una punzada de miedo. -¿Y
si no despierta?... - Sé que debe estar agotada, y es algo habitual pasar más tiempo dormido que despierto,
tras salir de un coma, pero no me ha dado tiempo a nada... Me hubiera encantado poder seguir hablándole.
Durante un largo rato, compruebo que respira con normalidad. No acabo de fiarme... No soportaría otro
susto más. Por fin consigo relajarme. Sus constantes son normales, y decido que es el momento de avisar a
su familia.
-¿Qué pasa César? – Dice asustado - Dime que está todo bien.
-Tranquilo Javier – Sé que le extraña mi llamada. Acordamos que les avisaría si pasaba algo... – ¡Son buenas
noticias! – Digo rápidamente. No puedo evitar volver a sentir una inmensa alegría.
-¿Buenas noticias? – Su tono ahora es de sorpresa.
-¡Es Natalia!¡Se ha despertado! – Respondo contento.
-¿¡EN SERIO, CÉSAR!?. ¿LO ESTÁS DICIENDO EN SERIO? – Apenas es capaz de formular la última pregunta.
-¡Como te lo estoy diciendo! – Los músculos de mi pecho se mueven involuntariamente. Saltaría como un
crio en este momento.
-¡SII, SII, SII, SII! – Grita.
-Escucha Javier – Le interrumpo – Hay algo que debes saber para que avises a los demás. – Silencio – De un
coma no se sale y uno se va a su casa... como ocurre en las películas... No esperéis encontraros a una
Natalia sonriente y charlatana... Durante algún tiempo, no podrá moverse, ni hablar. Tardará varias
semanas en conseguir progresos... - Trago saliva - Eso en el mejor de los casos, porque todavía no sabemos
si hay secuelas. Debéis venir mentalizados. La gran noticia es que está consciente, y se entera de todo.
-De acuerdo... - Hay decepción en su voz. Estoy seguro que esperaba encontrarse con la Natalia de siempre.
-Y como se entera de todo... - Prosigo - Por el momento, no debe saber que está embarazada... La impresión
podría empeorar las cosas...
-No habrá problema con eso – Dice sincero. – Me encargaré de comentarlo por aquí.
-Hay una última cosa... – Cierro fuertemente mis ojos - Manuel ya no estará por allí... –En cierto modo, eso
me duele – Hasta que consiga a alguien capaz de ocupar su puesto, tendréis que ocuparos de todo vosotros
mismos. Sentíos libres de bajar a la cocina cuantas veces lo necesitéis, a la lavandería... o a cualquier parte,
hablaré con el personal para que os lo pongan todo más fácil.
-¿Se ha marchado? – Pregunta extrañado. – Me caía bien...
-Está detenido Javier...
-¿Qué? ¿Por qué?... parece un buen hombre.
-Eso creía también yo... – Me lamento - Cuando vengáis, os cuento. Es algo que debéis saber, pero prefiero
hablarlo en persona.
-Está bien. – Nos despedimos.
Pongo las manos sobre mi rostro, y emito un largo suspiro. No se como le voy a explicar a esta gente, que
han estado viviendo bajo el mismo techo, que la persona que ha estado ayudando a Mario, y la que ha
intentado matar a Natalia hace apenas unas horas...
-Venimos a por la paciente – Me giro y hay dos celadores detrás de mí. – Hay que bajarla, van a hacerle
algunas pruebas – Asiento y me aparto para que puedan entrar.
Camino con ellos por el pasillo mientras empujan la cama. Natalia sigue dormida.
Estoy empezando a obsesionarme con su respiración. No puedo quitarle el ojo de encima a su tórax.
Necesito comprobar constantemente que su pecho se eleva. En algunos momentos, me parece ver que no
se mueve, y retengo la respiración hasta que compruebo que solo es producto de mi imaginación... Al final,
quien morirá asfixiado seré yo.
****
Han pasado tres días desde que Natalia despertó, y todavía no han llegado los resultados. Deben estar
cerca... Estamos todos a la espera. Necesitamos saber si habrá problemas futuros o no, para poder
mentalizarnos. La incertidumbre nos mata... aunque si hay algo que tengo claro, es que pase lo que pase,
no me apartaré de su lado.
Ha abierto los ojos en muy pocas ocasiones, pero el saber que ya está de nuevo entre nosotros, nos da la
fuerza que necesitamos para seguir adelante.
Su familia ya está enterada de lo que ha pasado con Manuel. Están muy afectados por ello, pero quien peor
lo está pasando, es Laura. El saber que ha sido la principal fuente de información, la está matando.
Alex me llamó hace un rato. Todavía no han dado con Erika... ni si quiera su padre sabe donde está. Lo último que han averiguado, es que ya no está en Alemania.
Me recuesto en la pequeña cama junto a Natalia y cierro mis ojos. El sonido de su respiración me relaja.
Extiendo mi mano y tomo la suya. Últimamente, ya no están tan frías. Debe ser por el embarazo, al aumentar el volumen sanguíneo, hace que estén más calientes.
Su mano se mueve y me incorporo rápidamente. Está despierta y mirándome fijamente.
-¡Hola cariño!. ¿Puedes volver a mover la mano? – Lo hace de nuevo – ¡Joder! – Digo emocionado – Estás progresando de una manera increíble...
Me acerco a ella y beso su cara.
-Est...ttt..toy... - Mis ojos se abren de par en par. Está emitiendo sonidos – Eeechaa miier...da...
-¿¡Que!?. ¿¡Acabas de decir lo que creo!? – Aunque estoy realmente sorprendido por su tremendo avance, no puedo evitar reírme – Acabas de hablar... ¿Y tus primeras palabras han sido esas?. ¿Dónde ha quedado el romanticismo? – Suelta aire por la nariz a modo de risa. Ha entendido lo que le he dicho...

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Jue Feb 18, 2016 9:32 am

Capitulo 70

Natalia:
César ha estado varios minutos hablándome y bromeando, pero debo haberme vuelto a quedar dormida.
Me encanta oírle. Noto cuanto amor siente hacia mí, en cada una de sus palabras, pero estoy agotada y
necesito descansar constantemente. Mi cuerpo duele cuando estoy despierta, y siento hormigueo en mis
extremidades constantemente, imagino que es por la inactividad. Según tengo entendido, llevo casi dos
meses en esta cama... Y les creo, solo tengo que mirar a César. Me apena verle tan demacrado, el pobre no
se ha quejado ni una sola vez, pero cuando he despertado, le he encontrado totalmente dormido a mi lado.
Poco a poco, y a medida que me hablan, estoy empezando a recordar cosas que ni siquiera sabía que
habían pasado. Una frase, una simple palabra... un gesto. Hacen que mi mente se llene de imágenes.
Durante estos días, he tenido varios sueños extraños. El que más me ha impactado, ha sido el que tuve con
su madre y su hermana. Hanna, me pidió en el, que le dijera algo a su hermano... Pero creo que será mejor
no hacerlo, por culpa de un absurdo sueño, no quiero reabrirle viejas heridas...
Había otro, en el que César hablaba de una descarga, y algo relacionado con el corazón de "nuestro hijo". El
vello se me eriza al recordarlo. No imagino a César hablando de futuros bebés, después de que dejara claro
lo que piensa sobre ser padre.
-¡Hora de visitas! – Laura aparece tras la puerta y sonríe al ver que estoy despierta. César se sobresalta.
-Menos mal que te pedí que no hicieras ruido al entrar... – Dice malhumorado mientras se levanta.
Su ojos hinchados y su pelo alborotado le dan un cómico aspecto. Intento sonreír pero todavía me cuesta.
-Anda, ve a peinarte, que parece que te han despiojado un puñado de monos. – Dice Laura mofándose.
Varios ruidos salen de mi garganta a modo de carcajadas. Me duele hasta el alma, pero ha sido muy
divertido. César también ríe.
-Te perdonaré esto porque a Natalia le parece gracioso... pero las demás te las tengo guardadas. Voy a
adecentarme un poco – Deja un beso en mi frente y entra en el baño.
- Que suerte tienes hermosa – Susurra Laura – Hasta desarreglado esta guapo el canalla. - Mira hacia la
puerta donde está César.
-Aaa...leex – Intento decir. Sus ojos se abren - ¿Has hablado? – Traga saliva - ¿Has dicho Alex?...
-Ttttien...es a...aa... Al...eeex – Digo esta vez mas claro.
-¡Joder Natalia! – Da palmaditas – ¡Estás hablando! – Asiento con torpeza y lo entiende.
-Tengo que contarte algunas cosas sobre eso... - Dice apenada – No está funcionando Nata... - Mis ojos se
abren. No hace falta que emita ninguna palabra más, me conoce demasiado bien para saber lo que quiero
decir solo con la mirada – Han sido varias cosas, y además he descubierto algo... Algo que no me ha gustado
nada de nada, y he preferido terminar con todo... - Vuelvo a abrir mis ojos – No... no te lo contaré hasta que
no estés recuperada. Me gustaría por una vez, no ser yo quien hable todo el rato – Sonríe tristemente–
Necesito tu opinión mas que cualquier otra cosa – Baja su mirada. Es extraño ver a Laura así y admitir que
necesita apoyo, cuanto siempre ha sido autosuficiente en todo. Algo grave debe haber pasado. – Ahora ya
tienes otra razón más para recuperarte pronto. - Guiña uno de sus ojos.
-¿Mejor? – Dice César señalando su pelo mientras sale del baño
-Ahora parece que te ha lamido una vaca – Todos reímos de nuevo.
-Eres imposible – Pone sus ojos en blanco y niega con la cabeza. – Espero que tu no me trates así... – Se
echa sobre mí y deja varios besos en mi cara. Mordisquea suavemente mi mentón y mi cuello. Gruñe
bromeando mientras lo hace y oigo a Laura reír de fondo. No puedo protestar, pero no me importa. Huele
de maravilla. Se ha puesto su perfume, y el aroma que desprende me trae tan buenos recuerdos...
-Vaya... – La voz de la Doctora Nova nos interrumpe. Estábamos tan entregados al juego, que no nos hemos
dado cuenta que la puerta se había abierto.
-Hola Nova - César se levanta rápidamente, carraspea y alisa su uniforme.
-Hola Engel... Puede usted seguir devorando a su presa... No se preocupe, puedo venir en otro momento –
Mas risas.
-¿Os habéis puesto de acuerdo para tomarla conmigo hoy? – Dice mientras peina su cabello y sonríe
avergonzado.
La Doctora abre una carpeta, y saca unos papeles de su interior.
-Los resultados están aquí – Los suelta a los pies de la cama. – Échales un vistazo, mientras yo reviso a
Natalia.
Como cada día desde que desperté, la Doctora Nova, me hace un reconocimiento completo.
-Gracias a Dios... – Oigo susurrar a César mientras deja salir un largo suspiro de sus labios.
-Exacto – Dice Nova – La frase "Gracias a Dios" nunca tuvo tanto sentido. Esto debe ser obra de un milagro,
porque si no, no entiendo unos resultados así.
-¿Qué ocurre? – Pregunta Laura. Justo lo que a mi me gustaría saber.
-Es pronto todavía para asegurar nada... pero parece que por el momento, Natalia podrá recuperarse sin
problema. – Dice César. – No hay lesiones graves... - Sus ojos brillan. - Es increíble. Hemos tenido mucha
suerte...
-Hay muy pocas posibilidades de éxito en casos como el tuyo Natalia - Dice la Doctora - Pero fijate...
siempre hay una excepción, y te ha tocado ser a ti. – Sonríe – Bueno... Se me hace tarde y tengo que
marcharme. Podéis seguir donde lo dejasteis – Nos mira sonriente por encima de sus gafas. Un gesto muy
suyo.
Antes de que la puerta se cierre, vuelve a abrirse. Ahora es Alex quien entra.
-Vaya. También parece ser el día de las visitas. –Dice César - No me digas que tu también vienes a meterte
conmigo... - Bromea.
-Hola... - Dice Alex tenso al percatarse que Laura está en la habitación. – Venía a ver que tal está Natalia, y a
hablar contigo...
-Bueno chicos... – Ahora es Laura quien habla – Yo me tengo que ir ya... – Deja un beso en mi mejilla, coge
sus cosas y cuando va a salir de la habitación, Alex se pone en medio cortándole el paso.
-No hace falta que te vayas. Solo estaré un par de minutos aquí, y después me iré. – Tiene sus cejas
fruncidas y la mira intensamente.
-Lo que yo haga, o deje de hacer, es algo que a ti ya no te importa. Apártate – Dice Laura secamente. César
me mira con las cejas levantadas.
-Laura... no hagas esto más difícil... - Alex traga saliva y nos mira. Está poniéndose nervioso. Imagino que es
por lo que está ocurriendo en nuestra presencia.
-¿Puedes cuidar un momento de Natalia, mientras Alex y yo hablamos? – Pregunta César a Laura. Sé que lo
hace para salvar a su amigo.
-Está bien – Responde.
-¿Vamos? – César tiene que poner la mano en el hombro de Alex, para que corte el contacto visual con
Laura.
-Claro – Dice algo confuso - Vamos. – Los dos salen por la puerta.
Miro a Laura y entiende mi expresión.
-Ya lo sé ¿Vale?. No me mires así... Lo que menos me apetece ahora es estar cerca de él. En cuanto podamos
charlar sobre esto, entenderás todo. – Resoplo en respuesta. – Y para que vayas sacando conjeturas, te
adelantaré que no es virgen como me hizo creer. - Cruza sus brazos a la altura de su pecho - Solo fue una
artimaña para llamar mi atención – Por su tono de voz, se que está muy dolida.
La puerta se abre y entran los dos de nuevo. César viene serio. Me gustaría saber que es eso que tenía que
hablar con él.
-Yo ya me marcho, vendré en otro momento Natalia. -Dice Alex mirando a Laura - Espero que todo siga tan
bien como hasta ahora. Por lo que me cuenta César, estás avanzando muy rápido y me alegro mucho por ello – La puerta se cierra y los ojos de Laura se llenan de lágrimas...
Capitulo 71
Natalia:
Las semanas pasan, y poco a poco me voy sintiendo más yo misma. César no se aparta de mí en ningún
momento. Vive conmigo en el hospital... Debe ser muy estresante para él todo esto, pero parece no
importarle. Se le ve feliz.
Mis padres vienen a diario a verme, están hospedados en el hotel de César. No tengo palabras para
agradecerle lo que está haciendo por nosotros. Javier y David ya no pueden venir tan de seguido como
antes. Están muy apurados con el taller, han sido muchas semanas las que han pasado por aquí, y tienen
demasiada tarea acumulada.
Laura sigue tristona. He intentado sonsacarla, pero es inútil. Dice que prefiere no hablar de ello todavía,
insiste en que no es el momento, ni el lugar. Se esfuerza en seguir pareciendo la misma, pero sus ojos me
indican que no es así... Con Alex pasa lo mismo. Está más serio que de normal, y eso ya es difícil... Se nota
claramente que los dos lo están pasando mal. Espero que solucionen pronto sus problemas... Creo que
harían buena pareja.
Según me han contado, Mario ya está preso. Le cogieron el mismo día que me agredió. Para mi es un gran
alivio saber que está entre rejas... Espero que no le suelten pronto. Tengo miedo de que cuando salga,
vuelva a intentar hacerme daño. Pero de momento, disfrutaré el tiempo que pueda, como una persona
normal. Podré salir a pasear tranquilamente, de compras o con Laura a tomar algo por ahí. Es algo que
ansío tanto... M libertad por fin ha llegado, aunque tengo la impresión de que me ocultan algo.
He conseguido recuperar el habla casi completamente, aunque todavía me cuesta vocalizar bien algunas
palabras, y se me olvidan otras, pero al menos puedo comunicarme con ellos. Les he contado lo que ocurrió
el fatídico día, y el por qué salí del hotel antes de la hora. Conectaron mi teléfono y vieron que no mentía.
Alguien me envió un mensaje de texto haciéndose pasar por Alex. Imagino que fue Mario... El muy cabrón,
no le deseo ningún mal, pero ojalá se pudra en la cárcel.
En mi teléfono también había cientos de llamadas perdidas de un mismo número. Andrea, la chica del piso
que tengo alquilado, y en el que no vivo. Cuando César le devolvió la llamada, Alex y el acabaron riendo a
carcajadas. No sé que es lo que habrán hecho estos dos. No me lo quieren contar, pero la chica le suplicaba
para que dejáramos el piso libre, e incluso aseguraba que me devolverá todo el dinero si lo hacemos.
La rehabilitación está siendo dura, pero el resultado es increíble. Todos están muy sorprendidos con mi
rápida recuperación. Según la Doctora Nova, en una semana podremos irnos. Solo tendré que volver a las
revisiones oportunas. El fisioterapeuta vendrá a casa para seguir ayudándome con mis ejercicios.
Mi cuerpo está cambiado. He cogido varios kilos. Me obligan a comer demasiado, y por más que protesto,
insisten en que tengo que hacerlo para recuperarme antes.
Todas esas calorías extra, parecen haberle cogido cariño a mis pechos y mi barriga. No paran de
almacenarse ahí. Estoy enorme. César también lo nota... No dice nada, pero lo sé. Mira constantemente a
mi barriga y siento vergüenza. Espero que no le importe que haya engordado y siga viéndome tan atractiva
como dice...
-Hola mi vida – César acaba de regresar del trabajo. Viene hasta la cama donde estoy sentada y me rodea
con sus brazos.
-Hola – Digo sonriente. Besos sus labios cuando se acerca. Una de sus manos se para en mi abdomen y me
incomodo.
-¿Ocurre algo? – Dice preocupado.
-No... - Respondo avergonzada – Justo ahora estaba pensando en los kilos que he cogido, y me da un poco
de apuro que toques mis "michelines" – Sonrío – En cuanto pueda, me pondré en forma de nuevo...
-Es la parte de tu cuerpo que más me gusta ahora mismo. – Besa mi cabeza al mismo tiempo que inhala. Sé
que está oliendo mi pelo. He descubierto cuanto le gusta hacerlo.
-Lo dices para hacerme sentir mejor... – Protesto y sonríe.
-No cariño. Eres como mi árbol de los secretos - Dice mirándome tiernamente.
-¿Tu árbol de los secretos? – Yo he oído esa frase antes...
Algo se mueve en mi interior. Rápidamente llevo las manos a mi barriga, es una sensación muy extraña pero
se pasa pronto. Me mira durante unos segundos y cuando ve que todo está bien, continúa.
-Cuando era pequeño, solía jugar en un parque. En el había un árbol, con gran agujero en la base de su
tronco. Le llamaba "el árbol de los secretos"... y allí guardaba las cosas que más quería y amaba en el
mundo.
-¿Y por qué te recuerda a mí? – No encuentro la similitud.
-Porqué aquí Natalia... - Pone de nuevo sus manos en mi barriga y me mira intensamente – Aquí mi vida... -
Presiona ligeramente para que sea consciente de la parte de mi cuerpo que está tocando - Guardo mi gran
secreto. El más preciado. Y lo que más amo en este mundo.
-Me estás asustando – Le digo confusa.
-¿Recuerdas las pruebas que te hizo la Doctora Nova? – Asiento – ¿Y mi extraño comportamiento unos días
después?... – Baja su mirada – Decidió finalmente, hacerte un test de embarazo. – Mis ojos se abren - Hay
muchas mujeres, que aun teniendo el periodo. O lo que creen ellas que es el periodo... están embarazadas...
-César, me estoy poniendo muy nerviosa, no sé a dónde quieres llegar... - Mis manos tiemblan y mi corazón
late con fuerza.
-No he querido contártelo antes, porque temía que pudieras sufrir una conmoción. Tu cerebro aun estaba
despertándose...
-¿No me has dicho que? – Digo alterada.
-Vamos a ser padres cariño... - Sus ojos se iluminan - Estamos esperando un bebé... - Sonríe.
-¿¡QUE!? – Me abraza fuertemente antes de que pueda decir nada mas.
- Le quiero Natalia. Le quiero con toda mi alma. Olvida por favor todo lo que me has oído decir a cerca de
ser padre... Todo eso ha cambiado en mí.
-¿Estás bromeando verdad? – Me aparto, necesito ver su cara para saber si miente.
-Tengo muchísimo miedo... - Dice con sus ojos húmedos – Pero el amor que siento por él, es más fuerte. –
Hay total sinceridad en su rostro.
-¡Oh Dios mío...! – Siento ahogo, mi ansiedad también parece que está de vuelta - ¡Oh Dios mío... Esto no
puede estar pasando, debo estar soñando aún – Digo mirando a todas partes.
César pone sus manos sobre mi cara y trata de calmarme.
-Cariño, no estás soñando. – Besa mis labios – Es tan real como tu, y como yo. Desde que oí su corazón, sé
que es lo mejor que me va a pasar en la vida, aparte de conocerte.
-¿Oíste su corazón? – Pongo las manos sobre mi abdomen. Un ligero recuerdo viene a mi mente. – Yo oí un
corazón mientras dormía... – Le miro extrañada.
-El día que estábamos escuchándolo, moviste tu dedo cuando te cogí la mano – Limpia sus lágrimas –
Rezaba para que pudieras oírlo tu también...
-Dios mío... - Un gran afecto está creciendo en mi interior. -¿De verdad estoy embarazada? – Todavía sigo
incrédula.
-De casi cuatro meses... - Sonríe al ver mi cara de sorpresa. Ni si quiera había echado la cuenta– Podemos
hacer la ecografía hoy mismo... No la hemos hecho antes, porque no sabías nada, y queríamos dar tiempo a
que estuvieras mas recuperada.
-¿Podemos? – Me ilusiono.
-Por supuesto – Saca su teléfono y hace algunas llamadas.
Mientras esperamos, César levanta mi ropa y pone sus manos sobre mi.
-No imaginas las ganas que tenía de hacer esto... – Acaricia mi barriga con ternura – Solo podía mirar... –
Sonríe - ¿Cómo será?. Me gustaría tanto que se pareciera a ti... - Soy incapaz de hablar. Todavía estoy
intentando creerlo.
Media hora mas tarde, la Doctora Nova viene hasta nuestra habitación con una especie de monitor portátil.
Supongo que es el ecógrafo.
-Enhorabuena joven – Dice sonriente. Me alegra saber que ya estás enterada.
-Si... bueno... - Estoy nerviosa. No sé como debería tomarte todo esto... pero ver a César tan ilusionado, me
ayuda mucho. Quien iba a imaginarlo... está tan cambiado...
Me acomodo en la cama como me indican. Mi barbilla está temblorosa y no puedo parar de moverme. César
se coloca de pie a mi lado y toma mi mano.
-Tranquila mi vida – Acaricia mi cabello.
La Doctora deja caer un frio gel sobre mi vientre y comienza con la ecografía.
Mueve el aparato en todas direcciones, presiona en algunas zonas mas que en otras.
-Aquí estás pequeñín – Dice cuando parece que lo ha encontrado. Miro rápidamente a la pantalla, pero solo
veo sombras negras. César me mira con una gran sonrisa.
Veo como de pronto, la Doctora cambia la expresión de su cara. Arruga su frente y se acerca más a la
imagen. Una punzada de miedo recorre mi cuerpo. Por su expresión, puedo intuir que algo no va bien.
César parece que también se ha dado cuenta, porque aprieta mi mano con más fuerza. La Doctora resopla y
niega con la cabeza.
-No puedo creer que no viéramos esto... – Susurra.
-¿Todo bien? – Pregunta César nervioso.
-Engel... - Dice la Doctora mirándole seriamente por encima de sus gafas – Hay algo muy importante que
debéis saber, y que se nos escapó la vez pasada...
-¿Qué ocurre? – Su espalda se tensa y está muy nervioso. Mi corazón se acelera.
-Siéntate, por favor... - Dice señalando una silla que hay cerca de la cama - No sé como vais a reaccionar con
la noticia que voy a daros...
-¡Nova! ¿Que diablos ocurre?
Cuando César hace el intento de ir hacia la pantalla para descubrirlo por él mismo. La Doctora gira el monitor hacia nosotros y señala con un bolígrafo dos sombras negras.
-Gestación gemelar queridos...

Capitulo 72

-¿¡DOS!? – Gritamos César y yo al mismo tiempo. Nos miramos rápidamente y volvemos a mirar la pantalla
incrédulos...
-Exacto. Dos...
Me incorporo.
-¡Pero eso no puede ser! – Grito - Decidme que esto es una broma. ¿Dónde está la cámara? – Miro a César.
Tiene su mano puesta en el corazón, y parece que le falta el aire.
-¿Hay algún caso más en la familia de gemelos? – Pregunta la Doctora.
-Sus... hermanos... - Es lo único que acierta a decir César en medio de un sofoco. Está hiperventilando. –
Son... gemelos... - Yo ni siquiera puedo hablar.
-Entonces parece que ahí tenemos la causa. – Me mira, y al ver que no entiendo lo que quiere decir,
prosigue. – La gestación gemelar, parece tener un componente genético que se expresa en las mujeres y
que puede ser heredado. Por lo que una mujer, con una historia familiar, en la que existen este tipo de
embarazos, es mas propensa a tenerlos ella también... – Trago saliva. Estoy paralizada.
-Gemelos... - César mira al vacío y sigue con su mano en el pecho. Yo no me encuentro mejor que él, pero
me está empezando a preocupar.
-Si os parece bien, continuamos con la ecografía. – Nos mira de nuevo,. Al ver que ninguno de los dos
contesta y que estamos perdidos en algún lugar, nos da un poco de espacio. – Salgo unos minutos. Voy a
dejar que os calméis mientras hago unos cambios en mi consulta. – Cierra la puerta.
-César... ¿Estás bien?.
-No – Dice con los ojos muy abiertos. – ¿Y tu?
-Yo tampoco... creo que volveré a entrar en coma.
-Si haces eso, y me dejas solo con las dos fieras... Te desconecto. – Rompe el hielo con esa frase, y los dos
reímos.
-¿Qué vamos a hacer? - Puedo hacerme una idea de lo que le debe haber costado aceptar un bebé, pero no
puedo imaginarme dos.
-Dos... - Dice mientras me mira fijamente. El azul de sus ojos, está mucho más marcado. - Ahora si que
necesito sentarme - Busca la silla y lo hace. Pone los codos sobre sus rodillas y con sus manos sujeta su
cabeza mientras mira al suelo.
-César... Me estás asustando – Levanta su mirada de nuevo hacia mi.
-¡UFH! – Dice a modo de grito. Se levanta y da pequeños saltitos mientras mueve sus manos. Tiene la
necesidad de eliminar tensión– Esto es muy fuerte Natalia... –Apoya las manos en sus rodillas y queda
inclinado hacia mí. Me sonríe – Cuando creía que no podría querer más a nuestro renacuajo, me llevo una
sorpresa doble.
-Dímelo a mí – Digo todavía confusa – Acabo de enterarme de que estoy embarazada, y antes de que haya
podido hacerme a la idea...
César camina hasta la silla en donde estaba sentada la Doctora y se coloca en ella.
-¿Qué haces? – Pregunto nerviosa. Temo que entre y le riña.
-Chssss. Vamos a oírles. - Pone mas gel en mi barriga y comienza a presionar botones en el teclado. Sabe
perfectamente lo que está haciendo. Me encanta verle así. Desliza por mi abdomen el ecógrafo. La luz de la
pantalla se refleja en su cara y está más guapo que nunca. Se para en un punto y aprieta otro par de teclas.
El latido de un corazón suena por todas partes. Me mira con una amplia sonrisa. – Aquí está el primero.
-¡Oh Dios...! – No puedo contener mis lágrimas. Corren como cascadas por mi cara.
-Mira cariño, ¿Ves eso? – Señala la imagen. – Esa parte es su cabecita, ya miden casi 11 centímetros.
La Doctora abre la puerta, y al ver lo que está pasando, vuelve a marcharse sin despedirse. La primera
impresión que tuve de ella cuando la conocí, es que era demasiado estirada, pero conforme va pasando el
tiempo y vamos teniendo más trato, empieza a caerme mejor.
César y yo, observamos a nuestros diminutos bebés durante un largo rato. Oímos sus corazones, y miramos
una y otra vez la forma de sus pequeños cuerpos. Me explica con detalle lo que solo él es capaz de ver. No
entiendo como los médicos, pueden descifrar en esas manchas tantas cosas.
Una de las enfermeras viene a por el ecógrafo y volvemos a quedarnos solos. César se tumba en la cama
conmigo.
-No sé como voy a explicarles esto a mis padres... - Digo pensativa mientras miro al techo.
-Hay algo que debes saber... - Me giro hacia él y está sonriéndome. – Espero que no te enfades mucho
conmigo... pero creo que eres la primera mujer, que se entera la última de su estado.
-¿Qué?
-Tu familia sabe esto desde hace semanas...
-¿Me estás tomando el pelo? – Digo casi enfadada.
-No había demasiadas posibilidades de que despertaras, y ellos debían saberlo. Es algo normal en estos
casos. Pero resultó mejor de lo que esperaba, y abriste tus preciosos ojos... – Besa mi nariz – En lo único que
soy culpable, es en pedirles que no te dijeran nada, hasta que estuvieras recuperada. Tenía miedo de lo que
pudiera pasar y no quería correr riesgos.
-¿En serio todos lo saben? – Estoy totalmente sorprendida.
-Todos cariño... Pero lo que no saben, es que hay doblete – Me guiña un ojo – Esa noticia tendrás que
dársela tu.
-Estoy nerviosa César – Se gira hacia mi y pone su mano en mi barriga – No se si estoy preparada, ni si seré
buena madre...
-Yo tampoco se si seré buen padre cariño, pero lo que está claro, es que nadie nace aprendido. Serán ellos
quienes nos enseñen.... Vamos a criarles en un entorno amoroso y familiar. No quiero que pasen por lo que
hemos tenido que pasar nosotros. Espero que eso sirva... - Se a lo que se refiere y me siento orgullosa de él.
Está siendo muy valiente al intentar dejar sus miedos a un lado.
-Te quiero – Sus ojos se abren y su pecho se llena de aire. Sé que no esperaba que algo así. Pero necesitaba
que lo supiera.
-Yo también te quiero, Natalia. Más de lo que puedas imaginar – Es la primera vez que nos lo decimos tan
directamente. Se apoya en su codo y se acerca a mí. – Me tienes loco cariño... - Posa lentamente sus labios
sobre los míos.
Le abrazo y atrapo con mis dedos su cabello, no quiero que se retire. Necesito sentirle... y por lo que puedo
comprobar, él también a mí. Nuestro beso se alarga, su rodilla acaba entre las mías, y sus codos uno a cada
lado de mi cabeza. Respiramos fuertemente. Llevamos demasiado tiempo preocupados por mi salud y sin
poder tener un rato para nosotros. Me acaricia mientras profundizamos. Mi vello reacciona... Su lengua
busca la mía, y cuando la encuentra, un pequeño gemido escapa de nuestras bocas. Muerdo suavemente
uno de sus labios y tiro de el. Vuelve a gemir y rodea mi cintura con su brazo, quiere tenerme más cerca. Mi
cuerpo arde al contacto con el suyo.
-César... - Trato de hablarle. Tenemos que parar o haremos una locura, pero no me deja terminar la frase.
Su lengua vuelve a entrar en mi húmeda boca. Respondo a su beso con un apetito voraz, y su cuerpo se
enciende. Estamos totalmente entregados a la pasión. Su mano acaricia el interior de mis muslos,
estimulando cada una de mis células.
-No imaginas cuanto te deseo... - Susurra en mi oído mientras pasa sus labios por mi cuello.
No se si será por el embarazo, o por el tiempo que llevamos sin hacer nada... pero soy incapaz de parar.
Pueden atraparnos en cualquier momento, pero no me importa, necesito acabar lo que estamos
empezando.
-No pares... - Me mira por un segundo.
-¿Estás segura? – Hay preocupación en su mirada.
-Solo si no les haremos daño...
-Nunca por esto cariño. Al contrario - Se levanta de la cama y me ofrece su mano. - Ven conmigo – Dice
mientras tomo su mano y me ayuda a levantarme. Todavia me cuesta hacer algunos movimientos.
Caminamos hasta el baño. Entramos en él y cierra la puerta. Sin mediar palabra, tira de mi ropa y la deja
caer al suelo. La suya acabar en el mismo lugar. Siento su mirada ardiente sobre mi cuerpo desnudo. Me
observa... y me gusta. Su pecho se eleva repetidas veces y traga saliva. Sé que está conteniéndose. Cuando
consigue calmarse, se acerca a mí de nuevo. Mi espalda queda apoyada en la puerta. Nadie podrá entrar
así. Me rodea con su brazo y vuelve a besarme apasionadamente.
-Cesar... - No puedo esperar y él lo sabe.
Su otra mano levanta mi muslo, dejándome expuesta. Se acerca más, y puedo sentir su moldeado cuerpo
pegado al mio. Estoy a punto de enloquecer. Muy lentamente, se sumerge en mi interior. Vigila todos mis
gestos mientras lo hace, está siendo muy cuidadoso... Sus movimientos son suaves y evita profundizar demasiado. Sé porque lo hace, pero no me importa. Necesito tanto de él, que me vale cualquier cosa. Me
alza, levantando mi otra pierna cuando nota mi cansancio y las cruzo alrededor de su cintura.
-Joder cariño – Dice jadeando. Lucha por contenerse. - No quiero hacerte daño... - Los dos estamos llegando al límite.
-No lo haces... - Gimo cuando muerde mi mentón, y una gran corriente eléctrica recorre mi columna.
-Te quiero – susurra en mi oído mientras me pierdo entre sus brazos...

Capitulo 73

No puedo creer que lo hayamos hecho aquí... Estoy agotada y apenas puedo mantenerme en pie. Ha sido
maravilloso, pero todavía siento demasiada debilidad cuando hago algún esfuerzo. César no me permite
sentarme en el suelo como era mi intención. Toma nuestras ropas y me ayuda a vestirme.
-¿Puedes caminar? - Antes de que pueda contestar, siento mi cuerpo elevarse. Me lleva en brazos hasta la
cama y se echa en ella conmigo. – Me hacías tanta falta... - Dice mientras retira de mi cara un mechón de mi
cabello.
-La misma que tu a mi... - Me acurruco en su pecho.
-Ha sido increíble - Apoya su barbilla en mi cabeza, y me rodea con su brazo.
No sé que tendrá esa parte de su cuerpo para mí, pero cada vez que me acomodo en él, una sensación de
paz me invade y caigo profundamente dormida. Esta vez, no es diferente...
Cuando despierto, César no está en la habitación. Me parece extraño, solo falta cuando tiene que trabajar y
hoy tenía el día libre. Me levanto con esfuerzo y salgo al pasillo.
-¡Enhorabuena tío!. Vaya puntería – Le está diciendo Alex mientras le abraza. Estoy segura de que se lo
acaba de contar.
Cuando César se da cuenta de que estoy en la puerta, me sonríe y viene hasta mi. Alex le acompaña.
-Hola cariño – Pasa su mano por mis hombros y besa mi cabeza. Me encanta sentir sus muestras de cariño.
Nunca me cansaré de ellas. - ¿Qué haces levantada?. Deberías seguir en la cama, hoy ya has gastado
demasiadas energías – Me guiña uno de sus ojos.
-Enhorabuena Natalia – Me dice Alex – Y ya no solo por el embarazo doble, si no por haber conseguido que
César acepte algo así – Sonríe – Si te soy sincero, jamás imaginé que mis ojos verían esto – Los tres reímos.
Comienzo a fatigarme y entramos a la habitación para que pueda descansar. Mientras me acomodo en la
cama, hablan entre ellos de algo relacionado con Manuel.
-¿Qué ocurre con Manuel? –Pregunto preocupada. - ¿Cómo está?. – Me parece extraño que no haya tenido
noticas de él en todo este tiempo.
Los dos se miran rápidamente.
-Creo que ya no habrá problema en que lo sepa – Dice César seriamente.
Me asusto. Estoy segura de que algo le ha pasado. Solo espero que no intentara defenderme el día de la
agresión, y Mario también le hiriera a él.
-¿Recuerdas lo que te dije cuando volvíamos de ver a tu padre? – Dice Alex y le miro extrañada.– Cuando
llamó Manuel preocupado, y te aconsejé que no informaras a nadie de tus salidas, porque sospechaba que
Mario sabía demasiado. – Asiento. Lo recuerdo – Pues estaba en lo cierto, pero no imaginaba hasta que
punto. – Mis ojos se abren – Manuel resultó ser el traidor...
-¿Manuel?. No... debe haber alguna confusión. – Digo segura - Él es una buena persona...
-Si no vuelvo a por... - César hace una pausa – Si no vuelvo a la habitación hace unas semanas. Habría
acabado con tu vida, Natalia. Le sorprendí cortando el cable de tu respirador.
-¿Me lo dices en serio? – No puedo creer que ese hombre al que adoro, haya querido hacerme algo así.
-Hay algo más... Erika ha sido quien ha movido todos los hilos.
-¡Erika!. – Mi corazón bombea con fuerza – Cuando salía a la calle, ella estaba allí.
-¿Estaba allí? – Dice César extrañado.
-Si... y cuando pase a su lado, segundos antes de la agresión me dijo: "Un placer haberte conocido" y
esbozó una amplia sonrisa...
-¡Mierda! – César golpea una de las mesas y todo lo que hay encima vibra - ¡Maldita sea!. ¿Cómo no me di
cuenta antes? – Alex y yo le miramos atentos – Tenía prohibido ir al hotel si yo no estaba en él. Y cuando me
llamó el día que fuimos a la habitación de Mario, me dijo que había visto a Natalia en un charco de sangre...
-¿A la habitación de Mario? – Cada vez siento más confusión. Vuelven a mirarse.
-Mario ha estado ingresado en este hospital... Alex y yo le hicimos una visita...
-¿Por qué ha estado ingresado? ¿Le golpeasteis?
-Tuve que dispararle Natalia... - Dice Alex
-¡El petardo!. – Digo rápidamente poniendo las manos en mi boca - Oí un ruido, como la explosión de un
petardo... ¿Ha muerto? – Después de todo lo que me estaban ocultando, ya me espero cualquier cosa.
-No ha muerto cariño – Responde César – Pero te aseguro, que después de como ha quedado, es lo único
que deseará el resto de su vida.
-¡Dios mío! – Vuelvo a sobresaltarme - ¿Qué tiene?
-Ha quedado tetrapléjico, no podrá moverse más.
-No... - Mis ojos se empañan.
César me mira extrañado. Siento lástima por Mario. Después de todo, aunque haya estado a punto de
acabar conmigo, ha formado parte de mi vida durante varios años. Le conozco demasiado bien, y puedo
hacerme una idea de lo que estará sufriendo.
-Lo merecía Natalia – Dice César apretando sus puños.
-No, nadie merece algo así... Es un castigo demasiado cruel. – Tengo un extraño sentimiento de
culpabilidad. Todo esto ha venido porque decidí apartarme de él.
-Quizás tengas razón... – Trata de relajarse. Se sienta a mi lado en la cama y me abraza – Nadie merece algo
así. Es posible que la rabia que siento por lo que te hizo, no me deje ver más allá... – Besa mi cabeza – Pero
ya no se puede hacer nada. No va a servir de nada que llores por él. Si no hubiera hecho lo que hizo, no
estaría ahora así. - Tiene razón. Fue su culpa por querer vengarse de mí. Yo solo hice lo que tenía que hacer.
-¿Erika también esta presa? – Pregunto mientras me recupero del mal rato.
-Es la única que nos falta todavía – Dice Alex – Está en paradero desconocido, pero la encontraremos. No
creo que vuelva a España sabiendo lo que le espera. Por el momento, podéis estar tranquilos.
No acaban de convencerme sus palabras, pero no me queda más remedio. Espero que la detengan pronto.
Esa mujer está demasiado loca.
Alex se marcha y la habitación se queda en silencio. No puedo parar de pensar en mi doble embarazo, en lo
que ha pasado con Mario, y la traición de Manuel y Erika. Demasiadas emociones para un solo día. Estoy
agotada y con un fuerte dolor de cabeza.
César peina mi cabello con las yemas de sus dedos. Sabe que me relaja. No para de hacerlo hasta que me
duermo.
Al día siguiente, mis padres vienen a visitarme. Me alegra ver que mis hermanos vienen con ellos. Llevaba
varios días sin verles. Tras algunos minutos hablando, decido que es el momento de darles la noticia. César
me mira sonriente, sabe lo que voy a hacer.
-¿Os habéis dado cuenta de cuanto estoy engordando? – Me hago la tonta.
-Sí... bueno. Aquí te dan muy bien de comer hija – Dice mi padre.
-¿Y por qué será que solo se me agarra a la barriga? – Todos miran a César esperando que les ayude a salir
del apuro. Por el rabillo del ojo veo como se encoge de hombros.
-Deben ser los genes. Mira Natalia. – David agarra y mueve la gran barriga de mi padre. Todos reímos.
-De eso no hay duda – Dice César riendo más fuerte. Soy la única que capta el doble sentido de su frase.
-Igual estoy embarazada y no lo sé – Todos se quedan callados – ¿Por qué no reís ahora? – Siguen callados y
vuelven a mirar a César. Está apoyado en una de las mesas con sus brazos cruzados y sonriendo
ampliamente. No quiere perderse el espectáculo.
-¿Lo sabes ya, verdad? – Dice Javier temeroso por si mete la pata.
-Si. Lo se... - Todos expulsan el aire de sus pulmones aliviados. - ¿Os parece bonito haberme ocultado algo
así? – César vuelve a ser el centro de las miradas. – No le miréis a él. Miradme a mi que todavía tengo otra
cosa que deciros. – Cuando creen que les voy a reprochar algo más. Suelto la bomba. – ¡SON GEMELOS!.
-¡SIIIIIIIII! - Mis hermanos gritan y se lanzan encima de César con tanta efusividad, que casi le tiran al suelo.
Mis padres vienen hasta mi cama.
-¡DOS MUÑECOS, HIJA!. Dos nietecitos... – Mi padre me estruja entusiasmado. - ¡Les voy a malcriar!.
-La que te espera, cariño – Dice mi madre señalando a mis hermanos, que todavía están abrazando y felicitando a César. Deja varios besos sobre mi cara. – No me puedo creer que mi niña vaya a ser madre...
-Ni yo... mamá... Creeme, ni yo... - Niego incrédula con mi cabeza.

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Re: Doctor Engel

Mensaje por Admin el Jue Feb 18, 2016 9:33 am

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Capitulo 74
Por fin la Doctora Nova ha decidido dar el alta médica a Natalia y podemos volver a casa. Estoy
entusiasmado con la noticia, han sido demasiados días en esa minúscula habitación. Hubieran sido
insoportables si ella no hubiera estado allí. Con su presencia, todo es diferente. Podría vivir hasta en un
ascensor, si está conmigo.
Poco a poco, todo se va solucionando... Natalia mejora por momentos, mis pequeños crecen a un ritmo
normal. Manuel y Mario están donde merecen, y hace un par de días llegó la resolución judicial. Mi padre
por fin, seguirá cumpliendo su condena.
Todavía nos falta Erika, pero se que tiene los días contados...
Alex nos lleva hasta el hotel. Cuando salimos del coche, Natalia aprieta fuertemente mi mano, al pasar por
la zona donde fue agredida por ese malnacido. No dice nada, pero se lo que ocurre. Rodeo con mi brazo sus
hombros y se tranquiliza. No me gusta que se sienta así cada vez que salga o entre. Tendré que
solucionarlo.
-Buenos días – Saludo a la persona que está en el pasillo – Usted debe ser la nueva recepcionista.
-Así es, señor . ¿Puedo ayudarle en algo? – Todavía no me conoce, ni yo a ella. Alex se ha encargado de todo.
No sé que haría sin mi amigo. Es como un hermano para mí. Estoy sufriendo por él últimamente. Desde que
pasó lo de Laura, no ha vuelto a ser el mismo, y para mi desgracia, no puedo hablar con él, porque se
supone que no se nada... Cuando intento con sutileza sacarle el tema, para que sea él quien me lo cuente,
me habla de otra cosa.
-De momento no. Soy César – Extiendo mi mano y la toma con una amplia sonrisa.
-¡Oh, vaya!. Me alegra mucho conocerle por fin. Mi nombre es Ana María.
-Encantado – Le sonrío yo también. No puedo evitar pensar en mi madre. Se llama igual que ella... -
Hablamos después ¿De acuerdo?
-Por supuesto – Contesta. Necesito llevar a Natalia a casa, el camino es corto pero se cansa enseguida y no
quiero que pase un mal rato.
Cuando por fin he colocado todo, me siento junto a ella en el sofá.
-Eres un maniático de la limpieza – Dice poniendo sus ojos en blanco.
-Soy un maniático en varias cosas... Ya las irás descubriendo – Le guiño un ojo pícaramente.
Me acerco más a ella y pongo mi mano sobre su barriga. Todavía se incomoda, no se hace a la idea, pero
poco a poco se irá acostumbrando. Disfruto como un loco, esperando que en cualquier momento, mis
pequeños renacuajos tenga fuerza suficiente para golpear su barriga, y decirme que están ahí. Es pronto
aún, pero me siento más cerca de ellos así.
-Tengo miedo, César – Dice preocupada.
Durante los últimos días, me lo ha comentado en varias ocasiones. Su autoestima sigue siendo baja,
aunque ha mejorado muchísimo, pero todavía tiene dudas sobre su valía.
-No te preocupes mi vida. Estoy seguro de que serás una excelente mami. – Baja su cabeza pensativa y
aprovecho para besarla.
Entiendo sus miedos, yo también tengo los míos. Aunque ya estoy hecho a la idea de que seré padre y me
encanta, estoy aterrado. Sé que vigilaré sus movimientos con lupa, rezando para no encontrar similitudes
que no quiero. Esa sensación de miedo, me va a acompañar toda la vida. No logro quitarme de la cabeza la
clase de sangre que corre por mis venas, y ahora por las suyas.
-Ojalá César... - Suspira.
-Ya verás como sí. Te recordaré esta frase, cada vez que me chilles por hacer algo que no te guste con ellos –
Río y ella conmigo.
-Deberíamos ir pensando nombres – Su frase me sorprende
-Tienes razón. Aunque todavía no sabemos sus sexos....
-No importa – Se coloca mejor en el sofá – Podemos buscar dos de niño, y dos de niña que nos gusten y no
habrá problema.
-Espero que sean niñas, como tú... - Me quedo callado y mirando al vacío, mientras pienso en mi madre y en
mi hermana.
-Ana María es un bonito nombre... – Dice ella como si supiera en quien estoy pensamiento. – La nueva
recepcionista se llama así... ¿También era el nombre de tu madre, verdad?
-Si. Así se llamaba – Trago saliva. – Nunca le dije su nombre. Imagino que lo sacó del recorte de periódico.
-Creo que si hay una niña, podríamos ponérselo... – Aunque ha sido ella quien ha sacado el tema, se siente
incómoda. Entiende que no es una conversación fácil para mí – Y si finalmente son dos... Hanna sería otra
opción. – Dice tímidamente. Mi corazón se acelera.
-¿No te importaría ponerles sus nombres? – Me encanta la idea, pero no quiero que se sienta obligada ha
hacerlo por agradarme.
-Me gustan. – Sonríe aliviada. Estoy seguro de que esperaba un cambio de conversación por mi parte. –
Aunque no las conocí... por lo que me cuentas, fueron unas bellísimas personas y siempre se preocuparon
por ti.
-Lo eran. – Miro hacia alguna parte, mientras cientos de imágenes pasan por mi mente.
-Cuando estaba en coma, soñé con ellas... – Sus palabras me sacan de mis pensamientos.
-Muchas personas cuando están en coma tienen sueños extraños. Otras cuando despiertan, narran
experiencias cercanas a la muerte... La más típica, es la de la luz al final del túnel. - Agarro su mano.
-Yo también vi ese túnel. O algo parecido. Era como el pasillo del hospital – Dice sonriente.
-¿En serio? -. Mis ojos se abren - ¿Y cómo es que no me lo has contado?
-Bueno... No sé. – Se encoge de hombros - Imagino que porque no me pareció algo a tomar en serio... Yo
también he oído casos de esos, y nunca los creí.
-¿Qué fue lo que viste? – Siempre me ha interesado saber que pasa por la cabeza de personas que han
pasado por algo así. Son pistas que me ayudan a comprender mejor como funciona el cerebro, y que en un
futuro, pueden ayudar a buscar soluciones.
-No sé si es buena idea contártelo, César – Dice preocupada – Como te he dicho antes... fue un sueño con tu
madre y tu hermana, y no me gustaría hacerte sentir mal por ello.
-No te preocupes cariño. –Acaricio su cara - Se lo juguetonas que pueden llegar a ser las neuronas cuando
reciben menos oxigeno del que necesitan. – Me mira comprendiendo lo que digo – Casi siempre provocan
alucinaciones tan reales a los pacientes, que llegan a enfadarse con nosotros porque no les creemos. Aún
recuerdo a una mujer, a la que le pasó algo parecido. La señora juraba y perjuraba, que en su habitación
había un mercado donde vendían cerdos. Me dijo hasta el precio al que se vendía cada uno y lo que
pesaban. – Me mira atenta - Cuando se recuperó y uso el sentido común, supo que algo así no podía ser
posible. Pero estaba muy sorprendida por lo real que le había parecido todo.
-¡Pobre mujer! – Dice riendo - Lo mío fue algo mas místico... Estaba en alguna parte de ningún sitio. No
había nada, y todo era blanco. El único punto de color que había allí era yo. Y de pronto, ellas estaban allí...
- Me inquieto. Creo que me va a afectar más de lo que creía. Natalia tiene fija su mirada mientras recuerda –
Al principio, no las conocí. Sabía que las había visto en alguna parte, pero no supe donde hasta que tu ¿madre me habló. – Siento bombear mi corazón con esa frase
-¿Qué te dijo? – Me mira por un segundo y continúa.
-Me dijo que era muy guapa, y me llamó por mi nombre. Cuando le pregunté cómo lo sabía... fue Hanna
quien contesto. Me dijo que sabían todo sobre la novia de su hermano... - "Novia"... Me gusta esa palabra. –
Llegué a pensar que estaba muerta... me derrumbé allí mismo, y tu madre acariciaba mi pelo tratando de
calmarme.
-Cuando mi padre nos golpeaba, también nos calmaba así... - No puedo negar que estoy algo sorprendido
por la coincidencia.
-Les pregunté si sabían algo de vosotros. Me preocupaba que lo estuvierais pasando mal, y fue ahí cuando
me dijo que no estaba muerta, que no me correspondía estar allí y que estabais esperándome. –Tomo aire.
Está siendo intenso – Hanna volvió a hablarme... Me aseguró que lo estabas pasando muy mal, y que
mantenías mi cuerpo con vida porque te negabas a perderme.
-Y no mintió... – Trato de sonreír, pero fallo y lo nota.
-Creo que ya es suficiente, César...
-No. Tranquila. Es solo que es duro recordar lo cerca que estuve de perderte.
-De acuerdo... - Continúa – Cuando les pregunté como volver, tu madre me señaló un pasillo y me dijo que
tenía que entrar en el y caminar hacia la luz. Me asusté... pero confié en ella cuando me aseguró que se
avecinaban cambios en mi vida, y en la de su querido hijo... – Mi corazón se encoje con esas palabras. Las
echo tanto de menos... - Que habían venido a ayudarme y tenía que cuidar de vosotros. Imaginé que se
refería a todos en general. Tu... mi familia... Pero después de saber que estoy embarazada... llámeme loca. –
Sonríe mientras acaricia su barriga. Se a lo que se refiere... - Justo después de eso, oí un gran ruido, y lo
poco que había, comenzó a desaparecer. Algo se tragaba el color blanco. Me dijeron que se les había
acabado el tiempo conmigo y que me diera prisa. Que volviera a mi cuerpo y que fuéramos felices...
-¡Uff! – Suelto el aire creyendo que ha terminado – Menuda pasada de alucinación cariño... Estoy seguro de
que soñaste eso porque tenías demasiado reciente lo que habías visto en el álbum... Estabas sugestionada.
Es una defensa del cerebro para mantenerse con vida y no sufrir... Casi siempre, se agarra con fuerza a los
últimos pensamientos.
-Antes de entrar al supuesto pasillo – Me callo rápidamente - Hanna corrió hacia mi, me abrazó y me
susurro algo que apenas entendí. Incluso creí haberlo olvidado, hasta el día que me dijiste que te recordaba
a tu "Árbol de los secretos" – Sonríe – Desde entonces, he querido decírtelo en varias ocasiones, pero no me
atreví...
-¿Qué te dijo? – Estoy realmente intrigado.
-Dijo que no eras como él – Tomo una gran bocanada de aire. Esto va a doler... Se que es todo parte de una
especie de espejismo, pero tratándose de ellas, es difícil contenerse. – Insistió en que no debías tener
miedo, porque todo depende del amor que reciban... - Tengo un gran nudo en mi garganta. "El amor que
reciban". Si no pareciese un loco, creería que sabían que estaba embarazada de gemelos. Me gustaría tanto
que fuera real lo que me está contando... Pero estoy seguro de que su cerebro, le dio a Natalia lo que quería
oír en un momento tan crítico. – Le he dado muchas vueltas a esa parte estos días, César. Era tan real... y
parecía que supieran todo...
-Entiendo lo que dices... - Está pensando exactamente igual que yo. Mi vello se eriza.
-Luego dijo algo sin sentido... Imagino que ahí me estaba despertando, porque tenía un gran dolor en mis
dientes, y cuando abrí los ojos, descubrí que estaba mordiendo un tubo y tu estabas abriendo mi boca para
sacarlo... – Dudo en preguntar pero al final lo hago.
-¿Qué era ese sin sentido que dijo? – Siento curiosidad.
- Dijo algo como... "Al pequeño Mazinger Z, lo guardé yo en su árbol de los secretos, cuando creyó haberlo
perdido". - Me pongo en pie rápidamente – César... - Se asusta.
-No puede ser... - Me ahogo. Estoy sobreimpresionado. Es imposible que Natalia pueda saber algo así. Solo
Hanna conocía mi árbol.
-Estoy segura de que ha sido una coincidencia... Recuerda que también oí el latido de un corazón, así que
por favor, no saques conjeturas raras... - Le quita importancia - Es posible que hayas hablado de ello
mientras estaba en coma, y he asociado cosas inconscientemente - Se disculpa.
-¡Jamás!.. –Trato de tomar aire para continuar - Jamás he hablado de mi árbol con nadie, excepto contigo
el otro día. – Apenas puedo respirar. Camino por el salón con la mano en mi pecho. Mis ojos se llenan de
lágrimas y mi boca está totalmente seca.
-César... me estás asustando. –Intenta ponerse de pie – Seguro que todo tiene una explicación. Estás
pálido... Tranquilízate por favor.
-No hay explicación, Natalia. – Todo mi vello está erizado, incluso el de mi cabeza. – No puede ser... no
puede ser... no puede ser... - Entro en un bucle y es lo único que sale por mi boca.
-Por favor... relájate. No imaginé que pudieras alterarte así... No debí haberte contado esto... - No quiero
que se sienta mal, pero no soy capaz de calmarme.
Varias lágrimas caen de mis ojos sin que pueda hacer nada. Tengo un gran nudo en la boca de mi estómago,
y en mi garganta. No quiero llorar para no preocuparla más, pero no puedo pararlo. Comienzan a pasar por
mi cabeza todas las palabras que ellas le dijeron... Las tomo en serio. Las creo y lloro como nunca antes lo
había hecho. Un gran llanto sale de mi interior y me dejo caer en el suelo. Natalia se arrodilla junto a mí y
me abraza fuertemente. Cuanto más lloro, más alivio siento. Con cada lágrima que derramo, mis miedos se
alejan... Estoy limpiando mi alma. "No soy como él. Todo depende del amor que reciban"... Acabo de
entenderlo. No todo depende de los genes. La solución es educarles con amor, dedicación y paciencia. –
Gracias mamá, gracias Hanna. He recibido vuestro mensaje... Os echo tanto de menos...

Capitulo 75

Cuatro meses después...
Natalia:
Han pasado varios meses desde que salí del hospital, y están siendo los mas increíbles de mí vida. No hay
nada mejor que disfrutar de tu embarazo junto a la persona que amas. Desde que le conté a César lo de mi
supuesto sueño, está mucho más tranquilo. Sus miedos se han esfumado por arte de magia, y no para de
decir que sus hijos serán los mejores en todo. Ahora peca de confiado...
Yo ya estoy prácticamente recuperada. Mi cabeza duele a veces, pero es soportable.
Hace poco que nos hemos mudado. César compró una preciosa casa en una población cercana a Madrid.
Tarda un poco más en llegar al trabajo, pero dice que no le importa, porque la tranquilidad de vivir en esta
zona, le compensa. La verdad es que el lugar es precioso, y su gente adorable. Me recuerda al pueblo de mis
padres. Justo lo que buscábamos para criar a nuestros hijos. Madrid es demasiado estresante.
Mi barriga es desmesurada. Acabo de cumplir mi octavo mes, pero ya me han asegurado que no llegaré al
noveno. Los bebés están perfectamente colocados. Me gustaría que nacieran con un parto natural, pero es
posible que en el último momento tengan que hacerme una cesárea, porque uno de ellos tiene el cordón
umbilical demasiado cerca de su cuello. Llevo dos semanas en reposo absoluto, y me aburro como una
ostra. Cuento los minutos para que llegue César.
La puerta se abre y aparece tras ella. Mi corazón salta dentro de mi pecho. Cada día estoy más enamorada
de él. Me tiene ganada por completo.
-Hola cariño – Me sonríe. Rápidamente dirige su mirada a mi gran curvatura - ¿Cómo se han portado hoy? –
Viene hasta mí y pone sus manos sobre mi vientre. Deja varios besos en el. –Hola... Hola renacuajillos. – Dice
entre beso y beso - ¡Papá ha llegado! – Como si supieran lo que les está diciendo, comienzan a moverse
dentro de mi barriga.
Es increíble, pero cada vez que lo hace, pasa lo mismo. No se si será por el tono de su voz, pero siempre
consigue ese efecto sobre ellos. Los dos reímos. No nos cansamos de comprobarlo. Acaricio su cabello
mientras sigue hablándoles. Es tan tierno...
-Déjales en paz... seguro que estaban dormidos y les has despertado – Sonríe ampliamente. Hay felicidad en
su mirada. – Luego te quejarás cuando lloren por la noche y te hagan lo mismo.
-Estoy deseándolo... Besa un par de veces más mi barriga y me abraza. - Tengo unas ganas enormes de ver
sus caritas.
-Yo también cariño...
El resto del día transcurre tranquilo, aunque me siento extraña. Cuando llega la hora de dormir, César me
trae un par de almohadas más para ponerlas en mi espalda. Me duele la zona lumbar. Estoy segura de que
es por pasar tanto tiempo en la cama. A medida que pasa la noche, el dolor aumenta. Intento aguantar
todo lo que puedo para no asustarlo, pero a las cuatro de la mañana ya no puedo más. El dolor es casi
insoportable.
-César... - Susurro para no sobresaltarle.
-Mmmm... -Sigue dormido.
-César... - Lo intento de nuevo. El dolor vuelve y un pequeño quejido sale de mi boca.
-¡Que...! ¡Que! – Se despierta desorientado - ¿Estás bien? – Enciende la luz de la mesita.
-Si... - Pero mi espalda duele más.
-¿¡Ya vienen!? - Pestañea varias veces para enfocar su vista sobre mí.
-Creo que sí. – Cierro fuertemente mis ojos y dejo salir el aire por mi nariz. Otra vez está doliendo.
-¡MIERDA!, ¡MIERDA! – Se levanta de la cama y corretea por toda la habitación buscando algo que ponerse.
Pelea con un pantalón a la pata coja. Está tan nervioso que no se da cuenta de que está metiendo la pierna
por donde no es.
-César, haz el favor de calmarte...
-¡Estas de parto! ¿Cómo coño quieres que me relaje? – Pongo mis ojos en blanco y resoplo.
Por fin consigue vestirse y me ayuda a prepararme. Insiste en comprobar mi dilatación al notar que mis
contracciones son demasiado seguidas, pero no le dejo, quiero irme cuanto antes al hospital. La cosa se
esta poniendo fea por segundos. Me riñe por no haberle avisado antes.
Un líquido caliente corre por mis piernas y los dos miramos al suelo.
-¡Joder! – Ahora tendré que volver a cambiarme de pantalón. Me quejo.
-¡Una mierda te vas a cambiar! – Pasa su mano por mi cintura y caminamos hasta la calle.
Me cuesta un mundo llegar hasta el coche. Cuando por fin lo consigo, decido sentarme en el asiento trasero,
necesito espacio. Con algunas posturas sienta alivio.
Pone la bolsa de viaje en el asiento delantero. Arranca y se le cala dos veces.
-¡Céntrate! – Grito desde atrás.
Se gira hacia mi con sus cejas fruncidas.
-¿Crees que no lo intento? ¡Estoy demasiado nervioso!– Vuelve a arrancar y por fin nos movemos.
-¡Por el amor de Dios, César!. ¡Eres médico!
-¡AHORA MISMO SOLO SOY UN FLAN! - Grita - ¡Tenías que haberme avisado antes!.
-¡Y yo que sé! – Digo cabreada – ¡Como he parido tantas veces, soy una experta! – Veo como niega con su
cabeza. -¡DIOSSSSS! – El dolor es demasiado fuerte. César gira su cabeza para ver que ocurre - ¡MIRA A LA
PUTA CARRETERA! – Clamo en medio de una gran contracción.
-¡JODER, JODER, JODER! – Oigo como golpea el volante. Los dos estamos demasiado nerviosos ya – ¿Me
quieres recordar porqué cojones nos vinimos a vivir tan lejos del hospital? – Está empezando a arrepentirse.
-¡OH DIOS MIOOOO! – Vuelvo a gritar y siento que frena ligeramente y al segundo vuelve a acelerar. Ya no
sabe si parar o seguir conduciendo.
-Dime que sientes. – Trata de calmarse –¿Tienes presión en la zona? ¿Sientes ganas de apretar?
-¡MUUUUCHASS! – Digo ya apretando.
-¡MIERDA, JODER, MIERDA! – Frena y mal aparca en una cuneta. Baja rápidamente del coche, abre la puerta
trasera y entra conmigo. –Déjame ver. Hace algunas comprobaciones ... – Heilige Scheiße –Susurra en
alemán y su cara se descompone.
-¿Qué ocurre? – Aprieto fuertemente mis ojos por el dolor y respiro rápidamente. Siento una enorme
presión.
-Cariño, escúchame. – Tira de mi mano para sacarla de mi boca. Estoy mordiendo mis nudillos para no
gritar - No llegamos al hospital ni de coña... Vamos a tener que hacerlo aquí...
-¡QUE!. No... ¡Vámonos de aquí! ¡VAMONOS! - Gimoteo
Saca su teléfono y marca un número. Está hablando con emergencias.
-La ambulancia está en camino – Me dice cuando cuelga - Pero lo peor nos toca a nosotros...
-¡Aquí no César! – Lloro – ¡No puedo tenerlos aquiiii! ¡Que son dossss! ¡Tendrán problemas con el
cordónnnn! – Otra contracción. Mi necesidad de apretar es tan grande que cambio de idea, ya me da igual
donde sea, mi cuerpo necesita expulsarlos.
-Espera cariño – Dice nervioso – Espera a que te avise – Se coloca entre mis piernas. Tras unos segundos
interminables en los que me muero por empujar y tengo que contenerme... me da la orden. - ¡AHORA! –
Empujo con todas mis fuerzas y siento una gran bola avanzar hacia abajo
Diossss – Me quejo
–¡Veo su cabeza¡ ¡Lo estás haciendo muy bien cariño! – Está emocionado - ¡VAMOSSS, OTRA VEZ! – Vuelvo a
apretar y la presión es mayor. Duele a horrores pero no puedo parar - ¡YA CASI ESTÁ!¡VAMOS MI VIDA, UN
POCO MÁS! – Grito fuertemente al sentir como su pequeño cuerpo se aparta del mío - ¡OH DIOS MIO! – La
voz de César es ahogada. Oigo llorar a mi bebé - ¡OH DIOS MIOOO!... ¡ES PERFECTO!. ¡Cariño, es un varón! –
No quisimos saber sus sexos hasta el último momento. Le pone sobre mi barriga y rápidamente busco su
carita, necesito verle.
-¡DIOS MIO, MI HIJO! – Grito emocionada. He conseguido parirle – Tenías razón –Mi voz es sofocada - Es el
niño mas guapo del mundo. Se parece a su papá. – César tapa al pequeño con una toalla que saca de la
bolsa de viaje, y me besa mientras abrazo su diminuto cuerpecito para darle calor.
–Eres una campeona... ¡ES PERFECTO!. Es perfecto, mírale... – Acaricia su pequeña cara. Veo sus manos
tiemblar tanto cuando lo hace, que siento pena. Lo está pasando realmente mal aunque no me lo diga. Es
mucha responsabilidad para él y no se lo estoy poniendo fácil.
No me da tiempo a nada más. Las contracciones vuelven y las ganas de empujar con ellas. Vuelve a
colocarse donde estaba antes.
-¡Diosss como dueleee! – César hace mas comprobaciones.
-Natalia – Su tono de voz me preocupa y le busco rápidamente con la mirada. – El siguiente viene de
nalgas... ¿Sabes lo que quiere decir? – Asiento mientras aprieto mis dientes – Será algo más complicado,
pero si haces lo que te pido. Todo saldrá igual de bien. ¿Entendido? – Subo y bajo mi cabeza confirmando.
No puedo hablar. Siento una de sus manos moverse en mi interior – Cuando vuelva la contracción aprieta, y
cuando te diga que pares, tienes que parar aunque sea lo último que hagas... – Está nervioso - Creo que trae
una vuelta de cordón en su cuello, si no paras, podría estrangularse.
-¡NOOOO! – Grito. – ¡Haz lo que sea, haré lo que pidasss! – El dolor es insoportable. La contracción está
aquí.
-¡APRIETA CARIÑO! – Aprieto. Siento que mi cabeza va a explotar. El cuerpo de mi segundo bebé está
bajando - ¡PARA! – Lo intento pero es increíblemente difícil - ¡PARAAA NATALIA!! – Grita y por fin lo consigo.
Duele tanto que creo que me voy a desmayar. César seca con su manga varias gotas de sudor que corren
por su frente. Está muy acalorado. Maniobra rápidamente con sus manos entre mis piernas. La contracción
es demasiado larga. Cuando creo que no puedo contenerme más, le oigo.– ¡YA ESTÁ!. – Su pecho sube y
baja rápidamente -¡VAMOS MI VIDA!.- Empujo con todas mis fuerzas - ¡VAMOS, VAMOS, VAMOS!. – Me anima
– ¡SUS PIES ESTÁN AQUÍ YA! – Grito - ¡SU CUERPO ESTA FUERA CARIÑO! ¡UN ÚLTIMO EMPUJÓN PARA SACAR
SU CABEZA! – Hago lo que me pide, y con un gran esfuerzo, consigo parir a mi segundo hijo. -¡UNA NIÑA!,
¡ES UNA NIÑA! – No puede contenerse más y llora al mismo tiempo que ella. – Es una preciosa niña... - La
pone sobre mi cuerpo. – Es la niña más bonita del mundo... - Seca sus lágrimas – Soy tan feliz...- Solloza. –
Estoy orgulloso de ti. Has sido muy valiente. Eres increíble... - Lloramos los cuatro. Es una imagen
demasiado cómica, pero no me importa. Tengo a mis dos pequeños sobre mi pecho. Soy tan feliz... César
arropa con otra toalla a nuestra hija y nos abraza a los tres. Unos minutos después, vemos unas luces rojas
llegar.
– Ya está aquí la ambulancia, cariño - Dice César y se levanta.
Llegamos por fin al hospital. Todo ha salido perfecto. Sus compañeros nos dan la enhorabuena y coinciden
en que César es un gran profesional. Ahora ocupa el puesto de traumatólogo, pero ha trabajado antes en
medicina interna, y aunque no es lo normal, no es el primer parto que atiende de urgencia, pero sí ha sido la
primera vez que se ha enfrentado a uno gemelar con riesgo, y por lo que pude ver, se tenía bien estudiada la
jugada...
Aunque todavía me dura el susto, ha sido la experiencia mas maravillosa que he tenido en mi vida. César
esta radiante y feliz como nunca. Maneja a los bebés mejor que yo. A mí me da miedo, tengo la impresión de
que se me van a caer por lo pequeños que son. Pero adoro tenerles en brazos.
-Hanna Maria y César – Digo en alto y César me mira – Quiero que se llamen así.
-Me gusta. Aunque no se si es buena idea que se llame como yo – Dice sonriente – Cuando nos grites, no te
haremos caso ninguno pensando que riñes al otro.
-Es fácil. No hagáis nada malo y así no tendré que enfadarme... - Los dos reímos.
Los días pasan y por fin podemos volver a casa con ellos. Es la primera noche en sus cunas y parece que
notan el cambio. Cada vez que conseguimos dormirles, al tratar de meterles en sus camitas, se despiertan y
vuelven a llorar. A las cinco de la mañana decido prepararles un biberón, tengo la impresión de que solo
con el pecho se han quedado con hambre. Voy hasta la cocina y cuando regreso, hay tres preciosos ángeles
dormidos en mi cama. Me quedo observándoles durante varios minutos. Si la felicidad existe, debe ser algo
muy parecido a como me siento en este momento...
Una sola decisión cambió mi vida completamente. Le debo mucho a MI ANGEL, pero FUI YO quien permitió
que me ayudara. FUI YO quien decidió que todo había acabado con mi maltratador, y FUI YO quien aún bajo
amenazas, se mantuvo firme y no cedió. Como leí una vez en un cartel "El único que puede darle patadas a
una mujer, es su hijo antes de nacer". Y en mi caso han sido dos...
Una mujer maltratada, no es alguien que disfrute de los golpes de su maltratador. No es una masoquista, ni
una persona a quien despreciar por seguir al lado de esa persona sabiendo lo que le está haciendo. Es
alguien sometido a amenazas diarias, y convencido de que serán llevadas a cabo si no hace lo que le piden.
Para muchos, es muy fácil juzgar, e incluso insultar a quien está sufriendo abusos. En la mayoría de los casos, incluso la familia y amigos cercanos piensan igual, poniéndoselo más difícil... Nadie comprende porqué justifica a su agresor y siempre busca excusas para librarle de culpa...
Pero la triste realidad es que la persona maltratada, está convencida de que la víctima es el otro. Así de crudo es... Sufren una especie de "Síndrome de Estocolmo doméstico". Sienten lástima, amor y miedo a la vez. El agresor, se ha encargado de destruir emocionalmente a su pareja, para poder manipular su autoestima y hacerle creer que no es nada sin él, y que merece lo que le está ocurriendo...
Nunca es tarde para decir basta. Yo esperé demasiado. Debí haberme retirado antes de su lado, pero estaba totalmente ciega... Creía que solo podría encontrar estabilidad a su lado, y que nadie me querría como él.
¿Quién iba a fijarse en alguien tan penosa como yo?...
Un maltratador jamás cambia... Miento. Si cambia. ¡A PEOR!. Nunca a mejor.
Si estás sufriendo lo que yo sufrí, hazte esta pregunta... ¿Quieres seguir viviendo así el resto de tu vida?... si la respuesta es "NO"... busca ayuda rápidamente. Cada día que pasas con él, es un gran riesgo. Necesitas ser consciente de que estas durmiendo con tu futuro asesino. Sálvate, solo tu puedes hacerlo...


FIN... Very Happy

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Re: Doctor Engel

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